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  1. #1
    Avatar de flakos76
    flakos76 está desconectado Comentarista de Relatos
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    LO QUE ME PASO EN EL METRO

    NOTA IMPORTANTE:

    El argumento de este relato NO es original. La forma de contarlo, sí. Se basa en un relato que leí hace mucho tiempo y que he tenido la "desfachatez" de versionar. Sí quiero dejar claro, que no hay nada copiado. Me he tomado la libertad de contarlo como lo he sentido. También quiero aclarar, que no exactamente igual. La versión original es más "descafeinada" y más corta que esta. Lo publico porque el resultado me gustó (casi tanto como el original) y espero que, a quien se pase por aquí, le guste también. Gracias a los que se toman su tiempo para leerme.




    LO QUE ME PASÓ EN EL METRO

    Todos los días voy a trabajar en el metro. Mi trabajo se encuentra en el centro. Es una cuestión de comodidad y de ahorro. Me permite no tener que perder tiempo en buscar sitios para aparcar y no gastar tanto en combustible. Me levanto a las siete de la mañana, me ducho y me visto, desayuno y me voy tranquilamente para, sobre las siete y media, estar tranquilo en el andén, esperando a que llegue el vagón en el que me toca subirme. Lo llevo haciendo tres años, desde que empecé a trabajar.

    El metro, a esas horas, es un pequeño caos controlado. Parece que casi todo el mundo comienza su jornada y en la parada, se ve gente de todo tipo: unos con caras soñolientas, algunos de malhumor, otros agrupados comentando la película del día anterior o el partido de fútbol. Hay estudiantes de camino a las universidades, ejecutivos con sus trajes y sus maletines (estos nunca parecen dormidos), señoras con carritos de la compra… es una sensación curiosa, porque no conozco a nadie… y a la vez, los conozco a todos… desde hace tres años, coincido con ellos todas las mañanas.

    Cuando te subes al vagón, es difícil encontrar un sitio para sentarte e intentas acomodarte lo mejor posible cogido a la barra que atraviesa el coche por el techo. Con un Ipod, haces que los veinte minutos que dura el trayecto sean, por lo menos, musicales, y así, ahorrarte el concierto de susurros, toses o carraspeos propios de esas horas de la mañana. Y no miras a la gente directamente, a lo mejor a través de los reflejos de los cristales de las ventanillas. Es una forma de mirar tan buena como otra cualquiera.

    Este ritual lo repito todos los días de lunes a viernes. A veces, lo hago algún sábado, pero la intensidad de esa experiencia no es la misma, porque no hay tanta gente.

    Y entre todos los que coincidimos a esas horas de la mañana, siempre están los habituales, entre los que me incluyo. Evidentemente, toda la gente que va a esas horas no es la misma, pero sí existe un grupo, que con el tiempo identifiqué y con el que coincido en la mayoría de las ocasiones.

    Hay un grupo de trabajadores sudamericanos. El número varía según qué días, pero siempre son entre 4 y 6 personas. Seguramente trabajan en algo relacionado con la construcción, porque siempre los veo con ropa muy usada y botas de trabajo. Siempre me los imagino viviendo todos en el mismo apartamento y buscando algo de trabajo que les de lo suficiente para poder comer. Si es esa la situación que tienen, nunca lo parece, porque siempre están de buen humor.

    Otra de las personas con las que siempre coincido, es un hombre mayor, de entre 65 y 70 años. Siempre va vestido con un traje de tres piezas y lo acompaña un bastón. Siempre lo veo solo y serio y esa seriedad, la hacen más evidente unas gafas de sol, que usa de forma perenne. Incluso, dentro del vagón del metro.

    Luego tenemos al triunfador. Un chico que no debe pasar de los 30 años, con traje de 2000 € y corte de pelo de 100. Estéticamente perfecto y que por supuesto, nunca se notará para él, que son las siete de la mañana o si ha tenido una mala noche. Siempre con una media sonrisa, que me hace pensar que es dueño de un secreto divertido que nos atañe a todos los que estamos allí. Es posible que su grado de perfección me haga tenerle manía.

    Y otra de las personas que siempre está, también tiene un grado de perfección que en absoluto me molesta. Debe ser una estudiante, pues siempre la veo con una carpeta pegada a su pecho. No más de veinte años. Alta, pelo liso y negro, ojos grandes y labios gruesos. Le intuyo una sonrisa preciosa aunque nunca la vi sonreír. El cuerpo espectacular, con piernas largas, más evidentes cuando se viste con faldas cortas y calza tacones. Siempre, sin que se de cuenta, la miro todo lo que puedo, porque es, con diferencia, lo mejor que veo en todo el día… Nunca tengo la oportunidad de coincidir cerca de ella en el vagón. Eso me haría el viaje más agradable. Casi siempre la pierdo en el caos que se produce en la entrada de unos y salida de otros… pero nunca me llego a dormir sin soñar un poquito, en que algún día, nos conozcamos…

    La forma de empezar la mañana ese día no me hacía pensar que ocurriría algo distinto. Bajé al andén que me tocaba, el de todas las mañanas y esperé pacientemente a que llegara mi vagón. Y mientras, el andén se iba llenando de gente. Ese día, más de lo habitual , y entonces recordé que era uno de esos días ecológicos en los cuales, los medios de comunicación te animan a que no cojas tu coche para no contaminar el medioambiente. Parece que algunos habían optado por ayudar al planeta. Con la llegada de gente, empecé a ir viendo a los habituales… comenzábamos un nuevo e idéntico día.

    El metro que debe llevarme a mi trabajo llega, y una avalancha de gente se dirige a las puertas de entrada, yo entre ellos. Hoy, la pugna por subir es un poco más intensa. Nos juntamos con la gente que quiere salir. Se producen empujones y hay un momento en el que ya, dentro del vagón, quedamos todos como sardinas en lata, casi sin espacio para poder movernos. La marea de gente me balancea un poco. Estoy a punto de caerme y me cojo a la barra que hay en el techo para estabilizarme. Es cuando noto que alguien choca contra mi pecho y se queda allí. Como si hubiera encontrado su sitio. Bajo la cabeza y no me lo puedo creer. Sólo su carpeta nos separa y veo que mira hacia abajo, como avergonzada y pidiendo disculpas por molestarme. Aunque no dice nada y por supuesto, no me molesta. Pelo negro, liso, camiseta muy estrecha con un suéter de punto por encima y minifalda tejana. Botas hasta las rodillas. Me fijo en todos los detalles. No le hace falta cogerse a ningún lado porque la propia presión de la gente hace que no caiga. Queda justo enfrente de mí, y detrás de ella, el señor mayor que lucha por poder mantener el equilibrio y no perder su bastón. Las gafas de sol, inamovibles y su rostro… sin cambios visibles.

    Se oye un pitido y las puertas del metro se cierran. Empezamos a movernos. El suave traqueteo del tren, hace que dé la sensación de que todos estemos siguiendo suavemente el ritmo de alguna música inaudible y yo, no puedo dejar de percibir que estoy en contacto con la chica con la que sueño todas las noches, aunque ella parece no darse cuenta de nada. En un momento del trayecto, ella quita la carpeta de su pecho y la deja en el portaequipajes que le viene más cerca. Para eso, sólo tiene que levantar un brazo. Yo me quedo inmóvil, con miedo de que cualquier movimiento que haga se interprete mal, pero el contacto, debido a la aglomeración de gente, es inevitable y una vez la carpeta deja de ser una barrera, no puedo evitar el roce de sus pechos apoyados contra el mío. Empiezo a tener calor.

    El trayecto es repetitivo. Vamos alternando momentos de luz al pasar por cada estación y momentos de absoluta oscuridad cuando atravesamos un túnel. Así, vamos alternando en el viaje. En un momento determinado, llego a ver que el señor mayor ha conseguido estabilizar su posición y permanece inmóvil e impasible detrás de la chica.

    Otra parada. Más gente dentro. Más juntos. Ahora, además de los pechos, noto sus piernas casi pegadas a las mías. Es imposible estar de otra manera. Y yo empiezo a tener más calor. Estoy a punto de pedirle una disculpa pero me corto. Parece que poner de manifiesto esta situación haría que pareciera más molesta. Así que prefiero no decir nada. Ella continúa mirando al suelo, como si allí hubiera algo muy interesante que observar.

    En un momento inesperado, todos notamos como el tren empieza a perder velocidad de forma paulatina, hasta quedar totalmente parado en medio de un túnel. Las luces se apagan. Quedamos totalmente a oscuras y la gente empieza a gritar, unos de miedo, otros en tono de protesta, a alguno se le ocurre hacer una broma sobre esta situación. El caso es que estamos parados en medio de un túnel, totalmente a oscuras y sin posibilidad de movernos…

    A los pocos minutos, desde megafonía, se escucha una voz pidiendo disculpas por el incidente y avisándonos que hay un fallo eléctrico y que permaneceremos parados y a oscuras unos minutos. Que en breve estará subsanado y que disculpemos las molestias. Nos agradecen la colaboración de permanecer en orden.

    Noto mi brazo, que ha estado todo el tiempo cogido a la barra de arriba, cansado y puesto que no nos movemos, decido bajarlo para descansar. Al hacerlo, noto, en la oscuridad, que mi mano queda justo en la costura de la minifalda de la chica que tengo enfrente. Atrás, se produce un movimiento un poco brusco y ella es empujada hacia mí, un poco nada más. Mi mano, en el borde de la falda, queda dentro, con la palma apoyada en una de las partes internas de su muslo. No quiero moverme y a la vez, quiero retirarla como si quemara. Pero en ese momento, se me cruzan los cables y protegido por la oscuridad total, en vez de retirar la mano de donde está, lo que hago es subirla un poco por el muslo, haciendo que el borde de la falda tropiece con mi antebrazo y la suba un poco. Ella no se mueve y yo, no me puedo creer lo que estoy haciendo. Es una situación que da miedo pero que a la vez me excita brutalmente. Noto la piel caliente de su muslo sobre mi mano y envalentonado por el resultado del primer intento, subo un poco más la mano y tropiezo con la pieza de ropa interior que lleva.

    Se produce, desde atrás, otro pequeño empujón, que hace que se acerque más a mí y mi mano no tiene más remedio que posarse entre sus piernas. Ahora noto toda la superficie del tanga en mis dedos y sin pensármelo dos veces, empiezo a hacer un movimiento muy lento, acariciando por encima de la tela…es un movimiento casi imperceptible, pero firme. Me atrevo a presionar un poco. Ella sigue sin moverse y empiezo a tener una erección espectacular que sin duda, ella está notando en su vientre. Mis dedos, empiezan a hacer movimientos circulares y la tela empieza a molestarme, estoy lanzado y no calibro las consecuencias que podría tener que en ese momento, me soltara un bofetón o se pusiera a gritar. Pero estoy cegado. Mi pene esta totalmente en contacto con la camiseta tan estrecha que lleva. Lo tiene que notar. No es posible que no se dé cuenta. Estoy perdido, como si me hubiera tirado por un tobogán y no pudiera o no quisiera frenar. Excitado como estoy, me atrevo a retirar el pedazo de tela que me molesta y a buscar con mis dedos su clítoris, quiero acariciarlo, es una prioridad. Es, en ese momento, cuando ella se mueve, y lo hace para coger con sus manos mi brazo, el mismo con el que estoy explorando debajo de su falda. Pero no me lo retira, solo se coge a él. Como si necesitara un lugar donde agarrarse. Localizo el clítoris y empiezo a acariciarlo con dos de mis dedos. En círculos, en línea, recorriéndolo todo. Mi polla, junto a su vientre… empiezo a mover las caderas, necesito notarla más…

    Ella recibe otro empujón desde atrás. Aún me da tiempo a pensar quien será el gilipollas que no para de moverse. De todos modos me está haciendo un favor, porque cada vez la tengo más cerca. Y tiro la casa por la ventana. Descaradamente le subo la falda y le bajo el tanga hasta la mitad de sus muslos. Con una mano, empiezo a recorrer todo lo que el tanga me deja libre y con la otra, me desabrocho los botones de los pantalones y dejo mi miembro fuera, en contacto directo con su camiseta. No puedo dejar de mover las caderas… Pero ella no retira las manos de mi brazo, aunque estoy deseando que me toque. Abajo, empieza a estar húmedo y es entonces, cuando introduzco un dedo… entra como la seda… ella empieza a mover sus caderas, al principio con movimientos cortos y lentos. Luego un poco más rápidos. Introduzco un segundo dedo. Y sigo moviendo. Ella sigue el compás, aunque el mismo gilipollas de atrás sigue con los empujoncitos y hace que no llegue a llevar bien el ritmo. Sus manos aprietan mi brazo un poco más. Con mi mano libre, le levanto la camiseta y meto mi polla entre la camiseta y su abdomen. Empiezo a moverme. Introduzco un tercer dedo… entro y salgo con fuerza…

    Empiezo a notar que a ella, le resulta difícil seguir el ritmo aunque, igualmente, también noto que está muy excitada… mueve las caderas hacia adelante buscando mis dedos y de pronto hacia atrás, como si no quisiera seguir con eso. Saco los dedos e intento acariciar un poco más. Estoy a punto de correrme… y es entonces, cuando siento que algo raro está pasando… acaricio su clítoris, introduzco un dedo y los otros, buscan el resto de su sexo cuando me doy cuenta de que por detrás, alguien esta haciendo lo que yo por delante. Y no puede ser nadie más que el abuelito cabrón. Sin ningún tipo de remordimiento, está introduciendo su dedo -que yo imagino un poco deformado por la edad y grueso, de trabajar con sus manos- por el culo de la chica…y ya lleva un buen rato… por eso ella tiraba hacia atrás también. La mezcla de asombro y excitación hace que eyacule inmediatamente en el vientre de la chica y continúe, estupefacto, introduciendo mi dedo en ella…

    En el momento, efectúo mi disparo y al notar el calor en su vientre, sube la cabeza apoyándola en mi hombro…y me muerde… me muerde lo justo, para ahogar el grito que quiere dar mientras llega a un orgasmo largo e intenso…

    El metro empieza a moverse de nuevo. En la oscuridad se producen cambios de gente y movimientos bruscos…Yo aprovecho para abrocharme los pantalones. Las luces se encienden y a mi lado, está uno de los ecuatorianos que se va hacia la obra. A la chica, la vislumbro en el otro lado del vagón, cerca de la puerta de salida. Del abuelo, ni rastro.

    Me quedo perplejo. Llega mi parada y me voy al trabajo. Todavía tengo su olor en mí.

    Sigo trabajando en lo mismo y cogiendo el mismo metro. Pero no he vuelto a ver ni a la chica ni al abuelo. Creo que empezaré a coger el coche.
    Última edición por Minnie; 14-abr-2010 a las 04:14

  2. #2
    Avatar de Charmin
    Charmin está desconectado Lector de Relatos
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    Respuesta: LO QUE ME PASO EN EL METRO

    Muy bueno tu relato pero la vdd yo le hubiera metido el p....o total ella medio obtuvo lo k keria...... buena sigue asi

  3. #3
    lectorcitol está desconectado Usuario Nuevo
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    Respuesta: LO QUE ME PASO EN EL METRO

    me guto mucho el relato, sin embargo creo que el viejito de atras no le metia el dedo sino que se la cojio por eso se aferro de tu brazo, para poder parar mas el culo y recibir la verga que pedia entrar

  4. #4
    Avatar de sexygordita
    sexygordita está desconectado Moderadora Foro de Canciones
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    Respuesta: LO QUE ME PASO EN EL METRO

    Jajajajajaja, que revuelco, si que vale la pena viajar en metro...que pena que acá no haya.




    No hay necesidad de tanto teatro cuando se es UNO MISMO




  5. #5
    Avatar de DarkDu
    DarkDu está desconectado Crítico de Relatos
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    Respuesta: LO QUE ME PASO EN EL METRO

    Jaja en Costa Rica no tenemos metro pero si hay buses e igual se pueden hacer cosas muy excitantes! jeje
    "El plagio es una vergüenza, los mejores relatos son los que creamos a partir de la propia inspiracion"

  6. #6
    Avatar de sooxaa69
    sooxaa69 está desconectado Comentarista de Relatos
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    Respuesta: LO QUE ME PASO EN EL METRO

    orale..!! Que buen relato esta perfectamente bien explicado y de verdad senti que estaba en ese vagon..!!! Que envidia a la chava esa que se la estaban cogiendo por enfrente y por detras... Excelente.. !!! ME gusto mucho

  7. #7
    Avatar de vic1822mx
    vic1822mx está desconectado Crítico de Relatos
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    Respuesta: LO QUE ME PASO EN EL METRO

    Muy bueno el relato, siempre que viajo en el metro he soñado que algo asi me pase
    "El sexo es el alimento del cuerpo, la pasión es el alimento del Alma"

  8. #8
    Avatar de ra_ji_ta
    ra_ji_ta está desconectado Crítico de Relatos
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    Respuesta: LO QUE ME PASO EN EL METRO

    QUE RICO LO RELATAS


    PERO QUE HORROR QUE TE TOQUEN CON LAS MANOS SUCIAS
    **************
    RA_JI_TA

    El camino no se acaba, continuare sin descanso

  9. #9
    Avatar de Pacog69
    Pacog69 está desconectado Lector de Relatos
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    Respuesta: LO QUE ME PASO EN EL METRO

    Bueno el relato, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

  10. #10
    Avatar de cubanitoamoroso
    cubanitoamoroso está desconectado Crítico de Relatos
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    Respuesta: LO QUE ME PASO EN EL METRO

    Yolei el relato original y el tuyo se parece mucho solo que creo que esta mejor redactado.
    Si que se coje unos buenos calentones en esos buses repletos, lastima que no sean mas frecuentes jajaja
    Vive hoy como si fuera tu último dia!

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