Andersonhwh
24-09 2005, 03:32 PM
Cambie los nombres por razones personales.
Al entrar a la secundaria, me hice muy amigo de Ariel, blanco de cabello castaños oscuro, muy pícaro y muy travieso. Los dos quisimos “ocultar” nuestras preferencias y nos dábamos el lujo de comportarnos como machos, hablábamos de mujeres y de lo mucho que nos gustaba cogerlas. Hasta que un sábado, estando en una disco gay con Fernando que es otro gran amigo fui un momento al baño, al regresar él me dijo que quería presentarme a Joshua su ex pareja que ahora andaba con su nuevo novio, grande fue mi sorpresa al ver a Ariel tomado de la mano, ninguno de los dos pudo articular palabra, nos limitamos a estrecharnos la mano y seguir cada quien su camino.
El lunes en la escuela, no nos quedó remedio que vernos otra vez; ninguno tocó el tema, no hacía falta, lo éramos y ya. Pero no podíamos mirarnos a la cara. En la materia de Economía haríamos un trabajo en dúo, el destino nos unió, como era viernes y el reporte era para el lunes siguiente tendríamos que hacerlo en casa de alguno de los dos. Dijo que podríamos hacerlo cada uno por su parte y unir la información después; pero una cosa es que seas gay y otra que seas mal estudiante.
El sábado en la noche estaba en su cuarto. Nos limitábamos a tocar temas del trabajo, de pronto un carro se estacionó en las afueras de su casa, según el dijo no estarían sus padres. Pedí el baño prestado, al salir vi como un hombre guapo, blanco, con músculos desarrollados pero no exagerados y una barriga considerable le masajeaba obscenamente las nalgas. Ariel trataba a toda costa zafarse de ese grandullón, pero sus fuerzas eran insuficientes ante tal hombrezote hambriento de sexo. No le dio importancia al verme, lo soltó y le preguntó que si ese era su nuevo marido, él le dijo que sólo era un amigo. –De seguro ha de ser igual de marica que tú- le replicó. De todas maneras me vale, vas a ser mío esta noche, voy a aprovechar que tu padre no está, de seguro moriría al saber la clase de zorra que tiene por hijo.
No me haré de la boca chiquita, me gustan los hombres y los dos estaban apetecibles. Me acerqué a Ariel y le di un beso en la boca, al principio intentó separarse, pero ante mi insistencia me besaba con gran furia introduciendo su lengua en mi boca y pasando ríos de saliva espesa.
-Eso es… besa a esa puta. Apenas ve macho y se ofrece como una ramera- dijo Bruno, su tío. Se sentó en la cama a ver el espectáculo, se masajeaba las tetillas y sobaba su pene por encima de su pantalón. Ariel se separó de mi y fue a arrodillarse en su entrepierna, con movimientos hábiles pudo desabrochar ese pantalón y bajar esa truza hasta descubrir un enorme rabo algo curvo hacia la parte derecha, muy venoso, grueso y con la cabeza relativamente pequeña, cubierto por una montaña interminable de pelos toscos y largos, un verdadero falo de macho. Ariel ya tenía su técnica, porque más tarde sabría que años atrás mientras su tío estaba algo borracho y le había hecho una mamada, despertando con su pene en la boca de su inocente sobrino.
Yo estaba asustado viendo semejante falo, es cierto que habría mamado ya muchos, pero ninguno tan grande y tan saludable. Me sujetó rudamente las manos y me atrajo hacia su boca, nos besamos con pasión, su lengua hurgaba en mi cavidad bucal, me mordía la barbilla y me sobaba las nalgas, me senté a su lado y comencé a desabrocharle la camisa, lamiendo ese torso peludo y esa barriguita peluda que lo hacía más sexy. Instantes más tarde estaba topando con los labios de Ariel en la verga de su tío, el mamaba el tronco y yo la cabeza, succionando como cuando tomas un refresco en un popote, ya estaba llena de saliva, salían jugos espesos los cuales tomaba con mis dedos y los juntaba maravillándome como se formaba un hilo de líquido preseminal.
Bruno, aplastó mi cabeza haciéndome entender que debería estar chupándosela en vez de estar mirando. Pero ya Ariel la tenía toda enterrada en su boca, me quedé viendo como el lo masturbaba al mismo tiempo que se la comía, me hizo guiños con los ojos y la sacó y la guió hasta mi boca, la tragué golosamente mientras el reía y se dedicaba a lamerle los muslos de su entrepierna. Su tío estaba fuera de si, nos jalaba los cabellos y chocaba nuestras cabezas, era mucho sexo, mucha testosterona junta, mucho pelo de macho.
Me tomó nuevamente y me hizo pararme, desabrochó mi pantalón y me lo bajó, mi pene ya estaba erecto, lo tomó y comenzó a chuparlo, con una bestialidad increíble, succionaba y no se como se lo tragaba todo y podía bajar y subir con gran facilidad. Ariel se acercó con su pene ya recto también y se lo engulló, mientras nos besábamos.
¡Muy macho su tío y no sabía que verga comerse!
Nos hizo poner en cuatro con los culos al aire, introducía sus dedos en nuestros orificios y preguntaba quien quería ser el primero en ser follado. Luego comenzó a lamernos, nunca antes me lo habían hecho con tanto gusto. Mientras me lamía yo besaba a Ariel o viceversa.
Fue por un lubricante y condones, a su regreso ya Ariel tenia mi verga en su boca y yo la de él en un fabuloso 69, como él estaba arriba con su culo al aire, fue el primero al que se cogieron, gritó de dolor al sentir 18 cms. de carne humana dentro de si. Se movía lentamente, se lo metía con furia y se lo sacaba. Ariel solo gemía y me mordía de vez en cuando la verga. Logré safarme y me puse de espaldas de su tío, para lamerle ese apetitoso culo, lamiéndole esos huevos gordos y peludos.
-¡Con que quieres mi culo, eh?, primero tendrás que ser follado por mi herramienta- me dijo. Pues no hay problema le contesté y le ofrecí mi culo con sumisión, sacó su verga de su sobrino y le cambió le condón, lo lubricó y me la enterró sin previo aviso, olvidaba lo grueso que estaba y lo potente que sería. Vi las estrellas, no había recibido una así en la vida, Ariel me ofrecía la verga y yo la chupaba.
-¡Eres igual de zorra que tu amigo!- me dijo y contrario a lo que creí meneaba más rico las nalgas pues el dolor era ahora sólo placer puro. Le lamía los huevos a mi amigo, me los tragaba, estaba como perro en celo, sólo quería verga y más verga en ese momento. Pero Bruno me cogía con mucha furia, se movía mucho y por más dolía, porque seamos sinceros meterse algo así no es como chuparse un dedo.
Se salía a cada rato su verga de mi, en una de esas me safé y busqué su culo de Ariel y pude comprobar lo apretadito que es, gemía como si lo fueran a matar, sentí nuevamente como me ensartaban de nuevo, era un fantástico trenecito. Su tío iba a correrse, se salió y se quitó el condón, sólo se escuchaba sus sonidos guturales al masturbarse, la leche corrió como fuente y los dos nos juntamos como perros tras su amo y fuimos salpicados por espesos chorros, cayeron en nuestras caras y al mirarnos Ariel y yo nos reímos y nos besamos embarrándonos su semen.
Bruno sólo reía viéndonos así. Le dijo a su sobrino, vamos fóllatelo. Esa noche me senté en su verga como mil veces y bebí leche de los dos machos. Nos besamos hasta cansarnos, mamé vergas hasta que se me llagó la boca, hasta que el sabor a semen casi me hace vomitar. Disfrute enormemente como chocaban sus pelotan en mi culo y en mis narices, desde ese día me gustaron más los hombres.
Algunas veces después seguimos cogiendo. Hasta que conocí a Rodrigo, quien me hizo conocer el verdadero amor y la libertad de no saber del que dirán.
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andersonhwh@gmail.com
andersonhwh@hotmail.com
Al entrar a la secundaria, me hice muy amigo de Ariel, blanco de cabello castaños oscuro, muy pícaro y muy travieso. Los dos quisimos “ocultar” nuestras preferencias y nos dábamos el lujo de comportarnos como machos, hablábamos de mujeres y de lo mucho que nos gustaba cogerlas. Hasta que un sábado, estando en una disco gay con Fernando que es otro gran amigo fui un momento al baño, al regresar él me dijo que quería presentarme a Joshua su ex pareja que ahora andaba con su nuevo novio, grande fue mi sorpresa al ver a Ariel tomado de la mano, ninguno de los dos pudo articular palabra, nos limitamos a estrecharnos la mano y seguir cada quien su camino.
El lunes en la escuela, no nos quedó remedio que vernos otra vez; ninguno tocó el tema, no hacía falta, lo éramos y ya. Pero no podíamos mirarnos a la cara. En la materia de Economía haríamos un trabajo en dúo, el destino nos unió, como era viernes y el reporte era para el lunes siguiente tendríamos que hacerlo en casa de alguno de los dos. Dijo que podríamos hacerlo cada uno por su parte y unir la información después; pero una cosa es que seas gay y otra que seas mal estudiante.
El sábado en la noche estaba en su cuarto. Nos limitábamos a tocar temas del trabajo, de pronto un carro se estacionó en las afueras de su casa, según el dijo no estarían sus padres. Pedí el baño prestado, al salir vi como un hombre guapo, blanco, con músculos desarrollados pero no exagerados y una barriga considerable le masajeaba obscenamente las nalgas. Ariel trataba a toda costa zafarse de ese grandullón, pero sus fuerzas eran insuficientes ante tal hombrezote hambriento de sexo. No le dio importancia al verme, lo soltó y le preguntó que si ese era su nuevo marido, él le dijo que sólo era un amigo. –De seguro ha de ser igual de marica que tú- le replicó. De todas maneras me vale, vas a ser mío esta noche, voy a aprovechar que tu padre no está, de seguro moriría al saber la clase de zorra que tiene por hijo.
No me haré de la boca chiquita, me gustan los hombres y los dos estaban apetecibles. Me acerqué a Ariel y le di un beso en la boca, al principio intentó separarse, pero ante mi insistencia me besaba con gran furia introduciendo su lengua en mi boca y pasando ríos de saliva espesa.
-Eso es… besa a esa puta. Apenas ve macho y se ofrece como una ramera- dijo Bruno, su tío. Se sentó en la cama a ver el espectáculo, se masajeaba las tetillas y sobaba su pene por encima de su pantalón. Ariel se separó de mi y fue a arrodillarse en su entrepierna, con movimientos hábiles pudo desabrochar ese pantalón y bajar esa truza hasta descubrir un enorme rabo algo curvo hacia la parte derecha, muy venoso, grueso y con la cabeza relativamente pequeña, cubierto por una montaña interminable de pelos toscos y largos, un verdadero falo de macho. Ariel ya tenía su técnica, porque más tarde sabría que años atrás mientras su tío estaba algo borracho y le había hecho una mamada, despertando con su pene en la boca de su inocente sobrino.
Yo estaba asustado viendo semejante falo, es cierto que habría mamado ya muchos, pero ninguno tan grande y tan saludable. Me sujetó rudamente las manos y me atrajo hacia su boca, nos besamos con pasión, su lengua hurgaba en mi cavidad bucal, me mordía la barbilla y me sobaba las nalgas, me senté a su lado y comencé a desabrocharle la camisa, lamiendo ese torso peludo y esa barriguita peluda que lo hacía más sexy. Instantes más tarde estaba topando con los labios de Ariel en la verga de su tío, el mamaba el tronco y yo la cabeza, succionando como cuando tomas un refresco en un popote, ya estaba llena de saliva, salían jugos espesos los cuales tomaba con mis dedos y los juntaba maravillándome como se formaba un hilo de líquido preseminal.
Bruno, aplastó mi cabeza haciéndome entender que debería estar chupándosela en vez de estar mirando. Pero ya Ariel la tenía toda enterrada en su boca, me quedé viendo como el lo masturbaba al mismo tiempo que se la comía, me hizo guiños con los ojos y la sacó y la guió hasta mi boca, la tragué golosamente mientras el reía y se dedicaba a lamerle los muslos de su entrepierna. Su tío estaba fuera de si, nos jalaba los cabellos y chocaba nuestras cabezas, era mucho sexo, mucha testosterona junta, mucho pelo de macho.
Me tomó nuevamente y me hizo pararme, desabrochó mi pantalón y me lo bajó, mi pene ya estaba erecto, lo tomó y comenzó a chuparlo, con una bestialidad increíble, succionaba y no se como se lo tragaba todo y podía bajar y subir con gran facilidad. Ariel se acercó con su pene ya recto también y se lo engulló, mientras nos besábamos.
¡Muy macho su tío y no sabía que verga comerse!
Nos hizo poner en cuatro con los culos al aire, introducía sus dedos en nuestros orificios y preguntaba quien quería ser el primero en ser follado. Luego comenzó a lamernos, nunca antes me lo habían hecho con tanto gusto. Mientras me lamía yo besaba a Ariel o viceversa.
Fue por un lubricante y condones, a su regreso ya Ariel tenia mi verga en su boca y yo la de él en un fabuloso 69, como él estaba arriba con su culo al aire, fue el primero al que se cogieron, gritó de dolor al sentir 18 cms. de carne humana dentro de si. Se movía lentamente, se lo metía con furia y se lo sacaba. Ariel solo gemía y me mordía de vez en cuando la verga. Logré safarme y me puse de espaldas de su tío, para lamerle ese apetitoso culo, lamiéndole esos huevos gordos y peludos.
-¡Con que quieres mi culo, eh?, primero tendrás que ser follado por mi herramienta- me dijo. Pues no hay problema le contesté y le ofrecí mi culo con sumisión, sacó su verga de su sobrino y le cambió le condón, lo lubricó y me la enterró sin previo aviso, olvidaba lo grueso que estaba y lo potente que sería. Vi las estrellas, no había recibido una así en la vida, Ariel me ofrecía la verga y yo la chupaba.
-¡Eres igual de zorra que tu amigo!- me dijo y contrario a lo que creí meneaba más rico las nalgas pues el dolor era ahora sólo placer puro. Le lamía los huevos a mi amigo, me los tragaba, estaba como perro en celo, sólo quería verga y más verga en ese momento. Pero Bruno me cogía con mucha furia, se movía mucho y por más dolía, porque seamos sinceros meterse algo así no es como chuparse un dedo.
Se salía a cada rato su verga de mi, en una de esas me safé y busqué su culo de Ariel y pude comprobar lo apretadito que es, gemía como si lo fueran a matar, sentí nuevamente como me ensartaban de nuevo, era un fantástico trenecito. Su tío iba a correrse, se salió y se quitó el condón, sólo se escuchaba sus sonidos guturales al masturbarse, la leche corrió como fuente y los dos nos juntamos como perros tras su amo y fuimos salpicados por espesos chorros, cayeron en nuestras caras y al mirarnos Ariel y yo nos reímos y nos besamos embarrándonos su semen.
Bruno sólo reía viéndonos así. Le dijo a su sobrino, vamos fóllatelo. Esa noche me senté en su verga como mil veces y bebí leche de los dos machos. Nos besamos hasta cansarnos, mamé vergas hasta que se me llagó la boca, hasta que el sabor a semen casi me hace vomitar. Disfrute enormemente como chocaban sus pelotan en mi culo y en mis narices, desde ese día me gustaron más los hombres.
Algunas veces después seguimos cogiendo. Hasta que conocí a Rodrigo, quien me hizo conocer el verdadero amor y la libertad de no saber del que dirán.
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