hisperc
13-02 2005, 12:02 PM
Hola, un saludo a todos los lectores de esta web. Así comienza mi relato. Somos una pareja de 43 y 44 años. Nos casamos muy jóvenes, a los 18 y 19 años respectivamente, nuestra vida sexual fue increíble, pero cuando llegamos a los 30 años de edad y 12 de matrimonio, las cosas habían cambiado, se perdió esa magia que provocaba la excitación y por ende, el deseo sexual. Así que una noche nos pusimos a platicar de lo que nos sucedía, llegando a la conclusión que nos hacía falta motivación sexual, y resolvimos tener una experiencia cada quien por su lado, luego nos contaríamos nuestras experiencias para ver el efecto que nos causaría. Mi esposa me pidió que esa experiencia quería tenerla lejos, donde nunca nadie sepa y donde todo acabe donde comenzó, así que compramos un pasaje y se fue para Los Angeles.
Nosotros estamos radicados en Quito, Ecuador. Apenas llegó a su destino, me llamó y me preguntó si estaba seguro y dispuesto a seguir en este proyecto, yo temblaba y estaba por decirle que se regresara, pero era un miedo exquisito, me excitaba a la vez que me daba miedo, pero no di pie atrás y le dije que adelante. Luego de esa llamada, me entró desesperación y revise el identificador de llamadas y la llamé para decirle que parara, por que no soportaba más, al sonar el teléfono, me contestó un hombre el cual hablaba ingles y no me entendió nada y me trancó el teléfono, casi morí de la preocupación y desesperación, sacaba fuerzas parara resignarme. Ya se acercaba el día de su regreso y no hubo más contactos con mi esposa, me desvelaba todas las noches consumiendo licor y cigarrillos sin medida, hasta que llegó el día de su retorno y me preparé de la mejor manera, me dije que a lo hecho, pecho.
Compré champaña y reservé la mejor habitación en un motel. Cuando llegó, ella tenía tanta vergüenza que no me podía ver a los ojos y yo la consolé, le pedí que si nos costo tanto sufrimiento, era hora de sacarle provecho. Llegamos al motel y sacó de su cartera un rollo de papeles y me los entregó. Me dijo que los había traído por escrito para que no se me olvide ningún detalle, y ella entró a tomar una ducha, yo temblaba con los papeles en mis manos, era como que sino quisiera leerlos, pero comencé a leer, y comenzó así:
Me encontraba sola y desubicada, decidí buscar un hotel para alojarme y dejar mis pertenencias para salir a caminar. Tomé un hotel cerca de la playa y salí a admirar el mar, me saqué los zapatos para caminar por la arena, con mi mente en el propósito del viaje, pero soy muy cobarde y resolví no hacerlo, mientras caminaba, saludaban hello, hi, casi todos los hombres y una que otra mujer, de pronto, vi unos pies negros de un hombre que caminaba junto a mi, y se dirigía a mi con su conversación, pero como no hablo ni entiendo ingles, no sabía lo que me decía. Al notar que no entendía nada de lo que me decía, me dice en un español casi inentendible: “tienes unos pies bonitos”, y yo regrese a verle y le di las gracias y se sonrió. Era un moreno apuesto, pero yo siempre les tuve miedo. El siguió tratando de hacerme la conversa y yo tratando de no ser descortés. Con señas y ademanes, se hizo entender que me invitaba a tomar algo, y recelosa acepté.
Como estaba tan nerviosa y confundida, pedí vodka con jugo de naranja y sin darme cuenta, me había tomado tres. Seguía en la lucha por entenderme con Jhon, que era el nombre del moreno. Mientras seguíamos platicando, ya más en confianza y con unos tragos encima, se me pasó por la mente aprovechar la oportunidad y deje que siguiera. Luego de unas dos horas, me preguntó si quería conocer donde el vivía, casi me desmayo del miedo y un escalofrío me corrió por mi cuerpo, pero saqué valor y dije que sí, ¿por qué no?, desde luego, toda nuestra conversación era con señas y ademanes. Llegamos a un departamento muy, pero muy bonito, una alfombra blanca de pelo muy alto cubría la sala, llegaba junto a una chimenea, en ese preciso instante me acordé de mi esposo y resolví llamarlo, por lo que le solicité una llamada de larga distancia, cuando hablé con mi esposo y me dio luz verde me dije adelante.
Fue desde ese momento cuando comencé a mirar a Jhon con distintos ojos, el me miró y trajo dos copas más de licor, un licor exquisito con sabor a menta, me pidió que nos sentáramos en la alfombra y yo accedí, nuevamente me miró y me dijo: “tienes pies bonitos”, pero me tomó un pie y me sacó el zapato, me acarició muy suavemente y yo sentía un sudor frío que me recorría por todo mi cuerpo, pero solo dejé que siguiera por que ya estaba tan excitada que perdí el miedo total. Le miré el miembro y se notaba que estaba en su máximo tamaño, me desnudo totalmente, muy despacio, recorriendo una y otra vez con su lengua todo mi cuerpo, me puso boca abajo en cuatro, y se comenzó a desvestir, volteé a ver que es lo que me esperaba, casi me desmayo de ver el tamaño del pene que tenía, pero muy hábilmente me lo fue metiendo poco a poco, hasta que me lo metía y sacaba de una manera desmedida, me vine como 10 veces y el no llegaba a eyacular, como mi vagina estaba ya muy adolorida y complacida, opté por mamarle, cosa que me excitó nuevamente al tener en mi boca algo que jamás imaginé que existiera, era un tamaño de cuatro manos mías y del grueso de mi muñeca, cuando lo estaba mamando, suena el teléfono y él atendió, era mi esposo, como no lo entendió entonces trancó, yo me quedé desesperada y por compromiso, le chupé hasta hacerle eyacular. Me vestí y salí a tomar un taxi para irme a mi hotel.
Esta historia es real y sigue, pero no quiero cansarles. Si alguien quiere contactarme, mi correo es hisperc@yahoo.com.
Nosotros estamos radicados en Quito, Ecuador. Apenas llegó a su destino, me llamó y me preguntó si estaba seguro y dispuesto a seguir en este proyecto, yo temblaba y estaba por decirle que se regresara, pero era un miedo exquisito, me excitaba a la vez que me daba miedo, pero no di pie atrás y le dije que adelante. Luego de esa llamada, me entró desesperación y revise el identificador de llamadas y la llamé para decirle que parara, por que no soportaba más, al sonar el teléfono, me contestó un hombre el cual hablaba ingles y no me entendió nada y me trancó el teléfono, casi morí de la preocupación y desesperación, sacaba fuerzas parara resignarme. Ya se acercaba el día de su regreso y no hubo más contactos con mi esposa, me desvelaba todas las noches consumiendo licor y cigarrillos sin medida, hasta que llegó el día de su retorno y me preparé de la mejor manera, me dije que a lo hecho, pecho.
Compré champaña y reservé la mejor habitación en un motel. Cuando llegó, ella tenía tanta vergüenza que no me podía ver a los ojos y yo la consolé, le pedí que si nos costo tanto sufrimiento, era hora de sacarle provecho. Llegamos al motel y sacó de su cartera un rollo de papeles y me los entregó. Me dijo que los había traído por escrito para que no se me olvide ningún detalle, y ella entró a tomar una ducha, yo temblaba con los papeles en mis manos, era como que sino quisiera leerlos, pero comencé a leer, y comenzó así:
Me encontraba sola y desubicada, decidí buscar un hotel para alojarme y dejar mis pertenencias para salir a caminar. Tomé un hotel cerca de la playa y salí a admirar el mar, me saqué los zapatos para caminar por la arena, con mi mente en el propósito del viaje, pero soy muy cobarde y resolví no hacerlo, mientras caminaba, saludaban hello, hi, casi todos los hombres y una que otra mujer, de pronto, vi unos pies negros de un hombre que caminaba junto a mi, y se dirigía a mi con su conversación, pero como no hablo ni entiendo ingles, no sabía lo que me decía. Al notar que no entendía nada de lo que me decía, me dice en un español casi inentendible: “tienes unos pies bonitos”, y yo regrese a verle y le di las gracias y se sonrió. Era un moreno apuesto, pero yo siempre les tuve miedo. El siguió tratando de hacerme la conversa y yo tratando de no ser descortés. Con señas y ademanes, se hizo entender que me invitaba a tomar algo, y recelosa acepté.
Como estaba tan nerviosa y confundida, pedí vodka con jugo de naranja y sin darme cuenta, me había tomado tres. Seguía en la lucha por entenderme con Jhon, que era el nombre del moreno. Mientras seguíamos platicando, ya más en confianza y con unos tragos encima, se me pasó por la mente aprovechar la oportunidad y deje que siguiera. Luego de unas dos horas, me preguntó si quería conocer donde el vivía, casi me desmayo del miedo y un escalofrío me corrió por mi cuerpo, pero saqué valor y dije que sí, ¿por qué no?, desde luego, toda nuestra conversación era con señas y ademanes. Llegamos a un departamento muy, pero muy bonito, una alfombra blanca de pelo muy alto cubría la sala, llegaba junto a una chimenea, en ese preciso instante me acordé de mi esposo y resolví llamarlo, por lo que le solicité una llamada de larga distancia, cuando hablé con mi esposo y me dio luz verde me dije adelante.
Fue desde ese momento cuando comencé a mirar a Jhon con distintos ojos, el me miró y trajo dos copas más de licor, un licor exquisito con sabor a menta, me pidió que nos sentáramos en la alfombra y yo accedí, nuevamente me miró y me dijo: “tienes pies bonitos”, pero me tomó un pie y me sacó el zapato, me acarició muy suavemente y yo sentía un sudor frío que me recorría por todo mi cuerpo, pero solo dejé que siguiera por que ya estaba tan excitada que perdí el miedo total. Le miré el miembro y se notaba que estaba en su máximo tamaño, me desnudo totalmente, muy despacio, recorriendo una y otra vez con su lengua todo mi cuerpo, me puso boca abajo en cuatro, y se comenzó a desvestir, volteé a ver que es lo que me esperaba, casi me desmayo de ver el tamaño del pene que tenía, pero muy hábilmente me lo fue metiendo poco a poco, hasta que me lo metía y sacaba de una manera desmedida, me vine como 10 veces y el no llegaba a eyacular, como mi vagina estaba ya muy adolorida y complacida, opté por mamarle, cosa que me excitó nuevamente al tener en mi boca algo que jamás imaginé que existiera, era un tamaño de cuatro manos mías y del grueso de mi muñeca, cuando lo estaba mamando, suena el teléfono y él atendió, era mi esposo, como no lo entendió entonces trancó, yo me quedé desesperada y por compromiso, le chupé hasta hacerle eyacular. Me vestí y salí a tomar un taxi para irme a mi hotel.
Esta historia es real y sigue, pero no quiero cansarles. Si alguien quiere contactarme, mi correo es hisperc@yahoo.com.