madisonmed
21-04 2006, 06:24 PM
Anoche era de una de esas noches frías, lluviosas, en las que nos quedamos en mi casa, pedimos comida, vemos TV, y luego simplemente dormimos, aunque no creas hasta dormido te disfruto, siento una tranquilidad en el cuerpo y en el alma por tenerte cerca que no siento necesidad de nada mas.
Pero anoche algunas cosas cambiaron: me llamaste y dijiste que fuera a tu casa, tus padres de viaje, música lenta como a mi me gusta, como la que bailábamos la primer vez que te besé, luz muy tenue, igual a la primer vez que hicimos el amor, comida italiana, que sabes que me encanta y fue la que comimos la noche en que nos comprometimos, en pocas palabras: el ambiente perfecto para la noche perfecta.
Afuera llovía a cántaros, pero a pesar de eso me arreglé como si nada, sin pensar en que la lluvia arruinara mi vestido, mojara mis pies o desarreglara mi peinado, me puse una falda con una tela de mucho vuelo y muy vaporosa, mi blusa era casi transparente, dejando mi sostén a la vista, y las bragas..., bueno, después de mucho pensarlo no me puse nada. Me puse el abrigo y salí con ansias de verte pronto y sentirte cerca, llegué a tu casa, y cuando estabas justo en frente mío, me despojé de mi abrigo y te besé dulcemente en tus labios, me miraste con deseo, con esas ganas locas que tenías de hacerme el amor allí mismo, pero no te dejé, quería que sintieras las ganas que siento yo cuando he tenido que esperar todo un día para tenerte.
Luego de cenar, nos sentamos en el sofá a escuchar una música deliciosa, empezaste a besar mis labios y rozarme el cuello con tu lengua, a acariciarme con tus suaves manos por todo mi cuerpo, y empezaste a subir lentamente mi falda, acariciando mis piernas, cuando llegaste allí te encontraste con que no tenía nada, eso te excitó y al verte así con esa expresión de sorpresa y placer me excitaste a mi también, luego me senté sobre ti, aun vestidos los dos, quería tocarte todo, recorrerte todo, pero no me bastaba con mis manos, quería sentir tu pecho con mis senos, y que sintieras como haces estremecer todo mi cuerpo al sentirme tan cerca a ti, tus dedos ya estaban muy inquietos, porque sabías que podías tocarme allí fácilmente, que no había ninguna barrera para sentir mis jugos, jugaste con mi clítoris hasta que sin decirme nada me penetraste con tus dedos, haciendo que el vino de la cena se me subiera a la cabeza y me empezara a sentir en el aire, con tu otra mano me cogiste los senos y empezaste a mordisquearlos lentamente y alternando uno y otro, mientras me besabas y me devorabas con tu lengua y tus labios, ahh, sii, esos labios carnosos, suaves que me saben besar como nunca nadie lo había hecho, y así lentamente me hiciste tener el primer orgasmo de esa noche, gimiendo en tus oídos para hacerte crecer tu deseo.
Me levanté y me dirigí a la habitación, me acosté y luego de desvestirme, dejando sólo mis altos tacones, abrí mis piernas para ti, despacio, mientras yo también me acariciaba, me observabas mientras te desvestías lentamente frente a mi, lo único que quería era tener tu cara entre mis piernas, que probaras lo que mi orgasmo me había hecho producir, empezaste con tu lengua despacio, recorriendo toda mi conchita, jugueteando con tu lengua y tus dedos, haciéndome gemir y aumentar mis latidos, así tuve otro orgasmo, sin avisar sentí que un calor se apoderaba de mi, desde la punta de los pies hasta la cabeza, y me vine en tu cara, haciendo que tomaras mis jugos y haciéndote sentir que soy solo tuya.
Pero me sentí egoísta, así que te dije que te acostaras y lentamente empecé a acariciar tu pene, grande, erecto, duro, mojado como me gusta, luego empecé a chuparte solo en la punta, donde sientes mas placer, mientras veía como te retorcías de gusto, y dándote esa mirada que dices que tanto te gusta, me engullí todo tu pene en la boca con ganas, con esas ansias que tenía de hacerte mío, luego sabiendo que te encanta, puse tu rica verga entre mis senos, solo para ver como gozabas.
Cuando sentí que tu excitación solo subía y subía, me levante y pegada a la pared, al lado de tu cama, empecé a contonearme lentamente y a acariciar todo mi cuerpo, entonces te levantaste, y poniéndome de cara a la pared me penetraste, estando los dos de pie, ya los tacones habían cumplido su función, luego me pusiste en la cama con esa delicadeza que te caracteriza, me metiste tu verga muy profundo, con fuerza, haciéndome gemir, casi gritar, llenándome de ti, mientras me susurrabas al oído cuanto me querías, por cada embestida me hacías gemir, luego me pusiste en perrito que es tu posición preferida, empezaste a acariciarme el culo con tus dedos, lo lamiste y luego, con ese pene enhiesto y desafiante me volviste a penetrar, cogiendome con fuerza, tirándome del pelo, mientras veías como crecía mi excitación, casi no podía ni respirar, sentí que las lagrimas empezaban a llenar mis ojos, y en unos instantes que quisiera que hubieran durado para siempre, me abrazaste y terminaste dentro de mi, llenándome con tu semen, caliente, abundante, y yo llorando por la intensidad del orgasmo que me provocaste, lo único que pude decirte entre jadeos fue: te amo.
Caímos en la cama, ambos sin fuerzas, cansados, pero tranquilos en el alma y el cuerpo porque sabemos como hacernos sentir bien, afuera todavía llovía y hacia frío pero luego de un beso, darte las gracias por lo que acababa de sentir y un buenas noches, me dormí entre tus brazos, envuelta en tu calor, para la mañana siguiente seguir amándonos y queriéndonos más. Lo mejor: tus papas están de viaje por dos semanas, y el invierno continúa, así que tengo mucho tiempo para amarte y sentirme amada por ti.
Pero anoche algunas cosas cambiaron: me llamaste y dijiste que fuera a tu casa, tus padres de viaje, música lenta como a mi me gusta, como la que bailábamos la primer vez que te besé, luz muy tenue, igual a la primer vez que hicimos el amor, comida italiana, que sabes que me encanta y fue la que comimos la noche en que nos comprometimos, en pocas palabras: el ambiente perfecto para la noche perfecta.
Afuera llovía a cántaros, pero a pesar de eso me arreglé como si nada, sin pensar en que la lluvia arruinara mi vestido, mojara mis pies o desarreglara mi peinado, me puse una falda con una tela de mucho vuelo y muy vaporosa, mi blusa era casi transparente, dejando mi sostén a la vista, y las bragas..., bueno, después de mucho pensarlo no me puse nada. Me puse el abrigo y salí con ansias de verte pronto y sentirte cerca, llegué a tu casa, y cuando estabas justo en frente mío, me despojé de mi abrigo y te besé dulcemente en tus labios, me miraste con deseo, con esas ganas locas que tenías de hacerme el amor allí mismo, pero no te dejé, quería que sintieras las ganas que siento yo cuando he tenido que esperar todo un día para tenerte.
Luego de cenar, nos sentamos en el sofá a escuchar una música deliciosa, empezaste a besar mis labios y rozarme el cuello con tu lengua, a acariciarme con tus suaves manos por todo mi cuerpo, y empezaste a subir lentamente mi falda, acariciando mis piernas, cuando llegaste allí te encontraste con que no tenía nada, eso te excitó y al verte así con esa expresión de sorpresa y placer me excitaste a mi también, luego me senté sobre ti, aun vestidos los dos, quería tocarte todo, recorrerte todo, pero no me bastaba con mis manos, quería sentir tu pecho con mis senos, y que sintieras como haces estremecer todo mi cuerpo al sentirme tan cerca a ti, tus dedos ya estaban muy inquietos, porque sabías que podías tocarme allí fácilmente, que no había ninguna barrera para sentir mis jugos, jugaste con mi clítoris hasta que sin decirme nada me penetraste con tus dedos, haciendo que el vino de la cena se me subiera a la cabeza y me empezara a sentir en el aire, con tu otra mano me cogiste los senos y empezaste a mordisquearlos lentamente y alternando uno y otro, mientras me besabas y me devorabas con tu lengua y tus labios, ahh, sii, esos labios carnosos, suaves que me saben besar como nunca nadie lo había hecho, y así lentamente me hiciste tener el primer orgasmo de esa noche, gimiendo en tus oídos para hacerte crecer tu deseo.
Me levanté y me dirigí a la habitación, me acosté y luego de desvestirme, dejando sólo mis altos tacones, abrí mis piernas para ti, despacio, mientras yo también me acariciaba, me observabas mientras te desvestías lentamente frente a mi, lo único que quería era tener tu cara entre mis piernas, que probaras lo que mi orgasmo me había hecho producir, empezaste con tu lengua despacio, recorriendo toda mi conchita, jugueteando con tu lengua y tus dedos, haciéndome gemir y aumentar mis latidos, así tuve otro orgasmo, sin avisar sentí que un calor se apoderaba de mi, desde la punta de los pies hasta la cabeza, y me vine en tu cara, haciendo que tomaras mis jugos y haciéndote sentir que soy solo tuya.
Pero me sentí egoísta, así que te dije que te acostaras y lentamente empecé a acariciar tu pene, grande, erecto, duro, mojado como me gusta, luego empecé a chuparte solo en la punta, donde sientes mas placer, mientras veía como te retorcías de gusto, y dándote esa mirada que dices que tanto te gusta, me engullí todo tu pene en la boca con ganas, con esas ansias que tenía de hacerte mío, luego sabiendo que te encanta, puse tu rica verga entre mis senos, solo para ver como gozabas.
Cuando sentí que tu excitación solo subía y subía, me levante y pegada a la pared, al lado de tu cama, empecé a contonearme lentamente y a acariciar todo mi cuerpo, entonces te levantaste, y poniéndome de cara a la pared me penetraste, estando los dos de pie, ya los tacones habían cumplido su función, luego me pusiste en la cama con esa delicadeza que te caracteriza, me metiste tu verga muy profundo, con fuerza, haciéndome gemir, casi gritar, llenándome de ti, mientras me susurrabas al oído cuanto me querías, por cada embestida me hacías gemir, luego me pusiste en perrito que es tu posición preferida, empezaste a acariciarme el culo con tus dedos, lo lamiste y luego, con ese pene enhiesto y desafiante me volviste a penetrar, cogiendome con fuerza, tirándome del pelo, mientras veías como crecía mi excitación, casi no podía ni respirar, sentí que las lagrimas empezaban a llenar mis ojos, y en unos instantes que quisiera que hubieran durado para siempre, me abrazaste y terminaste dentro de mi, llenándome con tu semen, caliente, abundante, y yo llorando por la intensidad del orgasmo que me provocaste, lo único que pude decirte entre jadeos fue: te amo.
Caímos en la cama, ambos sin fuerzas, cansados, pero tranquilos en el alma y el cuerpo porque sabemos como hacernos sentir bien, afuera todavía llovía y hacia frío pero luego de un beso, darte las gracias por lo que acababa de sentir y un buenas noches, me dormí entre tus brazos, envuelta en tu calor, para la mañana siguiente seguir amándonos y queriéndonos más. Lo mejor: tus papas están de viaje por dos semanas, y el invierno continúa, así que tengo mucho tiempo para amarte y sentirme amada por ti.