k buen relato de los pocos k he leido esta super cahondo aber cuando nos mandas otro
Me encontraba enfrascado en los papeles de mi trabajo: contratos, cartera de clientes, material promocional, las nuevas ofertas, cuando al levantar mi vista, una melena rubia llamó poderosamente mi atención y todo pasó a segundo término.
Parecía que caminaba en cámara lenta. Esa rubia melena ondulada, se movía como se mueven las olas. Tenía la piel blanca, ojos con un toque azul en sus parpados y pupilas castañas. Su sonrisa era radiante y llevaba unos pantalones a la cadera que denotaban una cintura perfecta y un ombligo que, juraría, era la tierra prometida donde fluye leche y miel.
- ¿Disculpa vengo a ver lo del empleo?
Vi moverse esos labios rosados imaginándome su sabor y su textura húmeda y dulce…
- ¿Perdón? -pregunté para estar seguro.
- Vengo a ver lo del puesto de trabajo –repitió.
- Ah! Sí, permíteme… -y tomando el teléfono, llamé al encargado de hacer las entrevistas.
Al escuchar el frío ¡Adelante! del entrevistador, me dio la espalda y pensé: ¡Gracias Dios, eres grande! ¡Ese pantalón a la cadera! ¡Esa cintura! ¡Esas nalgas! Las movía con esa cadencia divina que tienen algunas mujeres, esa cadencia que te excita y rompe todas las inhibiciones de tu mente.
Su espalda era breve, hombros delicados, piernas delineadas como obras de arte, tal como a mí me encantan y con suficiente volumen y firmeza tal, que sobre el pantalón se dibujaban esas líneas de los músculos que las forman… y esos pies calzados en zapatillas escotadas de tiritas… podían enloquecerme. Me fascinan las mujeres que usan ese tipo de calzado, porque habla de su sensualidad, de su delicadeza al amar, de su exigencia en la cama, de la intensidad de sus orgasmos.
Traté de regresar a mis aburridos papeles, pero ya mi mente estaba fabricando películas porno con la dueña de aquella melena rubia.
Cuando terminó la entrevista, salió pasando de largo y cuando estaba a punto de abandonar el establecimiento, volteó su cara, y mirándome con cierta coquetería desafiante me dijo:
- ¡Hasta pronto! -rematando la promesa con una sonrisa más que pícara, diabólicamente insinuante.
Varios días pasaron, la charla con las compañeras y compañeros de trabajo era amena y divertida, corrían las bromas sexuales como en todos lados y estábamos en eso, como todas las mañanas, cuando una voz hizo brincar mi corazón con esos latidos que te quitan el aliento.
- ¡Buenos días!
Aquella melena rubia, venía acompañada del coordinador de la región. Éste, solemne y aburrido dijo:
- Compañeros, les presento a nuestra nueva empleada, la señora Mónica.
M-O-N-I-C-A, retumbó su nombre en mi mente. La dueña de mis fantasías más recientes ya tenia nombre: Mónica
- Ella estará de guardia los días martes con…
Esa fracción de segundo fue eterna para mí…
- Con Luis…
¡Ja! ¡Claro! ¡Tenía que estar conmigo! –pensé. Esa monserga de la ley de atracción era cierta. Si la estaba deseando desde que la vi…tenía que estar de guardia conmigo, después… después todo tomaría su curso.
Se hicieron las presentaciones y yo, me coloqué al final de todos, con toda la intención, para poder estrechar su mano un poco más de lo educado, un poco más de lo cordial. Para mirarla un poco más fijamente de lo aceptado, un poco mas allá de sus pupilas. Para sonreírle un poco más de lo amigable, para sonreírle con más intención de lo normal.
- Hola Mónica –dije mencionando su nombre y como degustando cada silaba en mi lengua. Tenía que hacerle el amor aún antes de tocarla.
- Es un placer -dije mientras apoyaba esa palabra con mis dedos sobre su pequeña mano y posando mis ojos, sin parpadear, en sus pupilas castañas. Le dije “es un placer”, con mi voz, con mi piel, con la mirada, no podía evitarlo.
- Es un placer tenerte en el equipo, yo soy Luis y estaremos juntos en la guardia de mañana.
- El placer es mío -respondió, y sus ojos brillaron, mientras presionaba un poco más mi mano, lo que no me pareció intencional sino involuntario.
El primer martes, Mónica, llegó puntual. Lucía un traje sastre entallando su deliciosa anatomía. El pelo rubio suelto y totalmente cepillado con ese aspecto de sedosidad y brillo que me embrujó desde el primer día y olía extremadamente sensual. No sólo era el perfume, sino que su piel blanca tenía un aroma único, que junto con su perfume, podía enloquecer a cualquiera que tuviera sangre en las venas.
- Ven siéntate –le dije, trayéndola a mi área de trabajo.
La senté a mi lado, y comencé a explicarle la mecánica del lugar mientras ella me miraba y escuchaba atenta, fijando esos ojos grandes y castaños sobre mí.
- ¿Puedo decirte algo con todo respeto? Discúlpame si lo hago pero no puedo más.
- Sí, claro –dijo ella, sonriendo divertida y estoy seguro, que adivinando lo que le diría.
- Me encantas Mónica, desde que entraste hace unos días, no he podido dejar de pensar en tí. No deseo ofenderte, pero si me das una oportunidad, una pequeñita, te voy a hacer el amor, con tantas ganas que quizá te asustes.
Si lo sé, pude caer en lo ridículo, pero se lo dije con tanta vehemencia, con tantas ganas, con tanta pasión, con tanta sinceridad, que solo atinó a sonreír y me contestó:
- ¿Sabes? Soy casada…
- No importa, yo soy muy discreto te lo aseguro.
- Soy casada pero no me llevo bien con mi marido –dijo, completando la frase y sonriendo.
- Como sabes, yo también tengo pareja, pero por Dios que no puedo contenerme, es tu pelo, tu aroma, tienes un trasero perfecto, dan ganas de comerte. Perdona que sea tan directo, pero no lo puedo evitar.
Ella estaba entre divertida y alagada y podría jurar, que un tanto turbada. Tomó mi mano y me acarició de tal forma, que mi esperanza creció desde ese momento.
- ¿Por qué no has aceptado salir a tomar un café conmigo? –le pregunté en nuestro segundo martes juntos y mientras poníamos al día el papeleo.
Estábamos totalmente solos, y desde aquella primera plática que se había extendido hasta los detalles de nuestras mutuas relaciones, parecía que nos conocíamos de años.
- Porque se me hace que eres muy cachondo y corro peligro - me dijo coqueta.
- Que mala onda eres, total también puedo ser un caballero, si tú me lo pides, pero…
Me interrumpió y me dijo:
- No me gustan mucho los caballeros, me encanta que seas cachondo –dijo aproximándose a mí y acercando su boca a mi oído.
Aquel día, llevaba una blusa que semejaba la piel de un leopardo y un pantalón de mezclilla a la cadera, de un tono azul intenso. El pelo suelto, los labios con ese tono rosado nácar y se veía arrebatadora.
Giré la silla y la jalé hacia mí, ella se dejó hacer sentándose sobre mis piernas como cabalgándome. Lo hizo muy despacio, con una lentitud casi desquiciante y dejando caer el peso de sus nalgas sobre mi pene de forma contundente y haciéndome sentir intensamente excitado.
La blusa se le había subido, dejando ver el blanco de su piel.
Metí mis manos debajo de ella para extenderlas sobre su espalda desnuda y ella sonreía dejándose hacer.
10, quizá 20 segundos duró éste momento y entonces, se levantó nuevamente diciendo:
- Lo dicho, eres muy cachondo y me encantan tus ojos coquetos, pero debes ser como todos los hombres sólo quieren una cosa y después se olvidan de una.
Yo me quede ¡¡¡¡¿¿¿????!!!! No sabia qué onda, pero reponiéndome, volví a mi trabajo y traté de ignorarla el resto de la tarde.
Es desquiciante cómo una mujer puede enloquecerte a su antojo. Cuan estúpido puede ser un hombre que fue tocado por la química de una hermosa dama. Hermosa es un decir, porque yo creo que toda mujer tiene sus atractivos, dejando de lado el tipo de belleza impuesto por los medios, siempre hay una dama que tiene algo que puede cambiar el rumbo de tu destino. Y nosotros somos piltrafas, si además de ese encanto, la mujer hace uso de su inteligencia y astucia femenina.
Por ejemplo, me encanta ese tipo de mirada entre inocente y atrevida, me encanta el pelo recogido de una mujer, me seducen los zapatos de tiritas y escotados, me encanta el olor de una dama y me atrapa cuando me seducen de a poco, pero siempre dejando ver que ellas son las que llevan la batuta.
Todas estas estupideces me puse a cavilar para tratar de alejar mi mente las ganas locas que me había despertado el peso de sus redondas nalgas sobre mi pene, el calor de su espalda en mis manos, sus senos apretados a mi pecho y su aliento cerca de mi oído, mientras sus dedos jugaban con los rizos de mi pelo, en esos 10 ó 20 segundos.
La tarde terminó, nos despedimos con el típico beso en la mejilla, y ella mojó sus labios antes de incrustarlos sobre mi rostro.
- ¡Hasta pronto!
- Sí, nos vemos el martes -respondí, un tanto molesto por la situación frustrada de mi libido unas horas antes.
Al llegar a mi casa, me dispuse a revisar la bandeja de mi correo y a ver que más se había dicho de ese nuevo chupacabras llamado influenza, cuando entró un mensaje a mi celular.
- Te espero a las 7 en (una dirección) Por favor, ven. Mónica.
Me metí al baño, me acicalé un poco y salí con rumbo a aquella invitación, procurando no pensar de más pues no quería otro calentón como el de la mañana.
Llegué al lugar indicado y me hizo esperar cerca de 15 minutos. Apareció ataviada con una falda de esas que tienen vuelo y se ciñen solo hasta media cadera. Una blusa de tirantes que permitía ver unos brazos para comérselos a besos, de esos que se antoja morder. Llevaba unas sandalias de tiritas súper sexys y olía delicadamente a flores.
Se subió a mi coche y me dijo fríamente:
- Maneja por favor, yo te voy guiando –otra vez los signos de interrogación saturaron mi mente pero hice lo propio.
Íbamos sobre la carretera cuando de pronto me dijo:
- ¡Métete allí!
Era un motel y entré donde me señalaba. Ella, extendió hacia mí un billete de 500 pesos. lo tomé como un autómata y pagué el cuarto. Ella, esperó a que le abriera la puerta y se bajó del coche.
Me tomó de la mano y me jaló al cuarto.
¿Qué pasaba por mi mente en ese momento? Confusión, excitación, turbación, yo sólo me dejaba hacer, el cazador de aquella melena rubia se había quedado, de momento, congelado.
Ya dentro de la habitación, me dijo con autoridad:
- Ahora, quiero que me demuestres lo cachondo que eres, quiero que me demuestres lo mucho que te gusto.
Fue como si encendieran el interruptor de mi libido y me lancé sobre ella para besarla por primera vez. Su sabor era metálico, un tanto dulce, su humedad ligera, sus labios estaban ardiendo, su lengua era experta y sus dientes parecían un tanto agresivos.
Mientras nos besábamos, su respiración se fue acelerando de forma profunda, respiraba grandes bocanadas de aire, para después exhalarlas igual, de forma larga. No era una respiración entrecortada, era larga, profunda y ruidosa.
Posaba sus pequeñas manos sobre mis nalgas, metiéndolas en las bolsas traseras del pantalón, y yo también me agasajaba con ese trasero que me embrujó desde la primera vez.
Entre el besuqueo y el manoseo de nalgas, quise quitarle la blusa y ella me detuvo contundente:
- No.
Separándose de mí y dándome la espalda, caminó unos pasos, puso sus manos a los costados de su cuerpo y, con los dedos, fue subiendo poco a poco su falda volada. Lentamente, desesperantemente, me dejó ver sus bien dotados muslos, el nacimiento de sus deliciosas nalgas -se me hacía agua la boca. Metió sus manos debajo de la parte entallada de su falta y tomando esa prenda interior que cubre el mejor de los tesoros, la fue bajando, mientras se inclinaba hacia adelante si doblar para nada las rodillas. El vuelo de la falda, volvió a tapar la parte de su piel que alcancé a ver momentos antes.
Su melena rubia colgaba hacia el frente. La prenda interior ya estaba en el piso y mi pene estaba a punto de reventar. Mi corazón bombeaba sangre retumbando en mis sienes. Ella, de espaldas todavía, metió sus manos bajo su blusa para desabrochar su breve sostén y dejarlo caer al piso. Y volviéndose hacia mí, caminó lentamente, con esos movimientos del felino que acecha a su presa. Sus ojos, desafiantes y coquetos, su sonrisa segura y ligera, sus senos bamboleando suavemente bajo su blusa y aquel aroma privado, que comenzaba a invadir mis sentidos.
Todo lo que hacía me estaba brindando un enorme placer. Disfrutaba de sus movimientos, aromas, gestos, voz, autoridad… disfrutaba de sentir que allí estaba a cargo ella. Yo no tenía nada que perder, estaba siendo bendecido por la elección de una mujer que me tenía hechizado.
Llevó su mano a la cremallera de mi pantalón acariciando mi erección y sopesando todo el paquete. Se puso de puntillas y me mordió el labio inferior, succionándolo de forma deliciosa mientras liberaba mi pene y mis testículos. Soltó mi labio de su rica tortura y, empujándome suavemente, me obligó a sentarme en el borde de la cama.
Yo seguía disfrutando de su juego y su dominio, pero estaba perdiendo mi control. Deseaba tomarla de forma inmediata, rápidamente, venirme ya dentro de ella… me estaba llevando al límite.
Sin embargo, era bello verla hacer. Cada detalle era una seducción, una caricia. Cada uno de sus actos, de sus movimientos, de sus gestos y sonidos me hacía sentir una descarga eléctrica recorriendo mi espalda, para asentarse en la punta de mi glande.
Se subió sobre mis piernas, poniendo sus rodillas a mis costados y sosteniendo con sus manos su falda y se fue sentando sobre mi pene, lenta, muy l-e-n-t-a-m-e-n-t-e.
Yo la sostenía por su espalda y ella me miraba profundamente mientras cada centímetro de mi pene, se incrustaba en su paraíso infernal.
Los dos seguíamos prácticamente vestidos. Cuando la piel de sus nalgas tocó mis piernas y su vagina había devorado totalmente mi miembro, tomó entre su manos mi cara y me jaló para besarme intensamente, profundamente, un beso largo, interminable, que fue acompañando con un suave movimiento de su cuerpo, adelante y atrás, adelante y atrás… Sentía que ya me venia, la seducción que había manejado sobre mí, me estaba llevando al clímax.
Sus besos, sus movimientos, su vagina ardiendo, sus movimientos suaves y profundos; sentía que me venía a cuentagotas… me estaba dando la cogida de mi vida, qué rico, qué delirante era ser cogido así y por una hembra así.
La detuve con mis manos, no quería venirme todavía. Ella, pareció entender y se detuvo alargando un poco más su beso y retirándose de mis labios, dirigió su boca a mi oído mientras decía:
-Cógeme como quieras, papacito…
Por fin mi ama me había liberado Soltó la rienda de mando y me dejó hacer.
Bajé el cierre de su falda y se la quité por arriba con todo y blusa. En el espejo, puede ver la bella imagen de su espalda breve y bien delineada y sus nalgas formando un corazón y devorando mi miembro. Me quité la camisa como pude, me desabroché el cinturón del pantalón, y cargándola sin sacarla de mí, me puse de pie y, mientras la llevaba contra el espejo de la habitación, me liberé del pantalón y con una mano en cada una de sus carnosas nalgas, comencé a moverla de arriba abajo, con fuerza y con rapidez.
Su cabello saltaba, sus senos se restregaban con mi pecho, sus gemidos parecían los de una fiera en celo. Ella se colgaba de mi cuello para ayudarme a moverla más y más. Sentía sus jugos recorrer el inicio de mis piernas. Me giré y me dirigí a la cama, me dejé caer sobre ella sin salirme de su vagina y ella gritó:
-¡Ay! Sí, sí, así…
Me incorporé en brazos y rodillas y ella incrustaba sus uñas sobre mi espalda, enrollándome sus piernas a la cadera y, prácticamente en el aire, sin apenas tocar su espalda el colchón de la cama, se columpiaba para incrustarse en mi pene con movimientos frenéticos y desquiciados… ¡¡¡Que Hembra!!! ¡!!Que deliciosa mujer!!!
- Me vas a hacer venir -le dije…
- Sí, sí, quiero que te vengas rico papito, qué rica verga tienes, me llegas hasta el tope, qué rico, así, así - y seguía columpiándose sin piedad.
- No, no quiero terminar todavía…
- Sí, sí, necesito que termines tú primero…
- No, todavía no…
Me liberé como pude de sus arremetidas, estaba como poseída, quería hacerme venir a como diera lugar, pero aún me faltaba una cosa.
La giré de un tirón, y la puse con su culo empinado. Mi pene pulsaba, se contraía, quería expulsar su contenido, pero me controlé como pude, y dirigí mi lengua a ese ano rosado, me moría por chuparlo, por lengüetearlo. Cuando sintió mi lengua sobre su ano, soltó una especie de llanto delirante. No sabía si lloraba o gozaba, pero yo la tomé con firmeza de sus nalgas y me perdí entre ellas, lamiendo con delirante pasión aquel ano tan bello. Lamía largamente su ano deslizando mi lengua desde las comisuras de su vagina, hasta casi el final de sus nalgas. Ella seguía con aquel llanto y comenzó a convulsionar su cuerpo, temblaba violentamente y me retiré entre excitado y sorprendido. La giré nuevamente de un tirón, y de sus ojos caían lagrimas de placer, su boca exhalaba aire con desesperación, movía su cabeza de un lado a otro
- ¡Por favor, métemela, métemela yaaa! Necesito que te vengas dentro de mí.
A pesar de que ella estaba gozando inigualablemente, yo estaba seguro que no había tenido un orgasmo, así que me puse en medio de su piernas de rodillas, la tomé por la cintura, y la levanté para penetrarla, ella me ayudó con piernas y brazos y en esa posición, la columpiaba para penetrarla, nos sincronizamos perfectamente en aquel movimiento, su cuerpo arqueado era un poema demoníaco de lo bella que lucía siendo cogida así Sus senos, se bamboleaban al ritmo de mis arremetidas y ella seguía con esos gemidos hermosos.
- !Ya, ya, necesito que te vengas, por favor!
Jalé un par de almohadas, las coloqué bajo sus nalgas para que mantuviera aquella posición arqueada, y pasando mis manos bajo su espalda me apalanqué de sus hombros para metérsela con fuerza, casi con violencia, esa violencia rica de la pasión desenfrenada. Me la cogía una y otra vez, entraba hasta el tope y salía, casi totalmente, para volver a entrar con fuerza.
- ¿No te piensas venir? -le dije, sin detener mis entradas y salidas.
- Necesito que te vengas tú primero... por favor, por favor, ya vente!!!
Con una mano apalancada en su hombro y una en su melena rubia, me moví con fuerza dentro de su infierno pero esta vez, casi sin salir, con movimientos cortos, pero profundos y violentos.
- ¡Me vengo, preciosa! –y solté todo el semen que llevaba un rato queriendo escapar de mí.
En cuanto sintió la primera descarga de semen, soltó un grito que seguramente escucharon en todo el motel.
- ¡Haaaaaaaaaa! -largo, muy largo y las convulsiones de su cuerpo se repitieron, las lagrimas volvieron a salir, se movía descontroladamente, como una loca, literalmente, me levantaba con su pubis.
-Sí, haaaaaaa! por fin!!! –continuaba gritando mientras disfrutaba su orgasmo intensamente.
Me jaló y atrapó mi lengua con sus dientes y la succionó como desesperada, nuestros movimientos continuaban y ella no paraba de moverse descontrolada.
- Otra vez, otra vez... haaaaaaaa!!! Sí... haaaaaaaa!!!
Abría ojos y boca de forma desmedida, como si con ello, viera y respirara el orgasmo que estaba teniendo.
Sus movimientos comenzaban a dolerme, así que la detuve y me metí profundamente en ella, pero ella seguía viniéndose, parecía que no terminaría nunca.
Cuando los espasmos de su vagina fueron aminorando… posó una mano en mis nalgas y otra en mi nuca, y me dijo:
- Qué ricas nalgas tienes, papacito. Gracias por ser tan cachondo -y soltó una risa picara.
- Pensé que nunca te vendrías, corazón. Por poco te quedo mal –le dije.
- No papito, siempre he necesitado que mi pareja se venga primero, si no, yo no puedo venirme…
- Me hiciste venir tan rico... –suspiró. Me hiciste sufrir, yo quería venirme desde que me estabas cogiendo en el aire, corazón… y cuando chupaste tan rico mi ano… sentía que el orgasmo me explotaría dentro.
- Disculpa no sabía –respondí sinceramente.
- No, no corazón… acumulé tanto ese orgasmo, que cuando por fin sentí que eyaculabas, me llevaste al paraíso como nunca…
Me jaló para besarme con esos besos tan intensos que ella daba y al separarnos solo dijo:
- ¡Gracias!
Pero la verdad, el que debería agradecer al cielo, a Dios, a todos los santos y a ella, era yo. ¡Qué experiencia tan intensa!
Saludos a todos y claro sobre todo a todas…
Un Beso y que Dios bendiga a las mujeres, sobre todo a mujeres como ésta.
Hasta pronto.
Última edición por Minnie; 06-jun-2009 a las 07:02 Razón: Publicación
k buen relato de los pocos k he leido esta super cahondo aber cuando nos mandas otro
VIVE LA VIDA AL MAXIMO COMO SI FUERA EL ULTIMO DIA DE TU VIDA
Excelente relato, me gusto mucho. Espero sigas contando tus historias






pues como relato erotico esta bueno, bien escrito y estructurado, pero la verdad me parecio mas relato humedo que historia veridica, jaja, pero igual y cosas mas raras han pasado, pero de que esta bueno esta bueno
Yo no sufro de locura, la disfruto a cada minuto
Estuvo muy bien muy excitante sigue escribiendo![]()
Muy rico tu relato espero mas acciones con esa felina de mujer, platícanos más no solo pasó eso? ó me equivoco.
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