andresgarcia
30-08 2005, 08:23 AM
Me casé hace dos años. Yo tenía treinta años y mi novia casi 12 menos. No hubo oposición de mi suegra, de apenas 40, especialmente cuando supo que la nena no estaba embarazada y me trató enseguida como un hijo. Era viuda y nos dejó toda la planta alta de la casa. Tenía un negocio de venta de ropa para damas y no estaba en casa casi nunca. Mi mujer seguía en la facultad y todos nos llevábamos muy bien. Cuando podíamos, comíamos todos juntos y la verdad es que recibía atenciones de las dos mujeres.
Todo cambió un día que me quedé un rato más en la cama porque tuve que trabajar de noche. A media mañana me levanté, fui a ducharme y me di cuenta de que no había agua en la planta alta. Convencido de que estaba solo en la casa, me puse un toallón en la cintura y bajé al baño principal, que por lo general sólo usaba mi suegra.
Dejé la toalla en el antebaño y entre desnudo y tranquilo. Sólo para encontrarme con mi suegra que venía saliendo de la ducha, chorreando agua. Mi turbación no impidió que la mirara completamente. Pechos grandes y bien formados, con pezones oscuros y puntas duras. Caderas amplias y una entrepierna cubierta de vello oscuro que el agua había dividido en dos, dejando ver el rosado interior. Con vergüenza subí la mirada y me di cuenta de que ella también me estaba examinando.
-La nena tiene suerte-, dijo
Me disculpé y ella sonrió, diciendo que no había problema. Pero si había. El agua del baño no impidió que siguiera pensando en ese cuerpo y para cuando cerré la canilla, tenía una erección de aquellas. Corrí la mampara empañada y casi caigo de espaldas. Allí estaba mi suegra con apenas un culotte de seda negra y los pechos al aire.
-Te ayudo a secarte, dijo sonriendo. Y tomó la toalla y comenzó a secarme el pecho y la espalda, encerrándome en sus brazos y abriendo toda la boca para besarme. La lengua se pasó por todos lados y cuando quise reaccionar, ya estaba bajando por mi pecho. Me tomó la pija con delicadeza y se la metió en la boca completamente, mientras sus manos se juntaban en mis nalgas y comenzaban a rozarme el agujerito del culo. Atiné a agarrarle la cabeza e iniciar un movimiento de vaivén, pero no hacía falta. Estaba haciendo un trabajo maravilloso.
Sentí que estaba apunto de acabar y quise sacarla pero no me dejó. Se la metió tan adentro que el semen pasó derecho a su garganta. Solo los últimos y débiles chorritos quedaron en su boca. Me di cuenta cuando comenzó besarme de nuevo y sentí el sabor en mi lengua. Me sentí en deuda y quise pasar la lengua por su sexo. No me dejó.
-Estoy menstruando. (eso no me hubiera detenido) Ya tendremos tiempo. Reservá fuerzas. Siempre escucho tus polvos con mi hija y tengo que resolverlo con el dedo.
Pero creo que podemos hacer algo mejor, en un par de días.
Pero eso, es otra historia.
Todo cambió un día que me quedé un rato más en la cama porque tuve que trabajar de noche. A media mañana me levanté, fui a ducharme y me di cuenta de que no había agua en la planta alta. Convencido de que estaba solo en la casa, me puse un toallón en la cintura y bajé al baño principal, que por lo general sólo usaba mi suegra.
Dejé la toalla en el antebaño y entre desnudo y tranquilo. Sólo para encontrarme con mi suegra que venía saliendo de la ducha, chorreando agua. Mi turbación no impidió que la mirara completamente. Pechos grandes y bien formados, con pezones oscuros y puntas duras. Caderas amplias y una entrepierna cubierta de vello oscuro que el agua había dividido en dos, dejando ver el rosado interior. Con vergüenza subí la mirada y me di cuenta de que ella también me estaba examinando.
-La nena tiene suerte-, dijo
Me disculpé y ella sonrió, diciendo que no había problema. Pero si había. El agua del baño no impidió que siguiera pensando en ese cuerpo y para cuando cerré la canilla, tenía una erección de aquellas. Corrí la mampara empañada y casi caigo de espaldas. Allí estaba mi suegra con apenas un culotte de seda negra y los pechos al aire.
-Te ayudo a secarte, dijo sonriendo. Y tomó la toalla y comenzó a secarme el pecho y la espalda, encerrándome en sus brazos y abriendo toda la boca para besarme. La lengua se pasó por todos lados y cuando quise reaccionar, ya estaba bajando por mi pecho. Me tomó la pija con delicadeza y se la metió en la boca completamente, mientras sus manos se juntaban en mis nalgas y comenzaban a rozarme el agujerito del culo. Atiné a agarrarle la cabeza e iniciar un movimiento de vaivén, pero no hacía falta. Estaba haciendo un trabajo maravilloso.
Sentí que estaba apunto de acabar y quise sacarla pero no me dejó. Se la metió tan adentro que el semen pasó derecho a su garganta. Solo los últimos y débiles chorritos quedaron en su boca. Me di cuenta cuando comenzó besarme de nuevo y sentí el sabor en mi lengua. Me sentí en deuda y quise pasar la lengua por su sexo. No me dejó.
-Estoy menstruando. (eso no me hubiera detenido) Ya tendremos tiempo. Reservá fuerzas. Siempre escucho tus polvos con mi hija y tengo que resolverlo con el dedo.
Pero creo que podemos hacer algo mejor, en un par de días.
Pero eso, es otra historia.