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View Full Version : Mi sueño se hizo realidad


expertomamador
27-09 2005, 12:47 PM
Todo comenzó cuando me trasladaron a otra universidad; anteriormente, trabajaba en una que está cerca de mi casa y podía ir y venir a pie, contrario a lo que sucede con la nueva institución, que queda del otro lado de la ciudad y debo obligatoriamente irme en transporte o si no me es prácticamente imposible llegar hasta allá. Inicialmente no me gustó mucho la idea, pero ahora doy gracias a Dios porque esto me hizo conocer al hombre que cambiaría mi vida.

Gracias a esa espera en el transporte, conocí al muchacho más hermoso que he visto en toda la universidad: de unos 20 años, alto, delgado, con un cuerpo perfecto, blanco, muy aseado (cosa que lo diferencia del resto de los estudiantes de esta institución, que por la naturaleza de las carreras, los estudiantes muestran un aspecto más bien descuidado), y lo que más me llamó la atención fue la gran cantidad de vellos que podía ver en su cuerpo; era todo un osito. Sus brazos y cara estaban cubiertas casi en su totalidad por un vello oscuro (al conocerlo, tenía una barba muy bien cuidada); de su pecho brotaba una telaraña de vellos largos y oscuros, que sobresalían alrededor de todo el cuello de la camisa. Realmente ese muchacho me gustó muchísimo. Tenía la boca más perfecta, hermosa y sensual que he visto en todos los hombres. Además, no podía pasar por alto el enorme bulto que notaba en medio de sus piernas; se veía claramente que su miembro hacía juego con la perfección del resto de su cuerpo. Me gustó tanto que comencé a soñar que éramos amantes y que hacíamos el amor. Una vida perfecta junto a él... Pero como siempre ocurría, sólo en sueños...

En este punto, debo detenerme a comentar que desde que tengo uso de razón me han atraído muchísimo los hombres; en los 32 años que tengo solamente he tenido relaciones sexuales con mi hermano (cuando estábamos comenzando la adolescencia, y solo fueron dos o tres mamadas sin acabarme en la boca –solo porque el nunca lo quiso así - y algunas masturbaciones, las cosas que se hacen para descubrir el nuevo mundo que se abre a los jóvenes) y una vez una mamada fallida a un taxista que no llegué a finalizar puesto que la policía nos pilló; de resto mi homosexualidad la había llevado en solitario, metiéndome cosas por mi culito y comiéndome mi propia leche, que es lo que más disfruto... Es decir, soy un completo gay de closet.

Confieso que al principio, al conocerlo, mi atracción por él resultaba meramente física, sexual. Pero al ir conociéndolo poco a poco (semanas después comenzó a vender cigarrillos y otras cosas por los pasillos de la universidad, y cada día nos conocíamos un poco más; primero comenzamos saludándonos, con el pasar del tiempo nos preguntábamos cosas de nuestras vidas y al poco tiempo ya entablábamos conversaciones amenas, las cuales todos los días esperaba con ansias), ese deseo meramente sexual se fue transformando en algo que sólo podría describir como amor... Sí, un hombre amando a otro hombre. Aunque la sociedad no lo acepta (y en cierta forma yo tampoco; es por eso el motivo de mis grandes sufrimientos), me fui enamorando poco a poco de Guille (así se llama); al punto de desear verlo cada día; y de sufrir cuando por alguna causa no podíamos entablar esas conversaciones.

Como buenos amigos, nos contábamos las alegrías y las penas, nos aconsejábamos el uno al otro; nos consolábamos por nuestras tragedias... En cada conversación, lo físico quedaba opacado por su enorme belleza interior: su tenacidad, su espíritu de lucha y sus ganas de triunfar se reflejaban a través de la mirada más dulce que he podido ver en todo ser humano. Esas eran las cosas que me hicieron enamorarme de Guille.

Como siempre, sólo esperaba de Guille una hermosa amistad, pues esperar algo más era un sueño, como me había ocurrido en ocasiones anteriores. Debo decir que lo que sentía por Guille era algo más fuerte de lo que había sentido por otros hombres: amor puro y sincero.

El tiempo transcurrió, y ese año lleno de emociones estaba a punto de acabar. Como siempre, me entristecía saber que el llegar las vacaciones implicaba dejar de ir a la universidad y, por supuesto, dejar de ver a Guille. La diferencia del año pasado era que ahora al menos podía contarme entre sus amigos.

Un jueves, Guille me prometió pasar por mi oficina el lunes próximo para despedirse de mi por las Navidades. Esperaba con ansias que llegara el lunes para poder arrancar al menos un abrazo del hombre a quien amo.

Llegó el día lunes, y con éste el caudal de sentimientos más grande y confuso que haya tenido en mi vida. Sentía tristeza porque sabía que de ahí en adelante pasarían días para volver a verlo... pero también sentía alegría porque sabía que nuestra amistad había llegado al punto (al menos tener la posibilidad) de poder abrazarlo y sentir su calor.

Cuando vi que Guille entró por la puerta de mi oficina, las emociones crecieron. Di gracias a Dios porque había cumplido su promesa (lo que quería decir que al menos me apreciaba para cumplirla).

- Lo prometido es deuda - Me dijo con la voz más dulce y viril que he escuchado en mi vida.

Mis palabras no salían de mi boca. Creo que por más que quería disimular que no pasaba nada no podía. Atiné a comenzar una conversación que no recuerdo muy bien cómo empezó, pero que en ella resaltaba todas sus cualidades (cosa que no me resultó nada difícil, pues de verdad que las tiene). Luego de un rato de conversación nos intercambiamos los números de nuestros móviles. Llegó el momento de la despedida. Estaba consciente de que era yo quien debía dar la iniciativa para así poder asegurar su abrazo, así que puse manos a la obra.

- Bueno, Guille... Sólo me resta desearte unas muy felices navidades y que tengas un feliz año con todos tus seres queridos...

- Deseo lo mismo para ti, Gordo - contestó Guille, al tiempo que me cubría con sus fuertes brazos.

No podía creerlo; al fin sentía un abrazo del hombre que amo. Fueron unos pocos segundos, pero fueron suficientes para sentirme el hombre más feliz en toda la tierra... El primer (y esperaba que no fuera el último) abrazo de Guille. Su pecho se pegó al mío, su mejilla rozó mi mejilla y sus brazos y piernas me cubrieron con su calor... Dios! realmente disfruté ese segundo, tal vez el más feliz de mi vida.

Nos despedimos, y en mi cabeza daban vueltas miles de ideas: tendría que esperar todas las vacaciones para volver a ver a Guille; estaba firmemente decidido a llamarlo en Navidad y Fin de Año, para así al menos oír su voz. Era una mezcla indescriptible de sentimientos lo que sentía mi corazón...

Pasaron los días, y mi mente siempre estaba ocupada en Guille. Al fin llegó el 24 de Diciembre y, como me prometí, llamé a Guille a su móvil. Mi emoción creció hasta el infinito, pues pude escuchar de nuevo la voz del hombre a quien más he amado en mi vida. Hablamos de todo un poco y luego nos despedimos, no sin antes desearnos una Feliz Navidad (cosa que por mi parte estaba segura, pues con el solo hecho de escuchar su voz ya me había alegrado la vida).
Igualmente, hablamos el 31 de Diciembre, deseándonos un próspero año para nosotros y todos nuestros seres queridos...

Al fin llegó el 8 de Enero, día que comenzarían las actividades en la Universidad. Estaba completamente emocionado, pues Guille me había dicho que ese día el comenzaría a vender las cosas que siempre vende. Y efectivamente cumplió su palabra. Aproximadamente a las 10:00 pasó por mi oficina y nos volvimos a abrazar. Pude sentir de nuevo su cuerpo cubriendo el mío, pero igualmente con pocos segundos de duración, aunque en ese tiempo pude sentir todo el afecto que sentía hacia mi. Estuvimos hablando aproximadamente media hora; conversamos de todo: de la familia, de las cosas que hicimos en vacaciones, de sus estudios, etc. Ese día también nos dimos nuestras direcciones y teléfonos fijos; además, me dio el aventón hasta mi casa, con lo cual ya vio donde vivo.

El día martes recibí una llamada; era mi jefa, diciéndome que la próxima semana me mudaría a la universidad donde laboraba antes; esa noticia me cayó como un balde de agua fría, pues eso implicaba que no volvería a ver a Guille con la frecuencia con que lo veía hasta ese momento. Todo el día estuve triste y sacado de onda por la noticia.

El día miércoles Guille me volvió a dar el aventón hasta mi casa, y en el camino le comenté lo de la mudanza; confieso que me emocioné al notar su reacción cuando le dije que era la siguiente semana; durante un buen tramo estuvo callado, y mirando fijamente a la carretera, como tratando de asimilar lo que le había dicho.

El día viernes ya estaba la oficina totalmente recogida; ese día me dediqué a recoger y dejar todo en orden para que el lunes vinieran los obreros y se llevaran todo hasta la nueva oficina. Durante todos los últimos días había llorado a diario, pensando en que no iba a ver a Guille con la misma frecuencia.

Cuando ya estaba a punto de cerrar la oficina e ir a esperar el transporte, Guille entró y me dijo:

- Entonces ya recogiste todo...

- Sí - le contesté pesadamente - Bueno, Guille, hasta hoy vengo a esta oficina... Pero esto no quiere decir que me voy a olvidar de la gente que está aquí... Guille, espero de todo corazón que esta amistad nunca, pero nunca, se disuelva... Yo te estaré llamando para que me des la excelente noticia de tus estud....

Mi frase no pudo ser completada. Antes de poder hacerlo, Guille me cubrió con sus brazos. No podía creer que esto me estaba sucediendo. Pude sentir a través de mi camisa el frío de sus manos y el temblor de su cuerpo. Era la emoción más fuerte que había experimentado con un ser humano. Sus brazos rodeando mi cuello, sintiendo el calor de su pecho en el mío, sus piernas rozando mis piernas, toda su fuerza varonil siendo descargada en mi cuerpo, su aliento quemando mi hombro, y las temblorosas palabras que me hicieron llegar al cielo:

- Te quiero mucho, Gordo...

No podía creer que Guille me estaba diciendo esto. Por instinto, traté de separarme de él para poder mirarlo a los ojos y ver si estaba diciendo la verdad (o al menos lo que yo quería interpretar), pero su fuerza no me permitió separarme de él. En lugar de ello, otras palabras temblorosas trataron de complementar las anteriores:

- Gordo, por favor no dejes de ser mi amigo. Sé que después que te diga esto será muy difícil tener tu amistad, pero al menos no voy a tener callado lo que siento por ti... Desde que te conocí, he sentido algo que no puedo explicar, pero que nunca me había pasado... Creo que te amo, y siempre te voy a amar... Te entiendo si luego de esto dejas de ser mi amigo, pero créeme que sufriré mucho si eso pasa...

Ahora era yo quien temblaba. Dios! no podía creer que Guille sintiera hacia mí lo mismo que yo hacia él. Dentro de mi cabeza y mi corazón pasaba un caudal de sentimientos que me hacía muy difícil el reaccionar. Pasé mis manos alrededor de su espalda y lo apreté fuertemente hacia mi, como tratando de fundirlo a mi cuerpo. Pude sentir las palpitaciones aceleradas de su corazón vibrante pegado a mi pecho. Luego de algunos segundos, el abrazo se disolvió y pude mirarlo a los ojos; pude ver la mirada más hermosa que había visto en sus ojos, esos ojos que en ese momento estaban empañados. En ese momento de intensa felicidad, estas fueron mis palabras:

- Guille - Dije con voz temblorosa tomando suavemente su barbilla y mirándolo a los ojos; esos ojos que se volvieron más hermosos con el brillo de sus lágrimas después de mis últimas palabras - No sé si esto es un sueño, pero quiero decirte que desde el primer día que te vi supe que tu serías el hombre que me haría cometer la mayor de las locuras. Pero ese es mi gran deseo y no pienso despertar sin haber disfrutado de tu amor y de tu corazón... Claro que te retiro mi amistad... Ahora tienes mi amor. Yo también te amo y siempre te amaré, hasta que muera, y contra quien sea lucharé por tu corazón y por tu amor...

Nunca podré describir lo que vi en sus ojos. Mezcla de alegría, miedo, llanto y amor, pude ver su mirada cada vez más cerca, pues acercó su rostro al mío hasta sentir sus labios rozando mis labios... El hombre a quien amo era precisamente el primer hombre que me besaba... Mis labios rozaban los suyos, y no los de la foto que una vez me robé. Eran los labios más suaves y hermosos de todo el planeta, y me estaban besando a mí. Fue un beso muy intenso pero muy corto, pues estábamos en mi oficina y alguien podría llegar. Por esto, Guille me dijo:

- Vamonos de aquí, Gordo. Vamonos lejos de aquí, donde podamos amarnos tranquilos. Sólo quiero estar contigo y amarte de hoy en adelante...

Por supuesto que acepté. Era lo que más deseaba en la vida y no iba a negarme a la felicidad cuando ésta (por primera vez) tocaba a mi corazón.

Esa tarde Guille llevó carro, por lo que nos fuimos inmediatamente a su apartamento. Él propuso ese lugar pues su familia estaba de viaje a otro país (el se había quedado por los estudios y como después me dijo, para poder estar conmigo aprovechando la ausencia de sus familiares), lo que garantizaba que no nos molestarían. El trayecto se me hizo muy largo, más por los nervios que por otra cosa. Durante el camino sólo cruzábamos una que otra palabra y una que otra mirada. Realmente estábamos nerviosos. De vez en cuando aprovechaba que no llevábamos carros cerca para poder tomarle la mano, a lo que él me respondía apretándome el muslo; ambos nos devolvíamos una dulce mirada y una sonrisa.

Guille vive en unos apartamentos que quedan cerca de mi casa. Cuando llegamos, abrió la puerta y me invitó a pasar. Era un apartamento bellísimo. Sencillo pero bellísimo: pequeño, muy bien decorado y muy aseado. Mi imaginación voló tratando de imaginar a ese hombre a quien amo cuando era un niño, jugando por los rincones y rayando las paredes. Mis pensamientos quedaron interrumpidos cuando Guille se acercó y me dijo que me sentara, que iba a buscar una gaseosa en la cocina.

De regreso, me dio la gaseosa y se sentó a mi lado. Inmediatamente, comenzó la conversación más seria que jamás había tenido para conmigo.

- Gordo, quiero que sepas varias cosas. Quiero que sepas que es la primera vez que hago esto de traer a alguien a mi casa; también es la primera vez que siento esto por un hombre... Aun no comprendo bien que me pasa contigo, lo único que se es QUE TE AMO. Y porque te amo quiero que sepas que no quiero obligarte a nada, que lo que hagas es porque quieres hacerlo, y que estoy dispuesto a esperar todo el tiempo que sea necesario por ti.

Casi no podía reaccionar, La emoción que sentía no cabía en mi. Sólo coloqué la gaseosa en la mesa y me recosté en su pecho. Cerré lo ojos para poder sentir mejor su calor y los latidos de su corazón.

- Créeme que estoy haciendo todo esto porque te amo mucho más, y nunca me arrepentiré de haberlo hecho.

Esta vez mis labios fueron los que buscaron los suyos. Pude esta vez hacerlo sin ningún temor... La divina aspereza de su barba y bigote de dos días sin afeitar, sus labios suaves como la seda... Mi lengua pudo sentir el calor de su saliva y la tersura de su lengua, que se enroscaba con la mía y retozaban en una boca y luego en otra. Nuestras manos tampoco estaban ociosas; mientras una de las mías se metía por debajo de su camiseta y acariciaba su pecho velludo y la otra le colocaba en su mejilla, las de él viajaban hacia mi muslo, acariciándolo en toda su longitud.

La situación era cada vez más ardiente, por lo que decidí que ya era tiempo de acariciar otras partes de su cuerpo, con las que todo el tiempo soñaba y ahora tenía la oportunidad de disfrutar. La mano que acariciaba su pecho fue bajando lentamente, disfrutando de cada centímetro de su peludísima piel (que emanaba un calor sólo comparado con el de un volcán). El viaje terminó al llegar a la bragueta del pantalón, donde pude sentir la tremenda erección que había dentro de esas ropas. Al sentir eso, mis caricias fueron más delicadas, pues sé por experiencia que acariciar una erección por encima de las ropas con suavidad es mucho mejor que una caricia fuerte. Guille aceleró su respiración, y separándose de mí, me dijo:

- Vamos al cuarto, allí estaremos mejor.

Estaba dispuesto a obedecerle de allí en adelante. Había nacido para amarle y eso haría desde ese momento.

Nos levantamos del mueble y volvimos a abrazarnos, esta vez con suavidad y lentamente, sin apuros ni temores. Nuestros labios se volvieron a unir al tiempo que avanzábamos hacia su habitación, que en ese momento sería NUESTRA habitación.

Llegamos al cuarto y encendió la luz. Era un cuarto pequeño pero muy limpio y ordenado. Una cama sencilla, dos mesas de noche, un mueble de estudio y un closet era prácticamente todo el mobiliario de su cuarto. Al acercarnos a la cama, me volvió a besar y me dijo:

- Gordo, te amo... Te amo y nunca dejaré de hacerlo.

Mi reacción fue un abrazo, el abrazo más cálido que he podido dar en mi vida. Mis manos viajaron lentamente a lo largo de su espalda y pude alcanzar la punta de su camiseta. Poco a poco, fui subiendo la tela para quitarle la camiseta, y él se separó y levantó los brazos para facilitar la operación. Fue en ese momento cuando vi por primera vez su torso completamente desnudo. Decir hermoso es quedarme corto: con toda la musculatura suavemente marcada, su pecho y espalda estaba cubierta por una gruesa capa de vellos oscuros y gruesos, que se hacía más tupida en el pecho y el camino hacia el vientre. Sus tetillas rosadas contrastaban con el oscuro de la tupida piel; estaban puntiagudas, en señal de la excitación que tenía.

- Guille eres tan hermoso - Fue lo que atiné a decir. Su respuesta fue un pequeño beso y sus manos llegaron hasta el botón de mi camisa.

Aquí me detendré nuevamente para hacer una pequeña descripción de mi persona: Soy blanco, mido 1.78 y peso unos 110 kilos. Mi pene es pequeño: en erección alcanza unos 11 cms.; como verán, Mi cuerpo está muy distante de la perfección de el de Guille; por eso vacilé en dejar que me quitara la camisa. Pero el dulcemente me dijo casi al oído:

- Dije que te amo, y te amo como eres... déjate amar, tonto...

Sus palabras me paralizaron y dejé que me quitara la camisa. Sus manos me acariciaron los hombros y bajaron hasta mis tetillas; metió una de mis tetillas en su boca y me la chupó, haciéndome estremecer del placer. Luego que se la sacó de la boca, fui bajando lentamente dando pequeños mordiscos a su pecho y vientre, hasta sentarme en la cama. Su bragueta quedó a la altura de mi rostro, por lo que mi mente y mi corazón terminaron de volverse locos. Desabotoné sus jeans y poco a poco bajé el cierre. Acto seguido empujé hacia abajo con todas mis fuerzas, dejando sus jeans a la altura de sus rodillas. Frente a mi quedó la erección más grande que jamás haya visto, sólo sostenida por la tela de unos slips azul oscuro ya manchados de presemen, y los cuales parecía iban a reventar por la fuerza de ese monstruo que sostenía. Más abajo, pude contemplar y acariciar los muslos más perfectos que haya visto: de un color precioso, extremadamente duros y cubiertos también de vellos más gruesos. Pero mi objetivo era esa parte de su cuerpo que aún permanecía oculta, pero que en segundos podía remediar eso.

Tomé la goma de sus slips y, como había hecho anteriormente con sus jeans, los empujé hacia abajo. Frente a mi quedó el espectáculo más hermoso que he visto: Un pene enorme, erecto y sediento de placer, acompañado de los testículos más hermosos de todos los hombres del planeta, perfectos, del tamaño de dos kiwis, y todo el conjunto cubierto de unos vellos más oscuros y gruesos que el resto del cuerpo.

Instintivamente, saqué mi lengua y con ella rocé sus testículos, que eran de un color rosado muy oscuro. Con la punta recorría cada centímetro de su escroto, que se movía por los movimientos involuntarios de esa parte del cuerpo cuando es estimulada. Desde abajo podía escuchar los suspiros que emitía Guille por el placer que le estaba ofreciendo. Mi rostro podía sentir el enorme calor que emanaba del pene y los testículos del hombre a quien más he amado en la vida.

Con una mano tomé el enorme pene de Guille y comencé a masturbarlo muy lentamente. Aunque sentí que me quemaba con el calor de ese pesado tubo de carne que apenas lograba cubrir en circunferencia, me contuve, pues mi objetivo no era aún meterme su pene en mi boca, sino el apartarlo hacia arriba para poder seguir besando y lamiendo esas enormes y hermosas bolas que tenía a mi disposición.

Me gustaba la textura de su bolsa. Tomé un testículo con mi boca y lo chupé con el mayor de los cuidados. Luego lo metí completamente en mi boca y lo paseé dentro de ella, dándole pequeños mordiscos que lejos de lastimarlo hacía que suspirara de placer. Debo decir que su escroto es enorme, y sus dos bolas quedan nadando libremente en él, por lo que esta operación resultaba cómoda para los dos. Lo saqué de la boca e hice la misma operación con el otro testículo. De su pene ya estaban saliendo líquidos preseminales, con tal intensidad que un riachuelito corrió por el reverso de mi mano derecha; lo lamí como lo que era: el néctar más delicioso y preciado. Eso fue la señal de que ya debía comenzar con su pene.

En vista de que ahora si me iba a dedicar de lleno a su tallo, si me tomé la tarea de detallarlo al máximo: De unos 20 cm de largo y unos 12 cm de circunferencia, su pene es de color rosado oscuro y está cubierto hasta casi a mitad de vellos gruesos. El resto de su guevo está surcado de venas azuladas, dándole un relieve rugoso y excitante. Se curva ligeramente hacia arriba. Su glande no estaba totalmente cubierto de piel, debido a la enorme erección que tenía; asomaba aproximadamente un cm de una cabeza roja y un ojete relativamente grande. Al descubrirlo, pude observar que su glande, que recuerda la forma de un hongo perfecto, es de unos 4 cm de longitud, más grueso que el resto de su tallo, extremadamente rojo y de una textura que a la vista se notaba suave como el terciopelo. La documentación que he leído sobre el sexo oral recomienda no comenzar a mamar de una vez, por lo que me dispuse a darle besitos a lo largo de todo el tallo, acompañado de unos mordisqueos que hacía suspirar y electrizar a Guille. Luego de unos minutos en esa labor, decidí (o decidimos, porque Guille me tomó del cabello y me guió) que ya era hora de probar ese exquisito manjar. Solté su pene para que quedara erguido en toda su extensión y con la punta de mi lengua rocé su frenillo. Guille se estremeció ante el contacto de mi lengua con su cabeza; esa convulsión de Guille hizo que su pene tuviera una contracción y su ojete hiciera contacto con mi fosa nasal, haciendo que su olor penetrara fuertemente en mí, dejando un rastro de presemen en el área de mi bigote, el cual recogí con mi lengua, sintiendo la espesura de ese líquido que me hizo preguntarme cuál será la de su semen propiamente dicho... Afortunadamente faltaban poco tiempo para despejar esa incertidumbre.

Ocupé mis manos en acariciar sus duras y redondeadas nalgas, y pude sentir que también están cubiertas por una gruesa capa de vellos... Dios, realmente es velludo, como siempre había soñado a mi amante. Luego volví a a tomar su palo con mi mano derecha y dando el mayor de los besos en el ojete de su pene, me dispuse a ir tragando poco a poco esa serpiente de placer. Un enorme suspiro brotó de la garganta de Guille. Formé con mis labios un anillo y me fui tragando poco a poco su pene, milímetro a milímetro, mientras mi lengua raspaba toda la superficie que iba entrando en mi boca. El calor que emanaba de ese tubo de carne era enorme; tanto que creí iba a quemarme. Su sabor era exquisito, entre dulce y salado, debido a los líquidos preseminales que lo cubrían.

Luego de unos minutos de tragar poco a poco, Guille abrió la boca para decirme algo que iba a acrecentar el placer:

- Acomodémonos en la cama, quiero darte placer a ti también.

Me saqué su pene de mi boca y él terminó de quitarse la ropa. En ese momento pude verlo completamente desnudo y me enamoré de él como pensé jamás enamorarme: hasta la locura, hasta el punto de sacrificar mi vida si fuese necesario... Me dijo cariñosamente que me quitara yo también mi ropa, a lo que le obedecí inmediatamente.

Guille se acostó boca arriba en la cama y me hizo señas de que me acostara encima de él, pero con mi cabeza del lado contrario. Lo hice e inmediatamente continué con mi labor que había dejado anteriormente. Esta vez estaba más delicioso porque había dado tiempo de que líquidos preseminales cubrieran nuevamente el glande. Estaba yo en mi labor cuando sentí que Guille comenzaba a recorrer mis nalgas con la suavidad de sus manos. Me hacían unas cosquillas muy agradables, tanto que me hizo erizar la piel. Recorría mis nalgas y mis muslos con la punta de sus dedos. Eso me hizo concentrarme más en la mamada que le estaba haciendo. A los pocos minutos, sentí que algo caliente y húmedo se adhería al ojete de mi culo: era la boca de Guille, que me estaba dando un beso negro. Era la sensación más placentera que había experimentado hasta ese momento. Su lengua activaba cada una de las terminaciones nerviosas de mi culo, al tiempo que su aliento calentaba (aún más) mi sediento trasero. Mientras tanto, yo recorría el tallo de carne que estaba a mi disposición, y mis manos apretaban con suavidad el escroto donde estaban esas bolas llenas del néctar que quería probar. De pronto siento que algo trata de entrar en mi culo; inmediatamente supe que la lengua de Guille deseaba abrirse paso en mi ojete. El ejercicio que había realizado Guille con el beso negro había relajado un poco, sin embargo me tensé, pero la voz de Guille de nuevo me hizo calmarme:

- Tranquilo... sólo quiero prepararte para el darte el mayor de los placeres...

Teína razón, me lo estaba dando... Su espada de carne se abrió paso en mi culo y en pocos segundos sentía que mi interior se llenaba con su lengua.

Cada acción de Guille era una invitación a tratar de proporcionarle más placer. Cada vez trataba de meterme más profundo su palo, y ya en este punto casi toda la longitud del pene de Guille estaba alojado en mi boca, y su glande era abrazado por mi garganta. En un primer momento, sentí unas arcadas, pero no estaba dispuesto a que el momento más soñado en toda mi vida se desvaneciera por una tontería. A los pocos minutos, mi garganta se había amoldado perfectamente al monstruo que estaba bombeando. Los vellos de su tallo me hacían cosquillas en la nariz, pero eso lejos de molestarme me excitaba más, puesto que podía sentir el olor de mi hombre penetrando por mis fosas nasales.

Luego, Guille sacó su lengua de mi culo y escuché como se ensalivaba uno de sus dedos. Casi muero de la emoción al sentir la piel áspera entrar en donde anteriormente había alojado su lengua. Lo que estaba tratando de abrirse paso era su dedo medio bañado de su saliva. Traté de relajarme para hacer más fácil su trabajo (y funcionó, porque su dedo entró suave y lentamente en mi culo; el calor que sentí dentro de mis intestinos nunca lo había logrado alcanzar con mis dedos); mientras tanto traté de concentrarme en seguir mamando, en seguir dándole placer a mi hombre... estaba logrando mi objetivo, que era proporcionarle placer a Guille, pues sus gemidos y su forma de penetrarme iban acelerando cada vez más. Ya mi culo estaba respondiendo positivamente a sus caricias, por lo que sacó su dedo y comenzó a meterme el índice y el medio. Mi culo al principio se opuso a dos dedos, pero como sucedió anteriormente me relajé y disfruté la presencia de esos dos preciosos intrusos. Lentamente pasaba sus dedos por mi próstata, haciéndome unas cosquillas internas indescriptiblemente deliciosas.

De pronto, sentí como la respiración de Guille iba en aumento, mientras que un tercer dedo entraba en mi ojete, y sus movimientos de penetración eran cada vez más acelerados. Al mismo tiempo, sentí como el palo que estaba mamando se hizo mucho más grande, duro y grueso, y vi como las hermosas bolas que estaban a pocos centímetros de mi cara se recogían en su propia bolsa y se colocaban una a cada lado del enorme tallo. Esa era la señal que indicaba que Guille estaba a punto de eyacular, lo que me hizo prepararme para la bendición de probar el néctar con el que durante tanto tiempo había soñado.

Saqué todo el tallo de mi boca; sólo dejé dentro la cabeza, que sentía como latía envuelta con mi lengua. Al mismo tiempo, comencé a masturbar la parte del pene que quedó fuera de mi boca con mi mano derecha, mientras que con la izquierda acariciaba sus bolas, ahora encogidas y compactas. Guille comenzó a levantar su pelvis, por lo que, aunque tenía la mayor parte de su palo fuera de mi boca, en cada arremetida lograba meterme la mitad, raspando su glande con mi lengua y mi paladar, haciendo que se acelerara más el momento de la explosión.

- ¡Ohhhhhh, Gordooooooo!!!!!!!!

Esas palabras (que apenas entendía debido al placer que estaba sintiendo Guille) y un enorme suspiro acompañaron a la eyaculación más grande que he conocido en toda mi vida. Ríos de semen salían del ojete de su tallo, mientras que me era difícil controlar esa manguera viviente, pues entre los espasmos de su tolete y las convulsiones de Guille casi se me escapa de la boca. Mientras tanto, mi garganta daba paso a todo el semen que salía del pene de Guille. Tragaba y tragaba, y ese semen parecía que nunca se iba a acabar. Guille, por su parte, me mordía las nalgas, mientras sus dedos no dejaban de entrar y salir de mi culo, el cual estaba ya totalmente dilatado, tanto que sentía cómo a mis intestinos llegaba la temperatura del ambiente cuando sus dedos estaban afuera.

Mi garganta se comportó a la altura. No dejé que una sola gota de su semen se escapara de mi boca; no estaba dispuesto a que una sola gota de esa miel se perdiera, después de tanto tiempo de deseo. Además, era la primera vez que probaba semen que no fuera del mío. Este era distinto, mucho más dulce y más espeso, tanto que podía jugar con el enroscándolo en mi lengua. Comencé a apretar fuertemente su pene desde el tallo para lograr exprimirlo y que no quedaran restos de leche dentro de su palo. Luego, metí mi lengua en el ojete de su glande, para ganar el resto de semen que quedara allí; para estar completamente seguro que le había exprimido totalmente, comencé a exprimirle suavemente los cojones como si fuera una esponja, en un último intento por sacarle toda la leche que hubiera quedado en sus conductos.

Ya recuperado, me hizo dar la vuelta para recostarme en su pecho. De nuevo sentí sus labios acariciando los míos y su lengua jugando con la mía. Era la primera vez que me recostaba a su pecho desnudo (de hecho era la primera vez que me recostaba al pecho desnudo de un hombre) y la sensación es mucho mejor de lo que siempre había soñado. Ese tupido bosque de vellos cubría casi completamente mi ojo, mientras mis dedos enroscaban una enorme cantidad de esos pelos que cada día había deseado.

- Gracias, Guille. Siempre te voy a amar...

El calló mi boca con sus dedos. Pude sentir el olor de mis intestinos.

- Aún, no... no me des las gracias todavía. Ahora me toca amarte a ti...

Dicho esto, se levantó y se colocó detrás de mí. Yo estaba boca abajo, así que pude deducir lo que iba a pasar. Mi emoción no podía ser más fuerte. Sentía cómo mi corazón se aceleraba cada vez más.

Yo me coloqué en cuatro para facilitar lo que venía. Se inclinó y volvió a besar mi ano, esta vez dando permiso inmediato para que me penetrara con su lengua. De reojo, pude ver que ya Guille tenía el pene con las mismas dimensiones que hacía unos instantes. Su virilidad y vitalidad no tiene límites, y eso me gusta.

Sentí como escupía su mano y se embadurnaba todo su pene de saliva; luego escupía mi culo, para hacer más fácil la operación de penetrarme. Delicadamente, Guille colocó su glande el en ojo de mi culo y comenzó a hacer presión. Sólo con un poco de esfuerzo esa enorme cabeza entró en mis entrañas, puesto que la dilatación de mi culo y las ansias que tenía por devorarme esa manguera facilitaron esa labor. Un suspiro se escapó de mi boca cuando su glande se abrió paso en mis entrañas.

- Guille, te amo.... - fueron las palabras que salieron de mi boca. Su respuesta fue una suave caricia de sus manos en mis nalgas y espalda. Estaba claro que él también estaba disfrutando de esa penetración, tanto o más que yo. No quería malgastar sus energías hablando, sólo quería actuar...

Lentamente cada centímetro de su palo fue entrando en mis intestinos. La sensación de su pene rugoso surcado de venas es infinitamente incomparable a cualquier otro instrumento que me hubiese introducido en toda la vida. Comencé a masturbarme para tratar de aliviar la mezcla de dolor y placer que Guille estaba brindándome por detrás. Ya a esta altura, Guille había soltado su dura manguera y dejaba que ella sola entrara hacia mi interior, y ocupó sus dos manos en acariciar mis nalgas y seguir estimulando la parte superior de mi esfínter, lo que me hacía vibrar mucho más.

En sólo un minuto, El pene de Guille estaba totalmente clavado en mi culo, y sus bolas descansaban en mi perineo, haciéndome unas cosquillas enormes con sus vellos, lo que me ponía más cachondo aún.

- ¿Estás listo, amor? - Me preguntó, a la vez que quitaba mi mano de mi pene y lo tomaba entre sus dedos. Tal placer no me permitió articular palabra, por lo que mi respuesta fue un movimiento de cabeza, dando consentimiento de que comenzaran los embates contra mi culo.

Sentí como mi recto se vaciaba del pedazo de carne que hacía pocos segundos alojaba. El placer que sentía era indescriptible, debido al vaciamiento de mi culo y a la masturbación que me estaba haciendo Guille, con esas manos dulces y expertas. Cuando creí que me recuperaba, mi culo se vio de nuevo invadido por esa manguera gigante, al tiempo que volvía a sentir sus bolas chocando con las mías, produciendo un morboso sonido húmedo y pegajoso, tal vez por nuestras salivas o por los jugos que salían de mi culo. Creí desmayarme del placer, puesto que dicha sensación no te la dan ni dedos ni ningún instrumento; sólo lo da el pene y el amor del hombre de tu vida.

Los embates aumentaron de intensidad, así como las sacudidas que Guille daba a mi pequeño pene. Esos pocos minutos que tenía penetrándome parecían horas. Estaba claro que ninguno de los dos estaba dispuesto a aguantar.

Súbitamente la respiración de Guille comenzó a aumentar, así como las embestidas. Gotas de su sudor caían en mi espalda, mientras el sonido pegajoso de sus testículos chocando con los míos se hizo más fuerte y frecuente. Un suspiro escapó de su boca, anunciándome nuevamente que vendría una nueva carga de semen, esta vez a ser vaciado en mis entrañas. Paralelamente, el efecto de la masturbación que Guille me estaba ofreciendo se presentó...

¿Cómo describirlo?. Es como morir por momentos, perdiendo facultad en todos los sentidos, para después recuperarla pero diez veces más intensa. El orgasmo que alcancé no ha tenido parangón en toda mi vida. Vacié todo el contenido de mis testículos en su mano, mientras me retorcía del placer y la felicidad. Algunos chorritos de semen cayeron en la sábana, mientras otros alcanzaron el piso.

Guille me embistió esta vez con todas sus energías, logrando meterme toda la longitud de su manguera en un instante. De pronto, sentí cómo su pene se dilataba en mi ano y su tamaño aumentaba. Enormes chorros de semen regaron mis entrañas. Sentí el calor de su leche en todo mi intestino; incluso, llegando a exagerar, el sabor de su leche llegó a mi boca, según sería la cantidad que vació en mi cuerpo. Creía que nunca iba a dejar de soltar semen. Guille se tiró encima de mi espalda y me acarició el rostro con la mano llena de mi semen. Me introdujo tres de sus dedos en mi boca y pude sentir el sabor de mi semen. Esta vez lo conseguí dulce y muy espeso, pienso que por la forma como lo obtuve. Mientras, sus labios no dejaban de acariciar mi espalda.

Guille permaneció un momento besando mi espalda y acariciando mi pene, restregando en mi pubis los restos de la eyaculación que había tenido instantes atrás. Luego de algunos momentos, salió de mí, se recostó en la cama y me llevó a su pecho, para darme un delicioso beso en la boca. Pude sentir el sabor de su sudor; por supuesto me encantó probar el sudor del hombre a quien amo, y más después de hacer el amor CONMIGO...

Me rodeó con sus fuertes brazos, tal vez protegiéndome de todo lo que se nos venía encima. Fue entonces cuando lloré... Lloré como un niño, y lo abracé lo más fuerte que pude. Los vellos de su pecho se humedecieron con mis lágrimas.

- Gordo, ¿qué pasa? ¿Por qué lloras?... ¿Te hice daño?...

- De... felicidad - Mis palabras estaban reacias a salir. Era una mezcla de felicidad, miedo, tristeza - De felicidad, porque es todo lo que he soñado en mucho tiempo... De miedo, porque no sé lo que pase de ahora en adelante... y de tristeza, porque sé que esto no se volverá a repetir, que tu vida seguirá muy lejos de la mía, y porque nunca dejaré de amarte, pase lo que pase... - Mis lágrimas volvieron a aparecer.

Guille tomó mi rostro y llevó sus labios a los míos. Con la mirada más dulce, hermosa y cálida del mundo, me miró a los ojos y pronunció estas palabras que nunca podré olvidar:

- ¿Y quién dijo que esto no se repetirá? ¿Quién ha dicho que no te amo, que no quiero vivir esto que yo también siento como tú? ¿Quién ha dicho que quiero hacer mi vida lejos de ti?... Gordo, amor, yo también te amo y quiero compartir de ahora en adelante toda mi vida contigo, se oponga quien se oponga y contra quien sea. Si tu me amas como yo a ti, nada hará que este amor se pierda en esta vida - Sus labios volvieron a besarme y sus manos limpiaron mis lágrimas.

La felicidad no cabía en mi alma... El hombre a quien amaba también me amaba a mi, y estaba dispuesto a luchar por nuestro amor. Afuera el mundo continuaba como antes; sólo había cambiado la vida para los dos... Al menos por ahora. Volví a recostarme en su pecho. Esta vez me quedé dormido sin soñar, pues ya estaba viviendo el sueño más hermoso de toda mi vida...

Luego de varios años, nuestra relación ha cambiado en algunas cosas: Guille se casó y tuvo una hermosa nena (de hecho soy su padrino). Aun así la esencia de nuestro amor no ha cambiado en nada: siempre nos amamos y nos amaremos. Tanto física como emocionalmente nadie podrá sustituir a ninguno de nosotros en esta hermosa relación que llevaremos hasta el fin de nuestras vidas.

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Si les gustó mi relato por favor notifíquenmelo escribiéndome a expertomamador@yahoo.com.mx (expertomamador@yahoo.com.mx) o a expertomamador@hotmail.com (expertomamador@hotmail.com). Me agradaría mucho si me envían fotos con sus penes erectos, que es lo que me vuelve loco de un hombre, sea como sea.

Experto Mamador

lasupershoshy
04-03 2006, 01:26 PM
Creo que es uno de los relatos mas bellos que he leido, aunque no entiendo porque guille se caso............casi nadie tiene la suerte de estar con el amor de su vida.........suerte

ambros85
29-02 2008, 05:41 PM
hola pues me encanto el relato, todo estuvo hermosisimo, llore y me excite como nunca................

pero, nooooooooooo!!!!!!! por que se caso? :mad: bueno espero que sean felices y ese pequeño detalle no afecte en nada su relacion, aunque es horrible compartir al hombre que amas con otra persona y mas si tienen un hijo, en fin, suerte a los dos!!!!!

muxos saludos!!!