Después que le chupe la verga a un desconocido en el metro de Ciudad de México (y qué verga tan deliciosa de un hombre atractivo en traje), estaba con ganas de más… [VER RELATO "LA VERGA DE UN DESCONOCIDO EN EL METRO"]

Al llegar a mi habitación de hotel, sentía aún el sabor palpitante en mi boca, mi saliva todavía tenían la esencia de aquel empleado ejecutivo de la Aduana. Yo estaba caliente, pero ya no había con quién desahogarme, pensaba en masturbarme en mi habitación.

Entré, prendí la luz y la TV, empecé a tocarme recordando... Entonces, se me ocurrió una idea: recordé que hay un restaurante pequeño en el hotel con servicio a la habitación sin costo extra, en otra estancia había pedido comida y me la había llevado un chavo como de 22 años, delgado pero atractivo, con cara de niño guapo, pues sólo había meseros varones en el restaurante.

Así que pensé en pedir la cena y recibirlo en ropa interior, si no me hacía caso, por lo menos el exhibicionismo me calentaría más. Reviso el reloj y son las 10:25pm, a las 10:30pm termina el servicio. Llamo y me dicen que ya están por cerrar y sólo pueden mandarme un sándwich y café. Acepto.

Inmediatamente, pongo monedas en un cajón y dejo tirado mi pantalón y camisa en la alfombra. Me acomodo el bóxer y la camiseta, apago la luz, pero aún se ve por la luz de la TV y de una ventana que deje con las cortinas abiertas, da a la calle en un 3er piso. Dejó despejada sólo una mesita del fondo de la habitación.

En unos minutos tocan a mi puerta:
Yo: ¿Quién?
Él: la cena

Es la voz de un hombre un joven, con naturalidad abro y le digo pasa, tras de él cierro la puerta. Sí, es el joven que recuerdo, con pantalón negro y camisa blanca. Le digo que ponga la charola en la mesa del fondo, me doy cuenta que le sorprendió un poco que lo recibiera en ropa interior, pero disimula. Hago como que busco y cuento las monedas del cajón.

Yo: Ya estaban por cerrar, ¿verdad?
Él: Sí, ahorita ya cerramos, sólo vine a dejarle esto, pero ya voy de salida
Yo: ¿Cómo te llamas?
Él: Manuel, señor

Hago como que encontré el dinero, me acerco a él, lo miro con deseo, pienso que podría hasta golpearme o salir y quejarse, pero me arriesgo.

Yo: Gracias Manuel, por traerme lo que necesito a esta hora, te ganaste una propina.

Cuando le voy a dar las monedas las dejo caer intencionalmente, me agacho rápidamente y le digo que yo las recojo, mientras las levanto miro su paquete a media luz, dejo que se dé cuenta, eso es lo que quiero, no le veo la cara, pero no tiene ninguna reacción a favor ni en contra.

Le doy las monedas en la mano.

Manuel: ¿Necesita algo más, señor?
Yo. Sí, pero no sé si tú me lo puedas dar
Manuel: Dígame, yo creo que sí puedo, sólo que como ya voy a salir, pues ojala me dé una propina extra
Yo: Claro que sí
Manuel: Entonces pida

No sé si entendió mis insinuaciones y acepta, o sólo cumple su trabajo. Estoy muy nervioso pero me lanzo y le digo:

Yo: Pues sólo me pudiste traer sándwich, pero se me antoja más una salchicha y huevos, ¿tú no tienes? (me quedo viendo a su paquete)

Manuel: (se sorprende un poco y por un par de segundos se queda en silencio viéndome, me pongo aún más nervioso por su reacción) La concina ya está cerrada, como le dije señor, pero no sé si quiera una salchicha que tengo guardada.

Yo: (me tranquilizo, ya entendió y acepta, eso quería pero no pensé que pudiera ser cierto) Sí la quiero, ¿Dónde la guardas? Y háblame de tú.

Manuel: En mis calzones (todo estaba dicho)

Yo: Entonces dámela (me senté en el borde de la cama, Manuel se acercó a mí)

Manuel: Tómala, ya sabes dónde está (puso sus manos en la cintura)

Lo tomé por las nalgas y lo acerque más a mí, traté de desabrochar su cinturón pero no pude, él me ayudó con eso. Luego desabroché su pantalón y empecé a bajar el cierre, sintiendo la forma de su paquete que iba estando más firme. Deje caer su pantalón a los tobillos y quedo al descubierto su bóxer ajustado verde, y sus piernas velludas. Tome otra vez su trasero y puse mi cara sobre su paquete, inmediatamente sentí un fuerte olor a almizcle de su pene y la forma de sus genitales tibios.

Yo: Te huele mucho a hombre…

Manuel: Porque estoy joven y potente, y he estado trabajando todo el pinche día. Además, eso querías, una salchicha de hombre, ¿no?

Yo: (en lugar de sentir repulsión me agradó, estaba muy caliente) Sí Manuel, esto es lo que necesito cenar.

Manuel: Pues atáscate, porque tampoco puedo estar mucho tiempo aquí.

Le bajo lentamente el bóxer mientras mis manos rozan su piel tibia y velluda. Poco a poco se empieza a liberar aquella salchicha que ya está media parada, hasta que finalmente sale como rebotando de la presión del bóxer para quedar liberada aquella gran verga de Manuel: bien velluda, delgada pero venosa, como de unos 19 cm de largo y un poco curveada. Tenía hecha la circuncisión, así que su cabeza rosada estaba bien expuesta, invitando a ponerla en la boca; después de unos segundos de admirarla, eso hice.

La empecé a chupar suavemente por la cabeza, lubricando con mi saliva, para ir succionando un cada vez más. No podía evitar recordar la verga de aquel hombre en el metro, era de mejor sabor, más limpia, más gruesa… Pero ahora tenía a este chavo dándome de cenar, así que concentre en la verga que tenía ahora y la apreté con los labios para darle masaje con mi lengua ensalivada mientras la iba metiendo más en mi boca, Manuel suspiro. No la pude tragar toda, sentía que me arqueaba, pero sí fue la mayor parte, chupe cada vez con mayor vigor como si fuera un caramelo que quería derretirlo.

Manuel puso sus manos en mi cabeza con cierta timidez, pero al ver que no me oponía, tomo mi cabello y luego empezó a tirarme de él para llevar el ritmo de la mamada que le estaba dando. Yo me deje llevar, más de media verga entraba y salía de mi boca haciendo un sonido de chasquido mientras su olor a almizcle me impregnaba la boca y la cara, sentía su abundante vello rozarme. Supuse que se vendría pronto y terminaría todo.

Pero repentinamente me puso de pie, su verga bien dura quedo contra mi verga medio erecta que aún tenía en el bóxer. Me tomó por las nalgas y me las apretó. Me dijo jadeando:

Manuel: ¿Quieres que también te coja?, ¿quieres que te clave mi verga por tu culito, parta que sientas lo que es bueno?

Me quedé sorprendido, pensé que sólo sería la chupada (la segunda de la noche), pero ya hasta me sentía dilatado de lo cliente que estaba dándole sexo oral.

Yo: Cógeme Manuel…

Me bajo el bóxer de un tirón, me masajeaba las nalgas con sus manos buscando con sus dedos mi culo que ya estaba listo. Me tumbo sobre la alfombra para ponerme como perrito a cuatro patas, Manuel se hinco detrás de mi trasero expuesto. Sacó un condón y se lo puso. Empezó a rozar su verga por mis nalgas y azotarla un poco. Me abrió más las piernas y la colocó justo en mi culo, como proyectil a ser disparado.

Manuel: Hoy me hizo encabronar (enojar) mucho mi jefe en el restaurante, pero quiero que hagas como si fueras él.

Yo: Pero no lo conozco.

Manuel: Sólo imagina que eres jefe en el restaurante y dame órdenes que atienda y limpie.

Yo: Manuel, ve a atender la mesa 3, falta pan en la 4, muévete Manuel, recoge el servicio (sentí que me empezaba a penetrar lentamente, los músculos de mi ano, lo jalaban como succionando, me tomó por la cadera con fuerza), sigue atendiendo las maesas Manuel, eres muy lento…

Entonces la dejo ir con más fuerza y rapidez, no fue de golpe, pero sí muy rápido, empujando su verga hacia mí y jalándome por la cadera hacía él; el dolor recorrió mi cuerpo seguido de placer, llegó hasta el fondo, esos 19 cm curvos ya estaban dentro de mí. No pude evitar quejarme.

Inmediatamente empezó el vaivén de aquella cogida, lo hacía con fuerza, se me doblaron las piernas y brazos y caí recostado boca abajo sobre la alfombra, Manuel se montó sobre mí dándome verga, empecé a jadear con fuerza: Aaayyyyyy, aaayyyyyyy Manuel….

Se recostó sobre mí, en posición de misionero, clavándomela toda, su curvatura hacia que sintiera su verga de una manera diferente. Me tapó la boca con su mano para que no hiciera tanto ruido, eso me gustó, un poco de sometimiento, mientras Manuel se movía con energía sobre mí, adentro y afuera, pero también en círculos, como si estuviera batiendo, con buen ritmo y de repente la clavaba al fondo, para luego seguir. Como tenía su mano en mi boca, fui disminuyendo mis gemidos y empecé a chuparle los dedos.

Sonó el teléfono de la habitación, me pareció caliente contestarlo, así que con cuidado nos pusimos de pie para que no me sacara el pene, y así pegados fuimos hasta el teléfono. Conteste tratando de controlar la respiración, pero era imposible disfrazarla.

Yo: Bueno…

X: Buenas noches, disculpe que lo moleste señor, habla el capitán del restaurante, ¿ya le llevaron su cena?

Yo: Sí, hace unos minutos.

X: ¿El joven todavía está ahí?

Yo: (No podía decir que lo tenía clavado en mi trasero, pero era un poco divertido) Claro que no, se fue.

X: Disculpe mucho. Que siga disfrutando la noche (me lo dijo porque oyó en mi respiración que estaba teniendo sexo, lo que no sabía es que con su empleado).

Después de colgar, Manuel me llevó al tocador y me recargue sobre el mueble mientras veía en el espejo nuestros cuerpos desnudos y a Manuel parado detrás de mí jodiendome, retomó la misma fuerza con que lo hacía pero sin lastimarme. Pude ver en el reflejo su cara de placer, hasta que de pronto sentí un calor líquido, era el semen en el condón. Me la clavo con fuerza y me abrazo por detrás apretándome, puso su cara contra mi nuca para intentar ahogar el grito de placer que vivía. Una descarga eléctrica que me hizo como perder la conciencia y yo también me vine sobre el tocador.


Caímos desfallecidos a la alfombra, sudando. Unos segundos después, Manuel se puso de pie rápidamente, se quitó el condón, para vestirse, el sudor le dificultaba.

Yo (tirado en la alfombra): Esa salchicha sí que estuvo deliciosa, me quitaste el hambre y quedé muy satisfecho, que bien cocinas. Me gustaría quedarme con tu bóxer.

Manuel: ¿Entonces yo me pongo el tuyo?

Yo: Claro bebé.

Se puso mi bóxer, luego el pantalón y la camisa. Se veía que tenía prisa por irse, lo podrían descubrir. Me pare y fui a mi cartera, saque unos billetes para dárselos de propina pero me dijo:

Manuel: No es necesario, ya me siento pagado, yo también tenía que liberar el estrés (terminó de vestirse). Yo seguiré trabajando aquí, pero esto no se puede repetir, está en peligro mi empleo y sólo fue para el momento.

Yo: Esta bien, yo también así lo tomé.

Salió de la habitación y se fue. Me recosté en la cama, sintiendo aún su cuerpo, su olor, su calor y su salchicha dentro. Luego recogí su bóxer, estaba impregnado del olor a almizcle de su verga y sus guevos, con algunas gotas de humedad, hasta encontré unos pocos vellos. Era mi recuerdo de aquella experiencia. Dormí feliz.