Rodrigos
27-04 2005, 01:17 PM
La experiencia que relato no se realmente cuando empezó, soy Rodrigo y actualmente tengo 37 años. Desde joven me di cuenta de mi interés por personas de mi mismo sexo, de pequeño me gustaba y excitaba espiar a mis primos mayores que yo mientras se bañaban, siempre me las ingeniaba para hacerlo sin que se dieran cuenta por supuesto. Sin embargo, mi interés por los hombres nunca lo hice manifiesto, cuando llegué a la adolescencia, era muy acosado por hombres evidentemente homosexuales, pero por supuesto eso me asustaba, me excitaba pero me asustaba también. He tratado de llevar una vida “normal”, con amigos, amigas con los que he convivido y hecho toda una vida, ahora soy un hombre casado y con hijos.
A los 27 años yo llegué a vivir al fraccionamiento donde actualmente vivo, con mi esposa e hijos, conocí a los vecinos pero convivía poco con ellos, pasaba todo el día trabajando, regresaba ya por la noche. Después de un tiempo un vecino y yo nos hicimos compadres, y todo iba bien, hasta que con el tiempo, empezamos a tenernos confianza mutua para hablar de cualquier tema sin ningún problema. De repente me sentí atraído por él, no es guapo, pero algo tenía que hizo que poco a poco me fuera enamorando de él, por supuesto que eso me trajo conflictos matrimoniales, porque mi interés era demasiado evidente, empecé a cortejarlo como a una novia, él se mostraba complacido, pero hasta ahí, en realidad nunca me dio indicios de tener otro tipo de interés en mí, más que el de amistad. Mi compadre tenía un sueño muy pesado y acostumbraba a dormirse donde fuera, de repente estábamos viendo el fútbol y se quedaba dormido, o viendo alguna película y se quedaba dormido, después de cerciorarme de que estaba dormido y no se hacía pato, acercaba mi mano a su nariz para sentir el cálido aliento que por ella emanaba, era tal mi excitación que con sólo eso, yo me sentía sumamente excitado.
En una ocasión estábamos en su oficina, y yo había agarrado el juego de pararme detrás de él y darle masaje en el cuello a lo que él aceptaba sin decir nada, con el tiempo metía mi mano bajo la camisa, y le daba el masaje sintiendo el calor de su piel en mis manos, y llegar a su cabeza y pasando mis dedos por entre sus erizados cabellos lograba tocarlo, eso era lo máximo para mí, más de una vez logré eyacular haciendo eso, sin que él se diera cuenta por supuesto, la mancha en mi pantalón trataba de ocultarla como pudiera, pero a veces el olor del semen era tremendo, y tenía que retirarme. Un día, llegué por la tarde a su oficina, el trabaja sólo, y yo tengo llave de la oficina, así que entré de improvisto y me di cuenta de navegaba en Internet en una página gay, sorprendido me dijo que buscaba las imágenes de hombres desnudos para enviárselas a una amiga para su cumpleaños. La verdad le creí, pero tocamos el tema y hablamos de la homosexualidad como tal y me quedó claro, o más bien me reafirmó que a él no le gustaban los hombres, yo estoy seguro de que él sabe de mi interés por él, por eso cada vez que hay oportunidad me deja ver que él es muy hombre y no le gustan los hombres. Sin embargo en esa ocasión, como en muchas otras, me paré detrás de él y empecé con mi masaje, le desabroché la camisa y metí mi mano bajo ella, tocando su cuello y parte de su espalda, su cuello estaba caliente y su espalda estaba igualmente caliente.
Jugando y riendo le dije que si quería un masaje completo a lo que él nada más se rió, para entonces yo había desabrochado toda su camisa, teniendo que agacharme hacia delante y quedar mi cara a la altura de su cuello, su olor, un olor que era parte de mi fantasía, lo tuve tan cerca. Yo poco tonto, un día antes había comprado una crema corporal que había dejado ahí mismo en la oficina, así que la tomé y echando un chorro en mi mano se la puse en la puse en cuello, a lo que él se extrañó por supuesto, quiso levantarse, pero lo detuve para que se quedara sentado, le pedí que se inclinara hacia delante y se quitara la camisa, lo hizo, así que levantando su camiseta yo empecé con mi masaje en toda la espalda, eso era lo más atrevido que había hecho, empecé a bajar mi mano hasta llegar a su cintura y meterla por debajo del pantalón en su parte trasera, como se me dificultaba bajar la mano, le pedí que se desabrochara el pantalón para poder darle un mejor masaje y él se desabrochó el pantalón, entonces mi mano podría bajar por toda su espalda y llegar hasta donde empezaban sus nalgas, lograba tocar el borde de su trusa, eso me tenía extasiado. No se cómo pero por alguna razón le dije que se quitara el pantalón para darle un masaje en las piernas yo sabía que una de sus partes débiles son las piernas, porque cuando está tenso o cansado le duelen, tiene unas piernas morenas, velludas, completamente hermosas, es una parte de su cuerpo que mas me llamaba la atención. El se levantó del sillón y se bajó el pantalón quedando únicamente en trusa, una tanga verde oscuro, con el elástico superior negro, una tanga de esas que tiene tela únicamente al frente para sostener el bulto y por detrás para sostener las nalgas, a los lados esta únicamente el elástico; giré el sillón y lo tuve de frente y colocando sus pies sobre otro asiento. Empecé con mi masaje en las piernas, por primera vez tenía la oportunidad de tenerlo en trusas delante de mí y poder tocarlo, mi mano recorría palmo a palmo toda y cada una de sus piernas, hasta llegar a su ingle de donde se escapaban unos vellos púbicos por un lado de la trusa, mi mano recorría y tocaba los vellos, sin embargo, mi vista estaba fija en el bulto bajo la trusa, esperando una señal nada más, pero aquello no se levantaba.
Noté que él estaba un poco tenso, y aunque el masaje era para relajarlo no podía conseguirlo, sin embargo, yo estaba ensimismado tocándolo desde donde empieza la pierna hasta donde termina y en el camino lograba meter la punta de mi dedo pulgar bajo la trusa, tratando de que por “accidente” tocara su pene y eso le provocara una erección. ¡Que ganas tenía de irme sobre el pene y tocarlo, acariciarlo y pegarle una mamada hasta que se viniera en mi boca!, Al cabo de un rato, le pregunté que si le bajaba la trusa, me dijo que no y ahí me echó un rollo nuevamente y me recalcó que tan estaba seguro de que no le gustaban los hombres que ni el pico se le paraba en ese momento. Ya en la plática cometí le estupidez de confesarle que yo había eyaculado varias veces dándole masaje en la espalda, a lo que él nomás se sonrió. Después de su negativa, le pedí que se pusiera de pie y se recargara en el escritorio para darle masaje por detrás de las piernas, me agaché y empecé a acariciar sus piernas, porque eso era lo que yo estaba haciendo bajo el pretexto del masaje, mis manos bajaban y subían hasta llegar a la parte donde empiezan las nalgas, pero no subía más allá, cuando yo no aguanté más le pregunté nuevamente su podía bajarle la trusa, nomás la parte posterior para darle bien el masaje, me dijo que sí que no había problema, y ¡Oh Dios! Tenía sus nalgas a mi vista, y a mi disposición, mis manos empezaron a tocarle las nalgas, subían y bajaban por detrás de sus bien torneadas piernas, velludas piernas, morenas piernas, y llegaban a las nalgas, y me deleitaba estrujándolas, agasajándolas, tocándolas como no tienen idea. yo le había bajado la trusa de tal forma que el pene le quedaba de fuera, sin embargo yo estaba por detrás, y mientras le daba el masaje me las ingeniaba para echar un mirada de reojo hacia delante y tratar de ver su pene, ver la reacción que me diera la señal para abalanzarme, pero nada, alcanzaba a ver únicamente todo su vello púbico, vellos enchinados, enrizados, fue entonces que pasé mis manos hacia delante, y acaricié sus tetillas, su pecho, su vientre, pero no su pene, era la única parte de él que me tenía privada y lo que hacía más erótico aquél juego, él sabe que esa es la fruta prohibida para mí y mientras yo no tenga eso, me va a tener en sus manos, pero en ese momento no me importó yo sentía como mi verga estaba a no más no poder bajo mi trusa, bajo mi pantalón, deseaba que él se fuera sobre mí y me bajara el pantalón, liberando mi verga de la prisión en la que la mantenía la trusa y tomándola con sus dos manos se la llevara a la boca.
Ligeramente yo con mis manos separaba un poco sus nalgas, mostrándome discretamente su culo peludo, y yo imaginaba mi lengua jugueteando en esa maraña de pelos, imaginaba mi verga entrando por esa cueva escondida y llegar hasta a lo más profundo, chocar sus nalgas con mi vientre, así pasando mis manos por detrás de sus piernas llegando hasta sus nalgas y pasando a su pecho, pasarlas por sus pezones, sintiendo el aroma que emanaba su cuello, el aceite del gel en su cabello, mi verga hizo erupción, lanzando torrentes de leche que por supuesto nuevamente tuve que disimular, aunque el aroma penetraba el espacio semi oscuro de aquella oficina. Lentamente subí su trusa, subí su pantalón y le ayudé a acomodar su camisa.
Ahora pienso si no fui un baboso y desperdicié una oportunidad única de decirle cuanto lo amo y de las ganas que tengo de cogerlo y de que me coja, de besarlo y que me bese, de mamarle el pico y me la mame, de poder acariciarlo libremente y volver a sentir sus nalgas en mis manos, pero desgraciadamente desde esa ocasión no he vuelto a darle un masaje ni tan siquiera en el cuello, lo he intentado pero sutilmente me ha dicho que no.
A los 27 años yo llegué a vivir al fraccionamiento donde actualmente vivo, con mi esposa e hijos, conocí a los vecinos pero convivía poco con ellos, pasaba todo el día trabajando, regresaba ya por la noche. Después de un tiempo un vecino y yo nos hicimos compadres, y todo iba bien, hasta que con el tiempo, empezamos a tenernos confianza mutua para hablar de cualquier tema sin ningún problema. De repente me sentí atraído por él, no es guapo, pero algo tenía que hizo que poco a poco me fuera enamorando de él, por supuesto que eso me trajo conflictos matrimoniales, porque mi interés era demasiado evidente, empecé a cortejarlo como a una novia, él se mostraba complacido, pero hasta ahí, en realidad nunca me dio indicios de tener otro tipo de interés en mí, más que el de amistad. Mi compadre tenía un sueño muy pesado y acostumbraba a dormirse donde fuera, de repente estábamos viendo el fútbol y se quedaba dormido, o viendo alguna película y se quedaba dormido, después de cerciorarme de que estaba dormido y no se hacía pato, acercaba mi mano a su nariz para sentir el cálido aliento que por ella emanaba, era tal mi excitación que con sólo eso, yo me sentía sumamente excitado.
En una ocasión estábamos en su oficina, y yo había agarrado el juego de pararme detrás de él y darle masaje en el cuello a lo que él aceptaba sin decir nada, con el tiempo metía mi mano bajo la camisa, y le daba el masaje sintiendo el calor de su piel en mis manos, y llegar a su cabeza y pasando mis dedos por entre sus erizados cabellos lograba tocarlo, eso era lo máximo para mí, más de una vez logré eyacular haciendo eso, sin que él se diera cuenta por supuesto, la mancha en mi pantalón trataba de ocultarla como pudiera, pero a veces el olor del semen era tremendo, y tenía que retirarme. Un día, llegué por la tarde a su oficina, el trabaja sólo, y yo tengo llave de la oficina, así que entré de improvisto y me di cuenta de navegaba en Internet en una página gay, sorprendido me dijo que buscaba las imágenes de hombres desnudos para enviárselas a una amiga para su cumpleaños. La verdad le creí, pero tocamos el tema y hablamos de la homosexualidad como tal y me quedó claro, o más bien me reafirmó que a él no le gustaban los hombres, yo estoy seguro de que él sabe de mi interés por él, por eso cada vez que hay oportunidad me deja ver que él es muy hombre y no le gustan los hombres. Sin embargo en esa ocasión, como en muchas otras, me paré detrás de él y empecé con mi masaje, le desabroché la camisa y metí mi mano bajo ella, tocando su cuello y parte de su espalda, su cuello estaba caliente y su espalda estaba igualmente caliente.
Jugando y riendo le dije que si quería un masaje completo a lo que él nada más se rió, para entonces yo había desabrochado toda su camisa, teniendo que agacharme hacia delante y quedar mi cara a la altura de su cuello, su olor, un olor que era parte de mi fantasía, lo tuve tan cerca. Yo poco tonto, un día antes había comprado una crema corporal que había dejado ahí mismo en la oficina, así que la tomé y echando un chorro en mi mano se la puse en la puse en cuello, a lo que él se extrañó por supuesto, quiso levantarse, pero lo detuve para que se quedara sentado, le pedí que se inclinara hacia delante y se quitara la camisa, lo hizo, así que levantando su camiseta yo empecé con mi masaje en toda la espalda, eso era lo más atrevido que había hecho, empecé a bajar mi mano hasta llegar a su cintura y meterla por debajo del pantalón en su parte trasera, como se me dificultaba bajar la mano, le pedí que se desabrochara el pantalón para poder darle un mejor masaje y él se desabrochó el pantalón, entonces mi mano podría bajar por toda su espalda y llegar hasta donde empezaban sus nalgas, lograba tocar el borde de su trusa, eso me tenía extasiado. No se cómo pero por alguna razón le dije que se quitara el pantalón para darle un masaje en las piernas yo sabía que una de sus partes débiles son las piernas, porque cuando está tenso o cansado le duelen, tiene unas piernas morenas, velludas, completamente hermosas, es una parte de su cuerpo que mas me llamaba la atención. El se levantó del sillón y se bajó el pantalón quedando únicamente en trusa, una tanga verde oscuro, con el elástico superior negro, una tanga de esas que tiene tela únicamente al frente para sostener el bulto y por detrás para sostener las nalgas, a los lados esta únicamente el elástico; giré el sillón y lo tuve de frente y colocando sus pies sobre otro asiento. Empecé con mi masaje en las piernas, por primera vez tenía la oportunidad de tenerlo en trusas delante de mí y poder tocarlo, mi mano recorría palmo a palmo toda y cada una de sus piernas, hasta llegar a su ingle de donde se escapaban unos vellos púbicos por un lado de la trusa, mi mano recorría y tocaba los vellos, sin embargo, mi vista estaba fija en el bulto bajo la trusa, esperando una señal nada más, pero aquello no se levantaba.
Noté que él estaba un poco tenso, y aunque el masaje era para relajarlo no podía conseguirlo, sin embargo, yo estaba ensimismado tocándolo desde donde empieza la pierna hasta donde termina y en el camino lograba meter la punta de mi dedo pulgar bajo la trusa, tratando de que por “accidente” tocara su pene y eso le provocara una erección. ¡Que ganas tenía de irme sobre el pene y tocarlo, acariciarlo y pegarle una mamada hasta que se viniera en mi boca!, Al cabo de un rato, le pregunté que si le bajaba la trusa, me dijo que no y ahí me echó un rollo nuevamente y me recalcó que tan estaba seguro de que no le gustaban los hombres que ni el pico se le paraba en ese momento. Ya en la plática cometí le estupidez de confesarle que yo había eyaculado varias veces dándole masaje en la espalda, a lo que él nomás se sonrió. Después de su negativa, le pedí que se pusiera de pie y se recargara en el escritorio para darle masaje por detrás de las piernas, me agaché y empecé a acariciar sus piernas, porque eso era lo que yo estaba haciendo bajo el pretexto del masaje, mis manos bajaban y subían hasta llegar a la parte donde empiezan las nalgas, pero no subía más allá, cuando yo no aguanté más le pregunté nuevamente su podía bajarle la trusa, nomás la parte posterior para darle bien el masaje, me dijo que sí que no había problema, y ¡Oh Dios! Tenía sus nalgas a mi vista, y a mi disposición, mis manos empezaron a tocarle las nalgas, subían y bajaban por detrás de sus bien torneadas piernas, velludas piernas, morenas piernas, y llegaban a las nalgas, y me deleitaba estrujándolas, agasajándolas, tocándolas como no tienen idea. yo le había bajado la trusa de tal forma que el pene le quedaba de fuera, sin embargo yo estaba por detrás, y mientras le daba el masaje me las ingeniaba para echar un mirada de reojo hacia delante y tratar de ver su pene, ver la reacción que me diera la señal para abalanzarme, pero nada, alcanzaba a ver únicamente todo su vello púbico, vellos enchinados, enrizados, fue entonces que pasé mis manos hacia delante, y acaricié sus tetillas, su pecho, su vientre, pero no su pene, era la única parte de él que me tenía privada y lo que hacía más erótico aquél juego, él sabe que esa es la fruta prohibida para mí y mientras yo no tenga eso, me va a tener en sus manos, pero en ese momento no me importó yo sentía como mi verga estaba a no más no poder bajo mi trusa, bajo mi pantalón, deseaba que él se fuera sobre mí y me bajara el pantalón, liberando mi verga de la prisión en la que la mantenía la trusa y tomándola con sus dos manos se la llevara a la boca.
Ligeramente yo con mis manos separaba un poco sus nalgas, mostrándome discretamente su culo peludo, y yo imaginaba mi lengua jugueteando en esa maraña de pelos, imaginaba mi verga entrando por esa cueva escondida y llegar hasta a lo más profundo, chocar sus nalgas con mi vientre, así pasando mis manos por detrás de sus piernas llegando hasta sus nalgas y pasando a su pecho, pasarlas por sus pezones, sintiendo el aroma que emanaba su cuello, el aceite del gel en su cabello, mi verga hizo erupción, lanzando torrentes de leche que por supuesto nuevamente tuve que disimular, aunque el aroma penetraba el espacio semi oscuro de aquella oficina. Lentamente subí su trusa, subí su pantalón y le ayudé a acomodar su camisa.
Ahora pienso si no fui un baboso y desperdicié una oportunidad única de decirle cuanto lo amo y de las ganas que tengo de cogerlo y de que me coja, de besarlo y que me bese, de mamarle el pico y me la mame, de poder acariciarlo libremente y volver a sentir sus nalgas en mis manos, pero desgraciadamente desde esa ocasión no he vuelto a darle un masaje ni tan siquiera en el cuello, lo he intentado pero sutilmente me ha dicho que no.