Saludos. Esto que les cuento me ocurrió hace un año más o menos. Me decidí a contarlo porque pienso que es una interesante historia.


Me habían destinado a trabajar fuera de mi ciudad y ahora estaba bastante lejos como para ir cada fin de semana, así que sólo iba de vez en cuando. Vivía sólo en un pequeño apartamento, que realmente me gustaba mucho; era perfecto para una sola persona porque únicamente tenía un salón-comedor, una cocina pequeñita, un baño y un dormitorio. Así tampoco tendría que perder demasiado tiempo en limpiar y ordenar la casa.
Al principio de llegar allí sólo me dedicaba a ir al trabajo y prácticamente no salía de mi casa para nada, sólo para lo imprescindible, o sea, para comprar la comida en supermercado que tenía enfrente de mi casa y para poco más. Así que los fines de semana me dedicaba bien a ver la tele o a estar un rato con el ordenador, pero como no tenía conexión a Internet, pues veía un poco la tele y me acostaba.
Tras varios fines de semana consecutivos pasándolos de igual forma, bastante aburrida, un sábado decidí salir a dar una vuelta y tomarme una copa.
Me arreglé un poco y salí a la calle, pero claro, era nuevo en la ciudad y no tenía ni la menor idea de dónde podía ir. Así que, al cruzarme con una pareja de novios les pregunté por algún pub así que estuviera bien. Tras una serie de indicaciones me condujeron a una zona de la ciudad en la cual se reunía mucha gente. Eran un par de calles llenas de pubs y alguna que otra discoteca. Como las discotecas no son lo mío, pues entré en el primer pub que ví. Se llamaba Brooklyn y a primera vista no tenía mala pinta, no obstante era bastante grande, había mucha gente y se respiraba un ambiente muy agradable y marchoso a la vez.
Me dirigí a la barra y me senté en una de las pocas sillas que aún había libres. Rápidamente se dirigió hacia mi una guapa barman. Y lógicamente me preguntó que quería tomar tras haberme saludado. Yo le pedí que me sirviera una cubata de Ron con Coca Cola, ya que e whisky no me gustaba demasiado. En muy poco tiempo la barman llegó con un baso de cristal con dos hielos y delante mía empezó a servirme la copa. Le tuve que decir que no me echara demasiado ron, ya que mi intención no era emborracharme. Ella obedeció y paró de echar el ron. Tras ello, cogió un botellín de Coca Cola de la nevera, lo abrió y lo dejó al lado del vaso. Eché el Coca Cola en el vaso, lo moví un poco para que se mezclara bien y le di un sorbo. Estaba bastante rico ya que no estaba muy cargado, mas bien todo lo contrario. De esa forma se bebía muy bien y sin poner cara de asco.
Tras ello, me dediqué a echarle un largo vistazo al pub. La decoración y sobre todo ala gente que el él había. Lógicamente todas eran caras desconocidas. Había grupos de gente de pie charlando y bebiendo, parejitas, sentados en la barra y en pequeñas mesas. La verdad es que se estaba muy bien allí. Además, la música me gustaba y me sentía todavía más a gusto.
Tardé unos 20 minutos en beberme la copa y como tenía sed y estaba allí muy cómodo, me pedí otra copa, pedí lo mismo, para no rebujar. Al poco tiempo de tener en mi mano la segunda copa, se sentó a mi lado una chica, aunque no le di la menor importancia si no fuera porque tras sentarse me saludó y me buscaba con su mirada. Al notar que me miraba descaradamente, la miré y la saludé, aunque reconozco que al principio me puso bastante nervioso. Nos presentamos. Se llamaba Estela. Empezamos a hablar, o mejor dicho, ella empezó casi a bombardearme con preguntas, que si era nuevo por esta zona, que nunca me había visto por aquí, que si no era de la ciudad, que qué me traía por aquí. En fin, el caso es que me relajé y mantuvimos una conversación bastante larga y todo esto mientras seguíamos bebiendo, ya que le invité a una copa y yo me pedí otra. Más tarde me preguntó si tenía novia y yo le contesté que no tenía. Tras mi respuesta noté como su actitud cambió, ya que ahora se mostraba más atrevida, con sus gestos, su mirada y sobre todo porque me preguntó si me apetecía que saliéramos del pub. Pensé que como no tenía nada que perder, que estaba un poco contento gracias a los efectos del ron y que la chica no estaba mal del todo, pues decidí acceder a su pregunta.
Así que salimos del pub y empezamos a andar por la acera. Ella ahora si se mostraba aún más atrevida, ya que, estábamos ambos de muy buen humor y se me agarraba al brazo, me daba pequeños besos en la mejilla e intentaba estar pegada a mi lo máximo posible. El caso es que yo también me animé y me dejé llevar por la situación y empecé a cogerla del hombro y a devolverle los besos en la mejilla, hasta que en uno de esos besos que nos estábamos dando no calculamos bien y nos lo dimos en la boca. No le dimos importancia a lo ocurrido y seguimos a lo nuestro, pero ahora ya no nos dábamos los besos en la mejilla, sino que directamente nos besábamos en los labios.
Parece que esa chica me había ligado y yo me había dejado. Tras un rato paseando sin rumbo alguno, le pregunté que si le apetecía ir a mi casa y ella me dijo que si quería, y tras ello medio entre risas le dije que me llevara a mi casa porque no sabía llegar. Ella rió conmigo y me preguntó la dirección de la calle. Se la dije y nos dirigimos hacia ella. Al ir hacia allá, me preguntó que si vivía sólo y yo asentí seguidamente. Le comenté que la casa era muy pequeña, pero que no me hacía falta nada más grande para vivir sólo.
En unos 20 minutos llegamos a mi casa. Subimos y le invité a que entrara primero haciendo valer mi educación ante una dama. Encendí la luz del salón-comedor y le dije que se pusiera cómoda. Así que se sentó en el único sofá que había en el salón; aunque cabían al menos 3 personas; y era realmente cómodo para echarse una buena siesta. Me senté a su lado y me comentó que le gustaba la casa, que aun siendo pequeña era muy acogedora.
Tras ello, me miró fijamente, acercó su boca a la mía y empezó a besarme. Ahora nuestros besos eran más violentos y con lengua. Después de estar así un rato, empezó a tocarme el pecho y a tratar de levantarme la camiseta para meter sus manos sobre ella, cosa que consiguió enseguida. Un poco más adelante paró de besarme y me quitó la camiseta y siguió de nuevo tocándome el pecho. Seguimos besándonos y yo empecé a meterle las manos bajo la camiseta, pero sólo por la espalda. Poco a poco empecé a llevar mis manos sobre la parte delantera, tocándole la barriga, hasta que no podía aguantar más y llevé mis manos a sus pechos por encima del sujetador. Ella mientras había puesto una mano sobre mi pierna, la cual cada vez acercaba más a mi entrepierna, con lo que mi polla empezó a despertar. Una vez fuera los miedos, le quité la camiseta que llevaba puesta y luego el sujetador, dejando visibles sus pechos, que por cierto eran de un tamaño bastante grandecito y también los tenía muy bonitos, llegué a pensar que los tenía operados, pero fue algo que no me importó en absoluto, ya que iban a ser para mí durante esa noche. Se los cogí uno con cada mano y empecé a apretárselos suavemente, pellizcándoles los pezones, que eran muy redondos y grandes. Ella me preguntó que si me gustaba lo que tenía en mis manos y le respondí que me encantaban. Seguido de eso, me preguntó que si quería probarlos a lo que afirme sólo con la cabeza y ella me dijo que a qué estaba esperando. Así que no quise hacerla de esperar durante más tiempo y empecé a comérselos. Estaban muy ricos y a ella parecía gustarle, ya que me decía que no parara, y yo, pues no paraba, no podía dejar de comérselos.
Tras un largo rato comiéndome esos increíbles pechos, me apartó de ellos y me dijo que quería estar más cómoda. Me levanté del sofá, la cogí de la mano y me dirigí hacia el dormitorio. La cama estaba hecha, pero eso a ella no le importó, ya que me hizo tumbarme en ella, se puso de rodillas sobre mí y empezó a besarme, mientras yo le volvía a coger los pechos. Poco a poco empezó a retroceder hasta ponerse a la altura de mi entrepierna. Agachó la cabeza y me la besó por encima del pantalón, que para entonces ya se notaba un curioso bulto. Irónicamente, me preguntó que qué era lo que guardaba bajo en pantalón a lo que respondí que lo descubriera ella misma. Y así lo hizo. Empezó a desabrocharme los botones del pantalón un poco con prisa, me sacó el pantalón de golpe y me dejó sólo en slips. Volvió a besarme por encima de los slips y luego a tocármelo apretando un poco. Luego empezó a quitarme muy lentamente los slips con lo que mi polla salió de él como un resorte. Me sacó los slips, volvió a colocarse, me la cogió y empezó a bajar y subir lentamente. Ante tal cosa, de nuevo mi polla empezó a crecer un poco más, cosa que yo no creía que podía llegar a ocurrir. Tras un rato haciendo eso, acercó su boca y empezó a lamerme el glande, muy suavemente; se estaba recreando y a mi me encantaba, por supuesto. Llegó un momento en el que ya empezó a tragársela toda. Era increíble. Le entraba toda entera y no es por presumir, pero la tengo algo grande. Yo no podía hacer otra cosa que no fuera relajarme y mirar como me la mamaba.
En el largo rato que estuvo mamándomela, doble el torso un poco hacia un lado para verla como lo hacia y cual fue mi sorpresa que al intentar mirar su entrepierna vi un bulto que antes no había visto ni notado. Eso me dio mucho que pensar. Pensé que era un tío o mejor dicho un transexual. Me corté un poco, aunque ella no lo notó y quería que se fuera y me dejara sólo, pero luego pensé en el morbo que esa situación producía y en realidad me empezó a picar el gusanillo por coger lo que escondía tras sus braguitas. Así que, ni corto ni perezoso, le dije que se tumbara, que ahora era mi turno. Ella aceptó. Se tumbó y empecé a quitarle el pantalón que llevaba puesto. Cuando lo hice, llevaba un tanga negro y efectivamente, era un transexual, ya que estaba bastante empalmada y la verdad es que tenía un gran bulto. Le quité el tanga cuidadosamente y salió una polla bastante grandota. Era un poco menor que la mía, pero también tenía un buen tamaño. Tras ello decidí a cogersela. Empecé a masturbarla y mientras ella no decía nada, solo se limitaba a ponerse cómoda y a gemir de placer. Después de un buen rato masturbándola me acerqué a su glande y empecé a besarlo. Luego a lamerlo despacio, hasta que por fin me lo metí en la boca. Comencé a chuparsela. Cada vez introducía más su polla en mi boca. Ahora si que gemía de placer y no paraba de moverse. Oirla gemir de esa manera me ponía muy cachondo, así que empecé a chuparla y a masturbarla al mismo tiempo. Como no quería llevarme todo su semen en mi boca, dejé de chuparsela y ahora sólo se la masturbaba intensificando mis movimientos para que terminara. Cuando lo hizo, nos limpiamos en el cuarto de baño y volvimos a la cama. Le dije que estaba cansado, que necesitaba dormir. Así que le hice la proposición de que si quería quedarse a dormir conmigo. Ella afirmó dándome un beso en los labios.
Por la mañana, al espabilarme un poco, noté que estaba sólo en la cama. Todo estaba en silencio. Miré el reloj de la mesa de noche y marcaban las 10: 40. Junto a él, había una nota firmada por Estela. En ella decía que se lo había pasado genial y que esperaba que esa noche no fuera la última. También me dejaba su número de teléfono. Estaba seguro de que esa noche no iba a ser la última vez que estuviéramos juntos.