Andariego
19-10 2005, 11:39 PM
Tiene un año mas o menos que escribí esto para una sumisa maravillosa que tuve. Para ella y para todos ustedes... mis respetos.
Hoy te recordaba
Recordaba la ferocidad de tu sonrisa y la voracidad de tu mirada
Recordaba el aroma que dejaste en mi piel y la saciedad con que mis ganas fueron colmadas.
Recordaba tu voz y aquellos guturales prodigios que de ti fueron extraídos, a fuerza de caricias, a fuerza de poder y de locura.
Recordaba cómo aquella noche me miraste y asentiste, sin otro recurso que acatar, sin mas deseo que ofrecerte.
Y entonces, aquel chasquido que intempestivamente despertó tus lágrimas, colmó tus ansias de emociones, y así, el brillo hermoso de tu mirada iluminó la negrura de aquel sitio, llenándolo todo de coplas que brotaron de entre el sudor de nuestra piel.
Y no es que ahora el cimbrar de tu carne atada no se mantenga fija en mis recuerdos, ni que el metal que te rodeaba deje aun de anhelarte; pero aquella noche en que embriagarte de versos y de besos fue necesaria para abrir el paso a las puertas de placeres exquisitos, fue también la noche aquella en que tus lágrimas me ayudaron a encontrarme.
Sabes bien que abandonándote fue la forma de fortalecerte, que vaciándote fue el modo sublime de llenarte, que cada vez que ante mi nuevamente agaches la mirada será aquella forma en que dirás lo fuerte que eres.
Hoy te recordaba así, y así voy a volverte a recordar.
Andariego
Ok, ok, no es Neruda, pero... así lo sentí
Hoy te recordaba
Recordaba la ferocidad de tu sonrisa y la voracidad de tu mirada
Recordaba el aroma que dejaste en mi piel y la saciedad con que mis ganas fueron colmadas.
Recordaba tu voz y aquellos guturales prodigios que de ti fueron extraídos, a fuerza de caricias, a fuerza de poder y de locura.
Recordaba cómo aquella noche me miraste y asentiste, sin otro recurso que acatar, sin mas deseo que ofrecerte.
Y entonces, aquel chasquido que intempestivamente despertó tus lágrimas, colmó tus ansias de emociones, y así, el brillo hermoso de tu mirada iluminó la negrura de aquel sitio, llenándolo todo de coplas que brotaron de entre el sudor de nuestra piel.
Y no es que ahora el cimbrar de tu carne atada no se mantenga fija en mis recuerdos, ni que el metal que te rodeaba deje aun de anhelarte; pero aquella noche en que embriagarte de versos y de besos fue necesaria para abrir el paso a las puertas de placeres exquisitos, fue también la noche aquella en que tus lágrimas me ayudaron a encontrarme.
Sabes bien que abandonándote fue la forma de fortalecerte, que vaciándote fue el modo sublime de llenarte, que cada vez que ante mi nuevamente agaches la mirada será aquella forma en que dirás lo fuerte que eres.
Hoy te recordaba así, y así voy a volverte a recordar.
Andariego
Ok, ok, no es Neruda, pero... así lo sentí