ricardolópez
26-12 2005, 09:57 AM
Hola, yo soy Ricardo y vivo en Mexicali, al norte de México. La razón por la que decidí escribirles mi relato es porque me pareció bueno compartirles de mi primera experiencia gay. Ahora, antes que nada, quiero aclara que me gusta mucho leer relatos que contienen una buena explicación, que no va directo al punto y es por eso que escribí mi relato de esa manera.
Mi relato comienza hace 2 años, cuando tenía 17 años. Yo, que soy alto, moreno, delgado, de cabello negro y ojos cafés, comencé a notar mi afición por el cuerpo masculino a la edad de 12 años. Si, no me llaman la atención los afeminados, ni mucho menos los travestís, y no es que tenga algo en contra de ellos, solo que me gusta que los hombres sean, se comporten y luzcan como lo que son, hombres. Entonces, a mis 17 años (actualmente tengo 19) no había tenido ningún contacto gay, ni a nadie le había confesado que me gustan los hombres, solo vivía de la fantasía y la esperanza que abundan en la vida de un adolescente que se esconde por temor a ser castigado. Entre esas fantasías se encontraba uno de mis mejores amigos, que se llama Edgar. Él, en ese entonces tenía unos hermosos 15 años; él es blanco, de cabello castaño, ojos café claro y un poquito alto (1.70m). Edgar formaba parte de mi grupo de amigos, y por ser de una manera tan linda, y aparte de ser, ¿por qué no?, bonito. No podía quitarle los ojos de encima, y fue protagonista de muchas de mis fantasías.
Un día, recuerdo que era un 28 de Diciembre del 2003, mis papás y mi hermanito salieron de vacaciones a Estados Unidos, para pasar el año nuevo con los hermanos de mi mamá que viven allá. Yo, en cambio, me quedé aquí en mi casa, solo, principalmente porque no tengo nada que hacer allá. Entonces, como me quedé solo en casa, me puse de acuerdo con mi grupo de amigos en pasar la noche de año nuevo en mi casa, éramos en total unos 8 tipos, y entre ellos estaba Edgar. Y yo tenía la esperanza de poder tener algo más que solo amistad en esa noche con Edgar, pues sería la primera noche que pasaría junto con él. Pronto me percaté de que también estarían los otros 6 amigos, pero ya me encargaría de eso.
Entonces llegó la noche del tan esperado 31 de Diciembre. Yo estaba ansioso por recibir a mis invitados, especialmente a Edgar, por lo que me esmeré en limpiar mi casa, y de ponerla presentable, fue cuando la suerte se puso de mi lado. Cada uno de mis amigos fueron llamándome por teléfono para decirme que no asistirían a causa de que no les habían dado permiso sus padres. Todos llamaron, excepto Edgar.
Ya eran las 10:30pm cuando llamaron a la puerta, yo fui corriendo esperando que fuera él. Y al abrir la puerta lo miré. Estaba mas bello que nunca, con un gorrito para el frío, una bufanda, una chamarra y unos jeans azules que le quedaban divinos. Lo invité a pasar y traía puré de papa en un recipiente, yo tenía un pavo en el horno que una tía me había traído en la tarde. Entonces se quitó su chamarra y traía un suéter verde.
- ¿Sabes qué? – le dije – nadie de los otros va a venir.
- ¿En serio? ¿Por qué?
- No les dieron permiso
- Bueno, mejor para nosotros – me dijo, yo no pude evitar pensar mil cosas con eso que me dijo
- ¿Por qué? – le pregunté
- Así vamos a poder comer más – dijo. Entonces lo invité a ver televisión.
El cuarto de la televisión es muy pequeño, solo está la tele, un sillón viejo y un colchón en el suelo (por si alguien quiere ver televisión a parte del que esté sentado en el sillón). Entonces ambos nos recostamos en el colchón y yo sintonicé el canal de música. Y así estuvimos, hablando de nada específico, entreoyendo la música de la televisión, mas o menos una hora, hasta que comenzó un especial de Guns & Roses (que desde mi punto de vista son un asco) y le cambié al canal buscando otro donde le pudiera dejar. En un canal empezaba una película, no recuerdo cual, pero parecía interesante, lo suficiente como para mantenernos callados viéndola. Fue cuando, bien adentrada la película, pasaron una escena erótica, casi porno, y yo comencé a excitarme, y no acostumbro a ver ese tipo de películas, solo que el tipo estaba bastante bien. Luego recordé que Edgar estaba presente y me incomodé en sobremanera. Me preocupó que pensara de mí al yo dejarle en ese canal. Entonces apagué la televisión. Hubo un silencio.
- ¿Qué pasó? – me preguntó
- Nada, solo que pensé que no era de tu agrado lo que estaban pasando en la tele.
- Bueno, nunca e tenido necesidad de ver “eso” pero no tenías por qué quitarlo.
- Como sea, ya la apagué, ¿quieres oír música? le pregunté
- Sí
- ¿Qué pongo? ¿Radiohead, the Beatles, the Doors?
- Pon algo de música clásica, como a Bach
- Ok, el concierto de Brandeburgo, ¿te parece?
- Sí, está bien – una cosa que nos caracterizaba a mí y a Edgar era que a ambos nos gusta la música clásica, como Beethoven, Tchaikovsky, etc. a diferencia de nuestros otros amigos.
- ¿Quieres algo de tomar? – le dije
- Un refresco
Fui por el CD de Bach y lo puse en el estéreo mientras iba por los refrescos a la cocina. Al regresar me volví a recostar en el colchón, a la derecha de Edgar (o sea que él estaba a mi izquierda). Comenzamos a hablar oyendo esa fabulosa canción, nuevamente de nada específico hasta que Edgar me preguntó…
- Oye Ricardo, te incomodaste por lo de la tele ¿cierto?
- ¿Por qué lo preguntas?
- Lo noté.
- ¿En serio?, ¿Cómo?
- No sé, simplemente me di cuenta de ello. ¿Acaso no has visto pornografía?
- ¿Qué?, si, ocasionalmente.
- Yo también – me dijo – aunque trato de no enfocarme en eso.
- ¿Qué? ¿Te masturbas? – le pregunté
- ¿Qué tiene que ver eso?
- De alguna forma tienes que desahogarte ¿no? Yo lo hago
- Pues no es algo que haga habitualmente, de hecho han sido muy pocas veces.
- No te preocupes, no te culpo de nada.
- ¿Y tu has tenido algún sueño húmedo? – me preguntó.
- Si – le respondí
- Haber, cuéntamelo – entonces, yo en mi papel de macho le inventé que había soñado que me cogía a una tipa bien dotada. Claro que le di mas detalles.
- ¿Y tu has soñado alguno? – le pregunté
- Sí – me dijo evadiendo mi vista.
- Entonces dímelo.
- No, no lo haré.
- Vamos, ¿por qué no? Yo te dije el mío.
- Pues es que el tuyo es normal, el mío no.
- ¿Normal? ¿A qué te refieres?... ¡¡¿No será que …soñaste con un tipo?!! – y Edgar se sonrojo bastante, de hecho nunca lo había visto tan rojo de la pena - ¿Qué? ¿Le atiné?
- Pues ¿Qué te digo? ¿Qué no? De aseguro que estoy todo rojo.
- Tranquilo, no te preocupes, no hay nada de malo en eso, es normal.
- ¿Normal? ¿Cómo va a ser normal?
- Sí, lo leí en un libro de psicología que habla sobre los procesos sexuales en la adolescencia.
- ¿Entonces no te incomoda? – me preguntó con una cara muy tierna
- En absoluto. Si quieres me lo puedes contar – le dije sabiendo que llegaría a mas. Entonces él se volvió a sonrojar.
- Ya te dije que no te lo puedo contar
- ¿Por qué? No le diré a nadie ¿soñaste con alguien que conozco? – Edgar no me miraba – vamos dime.
- ¿Me prometes que no te vas a enojar?
- Claro, lo prometo.
- Soñé… soñé contigo – y pude notar su vergüenza sobre toda su cara. En cambio yo, sabía que lo tenía todo a mi favor. Finalmente lo convencí de que me lo contara y su sueño era de que salíamos de campamento en grupo, a la montaña, y en una excursión por el bosque, él y yo nos perdíamos y al oscurecer y baja la temperatura nos metíamos en una bolsa de dormir y yo terminaba cogiéndomelo – fue la primera ves que eyaculé – me dijo al terminar su sueño.
- Debo admitir que me sorprende – le dije
- ¿No estas enojado o disgustado o incómodo?
- Claro que no, es natural que a tu edad tengas sueños así.
- Pero me gustó soñar eso.
- Te digo que es natural, no te preocupes, de hecho, tengo que confesarte algo – le dije, mientras que le ponía mi mano derecha en su hombro derecho.
- ¿Qué cosa?
- He tenido fantasías contigo – y al decir eso, pude ver en su rostro una necesidad tremenda de que lo poseyera.
Yo estaba que reventaba el pantalón de la erección que tenía, y él, evidentemente no me dejó atrás. Entonces lo tomé de la mano y lentamente le dí un beso en la mejilla, pasé a la oreja, luego al cuello al mismo tiempo que ponía mi mano en su estomago y comenzaba a subir su suéter. El cerró los ojos y solamente se dejó llevar. Le quité el suéter por completo, y la camiseta que traía debajo, dejando su torso desnudo. Entonces nos besamos y comencé a bajar por sus pectorales y su abdomen. Desabroché su pantalón y se lo quité dejándolo en slip, olí su sexo, y lo palpé aún trayendo puesto el slip. Lo besé y se lo quité. Y entonces salió el pene mas bonito que e visto en mi vida. Con poco pelo en la base y muy blanquito y la punta rosada. Entonces lo masturbaba y le daba lengüetazos en la punta hasta que, poco a poco, me lo metí en la boca. Cuando lo hice, Edgar se arqueó de placer y me tomo la cabeza para acelerar el ritmo. Entonces yo me quité y me desvestí por completo.
- Quiero que me hagas tuyo esta noche – me suplicó
Entonces, yo estando sobre de él, él boca arriba y yo boca abajo, le abrí las piernas y levantando su pierna derecha le comencé a introducir mi pene en el ano. Podía ver de cerca sus gestos de dolor y placer. Y cuando sentí que estaba relajado comencé con el viejo mete-saca y sentía que estaba en el cielo. Mientras lo penetraba nos besábamos y cada ves la sensación de placer era mayor, y sentía como su pene se iba poniendo cada ves mas duro. Él comenzó a gemir y nos besamos y mientras yo seguía penetrándolo sentí como algo en mí explotaba y lleno de placer me vine dentro de él, y casi al mismo tiempo Edgar también se vino, y recuerdo su aliento y su expresión de infinito placer. Nuevamente nos besamos, y nos levantamos y nos fuimos a la habitación de mis padres y nos acostamos debajo de las cobijas, pues hacia un condenado frío, y así, desnudos, estuvimos abrazados hasta el amanecer.
Desde entonces ya no he cogido con él, pues así lo decidimos mutuamente. Es como una situación de respeto de la amistad, además de que él ya tiene novio. Claro que me he conseguido a otros con quien tener sexo (y me gustaría seguirles escribiendo después), y Edgar también, aunque admito que, si se presenta la oportunidad, volvería a acostarme con él, sobre todo ahora que se que ambos contamos con 2 años de experiencia. Chao. :cool:
Mi relato comienza hace 2 años, cuando tenía 17 años. Yo, que soy alto, moreno, delgado, de cabello negro y ojos cafés, comencé a notar mi afición por el cuerpo masculino a la edad de 12 años. Si, no me llaman la atención los afeminados, ni mucho menos los travestís, y no es que tenga algo en contra de ellos, solo que me gusta que los hombres sean, se comporten y luzcan como lo que son, hombres. Entonces, a mis 17 años (actualmente tengo 19) no había tenido ningún contacto gay, ni a nadie le había confesado que me gustan los hombres, solo vivía de la fantasía y la esperanza que abundan en la vida de un adolescente que se esconde por temor a ser castigado. Entre esas fantasías se encontraba uno de mis mejores amigos, que se llama Edgar. Él, en ese entonces tenía unos hermosos 15 años; él es blanco, de cabello castaño, ojos café claro y un poquito alto (1.70m). Edgar formaba parte de mi grupo de amigos, y por ser de una manera tan linda, y aparte de ser, ¿por qué no?, bonito. No podía quitarle los ojos de encima, y fue protagonista de muchas de mis fantasías.
Un día, recuerdo que era un 28 de Diciembre del 2003, mis papás y mi hermanito salieron de vacaciones a Estados Unidos, para pasar el año nuevo con los hermanos de mi mamá que viven allá. Yo, en cambio, me quedé aquí en mi casa, solo, principalmente porque no tengo nada que hacer allá. Entonces, como me quedé solo en casa, me puse de acuerdo con mi grupo de amigos en pasar la noche de año nuevo en mi casa, éramos en total unos 8 tipos, y entre ellos estaba Edgar. Y yo tenía la esperanza de poder tener algo más que solo amistad en esa noche con Edgar, pues sería la primera noche que pasaría junto con él. Pronto me percaté de que también estarían los otros 6 amigos, pero ya me encargaría de eso.
Entonces llegó la noche del tan esperado 31 de Diciembre. Yo estaba ansioso por recibir a mis invitados, especialmente a Edgar, por lo que me esmeré en limpiar mi casa, y de ponerla presentable, fue cuando la suerte se puso de mi lado. Cada uno de mis amigos fueron llamándome por teléfono para decirme que no asistirían a causa de que no les habían dado permiso sus padres. Todos llamaron, excepto Edgar.
Ya eran las 10:30pm cuando llamaron a la puerta, yo fui corriendo esperando que fuera él. Y al abrir la puerta lo miré. Estaba mas bello que nunca, con un gorrito para el frío, una bufanda, una chamarra y unos jeans azules que le quedaban divinos. Lo invité a pasar y traía puré de papa en un recipiente, yo tenía un pavo en el horno que una tía me había traído en la tarde. Entonces se quitó su chamarra y traía un suéter verde.
- ¿Sabes qué? – le dije – nadie de los otros va a venir.
- ¿En serio? ¿Por qué?
- No les dieron permiso
- Bueno, mejor para nosotros – me dijo, yo no pude evitar pensar mil cosas con eso que me dijo
- ¿Por qué? – le pregunté
- Así vamos a poder comer más – dijo. Entonces lo invité a ver televisión.
El cuarto de la televisión es muy pequeño, solo está la tele, un sillón viejo y un colchón en el suelo (por si alguien quiere ver televisión a parte del que esté sentado en el sillón). Entonces ambos nos recostamos en el colchón y yo sintonicé el canal de música. Y así estuvimos, hablando de nada específico, entreoyendo la música de la televisión, mas o menos una hora, hasta que comenzó un especial de Guns & Roses (que desde mi punto de vista son un asco) y le cambié al canal buscando otro donde le pudiera dejar. En un canal empezaba una película, no recuerdo cual, pero parecía interesante, lo suficiente como para mantenernos callados viéndola. Fue cuando, bien adentrada la película, pasaron una escena erótica, casi porno, y yo comencé a excitarme, y no acostumbro a ver ese tipo de películas, solo que el tipo estaba bastante bien. Luego recordé que Edgar estaba presente y me incomodé en sobremanera. Me preocupó que pensara de mí al yo dejarle en ese canal. Entonces apagué la televisión. Hubo un silencio.
- ¿Qué pasó? – me preguntó
- Nada, solo que pensé que no era de tu agrado lo que estaban pasando en la tele.
- Bueno, nunca e tenido necesidad de ver “eso” pero no tenías por qué quitarlo.
- Como sea, ya la apagué, ¿quieres oír música? le pregunté
- Sí
- ¿Qué pongo? ¿Radiohead, the Beatles, the Doors?
- Pon algo de música clásica, como a Bach
- Ok, el concierto de Brandeburgo, ¿te parece?
- Sí, está bien – una cosa que nos caracterizaba a mí y a Edgar era que a ambos nos gusta la música clásica, como Beethoven, Tchaikovsky, etc. a diferencia de nuestros otros amigos.
- ¿Quieres algo de tomar? – le dije
- Un refresco
Fui por el CD de Bach y lo puse en el estéreo mientras iba por los refrescos a la cocina. Al regresar me volví a recostar en el colchón, a la derecha de Edgar (o sea que él estaba a mi izquierda). Comenzamos a hablar oyendo esa fabulosa canción, nuevamente de nada específico hasta que Edgar me preguntó…
- Oye Ricardo, te incomodaste por lo de la tele ¿cierto?
- ¿Por qué lo preguntas?
- Lo noté.
- ¿En serio?, ¿Cómo?
- No sé, simplemente me di cuenta de ello. ¿Acaso no has visto pornografía?
- ¿Qué?, si, ocasionalmente.
- Yo también – me dijo – aunque trato de no enfocarme en eso.
- ¿Qué? ¿Te masturbas? – le pregunté
- ¿Qué tiene que ver eso?
- De alguna forma tienes que desahogarte ¿no? Yo lo hago
- Pues no es algo que haga habitualmente, de hecho han sido muy pocas veces.
- No te preocupes, no te culpo de nada.
- ¿Y tu has tenido algún sueño húmedo? – me preguntó.
- Si – le respondí
- Haber, cuéntamelo – entonces, yo en mi papel de macho le inventé que había soñado que me cogía a una tipa bien dotada. Claro que le di mas detalles.
- ¿Y tu has soñado alguno? – le pregunté
- Sí – me dijo evadiendo mi vista.
- Entonces dímelo.
- No, no lo haré.
- Vamos, ¿por qué no? Yo te dije el mío.
- Pues es que el tuyo es normal, el mío no.
- ¿Normal? ¿A qué te refieres?... ¡¡¿No será que …soñaste con un tipo?!! – y Edgar se sonrojo bastante, de hecho nunca lo había visto tan rojo de la pena - ¿Qué? ¿Le atiné?
- Pues ¿Qué te digo? ¿Qué no? De aseguro que estoy todo rojo.
- Tranquilo, no te preocupes, no hay nada de malo en eso, es normal.
- ¿Normal? ¿Cómo va a ser normal?
- Sí, lo leí en un libro de psicología que habla sobre los procesos sexuales en la adolescencia.
- ¿Entonces no te incomoda? – me preguntó con una cara muy tierna
- En absoluto. Si quieres me lo puedes contar – le dije sabiendo que llegaría a mas. Entonces él se volvió a sonrojar.
- Ya te dije que no te lo puedo contar
- ¿Por qué? No le diré a nadie ¿soñaste con alguien que conozco? – Edgar no me miraba – vamos dime.
- ¿Me prometes que no te vas a enojar?
- Claro, lo prometo.
- Soñé… soñé contigo – y pude notar su vergüenza sobre toda su cara. En cambio yo, sabía que lo tenía todo a mi favor. Finalmente lo convencí de que me lo contara y su sueño era de que salíamos de campamento en grupo, a la montaña, y en una excursión por el bosque, él y yo nos perdíamos y al oscurecer y baja la temperatura nos metíamos en una bolsa de dormir y yo terminaba cogiéndomelo – fue la primera ves que eyaculé – me dijo al terminar su sueño.
- Debo admitir que me sorprende – le dije
- ¿No estas enojado o disgustado o incómodo?
- Claro que no, es natural que a tu edad tengas sueños así.
- Pero me gustó soñar eso.
- Te digo que es natural, no te preocupes, de hecho, tengo que confesarte algo – le dije, mientras que le ponía mi mano derecha en su hombro derecho.
- ¿Qué cosa?
- He tenido fantasías contigo – y al decir eso, pude ver en su rostro una necesidad tremenda de que lo poseyera.
Yo estaba que reventaba el pantalón de la erección que tenía, y él, evidentemente no me dejó atrás. Entonces lo tomé de la mano y lentamente le dí un beso en la mejilla, pasé a la oreja, luego al cuello al mismo tiempo que ponía mi mano en su estomago y comenzaba a subir su suéter. El cerró los ojos y solamente se dejó llevar. Le quité el suéter por completo, y la camiseta que traía debajo, dejando su torso desnudo. Entonces nos besamos y comencé a bajar por sus pectorales y su abdomen. Desabroché su pantalón y se lo quité dejándolo en slip, olí su sexo, y lo palpé aún trayendo puesto el slip. Lo besé y se lo quité. Y entonces salió el pene mas bonito que e visto en mi vida. Con poco pelo en la base y muy blanquito y la punta rosada. Entonces lo masturbaba y le daba lengüetazos en la punta hasta que, poco a poco, me lo metí en la boca. Cuando lo hice, Edgar se arqueó de placer y me tomo la cabeza para acelerar el ritmo. Entonces yo me quité y me desvestí por completo.
- Quiero que me hagas tuyo esta noche – me suplicó
Entonces, yo estando sobre de él, él boca arriba y yo boca abajo, le abrí las piernas y levantando su pierna derecha le comencé a introducir mi pene en el ano. Podía ver de cerca sus gestos de dolor y placer. Y cuando sentí que estaba relajado comencé con el viejo mete-saca y sentía que estaba en el cielo. Mientras lo penetraba nos besábamos y cada ves la sensación de placer era mayor, y sentía como su pene se iba poniendo cada ves mas duro. Él comenzó a gemir y nos besamos y mientras yo seguía penetrándolo sentí como algo en mí explotaba y lleno de placer me vine dentro de él, y casi al mismo tiempo Edgar también se vino, y recuerdo su aliento y su expresión de infinito placer. Nuevamente nos besamos, y nos levantamos y nos fuimos a la habitación de mis padres y nos acostamos debajo de las cobijas, pues hacia un condenado frío, y así, desnudos, estuvimos abrazados hasta el amanecer.
Desde entonces ya no he cogido con él, pues así lo decidimos mutuamente. Es como una situación de respeto de la amistad, además de que él ya tiene novio. Claro que me he conseguido a otros con quien tener sexo (y me gustaría seguirles escribiendo después), y Edgar también, aunque admito que, si se presenta la oportunidad, volvería a acostarme con él, sobre todo ahora que se que ambos contamos con 2 años de experiencia. Chao. :cool: