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View Full Version : EL ORGASMÓMETRO --IV--


jotaene
05-05 2006, 07:10 AM
Sor Angélica temblaba de placer como una hoja al viento. Susurraba cogida a mis cabellos:

--¡Oh, Dios mío!... ¡Oh, Dios mío!...

Conforme el orgasmo se le aproximaba, alzaba las nalgas, separando los muslos como un libro abierto para ofrecerse entera a las caricias de mi boca sobre su clítoris y su vulva. Su carne íntima tenía un sabor delicioso, virginal, que me enloquecía de placer, chupaba y lamía aquella suavidad rosada con el ansia de un sediento en el desierto. Ella gemía, levantaba las nalgas, me estiraba del pelo, y se ofrecía a mi caricia con gemidos cada vez más agudos, y, de cuando en cuando, susurraba entrecortadamente:

--¿Qué me haces? Mi vida ¿qué me haces? ¡Dios mío! Cariño… Mi vida… Me muero, mi vida.

Noté que sus piernas y sus muslos se estremecían de placer, la dulce corriente nerviosa del éxtasis le subía desde los talones haciendo vibrar sus muslos de seda contra mis mejillas y su vientre palpitaba de forma espasmódica con el placer y, entonces, sorbí con fuerza el clítoris cuando ella gritó arqueándose como una ballesta:

--¡¡Me mue..ro… mi vida. Me mue…ro, ¡Ooooh Dios míooo!

Desde luego, tanto a Paulina como a Angélica se le notaba su vida conventual porque siempre que se corrían tenían el nombre de Dios en la boca, lo que tampoco era nada extraño.

Bajé la cabeza hasta la abertura vaginal para sorber el néctar de sus virginales entrañas. Una gleba de espesa gelatina, de sabor a mantequilla salada, cayó sobre mi lengua y la paladeé con placer y seguí sorbiendo hasta arrancarle la última gota de su sabroso licor que el violento y profundo orgasmo había arrancado de su coño con mis caricias. Sentía sobre mis labios las suaves mariposas de sus labios vaginales aleteando en los últimos estertores del clímax. Era la quinta vez que le arrancaba un orgasmo tan profundo como intenso y, seguramente, por primera vez en su vida.

Fue relajándose poco a poco y el cuerpo se desmadejó sobre las sábanas; su precioso y pequeño coñito dejó de latir conforme su respiración se fue normalizando. Apoyado en un codo, miraba su preciosa carita, la perfección de sus juveniles pechos, la estrecha cinturita que enmarcaban la rotundidez de sus caderas y el pequeño Delta de Venus rubio. Abrió los ojos para mirarme, unos ojos vidriados por el placer. Murmuró volviendo a cerrarlos:

-- Creí que… me moría, mi vida… yo... nunca…nunca…

No dijo nada más. Se había quedado dormida. No podía creerlo pero así era, se había dormido con sus jugosos labios ligeramente separados y me di en pensar que la muchacha, y las monjitas en general, se levantan antes del amanecer, a la hora de los maitines para rezar. No era nada extraño pues que tuviera sueño después de los descomunales orgasmos experimentados, sobre todo teniendo sueño atrasado.

Sin embargo, no comprendía que en un cuerpo tan pequeño y delicado, seguramente mediría poco más de un metro sesenta, se encerrara tanta perfección. Suspiró profundamente expulsando el aire de golpe, se giró sobre el lado derecho y continuó durmiendo tranquilamente con el brazo derecho extendido hacia delante ligeramente doblado por el codo con la palma de la mano apoyada en la almohada. Procurando no despertarla me levanté despacio y salí de la habitación cerrando la puerta. Ella no podría salir hasta que desconectara cerradura de seguridad.

Me dirigí al cuarto de control y encendí las pantallas de la habitación rosa y azul. La jovencita Sor Angélica seguía durmiendo apaciblemente pero me quedé alucinando al ver a Sor Paulina desnuda, arrodillada en la alfombra delante de la cama con los codos apoyados en el colchón y las manos en plegaria; el leve murmullo del rezo lo oía a través del sistema como un ligero bisbiseo. Tenía unas cachas magníficas, rotundas y respingonas como las de una potranca joven.

Luego la vi persignarse y acostarse del lado derecho igual que Angélica con una mano bajo la mejilla y la otra extendida hacia delante. Oí un prolongado suspiro. Seguramente también se había dormido.

Las ganas de follar acumuladas se despertaron en mí con una virulencia de volcán en erupción. Apagué las pantallas y me dirigí a la habitación azul. Me acosté a su lado con sus respingonas nalgas pegadas a mi erección. Ni se movió. Seguramente esperaba que la atacara de inmediato, pero no hice nada de eso. Suavemente pasé un brazo bajo su cuello y con la yema de los dedos acaricié en círculos y lentamente las areolas de sus pezones.

En principio no sucedía nada, ella continuaba dormida, pero a los pocos minutos de aquella caricia, noté bajo mis dedos como se erguían los pezones que ricé con suavidad entre los dedos. Se mantuvo quieta, con las piernas juntas y encogidas como un cuatro, pero oí claramente un susurrante… hummmm, que volvió a repetirse poco después. Con la otra mano bajé hasta su sexo para abrirle los labios de la vulva y acariciarle de arriba abajo lentamente humedeciéndome los dedos en su vagina antes de detenerme en su botoncito de placer para acariciárselo entre dos dedos frotándolo lentamente. Casi de inmediato comenzó a llenarse de sangre y a endurecerse.

Su pierna derecha pasó sobre la mía dejándome sitio para que pudiera acariciarla con mayor facilidad. Y eso seguí haciendo hasta que separó el otro muslo, momento en que mi erección pasó entre sus nalgas rozando el congestionado capullo los labios de su vulva. Separé los labios vaginales y encaré mi glande hacia la entrada. Tampoco se movió cuando la dura y roja cabeza la penetró despacio, lentamente, centímetro a centímetro pero oí claramente el suspiro de placer y el… ronroneo gozoso del… huuuummmm… huuummm… varias veces conforme la gruesa y larga barra de carne iba penetrándola.

Reculaba las nalgas para que la penetrara con mayor rapidez, pero no era esa mi intención. Sabía que ella estaba completamente repleta con menos de la mitad de la verga en su interior. Podía calcular que mi verga, larga y gruesa como su antebrazo, le dilataban el coño completamente y seguí acariciándole el clítoris y las tetas mientras me hundía en ella milímetro a milímetro. Quería sentir su orgasmo antes que el mío, notar en mi dura carne la caricia de su licor bañándolo de arriba abajo. Sentir mi polla acariciada por aquella vaina húmeda y ardiente me obligaba a controlar mis deseos de eyacular porque, la verdad, si el deseo de inundarla era muy potente aún lo era más sentir la hirviente caricia de su húmeda concha sobre la congestionada barra de carne, dura como el basalto. Una caricia tan deliciosa y placentera como ninguna otra cosa en este mundo te puede producir.

Cuando sus muslos y su vientre comenzaron a estremecerse supe que el orgasmo estaba próximo y casi inmediatamente después de pensarlo ella vibró entre mis brazos como una cuerda de guitarra vibra al pulsarla, bañándome la verga con su dulce néctar. No puede aguantar más. Con un golpe de caderas me hundí en ella hasta tocar el cuello del útero. Eyaculé la hirviente esperma con la fuerza de un surtidor y estoy seguro que la potencia del primer borbotón atravesó el cuello del útero para incrustarse en su matriz porque siguió corriéndose como una intensidad insospechada y murmurando con voz pastosa:

--¡Oh, Dios mío ¡Oh, Dios mío! Dios miooooooo… dame… dame… dámelo… todo, todo…

Tenía la verga entera dentro de su húmedo estuche y sentía las violentas contracciones de sus músculos vaginales sucediéndose en una cadena ininterrumpida de orgasmos y supe que estaba disfrutando de un múltiple clímax que la llevaba a un paroxismo como quizá nunca había experimentado. Había yo acabado de eyacular abundantes borbotones de ardiente leche cuando aún seguía ella rezumando el néctar de su prolongado placer. Empecé a retirarme para comenzar un lento vaivén, cuando susurró:

-- No, no me la saques… déjame disfrutarla un poco más.
-- Paulina, muchacha, no pienso sacártela hasta que estés completamente satisfecha.
-- ¿De verdad? – preguntó girando la cabeza hacia mi.

La besé en los labios separándoselos con la lengua y me la chupó tan ansiosa como si no acabara de tener un orgasmo múltiple. Ardía de deseo.


-- Ponte encima de mí – le dije

Se montó a horcajadas sobre el grueso mástil y se dejó caer con tanta rapidez que se hizo daño en el fondo de su vagina:

-- ¡Ay, Dios, qué dolor! – exclamó con las facciones contraídas.
-- Ya te dije que fueras despacio.
-- Es que Toni, la tienes como un caballo --alargó la mano para tocarla en la base y volvió a susurrar:
-- Y ni siquiera está toda dentro.
-- Si aprietas más volverás a hacerte daño.

Su grupa comenzó un lento vaivén arriba y abajo, sus pechos se apoyaron con fuerza sobre mi tórax y nuestros besos eran cada vez más frenéticos y ardientes al tiempo que nuestras bocas ansiosas buscaban las lengua del otro para chuparla con avidez famélica causada por el deseo de fundirnos el uno con el otro más allá de toda posibilidad.

Fueron dos horas de joder sin descanso pero, finalmente los dos quedamos satisfechos y sólo entonces me acordé de la futura y jovencita Sor Angélica. Sor Paulina, al igual que la jovencita se durmió casi al instante y solo entonces me levanté despacio para no despertarla y salí de la habitación para dirigirme a la de color rosa.

La muchacha estaba en la misma posición en que la había dejado pero despierta, mirando pensativa el gran ventanal de puertas correderas italianas. Me miró con sus bellos ojos azules brillantes como gemas preciosas y me acosté a su lado

-- Toni ¿por qué me has dejado sola? - preguntó
-- He tenido que atender a Paulina --posó la cabeza sobre mi pecho y me susurró celosa:
-- Claro… prefieres a Paulina que a mí.
-- Eso no es verdad, Angélica – expliqué
Dudó un momento, antes de preguntar
-- Tú no me quieres ¿verdad?

La pregunta me desconcertó. ¿Qué quería decir aquella muchacha? ¿Qué se había enamorado de mí? Pues si que estamos bien – me dije preocupado -- ¿Cómo le respondo a esta pregunta sin engañarla? Yo sabía que era fácil decirle que sí, que la quería pero en mi fuero interno sabía sin genero de duda alguna que lo que yo quería por encima de cualquier otra consideración, era follarla sin descanso, desvirgarla bien desvirgada y procurarle tanto placer como mi boca le había proporcionado. Le acariciaba con la yema de los dedos su sedoso y corto pelo rubio, y sentía su cálida y anhelante respiración sobre mi pecho. La besé suavemente en el cuello y pregunté en un susurro sobre su oído:

-- ¿Ya no quieres ser monja?
-- No soy monja, mi amor, soy novicia aún.
-- ¿No deseas hacer los votos?
-- De momento te deseo a ti. Me haré monja dentro de tres meses, cuando cumpla los diecinueve años, porque tu…

Le temblaba la voz. No me di cuenta de que estaba llorando hasta que las lágrimas cayeron sobre mi piel. No sollozaba, lloraba silenciosamente y, aunque soy bastante escéptico con los sentimientos de las mujeres, sentí un malestar que no me gustó. Yo deseaba follarlas y experimentar el Orgasmómetro para recuperar el dinero que seguramente todo aquel negocio me produciría antes de tenerlo perfeccionado.

No quería complicarme la vida con sentimientos románticos y novelescos, que están muy bien para las jovencitas sensibleras que se enamoran en cuanto entregan su coño al primero que llega. ¡Joder! – me dije molesto – sólo faltaría ahora que esta tía me hiciera una escena de celos por follar con Paulina.

Su brazo, de piel suave como plumón de ave, pasó sobre mi pecho, abrazándome como una niña desamparada. Volví a besarla en el cuello, antes de preguntarle:


-- Yo qué, Angélica?
Tardó un tiempo en contestar, quizá intentado serenar su voz. Repetí la pregunta y al fin susurró:
-- No sientes ningún deseo de mi ¿Verdad?
-- ¡Ni te puedes imaginar el deseo que siento de ti, Angélica!, pero, la verdad es que creo que te voy a causar mucho dolor cuando te desvirgue

Sólo con mirar y sentir sobre el mío su cuerpo de vestal romana, ya tenía una erección de caballo y ella, en la posición que estaba, necesariamente tenía que verla. No podía imaginar lo que pasaba por su cabecita, pero quería saberlo y pregunté:

-- ¿No me crees? --otro silencio prolongado antes de murmurar desilusionada:
-- Creo que ni siquiera deseas gozarme.

¿Qué clase de razonamiento era aquel? Cierto es que, en principio, había pensado reservarla para experimentar con ella el Orgasmómetro cuando Carlos me indicara que lo tenía todo preparado. Quizá fuéramos la pareja que batiría el record del placer, pero esto no podía explicárselo a la muchacha. Sin embargo, ahora, por alguna extraña razón tampoco quería herir sus sentimientos, si es que sentía lo que parecían indicar sus palabras. No acababa de comprenderlo, igual que ella no comprendía los esfuerzos que yo tenía que realizar para contenerme teniendo su pequeño y esplendoroso cuerpo desnudo encima del mío. ¿Pero cómo explicarle a aquella criatura, más inocente que una alondra, que tenía unas ganas de desvirgarla más profundas que la sima marina de las Filipinas?

Quizás otro no se hubiera preocupado tanto y se la hubiera metido hasta el ombligo aunque bramara más que un ciclón caribeño. Si se lo suelto de sopetón quizá no me crea, porque a mi, ya me costaba trabajo creer que aquella niña se hubiera enamorado de mi que era lo último que deseaba, aunque posiblemente ella estaba confundiendo el amor con el deseo de ser follada. Sin embargo, no deseaba herir sus sentimientos

-- Estás muy equivocada, Angélica -- comenté suavemente.
-- ¿Qué quieres decir, Toni?
-- Quiero decir, mi dulce niña, que te deseo más que a nada en este mundo.
-- ¿Lo dices en serio? – preguntó, levantándose hacia mi con los ojos cuajados de lágrimas.
-- Muy en serio, Angélica, pero deja de llorar… no me gustan las lágrimas de las mujeres.

Se me echó encima como una exhalación para besarme en la boca. ¡Madre mía qué beso más inocente! Tenía los labios apretados contra los míos y sus pequeñas manos me acariciaban las mejillas, la dejé hacer, sin abrir la boca. Su rodilla cayó sobre mi erección, pero ni siquiera pareció darse cuenta. Ni respiraba, me soltó para besarme en los ojos, en la frente en el cuello y de nuevo en los labios con aquel beso de novicia por partida doble. Tuve que calmarla y de nuevo, se abrazó a mí con la cabecita apoyada en mi pecho.

Y en aquella postura, con su coñito ardiente presionando mi erección y acariciándole yo el suave pelo rubio, vine en enterarme que estaba con las monjas desde los seis años, cuando sus padres murieron en un accidente de aviación. Las monjas la habían recogido porque el albacea de su herencia patrimonial se había encargado de que así fuera, y con ellas había vívido hasta entonces.

Como me conozco el percal me dije que tenía que investigar a las monjitas de la Santa Caridad Cristiana que son muy caritativas con el dinero de los demás e incluso al mismo albacea. Seguramente reservaban a la preciosa Angélica para que la desvirgara el Monseñor de la Diócesis y así todo quedaba en casa, incluso podía sacar algún beneficio extra vendiendo al recién nacido a una de la múltiples parejas que, por no poder tenerlos, desean adoptarlos pagando un buen precio por la adopción. Conocía más de un caso.

Tenía que hablar con mi amigo Carlos, el inventor del Orgasmómetro. Debía hacerlo rápidamente porque el placer que sentiría follándome a la novicia Angélica parecíame a mí que sería el más intenso que habría experimentado en toda mi vida. Follar a Sor Paulina me produjo un profundo placer mayor del habitual y del que quizá no estaba exento el hecho de que fuera monja, pero estaba seguro que con la jovencita novicia la intensidad de mis orgasmos superarían los veinte mil voltios de corriente continua, suficiente voltaje para iluminar una población de los mismos habitantes.

Inmerso en estos pensamientos fue Angélica la que de repente me cogió de sorpresa montándose a horcajadas sobre la berroqueña erección e intentando metérsela en el coño. Logró introducirse medio capullo, pero cuando intentó seguir adelante gritó de dolor y tuvo que desistir derrumbándose sobre mi pecho gimiendo de dolor.

usapr
09-05 2006, 02:31 AM
esto si que es bueno de verdad; continua escribiendo asi

INDIRA
09-05 2006, 02:13 PM
wow!!! eso es toda una nobela jajajjaja de verdad esta bueno senti un poco de cabrona de tu parte peero.........son lindos y sinceros pensamientos y sin contar el placer que ddisfrutaron, escrbes muy lindo te manifiestas supeer bien cuando ablas de sexo me llego de verdad !y que paso al final o en que termino todo ? mu@@@@@@@@@ bye :)

princesa118
09-05 2006, 06:34 PM
NO ME DIGAS QUE YA TERMINÓ LA HISTORIA, SI NOS FALTAN POR LO MENOS OTROS 7 MÁS!!!!!!...BUENÍSIMOS EN VERDAD, ME DEJAS INTRIGADA CADA QUE LOS LEO

Omar_Alcaraz
12-05 2006, 03:12 AM
Pues como siempre no pude evitar reventarme una paja imaginandome en tu lugar, espero que ya termines la historia, pues aunque esta muy buena quiero saber el desenlace, Felicitaciones:)

INDIRA
12-05 2006, 03:36 AM
:eek: oye pero que manera e decir lo que hisiste jajjajajajajaja mijo por dios mira la verdad paracera grocero pero ami mee dio una gracia jajajajjajaja pq sono tan bestial y brutal eso que acabas e ecribir ( acabo de reventarme una paja ) dioss!! jajajjajajaja

Andreatraviesa
23-05 2008, 01:29 PM
Uffff, estos relatos me están poniendo tremendamente caliente.... voy por el próximo... Jotaene... esto es una obra maestra !!!!!