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  1. #1
    Jaqueline está desconectado Lector de Relatos
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    Mi Primera Infidelidad de Casada

    Mi nombre es Jaqueline, tengo 30 años y soy una mujer que a pesar de ser linda, voluptuosa y candente me siento sola e insatisfecha, engañada por mi marido. Él es empleado en una compañía de impresos, por lo cual pasa mucho tiempo fuera de casa.

    Yo me casé con mi marido porque no tenía qué comer. Fui abandonada por mi madre cuando era niña cuando ella se fugó con otro hombre. Fui a parar a un orfelinato donde a los 11 años fui violada por uno de los cuidadores, y periódicamente me obligó a hacer múltiples porquerías con él.

    A los 15 años, yo ya era una mujercita sensual, por el sexo que tuve desde pequeña mi cuerpo se desarrolló y tenía unas tetitas duras y paraditas y unas nalguitas anchas y paraditas, adornadas con mis chaparreritas que me hacían verme cachonda y voluptuosa. Mi mirada, como llegaron a comentarme, era de una mujer deseosa de sexo. ¿Y como no serlo si desde pequeñita me hice adicta a las cogidas y una de mis actividades principales era darle mamadas al cuidador que me había estrenado?

    Poco antes de cumplir los 16 años, el orfelinato decidió, por fin, liberarme y mi abuela materna decidió llevarme a su casa (porque de mi padre y de su familia nunca he sabido nada). Ahí me llevaron como sirvienta, y desde que llegué fui objeto de acoso, manoseos y abuso por parte de los hermanos de mi madre, y llegué a vivir múltiples violaciones por parte de los esposos de las hermanas de mi madre.

    A los 18 años logré conseguir mi primer empleo como secretaria, claro está que ahí también me dediqué a tener relaciones sexuales con mi jefe porque yo no sabía hacer nada, nunca estudié, pero ya era experta en brindarle satisfacción a los hombres y eso me consiguió, con el paso de los años, algunos buenos empleos bien remunerados con los que pude llevar dinero a la casa de mi abuela.

    Por fin un día logré atrapar al que ahora es mi esposo, y como en la "casa del pobre" el "jodido" vive como rey, de repente me encontré viviendo en un departamentito de pago, atendiendo a mi marido y cuidando a mi pequeña hija. Pero es otra historia que pronto les platicaré.

    Continuando con mi marido, a éste le gusta tener aventuras con las empleadas que contrata. Las convence con dinero, porque él es muy flaco y tiene una verga delgada y corta (eso debe ser por la desnutrición que sufrió desde niño), y por eso su actividad sexual es muy limitada. Por ello, las obreras de la empresa le apodan "el chiquito", y en varias ocasiones me he percatado de que se burlan de él a sus espaldas, y hacen mofas de su cuerpo y de su "potencia", pero como él les paga para que tengan sexo con ellas lo toleran y le aguantan todas sus perversiones. Y él cree que es un "adonis" o un "hombre potente" porque se coge a las empleadas y ellas le hacen creer que les saca orgasmos, pero la verdad es que ellas fingen y él les cree.

    A mí me resultaba muy triste y denigrante esperarlo en las noches y recibirlo con las piernas abiertas y esperando a que llegara a meterme su verga sucia y mal oliente en mi boca, porque le gustaba mucho poseerme y cometer conmigo perversiones inenarrables bajo el pretexto de que "soy su esposa". Pero tenía que aguantarme para tener donde vivir, para tener que comer y principalmente para poder darle de comer a mi hija, porque él me amenazaba con lanzarme a la calle y quitarme a mi hija si no me quedaba callada y aguantaba que hiciera todo lo que él quisiera.

    Por azahares del destino, mi esposo logró acomodarse en un círculo social infinitamente superior al de nosotros, así es que comenzó a tener amistad con personas finas y de clase. Por lo general, convivíamos con personas así, con matrimonios estables y desahogados que ya no estaban buscando "tener qué comer cada día", sino haciendo fortunas y viviendo una vida de ensueño.

    Uno de estos amigos en especial, le tomó mucho cariño a mi esposo y le dio trabajo, le presentó a clientes importantes y nuestra vida fue entonces diferente. Desde que nos conocimos me pareció un señor muy guapo e interesante, con mucho dinero y con varias empresas exitosas que le dejaban bastante dinero para llevar una vida cómoda y, principalmente, para tener las mujeres que quisiera. Pero había una gran diferencia entre este señor y mi marido: él era un caballero. Para abreviar, este señor -que llamaré Eduardo (para ocultar su identidad), se hizo una fantasía y una obsesión para mí.

    Un día mi esposo estaba alcoholizado y llegó Eduardo a buscarlo. Platicamos un ratito y me preguntó cómo me sentía ahora, porque él sabía que mi marido seguía de amante de una nueva empleada de la empresa donde trabajaba, yo le conté varios sucesos recientes y sin poderlo evitar comencé a sollozar, Eduardo me tranquilizaba y llegó a abrazarme con mucha ternura. Desde hacía tiempo había podido darme cuenta de que yo despertaba en él una clara ternura y que, además, yo le gustaba, pues en muchas ocasiones lo había descubierto mirándome con ojos de deseo y hasta podría decirse que de lujuria, pero era muy respetuoso y nunca me había insinuado nada.

    Como mi esposo estaba bien dormido por la borrachera estuve platicando con Eduardo, platicamos de muchas cosas más y él fue llevándome poco a poco a hablar de sexo. Me preguntó si mi esposo me satisfacía, y como habíamos tomado unas cubas yo me encontraba relajada y dispuesta a la plática y a algo más, pues me calentaba mucho estar a solas con Eduardo. Le platiqué de las infidelidades de mi esposo, de sus malas costumbres y de lo delgado y pequeño de su miembro. Las cubas me hicieron hablar de más.

    Mientras me abrazaba yo sollozaba, y estando entre sus brazos Eduardo me comenzó a acariciar la carita y me dio un beso muy discreto en mis labios. Yo me sorprendí mucho porque nunca había pensado engañar a mi esposo y menos en nuestra propia casa, pero una mujer triste y abandonada es vulnerable y si alguien logra tocar su fibra sentimental puede tenerla a su entera satisfacción.

    Después de ese beso intenté poner distancia porque sentí que todo mi cuerpo se estremeció cuando me besó, sentí que mi vaginita se mojaba preparándose para tener sexo, y mis tetitas comenzaron a ponerse duras y sensibles, así es que me levanté y fui a lavar unos vasos (estábamos en la cocina y mi esposo dormía la mona en la habitación de al lado que es el estudio). Pero este amigo de mi esposo ya había logrado un avance conmigo y no se le veían intenciones de detenerse, se acercó a mí mientras lavaba de espaldas a él y rodeó mi cinturita con sus brazos.

    Pude sentir el calor de su cuerpo que con lo frío del agua me hizo estremecer. Sinceramente, eso me agradó mucho, continué la plática como si nada ocurriera, pero comencé a sentirme muy caliente y con deseos de volver a besarlo, pero quise disimular como si nada pasara.

    De repente él puso sus manos en mis caderas y me las acarició muy rico, recorrió lo ancho de mis caderas y bajó un poco más las manos y tocó mis pompitas. Yo sentía que me derretía, inconscientemente me intenté mover pero eso solo logró que sus manos calientes se depositaran completamente en mis glúteos, y como yo no le dije ni hice nada para separarlo de mí, él tomó eso como un avance logrado y comenzó a acariciar mis pompis poco a poco hasta que descaradamente bajó sus manos a mis muslos. Yo sentía que me quemaba de la calentura.

    Me quedé muy quieta disfrutando de sus caricias. Sólo se escuchaba el correr del agua en la tarja. Mi respiración agitada y su respiración entrecortada. Comenzó a besarme el cuello y me excité muchísimo más. Cuando me di cuenta, me estaba abrazando desde atrás recargando su erecto pene en mis pompis, que yo podía sentir de un tamaño mucho mayor que el de mi marido (puedo apostar que cualquier pene es más grande que el de mi marido), y con sus manos comenzó a acariciar mis tetitas que ya estaban abultaditas y mis pezoncitos erectos. Me los apretó con mucha delicadeza y yo no pude resistir más, recargué mi cabeza en su hombro y dejé caer mis brazos a un lado ya rendida a él. Eduardo, fue desabotonando mi blusita hasta que me sacó mi par de tetitas que se dedicó a acariciar con sus manos. Yo sentía que mi vaginita estaba ya muy lubricada y sentía una calentura entre las piernas como nunca antes había podido sentir, ni aún cuando mi marido mete sus dedotes sucios y flacos en mi vaginita levantándome la falda y abriéndomela como si fuera una puta de pago.

    Cuando más caliente me tenía, y dándose cuenta de que ya estaba entregada a él, delicadamente comenzó a desabotonarme mi pantaloncito. Con mucho cuidado y sin dejar de besarme el cuello y el lóbulo de mi orejita derecha. Yo sentía su respiración entrecortada en mi cuello, y la gran calentura que tenía entre sus piernas por lo abultado de su pene.

    Cuando tenía ya mi pantaloncito en mis pantorrillas, mi brasier en mi estómago y mi blusita abierta de par en par, él comenzó a acariciarme mis pompis por encima de mi calzoncito. Fue haciéndolo poco a poco hasta que delicadamente fue metiendo sus dedos en los lados de mis caderas y fue bajándome mis calzoncitos poco a poco. Recuerdo haber volteado hacia abajo y ver mis calzoncitos en mis rodillas, y los pelitos de mi vaginita brillantes por la humedad de mi vaginita, y mis labios mayores enhiestos, con mi clítoris erecto y ardiendo de la calentura. Mis suspiros eran ya, lo único que se escuchaba en la cocina.

    Cuando menos lo esperaba introdujo uno de sus dedos en mi vaginita y sentí que me venía un orgasmo de la calentura y de la emoción. Recorrió mi rayita de arriba a abajo buscando mi clítoris. Un temblor fuerte descubrió a mis piernas abriéndose para facilitarle el manoseo y la dedeada que me estaba propinando. Comenzó a meter y sacar su dedo de mi vaginita con mucho cuidado, oprimiendo y relajando mi ya erecto clítoris, una y otra vez lo metió ahí y yo sentía que me derretía, así estuvo un ratito dándome con su dedo y yo abría mis piernitas doblando mis rodillas, deseaba que me penetrara pero no podía articular palabra alguna por lo rico que sentía. En ese momento, delicadamente, empujó mi espalda y me dobló sobre el fregadero, recargué mi pecho en el borde y abrí mis piernitas lo más que pude, pues mis calzoncitos no me permitían abrir de par en par las piernas, como hubiera deseado hacerlo.

    Así inclinadita como ya me tenía, y muy caliente, Eduardo metió dos de sus dedos en mi vaginita y comenzó a masturbarme con mucho deseo; no sé cómo ni a que hora se bajó sus pantalones, pero como yo empujaba mis nalguitas hacia atrás para disfrutar de la dedeada pude sentir en mis pompis un pene grande y parado, recargándose entre mis pompis y chocando con mi espalda... sus caricias y penetraciones me arrancaron un fuerte orgasmo que fue largo y caliente, muy largo y muy caliente... sentí que la vista se me nublaba y que mis piernitas se me doblaban, pero él, caballerosamente, me sostuvo entre sus brazos y así me quedé, como una muñeca de trapo, mientras mi orgasmo pasaba poco a poco.

    Pero cuando aún estaba saliendo de la ricura de venida que me estaba dando sentí que su miembro comenzaba a penetrarme. Sentí un fierro grueso y caliente que me entraba en mi vaginita... nada que ver con el pene flaco y pequeño de mi marido, ni con las muchas vergas que me habían penetrado desde niña, porque esta verga era muy diferente, pues eran del macho que me fascinaba y yo deseaba... pude sentir un pene muy duro y largo que comenzaba a recorrer mi estrecha vaginita... sentí que el cielo se me caía encima.

    En ese momento me vino a la mente la imagen de la novia de Eduardo: Angélica (su última adquisición), una joven señora divorciada que acababa de dejar a su marido por los malos tratos y que era el "juguete sexual" preferido de Eduardo, porque las casadas, divorciadas y viudas (dicen) ya están libres de las "penas" y "miedos" de las jovencitas, y suelen dar a sus hombres "todo" lo que desean.

    Alguna vez, durante una cena de amigos, estando en el sanitario Angélica me había comentado las candentes sesiones de sexo que tenía con Eduardo, sesiones que se alargaban por mucho tiempo porque él caballerosamente se dedicaba a arrancarle orgasmos y mantenerla abierta de piernas, muy caliente y viniéndose una y otra vez. Pero eso si, siempre tratándola como dama y dándole besos, caricias y arrumacos, que por lo general, los hombres no saben ni quieren darles a sus mujeres.

    No se porqué, pero pensar en las largas y esbeltas piernas de esa chica, en sus tetitas pequeñas pero duras y paraditas, y en la forma en que sus pantaloncitos delgados se introducían en su vulvita de forma divina, por el simple hecho de hablar de él, hicieron que deseara a ese hombre como nunca había deseado a alguien en mi vida.

    ¡Que afortunada es Angélica!, pensé, como debe hacerla disfrutar este maravilloso hombre con esta verga que ahora tenía insertada en mi propia vagina. Todas las tardes disfrutando de este miembro largo, duro y juguetón. ¡Que delicia de relación!. ¡Que envidia me daba!. Ya no pude aguantarme más y le pedí que me penetrara muy duro... que me dejara ir su pene hasta el fondo, quería sentirlo todo adentro de mí. Comenzó a bombearme delicadamente y yo comencé a mover mi colita de adelante a atrás y de forma circular para poder devorarme ese rico pene que me hacía ver estrellas. De repente sentí que se me venía otro orgasmo y comencé a dar gemiditos y a apretar y aflojar los músculos de mi vaginita como si de una mano se tratara, Eduardo emitió un gemido varonil de gusto infinito y entonces aceleró sus arremetidas, y tomándome de las caderas, me jaló hacia él, moviéndome como su muñeca de trapo.

    Una y otra vez me jaló hacia él y una y otra vez me empujó para casi sacar su pene de mi vaginita... me empujaba su pene hasta adentro y yo solamente me aferraba al borde del fregadero y cerraba los ojos mordiéndome los labios con fuerza para no gritar... de repente se me nubló la vista y comencé a venirme, al mismo tiempo que él me eyaculó adentro de mi vaginita con una fuerza que me hizo sentir el gran chorro de semen caliente y viscoso golpeando el fondo.

    !Fue delicioso!... me vine como nunca antes me había venido y casi me desmayo en el lavatrastes... pero como él me tenía bien agarrada de las caderas me sostuvo con fuerza y como si fuera una muñeca, siguió envistiéndome con fuerza, aún después de venirse...

    Los minutos que siguieron fueron para mí interminables, minutos de deseo, placer y satisfacción total, me estaba usando como una muñeca de trapo buscando nuevamente el placer y venirse nuevamente adentro de mí hasta que lo hizo una vez más, ya casi no me inyectó otra carga de semen, pero la calentura que él sentía por mí lo hizo convulsionarse de una forma que casi nos lleva al piso. Sentí un orgasmo tras otro, una y otra vez, sentí que el mundo cabía en mi vaginita que estaba hinchada y caliente, sentí su pene entrar y salir una y otra y otra vez.

    Cuando reaccioné estábamos los dos recargados en el lavatrastes y él buscaba desesperadamente meterme su pene en mi anito... mi anito virgen, que ni a mi marido le había dado porque me daba miedo pensar en alojar un pene erecto en mis entrañas, aunque fuera el pene flaco y diminuto de mi marido... quise detenerlo, pero estaba como adormilada, como borracha, yo creo que aún sintiendo mi último orgasmo.

    Me penetró con mucha delicadeza por mi anito y sentí que el mundo daba vueltas, porque cuando mi esposo era mi novio le había permitido hacerlo, pero su flaco pene nunca pudo estar lo suficientemente duro para penetrarme, así es que eso le provocó un gran coraje y una inmensa decepción para mí, pero entonces yo creía amarlo y no le hice problemas, y con una chupadita quedó conforme.

    Realmente no sentí dolor cuando Eduardo me penetró por mi colita, lo cual me sorprendió y me halagó, sólo la presión de su pene en mi anito, pero estaba tan caliente que no le costó insertarme como si mi colita fuera de mantequilla. Al principio, sentí una incomodidad en lo más profundo de mi ser... me sentí llena, repleta, violada, completamente penetrada, sentí como si quisiera ir a hacer popó, pero cuando comenzó a moverse desesperadamente lo único que pude hacer fue separar mis nalguitas con mis manitas como vi una vez en una película porno que trajo mi marido, y me recargué en el fregadero y me dejé hacer todo lo que Eduardo quisiera.

    Me estuvo empujando su pene adentro hasta que volví a tener otro orgasmo largo y dulce, y él fue disminuyendo sus embestidas hasta que me fui calmando y terminó mi orgasmo, y sentí como su pene flácido comenzaba a salirse de mi anito. Me quedé como adormilada y sentí como él, me fue subiendo mis calzoncitos y luego mi pantaloncito, después me subió mi brasier y abotonó mi blusita como si yo fuera una niñita a quien estaba vistiendo. Una vez que terminó, me tomó entre sus brazos y levantándome me besó en la boca y nuestras lenguas se entrelazaron, y así me llevó cargando hasta la sala, donde me depositó con cuidado y estuvo un ratito besando mis labios y saboreando mi lenguita.

    Al pasar de la cocina a la sala, llevándome él entre sus brazos, pude ver a mi marido tirado en el sillón completamente borracho, con una pierna y un brazo colgando y una cara de imbécil que no podía ocultar, la baba le escurría por su bocaza asquerosa que tan mal aliento tenía, y los ojos en blanco por la borrachera, pareciera que era él quien hubiese tenido tantos orgasmos juntos como yo había tenido. Sentí tristeza por ese guiñapo de hombre que tantas veces me había hecho llorar con sus infidelidades y malos tratos, pero el calor del pecho de Eduardo me volvió a la realidad y simplemente me abracé a su cuello y besé sus labios con dulzura, con entrega, con pasión... con amor.

    Quien iba a pensar que en la habitación de al lado estaba mi esposo durmiendo la borrachera y mientras tanto, en la cocina, acababa de cogerme su amigo, me había arrancado varios orgasmos y me había toqueteado por donde él había querido, y además le había entregado la virginidad de mi colita y me había penetrado por donde él había deseado... y yo me había dejado.

    A partir de esa fantasía hecha realidad tengo sexo con Eduardo cada vez que podemos y me ha seguido satisfaciendo mucho. Cada vez somos más calientes y yo me he entregado a él sin medida y con muchísimo placer. Hemos organizado comidas con él y con su novia, y al verlos juntos no puedo dejar de imaginarme las veces que he estado abierta de piernas para él, con él dentro de mi. ¡Estoy loca por Eduardo!.

    Saberme la amante de este hombre es para mi un orgullo, más aún que ser la mujer del "hombrecito" con el que me casé por tonta y por necesidad, creyendo que me haría feliz y me daría una vida cómoda.
    Última edición por Minnie; 24-may-2010 a las 10:40 Razón: Publicación

  2. #2
    CENIT está desconectado Comentarista de Relatos
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    Respuesta: Mi Primera Infidelidad de Casada

    Interesante historia Jaqueline. A pesar de reconocer que no tienes excesiva cultura, no escribes mal. Da la sensación de ser un relato autobiográfico. Intensa vida la tuya con tantos momentos desafortunados. Das una imagen de los hombres y de la familia: terrorifica.
    Espero que escribas más cosas, y poder leerte.

  3. #3
    Andariego está desconectado Autor de Relatos
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    Respuesta: Mi Primera Infidelidad de Casada


    Hola a todos.

    El texto cumple, si; porque gusta, calienta, cachondea. Hablar de verosimilitud entre la aparente simplicidad cultural de la autora y lo "enhiesto" de sus labios, es un detalle plus cuan veritas en el texto, lo cual no debe importar para los "movedores de muñeca" ¿verdad que no?

    Finalmente; este relato, de la mano de un buen editor, podría tener buen sitio en la lista de los "chaquetum magnus", aunque dudosamente en la de los "vanus lectorum"

    Saludos, Jaqueline. Ojalá leamos más cosas tuyas pronto.

    Andariego

  4. #4
    Avatar de Minnie
    Minnie está desconectado Moderador en Entrenamiento
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    Respuesta: Mi Primera Infidelidad de Casada

    Cita Iniciado por Andariego Ver Mensaje
    Hola a todos.

    El texto cumple, si; porque gusta, calienta, cachondea. Hablar de verosimilitud entre la aparente simplicidad cultural de la autora y lo "enhiesto" de sus labios, es un detalle plus cuan veritas en el texto, lo cual no debe importar para los "movedores de muñeca" ¿verdad que no?
    No se qué tienes contra los "movedores de muñeca", después de todo son multitud-al menos por estos lares- y si utilizamos la más simple definición de la emoción, la fisiológica, tenemos que la emoción no es sino el mecanismo bioquímico que nos prepara para la acción y qué acción puede realizar alguien que lee un relato como este??? Sí, seguro que tienes respuesta para todas las preguntas... pero insisto en que este no es precisamente un lugar para la literatura y la filosofía de altos vuelos, bueno, es mi opinión y de humilde no tiene nada

    Jejejejejeje... no seas tan exigente Andariego, que al fin y al cabo estamos en un foro donde el sexo y sus derivados son el plato fuerte y no precisamente cocinado por Arzak...

    Sí el relato merece ser editado, creo que el nuevo sistema de publicación inmediata nos ha paralizado a todos un poco. Sorry!!! Volveremos a la carga en cuanto recuperemos el aliento perdido por la avalancha de nuevos escritores de relatos...

    Saludos

  5. #5
    RANDEX69 está desconectado Lector de Relatos
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    Respuesta: Mi Primera Infidelidad de Casada

    hola minie muy buen relato, te felicito, y pues si en casa no encuentras tu sastifaccion hay k buscarlo en la calle

  6. #6
    Lennon está desconectado Lector de Relatos
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    Respuesta: Mi Primera Infidelidad de Casada

    Me encanto tu relato, muy bien escrito, con mucha pasión
    Lennon :

  7. #7
    mendo está desconectado Lector de Relatos
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    Respuesta: Mi Primera Infidelidad de Casada

    EXELENTE RELATO CONTINUA ASI Y SI TIENES MAS EXPERIENCIAS SUELTALAS PARA EL VENEPLACITO DE TODOS LOS LECTORES Y SEGUIDORES DEL FORO

  8. #8
    Avatar de sooxaa69
    sooxaa69 está desconectado Comentarista de Relatos
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    Respuesta: Mi Primera Infidelidad de Casada

    Me encanto este relato, esta muy bien explicado,los detalles te hacen sentir todo lo que describe en el !!.. Vaya la vida que pasaste Jacqueline lo bueno es que ahora tienes al menos una pequeña recompensa con ese hombre tan viril que mensionas en tu relato... Y tu sigue disfrutando y gozando del palcer que te brinda Eduardo..!!! Me gusto mucho...!!

  9. #9
    CLARISSA VANESSA está desconectado Usuario Nuevo
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    Respuesta: Mi Primera Infidelidad de Casada

    uyyy que exitante, lleno de pasion, lujuria,deseo, sexo, sensualidad, excelente relato, esperamos mas de tus experiencias con eduardo

    bexos

  10. #10
    Avatar de mackybaloo
    mackybaloo está desconectado Crítico de Relatos
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    Respuesta: Mi Primera Infidelidad de Casada

    Ya tengo tiempo que no posteo algo, pero ahí va. El relato cumple su objetivo de ponerte al 100 y hace volar la imaginación, solo que ciertos detalles hacen que te bajen la excitación como el usar diminutivos después de describir una momento lleno de sensualidad y calentura. Refieres que te sentiste penetrada y en el siguiente párrafo dices que te volvió a penetrar, entonces, cuando fué?.
    Y por ultimo los detalles de el abuso que sufriste no encuadra en nada solo en un renglón cuando comparas los penes que te habían tenido. Y no me quedo claro si disfrutaste cuando fuiste abusada, ya que la forma que lo relatas es en manera de gozo y no de sufrimiento y vuelvo insistir esa parte de los abusos por parte de tus familiares no dan sustancia al relato.

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