TonyTT
24-11 2005, 07:48 PM
La verdad esta historia resulta difícil de creer incluso para mí por lo espontaneo de la misma.
Resulta que cierto día, llamó a mi puerta Doña Norma, mujer en sus 40 pero con muy buenos dotes físicos, que se dedica a la confección de ropa. Esa ocasión me visitaba porque me debía unos pants de portero de fútbol pero tenía que tomarme las medidas.
Total que toca el timbre, se pasa a la casa y me pregunta por mi esposa.
–Se está duchando-, le dije:
-Ah bueno, me la saludas-, contestó.
-Mientras deja te tomo rapidíto las medidas para los pants, que me espera mi hija en el coche.
-Ok Doña Norma, lo que usted guste-, respondí.
Pero cuando empezó a medirme las piernas, el tiro, la cintura y quién sabe qué más, mi “mejor amigo” comenzó a entusiasmarse, lo cual como era de esperarse me abochornó horrores, sobre todo porque vestía yo unos pants deportivos.
-¡Ooops, Tony! Parece que hay un caballero por aquí que se levanta cuando llega una dama-, me dijo la muy pícara.
-Este, perdóneme Doña Norma, usted sabe, la ropa ligera y el roce…-, le dije más apenado que nada.
-Es normal, a veces pasa. Sobre todo con los adolescentes. Aunque no me lo esperaba de ti-, comentó.
-Bueno, es que soy hombre al fin y al cabo, ¿no? –, Le dije intentado hacerme el disimulado.
-Ok, ya voy a acabar. –,Dijo. -Pero sería una pena no agradecer la cortesía de ese caballero. –, Susurró.
-¿Perdón? –,Pregunté quedándome helado.
-Sí mira, tu amigo me hizo la galantería y le voy a corresponder.
La verdad no sabía qué hacer, allí estaba yo con esa mujerzota con su boca a la altura de mi miembro y qué me iba a imaginar; que de un tirón me bajó los pants y haciendo a un lado mi bóxer encontró rápidamente mi pene que estaba a punto de reventar por la excitación del roce, las palabras y el temor de ser sorprendidos.
-¡MMM, mmm, mmm!
Decía la muy zorra mientras me daba semejante mamada que no se me puede olvidar.
-¡Mmm, mmm, mmm! Sí que está rica tu cosita, chiquita pero rica.
Ahí seguí yo completamente pasmado por la escena, disfrutando esa boca, esa lengua experta que me recorría el palo una y otra vez. Cuando de repente, escuchamos que mi esposa gritaba que había terminado de bañarse, así que doña Norma apresuró el paso y succionó de tal manera que toda mi hirviente leche le llenó su ardiente boca.
-¡¡¡Aaahhhhhggghhh! –, Grité extasiado.
-¿Estás bien mi amor? –Sí querida, es que me machuqué, le contesté.
En eso doña Norma se acicaló rápidamente el pelo, sacó de su bolso una pastilla y me dio un beso en la mejilla mientras sobaba mi agradecido falo.
-¿Ya ves? A que ni te la esperabas corazón. Ahora ve y atiende a tu esposa que seguramente te quedaste con más ganas. –, Me dijo con la mayor tranquilidad.
-Eeeesssssttteee sí… -Contesté balbuceante.
-Bueno pues, entonces el próximo lunes te entrego tus pants, ¿ok?
Y se fue sin más, en un explosivo encuentro de unos minutos.
Resulta que cierto día, llamó a mi puerta Doña Norma, mujer en sus 40 pero con muy buenos dotes físicos, que se dedica a la confección de ropa. Esa ocasión me visitaba porque me debía unos pants de portero de fútbol pero tenía que tomarme las medidas.
Total que toca el timbre, se pasa a la casa y me pregunta por mi esposa.
–Se está duchando-, le dije:
-Ah bueno, me la saludas-, contestó.
-Mientras deja te tomo rapidíto las medidas para los pants, que me espera mi hija en el coche.
-Ok Doña Norma, lo que usted guste-, respondí.
Pero cuando empezó a medirme las piernas, el tiro, la cintura y quién sabe qué más, mi “mejor amigo” comenzó a entusiasmarse, lo cual como era de esperarse me abochornó horrores, sobre todo porque vestía yo unos pants deportivos.
-¡Ooops, Tony! Parece que hay un caballero por aquí que se levanta cuando llega una dama-, me dijo la muy pícara.
-Este, perdóneme Doña Norma, usted sabe, la ropa ligera y el roce…-, le dije más apenado que nada.
-Es normal, a veces pasa. Sobre todo con los adolescentes. Aunque no me lo esperaba de ti-, comentó.
-Bueno, es que soy hombre al fin y al cabo, ¿no? –, Le dije intentado hacerme el disimulado.
-Ok, ya voy a acabar. –,Dijo. -Pero sería una pena no agradecer la cortesía de ese caballero. –, Susurró.
-¿Perdón? –,Pregunté quedándome helado.
-Sí mira, tu amigo me hizo la galantería y le voy a corresponder.
La verdad no sabía qué hacer, allí estaba yo con esa mujerzota con su boca a la altura de mi miembro y qué me iba a imaginar; que de un tirón me bajó los pants y haciendo a un lado mi bóxer encontró rápidamente mi pene que estaba a punto de reventar por la excitación del roce, las palabras y el temor de ser sorprendidos.
-¡MMM, mmm, mmm!
Decía la muy zorra mientras me daba semejante mamada que no se me puede olvidar.
-¡Mmm, mmm, mmm! Sí que está rica tu cosita, chiquita pero rica.
Ahí seguí yo completamente pasmado por la escena, disfrutando esa boca, esa lengua experta que me recorría el palo una y otra vez. Cuando de repente, escuchamos que mi esposa gritaba que había terminado de bañarse, así que doña Norma apresuró el paso y succionó de tal manera que toda mi hirviente leche le llenó su ardiente boca.
-¡¡¡Aaahhhhhggghhh! –, Grité extasiado.
-¿Estás bien mi amor? –Sí querida, es que me machuqué, le contesté.
En eso doña Norma se acicaló rápidamente el pelo, sacó de su bolso una pastilla y me dio un beso en la mejilla mientras sobaba mi agradecido falo.
-¿Ya ves? A que ni te la esperabas corazón. Ahora ve y atiende a tu esposa que seguramente te quedaste con más ganas. –, Me dijo con la mayor tranquilidad.
-Eeeesssssttteee sí… -Contesté balbuceante.
-Bueno pues, entonces el próximo lunes te entrego tus pants, ¿ok?
Y se fue sin más, en un explosivo encuentro de unos minutos.