rodriguezalexandr
14-08 2005, 12:15 PM
Tenía cerca de un año en ese trabajo. Había llegado a él gracias a la intervención de mi jefe, Américo, quien había estudiado en la escuela donde mi madre era profesora y sabía que su profesión era la misma que la mía. Américo era casado con dos hijas; de estatura mediana, bebedor de cerveza y whisky por lo que presentaba una panza algo pronunciada, además de ser un gran consumidor de carne de res y cerdo.
En una oportunidad, organizó un viaje hacia el interior del país junto con otros compañeros de profesión y tomamos un minibús hacia nuestro destino, unas fincas privadas de las cuales otro amigo nuestro, Genaro, era socio y administrador temporal. Los demás compañeros, Juan Carlos, Justo, Jacinto y Domingo fueron acompañados por despampanantes mujeres, algunas sus novias, otras, chicas fáciles listas para complacerlos en todos sus deseos. Solo Américo y yo estábamos sin pareja.
Salimos cerca del mediodía así que durante el trayecto fuimos cerveza y comiendo carne de pollo con plátanos fritos. Los hombres íbamos vestidos con unos jeans y camisetas. Las novias de Justo y Domingo, una, escultural morena de ojos oscuros, grandes senos, cintura de avispa y culito respingón, provocador y sensual; la otra, rubia de ojos verdes, alta y blanca también dotada de gruesas nalgas, tetas pequeñas pero muy paradas, iban algo recatadas en su vestuario, con jeans largos, aunque apretados y camisas largas.
Las putas que acompañaban a Juan Carlos y Jacinto, en cambio, estaban muy provocativas. La primera tenía un pantaloncito súper corto, blanco, que dejaba ver unas tangas rojas que se le metían por su extraordinario culo, grande y carnoso y una blusita amarrada delante de sus tetas, tan grandes que por poco rompen la vestimenta que los cubría dejando a la vista su plano vientre y su hondo ombligo. La segunda, vestía una apretada minifalda, casi al ras de los glúteos, sin ropa interior y un top que cubría sus senos, pequeños pero redondos y listos para ser chupados por quien así lo quisiera.
Cuando llegamos, todos estábamos muy borrachos y nos dispusimos a ir al rió con la intención de pasar un rato, comer una carne de chivo que nos estaban preparando y quedarnos en la piscina. Las dos novias y los otros chicos y yo teníamos pantalones cortos para bañarnos. El resto de las mujeres iban a meterse al agua con minúsculas tangas, al igual que Américo, quien era el que estaba más borracho de todos. Sabía que le gustaba mucho el sexo, que le mamaran la verga y le chuparan el culo, ya que me hacia confidencias de sus salidas con chicas. Al verlo con una tanga de color de piel de pantera, me fijé en su gran bulto, nunca me había pasado por la mente, ya que siempre me decía que lo tenía muy pequeño. Sin embargo, su piel tostada y como le ajustaba la tanga alrededor de su culo me excitaron mucho.
De repente, las perras comenzaron a bailar a ritmo de la radio, moviendo sensualmente sus cuerpos, dando golpes de cintura y bailando el perrito, lo que provocó a sus compañeros quienes se acercaron y se colocaron a sus espaldas, mientras ellas restregaban sus culos contra la pelvis de los hombres. Las novias no quisieron ser menos y evitando que sus novios se fijaran en las otras, los tomaron de las manos, colocándolas en sus cuerpos y besándolos mientras los abrazaban con sus cuerpos unidos. Américo observaba el espectáculo con ojos lascivos. Me di cuenta de su situación y comencé a moverme frente a él. Las vagabundas se arrodillaron ante sus hombres y bajando sus pantalones, sacaron sus penes y comenzaron a darles sendas, profundas, completas y exquisitas mamadas que los hacían suspirar. Las novias, por su parte, tumbaron a sus novios en la arena y pasaron a mamar sus vergas para el deleite de estos.
El bulto bajo la tanga de Américo no cesaba de crecer. Me acerqué por detrás y le dije al oído: “yo puedo ser tu puta, si me dejas te mamaré el pene y el culo como a ti te gusta y si quieres… mi culo está a tu disposición, jefe”. Sin esperar respuesta me quite el pantalón quedando desnudo y me coloqué de rodillas ante Américo, comencé a sobar su pene por encima de la tanga que lo retenía y parecía que iba a explotar en cualquier momento. Luego pase a acariciarlo con la boca y tomaba sus anchas nalgas con mis manos. Américo me dejaba hacer mientras suspiraba y daba gemidos cortos. Aprovechando su inactividad saqué su verga y me la puse entre los labios. Con su mano derecha en mi cabeza, Américo empujaba al ritmo de mis mamadas.
Su pene no era muy grande como me había dicho, pero era gordo, sabroso y me llenó la boca cuando al cabo de varios minutos de chuparlo logró su máxima erección. “Oh, Alex cuanto placer me das, sigue, no te detengas, qué bien me la chupas, mejor que todas las perras que me he tirado en mi vida, continúa mamándome de esa manera”, me decía Amárico con voz casi inaudible.
Al oírlo, me envalentoné. Saqué su pene de mi boca y mientras le lamía las bolas, pajeaba su cipote, recordando hacer las cosas que sabia que le complacían. De repente me detuve y le dije: “ponte de espaldas y en cuatro”. Lo hizo de inmediato y volví a poner las rodillas en la tierra y a meter mi cabeza en su agujero anal comenzando una chupada de culo que lo hacia ver las estrellas. “Coño Alex, maldito maricón… ¿quién te enseñó a chupar culo?... Vas a hacer que me venga…. ¡cuándo gusto estoy sintiendo! Eres más puta que esas que están ahí”
Dejé de hacer lo que hacía y le dije a Américo: “ahora me toca a mí disfrutar un poco” Me coloqué en cuatro patas y le pedí: “Mi jefe, mi macho, cógeme, párteme las nalgas, soy tu prostituta” El no pudo resistir la invitación, rápidamente me tomó por las caderas, me introdujo su verga en el culo y empezó a menearse con un ritmo enloquecedor, llegando a tocar mis nalgas con sus bolas. “Toma puta de mierda, toma lo que te mereces por ser tan puta. ¡Cómo me aprieta tu culo…! quiero que de ahora en adelante me lo des todos los días cuando yo lo quiera y donde yo lo quiera”. “Si papi, este culo es tuyo. Yo soy tu puta. Yo soy tu perra. Yo soy tu vagabunda. Yo soy tu esclava sexual. Te daré todo el placer del que soy capaz. Hasta la ultima gota de gozo que tiene mi cuerpo será para ti”.
Américo no soportó más y se vino dentro de mí con un torrente de leche que pensé que nunca terminaría. Sin embargo, no me había percatado de la presencia de los otros cuatro tipos que, habiendo terminado con las mujeres, observaban todo el espectáculo desnudos y masturbándose largamente. Cuando intenté pararme, un par de grandes manos negras me empujaron hacia abajo. Era Justo, quien al mismo tiempo decía: “con que te gustan las vergas, Alex, pues ahora es mi turno”. Su pene grande y fuerte, me penetró de una vez lo que me provocó pegar un grito el que fue callado por un golpe con la mano abierta de Jacinto: “cállate puta y abre la boca que quiero gozar yo también” y dicho esto me metió su verga en la boca.
Contrario a la forma sutil en la que fui cogido por Américo, estos lo hacían con violencia, Justo pegándome sonoras nalgadas mientras sacaba y metía su mostrouso bicho de mi culo y Jacinto agarrándome del pelo y subiéndome hasta la punta de su pene y hundiéndome hasta la misma raíz, metiendo mi nariz en su mata de pelo. “Este culo está más bueno que el de mi novia”, gritó Justo mientras se corría en mis entrañas. “Y este puto me la mama mejor que la otra que traje” dijo Jacinto al hacer lo mismo en mi boca.
Justo se retiró y mi trasero lo ocupo Jacinto, Domingo me cogio por adelante hasta que Jacinto se vació dentro de mi recto y Domingo paso a hacérmelo por el culo, mientras mi boca se mantenía ocupada con la pinga de Juan Carlos. Al darme Domingo la leche por el culo, Juan Carlos pasó a ocupar su lugar y Américo tuvo su segunda mamada de la tarde. Mientras me tomaban, no se cansaban de decirme lo puta que era, lo bien que culiaba, la forma en que chupaba sus vergas…
Los que disfrutaban de mi boca no paraban de subir y bajar mi cabeza al ritmo que les daba más placer, mientras que mis amantes anales me azotaban las nalgas con tanta fuerza que estaban muy enrojecidas y marcadas por sus manos. Tras la venida de Juan Carlos, los cinco se colocaron en un semicírculo mientras yo chupaba sus vergas, le hacía la paja con mis dos manos y lamía las bolas de cada uno. Uno a uno comenzaron a venirse sobre mi cuerpo donde mejor les parecía y al cabo de un rato, tuve la leche de todos en mi cara, boca, pecho, pelo, cuello, estómago… en todo el cuerpo.
Durante varias horas ellos disfrutaron de mi cuerpo y yo dándole placer a mi jefe... y algo más.
En una oportunidad, organizó un viaje hacia el interior del país junto con otros compañeros de profesión y tomamos un minibús hacia nuestro destino, unas fincas privadas de las cuales otro amigo nuestro, Genaro, era socio y administrador temporal. Los demás compañeros, Juan Carlos, Justo, Jacinto y Domingo fueron acompañados por despampanantes mujeres, algunas sus novias, otras, chicas fáciles listas para complacerlos en todos sus deseos. Solo Américo y yo estábamos sin pareja.
Salimos cerca del mediodía así que durante el trayecto fuimos cerveza y comiendo carne de pollo con plátanos fritos. Los hombres íbamos vestidos con unos jeans y camisetas. Las novias de Justo y Domingo, una, escultural morena de ojos oscuros, grandes senos, cintura de avispa y culito respingón, provocador y sensual; la otra, rubia de ojos verdes, alta y blanca también dotada de gruesas nalgas, tetas pequeñas pero muy paradas, iban algo recatadas en su vestuario, con jeans largos, aunque apretados y camisas largas.
Las putas que acompañaban a Juan Carlos y Jacinto, en cambio, estaban muy provocativas. La primera tenía un pantaloncito súper corto, blanco, que dejaba ver unas tangas rojas que se le metían por su extraordinario culo, grande y carnoso y una blusita amarrada delante de sus tetas, tan grandes que por poco rompen la vestimenta que los cubría dejando a la vista su plano vientre y su hondo ombligo. La segunda, vestía una apretada minifalda, casi al ras de los glúteos, sin ropa interior y un top que cubría sus senos, pequeños pero redondos y listos para ser chupados por quien así lo quisiera.
Cuando llegamos, todos estábamos muy borrachos y nos dispusimos a ir al rió con la intención de pasar un rato, comer una carne de chivo que nos estaban preparando y quedarnos en la piscina. Las dos novias y los otros chicos y yo teníamos pantalones cortos para bañarnos. El resto de las mujeres iban a meterse al agua con minúsculas tangas, al igual que Américo, quien era el que estaba más borracho de todos. Sabía que le gustaba mucho el sexo, que le mamaran la verga y le chuparan el culo, ya que me hacia confidencias de sus salidas con chicas. Al verlo con una tanga de color de piel de pantera, me fijé en su gran bulto, nunca me había pasado por la mente, ya que siempre me decía que lo tenía muy pequeño. Sin embargo, su piel tostada y como le ajustaba la tanga alrededor de su culo me excitaron mucho.
De repente, las perras comenzaron a bailar a ritmo de la radio, moviendo sensualmente sus cuerpos, dando golpes de cintura y bailando el perrito, lo que provocó a sus compañeros quienes se acercaron y se colocaron a sus espaldas, mientras ellas restregaban sus culos contra la pelvis de los hombres. Las novias no quisieron ser menos y evitando que sus novios se fijaran en las otras, los tomaron de las manos, colocándolas en sus cuerpos y besándolos mientras los abrazaban con sus cuerpos unidos. Américo observaba el espectáculo con ojos lascivos. Me di cuenta de su situación y comencé a moverme frente a él. Las vagabundas se arrodillaron ante sus hombres y bajando sus pantalones, sacaron sus penes y comenzaron a darles sendas, profundas, completas y exquisitas mamadas que los hacían suspirar. Las novias, por su parte, tumbaron a sus novios en la arena y pasaron a mamar sus vergas para el deleite de estos.
El bulto bajo la tanga de Américo no cesaba de crecer. Me acerqué por detrás y le dije al oído: “yo puedo ser tu puta, si me dejas te mamaré el pene y el culo como a ti te gusta y si quieres… mi culo está a tu disposición, jefe”. Sin esperar respuesta me quite el pantalón quedando desnudo y me coloqué de rodillas ante Américo, comencé a sobar su pene por encima de la tanga que lo retenía y parecía que iba a explotar en cualquier momento. Luego pase a acariciarlo con la boca y tomaba sus anchas nalgas con mis manos. Américo me dejaba hacer mientras suspiraba y daba gemidos cortos. Aprovechando su inactividad saqué su verga y me la puse entre los labios. Con su mano derecha en mi cabeza, Américo empujaba al ritmo de mis mamadas.
Su pene no era muy grande como me había dicho, pero era gordo, sabroso y me llenó la boca cuando al cabo de varios minutos de chuparlo logró su máxima erección. “Oh, Alex cuanto placer me das, sigue, no te detengas, qué bien me la chupas, mejor que todas las perras que me he tirado en mi vida, continúa mamándome de esa manera”, me decía Amárico con voz casi inaudible.
Al oírlo, me envalentoné. Saqué su pene de mi boca y mientras le lamía las bolas, pajeaba su cipote, recordando hacer las cosas que sabia que le complacían. De repente me detuve y le dije: “ponte de espaldas y en cuatro”. Lo hizo de inmediato y volví a poner las rodillas en la tierra y a meter mi cabeza en su agujero anal comenzando una chupada de culo que lo hacia ver las estrellas. “Coño Alex, maldito maricón… ¿quién te enseñó a chupar culo?... Vas a hacer que me venga…. ¡cuándo gusto estoy sintiendo! Eres más puta que esas que están ahí”
Dejé de hacer lo que hacía y le dije a Américo: “ahora me toca a mí disfrutar un poco” Me coloqué en cuatro patas y le pedí: “Mi jefe, mi macho, cógeme, párteme las nalgas, soy tu prostituta” El no pudo resistir la invitación, rápidamente me tomó por las caderas, me introdujo su verga en el culo y empezó a menearse con un ritmo enloquecedor, llegando a tocar mis nalgas con sus bolas. “Toma puta de mierda, toma lo que te mereces por ser tan puta. ¡Cómo me aprieta tu culo…! quiero que de ahora en adelante me lo des todos los días cuando yo lo quiera y donde yo lo quiera”. “Si papi, este culo es tuyo. Yo soy tu puta. Yo soy tu perra. Yo soy tu vagabunda. Yo soy tu esclava sexual. Te daré todo el placer del que soy capaz. Hasta la ultima gota de gozo que tiene mi cuerpo será para ti”.
Américo no soportó más y se vino dentro de mí con un torrente de leche que pensé que nunca terminaría. Sin embargo, no me había percatado de la presencia de los otros cuatro tipos que, habiendo terminado con las mujeres, observaban todo el espectáculo desnudos y masturbándose largamente. Cuando intenté pararme, un par de grandes manos negras me empujaron hacia abajo. Era Justo, quien al mismo tiempo decía: “con que te gustan las vergas, Alex, pues ahora es mi turno”. Su pene grande y fuerte, me penetró de una vez lo que me provocó pegar un grito el que fue callado por un golpe con la mano abierta de Jacinto: “cállate puta y abre la boca que quiero gozar yo también” y dicho esto me metió su verga en la boca.
Contrario a la forma sutil en la que fui cogido por Américo, estos lo hacían con violencia, Justo pegándome sonoras nalgadas mientras sacaba y metía su mostrouso bicho de mi culo y Jacinto agarrándome del pelo y subiéndome hasta la punta de su pene y hundiéndome hasta la misma raíz, metiendo mi nariz en su mata de pelo. “Este culo está más bueno que el de mi novia”, gritó Justo mientras se corría en mis entrañas. “Y este puto me la mama mejor que la otra que traje” dijo Jacinto al hacer lo mismo en mi boca.
Justo se retiró y mi trasero lo ocupo Jacinto, Domingo me cogio por adelante hasta que Jacinto se vació dentro de mi recto y Domingo paso a hacérmelo por el culo, mientras mi boca se mantenía ocupada con la pinga de Juan Carlos. Al darme Domingo la leche por el culo, Juan Carlos pasó a ocupar su lugar y Américo tuvo su segunda mamada de la tarde. Mientras me tomaban, no se cansaban de decirme lo puta que era, lo bien que culiaba, la forma en que chupaba sus vergas…
Los que disfrutaban de mi boca no paraban de subir y bajar mi cabeza al ritmo que les daba más placer, mientras que mis amantes anales me azotaban las nalgas con tanta fuerza que estaban muy enrojecidas y marcadas por sus manos. Tras la venida de Juan Carlos, los cinco se colocaron en un semicírculo mientras yo chupaba sus vergas, le hacía la paja con mis dos manos y lamía las bolas de cada uno. Uno a uno comenzaron a venirse sobre mi cuerpo donde mejor les parecía y al cabo de un rato, tuve la leche de todos en mi cara, boca, pecho, pelo, cuello, estómago… en todo el cuerpo.
Durante varias horas ellos disfrutaron de mi cuerpo y yo dándole placer a mi jefe... y algo más.