pussycat
14-07 2005, 12:49 PM
Prosigo con mi historia (debería titularse "Así descubrí que me fascina coger" ja, ja.
Ese lunes que lo ví muy sentado en mi escritorio, me saluda como si nada y yo igual. Pensé que la cosa no pasaría de un desliz y ya (cosa que por cierto, jamás había tenido yo) pero igual, yo ya tenía 27 años y no era ninguna niñita temerosa. Más bien inexperta... Terminó esa semana (nos veíamos a diario y como si nada, cabe mencionar que su araña también trabajaba allí en ese entonces, por cierto, tuve oportunidad de escuchar el round que se aventaron ese lunes porque el fulano llegó tardísimo a la casa el sábado que pasó conmigo) LLegó el viernes y ellos se despidieron a la hora de la comida, ya no iban a regresar supuestamente. Al poco rato que salieron los dos y se escuchó que bajaba el elevador, se regresa Arturo con una sonrisa medio extraña, se dirige hacia mí y me dice: "Nos vemos al rato, preciosa, paso por tí a las 7" Sin más! No recuerdo si siquiera le contesté o qué dije, pero llegaron las 7 y bajé como siempre al vestíbulo, lista para irme a casa. En eso lo veo a través del ventanal del frente, parado junto a su camioneta (recuerden que el vochito era de su vecino) salí como autómata y me abrió la puerta, subiendo después él. Arrancamos y sin mediar palabra, en cuanto nos agarró el alto del primer semáforo, me tomó de los hombros con fuerza y comenzó a besarme con furia, yo sentí que quería fundirse conmigo, porque pegaba sus labios de tal manera que sentí que me tragaba entera, mordía mis labios y su lengua arremetía furiosa hasta el fondo de mi garganta. Nada, que estaba súper excitadísimo y yo también. Ese día yo llevaba puesta una minifalda color gris con dos aberturas a los lados (no tan corta, vamos no se veía mi tanga cuando me sentaba ni nada de eso, pero se pegaba a mi culito de una manera muy conveniente) y por blusa llevaba una de tirantes del mismo color y zapatos altos (mido 1.63 cms. y me gusta usar tacón del 10) abiertos, color blanco. Cuando llegamos a nuestro destino (besándosnos y tocándonos en cada alto de semáforo, es más me decubrí a mi misma acariciando su enorme verga que ya se había sacado, lo bueno que llovía a cántaros y los vidrios de su camioneta son medio polarizados, así que aprovechamos el tiempo) él ya me había quitado mi tanga y mi puchita estaba empapada de lo rico que la venía tocando con la mano que no usaba para manejar. En un alto, yo me quité mi brassiere y me bajé la blusa hasta el nacimiento de mis tetas, comencé a retorcer mis pezones yo misma lo que ocasionó que la verga se le pusiera más dura todavía "no aguanto más" decía "te quiero coger ya" Y nuestro destino fué un motel precisamente; muy bonito por cierto (yo nunca había estado en uno, sólo bungalows y hoteles con mi familia, pero un motel, huy, y lo primero que hice fué prender la tele, qué rico, había 3 canales porno! Mencioné que me fascina la pornografía?? Siempre me ha llamadao la atención y mientras más salvaje, mejor. Desde niña me masturbaba viendo porno, tal vez por eso no tenía urgencia por algo mejor hasta que lo conocí a él y supe que las vergas son mejores que mis dedos y el rollo del papel sanitario -ja, ja, estropée varios cuando era chica, ya que me sentaba en ellos con o sin calzones y frotaba mi puchita de adelante hacia atrás en un sillón hasta que me vení y empapaba el pobre papel que estaba nuevo pero lo dejaba inservible!- .
Antes de subir a la habitación, él salió del coche y me dijo que lo esperara (fué a pagar por el cuarto) y así lo hice. No tardó ni 2 minutos cuando ya estaba abriendo la puerta de mi lado y me observaba de una manera que hizo que me apenara. Ya me había compuesto la ropa, pero sin ponerme de nuevo ni el bra ni la tanga. Sin aviso previo, se echó encima de mí, y yo caí quedando recostada en los dos asientos, el mío y el del conductor, me quitó mi faldita y mi blusita y yo quedé a su merced, desnuda e indefensa, con mis piernas abiertas totalmente y mi panochita húmeda y a su alcance al igual que mis tetas que ya suplicaban ser mamadas de nuevo por su experta boca. Le dije, nunca he tenido relaciones, por favor, ten cuidado (pensé que me la iba a retacar ahí mismo!) su respuesta fué quitarse los pantalones (llevaba traje, lo cual me enloquece) y se dejó la camisa y la corbata, sus boxers volaron al minuto. Con sus manos, abrió aún más mis piernas y colocó las dos manos bajo mis nalgas para subir mi panochita tirna y jugosa a su cara. En ese entonces yo no me afeitaba la panocha -ahora sí- pero no tenía tantos vellos así que su comida le supo deliciosa. Debo mencionar que ambos nos parecemos desde siempre en que nos excita hablar sucio, rico, llamarle a las cosas por su nombre, saborearnos el cuerpo del otro sin recato y describir sórdidamente todo lo que hacemos, lo que queremos y lo que vamos a hacer. Mientras me levantaba las nalgas y lengüeteaba mi cosita yo le decía que siguiera, que si le gustaba mi panocha que la mamara más fuerte, que me hiciera gritar, etc. Ya con su verga durísima y por fuera, la tomó con una mano y me golpeó con fuerza la entrada de mi puchita -roja e hinchada de excitación, mi clítoris estaba enorme y hasta me dolía de lo excitada que estaba- y me decía: "te gusta mi verga, preciosa? mírala, mira lo que te voy a meter chiquita!" yo me volvía loca y comencé a acariciar mi panocha a dos manos, abriendo las piernas frente a su cara para volverlo loco a él. Me levantó en brazos (mide casi 1.90) y me llevó al cuarto, ahí encendí la tele mientras él cerraba la puerta con seguro. Con la tele a todo volumen (se veían panochas siendo mamadas, vergas paradas, culos abiertos, tetas enormes, ¡ya se imaginarán el ambiente!) yo me metí a bañar rapidísimo, lavé muy bien mi panocha y mi culo y aproveché para relajar mis músculos doloridos por la fuerza de él con el agua caliente.
Salí completamente desnuda del baño, con mi cabello suelto (no lo mojé) y lo abracé con fuerza. Nos besamos furiosamente -debería decir: nos mordimos y nos lengüeteamos, eso es literalmente lo que hicimos- me acostó boca arriba en la cama, sacó un preservativo y se lo colocó en su verga gigante, me dijo: "no tengas miedo, lo vamos a hacer despacio, si te duele mucho, no la meto toda, estás muy chiquita preciosa" yo lo que quería era sentirlo bien adentro, pero sí, tenía miedo de su tamaño. Le dije: "métemela ya" se arrodilló frente a mi pubis y comenzó a besarlo y a frotar mi clítoris con sus dedos "estás muy sequita chiquita, déjame mojarte un poquito" me puso a gatas con el culo bien levantado, él se arrodilló detrás de mí y a dos manos abrió mis nalgas quedando mi pucha bien abierta al igual que mi culo -yo lo podía ver ya que había espejos por todos lados, eso me excitó sobremanera- y empezó a lamerme más fuerte; enterraba toda su cara en mi culo, lo olía, lo lamía y lo succionaba -me alegré de haberme bañado- mientras metía dos dedos en mi panocha que ya pedía más. Sentí que la punta de su verga quería entrar en mi culito y le supliqué que no lo hiciera, que me dolería, que estaba enorme, etc. Se reía y solamente me acariciaba el culo con su verga dura. Luego, me volteó en la cama de nuevo y se colocó encima de mí cuidando de no aplastarme, con su mano, guió su verga hasta mi vagina y procedió a introducirla un poco, primero yo gemí de dolor pues es también muy gruesa y le dije, no por favor, espérate. Me dijo: "ya chiquita, te va a gustar, déjame cogerte preciosa" y empujó casi la mitad de su pene en mi panocha virgen. Le enterré mis uñas en la espalda y sentí casi de inmediato que me mojaba bastante, mi pucha estaba resbalosa y facilitaba la entrada de su enorme palo, por lo que me dejó ir toda la verga de golpe. Yo grité y se me salieron las lágrimas de dolor -de verdad que está grande y gruesa, ¡no exagero!- y él no la sacaba, por el contrario, la acomodó en mi interior, hasta el fondo y me abrazaba con ternura, como consolándome, "ya chiquita, te tengo bien cogida preciosa, siente toda mi verga, estás deliciosa, bien cerradita, amor casi me vengo de lo apretada que estás!" Yo sentía algo más que mi humedad allá abajo y me le zafé para darme cuenta de que estaba sangrando, ¿les dije que era virgen, verdad? y de las que sangran bastante, no manchen, nunca pensé que era cierto que iba a sangrar la primera vez, pero así fué. Agarré papel del tocador y me limpié la panocha, sobándomela porque me ardía de tanta mamada, metida de dedo y sobre todo de verga.
Él me observaba y cuando terminé de limpiarme, me abrazó por detras -ríanse si quieren pero es cierto, me agarré llorando, no sé bien porqué- voltée y lo seguí abrazando. Sentí tan cálido su abrazo, fuera de que comprendí que lo deseaba como jamás pensé hacerlo con nadie. Miré su pene casi flácido, con el condón colgando, se lo quité y empecé a besar y a mamar, lo empujé para que se sentara al borde de la cama y me arrodillé frente a él para meterme toda su verga en la boca y también sus huevos, él acariciaba mi cabello y mis mejillas y decía: "rico, muñequita? qué bien lo haces, preciosa, mi chiquita linda" de pronto, comencé a succionarlo con más violencia hasta que se retorcía de placer y gritaba, "ya mi reina, ya me voy a venir" y trataba de sacar su verga de mi boca hambrienta, no lo dejé, saqué su pito de mi boca y comencé a masturbarlo con mi mano, con fuerza mientras lo veía a los ojos y le dije: "quiero toda tu leche, papacito, dámela toda" y vovlí a meterme su hermosa verga en la boca, la lamí desde la raíz hasta la punta mientras acariciaba sus huevos a dos manos y las de él estaban en mis tetas lo que me encantaba. De pronto, comenzó a estremecerse de pies a cabeza, agarró con fuerza mi nuca y vació su lechita caliente en mi garganta, yo no soltaba su verga y al contrario, la succioné hasta que no quedó ni una gota de su delicioso esperma en él. Me levantó del piso y me sentó en su regazo, nos abrazamos sin decir palabra.
No supe a qué hora nos quedamos dormidos los dos y más tarde, eran más de las 3 de la mañana, me llevó a casa. Nos tomamos de la mano en todo el camino y cada que el tráfico lo permitía, nos mirábamos a los ojos.
Hemos seguido cogiendo desde entonces, a veces a diario y más de una vez al día hasta en la oficina. Ya van casi 5 años de eso. Cada día somos más salvajes y nos acoplamos cada vez más.
En otra ocasión les platicaré qué más hemos hecho, somos algo especial y tenemos un apetito sexual que asustaría a cualquiera. Lo único que me sigue asustando es el sexo anal, pero ya le he ofrecido mi culito y se lo pienso dar próximamente. Él quiere desfundillarme y yo le pienso abrir todo mi culo. Le he dicho que le pertenezco, es mi dueño y yo soy su gatita sexual siempre hambrienta de su verga. Ni cuando ando en mis días me tranquilizo, solamente que no lo dejo mamarme, ni en la ducha, eso me parece algo, bueno, pues no muy higiénico, pero él está adicto a mi panocha, tal y como yo lo estoy a su verga enorme y gruesa.
:D
Ese lunes que lo ví muy sentado en mi escritorio, me saluda como si nada y yo igual. Pensé que la cosa no pasaría de un desliz y ya (cosa que por cierto, jamás había tenido yo) pero igual, yo ya tenía 27 años y no era ninguna niñita temerosa. Más bien inexperta... Terminó esa semana (nos veíamos a diario y como si nada, cabe mencionar que su araña también trabajaba allí en ese entonces, por cierto, tuve oportunidad de escuchar el round que se aventaron ese lunes porque el fulano llegó tardísimo a la casa el sábado que pasó conmigo) LLegó el viernes y ellos se despidieron a la hora de la comida, ya no iban a regresar supuestamente. Al poco rato que salieron los dos y se escuchó que bajaba el elevador, se regresa Arturo con una sonrisa medio extraña, se dirige hacia mí y me dice: "Nos vemos al rato, preciosa, paso por tí a las 7" Sin más! No recuerdo si siquiera le contesté o qué dije, pero llegaron las 7 y bajé como siempre al vestíbulo, lista para irme a casa. En eso lo veo a través del ventanal del frente, parado junto a su camioneta (recuerden que el vochito era de su vecino) salí como autómata y me abrió la puerta, subiendo después él. Arrancamos y sin mediar palabra, en cuanto nos agarró el alto del primer semáforo, me tomó de los hombros con fuerza y comenzó a besarme con furia, yo sentí que quería fundirse conmigo, porque pegaba sus labios de tal manera que sentí que me tragaba entera, mordía mis labios y su lengua arremetía furiosa hasta el fondo de mi garganta. Nada, que estaba súper excitadísimo y yo también. Ese día yo llevaba puesta una minifalda color gris con dos aberturas a los lados (no tan corta, vamos no se veía mi tanga cuando me sentaba ni nada de eso, pero se pegaba a mi culito de una manera muy conveniente) y por blusa llevaba una de tirantes del mismo color y zapatos altos (mido 1.63 cms. y me gusta usar tacón del 10) abiertos, color blanco. Cuando llegamos a nuestro destino (besándosnos y tocándonos en cada alto de semáforo, es más me decubrí a mi misma acariciando su enorme verga que ya se había sacado, lo bueno que llovía a cántaros y los vidrios de su camioneta son medio polarizados, así que aprovechamos el tiempo) él ya me había quitado mi tanga y mi puchita estaba empapada de lo rico que la venía tocando con la mano que no usaba para manejar. En un alto, yo me quité mi brassiere y me bajé la blusa hasta el nacimiento de mis tetas, comencé a retorcer mis pezones yo misma lo que ocasionó que la verga se le pusiera más dura todavía "no aguanto más" decía "te quiero coger ya" Y nuestro destino fué un motel precisamente; muy bonito por cierto (yo nunca había estado en uno, sólo bungalows y hoteles con mi familia, pero un motel, huy, y lo primero que hice fué prender la tele, qué rico, había 3 canales porno! Mencioné que me fascina la pornografía?? Siempre me ha llamadao la atención y mientras más salvaje, mejor. Desde niña me masturbaba viendo porno, tal vez por eso no tenía urgencia por algo mejor hasta que lo conocí a él y supe que las vergas son mejores que mis dedos y el rollo del papel sanitario -ja, ja, estropée varios cuando era chica, ya que me sentaba en ellos con o sin calzones y frotaba mi puchita de adelante hacia atrás en un sillón hasta que me vení y empapaba el pobre papel que estaba nuevo pero lo dejaba inservible!- .
Antes de subir a la habitación, él salió del coche y me dijo que lo esperara (fué a pagar por el cuarto) y así lo hice. No tardó ni 2 minutos cuando ya estaba abriendo la puerta de mi lado y me observaba de una manera que hizo que me apenara. Ya me había compuesto la ropa, pero sin ponerme de nuevo ni el bra ni la tanga. Sin aviso previo, se echó encima de mí, y yo caí quedando recostada en los dos asientos, el mío y el del conductor, me quitó mi faldita y mi blusita y yo quedé a su merced, desnuda e indefensa, con mis piernas abiertas totalmente y mi panochita húmeda y a su alcance al igual que mis tetas que ya suplicaban ser mamadas de nuevo por su experta boca. Le dije, nunca he tenido relaciones, por favor, ten cuidado (pensé que me la iba a retacar ahí mismo!) su respuesta fué quitarse los pantalones (llevaba traje, lo cual me enloquece) y se dejó la camisa y la corbata, sus boxers volaron al minuto. Con sus manos, abrió aún más mis piernas y colocó las dos manos bajo mis nalgas para subir mi panochita tirna y jugosa a su cara. En ese entonces yo no me afeitaba la panocha -ahora sí- pero no tenía tantos vellos así que su comida le supo deliciosa. Debo mencionar que ambos nos parecemos desde siempre en que nos excita hablar sucio, rico, llamarle a las cosas por su nombre, saborearnos el cuerpo del otro sin recato y describir sórdidamente todo lo que hacemos, lo que queremos y lo que vamos a hacer. Mientras me levantaba las nalgas y lengüeteaba mi cosita yo le decía que siguiera, que si le gustaba mi panocha que la mamara más fuerte, que me hiciera gritar, etc. Ya con su verga durísima y por fuera, la tomó con una mano y me golpeó con fuerza la entrada de mi puchita -roja e hinchada de excitación, mi clítoris estaba enorme y hasta me dolía de lo excitada que estaba- y me decía: "te gusta mi verga, preciosa? mírala, mira lo que te voy a meter chiquita!" yo me volvía loca y comencé a acariciar mi panocha a dos manos, abriendo las piernas frente a su cara para volverlo loco a él. Me levantó en brazos (mide casi 1.90) y me llevó al cuarto, ahí encendí la tele mientras él cerraba la puerta con seguro. Con la tele a todo volumen (se veían panochas siendo mamadas, vergas paradas, culos abiertos, tetas enormes, ¡ya se imaginarán el ambiente!) yo me metí a bañar rapidísimo, lavé muy bien mi panocha y mi culo y aproveché para relajar mis músculos doloridos por la fuerza de él con el agua caliente.
Salí completamente desnuda del baño, con mi cabello suelto (no lo mojé) y lo abracé con fuerza. Nos besamos furiosamente -debería decir: nos mordimos y nos lengüeteamos, eso es literalmente lo que hicimos- me acostó boca arriba en la cama, sacó un preservativo y se lo colocó en su verga gigante, me dijo: "no tengas miedo, lo vamos a hacer despacio, si te duele mucho, no la meto toda, estás muy chiquita preciosa" yo lo que quería era sentirlo bien adentro, pero sí, tenía miedo de su tamaño. Le dije: "métemela ya" se arrodilló frente a mi pubis y comenzó a besarlo y a frotar mi clítoris con sus dedos "estás muy sequita chiquita, déjame mojarte un poquito" me puso a gatas con el culo bien levantado, él se arrodilló detrás de mí y a dos manos abrió mis nalgas quedando mi pucha bien abierta al igual que mi culo -yo lo podía ver ya que había espejos por todos lados, eso me excitó sobremanera- y empezó a lamerme más fuerte; enterraba toda su cara en mi culo, lo olía, lo lamía y lo succionaba -me alegré de haberme bañado- mientras metía dos dedos en mi panocha que ya pedía más. Sentí que la punta de su verga quería entrar en mi culito y le supliqué que no lo hiciera, que me dolería, que estaba enorme, etc. Se reía y solamente me acariciaba el culo con su verga dura. Luego, me volteó en la cama de nuevo y se colocó encima de mí cuidando de no aplastarme, con su mano, guió su verga hasta mi vagina y procedió a introducirla un poco, primero yo gemí de dolor pues es también muy gruesa y le dije, no por favor, espérate. Me dijo: "ya chiquita, te va a gustar, déjame cogerte preciosa" y empujó casi la mitad de su pene en mi panocha virgen. Le enterré mis uñas en la espalda y sentí casi de inmediato que me mojaba bastante, mi pucha estaba resbalosa y facilitaba la entrada de su enorme palo, por lo que me dejó ir toda la verga de golpe. Yo grité y se me salieron las lágrimas de dolor -de verdad que está grande y gruesa, ¡no exagero!- y él no la sacaba, por el contrario, la acomodó en mi interior, hasta el fondo y me abrazaba con ternura, como consolándome, "ya chiquita, te tengo bien cogida preciosa, siente toda mi verga, estás deliciosa, bien cerradita, amor casi me vengo de lo apretada que estás!" Yo sentía algo más que mi humedad allá abajo y me le zafé para darme cuenta de que estaba sangrando, ¿les dije que era virgen, verdad? y de las que sangran bastante, no manchen, nunca pensé que era cierto que iba a sangrar la primera vez, pero así fué. Agarré papel del tocador y me limpié la panocha, sobándomela porque me ardía de tanta mamada, metida de dedo y sobre todo de verga.
Él me observaba y cuando terminé de limpiarme, me abrazó por detras -ríanse si quieren pero es cierto, me agarré llorando, no sé bien porqué- voltée y lo seguí abrazando. Sentí tan cálido su abrazo, fuera de que comprendí que lo deseaba como jamás pensé hacerlo con nadie. Miré su pene casi flácido, con el condón colgando, se lo quité y empecé a besar y a mamar, lo empujé para que se sentara al borde de la cama y me arrodillé frente a él para meterme toda su verga en la boca y también sus huevos, él acariciaba mi cabello y mis mejillas y decía: "rico, muñequita? qué bien lo haces, preciosa, mi chiquita linda" de pronto, comencé a succionarlo con más violencia hasta que se retorcía de placer y gritaba, "ya mi reina, ya me voy a venir" y trataba de sacar su verga de mi boca hambrienta, no lo dejé, saqué su pito de mi boca y comencé a masturbarlo con mi mano, con fuerza mientras lo veía a los ojos y le dije: "quiero toda tu leche, papacito, dámela toda" y vovlí a meterme su hermosa verga en la boca, la lamí desde la raíz hasta la punta mientras acariciaba sus huevos a dos manos y las de él estaban en mis tetas lo que me encantaba. De pronto, comenzó a estremecerse de pies a cabeza, agarró con fuerza mi nuca y vació su lechita caliente en mi garganta, yo no soltaba su verga y al contrario, la succioné hasta que no quedó ni una gota de su delicioso esperma en él. Me levantó del piso y me sentó en su regazo, nos abrazamos sin decir palabra.
No supe a qué hora nos quedamos dormidos los dos y más tarde, eran más de las 3 de la mañana, me llevó a casa. Nos tomamos de la mano en todo el camino y cada que el tráfico lo permitía, nos mirábamos a los ojos.
Hemos seguido cogiendo desde entonces, a veces a diario y más de una vez al día hasta en la oficina. Ya van casi 5 años de eso. Cada día somos más salvajes y nos acoplamos cada vez más.
En otra ocasión les platicaré qué más hemos hecho, somos algo especial y tenemos un apetito sexual que asustaría a cualquiera. Lo único que me sigue asustando es el sexo anal, pero ya le he ofrecido mi culito y se lo pienso dar próximamente. Él quiere desfundillarme y yo le pienso abrir todo mi culo. Le he dicho que le pertenezco, es mi dueño y yo soy su gatita sexual siempre hambrienta de su verga. Ni cuando ando en mis días me tranquilizo, solamente que no lo dejo mamarme, ni en la ducha, eso me parece algo, bueno, pues no muy higiénico, pero él está adicto a mi panocha, tal y como yo lo estoy a su verga enorme y gruesa.
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