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Tema: Karina (final)

  1. #1
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    diciembre-2006
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    Miami, Florida
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    Smile Karina (final)

    Karina III

    Son las 6 de la mañana y Karla se mueve incesantemente de un lugar a otro de la cocina preparando el desayuno: saca la leche, pica el pan, hace el café; su bata roja vuela de una lado a otro y en cada giro me deja ver brevemente la piel dorada de sus muslos, la observo mientras sorbe una taza de café cubano pero hoy, por primera vez, mi mente no está en ella. Mi mente bulle con los recuerdos de la noche anterior, con las contradicciones de mis sentimientos y las posibles dificultades que se avecinan en caso de que Karina intente disputarme a su hermana.

    - !Buenos días! - me sorprende la voz alegre de Karina saliendo de su cuarto y vistiendo aún su deshabillé azul, lo que trae a mi memoria las delicias de la noche anterior.

    Se acerca por detrás a su hermana, la abraza y le planta un sonoro beso en la mejilla.

    - ¿Cómo amaneció la hermanita más linda del mundo? – dice sonriendo, y al pasar por mi lado, su mano juguetona resbala sobre mi cabello corto y me dice despreocupadamente

    - ¿Y tú qué? ¿Dormiste bien?

    Es tal mi nerviosismo que sólo atino a hacer un gesto con la cabeza y a emitir un bajo gruñido, rápidamente cambio la vista y continuo tomando el resto de mi café, como si fuera la cosa más interesante del mundo. Parezco un condenado a muerte esperando la ejecución de su sentencia.

    Karina toma su taza de café y se sienta a mi lado, me mira pícaramente y sonríe. Es evidente que está disfrutando mi nerviosismo; su hermana nos da la espalda un momento para fregar unos vasos, momento que ella aprovecha para rozar una de sus piernas contra la mía y sonriendo me envía un beso silencioso. La miro como si estuviera loca. Abro los ojos y la boca y le hago señas apuntando hacia Karla, indicándole que se esté tranquila, que su hermana puede darse cuenta de algo. Es obvio que mis gestos y la expresión de mi cara le deben parecer extremadamente cómicos porque se atraganta con el café mientras trata de contener la risa.

    - ¿Que te pasó? - pregunta Karla asustada, al ver a su hermana tosiendo, pero ésta no para de reír ni de toser

    - !Nada… nada! ¡No te asustes! - puede decir al fin, mientras aún tose un poco y se limpia la boca con la servilleta.

    Karla la sujeta de un brazo y le da palmadas en la espalda

    - ¿Ya estas bien? - pregunta burlonamente

    - Eso te pasa por burlarte de mí…

    Le hago una mueca y sin esperar su respuesta me levanto rápidamente de la silla y me dirijo hacia mi cuarto.

    - ¿De qué habla él? - pregunta Karla intrigada

    - ¿De qué te estabas riendo?

    - Me reía de sus monerías y me atraganté, tú sabes que él es muy jodedor y siempre me esta fastidiando.

    Mientras caminaba hacia mi habitación, levanto la vista al techo y doy gracias al cielo, no puedo dejar de agradecerle a Karina por su actitud, me siento muy aliviado al ver que toma muy calmadamente nuestra situación y que no va a cometer ninguna locura.

    La relación de Karla, mi esposa, con su hermana es realmente especial. Siempre he admirado el que, a pesar de ser 4 años mayor que ella, estén tan unidas y se tengan esa adoración mutua que jamás he visto en otros hermanos. Nunca he visto una pelea entre ellas, aunque hayan tenido alguna que otra discusión. Cuando Karina se fue a estudiar a la Universidad, Karla se puso muy triste y en muchas veces, la encontré llorando a escondidas. Sin embargo, se la veía renacer como una flor cuando Karina aparecía de improviso a visitarnos.

    Si triste se puso cuando su hermana se fue a la Universidad, peor aún fue su reacción cuando se enteró que Karina se había ido del país sin despedirse de ella.
    Yo se que ella no decidió venir a este país por mi, sino por su hermana y eso siempre me ha molestado un poco, porque me hace sentir como "plato de segunda" pero la entiendo. Ellas son huérfanas y Karla asumió la función de madre y crió a su hermana como si fuera su hija y tengo la impresión que Karina, la ve a ella como una madre.

    Se siente tan orgullosa de su hermana menor, que continuamente la alaba por su inteligencia, su madurez o por su belleza física. Habla de ella con admiración, olvidándose que ambas son muy parecidas física e intelectualmente. De más está decir que desde el día que las 2 hermanas lograron reunirse nuevamente, se juraron mutuamente, no separarse jamás.

    Era eso precisamente lo que me tenía el cerebro "hecho agua", no sabía cómo enfrentar mi nueva situación, no solo temía por mi matrimonio sino también temía por la relación entre las dos hermanas. ¿Cómo reaccionaria Karla si llegara a enterarse de mi encuentro con su hermana?

    Después de ver como Karina había manejado el encuentro con su hermana, me sentí tranquilo, incluso alegre y decidí irme a vestir, así que estaba yo parado frente al closet, sin camisa, descalzo y en boxer sacando la ropa de trabajo, cuando siento que me abrazan por detrás y me plantan un rico beso en el cuello que me eriza de pies a cabeza, reconozco esas manos suaves y delicadas que se aferran a mi, son las de Karla, recorren mi pecho, mi estómago con unas ansias poco acostumbradas para la hora. Sus manos se mueven cada vez más hacia mi sur, buscando la elevación mayor de mi anatomía y al encontrarla, la acaricia suavemente por encima del boxer y reacciono, deteniendo sus movimientos.

    -¡No Karla, ahora no, ya es hora de irnos para el trabajo! - le digo.

    -Pero yo tengo ganas ahora papi, anoche no me diste mi "medicina" y la necesito ahora - me dice sensualmente, mientras mordisquea el lóbulo de mi oreja y haciéndome erizar nuevamente; noto el calor de su piel en mi espalda, restriega su cuerpo contra el mío y sus manos se mueven incansables sin dejar de acariciarme ni un segundo.

    Siento su respiración cálida en mi nuca

    - ¡Sólo quiero un “quicky”, papi!

    Mi pene responde, Karla sabe perfectamente qué resorte tocar en mi cuerpo para que yo responda como ella quiere. Me volteo rápidamente hacia ella y veo que está desnuda, la tomo por la cintura. Me mira con lujuria, la atraigo hacia mí y la beso con pasión. Ella desata sus deseos contenidos y siento su lengua salvaje buscando y enredándose con la mía, sus manos acarician mi cabello corto, mientras tratamos de fundir nuestros cuerpos en un abrazo salvaje y sin final.

    En nuestro afán de lujuria chocamos contra la pared, tropiezo contra la mesa de noche y caemos estrepitosamente sobre la vieja cama. Quedo sobre ella, sus piernas me enlazan para asegurarse de recibir el placer que su sexo reclama, seguimos besándonos furiosamente, sus manos me conminan a quitarme el boxer y al hacerlo se apodera de mi hombría, acaricia mi pene con pasión y lo orienta decididamente hacia la entrada de su vagina, dejo que mi glande se apoye en su clítoris mientras ella me masturba desenfrenadamente.

    Se ve ansiosa, su mirada me implora, no aguanta mas, se retuerce, gime.

    En su desesperación, levanta las caderas y busca mi pene, quiere sentirme dentro de ella y esta vez la complazco y la penetro con fuerza, golpeando una y otra vez mis deseos contra sus ansias. Sus piernas se levantan y acerca sus rodillas a su cara para que mi pene la penetre hasta el fondo. Con cada embestida le arranco un grito de placer que no intento acallar. En mi subconsciente quiero que Karina nos escuche, que sienta mi pasión por su hermana, pero sobre todo, secretamente, deseo que nos esté espiando.

    Me incorporo un poco sin parar de penetrarla, quiero disfrutar del placer que se refleja en su cara, sus senos se mueven rítmicamente al compás de mis embestidas, sus ojos cerrados, su respiración jadeante, sus manos crispadas que se aferran a la sabana, sus gritos de placer me vuelven loco.

    De pronto, algo, una sombra, mas bien la impresión de que una sombra se ha movido cerca de mí, me distrae por un segundo, sin detenerme, levanto la vista en su búsqueda pero no veo nada. Sólo atino a ver que la puerta del cuarto no está completamente cerrada, no puedo ni quiero seguir buscando, regreso al mundo de sensaciones del que había escapado por unos segundos porque el movimiento desenfrenado de las caderas de Karla, sus manos que se enlazan a mi cuello, la expresión embelesada de su rostro, todo me anuncia la llegada de su orgasmo y me dispongo a recibirlo con mi propia bienvenida

    - ¡Me vengo, baby! - le digo

    - ¡Aquí está, me estoy viniendo coño!! – repito, a la vez que siento como escapan mis fluidos en chorros intermitentes de placer, nuestros cuerpos se funden en un abrazo férreo, nuestras caderas se mueven frenéticamente.

    Me siento explotar, con cada espasmo siento que vacío mis entrañas con un placer indescriptible, nos abrazamos con fuerza mientras los espasmos se van haciendo cada vez menos frecuentes; el ritmo decrece hasta que, finalmente, quedamos inertes, yo dentro de ella y ella dentro de mí, disfrutamos de los remanentes de placer que nuestros cuerpos acaban de recibir.

    Jadeantes, exhaustos y con los ojos cerrados, nos besamos y permanecemos inmóviles sobre la cama. Después de varios minutos, nos levantamos a regañadientes y nos preparamos para irnos para el trabajo, nos movemos de prisa y al salir de nuestro cuarto, encontramos a Karina sentada en la sala y disimulando una ligera sonrisa que parece indicar que ha escuchado todo. De más está decir, que a pesar de nuestros esfuerzos llegamos mas tarde de lo acostumbrado a nuestros respectivos trabajos.

    * * * * * *

    Por extraño que parezca, no había habido ningún otro encuentro amoroso entre Karina y yo. Me evitaba, aunque no rehuía mi contacto. Me dejaba tocarla, pero solamente de pasada, al entrar a la cocina o al coincidir en la entrada del baño o en el comedor y cuando su hermana no estaba mirando. Pegaba su cuerpo contra el mío, pasando sus nalgas redondas contra mí pene. Otras veces, era yo quien pasaba por detrás de ella, presionando mi cuerpo contra el de ella para que sintiera mi virilidad. Ella, sólo me miraba de reojo con picardía, provocativamente, pero cuando intentaba acercarme a ella en busca de algo más, inmediatamente se alejaba de mí.

    La deseaba más que nunca, este juego del ratón y el gato solo acrecentaba mis deseos por ella y ella lo sabía y seguía jugando conmigo. Sin embargo, cuando Karla estaba presente, Karina se comportaba totalmente diferente, actuaba como una hermana pequeña con su hermano mayor, jugaba, bromeaba y a veces y sin razón aparente me daba un beso en el cachete, "de cariño" decía. Se sentaba cerca de mí y rozaba su cuerpo con el mío, mientras yo me mordía los labios tratando de controlar mis emociones y deseos, pero lo que más me sorprendía, era que Karla tomaba aquello como lo más natural del mundo.

    Una tarde, después de regresar del trabajo, decidí recostarme un rato en el sofá y esperar que Karla regresara de casa de Ana, la vecina, que le había pedido que la ayudara en algo que no entendí. Karina estaba en su habitación donde se había encerrado al llegar del trabajo. Era una tarde apacible y el silencio era casi total, tan solo interrumpido por algunos sonidos de bocinas y sirenas en la lejanía.

    Había tenido un día fuerte y me encontraba agotado, los ojos se me cerraban de cansancio, así que me quité la camisa y me acosté. No tardé en encontrarme en ese estado entre dormido y despierto. De pronto, un sonido fuerte, como el de una puerta al cerrarse, me despertó. Me levanto confundido y mirando hacia todas partes y al no encontrar nada me froto los ojos y me dispongo a recostarme nuevamente, cuando escucho el sonido del agua al caer en la ducha. Sabía que Karla no se encontraba en la casa, así que debía ser Karina quien se duchaba. La imagen de su cuerpo desnudo viene inmediatamente a mi mente, mi sangre comienza a circular con rapidez y mi respiración se agita inmediatamente.

    Me levanto y acercándome a la puerta del baño, que está cerrada, acerco mi oído y escucho el sonido irregular del agua al caer. Imagino el chorro de agua cayendo sobre el cuerpo desnudo de Karina. Parado frente aquella puerta, tiemblo de excitación y miedo sin saber qué hacer. Súbitamente, me doy cuenta que no pierdo nada si rompo las restricciones que me había autoimpuesto. Karla no está en casa y Karina, hasta ahora, solo me ha rechazado cuando yo quería hacerle el amor, pero nunca rechazó mi contacto, ni mis caricias furtivas, así que decido entrar. Y girando el picaporte muy suavemente e intentando no hacer ningún ruido, apoyo mi mano sobre la puerta y empujo hacia adentro. La puerta cede silenciosamente, la abro poco a poco y allí está ella: su hermoso cuerpo dibujándose a través de la semitransparente cortina. Hipnotizado, sigo sus movimientos, extremadamente sensuales. Sus manos recorren su cara, frotan su cuello y bajan sobre sus hombros. Extasiado, veo cómo enjabona sus senos redondos y sus dedos deslizándose sobre su estómago plano y bajando hasta su pelvis. Inclina su cuerpo para enjabonarse los muslos y mi respiración se paraliza, al ver cómo sus manos se detienen para acariciar sensualmente su sexo. Un gemido bajo, apenas audible, sale de su garganta. Apoyando una de sus manos en la pared, su cuerpo se arquea hacia atrás y dejándose caer sobre el muro, adelanta sus caderas mientras su mano libre comienza a moverse rítmicamente con un movimiento inconfundible: Karina se está masturbando.

    No puedo contenerme más. Mi pene está completamente erecto y mi nivel de excitación por las nubes. Bajo la cremallera de mi pantalón y saco mi pene para masturbarme junto a ella. Karina comienza a gemir, su mano se mueve frenéticamente sobre su clítoris y yo, acelero la velocidad de mi mano, presionando firmemente debajo del glande y moviendo rítmicamente la piel del tronco. La sensación es increíble. La excitación va en aumento cuando de pronto, siento el sonido de la cortina al correrse y veo la cara de Karina con aquella expresión de lujuria salvaje que vi la noche en que fue mía.

    - ¿Piensas pasarte toda la tarde ahí? - dice desafiándome.

    - Sentí cuando abriste la puerta, te estaba esperando.

    No respondo, ni siquiera intento entender lo que me dice, salto sobre ella vestido y sin preocuparme de nada más. La abrazo fuertemente y la beso, busco su lengua carnosa y ella busca la mía. Ambas, se enredan en un beso salvaje; nuestros cuerpos se buscaban furiosamente, sus piernas se cierran sobre mí y de pronto, separándose, intenta quitarme el cinto, pero en su nerviosismo no puede, se enreda pero es tal su pasion que furiosa, jala con fuerza mi pantalon hacia abajo y practicamente me lo arranca, una vez desnudo, toma mi pene y lo chupa con fuerza. Abre su boca y lo traga por completo, haciéndome sentir el calor y la estrechez de su garganta. Gime sin cesar. Mil sensaciones recorren mi cuerpo y vislumbro el inicio de mi venida.

    No la dejo continuar, la levanto y la abrazo nuevamente. Apoyo su cuerpo contra la pared, levanto una de sus piernas, que inmediatamente rodea mi cintura y pegándose a mí mueve su pelvis hacia delante. Tomo mi pene, me inclino hacia adelante y lo presiono contra su vulva abierta, busco su clítoris y lo siento erecto e hinchado. Presiono mi glande sobre él varias veces, de arriba hacia abajo y un fuerte gemido de placer sale de su garganta. El movimiento de sus caderas busca mi pene y cuando se lo niego varias veces, me mira desafiante diciendo:

    - ¡No me la vas a dar, papi? ¿No quieres cogerte a esta hembra que te desea tanto?

    La miro con lujuria y repito varias veces más la misma caricia, observando detenidamente cada una de sus reacciones y esta vez, ya fuera de sí, me grita:

    - ¡Dámela toda, coño! ¡Acaba de metérmela, mi chino!

    Sus palabras son una orden para mí. Con una de sus manos apoyada en la pared, la otra aferrándose fuertemente a mi hombro, su cabeza echada hacia atrás, sus ojos cerrados, la boca abierta y jadeante, los orificios de la nariz dilatados buscando aire afanosamente, la presiono por la cintura y la penetro con fuerza, con pasión, arrancándole un grito de placer y satisfacción. Mi pene penetra una y otra vez dentro de su vagina estrecha; sus gritos enardecen mis deseos, sus senos saltan al ritmo de mis empujes y mis movimientos se van haciendo cada vez más rápidos.

    Quiero prolongar al máximo estos momentos, olvidarme de todo y de todos, solo Karina desnuda y mi pene penetrándola es todo lo que importa en este momento. De pronto, siento como su mano izquierda presiona fuertemente sobre mi hombro derecho, sus caderas se mueven más hacia adelante, sus ojos se cierran fuertemente y su boca se abre, siento como su cuerpo se contrae, casi puedo ver como el orgasmo se va apoderando de todo su cuerpo: se estremece y un fuerte gemido, profundo y largo sale del fondo de su garganta. Sigo penetrándola, cada vez mas fuerte, disfrutando del placer que Karina está sintiendo.

    La veo abrir los ojos, mirando con asombro hacia todos lados, vuelve a cerrarlos y siento nuevamente como su cuerpo se contrae en espasmos cada vez más fuertes e intermitentes. No una, ni dos, sino tres veces se repite esta escena de placer.

    - ¡Para, por favor, no puedo mas! Mis piernas... - me suplica, mientras su cuerpo tembloroso disfruta de una nueva ronda de fuertes contracciones de placer.

    En ese preciso momento, no puedo contenerme más, me abrazo fuertemente a ella y hundiendo mi cabeza en su cabellera, me aferro a sus nalgas presionándola contra mí y con fuertes golpes de cadera inundo su vagina con un chorro abundante y espeso. En cada golpe, me vacío, la sensación de placer es infinita y no dejo de penetrarla hasta que siento que no queda nada en mí.

    Ella aun tiembla y se contrae esporádicamente, la tengo abrazada fuertemente y la pierna, que aun rodeaba mi cintura, cae pesadamente. Nos mantenemos así: extenuados, jadeantes, cansados y felices por un tiempo que me pareció una eternidad. No quiero separarme de ella, quiero seguir sintiendo la tibieza de su cuerpo y la suavidad de su piel, no quiero regresar al mundo real. Y cuando al fin podemos separarnos, el chorro de agua sobre mi espalda me recuerda donde estamos y salgo de la ducha.

    Todavía recostada en la pared y con los ojos cerrados, la escucho decir:

    - ¡Jamás en mi vida me había venido de esta manera! ¡Wow!, ¡No sabía que era multiorgásmica! – exclama saliendo de la ducha.

    - ¡No puedo con mis piernas! - dice riéndose, mientras pasa su mano por la frente.

    Mientras me seco, ella se pone frente a mí, toma mi cara entre sus manos me da un beso largo y profundo y mirándome directamente a los ojos, me dice:

    - ¿Te amo, entiendes eso? No me arrepiento de nada de lo que aquí ha pasado, eres lo más maravilloso que me ha sucedido en la vida.

    Sonrío y siento que el mundo renace frente a mí.

    - Esto no puede repetirse, no debe repetirse – me dice, pero me parece que lo dice más para convencerse así misma, que para conminarme a no repetir esta experiencia.

    - Kari, eso es casi imposible y tú lo sabes - le digo, solo te prometo una cosa, trataré de controlarme todo lo más que pueda.

    - No baby, no debe repetirse, no está bien que le hagamos esto a Karla.

    Voy a responderle, pero me interrumpe con un beso

    - OK, después seguimos hablando de esto, ahora vete que Karla debe de estar al llegar.

    Le doy un beso y al dirigirme hacia la salida, escucho unos ruidos raros, como los pasos de alguien que corre, salgo rápidamente al pasillo y miro hacia todas partes, llego a la sala y no veo nada. Convencido de que había sido mi imaginación, regreso, cierro la puerta del baño y me dirijo a mi cuarto con la ropa mojada bajo el brazo. Minutos después, la puerta de la calle se abre: Karla regresaba a casa.

    * * * * * * *

    Un día, vamos los tres al mercado y mientras hacemos las compras tradicionales, observo a un joven que, disimuladamente, no le quita la vista de encima a Karina, aquello me molesta y se lo comento a Karla. Esta ni tonta ni perezosa se lo comenta a Karina y ella no da muestra alguna de interés en el muchacho.

    En mi interior me alegro de su actitud, pero Karla parece que no e insiste:

    - Karina, mira, el muchacho se ve muy bien - le dice, mientras yo la miro intrigado.

    - Si tanto te gusta, Karla ¿Por qué no vas tú y lo conquistas? - le digo molesto, a lo que me responde con una sonrisa:

    - Yo te tengo a ti, mi chino, eso es para que esta tonta se anime.

    - No me hace falta "animarme" –dice su hermana- No me interesa nadie y estoy bien así.

    - Lo que me interesa... - dice Karina mirándome a los ojos primero y cambiando después hacia su hermana - lo tengo aquí, los tengo a ustedes y eso me basta, al menos por ahora.

    - Pero Kari, nosotros no podemos darte TODO lo que necesitas como mujer - y al decir esto Karla me mira como buscando mi apoyo.

    Apenas abro mi boca para apoyar a Karla cuando Karina dice:

    - Por el momento tengo todo el sexo que necesito, no necesito películas porno para excitarme; para eso los tengo a ustedes que no se esconden para tenerlo y yo, simplemente, me masturbo escuchándolos y dando rienda suelta a mi imaginación.

    La confesión de Karina es como un jarrón de agua fría sobre mi espalda, jamás hubiera pensado que ella fuera capaz de confesar algo así y parece que Karla tampoco lo esperaba porque no responde.

    - ¡Vamos!, somos adultos y hay confianza suficiente entre nosotros para decir éstas cosas, creo que será mejor si dejamos este asunto ahora y seguimos comprando las cosas que nos faltan - y diciendo esto toma un paquete grande de azúcar y lo deposita en el carrito mientras continua su camino por el pasillo, contoneándose de forma evidente y como demostrando que todo aquello no es más que una gran broma.

    Miro a Karla y ella me mira a mí - definitivamente está loca – digo, y ambos reímos y seguimos detrás de ella como si nada hubiera sucedido.

    La vida continúa su curso apaciblemente en aquella pequeña casita, sin embargo, algo ha cambiado en Karla. Se ha vuelto más apasionada, más arriesgada. Su vida, se centra cada vez más alrededor del sexo y yo estoy encantado. Sin embargo, parece que aun no se arriesga a confesarme sus aficiones y fantasías abiertamente.

    En estos trajines pasan varios meses y Karla sigue descubriendo nuevos caminos en el mundo del sexo que solo me deja entrever sin decidirse a desdoblarse ante mí. La encuentro varias veces sentaba frente a la PC y noto que entraba a distintos foros de mujeres donde se trataban mucho los temas del sexo. En una ocasión, me muestra los mensajes de uno de esos foros en el que distintas mujeres relatan sus fantasías y me invita a leer las respuestas. Me sorprende leer que la mayoría de ellas confiesa que, a pesar de ser heterosexuales y de tener una vida sexual activa y satisfactoria con sus parejas masculinas, sienten curiosidad por saber si hacer el amor con otra mujer es tan rico como se ve en las películas porno, incluso algunas de ellas, se muestran abiertas a la posibilidad de tener dicha experiencia frente a su pareja y de acuerdo a como se presenten las cosas, aceptar que él participe también.

    - ¿Qué te parece? - me pregunta de una forma casual pero que denota su interés en mi respuesta.

    - ¡Wow, si no lo leo no lo hubiera creído! –digo, realmente sorprendido.

    - ¿Es esa tu fantasía también? - le pregunto intrigado - ¿Tienes "esa" curiosidad?

    - ¿De qué curiosidad hablan? - pregunta Karina, mientras se sienta en su puesto favorito en el sofá.

    - La de algunas mujeres, que según dicen aquí, se preguntan si tener sexo con otra mujer es tan rico como parece en las películas porno - le digo.

    - ¡Vaya, eso suena interesante! – responde de una forma que me hace mirarla más detenidamente.

    - Déjame ver - y se sienta al lado de su hermana frente a la PC.

    - ¿Tu crees? - le pregunta Karla.

    - ¿Karla, eso es lo que tu quieres? - vuelvo a preguntar para que no se aparte del tema

    - ¿Te gustaría tener esa experiencia?

    - ¡No, que va! - dice rápidamente, pero noto la falta de fuerza en su defensa - es que nunca pensé que hubiera tantas mujeres con esas ideas.

    - Bueno - le digo seriamente - nunca había pensado en nosotros haciendo eso pero, lo que sí te puedo asegurar es que nunca haré un trío con otro hombre y contigo, eso jamás!

    - ¡MACHISTA! - dicen las dos a la vez mientras ríen a carcajadas, Karla me da un beso fuerte.

    - Seguro que un trío entre otra muchacha, tú y yo, si te gustaría, ¿verdad? - me pregunta.

    - ¿Tu ves? ese es un buen tema para discutir - respondo en tono de broma porque tampoco quiero arriesgarme a dar una respuesta muy categórica en ese momento.

    A pesar de la risa y la broma, su respuesta no me convence, parece que desea saber si yo estoy abierto a ese tipo de fantasías y saber cuan fuerte sería mi reacción con respecto a ese tema.

    Esa noche, ambas hermanas siguen sentadas frente al PC visitando distintos foros y sitios de adultos, chateando, leyendo y posteando mensajes; puedo ver la avidez con que sus mentes aprenden sobre ese nuevo mundo que acaban de descubrir. Realmente, es fascinante ver cómo discuten y analizan tratando de separar la realidad de la fantasía, la exageración de lo extraordinario.

    Se hace tarde, pero ellas continúan leyendo y yo decido irme a dormir. Como a las dos de la madrugada, siento a Karla acostándose a mi lado.

    - ¿Hasta ahora estuvieron en Internet leyendo todas esas tonterías? - pregunto molesto.

    - ¡Cálmate mi chino! - me dice dándome un beso - no, no estábamos en Internet, Karina y yo estuvimos conversando hasta ahora mismo.

    - ¿Y que era eso tan importante que tenían que hablar que les tomó tanto tiempo? – vuelvo a preguntar molesto.

    - Nada, cosas de mujeres que a usted no le importan - me dice riendo - vuelve a cerrar los ojos y duérmete ya de una vez, ¿quieres? - y como siempre, obedecí y a los pocos minutos dormía como un bebé.

    * * * * * *

    Los días pasaban y Karina seguía comportándose provocativamente conmigo pero sin darme nuevas oportunidades. Estaba completamente confundido con su actitud pero seguía esperanzado de que eso, en algún momento, cambiaría, solo era cuestión de tiempo y de oportunidad.

    Llega Diciembre y en diciembre hace frío y nuestra casita y nuestro presupuesto eran pequeños, por lo que no podemos darnos el lujo de poner la calefacción y es precisamente una de esas noches mientras estábamos, como de costumbre, sentados en el sofá, que Karla se sienta a mi lado, toma mi brazo y se lo pasa por encima del hombro, hacia algo de frío y temblaba un poco; Karina, estaba sentada, como de costumbre también, en el otro extremo del sofá y se veía que sentía también un poco de frió, se podía ver claramente el efecto del frío en sus muslos tersos. Estaba ensimismado contemplándolos cuando, sorpresivamente, escucho a Karla decir:

    - Karina ven, acércate, siéntate aquí – dice haciéndole una señal para que se sentará a mi lado.

    Ella nos mira y se acerca a mí.

    - ¡Pásale el brazo por el hombro que tiene frió! - me ordena Karla y yo como un autómata y sin salir de mi sorpresa cumplo con lo que me pide.

    Ella se acurruca bajo mi brazo y siento el perfume de su cabello, el calor de su cuerpo y la suavidad de la piel de su muslo contra mi pierna, sentía que el corazón me iba a estallar.

    - ¿Tu también tienes frió? - me pregunta Karla al notar que temblaba.

    - Sí - le respondo automáticamente, no puedo decirle que es el roce del cuerpo de Karina el que me provoca esta reacción.

    - ¡Bueno, ahora se te quitará al estar de croqueta en este sandwich! - dice riéndose y mirando pícaramente a su hermana.

    De pronto Karla vuelve a sorprenderme al levantarse como un rayo, ir hasta el cuarto y regresar casi inmediatamente con un edredón que despliega sobre los 3 cubriendo nuestras piernas.

    - ¡Así está mejor! - dice, mientras que lleva uno de los bordes hasta su cuello y vuelve a acurrucarse a mi lado.

    - ¡Mira como tengo las manos de frías! - me dice metiendo sus manos entre mis muslos.

    - ¡Coño! - logro decir al sentir la frialdad de sus manos en mis piernas y pego un salto que hace que me acerque más a Karina.

    En medio de la confusión, siento las manos cálidas de Karina apoyándose sobre mi pecho y al instante me estoy quieto para que ella no cambie de posición y seguir sintiendo su piel en mí. Es una situación extraña pero muy excitante y decido sacarle el máximo de provecho posible, me relajo y me recuesto contra el respaldo del sofá; cierro mis ojos y me dispongo a fingir que veo la TV, pero con todos mis sentidos alertas al menor movimiento de aquellas manos inertes que rozan imperceptiblemente mi cuerpo. Por suerte Karla cree que mis temblores son debidos al frío y no sospecha la excitación de la situación en que me encuentro.

    Disfrutando del contacto con sus cuerpos, no me doy cuenta del paso del tiempo. El silencio, la quietud del ambiente, la hora de la noche me hace sentir sueño, cierro mis ojos pero lucho contra ello -Que rico sería que Karla se pusiera ahora a acariciarme el pene, por debajo del edredón, frente a su hermana! - pienso, deleitándome con tal imagen, pero no bien había pasado esa imagen por mi mente, cuando siento, con pánico, que mi pene comienza a erguirse. Mis dos brazos están ocupados y no puedo ocultar mi erección y no tengo forma de explicarle a Karla el motivo de la misma y mucho menos delante de Karina.

    Abro los ojos y busco asustado el rostro de Karla pero para mi alivio, sus ojos están cerrados y su respiración es apacible, parece estar dormida. Busco entonces la cara de Karina, ella también parece dormir plácidamente y respiro aliviado de que ninguna de las dos se haya dado cuenta de nada. Ya calmado, recuesto nuevamente mi cabeza sobre el respaldo del sofá y doy rienda suelta a mi imaginación.

    Imaginé, o soñé? que Karla acariciaba suavemente mi pene por debajo del edredón, y que Karina la observaba. A medida que mi pene crecía y se ponía duro como una roca, Karla lo sacaba de debajo del edredón y comenzaba a chuparlo suavemente, lo saboreaba como si fuera un helado, jugaba con la punta de su lengua y le daba pequeñas chupadas, imaginé sus manos aferrándose a la base y moviéndose suavemente de arriba a bajo, de pronto y sin previo aviso, se introdujo todo mi pene en su boca y lo llevó hasta el fondo de su garganta produciéndome un arco iris de sensaciones increíbles.

    De pronto y a pesar de mi embeleso, percibo una mano moverse sobre mi pecho y descender por mi estómago buscando suavemente mi pelvis, me quedo petrificado, quieto como una roca a pesar del volcán que rugía dentro de mí. Era la de Karina, su mano continúa bajando hasta chocar contra mi pene erecto, esto debe de sorprenderla porque se detiene un instante y unos segundos después, sus dedos comienzan a acariciar mi pene tal y como lo había imaginado unos minutos antes.

    Abro los ojos y me encuentro con su mirada pícara, parece divertirle mi estupor, con un gesto de su mano se quita de encima del pecho el edredón, lo que a su vez le permite dejar a la vista mi pene erguido y duro. Sigue tocando mi pene provocándome las sensaciones más agradables del mundo. Mis deseos contenidos, su mirada, el movimiento de su mano, todo parecía ser parte de mi imaginación calenturienta, no podía creer que Karina me estaba masturbando frente a su hermana.

    Mis manos no pueden hacer nada, los cuerpos de Karla y de Karina me impiden todo movimiento, no puedo detenerla aunque quisiera y ella parece estar plenamente consciente de su ventaja sobre mí. De pronto, se inclina sobre mí y siento el calor de su boca sobre mi pene. Todo nerviosismo e intranquilidad, en realidad todo pensamiento desaparece de mi mente, solo puedo sentir el calor de su lengua en mi pene, la sensual sensación de sus labios y de su lengua acariciándolo, el inefable placer de la estrechez de su garganta cuando mi pene la penetra. Cierro los ojos, me recuesto de nuevo e intento echar hacia adelante mis caderas para que mi pene se estire el máximo posible, pero solo lo suficiente para que mi movimiento no despierte a Karla. Mi mente, permanece tan concentrada en las fibras nerviosas de mi pene, que no me percato de que Karla está despierta y observa lo que su hermana menor me hace.

    Levanto mis brazos y los llevo detrás de mi cabeza en un gesto de máximo placer, en ese preciso instante, Karina para por un segundo y se incorpora un poco, al tiempo que vuelvo a notar el calor de su boca en mi pene.

    - ¿Cómo es posible? ¿Cómo lo hace? - me pregunto intrigado y abro mis ojos para observarla.

    - Pero...? - apenas pude balbucear, antes de que Karina tapara mi boca con un beso.

    - No hables - me dice muy bajo -¿No era esto lo que querías?

    - Sí, pero... - y vuelve a interrumpirme con un beso, pero esta vez un beso más profundo - disfrútalo - me dice y su lengua busca la mía y dejo de resistirme, me dejo llevar por aquella cascada de placeres a la que ambas hermanas me arrastran. Vacío mi cerebro de pensamientos para llenarlo de sensaciones y el mundo deja de existir a mí alrededor.

    Karina me besa suavemente, su lengua se mueve incesantemente en mi boca, mientras que su mano izquierda acaricia mi pecho jugando con la punta de mis pequeños pezones. Sus labios, húmedos, chupan los míos con fruición, su saliva cálida corre por la comisura de mis labios: no es un beso largo, sino una sucesión de besos profundos y cálidos que extraen de mí los placeres más íntimos.

    Mientras tanto, Karla sigue chupándome el pene de una forma increíble, como jamás la había sentido antes, chupaba con fuerza, subía y bajaba su cabeza a un ritmo cada vez más rápido, haciendo penetrar mi pene hasta el fondo de su garganta. Su saliva lubrica mi pene y su mano se mueve al mismo ritmo de su cabeza. Sus gemidos hacen que desee venirme en ese instante, pero ella lo impide al darse cuenta de mis intenciones y deja de chupármelo. Alza su torso un poco y busca mi boca, Karina se aparta y cambia de posición con su hermana, ahora es Karla quien me besa profundamente, con la misma pasión con que antes Karina me había besado y Karina ahora, me chupa el pene con una suavidad extrema que casi me exaspera.

    Embelesado con el sabor de los labios de Karla, no me doy cuenta de que Karina se levanta, hasta que Karla se separa un poco de mí y mira hacia su hermana. Ésta, completamente desnuda, está parada a mi lado. Karla me obliga a acostarme sobre el sofá y toma con su mano mi pene, lo acaricia mientras que Karina pasa su pierna sobre mí, y acomodando sus rodillas deja un pequeño espacio entre su vagina y mi pene. Se apoya con ambas manos sobre mis rodillas y echa hacia adelante sus caderas, su mirada busca la de su hermana mayor y espera por su reacción.

    Karla mantiene la mirada de su hermana menor y tomando mi pene lo lleva hacia el clítoris de Karina y lo acaricia con mi glande. Es tanta su humedad, que mi pene queda completamente mojado con sus jugos en unas pocas pasadas. Karla acelera el ritmo de su mano y Karina comienza a gemir, de forma contenida primero, pero cada vez mas alto después, y sus caderas comienzan a moverse buscando atrapar mi pene para engullirlo por completo. De pronto detiene el caótico movimiento de sus caderas y las levanta un poco, pidiéndole silenciosamente a su hermana que guíe mi glande hasta su vagina. Karla complace a su hermana y suelta mi pene con la evidente intención de no tocar directamente el sexo de su hermana.

    Al sentirla, Karina se sienta sobre él suavemente, dejando que mi pene la penetre lentamente. Sus ojos cerrados y su cabeza echada hacia atrás me ofrecen una imagen de satisfacción total. Una vez que lo tiene todo dentro de ella, comienza a mover sus caderas suavemente hacia delante y hacia atrás. Acaricio sus senos redondos, juego con sus pezones erguidos, mis manos no pueden quedarse quietas ante tanta belleza, finalmente la tomo por las caderas para guiar su ritmo.

    Mientras tanto, Karla se desnuda también, y parada frente a mí, observa los movimientos sensuales de su hermana. Me mira con una sonrisa de satisfacción, mientras yo no salgo de mi asombro ante la situación. Al verla allí, desnuda, tan hermosa, junto a Karina, con una mano acaricio sus senos duros y erguidos y con la otra mano acaricio los senos de Karina. Ambas cubren mis manos con las suyas y en un gesto inesperado, tomo la mano de Karla y acaricio el seno de Karina con ella. Karla no se da por enterada, continúa concentrada en el movimiento de sus caderas y al darse cuenta su primera reacción es de rechazo, de retirar su mano, pero suave y firmemente se lo impido. Su mirada me muestra aprensión, pero mantengo su mano allí, sobre aquel pecho hermoso y poco a poco muevo su mano acariciando el pezón de Karina. Permanecemos así durante unos minutos y entonces retiro mi mano y dejo que sea ella quien siga acariciando a su hermana.

    La duda del primer momento ha pasado, Karla acaricia los senos de su hermana con gran delicadeza y suavidad, es evidente que admira la perfecta redondez de los mismos. De de pronto, se separa de su hermana y acerca su rostro al mío y me dice muy suavemente:

    - Sus senos son perfectos y realmente me ha gustado acariciarlos, pero de ahora en adelante, esto es lo más que vas a verme acariciar a mi hermana, hasta ahí llego, ¿estamos? -me dice con un tono de voz dulce pero que no me deja duda de su decisión.

    Se me queda mirando fijamente y me besa. No había duda de que era un beso de amor, profundo, apacible, apasionado; la siento tan cerca de mí que me olvido de Karina y la abrazo y la beso con la misma pasión. Se estremece, siento su piel erizada y me mira fijamente; comprendo que ella ha entendido mi mensaje: ella es mi mujer y yo soy su hombre, para siempre y sin importar nada de lo que ocurra fuera de eso.

    Con una amplia sonrisa y una mirada pícara se levanta y pasa su pierna izquierda por encima de mi cabeza, poniendo su sexo frente a mi cara. Con sus dos manos abre los labios de su vagina mostrándome su clítoris hinchado y erecto y moviendo suavemente sus caderas hacia delante, lo pone al alcance de mi boca.

    - ¡Dale papi, hazme sentir como nunca! –y diciendo esto pega su sexo a mi boca. El sabor de sus jugos me invade, mi lengua acaricia aquel botón rosado rozando el espacio donde sus labios se unen, sorbo aquel capullo por completo y lo humedezco con mi saliva caliente. Suelto la cintura de Karina para acariciar las nalgas redonda y duras de Karla, la presioné contra mí, cubriendo todo su sexo con mi boca y chupando con deseo. Escucho sus quejidos contenidos a medida que mi lengua recorre toda su vagina. Karina sigue moviéndose a un ritmo cada vez más acelerado sobre mí. Sus gemidos pasan a ser gritos de placer que apenas puede contener. Sus caderas pegan fuertemente contra mí.

    Al sentir mi lengua húmeda y la presión de mis labios sobre su clítoris Karla empieza a mover sus caderas también, presionando su sexo contra mi cara en busca de sensaciones más fuertes y continuas. Yo, aprieto su cuerpo contra mí y chupo su clítoris al mismo ritmo del movimiento de sus caderas. No aguanto más, mi cuerpo tiembla y un flujo enorme de sensaciones nuevas colma mi cerebro. Siento, muy dentro de mí, una sensación inefable de placer que crece, subiendo desde mis testículos hacia mi pecho, llenándome poco a poco hasta que finalmente, estalla en mi cerebro No puedo contenerme y separo a Karla de mi boca en el justo momento que ella también explota en un gemido largo y profundo. Sus piernas fallan, tiembla sobre mí y busca a ciegas el encuentro de su sexo con mi boca, mientras sus contracciones la hacen retorcerse de placer.

    Karina, sintiendo la fuerza de mi chorro de leche que la inunda estalla inmediatamente en un largo y contenido gemido. Abre su boca como buscando aire, mientras se abraza fuertemente a la espalda de su hermana. Sus senos se oprimen contra su espalda y las contracciones de su orgasmo hacen que me estremezca, prolongando mi orgasmo y mi placer hasta el infinito. El tiempo se había detenido y yo no quería acabar nunca. Nos habíamos entregado con tanta pasión, que el resultado no podía ser menos que perfecto y sublime.

    Los tres quedamos exhaustos sobre nuestro viejo sofá. Descargas de placer recorrían esporádicamente nuestros cuerpos, hasta que minutos después, logramos recobrar nuestras fuerzas, nos abrazamos y estuvimos un buen rato en silencio. Yo, tratando de asimilar lo que había acabado de suceder, tratando de entenderlo porque no tenía claro qué sucedería de ahora en adelante.

    - ¿Me pueden explicar ahora qué fue lo que pasó aquí? –logré preguntar al fin.

    - ¿No te gustó? - pregunta zalameramente Karina.

    - Porque si es así, no lo hacemos más! ¿Verdad Karla?

    - ¡Tú te lo pierdes! - dice Karla con fingida indiferencia.

    - ¿No gustarme? ¿Tú estás loca? ¿Cómo no va a gustarme que las dos mujeres más importantes y bellas de mi vida, me hayan hecho el amor a la vez? ¡Es lo mejor que me ha pasado en mi vida! ¡Ustedes son increíbles!

    - Pero...? -comienzo a balbucear mirando a Karla.

    - Déjame explicarte antes de que tu pobre cerebro estalle de una vez - me dice Karla riendo.

    - Desde hace mucho tiempo atrás a mí me ha preocupado la situación de Karina, el que se haya quedado sola, sin pareja pero siempre sospeché que ella sentía algo por ti, ella nunca lo aceptó, hasta que hace poco por fin me lo confesó todo.

    - ¿Todo? - pregunto asombrado

    - Sí, todo - responde Karina seriamente

    - ¿Recuerdas el día que ella nos confesó en el mercado que se masturbaba cuando nos escuchaba haciendo el amor?

    - ¿Quien puede olvidarse de eso?

    Karla, calló por un momento y bajando la mirada y en voz baja y temblorosa dice:

    - ¿Recuerdan los dos, el día que hicieron el amor en la ducha?

    Karina salta de su puesto y mirando con espanto a su hermana, intenta decir algo pero no puede, mientras yo, me quedo petrificado sin saber qué decir ni qué hacer.

    - Tranquilos, no digan nada, los vi, la puerta del baño estaba abierta y estaban tan concentrados en lo suyo que no sintieron cuando llegué.

    - Estuve casi todo el tiempo allí, fue tal mi conmoción que no sabía qué hacer hasta que escuché las palabras de Karina, cuando confesó su amor por ti y te dijo que aquello no podía repetirse, que no quería herirme o algo así.

    Intenté nuevamente decir algo, sentía un miedo profundo en mi pecho, no quería perder a Karla.

    - Decidí no hacer nada en ese momento - continuo diciendo- quería pensar, quería entender qué estaba pasando en mi casa, en mi hermana y en mi marido.

    Recordé que Karla había estado distinta, como deprimida, los días posteriores a aquel encuentro con Karina, pero ella lo achacó a que no se sentía bien debido a un resfriado.

    Sacudiendo la cabeza y con un tono más alegre continuo hablando:

    - ¿Recuerdas la noche que te mostré los mensajes de aquellas mujeres sobre sus fantasías con otras mujeres? -me dijo mirándome a la cara con una sonrisa triste

    - Por supuesto que recuerdo - logré al fin responder.

    - Esa noche - dijo tomando a Karina por los hombros y atrayéndola hacia ella mientras sonreía- Karina y yo nos acostamos muy tarde, hablamos muchísimo sobre ella y sobre mí, por supuesto que también hablamos sobre ti, e indirectamente, sobre esto que pasó hoy aquí. Esa noche, casi forcé a Karina para que me explicara por qué no estaba interesada en otros hombres y al final, me confesó su amor por ti, me pidió perdón, me juró que jamás se interpondría entre nosotros y que si yo quería se iría de la casa enseguida.

    Karla comprendió mi mirada porque dijo:

    - No te preocupes, que nada de eso va a pasar, nosotros juramos no separarnos más, prefiero perderte a ti que a ella, a pesar de tu amor, pero yo tenía que encontrarle una salida a esta situación, ya la vida me ha vapuleado lo suficiente como para dejarla que lo vuelva a hacer, no podía ni quería perderlos a ninguno de los dos y desde que entré en esos foros y comencé a conocer todas esas nuevas cosas sobre sexo, me sentí cada vez mas excitable, mis conceptos morales cambiaron y comencé a darle rienda suelta a mis pequeñas fantasías. Nunca he tenido reparos para desnudarme delante de Karina, siempre nos hemos confesado todo tipo de secretos incluso, de adolescentes, hubo un par de situaciones en la que nos masturbamos juntas. Tomando en cuenta todas estas cosas, al fin me vino la respuesta a nuestra situación.

    - Sí, amo a mi hermana y no quiero separarme de ella.
    - Sí, te amo a ti con locura.
    - Sí, mi hermana te ama a ti desde hace muchos años y se ha privado de ese amor todo este tiempo por amor a mí.

    - La solución casi cayó ante mí por su propio peso: solo compartiéndote con ella podría salvar mi matrimonio y tener siempre junto a mí, a mi hermana. Conversé todo esto con ella, era lo menos que podía hacer y estuvo inmediatamente de acuerdo conmigo y finalmente decidimos "informarte" de nuestro plan de hoy. Eso sí, lo único que no verás es que haya sexo entre Karina y yo, eso no ocurrirá jamás y en eso, Karina también está de acuerdo conmigo.

    - ¿Qué dices? ¿Estás de acuerdo con esta nueva situación? - me preguntó Karla, con cierta preocupación en la mirada

    ¿Se imaginan mi respuesta?
    Última edición por Minnie; 04-ago-2009 a las 17:08 Razón: Publicación
    Vive hoy como si fuera tu último dia!

  2. #2
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    Thumbs up Respuesta: Karina (final)

    Y que puedo decir!
    Sublime este relato, puedo decir que, sino el mejor, sí de los mejores que he leído y lo digo con total sinceridad.
    Tiene calor y dulzura, deseo y amor, pasion y ternura, tiene todo lo necesario para atraer, mejor no ha podido estar.

    Felicitaciones cubanitoamoroso, eres un gran relator.
    Besos.

    El AmOr Es LaPrImErA pAlAbRa De DiOS. eS eL pRiMeR pEnSaMiEnTo qUe CrUzO pOr Su MeNtE

  3. #3
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    Respuesta: Karina (final)

    Cubanito, increible el relatos, tanto que espere la 3ra parte de karina y la verdad esta genial uffff y el final espectacular.. la verdad me encanto tanto que la copie por si alguna dia estoy solita y me dan ganas de darme una calentadia. Te felicito te quedo genial, tiene de todo un poco y los encuentros de karina riquisimo al igual que los de Karla.. uhmmm exquisito....Un beso mi amigo...
    No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy!!

  4. #4
    maite1 Invitado

    Respuesta: Karina (final)

    Me ha encantado el relato. Lo he disfrutado de principio a fin. Tiene la cantidad exacta de morbo y la forma como solucionaron el problema muy conveniente para el chico ¿no?.
    Felicidades. Me encantaría que este no fuera el final de Karina, que hicieras más relatos contando las aventuras de este trío.

  5. #5
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    Respuesta: Karina (final)

    muy buen final, que suerte tienes y que tal te va para complacer a esas dos mujeres. Felicidades por tu nueva vida

  6. #6
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    Respuesta: Karina (final)

    Excelente final para estos tres capitulos de Karina, tuvo como ya dijeron de todo y sobretodo el final que hubiera deseado cualquier hombre, tener a dos mujeres hermosas sedientas de sexo para el solo. Y con la gran fortuna de que ambas estan de acuerdo en compartir al mismo hombre.

    Que mas puedes pedir cubanito, en verdad que vas a ser la envidia de muchos de nosotros. Pero no por eso dejes de escribir tus aventuras con ese pas de bellezas, pues tienes una facilidad increible para escribir y seguire el ejemplo de la compañera y copiera tu relato, para futuras lecturas para elevar la temperatura.

  7. #7
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    Respuesta: Karina (final)

    Mira que yo si tengo la mente perversa, y jamàs se me pasò por la mente, compartir a mi hombre con mi hermana, me quedè, acabo de leer este capìtulo, no he leido el primero, creo que no hace falta, sencillamente exquisito a ver cuando leerè la tercera parte





    No hay necesidad de tanto teatro cuando se es UNO MISMO




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