...¿Acaso hay algo más fascinante?, no lo creo: qué puede ser más extraordinario que recorrer tu espalda con mis dedos formando figuras abstractas y escribiendo en ella una deslumbradora historia que comienza con mi boca intentando penetrar, con todo su furor, en la tuya. Sintiendo la fortaleza de tus labios que se posan como sólida barrera, el hielo impidiendo que mi lengua batalle contra tu limitada y escurridiza lengua, pero es sólo el inicio de esta agitada guerra, pues como buen estratega intento descubrir tu debilidad y qué sorpresa me llevó el percatarme que un sumiso y al mismo tiempo atrevido susurro cerca de tu oído, estremecen tu ser al punto de erizar desde tus pestañas hasta los bellos de tu monte de Venus; aprovecho mi propia ubicación para lanzar flechas de candentes insinuaciones, al mismo compás que mi lengua al posarse sutilmente sobre tu oreja provocan que tu figura se torne inquieta, seducida.
Me doy cuenta que tus defensas me están bloqueando y decido arremeter con todo mi escuadrón. Primero envío una cuadrilla de cinco guerreros que ágilmente se posan ferozmente sobre tus voluminosas caderas doblegándolas con la presión de mis poderosos guerreros. Luego ordeno un segundo ataque, esta vez desplazo una tropa más para que recorra todo tu vientre, pasando por tu ombligo hasta llegar a tu firmes y voluptuosos senos, quienes no oponen ninguna resistencia, incluso los contraataco con gran parte de mi arsenal, pues ahora no sólo los aprisiono con mi mano sino que mis labios, mis dientes y mi lengua se unen a la emboscada.
Ella, al verse totalmente dominada, decide guiar la mano que estaba ocupada con su retaguardia y la guía hacia el frente contrario donde se halla su valioso cofre, obligándome prematuramente a introducir dos de mis guerreros por la tentadora cueva que conduce hacia la gema principal. Mis guerreros no tardan en hallar su punto G y no vacilan ni un segundo en desafiarlo. Es tan afectiva la contienda, que desde su más íntima feminidad brota un jugoso líquido que provoca un exótico baile de mis guerreros jugueteando a través de toda su cavidad. Ahora ambos, envueltos por aquella fuerza incontenible de pasión, nos rasgamos la ropa el uno al otro dejando al descubierto dos siluetas totalmente desnudas y ansiosas de devorarse en medio de una torrente de gozo, ternura e incontenible placer.
A pesar de estar impedidos por una alocada y exaltada energía de deseo, me quedo paralizado por un momento al poder admirar la perfección que dibujaban sus delineadas curvas y aun más por darme cuenta del privilegio que tengo al poder seducir a una diosa. En ese momento damos inicio al ritual, aquí no hay espíritus malignos, no hay libros, no hay conjuros, pero sí dos almas sedientas de todos sus sentimientos para hallar por medio de su entrega total y verdadera, todos los enigmas del universo, todo los secretos del mundo perceptible y de las dimensiones ocultas, pues concientes de que sólo a través de la poderosa fuerza del amor verdadero, los dioses revelan a los hombres toda su sabiduría.
En la atmósfera sólo se percibe emoción, dulzura, libre expresión y todos los factores que se presentan cuando las esencias se fusionan y complementan, cuando dos espíritus interactúan a través del espacio sin que exista el tiempo, donde dos almas se entrelazan y dan origen a una fuente de satisfacción, se prometen fraternidad eterna y se juran un amor infinito, lleno de compresión y ausente de limites.
Ahora dos cuerpos juegan, se acarician, danzan y batallan por ofrecer más placer a su contrincante…
Ya habiendo conquistado todos los lugares y posesiones de mi reina, me dispongo a posarme en mi nuevo trono, por lo que me dirijo a su monte de Venus, a su cofre de placer, al pozo de la satisfacción, y con ágiles movimientos y poderosas maniobras aparto su ultima resistencia: sus tonificadas piernas, quienes me permiten ver en todo su esplendor tan majestuosa obra de arte, lo que produce en mí un impulso desaforado y voraz de hacerla mía y con lentitud y la mayor delicadeza, pero con toda la sensibilidad al tope. la penetré haciendo que ambos nos abrazáramos concientes de que nos estábamos fusionando en uno solo ser. No aparté mi mirada de sus ojos ni un segundo.
Sus gestos me producían aún más sensaciones, sus labios me aprisionaban cada vez más ferozmente, su lengua no paraba, recorriendo toda mi boca, mi cuello, mis orejas, mientras sus manos paseaban por todo mi cuerpo como si fuese un tesoro que sólo pudiese tocar por primera, ultima y única vez… La penetré una, dos y mil veces y ahora ese bloque de hielo que había en el principio, ahora se había derretido convirtiéndose en un ciclón que nos envolvía en olas de saliva y sudor. Sabia que pronto ocurriría algo increíble, aunque no lo esperaba con desespero, porque era conciente de que estábamos cobijados por la infinidad y que disponíamos de toda una vida y de cien reencarnaciones para seguir poseídos y envueltos por una manta de placer sin tiempo, ni fronteras, ni culpas…
Es la primera guerra en que ambos contendientes no desean que haya un fin, pero aun así se dio terminada la primera gran batalla al escucharse un exorbitante gemido, que desprende decibeles, cánticos, melodías de gozo, de éxtasis total, de conciencia inconciente, de locura coherente, de enigmas sin certezas y respuesta sin comprensión; de oscuridad lúcida, de sabiduría insensata, de universos inhóspitos, de dioses seducidos por mortales… en fin, el orgasmo (aunque no lo creas) que ambos sentimos por primera vez en el mismo momento, dio por concluida la única y verdadera entrega de dos almas, quienes gracias a ese celeste ritual, dieron origen al mundo metafísico, al universo desconocido, a a las dimensiones fantásticas, al cielo, al limbo, al Monte Olimpo y sus faraones, a la piedra filosofal, al elixir de la vida, y lo más importante de todo: a ti que estas leyendo esto y a la persona con quien quisieses desatar una guerra similar a esta.
Autor: Félix gasimand
Última edición por puppe; 19-ene-2010 a las 18:39Razón: Publicación (y probando sistema de edición)
La idea del relato me parece bastante buena. Recuerdo haber jugado con términos parecidos en una charla con Sexygordita hace varios años. Usar una nomenclatura de militaria en un relato porno, me agrada, se ve bien, vale la pena. Solo le encuentro el que bien le hace falta una buena edición, y que tal vez, debieron haberse pensado más algunos párrafos, para no dejar opciones sin usar.
Me encantaría que Félix Gasimand pudiera darle un segundo o tercer tratamiento a su relato antes de que caiga en las impías manos de los editores. De inmediato lo unicaría entre mis favoritos.
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