exclavo24
26-06 2005, 03:34 PM
Era un día de invierno y se aproximaban unos días de fiesta, y que mejor manera de pasarlos que irme al chalet de mis padres a las afueras de la ciudad, me costó mucho convencer a mis padres, a pesar de tener 23 años, no tenía plena libertad, pero tras mucho insistir conseguí que me dejaran las llaves y pudiese ir yo solo a pasar unos días tranquilos, pretendía pasear por el campo, descansar, respirar aire fresco pero sucedió todo lo contrario y todo se lo debo de agradecer a mi vecina Angelines. Tras un pequeño viaje llegué a la casa que os he comentado, abrí la puerta de la entrada y un fuerte chirrido sonó, estaba algo oxidada la puerta, al instante mi vecina Angelines se asomó desde su jardín. Angelines es mi vecina, una vecina odiosa, desde hace años mi vecina y yo hemos tenido constantes disputas, siempre me regañaba por algo o se quejaba a mis padres, muchas veces pude oír de su boca las palabras maleducado y sinvergüenza pero siempre la respondía con burla.
“Sinvergüenza, necesitas una buena disciplina”, solía responderme, a lo que yo no hacía caso, ella me odiaba y pronto pude comprobar hasta que punto. Mi vecina se caracteriza por tener un fuerte carácter, siempre está gruñendo, quejándose o chillando, a su marido le tiene completamente controlado, siempre le chilla y regaña, su marido la tiene incluso miedo y desde aquel día le comprendo perfectamente. Físicamente mi vecina no es atractiva, Es una mujer de unos 50 años, pelo rubio rizado, caderas anchas, brazos y piernas anchos, es decir esta algo obesa. Al entrar por la puerta mi vecina Angelines me echó una mirada de odio, se me quedó mirando fijamente, la saludé sólo por cortesía y ella no me respondió, lo único que dijo en un tono que pude oírlo fue: “Ya esta aquí el vecino, se acabó la tranquilidad”, después se dio la vuelta y recriminó a su marido: “y tú idiota sigue cortando el jardín”.
Yo no quería problemas así que no le contesté nada, seguí mi camino hacia dentro de la casa dispuesto a pasar unos días agradables sin que mi vecina me lo impidiese pero fue algo imposible. El resto del día continuó con mucha tranquilidad. Salí a dar un agradable paseo, llegué de noche a casa, hacía mucho frío y cuando me dispuse a encender la chimenea me di cuenta que no tenía leña y la casa estaba helada, esa noche no tuve más remedio que aguantarme y soportar el frío. Al día siguiente lo primero que hice fue ir a comprar leña a la tienda pero estaba cerrada ya que era fiesta, ahora si tenía un problema, hacía mucho frío y no tenía nada con que encender un fuego en casa, pero por un momento me entró la idea de pedirle un poco de leña a mi vecina Angelines, pero se me quitó la idea enseguida, pero fue peor porque se me ocurrió que si la cogía un poco de la que ella tiene en su jardín ni se enteraría, pero no fue una buena idea.
Me asomé a su casa, ella no estaba en el jardín, al menos creía eso, con sigilo salté la valla, y llegué hasta donde estaba la leña, cogí unos cuantos maderos, más de los debidos, no me di cuenta pero tuve que hacer bastante ruido, cuando escuché algo por detrás de mí: “quieto ahí cerdo, no te muevas”, me giré para ver quien era y la sorpresa fue que era mi vecina Angelines apuntándome con un arma de caza, tanto ella como yo nos llevamos una sorpresa: “pero si es el sinvergüenza de mi vecino, ahora también es un ladrón”, me dijo mi vecina, ahora estaba metido en un problema. “Solo quería un poco de leña”, le contesté tartamudeando, “eso se lo tendrás que decir a la policía”, cuando dijo lo de la policía me asusté, si se enteraban mis padres de esto nunca más confiarían en mi y no me dejarían las llaves más, empecé a intentar disculparme y pedirle con respeto que no la llamara, tras disculparme una y otra vez, ella accedió a no llamarla, “pero esto no quedará así sin más, si no la llamo yo misma me encargaré de que no vuelvas a hacerlo”. Yo accedí rápidamente, pensé que sería una tontería lo que ella haría, pensaba que me regañaría como otras veces y olvidado y me habría salido con la mía, pero estaba muy equivocado, demasiado equivocado.
“Sígueme”, me ordenó Angelines, me llevó a la parte de atrás de la casa, allí al igual que en mi casa hay unas escaleras que conducen al sótano, bajo las escaleras y abrió la puerta con una llave que sacó de su bata, iba vestida con una bata de tela, la llevaba abierta debajo iba en falda y con unas botas de goma grandes, la ropa que habitualmente suele llevar cuando esta cuidando su jardín. “Entra”, me ordenó Angelines. Entré por delante de ella, era un sótano no muy grande con muchos trastos en el, una silla y un mueble. Ella entro detrás de mi y cerro la puerta con llave por dentro y se guardó la llave, aquello me asustó un poco, no sabía lo que pretendía, “ahora desnúdate”, me dijo Angelines, yo no estaba dispuesto a hacer lo que me pedía, pero al momento me recordó que entonces llamaría a la policía, entonces tuve que obedecerla, que se enteraran de lo sucedido me atemorizaba más que ella, me quedé completamente desnudo ante aquella mujer, sentía mucha vergüenza pero no era nada con lo que me esperaba.
“Túmbate boca abajo en el suelo”, me ordenó, yo obedecí y me tumbé sin saber que pretendía, Angelines se acercó a un cajón y de el sacó varias cuerdas, cogió una cuerda larga y resistente y se inclinó hacia mi, me cogió las manos y me las puso en la espalda, juntó mis manos y empezó a dar vueltas con la cuerda sobre ellas, tensó la cuerda con fuerza y empezó a atarme las manos, la cuerda apretaba mis muñecas con fuerza, opuse algo de resistencia, “me haces daño”, le recriminé mientras movía mis manos, “estate quieto”, me colocó su rodilla en mi cabeza impidiendo que me moviera y siguió atando con fuerza mis manos, al momento estaba fuertemente atado, intente mover las manos pero era imposible, no era la primera vez que ataba a alguien, después cogió otra cuerda y empezó a atarme los pies, me ató con fuerza los pies por los tobillos, al momento me había atado de pies y manos, las cuerdas me hacían daño y estaba asustado; “suéltame, suéltame”, empecé a pedirle. De pronto, recibí una fuerte y sonora bofetada en la cara; “cállate”, me ordenó Angelines, pero yo seguí pidiéndole que me soltara, pero dos nuevas bofetadas se estrellaron en mi cara, Angelines estaba muy enfadada, noté la fuerza de su ancho brazo en mí cara, ella me miró fijamente:
“No te lo vuelvo a repetir, cállate”, me gritó Angelines. Sin pensarlo rápidamente la insulte: “suéltame zorra”, algo que no debí de hacer. “Ya esta bien, te lo advertí, no volverás a abrir más la boca”, se levantó la falda y metió una mano y se quito sus bragas, unas bragas grandes blancas, las apretujó en su mano e intento introducírmelas en mi boca, yo cerré la boca rápidamente y aparte la cara, pero ella con fuerza me tiro del pelo inclinándome hacia atrás la cabeza, me hizo daño con el tirón de pelo, “abre la boca ahora mismo”, me ordenó, tras no obedecerla, recibí otra bofetada, “ábrela”, volvió a ordenarme, tras recibir otra bofetada más, tuve que obedecerla, acercó sus bragas a mi cara, pude comprobar que desprendían un fuerte hedor, y empezó a introducirme sus bragas en mi boca forzándolas con sus dedos hasta que entraron enteras, me llenaron la boca por completo, no podía hablar, ella se dirigió al cajón y cogió una cinta de embalar gruesa, pego el extremo de la cinta en mi boca y empezó a dar vueltas con ella alrededor de mi boca y cabeza, tras dar varias vueltas con la cinta se aseguro que pegaba bien la cinta a mi boca, me amordazó por completo:
“Ahora grita lo que quieras cerdo”, me miró fijamente y me propinó otra bofetada. “Ahora vas a pagarme todo lo de estos años, voy a enseñarte a respetarme ¿has entendido?”, un tirón de pelo me obligó a responder entre la mordaza: “uhhmmmmmm uhhmmmmmmm”.
“Ahora te quedarás aquí hasta que llegue la hora de tu castigo”. Ella se marchó de la habitación, cerró la puerta con llave y me dejó allí encerrado, fuertemente atado y amordazado. No sé cuanto tiempo estuve allí encerrado, pero pasó un largo rato, había tenido mucho tiempo para pensar lo que me estaba pasando, no me lo podía creer, mi cara me dolía por las bofetadas recibidas y la cuerda me apretaba en mi piel. La puerta empezó a abrirse, era Angelines, entró y cerró la puerta con llave, se acercó a mí y agarrándome del pelo me dijo en un tono muy serio: “ahora vas a aprender a respetarme cerdo”, metió la mano en el bolsillo de su bata y sacó unos guantes de goma, aquello me produjo más miedo, yo intentaba arrastrarme para huir, pero era una idea absurda, “es inútil que intentes escaparte, saldrás de aquí cuando yo quiera”, Angelines empezó a ponerse unos guantes domésticos, eran de goma amarillos pero muy usados, casi de color marrón y mal olientes, se los puso con dificultad, le quedaban muy justos en su ancho brazo, se ajustó los dedos y se dirigió a un cajón, sacó un cinturón de cuero, lo dobló por la mitad, cogió la silla que allí había y se sentó en ella, se levantó la falda para tener mas movilidad y me señaló sus rodillas.
“Túmbate aquí ahora mismo”, yo por supuesto que no la obedecí, pero eso aumentó su enfado. “Te lo repito por última vez, ven aquí o recibirás el doble”. Al final tuvo ella que venir por mi, me cogió por el pelo y me tumbó en sus rodillas, quedé tumbado sobre sus anchos muslos, ella me levantó mis manos atadas con su mano, quedando así más inclinado y con mi trasero a su placer y con la otra mano descargó el cinturón en mi trasero, recibí un fuerte azote con el cinturón, y antes de recuperarme ya estaba recibiendo otro y otro, empecé a recibir una lluvia de azotes en mi trasero, los azotes eran fuertes y continuos, solo se escuchaba el sonido del cinturón contra mi trasero y leves gemidos de mi mordaza, cada azote me dolía más y más y ella continuaba su ritmo, tras recibir una buena serie de azotes de cinturón, por fin paró o bueno, eso creía yo, terminé con el trasero adolorido, Angelines me bajó de sus rodillas, ella permanecía sentada en la silla y yo estaba de rodillas frente a ella, me cogió por el pelo levantándome la cabeza; “A partir de hoy me respetaras y me obedecerás en todo, ¿has entendido?”, “uhhmmmmmm, uhhhmmmm”, es lo único que podía decir.
“Bien, pero me aseguraré que lo has entendido”, Angelines me volvió a poner sobre sus rodillas, iba a recibir otros azotes y mi trasero no aguantaba ni uno más, traté de patalear y resistirme como pude, pero fue inútil, ella pasó una pierna por encima de mi, haciendo una especie de palanca sobre mi cuerpo, fue imposible moverme, además es una mujer corpulenta y ejercía fuerza sobre mi, de pronto, noté el cinturón estrellándose de nuevo en mi trasero una y otra vez, estos azotes fueron muy dolorosos, lo único que podía hacer era gritar entre mi mordaza, ya no oponía residencia, me di por vencido y recibí sus golpes de cinturón uno tras otro, pasaron unos minutos y me ardía el trasero, una lagrima se dejo caer por mis ojos mientras seguía recibiendo azotes. Después de un rato azotándome, paró, caí rendido en el suelo: “espero que hayas aprendido a obedecerme y respetarme, de lo contrario, no dudaré en volver a azotarte las veces que sean necesarias”, me dijo Angelines, dejo caer el cinturón al suelo, tiro los guantes al suelo y salió de la habitación dejándome allí encerrado de nuevo.
Tuve mucho tiempo de pensar sobre lo sucedido, pasaba el tiempo y seguía allí encerrado sin poder hacer nada para evitarlo, el trasero me ardía y lo debía de tener completamente colorado, mis manos y pies me dolían por las cuerdas y sus repugnantes bragas seguían en mi boca impidiendo pedir ayuda. Pasó alguna hora hasta que volvió a entrar Angelines al sótano, llevaba en la mano comida y bebida, no tenía hambre, la verdad era lo último en lo que estaba pensando, Angelines se acercó a mí con el plato y lo dejó en el suelo: “Ahora te quitaré la mordaza, ni se te ocurra decir nada y te portaras bien y te comerás todo”, dijo Angelines en un tono más tranquilo, se acercó a mí y me quito la mordaza, “vamos, cómetelo todo”, me ordenó mientras ella miraba con los brazos en jarra, pretendía que comiese como un perro, le pedí que me desatara para que pudiese comer, pero ella no accedió, ella empezó a enfadarse al ver que no la obedecía; “te lo comerás todo de una u otra manera cerdo”, me dijo Angelines mientras se acercó y cogió de nuevo sus guantes, volvió a ponerse sus sucios guantes y se dirigió hacia mí, me cogió por el pelo y me llevó hasta la silla, se sentó en ella y me puso de rodillas entre sus piernas, me dio la vuelta dándole la espalda y me acercó a ella más, con un brazo me rodeó mi cabeza y la otra mano la metió en el plato, cogió un trozo de comida y me lo metió en la boca, me tapó la boca, “cómetelo todo cerdo”, me ordenó Angelines, me sentía totalmente humillado, comiendo de aquella manera de su repugnante mano de goma, al final tuve que comerme todo obligado por élla, yo no paraba de insultarla y pedirle que me dejara marchar, pero ella no hizo el menor caso.
“Seguro que tienes sed, ¿verdad?”, cogió el vaso de agua y se lo bebió ella burlándose de mi. “No te preocupes, te daré de beber cerdo”, se puso en cuclillas, se levantó la falda, cogió las bragas con las que había estado amordazado y sujetándolas con una mano empezó a orinar sobre ellas, las dejo completamente mojadas, se acercó a mí y me las acercó a mi boca, intente oponerme pero una fuerte bofetada me hizo pensar lo contrario, empezó a introducírmelas en mi boca, mi boca quedo empapada de su orina y así tuve que permanecer, ya que Angelines de nuevo se marchó dejándome allí de nuevo encerrado. No sé cuantas horas debía ya de llevar en esa casa, pero ya debía de ser de noche, durante el tiempo que estuve allí solo había recibido castigos y humillaciones, no sabía cuando acabaría esto.
La puerta volvió a abrirse, no sabía que me esperaba ahora pero pronto lo comprobé, se acerco a mí y sin decir nada empezó a quitarse su bata y la falda, se quedo desnuda de cintura para abajo, mostrándome sus amplios muslos, su sexo y un ancho trasero, se inclino y se sentó en mi pecho: “ahora pórtate bien y te dejare marchar”, me dijo Angelines mientras me acariciaba la cara, después pasó de estar sentada en mi pecho a sentarse en mi cara, plantó su trasero y sexo en mi cara, un fuerte hedor invadió mi nariz, su trasero me aplastaba e impedía que pudiese respirar por la nariz, al momento se apartó, me dejó algo exhausto y apenas tuve tiempo de respirar cuando volvió a sentarse sobre mi cara, aquello era humillante, solo respiraba su trasero, repitió esto varias veces provocando una sensación de sofoco con su trasero aplastando mi cara, solo respiraba su trasero y desprendía un fuerte olor, ella estaba disfrutando humillándome y se burlaba de mí, su ancho trasero se ajustaba en mi nariz sin mas remedio que respirar su olor, su trasero me aplastaba mi cara contra el suelo mientras ella disfrutaba.
“Ahora voy a quitarte la mordaza, compláceme y podrás marcharte, de lo contrario, tendré que seguir enseñándote a respetarme”, me dijo Angelines mientras sacaba la mordaza de mi boca, me temía lo peor, pretendía que le diera placer con mi lengua, empezó a sentarse de nuevo sobre mi cara, apoyo su sexo en mi boca, “lámelo bien cerdo”, no estaba dispuesto a lamer su sexo pero dos fuertes bofetadas me recordaron que debía hacerlo, “no me hagas enfadar”, me recriminó con un tono mas severo, saqué mi lengua tímidamente y rocé suavemente su sexo con ella; “ya esta bien, sino me obedeces lo lamentaras”, me gritó enfadada al ver que no la obedecía como ella deseaba, se levantó, cogió el cinturón y se sentó de nuevo sobre mi cara pero en sentido contrario dándome la espalda, plantó su trasero en mi cara, recibí un golpe de cinturón sobre mi muslo, “lame cerdo”, me ordenó, como había pasado hasta ahora consiguió que la obedeciese, mi lengua empezó a chupar su sexo, recibí otro azote pidiendo que lo hiciese mejor, tuve que esmerarme, aquellos golpes sobre mis muslos dolían, lamí su sexo durante un largo rato, ella estaba disfrutando y se la notaba, cuando quedó satisfecha se puso en cuclillas sobre mí y se introdujo un dedo en su sexo y después en mi boca, totalmente humillado, lamí todo su sexo y dedo húmedo hasta que quedó satisfecha, cuando terminó, se levantó y empezó a vestirse.
“¿Ahora puedo irme?”, le pregunté, ella no contestó nada, volví a insistir. “No, te iras cuando yo diga”, me contestó. “Pero dijiste que podría irmmmmmmhhhhmmmm, uhhhmmm”, no pude terminar la frase cuando volvió a introducirme la mordaza en mi boca. “Cállate estúpido, no saldrás de aquí hasta que yo quiera”, me estrelló dos bofetadas en la cara y se marchó riendo. Agradeceré sus comentarios a: sumisso22@yahoo.es
“Sinvergüenza, necesitas una buena disciplina”, solía responderme, a lo que yo no hacía caso, ella me odiaba y pronto pude comprobar hasta que punto. Mi vecina se caracteriza por tener un fuerte carácter, siempre está gruñendo, quejándose o chillando, a su marido le tiene completamente controlado, siempre le chilla y regaña, su marido la tiene incluso miedo y desde aquel día le comprendo perfectamente. Físicamente mi vecina no es atractiva, Es una mujer de unos 50 años, pelo rubio rizado, caderas anchas, brazos y piernas anchos, es decir esta algo obesa. Al entrar por la puerta mi vecina Angelines me echó una mirada de odio, se me quedó mirando fijamente, la saludé sólo por cortesía y ella no me respondió, lo único que dijo en un tono que pude oírlo fue: “Ya esta aquí el vecino, se acabó la tranquilidad”, después se dio la vuelta y recriminó a su marido: “y tú idiota sigue cortando el jardín”.
Yo no quería problemas así que no le contesté nada, seguí mi camino hacia dentro de la casa dispuesto a pasar unos días agradables sin que mi vecina me lo impidiese pero fue algo imposible. El resto del día continuó con mucha tranquilidad. Salí a dar un agradable paseo, llegué de noche a casa, hacía mucho frío y cuando me dispuse a encender la chimenea me di cuenta que no tenía leña y la casa estaba helada, esa noche no tuve más remedio que aguantarme y soportar el frío. Al día siguiente lo primero que hice fue ir a comprar leña a la tienda pero estaba cerrada ya que era fiesta, ahora si tenía un problema, hacía mucho frío y no tenía nada con que encender un fuego en casa, pero por un momento me entró la idea de pedirle un poco de leña a mi vecina Angelines, pero se me quitó la idea enseguida, pero fue peor porque se me ocurrió que si la cogía un poco de la que ella tiene en su jardín ni se enteraría, pero no fue una buena idea.
Me asomé a su casa, ella no estaba en el jardín, al menos creía eso, con sigilo salté la valla, y llegué hasta donde estaba la leña, cogí unos cuantos maderos, más de los debidos, no me di cuenta pero tuve que hacer bastante ruido, cuando escuché algo por detrás de mí: “quieto ahí cerdo, no te muevas”, me giré para ver quien era y la sorpresa fue que era mi vecina Angelines apuntándome con un arma de caza, tanto ella como yo nos llevamos una sorpresa: “pero si es el sinvergüenza de mi vecino, ahora también es un ladrón”, me dijo mi vecina, ahora estaba metido en un problema. “Solo quería un poco de leña”, le contesté tartamudeando, “eso se lo tendrás que decir a la policía”, cuando dijo lo de la policía me asusté, si se enteraban mis padres de esto nunca más confiarían en mi y no me dejarían las llaves más, empecé a intentar disculparme y pedirle con respeto que no la llamara, tras disculparme una y otra vez, ella accedió a no llamarla, “pero esto no quedará así sin más, si no la llamo yo misma me encargaré de que no vuelvas a hacerlo”. Yo accedí rápidamente, pensé que sería una tontería lo que ella haría, pensaba que me regañaría como otras veces y olvidado y me habría salido con la mía, pero estaba muy equivocado, demasiado equivocado.
“Sígueme”, me ordenó Angelines, me llevó a la parte de atrás de la casa, allí al igual que en mi casa hay unas escaleras que conducen al sótano, bajo las escaleras y abrió la puerta con una llave que sacó de su bata, iba vestida con una bata de tela, la llevaba abierta debajo iba en falda y con unas botas de goma grandes, la ropa que habitualmente suele llevar cuando esta cuidando su jardín. “Entra”, me ordenó Angelines. Entré por delante de ella, era un sótano no muy grande con muchos trastos en el, una silla y un mueble. Ella entro detrás de mi y cerro la puerta con llave por dentro y se guardó la llave, aquello me asustó un poco, no sabía lo que pretendía, “ahora desnúdate”, me dijo Angelines, yo no estaba dispuesto a hacer lo que me pedía, pero al momento me recordó que entonces llamaría a la policía, entonces tuve que obedecerla, que se enteraran de lo sucedido me atemorizaba más que ella, me quedé completamente desnudo ante aquella mujer, sentía mucha vergüenza pero no era nada con lo que me esperaba.
“Túmbate boca abajo en el suelo”, me ordenó, yo obedecí y me tumbé sin saber que pretendía, Angelines se acercó a un cajón y de el sacó varias cuerdas, cogió una cuerda larga y resistente y se inclinó hacia mi, me cogió las manos y me las puso en la espalda, juntó mis manos y empezó a dar vueltas con la cuerda sobre ellas, tensó la cuerda con fuerza y empezó a atarme las manos, la cuerda apretaba mis muñecas con fuerza, opuse algo de resistencia, “me haces daño”, le recriminé mientras movía mis manos, “estate quieto”, me colocó su rodilla en mi cabeza impidiendo que me moviera y siguió atando con fuerza mis manos, al momento estaba fuertemente atado, intente mover las manos pero era imposible, no era la primera vez que ataba a alguien, después cogió otra cuerda y empezó a atarme los pies, me ató con fuerza los pies por los tobillos, al momento me había atado de pies y manos, las cuerdas me hacían daño y estaba asustado; “suéltame, suéltame”, empecé a pedirle. De pronto, recibí una fuerte y sonora bofetada en la cara; “cállate”, me ordenó Angelines, pero yo seguí pidiéndole que me soltara, pero dos nuevas bofetadas se estrellaron en mi cara, Angelines estaba muy enfadada, noté la fuerza de su ancho brazo en mí cara, ella me miró fijamente:
“No te lo vuelvo a repetir, cállate”, me gritó Angelines. Sin pensarlo rápidamente la insulte: “suéltame zorra”, algo que no debí de hacer. “Ya esta bien, te lo advertí, no volverás a abrir más la boca”, se levantó la falda y metió una mano y se quito sus bragas, unas bragas grandes blancas, las apretujó en su mano e intento introducírmelas en mi boca, yo cerré la boca rápidamente y aparte la cara, pero ella con fuerza me tiro del pelo inclinándome hacia atrás la cabeza, me hizo daño con el tirón de pelo, “abre la boca ahora mismo”, me ordenó, tras no obedecerla, recibí otra bofetada, “ábrela”, volvió a ordenarme, tras recibir otra bofetada más, tuve que obedecerla, acercó sus bragas a mi cara, pude comprobar que desprendían un fuerte hedor, y empezó a introducirme sus bragas en mi boca forzándolas con sus dedos hasta que entraron enteras, me llenaron la boca por completo, no podía hablar, ella se dirigió al cajón y cogió una cinta de embalar gruesa, pego el extremo de la cinta en mi boca y empezó a dar vueltas con ella alrededor de mi boca y cabeza, tras dar varias vueltas con la cinta se aseguro que pegaba bien la cinta a mi boca, me amordazó por completo:
“Ahora grita lo que quieras cerdo”, me miró fijamente y me propinó otra bofetada. “Ahora vas a pagarme todo lo de estos años, voy a enseñarte a respetarme ¿has entendido?”, un tirón de pelo me obligó a responder entre la mordaza: “uhhmmmmmm uhhmmmmmmm”.
“Ahora te quedarás aquí hasta que llegue la hora de tu castigo”. Ella se marchó de la habitación, cerró la puerta con llave y me dejó allí encerrado, fuertemente atado y amordazado. No sé cuanto tiempo estuve allí encerrado, pero pasó un largo rato, había tenido mucho tiempo para pensar lo que me estaba pasando, no me lo podía creer, mi cara me dolía por las bofetadas recibidas y la cuerda me apretaba en mi piel. La puerta empezó a abrirse, era Angelines, entró y cerró la puerta con llave, se acercó a mí y agarrándome del pelo me dijo en un tono muy serio: “ahora vas a aprender a respetarme cerdo”, metió la mano en el bolsillo de su bata y sacó unos guantes de goma, aquello me produjo más miedo, yo intentaba arrastrarme para huir, pero era una idea absurda, “es inútil que intentes escaparte, saldrás de aquí cuando yo quiera”, Angelines empezó a ponerse unos guantes domésticos, eran de goma amarillos pero muy usados, casi de color marrón y mal olientes, se los puso con dificultad, le quedaban muy justos en su ancho brazo, se ajustó los dedos y se dirigió a un cajón, sacó un cinturón de cuero, lo dobló por la mitad, cogió la silla que allí había y se sentó en ella, se levantó la falda para tener mas movilidad y me señaló sus rodillas.
“Túmbate aquí ahora mismo”, yo por supuesto que no la obedecí, pero eso aumentó su enfado. “Te lo repito por última vez, ven aquí o recibirás el doble”. Al final tuvo ella que venir por mi, me cogió por el pelo y me tumbó en sus rodillas, quedé tumbado sobre sus anchos muslos, ella me levantó mis manos atadas con su mano, quedando así más inclinado y con mi trasero a su placer y con la otra mano descargó el cinturón en mi trasero, recibí un fuerte azote con el cinturón, y antes de recuperarme ya estaba recibiendo otro y otro, empecé a recibir una lluvia de azotes en mi trasero, los azotes eran fuertes y continuos, solo se escuchaba el sonido del cinturón contra mi trasero y leves gemidos de mi mordaza, cada azote me dolía más y más y ella continuaba su ritmo, tras recibir una buena serie de azotes de cinturón, por fin paró o bueno, eso creía yo, terminé con el trasero adolorido, Angelines me bajó de sus rodillas, ella permanecía sentada en la silla y yo estaba de rodillas frente a ella, me cogió por el pelo levantándome la cabeza; “A partir de hoy me respetaras y me obedecerás en todo, ¿has entendido?”, “uhhmmmmmm, uhhhmmmm”, es lo único que podía decir.
“Bien, pero me aseguraré que lo has entendido”, Angelines me volvió a poner sobre sus rodillas, iba a recibir otros azotes y mi trasero no aguantaba ni uno más, traté de patalear y resistirme como pude, pero fue inútil, ella pasó una pierna por encima de mi, haciendo una especie de palanca sobre mi cuerpo, fue imposible moverme, además es una mujer corpulenta y ejercía fuerza sobre mi, de pronto, noté el cinturón estrellándose de nuevo en mi trasero una y otra vez, estos azotes fueron muy dolorosos, lo único que podía hacer era gritar entre mi mordaza, ya no oponía residencia, me di por vencido y recibí sus golpes de cinturón uno tras otro, pasaron unos minutos y me ardía el trasero, una lagrima se dejo caer por mis ojos mientras seguía recibiendo azotes. Después de un rato azotándome, paró, caí rendido en el suelo: “espero que hayas aprendido a obedecerme y respetarme, de lo contrario, no dudaré en volver a azotarte las veces que sean necesarias”, me dijo Angelines, dejo caer el cinturón al suelo, tiro los guantes al suelo y salió de la habitación dejándome allí encerrado de nuevo.
Tuve mucho tiempo de pensar sobre lo sucedido, pasaba el tiempo y seguía allí encerrado sin poder hacer nada para evitarlo, el trasero me ardía y lo debía de tener completamente colorado, mis manos y pies me dolían por las cuerdas y sus repugnantes bragas seguían en mi boca impidiendo pedir ayuda. Pasó alguna hora hasta que volvió a entrar Angelines al sótano, llevaba en la mano comida y bebida, no tenía hambre, la verdad era lo último en lo que estaba pensando, Angelines se acercó a mí con el plato y lo dejó en el suelo: “Ahora te quitaré la mordaza, ni se te ocurra decir nada y te portaras bien y te comerás todo”, dijo Angelines en un tono más tranquilo, se acercó a mí y me quito la mordaza, “vamos, cómetelo todo”, me ordenó mientras ella miraba con los brazos en jarra, pretendía que comiese como un perro, le pedí que me desatara para que pudiese comer, pero ella no accedió, ella empezó a enfadarse al ver que no la obedecía; “te lo comerás todo de una u otra manera cerdo”, me dijo Angelines mientras se acercó y cogió de nuevo sus guantes, volvió a ponerse sus sucios guantes y se dirigió hacia mí, me cogió por el pelo y me llevó hasta la silla, se sentó en ella y me puso de rodillas entre sus piernas, me dio la vuelta dándole la espalda y me acercó a ella más, con un brazo me rodeó mi cabeza y la otra mano la metió en el plato, cogió un trozo de comida y me lo metió en la boca, me tapó la boca, “cómetelo todo cerdo”, me ordenó Angelines, me sentía totalmente humillado, comiendo de aquella manera de su repugnante mano de goma, al final tuve que comerme todo obligado por élla, yo no paraba de insultarla y pedirle que me dejara marchar, pero ella no hizo el menor caso.
“Seguro que tienes sed, ¿verdad?”, cogió el vaso de agua y se lo bebió ella burlándose de mi. “No te preocupes, te daré de beber cerdo”, se puso en cuclillas, se levantó la falda, cogió las bragas con las que había estado amordazado y sujetándolas con una mano empezó a orinar sobre ellas, las dejo completamente mojadas, se acercó a mí y me las acercó a mi boca, intente oponerme pero una fuerte bofetada me hizo pensar lo contrario, empezó a introducírmelas en mi boca, mi boca quedo empapada de su orina y así tuve que permanecer, ya que Angelines de nuevo se marchó dejándome allí de nuevo encerrado. No sé cuantas horas debía ya de llevar en esa casa, pero ya debía de ser de noche, durante el tiempo que estuve allí solo había recibido castigos y humillaciones, no sabía cuando acabaría esto.
La puerta volvió a abrirse, no sabía que me esperaba ahora pero pronto lo comprobé, se acerco a mí y sin decir nada empezó a quitarse su bata y la falda, se quedo desnuda de cintura para abajo, mostrándome sus amplios muslos, su sexo y un ancho trasero, se inclino y se sentó en mi pecho: “ahora pórtate bien y te dejare marchar”, me dijo Angelines mientras me acariciaba la cara, después pasó de estar sentada en mi pecho a sentarse en mi cara, plantó su trasero y sexo en mi cara, un fuerte hedor invadió mi nariz, su trasero me aplastaba e impedía que pudiese respirar por la nariz, al momento se apartó, me dejó algo exhausto y apenas tuve tiempo de respirar cuando volvió a sentarse sobre mi cara, aquello era humillante, solo respiraba su trasero, repitió esto varias veces provocando una sensación de sofoco con su trasero aplastando mi cara, solo respiraba su trasero y desprendía un fuerte olor, ella estaba disfrutando humillándome y se burlaba de mí, su ancho trasero se ajustaba en mi nariz sin mas remedio que respirar su olor, su trasero me aplastaba mi cara contra el suelo mientras ella disfrutaba.
“Ahora voy a quitarte la mordaza, compláceme y podrás marcharte, de lo contrario, tendré que seguir enseñándote a respetarme”, me dijo Angelines mientras sacaba la mordaza de mi boca, me temía lo peor, pretendía que le diera placer con mi lengua, empezó a sentarse de nuevo sobre mi cara, apoyo su sexo en mi boca, “lámelo bien cerdo”, no estaba dispuesto a lamer su sexo pero dos fuertes bofetadas me recordaron que debía hacerlo, “no me hagas enfadar”, me recriminó con un tono mas severo, saqué mi lengua tímidamente y rocé suavemente su sexo con ella; “ya esta bien, sino me obedeces lo lamentaras”, me gritó enfadada al ver que no la obedecía como ella deseaba, se levantó, cogió el cinturón y se sentó de nuevo sobre mi cara pero en sentido contrario dándome la espalda, plantó su trasero en mi cara, recibí un golpe de cinturón sobre mi muslo, “lame cerdo”, me ordenó, como había pasado hasta ahora consiguió que la obedeciese, mi lengua empezó a chupar su sexo, recibí otro azote pidiendo que lo hiciese mejor, tuve que esmerarme, aquellos golpes sobre mis muslos dolían, lamí su sexo durante un largo rato, ella estaba disfrutando y se la notaba, cuando quedó satisfecha se puso en cuclillas sobre mí y se introdujo un dedo en su sexo y después en mi boca, totalmente humillado, lamí todo su sexo y dedo húmedo hasta que quedó satisfecha, cuando terminó, se levantó y empezó a vestirse.
“¿Ahora puedo irme?”, le pregunté, ella no contestó nada, volví a insistir. “No, te iras cuando yo diga”, me contestó. “Pero dijiste que podría irmmmmmmhhhhmmmm, uhhhmmm”, no pude terminar la frase cuando volvió a introducirme la mordaza en mi boca. “Cállate estúpido, no saldrás de aquí hasta que yo quiera”, me estrelló dos bofetadas en la cara y se marchó riendo. Agradeceré sus comentarios a: sumisso22@yahoo.es