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View Full Version : Enfermera


angelito007
23-08 2005, 07:26 PM
Me llamo Alizia Sánchez y me dispongo a contarles mis peripecias por la Residencia de ancianos “La Constancia”. Su nombre es muy peculiar, ya que parece que quiere alargar la vida de aquellos que se alojan en ella. Será una técnica de marketing, supongo, porque cuanto más tiempo estén estos ancianitos en la residencia más tiempo estarán pagando sus familias nuestros cuidados. La verdad que nuestro servicio es muy completo y con comodidad de horarios y manías, con actividades múltiples..... bueno ahora mismo muchos os estaréis pensando que soy una depravada; con ancianitos. No quería insinuar nada de esto pero veo que es a donde parece que lleva el tema. Yo soy enfermera de esta residencia y punto. Me dedico a ser una profesional; enfermera profesional ( por si hace falta detallar para las mentes más pervertidas).

En la residencia, que no es muy grande, albergamos a unos 200 o 250 ancianos y ancianas. En esta temporada tenemos mayor afluencia de ancianos ( sobre un 80 % de la capacidad total está ocupada por ellos). Por todo ello la directora de la residencia ha decidido contratar a unos enfermeros más porque nosotras –me refiero a nosotras, las enfermeras, porque somos la mayoría mujeres aquí-, no podemos con los ancianos más pesados y para ciertos temas algunos se sienten incómodos con nosotras. Ya sabéis que tiene una mentalidad más antigüilla.

Dentro de estos nuevos enfermeros tengo que citar dos de ellos: Ernesto y Fernando, o Néstor y Nando, como a ellos les gusta que les llamen. Ambos son morenos, el primero con el pelo corto y el otro con media melena y más claro. Néstor tienes los ojos azules muy claros y Fernando verdes muy nítidos, de hecho fue lo primero que me llamó la atención de él, antes que su físico. Néstor es un poco más alto que Nando pero los dos superan la media española de altura en varones. Nando está más fuerte que Néstor y es más guapo, aunque esas pocas canas en la barba de varios días que lleva Néstor me provocan mucho morbo. Obviamente Néstor es algo mayor que Nando y ambos mayor que yo.

Yo, como ya os he dicho, me llamo Alizia. Soy rubia, de melena larga, con ojos azulitos. De tipito no estoy mal, aunque sí me sobran una par de kilos en las cartucheras, pero mira, no todas estamos tan buenas como las actrices, modelos (que algunas parecen sílfides), o esas típicas mujeres de relatos eróticos de increíble pecho, culo y fogosidad desenfrenada. Bueno realmente eso sí lo tengo; y también lo del pecho. Supongo que lo único que me falla es el culo, pero nadie es perfecto. Bueno sí, mi amiga Elsa. Es preciosa, pelo rubio corto (al más puro estilo Meg Ryan) y de proporciones perfectas. Ella también es enfermera en la residencia y somos compañeras de piso. Ambas sin novio estable y siempre desinhibidas por las noches. Supongo que lo que más nos corta el royo a ambas es el estar en la residencia porque aunque nos gustan los tíos más que a un tonto un lápiz, los mayores de cierta edad ya no nos ponen nada.

En realidad de la propia residencia podría contaros relatos enteros de viejos verdes pajeadores que tenemos o de noviazgos fugaces y otros apasionadísimos de parejas de afables ancianitos que se juntan y que al caer la noche pierden unos 40 años y se los suman a su fogosidad... aunque no todos pueden. Recuerdo un grupo de ancianos de la 2ª planta que eran muy amigos entre sí y de nosotras y estaban locamente prendados de Elsa y de mí. Llegaron a hacer hasta un club de fans. Que tiernos; es una pena que ya sólo queden dos de los doce que lo formaron, por causas obvias del transcurso de la vida. Pero sin divagar más del tema os ocurriré las “peripecias” de las que al principio os hablaba.

Hace cosa de un mes llegaron los nuevos enfermeros. Entre nosotras se creó un poco de revuelo pues no solía haber muchos hombres enfermeros y menos de este calibre que habían llegado. Fueron cuatro, pero como ya os he citado sólo me pude fijar en dos. O mejor dicho sólo nos pudimos fijar, porque mi amiga Elsa también está en el paquete de mis peripecias.

Desde un principio establecimos una buena relación de amistad con ellos, marchándonos a comer juntos los cuatro de vez en cuando, quedándonos hasta el final para recoger y ultimar cosas. A las tres semanas o así quedamos para salir por la noche. Elsa y yo ya habíamos hablado mucho de ellos y a ninguna de las dos nos importaba con cual quedarnos, la cosa era conseguir a uno de los dos. La tarde noche transcurrió arreglándonos Elsa y yo. Ella llevaba un vestido rojo ceñido con forma de palabra de honor y minifalda con un corte despuntado o como cortada a trasquilones. Yo en cambio llevaba un conjunto negro: minifalda negra con volantes y de arriba una especie de camiseta atada al cuello con la espalada al aire y con cremallera en el escote. Yo siempre la bajaba un poco para insinuar pues si tengo una buena delantera lo propio es fardar de ella. Para acabar ambas nos pusimos una chaqueta encima igual pero de distinto color, la suya negra y la mía blanca. Esta iba bien ceñida y apretada. Realmente estábamos divinas.

Quedamos en la puerta de un café donde estuvimos charlando un rato. El más locuaz era Nando pero las gracias de Néstor eran muy cómicas. Este fue el primer asalto donde vimos su agilidad verbal y su picardía. De vez en cuando íbamos Elsa y yo al baño para habar sobre como iba el tema y parecía que las dos estábamos disfrutando en grande de tal grata compañía. Al salir por segunda vez ellos estaban de pie con nuestras chaquetas y con la cuenta pagada. Nos dijeron que tenían reservado una mesa en un restaurante japonés. Fue otra grata sorpresa.

El restaurante era bastante peculiar, sobre todo porque sobre las mismas mesas te hacían la comida. Vuelta y vuelta en la plancha con una demostración se psicomotricidad fina de los chef del restaurante. Todo fue delicioso menos el vino, aunque no quiere decir que por ello no bebiéramos. Fue una cena muy distendida en la que se empezaban a intuir miradas entre los chicos y con nosotras. En un momento de la cena a Nando se le cayó un trozo de alga sobre mi rodilla y al coger la comida me acarició la pierna sutilmente. Yo aproveché para lanzarle una mirada furtiva de complicidad que él me demostró recibida con una sonrisa. A partir de ahora estábamos en la misma frecuencia.

Volvimos a ir al baño y Elsa me contó que esa noche quería acabar con Nando. Yo no puse objeción pues al fin y al cabo Néstor también me gustaba y a partir de ahora era mi rato de estar con él, pero me rondaba aún así la idea de estar con Fernando. Todo se andaría. Al salir los chicos habían pagado de nuevo la cena cosa que les recriminamos y nos dijeron que ahora nos tocaba elegir a nosotras a donde íbamos. Por supuesto elegimos un sitio animado y oscuro. No tardamos mucho pues cogimos un taxi, que esta vez pagamos Elsa y yo, y entremos tras hacer cinco minutos cola.

Era realmente un antro oscuro, pero era lo que queríamos. La música tenía de todo, desde el reggeton ese que sólo sirve para “rozar la cebolleta” a los tíos ya las tías parecer “perras hambrientas” hasta música más discotequera. Dejamos nuestras chaquetas en el guardarropas. Nos sablearon por ello pero no estábamos por la labor de cargar con ellas en la discoteca cuando las manos y los brazos tiene que estar ocupadas en otros asuntos. Las copas empezaron a volar. Coincidió que Néstor y yo tomábamos lo mismo y Elsa y Nando también iban a la par. A partir de las tercera, sumando el vino y las cañas del café, el alcohol estaba haciendo su mágico efecto de cupido. Los cuerpos empezaban a pegarse más y más.

El calor de la discoteca, de tan sólo un aforo máximo de 75 personas aunque alberga en total unas 250, empezaba a provocar que nuestros cuerpos estuvieran empapados de sudor. Sudor que mezclábamos constantemente al bailar pegados. Los focos hacían de todo menos alumbrar y en un de estos bailes Néstor que tenía mi mano en la cintura la cambió de lugar. Ahora era mi culo donde se encaramó. Yo no me quedé corta y puse mis brazos sobre sus hombros, acercándonos ostensiblemente, y sobre todo como había planeado marcar más el escote de mi vestido. La cremallera en esa posición cedió un poco y dejaba ver en parte mi sujetador pero sólo a aquel que se situara en la posición correcta, la de Néstor.

En unos de nuestros movimientos el pasó su cara rozando mi boca, pero no era esta la que él buscaba, sino mi oreja. Se acercó y me susurro al oido un aire caliente que me hizo estremecer. Su lengua pasó ligeramente por mi lóbulo y se apartó para mirarme a la cara. Sus ojos azules tenían esa expresión que tiene los hombres cuando saben que te desean y te les deseas a ellos. Esa mirada que dice a gritos “bésame”. No me demoré en ello y de una sola estocada clavé mi lengua en su boca. Nuestros líquidos se mezclaron rápida mente y una de mis manos pasó de estar en su cuello para también bajar a su culo para catarlo. Esta muy duro, no como el mío.

La mano que había bajado facilitó un nuevo movimiento suyo. Su mano subió por mi espalda y buscó la cremallera de antes. Al buscarla la apretó contra mí he hizo que el metal más frío que yo en esos momentos me pusiera los pezones durísimos. Tiró de ella y me la bajó por debajo del pecho. La gran penumbra que había y el ángulo en el que nos situábamos hacía invisible esta maniobra para el resto de las personas de la sala. Sus manos empezaron a sobar mis grades pechos sobre el sujetador fino que me había puesto. Utilizaba muy bien las manos, supongo que de dar masajes, siendo no rudo pero si consistente.

Mi calor se aceleraba por momentos, ya no sabía si más por la sala o por los gráciles movimientos que me estaba propinando. Era constante, fluido y muy amable. Buscaba mi placer, lo notaba. Por ello debía agradecérselo y mi mano fue directamente a su paquete. Estaba inhiesta. Era normal, mi legua había recorrido toda su boca, cuello y orejas. Sus manos seguían con el masaje ya que parecía que le gustaban mucho mis tetas y las mías le propinaban un gran placer en su aparente larga verga. Sus manos habían ahondado en mis recovecos y ahora sólo quedaba algo en el tintero.

-Vayámonos de aquí. Quiero follarte Néstor.
-Yo desde que te vi no pienso en otra cosa.

Salimos rápidamente de la discoteca sin reparar en los otros dos. Se me habían borrado de la cabeza. Mi casa estaba lejos y la suya aún más. Lo más cercano era la residencia y como yo tenía llaves no me lo pensé ni un momento. Además allí hay camas de sobra y los viejecitos no es que tengan un sueño muy ligero. Lo agarré de la mano y de un tirón salimos casi corriendo hacia la residencia. Él se dio cuenta hacia donde íbamos y me dijo que era muy mala. Eso me gustó. Prometía ser apasionante la velada de sexo que nos esperaba.

La verja estaba abierta pero en vez de reparar en ello me alegré por la fortuna que había tenido, no perdería tiempo de besar a Néstor en abrir la puerta. Nos íbamos chocando contra todas las paredes mientras nos besábamos. Nuestros cuerpos empezaban a zozobrar y a buscarse mutuamente. Nuestras caderas se soldaban junto con nuestras bocas. El intercambio de saliva se había quedado corto. Necesita más de él.

Abrí el cuarto de personal donde teníamos toda nuestra indumentaria y material. Era una sala bastante grande donde teníamos un par de sofás, un cuarto para cambiarnos de ropa, un cuarto de baño con ducha y lavabo, una cafetera y un bidón de agua. La decisión fue unánime y nos dirigimos al sofá. Yo caí rendida boca arriba. Néstor se quitó la camiseta de golpe marcándosele todos los pectorales, estaba increíblemente bueno y esa barba de unos días me estaba volviendo loca. Sus pequeños pelos se me clavaban creando un efecto de acupuntura sexual, es decir, una sexupuntura. Con su boca cogió la cremallera y la bajó del todo. Mientras tanto una de sus manos rebuscaban por debajo de mi falda, tocando mi tanga negro muy fino. Sus manos eran algo ásperas pero grandes y sólo de pensar que uno de esos dedos (o varios) entraría en mí me ponía a cien.

Mi camisa desapareció del todo. La falda empezaba a subírseme por encima del ombligo. Mis piernas estaban abierta de par en par esperando que aterrizara su lengua entre ellas. Las luces de dirección estaban puestas: la humedad de mi sexo. Con una mano me apartó el tanga e introdujo su lengua en mi coño totalmente inundado. Yo no era capaz de apartar las manos de su cuello empujándole contra mí. Todo empezaba a ser más y más excitante. Su otra mano me alcanzaba las tetas, magreándolas bien. Yo le hice un favor y me quité mi sujetador dejándole vía libre. El al darse cuenta levantó los ojos de mi raja y me miró por encima de mi monte de venus rasurado. Me sonrió y de un golpe se abalanzo sobre mi sexo de nuevo. Mi calentura era ardiente.

No podía aguantar más y me corrí, me gemido fue en parte ahogado por ser el primero pero me prometí que los siguientes se los haría saber de otra manera. Le cogí del cuello y lo levanté. Le bajé la cremallera y le saqué su larga poya del pantalón. Estaba empalmada y era muy bonita y larga. No podía quedar mal, como no había quedado él, y del tirón me la metí en la boca. Me vino una arcada pero pensé en mi orgasmo anterior y la arcada se volvió un escalofrío de placer. Mis lametones le hacían mirar al techo. No dejaba de decirme cosas preciosas y obscenas, y aunque no me suele gustar, esta vez me estaban volviendo una verdadera posesa del sexo. Mis manos le pajeaban la verga y los huevos. En su cara se podía ver el placer.

-¡Oh!, sí, nena. Me estas haciendo ver las estrellas, putita
-Pues aún te queda lo mejor cabrón.

Del tirón me levanté pegando un salto, le rodeé con mis piernas y brazos. Él entendió lo que quería hacer en ese momento. De lo dura que la tenía y lo mojada que estaba, al caer del salto, me la clavó toda. Fue una sensación increíble. Mi fuego interno recibió una descarga de agua pero que al instante se convirtió en gasolina que avivó mi fuego. Empezamos a follar así, de pie. Tenía suficiente fuerza para permitírselo durante un rato pero debido a mi peso no le quise cansar demasiado y me bajé. Me apoyé sobre el sofá de espaldas a él y le dije que me follara como a una perra.

No tardó en reaccionar y en ponerse a darme caña. Sus movimientos fueron volviéndose más rápidos y cada vez podía contener menos mi agitación. Estaba recibiendo una sesión de sexo de primera. No era nada malo, ni arrítmico ni mucho menos poco caliente. Yo me ayudaba masturbándome a la par. Me rozaba el clítoris constantemente consiguiendo un punto de casi clímax constante... como la residencia. De vez en cuando el me soltaba un azote pero yo me sentía como una puta, una perra para él y eso me encantaba. Cada vez le miraba con unos ojos más lascivos. Quería más y el me daba más.

Me pidió que me girara. Me cogió de las piernas, me las juntó y me las levantó. Mi coño se marcaba completamente. Él aprovechó esta postura para follarme aún más duro aunque la postura de por sí ofrecía un gran roce. De la primera estocada profunda que me dio me dejo casi sin sentido. Empecé a gemir en alto y a decir lo que lo deseaba. Esa postura era una bomba para mí y tras unos cuantos empujones fuertes me fui. Me veía acabar, me veía impotente ante él. Estaba siendo superior a mí en el sexo. Era increíble.
Los gemidos míos empezaron a ser bastante audibles y su respiración se volvía por segundos más fuerte y entrecortada. Me agarré a su cuello y el imprimió mucha velocidad. Había metido sexta y hasta acabar la carrera no iba a parar. Empecé a gritar como absoluta loca a la par que le pedía más y más duro. Él se esforzaba pero se le veía casi al tope. Veía que se iba a en uno de sus envites profundos por lo que se esforzó al máximo dándome aun más placer si cabe.

Me llenó de leche cuando solté un gemido de gran placer al correrme por tercera vez. Me llenó por dentro. Debió vaciarse casi por completo. Se le veía cansado, exhausto de un gran esfuerzo y la verdad no era para menos. Cayó sobre mí cuando abrí de nuevo las piernas y nos fundimos en un gran beso lleno de saliva y placer del orgasmo parejo que habíamos producido. En ese momento escuchamos un gran grito.

Procedía del cuarto donde estábamos pero en concreto del baño. Levantamos la mirada. La puerta a el baño estaba entornada y no cerraba como debiera. Ambos desnudos, y además yo abrazada a él, nos acercamos a la puerta. Por la ranura se veía el reflejo de la luz del tocador que había sobre el lavabo. No nos habíamos percatado de la luz debido, lo más seguro, al alcohol y a las ganas de sexo que ambos teníamos. No sabíamos qué o quién estaría detras.

Miramos y........................

TO BE CONTINUED

estes es mi msm angeli_ruben_007@hotmail.com, solo mujeres
bye

Tacho
25-08 2005, 06:28 PM
por que aparecen dos veces los relatos en diferentes categorias?????

sexynight
25-08 2005, 07:36 PM
es cierto... ademas aqui esta incompleto.... ????? que sera lo que paso?????

escorpionsex69
25-08 2005, 08:31 PM
Te saludo yte felito por tu aportacion, besos

mackybaloo
02-07 2008, 05:47 PM
que buena historia espero la 2da parte, y no olvides decirnos de tu amiga