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View Full Version : EL ORGASMÓMETRO--VI--


jotaene
13-05 2006, 04:28 AM
Cuando recuperamos el aliento y nos sosegamos, le dije a angélica que sustituyera a paulina colocando los platos en el lavavajillas. Aunque la viagra me producía unas erecciones continuas mis eyaculaciones ya no eran tan abundantes. Mi verga, desfallecida, miraba ahora hacia el suelo cuando Paulina vino a sentarse a mi lado.

Le hice una indicación a espaldas de Angélica y cogiendo la verga con una mano intentó masturbarme, pero cuando me miró supo lo que deseaba porque dejó de hacerlo. Se inclinó, acercando la boca al glande chupando suavemente el rojo capullo desde la punta hasta el reborde. Hizo la operación varias veces hasta que la polla recuperó toda su rigidez. Entonces le susurré al oído que se sentara encima y se lo metiera en el coñito. A su vez, mientras angélica seguía limpiando platos y colocándolos en el lavavajillas, me susurró que eso molestaría a la muchacha si lo veía.

Como deseaba dejar bien sentado que los sentimientos de Angélica no iban a influir en mis decisiones, le dije en voz alta para que las dos lo entendieran de una vez:

-- Paulina, siéntate sobre mi verga y métetela en el coño. Te toca a ti tener otro orgasmo como el que tuvo angélica. Venga, hazlo ya – la apremié.

Angélica se detuvo y me miró, pero le advertí con severidad mientras Paulina se metía mi verga en el chumino:

-- tú a la tuyo, Angélica. Ya te has corrido antes y ella no, por lo tanto, no serías buena compañera si con tus gazmoñerías le impidieras que se corriera igual que tú lo hiciste, así que deja de mirarnos como si fuera la primera vez que ves mi verga dentro del coño de Paulina.

Siguió con su trabajo dejando de mirar como Paulina movía las nalgas casi en círculos mientras le acariciaba el clítoris con dos dedos y con la otra mano le masajeaba las tetas y los pezones, lamiendo la suave piel de su cuello y de su espalda. Tardé poco en notar las contracciones de su vagina. Unas contracciones cada vez más intensas hasta que sentí como gemía al bañarme la verga con el zumo de su orgasmo. Se detuvo respirando a bocanadas.

No por eso me detuve en la caricia y poco después comenzó a frotar nuevamente las nalgas contra mi regazo intentando que la verga entrara hasta el fondo de su más que húmeda vagina. De nuevo se corrió y esta vez aullando de placer mientras angélica, con los brazos cruzados sobre las tetas, me miraba con unos morritos muy elegantes que me propuse en aquel momento que me la mamara para que supiera obedecer sin rechistar, pues para eso le pagaba con generosidad.

Finalmente les indiqué que se pusieran los vestidos que habían escogido para reunirnos al mediodía con mi amigo carlos fuentes al que quería presentarles ya que los cuatro iríamos a comer a un restaurante para explicarles a qué se debía mi generosidad económica para con ellas y su convento.

Eran las doce de la mañana cuando nos reunimos en el comedor. Las dos llevaban vestidos veraniegos con minifaldas muy cortitas que dejaban ver los espléndidos muslos, sobre todo los de la jovencita Angélica que se había puesto el vestido rosa de minifalda a tablas que le sentaba como un guante y zapatos de aguja con un sombrerito de paja tranzada del mismo color que el vestido y los zapatos. Estaba, más que hermosa y no podía apartar los ojos de su carita de recién desvirgada.

También Paulina llevaba un vestido azul de minifalda acampanada con zapatos y sombrerito a juego y, como angélica, sin bragas ni sostén tal y como les había indicado. Pero cuando dije de ir a comer a un restaurante de un pueblo cercano donde la comida era excelente, las dos se pusieron de acuerdo para negarse en redondo. Como no entendía por qué, dije:

-- ¿cuál es el problema? -y las dos respondieron al unísono:
-- sin bragas ni sostén no salimos de casa.

Miré a una y a la otra con el ceño fruncido, pero ni por esas. Al final pensé que quizá tenían razón porque con aquellos vestidos tan cortitos de falda al sentarse les verían los depilados coñitos en todo su esplendor, así que comenté:

-- vale, lo que vosotras queráis, poneros esas prendas, pero no tardéis mucho porque tenemos una hora de coche.

Se quitaron los zapatos y descalzas subieron las escaleras a la carrera. Encerré a los perros mientras pensaba qué decirle a la madre superiora del convento si no aparecían tampoco aquel día a la hora de la comida. Posiblemente daría parte a la policía de modo que miré en el listín telefónico el número, descolgué el teléfono y llamé:

--diga – preguntó una voz femenina.
--¿el convento de la santa caridad cristiana?
-- si, señor, ¿qué desea?
-- hablar con la madre superiora.
-- ¿con sor irene?
-- ¿sor irene es la madre superiora?
-- si, señor, ella es.
-- bien, pues con ella quiero hablar:
-- ¿de parte de quien le digo?
-- no me conoce, pero dígale que es referente a sor Paulina y sor Angélica.
--¡ah, si!, espere un momento, por favor – comentó con voz urgida.

Oí el arrastrar de una silla y unos pasos que se alejaban presurosos. Mientras esperaba seguía pensando qué clase de cuento chino le iba a endilgar a sor irene, cuyo nombre evocaba en mi memoria aquella famosa habanera que dice "síguete meneando, chispúm, querida irene, chispum, querida irene, síguete meneando, chispún, que ya me viene, chispum, que ya me viene…"

Me cortó la canción una voz femenina cristalina y agradable que debía pertenecer a una mujer bastante joven lo cual me sorprendió al tratarse de la abadesa de un convento.

-- dígame, señor…
-- Pablo Picasso
-- ¿cómo? – la pregunta sonó atónita.
-- perdone, madre superiora, estaba hablado con mi compañero – mentí sonriendo interiormente – soy Antonio Guevara y tengo que comunicarle que sus monjitas, sor Paulina y sor Angélica, se encuentran en perfecto estado de salud.
-- pero, oiga, señor Guevara…
-- perdone; madre y escúcheme -- corté rápido --. Ellas son las que hacen las colectas para las misiones de áfrica que ustedes regentan, según me explicaron. Ayer vinieron a pedirme un pequeño donativo para esas misiones…
-- ¿pero ellas están bien? ¿no han tenido ningún percance?, porque ya iba a avisar a la policía, no ha ocurrido nunca que se ausentaran sin…
-- sor Irene, por favor – corté de nuevo -- déjeme que le explique. No avise a nadie o perderán sus misiones doscientos euros que usted recibirá diariamente en metálico por mensajero mientras ellas estén fuera.
-- ¿pero como sé que es cierto lo que me dice y no las tiene secuestradas?
-- dentro de un momento hablará con una de ellas o con las dos, si lo desea, pero permítame que acabe de explicarle de qué se trata.
-- diga, diga, señor guevara, le escucho.
-- cuando ellas vinieron ayer a solicitar mi ayuda estaba llamando a varios amigos por si conocían alguna monjita que pudiera cuidar a mi padre que, desgraciadamente, se encuentra a las puertas de la muerte.

En ese momento miré hacia la puerta y las vi a las dos escuchando atónitas mi conversación con la madre superiora. Puse un dedo en los labios para recomendarles silencio y continué:

-- les expuse el caso y les ofrecí la ayuda diaria que acabo de comentarle a usted y ellas, que me parecieron muy apropiadas para atender a mi padre en sus últimos días de vida y reconfortar su espíritu, porque ha de saber usted que mi progenitor es hombre muy religioso, se mostraron muy impresionadas por la desgracia y decidieron las dos aceptar mi oferta.
-- pero, ¿por qué no me avisaron antes de irse? eso no es lógico. A ver que se ponga al aparato sor Paulina.
-- si, ahora se pondrá y hablará con usted. No le avisamos ayer porque pensábamos regresar en el mismo día, pero tuvimos un accidente de automóvil a doscientos kilómetros de la ciudad en el que, afortunadamente, nadie sufrió daño. Ese es el motivo de que tuviéramos que dormir en casa de mi padre y no pudimos avisarla porque debido a la enorme tormenta eléctrica que se desencadenó, quedamos incomunicados, ellas se pasaron toda la noche cuidado a mi padre turnándose por horas. De modo que si le parece bien los doscientos euros diarios mientras estén fuera, mañana mismo recibirá cuatrocientos por mediación de mensajería las palomas ¿conoce usted esa mensajería?
-- si la conozco, pero señor Guevara – cortó de pronto -- que se ponga sor Paulina.
-- dice que se ponga usted sor Paulina – comenté cerca del teléfono para que me oyera.

Paulina levantó los ojos al cielo y se persignó antes de coger el teléfono:

Blade53
18-05 2006, 03:43 PM
Ay caon, y este mamotreto que es? lo primero lo relatas al ultimo, lo dejas inconcluso y la verdad no entendi nada. No habria manera de que lo arreglaras y le dieras la sintaxis correcta?:confused:

Andreatraviesa
23-05 2008, 02:43 PM
Lo que es escribir por escribir verdad? (lo digo por el nefasto comentario de arriba).... en fin... a lo mio... no sé como voy a acabar... (fisicamente hablando) pero lo que si sé es que me atrapaste con estos relatos, gracias nuevamente Jotaene