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Tema: Karina

  1. #1
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    diciembre-2006
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    Miami, Florida
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    Karina




    La hermana de mi esposa y su marido, habían logrado salir de Cuba un par de años antes de esta historia. Mi esposa, se había quedado muy triste por la separación, porque ellas eran huérfanas y solo se tenían una a la otra, son inseparables y se quieren mucho; por eso, en cada llamada telefónica que nos hacía, Karina nos pedía que nos animáramos a reunirnos con ellos.

    Yo estaba decidido a salir desde hacía mucho tiempo, no me importaba como fuera: en balsa, en avión, nadando; lo importante era salir porque no resistía más, pero mi esposa tenía miedo y yo no quería irme sin ella.

    En realidad conocía a mi cuñada desde hace mucho tiempo, desde que era una adolescente sin desarrollar. En esa época, solía salir con nosotros, lo mismo a la playa, que a los campings, al cine, en fin, era nuestra compañera de aventuras. Siempre estábamos jugando, y algunas veces ellas caían sobre mí, haciéndome cosquillas o yo les enseñaba a boxear y terminábamos regados por el piso los tres. Era para mí como la hermana menor que nunca tuve.

    Desarrollamos tal nivel de confianza entre nosotros, que cuando nos quedábamos a dormir fuera compartíamos todo los tres juntos: nos arropábamos con la misma cobija sin suspicacia alguna, pero tengo que reconocer, que a medida que iba convirtiéndose en mujer, cada vez se me hacia mas difícil mantener mi mirada lejos de su cuerpo cuando aparecía con su t-shirt blanco ajustado y su shorts cortos de mezclillas o cuando corría hacia el mar con su diminuto bikini, no podía dejar de admirar sus pequeños senos juveniles, sus nalgas redondas y sus piernas bien torneadas, para mi desgracia, a medida que ha pasado el tiempo he tenido la suerte de verla transformase en una bella mujer.

    Nuestras salidas terminaron abruptamente cuando entró a estudiar en la Universidad. Nuevos amigos, nuevas responsabilidades no le permitían compartir más con nosotros pero, nunca, nuestra amistad murió. La confianza que existía entre nosotros, siempre se mantuvo.

    Un día nos sorprendió con la noticia de que se casaba con un compañero de estudio, ahí término nuestra historia. Nunca más fue la misma conmigo y muy dentro de mí sentí ira por perderla y me alegré de que se fuera a vivir a otra parte.

    Un día, después de mucho tiempo sin noticias de ella nos enteramos por medio de una llamada telefónica, de que se encontraba en Miami.

    Después de muchas discusiones, por fin Karla accedió a reunirse con su hermana y yo hice todos los preparativos necesarios para irnos en una lancha rápida lo antes posible. Esta parte de la historia, merece un libro aparte, así que haciendo corta una historia larga, después de miles de dificultades y de peligros, llegamos a los cayos de la Florida y después de legalizar nuestra estancia, mi cuñada y su esposo nos recogieron y nos llevaron para su casa.

    Habían pasado varios años desde la ultima vez que la había visto y me quedé estupefacto al ver que se había convertido en una bella mujer, madura y sensual. Ya no era la niña juguetona que traté como si fuera mi hermana menor y sentí una inquietud indefinida en mi interior.

    Tenían un apartamento pequeño donde todo era minúsculo: los dos cuartos, la sala y hasta el baño. Lo habían rentado cuando les avisamos de nuestra salida para tener más espacio donde recibirnos, decía que ya había sufrido demasiado sin su hermana y no quería separarse de ella jamás.

    Esa primera noche, casi no dormimos, porque nos visitaron amigos que habían llegado antes y fueron a darnos la bienvenida. Pasamos todo el tiempo hablando de Cuba, de los amigos perdidos, recibiendo regalos, comiendo y tomando cerveza. Eran más de la 1 de la madrugada, cuando se fue el último visitante y nos quedamos nosotros cuatro conversando y tomándonos las últimas cervezas que quedaban. Estábamos sentados en un sofá viejo en forma de L que casi ocupaba toda la pequeña sala. Mi esposa y yo, estábamos sentados en la pata mas corta de la L y a mi izquierda, mientras que mi cuñada, quedaba a mi derecha y su esposo se había quedado dormido en la otra parte del sofá.

    Ellas dos conversaban muy animadamente, quedando yo entre las dos, hacia la curvatura en la esquina. Mi cuñada se veía feliz por tener a su hermana consigo y se comportaba conmigo como en los viejos tiempos, hablaba incesantemente, cogía las manos de su hermana, me pellizcaba cuando hacia un chiste, se apoyaba en mis piernas cuando se acercaba a decirle algo en voz baja a su hermana, en fin, parecía que el tiempo no había pasado, que se había detenido en alguna parte de nuestra juventud y recostando mi cabeza en el respaldo del sofá, cerré los ojos para disfrutar de aquel momento.

    Había tomado bastante y mis sentidos estaban algo embotados, el cansancio y la tensión de los días anteriores estaban haciendo efecto en mi cuerpo cuando de pronto, noté el peso de una mano sobre mi miembro, pensé que estaba soñando y traté de olvidarme cuando volví a sentir la misma sensación. Me dejé llevar, supuse que estaba en mi cuarto, mi mujer me tocaba y a pesar de mi cansancio mi pene respondió.

    -Hey, y esto...¿Que es? –sentí que alguien decía muy lejos

    Sentí una fuerte sacudida, alguien me tomaba de los brazos y me zarandeaba mientras trataba de despertarme.

    –¡Hey, chino! ¡Despierta, todavía no estás en la cama!

    Abrí los ojos confundido y miré hacia todas partes hasta que me di cuenta que aún estaba en la sala y mi mujer y mi cuñada me sacudían mientras reían.

    -¿Y esa calentura tuya? ¿Con quién estabas soñando? – me preguntó mi esposa riendo a carcajadas.

    -Tiene que ser con alguna que este bien buena porque mira el tamaño de eso… –comentó riendo mi cuñada.

    Al darme cuenta de lo que había pasado, me sonroje hasta la raíz, sentí una vergüenza tremenda de que aquello hubiera pasado delante de ella y traté de disculparme, pero solo atiné a balbucear algunas palabras incoherentes.

    -¡Vamos, no hables mas! –me dijo mi mujer, ayudándome a incorporarme.

    –Vamos para la cama y si después de ir al baño aun tienes “eso” así ya veremos que hacemos con él –dijo riendo mientras le hacía un gesto pícaro a su hermana.

    De más está decirles, que cuando llegué a la cama caí como una roca y me quedé dormido al instante.

    Los siguientes días pasaron sin darme cuenta, todo era nuevo para nosotros, entre los trámites de legalizar nuestra situación migratoria, buscar trabajo, aprender a manejar y recibir las visitas de amigos, de los amigos de los amigos, de los familiares de los amigos de los amigos, apenas nos quedaba tiempo para pensar.

    Así pasaron los primeros meses. El marido de mi cuñada, trató de conseguirme trabajo en la factoría donde trabajaba, pero yo no quería un trabajo que tuviera horario de madrugada y por suerte para mí, no había plazas disponibles en ese momento. Seguí buscando, hasta que al fin, encontré empleo en un almacén con un horario regular y por ello me convertí en el “hombre de la casa”, porque el esposo de mi cuñada se pasaba las mañanas y parte de las tardes durmiendo, mientras que todos nosotros estábamos trabajando y cuando llegábamos alrededor de las 6 de la tarde a la casa, ella apenas tenía tiempo de darle un beso de despedida y yo era quien tenía que ocuparme de mantener la casa.

    En una ocasión, mi esposa y yo habíamos llegado del trabajo y estábamos sentados en el sofá descansando un poco antes de irnos a duchar, mientras que Roberto, el esposo de mi cuñada, estaba en su cuarto preparándose para irse a trabajar.

    Karina había llegado algo mas temprano de lo acostumbrado y después de saludarnos, entró a su cuarto apurada, al poco rato escuchamos unos sonidos bajos y rítmicos que no precisábamos de donde venían. Mi esposa, se levantó, tratando de localizar la fuente de dicho sonido y llegó a la puerta del cuarto de su hermana, sonrío y me hizo una seña indicándome de donde provenía el extraño repicar: era el rechinar de la cama y de gemidos ahogados.

    Mi mujer regreso al sofá tratando de callar la risa y nos miramos sorprendidos de que Karina fuera capaz de hacer eso, pero los gemidos de placer de la hermana hicieron excitar a mi mujer quien comenzó a sobarme el pene por encima del pantalón, quien, ni tonto ni perezoso respondió inmediatamente.

    Mi esposa me echó hacia atrás y empezó a besarme, se notaba que aquella nueva situación la calentaba muchísimo y sin pensarlo dos veces baje mi bragueta y me saqué el miembro. Miró nerviosamente hacia la puerta del cuarto de su hermana, miró mi miembro y sin esperar más comenzó a chuparlo con una lujuria poco conocida en ella. Lo que más nos excitaba, era el pensar que en cualquier momento pudiera abrirse la puerta del cuarto y nos descubrieran; para mí, la sola idea de pensar que “ella” pudiera verme así me excitaba aun más.

    Karla había ido a trabajar con una falda larga que le llegaba a media pantorrilla, por lo que sin pensarlo dos veces, la tomé y la hice subirse encima de mí. Ella, miró otra vez nerviosa hacia la puerta del cuarto pero los gemidos y rechines que salían de allí se hacían cada vez más fuertes y se dio cuenta de que teníamos tiempo suficiente.

    Se remangó la falda y se monto sobre mí, con una mano movió la tira de su panty a un lado y tomo mi pene con la otra, acarició su clítoris erguido con el glande de mi pene lo que le arrancó ahogados quejidos de placer. Sin esperarlo, hizo un movimiento rápido y como estaba completamente húmeda, mi pene entro rápido y hasta el fondo.

    Era tanta su excitación, que comenzó a moverse frenéticamente frotando sensualmente sus caderas contra mí, mientras trataba de controlar sus gemidos de placer. Nunca antes la había visto así y me agrado el cambio.

    Seguíamos escuchando los gemidos del cuarto mientras que, involuntariamente, vino a mi mente la imagen de estar haciéndole el amor a las dos y que esos quejidos del cuarto eran conmigo. Mi mujer seguía moviéndose frenéticamente encima de mí cuando de pronto, escuché que de la garganta de mi cuñada salía un grito ahogado pero claramente audible.

    -¡Sigue papi! ¡Sigue! ¡No pares! ¡Sigue coño, que me estoy viniendo!

    Aquello fue como una señal que provocó que mi mujer tuviera un orgasmo tan intenso, que tuve que taparle la boca para evitar que nos escucharan, en el mismo momento en que yo derramaba toda mi leche dentro de ella. Nos convulsionábamos atrapados en un abrazo fuerte y sin final hasta que nuestros cuerpos quedaron exhaustos.

    Ella estaba encima de mí, tratando de recuperar la respiración, cuando sentimos movimientos en la puerta del cuarto. Karla, saltó como un resorte y se colocó rápidamente a mi lado, pero en su apuro, derramó parte de mi leche sobre mi pantalón y tuve que tomar una de los cojines del sofá para ponerlo sobre mí y ocultar lo que había pasado. Hicimos como si estuviéramos viendo normalmente la TV, y apenas habíamos hecho esto, Roberto pasó corriendo frente a nosotros balbuceando algunas palabras de despedida.

    Karina demoró unos segundos en salir, vestía un deshabillé azul, que le llegaba apenas a las rodillas y que cerraba al frente con una cinta del mismo color. Éste, apenas le cerraba delante y dejaba ver la mitad de su hermoso muslo. Su mirada, mostró sorpresa, al vernos sentados en la sala.

    -¿Ustedes han estado ahí todo el tiempo? – preguntó incrédula.

    -¡Ajá! –respondimos los dos a la vez, nos miramos pícaramente y nos echamos a reír.

    Ella se recostó en el marco de la puerta y con una mano puesta en su cara se reía apenada, se veía feliz de lo que había pasado.

    Nuestras vidas tomaron el ritmo estable de la monotonía, salpicada de vez en cuando por algunas situaciones excitantes pero sin más consecuencias. Habíamos desarrollado una especie de complicidad íntima, donde compartíamos, sin palabras, nuestros encuentros sexuales secretos.

    Nosotros disfrutábamos de sus pocos encuentros vespertinos con su esposo y suponíamos que ella sabía de los nuestros porque en las noches nunca hicimos nada para acallar nuestras voces de placer. Aquel juego nos excitaba a Karla y a mi y nos servia para tener un sexo continuo e intenso.

    El comedor era diminuto y nos sentábamos a comer los tres en una mesita pequeña, que apenas tenía espacio para acomodarnos. No soy un tipo de 6 pies, pero no soy bajito, así que pasaba bastante trabajo para acomodar mis piernas debajo de la mesa. Todos los días, nos divertíamos tratando de ser los primeros en sentarnos para coger el asiento más cómodo.

    Más de una vez, sentí la piel suave de sus piernas rozando las mías lo que me provocaba corrientazas en la espalda. Yo trataba de evitarla, moviendo mis piernas hacia otra parte y al hacer esto, varias veces tuve la impresión de ver una sonrisa imperceptible en sus labios.

    -¿Seria posible? -me preguntaba mentalmente- No, no podía ser posible -me respondía inmediatamente. No podía creer que Karina estuviera coqueteando conmigo.

    Se había hecho casi una tradición el que, a pesar de llegar sumamente cansados de nuestros trabajos, nos sentábamos después de la comida para ver un poco de TV. Algunas veces, compraba algunas cervezas o ron para olvidarnos un poco de lo duro de nuestras vidas y caer en nuestras camas rendidos un poco antes de la medianoche. Otras, la mayoría, solo compartíamos las vivencias del día.

    Después del baño, yo siempre usaba un short deportivo muy ancho y sin protector que me hacia sentir muy cómodo. A Karla, le gustaba usar un pijama rojo que una amiga le había regalado, mientras que Karina usaba regularmente un top ajustado y corto que dejaba ver su estomago plano y una lycra negra hasta media pantorrilla, la cual hacía resaltar sus nalga duras y redondas y sus piernas bien torneadas.

    Yo había hecho de la curvatura del sofá, mi puesto favorito. Karla, se acostaba en la parte corta de la L del sofá y 15 minutos después ya estaba roncando como un bebé, mientras que Karina se recogía en la otra esquina del sofá directamente de frente al TV quedando a mi derecha. Generalmente se dormía mas tarde que su hermana.
    Con la intención de ahorrar en electricidad, apagábamos todas las luces de la casa, excepto una pequeña lámpara que estaba al otro extremo de la sala, quedando ésta en una penumbra muy agradable y discreta.

    Yo no perdía ninguna oportunidad de poder admirar a mi cuñadita cada vez que podía, trataba de controlarme sabiendo que aquello me podría acarrear problemas pero era algo más fuerte que yo, cada día la encontraba mas atractiva. Cada día me sentía mas atraído hacia ella.

    En varias ocasiones, tuve la impresión de que ella me miraba a hurtadillas pero cada vez que buscaba su miraba, ella disimulaba moviéndose como si se acomodara en su puesto.

    Una noche nos sorprendió a Karla y a mí, cuando salió a comer usando su corto deshabillé azul.

    -¡Hey! ¿Y ese cambio? –preguntó Karla

    -Nada, decidí seguir tu consejo y vestirme como tú –dijo mirándome directamente a la cara

    -Me cansé de sentirme incomoda con esa lycra, así al menos no tengo que cambiarme de ropa antes de acostarme.

    Me sentí inquieto ante aquella mirada, no se por qué tomé aquello como un mensaje dirigido directamente a mí, no sabía como entenderlo. ¿Se habría molestado conmigo al darse cuenta de que miraba lascivamente sus nalgas al pasar con su lycra por mi lado? - me pregunte asustado - ¿o será lo contrario, que quiere mostrarme mas? - la respuesta a esta ultima pregunta me dejó confundido y excitado.

    Yo, había comprado algunas cervezas que tomamos durante la comida y después nos sentamos en nuestros puestos de siempre. Karla se tomó un par de cervezas y se durmió casi enseguida, mientras que Karina y yo, con una cerveza cada uno, seguimos viendo una película de acción en inglés.

    Estaba sentada de frente al TV con una pierna doblada debajo de sí y con la rodilla dirigida hacia mí y la otra pierna apoyada en el piso. Una de sus manos, sostenía la lata de cerveza mientras que la otra descansaba sobre su pelvis impidiendo que el deshabillé se abriera y mostrara sus pantys, pero sus muslos quedaban casi totalmente al descubierto. Yo estaba extasiado mirándola, cuando de pronto me miró diciendo

    -¿Qué? –con cierto tono de reto

    -¡Nada!! - respondí muy nervioso, cambiando la mirada a la vez que tomaba algo precipitado un largo sorbo de la lata de cerveza que tenía en mis manos.

    Aquella actitud suya me confundió mucho y no quería dar rienda suelta a mi imaginación porque sabía que cometería una locura de la que tal vez debería de arrepentirme algún día.

    Un rato mas tarde me levante y traje dos cervezas más, le ofrecí una a ella y seguí para mi puesto. Como todas las películas de acción norteamericanas, aquella tenia de todo: golpes, tiroteos, persecuciones de carros y sexo; la carga de realismo de las escenas eran bastante fuerte, y fue en una de esas escena de sexo, que vi los dedos de la mano que quedaba sobre la pierna doblada, moverse imperceptiblemente, primero acariciando su pantorrilla y después su muslo. Mi reacción fue instantánea, mi pene se irguió como un mástil pero por suerte para mí éste quedo oculto por la cabeza de mi esposa que estaba apoyada sobre mi pierna izquierda.

    Ella actuaba como si yo no estuviera allí, tal vez pensaba que la oscuridad cubría sus movimientos, o quizás simplemente no le importaba, el caso fue que sus caricias se hicieron un poco mas profundas al darme cuenta que su mano buscaba su sexo por entre los pliegues de su ropa, mi respiración se hizo pesada y mi mano acaricio mi pene mientras seguía, hipnotizado, todos sus movimientos. El ritmo de sus dedos era suave pero inconfundible y cuando cerró sus ojos y entreabrió sus labios, ya no tuve duda de lo que hacía.

    Por suerte para ambos, aquella escena terminó a tiempo. Poco después, terminó la película y ella, me entregó el control del TV para que buscara lo que quisiera. Decidí buscar algo instructivo como el Discovery Channel o Disney para alejar de mi cabeza los pensamientos lujuriosos que tenia. Al fin, encontré lo que buscaba y al poco rato escuche los ronquidos pausados de Karina que se había quedado dormida mirando el programa.

    Tenía su cabeza apoyada en el brazo del sofá y sus dos piernas quedaban semi extendidas hacia mí. Estaba extasiado mirando su imagen cuando inesperadamente, cambio de postura dando un giro de 180 grados sobre sí misma y quedando ahora de espaldas al TV. Sus nalgas quedaron ligeramente hacia fuera y el corto deshabillé dejaba ver sus pantys de encaje blanco y el reverso de sus muslos. Sinceramente, no se como no tuve un infarto en ese instante.

    Mi cuñada, desde que la conozco, ha tenido siempre un dormir muy profundo y en mas de una ocasión la hemos tenido que llevar a su cama entre mi esposa y yo y siempre al día siguiente pregunta sorprendida como llegó a su cuarto. Como era de esperarse el alcohol hizo su efecto y decidí irme a dormir. Como las dos señoras de la casa estaban dormidas, tuve que encargarme de llevar primero a mi esposa para nuestro cuarto y después a mí cuñada para el suyo.

    No sabia qué hacer, si levantarla o cargarla, hasta que me decidí por lo ultima opción. Pase una mano suavemente por debajo de su espalda y la otra por debajo de sus muslos, el contacto con su piel me hizo estremecer de pies a cabeza y mi corazón latió incontroladamente.

    La llevé hasta su cuarto y la deposité suavemente sobre su cama, la acomodé para que quedara bien acostada, pero al querer retirarme, el lazo de su deshabillé se enredó en mi mano y sin querer tiré de él. Me volví a ver que pasaba, y quede atónito al ver que mi gesto había abierto completamente el deshabillé mostrándome su hermoso cuerpo. Podía ver sus senos redondos y firmes, su estómago plano y sus pantys de encaje blanco.

    No podía moverme ni quitar mis ojos de su cuerpo, sin darme cuenta, todos los deseos que tenía guardados, salieron a relucir en ese momento. El alcohol nubló mi raciocinio y no pude resistirme a tocarla. Mi mano temblaba febrilmente, mi respiración era profunda y agitada, parecía que el tiempo se hubiera detenido. Al fin, muy suavemente, acaricié la piel de su seno con la punta de mis dedos, temía que se despertara y me encontrara allí pero ya se habían roto los diques de mi pasión y sabía que ya no había marcha atrás. Acaricié sus senos redondos y firmes, acaricié sus pezones grandes pero, al ver que no reaccionaban, me convencí de que aún dormía.

    Apagué la luz del cuarto La luz del poste de la luz que entraba por su ventana, me permitía ver en la penumbra. La desvestí, la deje completamente desnuda, mi mente se había nublado y el mundo había dejado existir para mí. Sin pensarlo dos veces me desnudé y me acosté a su lado y seguí tocándola. Ella, siempre me había gustado, pero nunca me había atrevido a nada hasta esa noche.

    Acaricié sus pechos muy suavemente, mis dedos jugaron con su pezón y recorrieron toda la anatomía de sus senos, acariciaron su estómago plano y firme, su piel era suave y calida, su respiración era rítmica y estable por lo que mis dedos, siguieron su excitante viaje exploratorio a través de aquel continente misterioso llamado mujer. Acaricie sus muslos moviéndome poco a poco hacia su parte interior, subía buscando febrilmente su pelvis, pero paraba antes de llegar y bajaba buscando sus rodillas.

    Una parte de mi cerebro no quería despertarla para extender al máximo el disfrute de esta situación, mientras que la otra, clamaba por despertarla para que ella disfrutara conscientemente de mis caricias y recibir las de ella a cambio.

    Temblaba todo, cuando metí mi mano en su vagina. Me detuve por unos segundos esperando su reacción y al notar su pasividad me incorporé un poco y con mi mano abrí un poco sus piernas, volví a poner mi mano sobre su sexo y disfrute aquella sensación maravillosa.

    Comencé a mover mi mano de arriba a abajo y presioné con mi dedo central, buscando suavemente separar los labios de su vagina, pronto sentí su calor en mis dedos y busqué muy despacito su clítoris y comencé a jugar con él. Al principio estaba seco, pero a medida que lo acariciaba sentí como se iba humedeciendo.

    Estimulada por el juego de mis dedos, ella comenzaba a reaccionar, sentí que se acomodaba mejor y abría un poco más sus piernas lo que me permitió jugar más con su intimidad.

    Le pase una pierna por encima de las suyas y pegue mi pene a su cadera mientras le besaba el cuello, no me atrevía a hacer nada mas, hasta que sentí que se movía gimiendo muy bajito de placer y abría aun más sus piernas. Fue como una señal, no pude contenerme más y me puse entre sus piernas, le levante un poco las rodillas para que su caderas quedaran mas abiertas y altas y tome mi pene y se lo presenté a la entrada de su vagina metiéndolo suavecito. Se lo metía y sacaba muy suavecito como si no quisiera que se diera cuenta, al notar que no reaccionaba se lo metí todo y para mi sorpresa soltó un gemido tan rico que perdí todo control sobre mi y comencé a hacerle el amor con toda la fuerza que mi lujuria tenía.

    Debido a mi excitación y a mis deseos por ella no duré mucho y solté toda mi leche caliente dentro de ella, quien la recibió con un sordo gemido de satisfacción. Aquel fue el momento más maravilloso e inolvidable de mi vida.

    Me salí de ella y me acosté a su lado, ella me dio un beso y me dio la espalda poniendo sus nalgas redondas sobre mi pene y me dijo

    -Que rico te quedó ese regalito papi, ¿como te fue en el trabajo hoy? se viró y para mi sorpresa total, se quedó completamente dormida, como si nada hubiera sucedido. Ella, había creído que había sido su marido quien le había hecho el amor!

    Al principio, eso fue una gran desilusión para mí, porque yo pensé que ella lo había disfrutado conmigo, pero después vi lo conveniente que era y decidí seguirle el juego.

    De más esta decirles, que esa noche aproveche la posición en que estaba y le hice dos veces más el amor de esa forma. Nunca toqué su ano para evitar que se despertara, pero no podía resistirme a la delicia de tener su culo redondo y bien formado a mi disposición. Ella solo gemía un poco y me dejaba hacer pero nunca llegó a despertarse como la primera vez.

    Antes de irme a mi cuarto tome una toalla pequeña y le limpie la leche que le quedaba en su sexo, en sus piernas y en las sabanas para que no se diera cuenta de nada al despertarse. Al día siguiente, estuve muy tenso esperando a encontrármela para ver su reacción y para mi alivio, me recibió como siempre, como si nada hubiera pasado.

    Mi esposa se ha vuelto bastante calentona y se excita con solo hablar de sexo y a veces me cuenta cosas intimas de su hermana y de sus amigas para excitarnos y esa noche después de hacerle el amor, me contó que su hermana le había contado que la noche anterior -¡mi noche!- había tenido un sueño súper rico y muy erótico y que lo había sentido tan real, que incluso creía que había tenido un orgasmo dormida, porque estaba muy mojada cuando se levantó por la mañana. Me contó con detalles el sueño y me sorprendí de cuanto recordaba de lo que yo le había hecho. Yo escuchaba sorprendido y satisfecho de que ella hubiera disfrutado tanto conmigo, aunque no pudiera yo decirlo claramente.

    Han pasado varias semanas, nuestras vidas han seguido su ritmo de siempre, solo una cosa cambió en esta pequeña casa: los rechines de la cama de mi cuñada en las tardes, se hicieron cada vez más esporádicos, hasta que un día cesaron por completo y su marido nunca regresó de su trabajo.

    Continuará...

    Última edición por Minnie; 01-may-2009 a las 16:28 Razón: Publicación

  2. #2
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    Thumbs up Respuesta: Karina

    Vaya historia, me impresionó mucho, me gusta tu forma de escribir y ya veremos que pasará en esas tardes vacías

    El AmOr Es LaPrImErA pAlAbRa De DiOS. eS eL pRiMeR pEnSaMiEnTo qUe CrUzO pOr Su MeNtE

  3. #3
    maite1 Invitado

    Respuesta: Karina

    me gustó mucho el relato, es bastante largo pero siento que faltaron unos detalles en la escena de sexo con tu cuñada. Bueno, leeré la otra parte y comentaré al respecto.
    Lo que me gustó es que inmediatamente escribiste la segunda parte para no dejarnos pensando que había pasado con el marido y con tus futuras aventuras con ella.

  4. #4
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    Thumbs up Respuesta: Karina

    Hola cubanitoamoroso,

    La historia me gusto mucho, muy amplia a la inmaginacion, yo si pienso que los detalles de sexo con tu cuñada estubieron bastantes explicitos, solo que me hubiera gustado que se hubiera despertado y el sexo hubiera mucho mejor .. coño valla que la mujer tiene un sueño profundo
    Seguiremos con la segunda parte para ver que pasa... te comentare sobre la segunda parte...
    Sigue escribiendo que esta muy bien relatado....
    No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy!!

  5. #5
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    Wink Respuesta: Karina

    Fue largo tu relato, pero era necesario para describir la situación de como pasaron las cosas. Si coincido con un comentario de que faltaron detalles cuando le hiciste el amor a tu cuñada, ahora leere la segunda parte.

  6. #6
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    Respuesta: Karina

    vaya que esta interesante el relato, esta bueno, pero ya que llegaste a las partes "interesantes" te quedase corto en narrativa y en el resto le hechaste como si no hubiera mañana, jajaja, esperaremos la segunda parte
    Yo no sufro de locura, la disfruto a cada minuto

  7. #7
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    Respuesta: Karina

    En lo personal se me hizo muy buen relato lo disfrute demasiado me puso cachondo, espero y la segunda parte este mejor. Y el marido que le paso?, ahora si amigo las dos hembras para ti .

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