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Tema: UN JUEGO DE A TRES

  1. #1
    ivanna01 Invitado

    UN JUEGO DE A TRES

    Los hechos que relataré a continuación, ocurrieron justo un año después de nuestro primer trío con el masajista en Mar del Plata (que ya conté un nuestro primer relato). Mi marido y yo viajamos a Canasvieiras, en el sur de Brasil. Al estar en un lugar donde nadie nos conocía, aprovechamos un momento de nuestra estadía en el país vecino para dejar volar nuestras fantasías nuevamente.

    Después de instalarnos en un hotel, lo primero que hicimos fue averiguar por alguna excursión, había varias y las hicimos casi todas, pero la que más recordamos fue la de la Isla de Anatomirim, sobre todo por lo sucedido después.

    Es una excursión que se realiza en barco y apenas subimos al mismo, nos recibió el guía, un flaco que estaba refuerte, era rubio, muy lindo de cara, no muy alto, ojos claros, con un cuerpo de contextura normal y con un marcado tono bronceado; no solamente a mí me había impactado, sino que todas la mujeres que arribaron al scuna (como le llaman los brasileños al barquito que hace la excursión), lo miraban sin parar. Después de recorrer la isla y ver los delfines, Juanchi se tiró un rato al agua, cosa que aproveché para preguntarle un par de tonterías al guía y verlo un poquito más de cerca.

    Cuando terminó la excursión y volvimos a Canasvieiras, le tomé la mano a Juanchi y lo llevé hasta donde estaba el guía, le comenté lo bueno que había estado el paseo y le preguntamos si conocía algún lugar copado para ir por la noche. El flaco tenía muy buena onda y nos comentó que era RRPP de un boliche y en un portuñol* bastante aceptable, nos dijo que fuéramos y preguntáramos por él -Marcos se llamaba- para invitarnos con algún trago en la barra y luego se despidió muy amablemente, aunque parecía apurado.

    Cuando llegamos a la habitación, lo primero le dije a Juanchi:

    - ¿Esta noche vamos al boliche que nos sugirió el guía?, a lo que Juanchi me respondió dándose cuenta de que el flaco me había calentado:

    - ¿Qué rápido que te convenció el Marquitos ese, nunca te apuras tanto para ir a un lugar.

    - La verdad que estaba lindo el guía- le dije poniéndome colorada, a lo que el me respondió:

    - Entonces ¿Por qué no intentamos reeditar lo que hicimos en Mar del Plata?

    En ese momento, de la calentura que tenía me tiré encima de Juanchi y le hice un pete hasta tragarme toda su lechita.

    El tema era que no sabíamos como íbamos a hacer para convencerlo, entonces mi marido me dijo que no me preocupara que el iba a inventar algo. Después de comer y cambiarnos nos fuimos al Boliche. Recorrimos un poco el lugar y luego de un rato nos atrevimos a ir a la barra a preguntar por Marcos. Nos respondieron que lo iban a llamar y al ratito llegó. Nos saludó como sorprendido, quizás pensó que no iríamos y nos preguntó si queríamos pasar al sector VIP a lo que accedimos y él mismo nos acompañó personalmente.

    Nosotros pedimos un trago que se llama paixao tropical -pasión tropical- que se compone de caipirinha, tequila y aguardiente dentro de un ananá hueco: La verdad que estaba riquísimo pero yo no estoy muy acostumbrada a tomar, así que enseguida me puse alegre y me subió la temperatura, más de lo que ya la tenía en ese momento. Él se pidió una cerveza, y mientras todo el mundo lo saludaba, charló un ratito con nosotros hasta que sonó su celular. Se notaba que estaba trabajando a full y en ese momento, nos dijo que en un ratito volvería.

    Estuve unos minutos tratando sin éxito de llevar a Juanchi a la pista a bailar -a él no le gusta para nada- y cuando Marcos apareció nuevamente, Juanchi, rápido de reflejos me dijo:

    - Ya que tenés tantas ganas de bailar invitalo a Marcos -yo me puse roja de vergüenza pero entendí que la intención era buena para poder llevar a cabo nuestro cometido.

    Así que, antes de arrepentirme, lo agarré a Marcos de un brazo y lo arrastré hasta la pista sin aceptar un no como respuesta. Juanchi se sentó en uno de los sillones y nos veía como nos movíamos al ritmo de una música típica brasilera, de esa que necesita mucho roce corporal, por lo que poco a poco me iba animando y acercaba mi cuerpo contra el suyo. Marcos, al principio, estaba un poco cortado, como no sabiendo que hacer al estar mi marido tan cerca de nosotros, hasta que finalmente entendió como venía la cosa y se soltó un poco. Entonces, me hizo girar, apoyó sus manos en mi vientre y me arrastró hacia él, juntando nuestros cuerpos de una manera muy caliente. Sentí como apretó su paquete, descaradamente, contra mi cola, mientras comenzaba a endurecerse debajo de su pantalón. Refregamos nuestros cuerpos unos cuantos minutos.
    A esa altura, mi temperatura seguía en aumento y ya no podía más… y junté coraje, no sé de donde, y le pregunté si no conocía un lugar más privado adonde pudiéramos ir él, mi marido y yo, a lo que respondió medio sorprendido y excitado, que si lo esperábamos hasta que terminara su trabajo podíamos ir a tomar algo a su casa.

    Mientras Marcos fue a terminar su trabajo, volví a donde estaba Juanchi y le comenté lo que había pasado y él me susurró al oído que se había calentado mucho viéndonos bailar y que deseaba que disfrutáramos de esta noche como lo habíamos hecho hacía un año en Mar del Plata.

    Después de que Marcos solucionara algunos problemitas y a pesar de que el boliche aún no había cerrado, nos fuimos en auto hasta su casa, o a la casa de alguien, nunca supimos si realmente era suya, pero recuerdo que durante el camino sentí un poco de temor ante lo desconocido y pensaba: Ojala que no nos pase nada raro, aunque de todas maneras intuía que Marcos, al llevar dos desconocidos a su casa, debía sentir lo mismo que nosotros. Lo cierto es que había muy buena onda y parecíamos amigos de toda la vida, por lo que al llegar nos olvidamos de todo.

    Cuando entramos, puso música suave y nos sirvió un trago: Luego fuimos a una sala de estar muy linda. Nos pusimos a charlar un rato sobre nuestras vidas, pero como que la calentura del boliche había bajado. Entonces a Juanchi se le ocurrió algo para entrar nuevamente en calor: un juego de cartas que ya habíamos practicado en Argentina, pero sólo él y yo.

    El sería la banca y sacaría una carta para cada uno, el que tenía el número mayor ganaba y el otro debía pagar una prenda o penitencia, la idea nos gustó. Repartimos las cartas, y comenzamos a jugar, el primero que ganó fue Marcos y mi prenda fue sacarme las medias y los zapatos, lo que hice rápidamente. Luego gané yo, por lo que le tocó sacarse la camisa a Marcos, y así, poco a poco, nos fuimos sacando la ropa. Yo, me tuve que sacar la camperita y la minifalda que llevaba puesta, quedándome sólo con una tanguita diminuta y una remerita; mientras Marcos se sacó los zapatos, las medias y el pantalón, quedándose solo con un slip muy ajustado, gracias al cual podía verse que estaba al palo. Yo, al verlo casi desnudo, tenía mi temperatura otra vez por las nubes.

    Según iba la cosa, mi excitación iba en aumento y empezaba a necesitar pasar de una vez a la acción. Me excitaba mucho estar desnudándome delante de mi marido y de un desconocido. Tan sólo quedaban las prendas más fuertes, cuando perdí yo y mi “penitencia” consistió en acariciarle el paquete a Marcos, que estaba sentado a mi lado
    vestido tan solo con su slip. Miré a mi marido, como esperando su aprobación y su gesto fue suficiente para deslizar mi mano por debajo de la mesa y apoyándola en su pene, comencé a acariciarlo muy suavemente. No podía creer que le estaba tocando la verga a un flaco mientras mi marido me estaba observando. En la siguiente tirada de cartas, perdió Marcos, tenía que acariciarme las tetas y metiendo su mano por debajo de la remerita, comenzó a acariciarlas mientras con su otra mano levantaba la remera, dejando al descubierto mis pechos y apretando muy suavemente mis pezones.

    L e tocaba el turno a Marcos y su “castigo” era apoyarme la verga en mi colita mientras me seguía acariciando las tetas y colocado detrás me dio todo su apoyo. Me encantó sentir como su palo iba creciendo poco a poco bien pegado a mi culito. Luego yo le tuve que meter la mano dentro del slip y acariciarle la verga otra vez. Metí la mano y se la agarré y comencé a pajearlo muy despacio, mientras retiraba su slip para facilitar la tarea y poder acariciarle también los testículos. Debo confesar que me excedí de los 30 segundos estipulados por el juego y pude comprobar que la verga de Marcos no era descomunal, pero era muy interesante y todo ello sumado al morbo del juego erótico que estábamos realizando con la complicidad de mi marido, no veía la hora de que alguien me cogiera porque estaba ardiendo de calentura.

    La próxima prenda fue a la inversa, Marcos me tuvo que acariciar la conchita por debajo de la tanguita. Se puso nuevamente atrás de mí, me abrió la cola y al tener el pene libre del slip, me lo incrustó en la raja de mi colita. Al sentir la piel caliente de su verga entre los cachetes de mi culito, creí que desfallecía de placer y agarré, como desesperada, una de sus manos y la metí dentro de mi bombachita, Marcos, empezó a juguetear con mi clítoris, dándole pequeños toquecitos, fue tal la sensación de placer al sentir su pija en mi culo y su mano en mi concha mientras mi marido observaba, que estuve a punto de acabar por primera vez.

    Finalmente todo se descontroló cuando Marcos en la última “penitencia” tuvo que chuparme la conchita, entonces me recostó sobre la mesa en la que estábamos jugando, me bajó la tanguita hasta los tobillos, puso su cabeza entre mis piernas y comenzó a lamerme el clítoris con su lengüita haciéndome delirar de placer hasta tener un orgasmo.

    En ese momento Juanchi no aguantó más, y comenzó a sacarme la remerita que me quedaba puesta y a besarme con mucha pasión, luego fue bajando poco a poco por mi cuello hasta llegar a mis pezones mientras Marcos seguía jugando con su lengua en mi clítoris. Luego Juanchi sacó su verga y me la metió en la boca mientras acariciaba mis tetas, por lo que yo comencé a chupársela desenfrenadamente, Marcos en ese momento se paró y comenzó a franelearme la verga por los pliegues de mi vulva y la entrada de mi concha, me abrió las piernas lo más que pudo, apoyó la cabeza de su verga en la entrada de mi cuevita, previo ponerse un preservativo, y comenzó a abrirse paso dentro de mí. Me penetró suavemente y luego cada vez más fuerte hasta lograr ensartarme profundamente, era una sensación increíble estar chupándole la pija a mi marido mientras el guía me rellenaba la conchita.

    En esa posición, Marcos estuvo bombeándome un buen rato, sentía como su verga me llenaba de placer, y en todo este tiempo acabé unas cuantas veces. Juanchi, que estaba a punto de eyacular, le pidió a Marcos ir al dormitorio y así lo hicimos. El chico se tiró a la cama boca arriba, yo me acosté al lado de él y comencé a besarlo, poco a poco fui bajando hasta llegar a su verga. Empecé pajeándolo y lamiendo sus testículos hasta meter todo su pedazo dentro de mi boca y comencé a succionarlo. Juanchi, muy cerca nuestro, no se perdía detalle de cómo tragaba la verga de Marcos. Hasta que no aguanté más y me monté encima de él, le apoyé mis pezones sobre sus labios y comenzó a lamérmelos de una manera fantástica mientras yo, ayudada por una de mis manos empecé a ensartarme nuevamente su palo que no había perdido en ningún momento su consistencia. Me lo metí muy despacito, sintiendo como me volvía a llenar de placer.

    Juanchi, muy despacio, empezó a jugar con sus dedos en mi colita. Me ensalivó bien y me metió dos dedos hasta lograr abrirme bien el culito, yo entendí lo que estaba intentando hacer y me dio un poco de miedo, era mi segundo trío y nunca había hecho una doble penetración, pero estaba tan caliente que dejé que lo intentara. No sabía si lo iba a conseguir, porque siempre fui muy estrecha por ese lugar, pero me asombré y a la vez me tranquilicé, cuando Juanchi apoyó su verga en mi ano y pudo metérmela hasta el fondo sin ningún contratiempo. Era mi primera doble penetración, ya que ni siquiera con juguetitos lo habíamos hecho antes. Estaba tocando el cielo con las manos, fue fantástico sentir dos vergas bien adentro mío, era una sensación maravillosa, todas las mujeres deberíamos sentirla alguna vez, ya sea con personas de carne y hueso o con juguetitos, pueden imaginar que no paré de tener orgasmos.

    Entre los dos comenzaron a moverse rítmicamente, cuando salía uno, entraba el otro, de esta manera, yo sentía como sus vergas se rozaban a través de las paredes de mi vagina y de mi ano. Juanchi no aguantó más y derramó toda su lechita dentro de mi colita, luego de terminar se recostó al lado nuestro y siguió observando como el flaco me seguía taladrando, en ese momento Marcos me dio vuelta y me acostó boca arriba, yo puse mis piernas sobre sus hombros y el incrustó su verga esta vez en mi culito, poco a poco logró meterla hasta los huevos, y mientras mi marido veía como un extraño me hacía la colita comenzó a besarme con mucha pasión, como si fuera la última vez que nos veríamos. Estas situaciones lo calentaban sobremanera.

    Después de unos minutos, le dije a Marcos que no me acabara adentro, que me tirara la leche en mis tetitas, entonces rápidamente se puso encima de mí, le saqué el forro y lo masturbé hasta que comenzó a largar chorros de semen que cayeron sobre mi cuerpo.

    Lo sucedido fue infernal, esa noche se convirtió en una de las noches más inolvidables de mi vida, Marcos se tiró exhausto al lado nuestro y quedamos los tres recostados en la cama relajándonos, mientras yo les acariciaba las vergas como señal de agradecimiento por hacerme gozar tanto, después de unos minutos de relax nos miramos con Juanchi y nos dimos cuenta de que ya era hora de partir.

    Muy amablemente, Marcos se ofreció a llevarnos al hotel, pero le dijimos que no era necesario y nos tomaríamos un taxi y entendió que todo terminaba ahí y nos despidió muy amablemente. Cuando llegamos a nuestra habitación estábamos sexualmente plenos y satisfechos, nos bañamos, nos acostamos y nos abrazamos muy fuertemente hasta quedarnos profundamente dormidos.
    Última edición por Minnie; 06-mar-2010 a las 14:27 Razón: Publicación

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