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Cachos a ritmo de reggaeton
El George y yo llegamos a la fiesta a punta de 11 y media mas o menos. Era el apartaco de Julius, un cabrón amigo de George que nunca me ha terminado de caer del todo bien. La fiesta estaba a punta con la gente alcoholizada bailando al ritmo del puki puki de la música electrónica.
Debo aclarar que no me gustan mucho esas fiestas por la música, a mi me gusta realmente es el metal, el rock duro, pero era ir al apartamento a joder un rato o irme a la casa a dormir.
La bienvenida nos la dio Martica, la novia de Julius, una hembra morena de unos 20 años, con cabello rizado y un ajustado vestido rojo que le calzaba como un guante y dejaba al descubierto sus preciosas piernas, que rico. Saludo a George con una abrazo y un beso en la mejilla.
- Te acuerdas del Sati? - le preguntó George refiriéndose a mÃ.
- Claro que me acuerdo. Como estás? - respondió Martica dándome también un beso en la mejilla. Se notaba entrada de tragos. Intercambiamos una breve y cachonda mirada y nos invitó a pasar. A esta nena la habÃa visto si acaso un par de veces pero ya le tenÃa unas ganas especiales, y es que a mà las negras me enloquecen el guevo.
Nos apostamos cerca de las bebidas. Tomabamos birras y hablabamos con Julius, bueno, realmente el que hablaba era George, por que de pana ese carajo es una patada en las bolas. Yo me dedicaba a asentir ciertos comentarios mientras ingerÃa mi curda y veÃa a las féminas que bailaban en la sala.
En algún momento se acerco Martica y nos presentó a Silvia, una catirita de unos 20 años que no se veÃa nada mal, entaconada y metida en un vestido negro y excitante. Martica invitó a Julius a bailar, pero esté atendió una llamada del móvil y le hizo una seña como que no lo jodiera y se fué a su habitación. Martica se quedó ahà medio cortada, el George se cagó de la risa y se la llevó a la sala a bailar.
Yo me quedé tomando un trago con la Silvia.
- No bailas? - me preguntó casi que invitándome a la sala.
Normalmente me hubiera reusado, pero ya me encontraba entonado por las bebidas y era una buena oportunidad para lanzarle un anzuelo a esa catirita y ver que pasaba. Apuré el trago y me fuà a la sala de la mano de Silvia.
HabÃan como unas treinta o cuarenta personas sudando al ritmo de la música. Silvia y yo comenzamos a bailar entre tropezones, por que la sala estaba realmente atestada de gente y todo el mundo estaba gozando una. Yo aprovechaba para pegarme a la catira, rozando su cuerpo e incluso nuestros rostros. A ella no parecÃa molestarle y yo ya me estaba poniéndo cachondo. En la bailadera me percaté de que a mi lado bailaban el George y Martica, asà que aproveché para bucearla, mirar ese cuerpo preciosos que se movÃa rápidamente, mi cachondeo aumentó.
De pronto el encargado de la música cambió el estilo del puki puki al regaeton. Ahora sà que podÃa restregarme contra la catira sin excusas y asà fue. La gente comenzó a perrear y Silvia no fue la excepción, la caraja se puso de espaldas a mà y recostó su trasero a mi ya erecto miembro y comenzó con el movimiento tÃpico del perreo. Yo sonreà y continué bailando y disfrutando el masaje, jeje.
Mientras estaba en aquello miré a mi lado, el George también se estaba perreando a la novia de Julius mientras se reÃa, que cabroncete. Pero entonces fue cuando mi excitación se disparó más. Martica se movÃa como una culebra, masajeándole el guevo a mi amigo con sus nalgotas morenas, inclinada totalmente agarrándose las rodillas con las manos, y mirándome fijamente. no sé si era producto de la curda, pero me pareció que habÃa una conexión, que me estaba provocando.
Yo caà en el juego, me relamà sin dejar de mirarla, tomé a Silvia por la cintura y comencé a mover mis caderas adelante y atrás, como si la estuviese follando.
Creo que a la catira no le gustó mucho aquello por que se dió media vuelta y continuo bailando conmigo, pero ahora poniendo cierta distancia y con cara de culo, que pendeja, jaja.
- Te pasaste rata! - rió George.
Martica se dió cuenta de la vaina y antes de que Silvia dejara de bailar cambió las parejas, asà que el George quedó bailando con la catira y yo con la negra sabrosa, uffffff.
Martica comenzó a moverse eróticamente frente a mÃ, yo no lo pensé mucho y me arrecosté a ese tan deseado cuerpo, nos movÃamos rico rico, rozándonos a cada momento y sin dejar de mirarnos. La tomé por la cintura y le di media vuelta, querÃa recostarle mi salchichón en el culo. Ella se dejó sin problemas, se movÃa sabroso para los lados, como ella no estaba muy inclinada apoyé mi pecho contra su espalda y acerqué mi boca a su oreja, me provocaba darle una lamida pero me contenÃa al pensar que su novio andaba por ahÃ.
- wow baby, bailas riquÃsimo - le susurré al oÃdo.
- jeje, tu también bailas muy bien - me contestó apretándose a mÃ.
Desde esa posición podÃa ver como sus tetas se bamboleaban para todos lados, casi saliéndose del escote. Yo se las miraba con descaro, hasta que alzé la mirada y vi que Julius venÃa abriéndose paso entre la muchedumbre.
No deje de bailar, pero tome un poco de distancia. Martica se dió cuenta, tampoco dejó de bailar, y si bien cesó un poco su erotismo mantuvó su cola pegada a mi miembro, cosa que me excitó más aún.
Julius se detuvo frente a Martica y le dijo a George que habÃa que comprar mas cerveza. George puso cara de ladilla, por que sabÃa que iba a tener que ir con su auto a hacer la compra con el Julius.
- Tu quieres que te traiga algo? - pregunto julius a Martica con su aptitud de mierda de siempre.
- No, gracias papi - dijo Martica sin dejar de bailar y de restregarme el trasero contra el guevo. Yo continuaba echo el guevón bailando y riéndome mentalmente del cabrón de Julius, jiji
George y Julius salieron del apartamento con otro pana. Apenas cruzaron la puerta Martica se volteó y comenzó a restregarse contra mi con el mayor de los descaros. La música pareció intensificarse, el gentÃo bailaba eróticamente, y Martica y yo parecÃa que estabamos tirando entre la multitud. Sus manos se aferraban a mi nuca y yo aproveché para por fin manoserle las nalgas. Las luces generales se apagaron y dejaron solo unas intermitentes que parecÃan flashes en la oscuridad. Ese fue el momento en que nos dimos el primer lenguazo de la noche, le comà la boca mientras la apretaba contra mÃ. La muy zorra se dejó, estregando las tetas contra mi pecho.
- Vente - me dijo al oÃdo. tomó mi mano y me arrastro entre la gente al baño, pero resulta que este estaba ocupado y habÃa gente esperando para usarlo. Entonces me llevó por el pasillo donde habÃan unas cuantas parejas metiéndose mano. Entramos a la habitación de Julius, cerró la puerta y sin darme tiempo de nada me estampó el segundo lenguazo de la noche.
Yo estaba que reventaba de la excitación y le metÃa manos por todos lados. Como pude entre la manoseadera le bajé la parte de arriba del vestido con brassier y todo, liberándole las riquÃsimas tetas, aquellos globos perfectos me dejaron petrificado.
Ella aprovechó mi momento de distracción y se arrodilló. Con la torpeza que caracteriza la excitación me desabrochó el cinturón y me bajó los pantalones. Comenzó entonces a besarme y manosearme el guevo sobre la tela de mi ropa interior.
Yo no aguantaba más y sabÃa que tampoco tenÃamos mucho tiempo, asà que me bajé los boxers rápidamente, la agarré bruscamente por los cabellos y le metà el pene en la boca de un solo coñazo.
Ambos nos dimos un breve momento de disfrute. La música se escuchaba aún fuerte al otro lado de la puerta, y a ritmo de reggaeton Martica comenzó a darme una mamada de campeonato. SubÃa y bajaba, subÃa y bajaba, dejándo hilos de saliva a lo largo de toda mi estaca.
Yo le solté la caballera, conciente de que ella podÃa hacer bien el trabajo, y me dediqué a maltratarle las tetas y pellizcarle los pezones. Oh rayos!.
La mamada estaba riquÃsima, pero yo deseaba meterle el guevo hasta las entrañas, y visto que Julius y George podÃan volver en cualquier momento tomé a Martica por debajo de los brazos y de un tirón la puse de pie sobre sus tacones, sin darle tiempo a nada le subà el vestido hasta la cintura, dejando al descubierto sus caderotas y la concha jugosa bajo sus pantaleticas rojas. Me disponÃa a bajárselas cuando me interrumpió.
- No, aquà no - dijo, abrió la puerta del baño privado de la habitación, entramos y cerró, pasando el seguro. Yo aproveché y la tomé por la cintura, colocándo mi pene entre sus nalgas y estregándolo con fuerza. ufff que gustazo.
Martica se volteó de frente a mà y me besó. Levantó su pierna derecha y con su diestra se hizo a un lado la pantaleta, dejando al desnudo su concha húmeda de excitación.
La invitación estaba echa. Mientras la sostenÃa con un brazo, con la otra mano me tomé la base del pene y lo dirigà al deseado cubil, un solo movimiento lento pero firme sirvió para enterrarle media verga. Martica gimió prolongadamente.
Di un largo respiro. La tomé por la piernas y la alcé un poco, dejándola en el aire pegada de espaldas a la puerta del baño, en esta posición la deje caer sobre mi verga, metiéndosela por completo y sin dejar que tocara piso comencé a follarla riquÃsimo al ritmo del reggaeton.
Martica chillaba aferrada a mi nuca y moviendo las caderas rápidamente. mi guevo entraba y salÃa una y otra vez de ese chocho hirviendo. Nos besabamos, apretabamos, nos estabamos dando tremendo gustazo hasta que sonó mi móvil. Por un momento pensé en no contestar, hasta que reconocà el repique personalizado, era George quien llamaba.
Desmonté a Martica y como pude saqué el móvil del pantalón y contesté la llamada.
- Epale pana, que paso? donde andan?- pregunté.
- Epale, estamos aún buscando una licorerÃa. - dijo George - tienes a Martica cerca? Julius la está llamando al móvil pero ella no responde.
- ha ok - con los apuros y la excitación quien sabe donde coño Martica habÃa dejado su móvil - te la paso para que hablen entonces.
Le di mi móvil a Martica que estaba de pie frente a mi.
- alo. Ok, si no se donde lo he dejado, si, pásame a Julius - dijo Martica mientras se sentaba en la poceta.
Mientras Martica hablaba por el móvil con Julius, yo me acerqué rápidamente y le saqué las pantaletas, la tomé por los tobillos, puse sus pies sobre mis hombros y de un sólo empujón le metà el guevo otra vez en la conchota. Martica se mordió los labios para no chillar. Me pareció por lo que escuchaba de la conversación que Julius le preguntaba si habÃa que llevar más curda aparte de cerveza y si habÃa llegado alguien más. Martica respondÃa con breves "si", "no", "no se", y entre respuesta y respuesta cortos y ahogados gemidos. Yo mientras tanto le estaba dando una paliza por la concha. Me llenaba de morbo cogérmela ahà mientras ella hablaba con el novio. Me esforcé en darle duro y ella resistÃa para no gritar.
- Ahi papi traeme algo de comer si, una pizza- dijo la muy puta, obviamente para hacer tiempo - y te dejo que creo que llegó alguien, voy a ver. - y sin más corto la comunicación y tiró mi cel al suelo
- Ahora si cabrón - me dijo con rostro de vicio - párteme en dos.
Me cagué de la risa. Si bien ya le estaba dándo durÃsimo, esas palabras me dieron más deseos y fuerzas. Sin sacarle el guevo unà sus piernas y las tiré hacia un lado, dejándo aquel hembrón semiacostado sobre la poceta, y lo que vino a continuación fue una ametralladora de machete por la concha. Martica ahora si podÃa chillar a placer, uno de sus gemidos y el retorcijón de la concha me indicaron que le llegó un electrificante orgasmo.
Me mantuve con el machete hincado a fondo mientras se le pasaban los espasmos. Pero nuevamente el tiempo apremiaba, asà que la puse en pie, y esta vez fuà yo quien se sentó en la poceta. Ella abrió las piernas y se colocó sobre mi, dejándose caer sobre mi verga lubricada de fluÃdos. Comenzó entonces un sube y baja frenético. La posición me permitió meterle mano a las nalgotas y a la raja del culo, mientras por fin podÃa llevarme a la boca las tetas tan divinas que bailaban ante mi, si, también a ritmo de reggaeton, que divino, jiji.
- Voltéate - le dije, querÃa verle el culo mientras la cogÃa.
- Como? - preguntó ella.
- que te voltees puta - le ordené. Ahora si me escuchó bien. se puso en pie, dió media vuelta y se sentó sobre mi, quedando empalmada una vez más.
Extasiado la tomé por la cintura y comencé a subirla y bajarla rápidamente. podÃa ver claramente como mi guevo entraba y salÃa y como sus nalgas rebotaban contra mi cuerpo. Que cogida más rica le estaba dando. Me ensalive los dedos de la mano derecha y los apunte hacia el culo. Ella solita con el sube y baja comenzó a metérselos. gemÃa. primero uno, despues dos. Ella subÃa y bajaba sobre mi guevo y yo aprovechaba de meterle los dedos en el culo.
Dispuesto a emburrarla por el ano la tome con ambas manos por la cintura, y sin sacarle el pene, nos pusimos de pie, continué dándole machete un poco más, hasta luego hacer que se arrodillara y ponerla en cuatro patas. Mientras la cogÃa le escupÃa el culo y le metÃa los dedos.
No habÃa tiempo para perder. Le saqué el guevo de la concha y se lo puse en la entrada del culo. Ella misma se abrió las nalgas con las manos con la cara apoyada al piso. Le metà la verga hasta los huevos. Martica gritó de dolor y placer. Me aferré a las caderas y comencé el bombeó brutal. Las nalgotas rebotaban demasiado rico. yo la penetraba. la jalaba del cabello, le apretaba las tetas, le daba sonoras nalgadas, Martica no dejaba de chillar alcanzando otro orgasmo.
De pronto un ruÃdo al otro lado de la puerta nos volvió a la realidad. Nos pusimos de pie rápidamente y luego quietos sin hacer ruido.
- Marta estas ahÃ? - preguntó Julius, el cabrón habÃa llegado.
- Si papi - respondió Martica nerviosa y con cara de susto.
- Estas bien? necesitas algo? - preguntó el cabrón.
- no papi, estoy bien - dijo Martica acercándose a la puerta. yo me le pegué atrás y le rozaba las nalgas con la cabeza del guevo, aguantando la risa.
- Segura que estas bien? estas borracha? necesitas algo? - insistÃa el cabrón.
- Lo que necesita es guevo - susurré yo al oÃdo de Martica mientras le encajaba el guevo otra vez en el culo.
- Haaaa - Martica no pudo aguantar el gemido.
- que te pasa mi amor? - julius está ladilla.
- Ay chico. Estoy cagando ok? déjame cagar en paz! - gritó Martica arrecha apoyándo las manos en la puerta e inclinando el cuerpo para facilitar la entrada del pene en su muy rico ano. El guevo se deslizó hasta adentro.
- Haaa, vete a la mierda puta del coño! - gritó Julius evidentemente encabronado. Se escuchó ruido en la habitación y el portazo. habÃa salido de la habitación.
- que ladilla ese guevón - dijo Martica - ahora si, cogeme duro cabrón.
Cagado de la risa, me agarré con furia a las caderotas y empecé a taladrar aquel culo divino. Las nalgas se abrÃan y rebotaban contra mi. Las azotaba a placer. La jalaba por los pelos de la nuca y la traÃa a mi. Le metÃa la lengua en la boca. Le pellizcaba los pezones. Le masturbaba el clÃtorix haciéndola chillar.
Martica extasiada rebotaba contra la puerta del baño, atrapada entre la puerta y mi cuerpo. No se aguantó más y tuvo un nuevo orgasmo. Yo tampoco podÃa más. Se lo saqué rápidamente y la obligué a girarse y ponerse de rodillas. Apenas pude contenerme hasta ponerle el guevo sobre la cara. Le embarré todo el rostro y el cabello de esperma. Le lancé algunos trazos sobre las tetas, y antes de que pudiese hacer nada le metà la verga aún erecta en la boca, para terminar de morir mi orgasmo entre sus labios.
Con bastante sigilo salimos de la habitación luego de asearnos. Martica tardó un poco porque tuvo que hasta arreglarse el cabello. Volvimos a la sala.
- Que pasó que estabas perdido? - preguntó George ofreciéndome una cerveza.
- Nada, después te cuento - dije.
Entre la gente vi como Martica y Julius se disculpaban por haberse gritado. Martica le daba un beso de lengua a su novio, sin dejar de mirarme y guiñando un ojo. Pero que rico se tira al ritmo del reggaeton.satirock
"que viva el sexo y el rocknroll"
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