ultimo
26-01 2005, 10:50 PM
Lo que les voy a contar es 100% verídico, me pasó con mi hermana (o mujer) Rebeca. Ella no es una chica muy alta, mide 1,63 Mts. Tiene la piel blanca, el pelo negro largo y lacio, unos pechos no tan grandes pero bien definidos, un culote hermoso y su vagina es más bien chica, pero eso me gusta porque aprieta muy bien mi pene cada vez que la poseo. En realidad ella es mi medio hermana por el lado de mi papá, y no crecimos juntos. Yo no soy hijo reconocido, y siempre le dije a mi papá que se iba a arrepentir por no reconocerme, cuando ella y yo nos conocimos, fue que nuestro papá nos presento, a mi ella me pareció hermosa y yo también le parecí atractivo, nos hicimos muy "amigos". Todo era de lo más normal entre ella y yo, hasta una vez que fuimos solos al mar. Ella se puso un traje de dos piezas muy chico, casi no la tapaba, yo andaba en tanga. Al verla así, me excité mucho pues soy un templado, ella notó mi erección y se rió: “¿te excito hermanito?, mmm, si se nota que te excito, tranquilo, no te preocupes!”.
“Oye, lo siento, no es mi intención pero ando necesitado de sexo”. “Tranquilo, yo se que no me faltarías”, me dijo ella. “No creas hermana”. Al decir esto, ella se me quedo viendo de una forma asombrada y me dijo: “¿estas diciendo que si tienes la oportunidad me coges?”. “Mmmmm, bueno, la verdad es que si”, le contesté. “Sí claro!!!!!”, me dijo ella como no creyendo lo que había dicho y se fue a bañar. Yo quede aturdido por lo sucedido. Ese día transcurrió sin más emociones, disfrutamos de la playa y el mar. En la tarde, ya cansados del ajetreo de la playa, regresamos a la habitación. Cuando llegamos a la habitación donde nos hospedábamos, ella se iba a cambiar para ponerse la pijama, cuando me miro: “Me acuerdo de lo que dijistes en la playa hermano y voy a probarte”. Empezó a quitarse la ropa frente a mí hasta quedar totalmente desnuda. Yo no sabía como reaccionar ante aquella escena, me agarró de sorpresa, ella mirándome como estaba de sorprendido me dijo: “Cógeme, te doy permiso que lo hagas”.
Yo quería pero no me atrevía, era mi hermana, así que me quede quieto, sin decir palabras, aun sin saber que hacer, observando aquella belleza frente a mí. “Sabía que no lo harías, mámame los pechos por lo menos, si te atreves”, me dijo en tono burlón. Eso fue un reto para mí, además que no pude con la tentación y me guindé de sus pechos como un bebé, pero sin dejar de pensar que se trataba de mi medio hermana, por lo que le dije: “Que esperas para quitarte”, a lo que me respondió: “No lo haré, yo te di permiso”. Sus pezones estaban durísimos, ella empezó a gemir, me acariciaba la cabeza mientras que yo ponía las manos en su cintura, una subió a sus pechos mientras la otra bajó hasta su entrepierna, noté como se estremecía al llegar allí. Muy suavemente, le aparte la tanga y coloqué mi mano en la entrada de su vagina, estaba bastante húmeda de la excitación, frotaba su vagina y ella me decia: “Oucchhhhhh, que rico siento”. Nos tumbamos en el sillón para estar cómodos, ella suspiraba y gemía suavemente, mientras mis manos seguían recorriendo su cuerpo esbelto.
Empecé a meterle un dedo en su vagina, ella gimió, le introduje otro más y le escuché decir: “Ya no aguanto, te doy permiso de que me chupes la vagina hermano”. Yo accedí gustoso, quería probar los néctares de su vientre. Bajé mi rostro hasta su ingle, con mis manos separé los labios vaginales y empecé a chupar como se chupa una semilla de mango. Mi hermana apretaba mi cabeza hacia ella mientras me decía que siguiera, que quería más. Le introduje mi lengua en su vaginita virgen, empecé a hacerle el amor con la lengua, mete, saca y succiona, así estuvimos un gran rato hasta que Rebeca no pudo más y descargo su calor en mi rostro. De su vagina emanaban chorros de néctar, lo chupé todo, mientras se recuperaba, me acosté sobre ella. Una vez que se recuperó, sonrió y me besó en la boca. “No pensé que lo fueras a hacer, pero estoy feliz de que así fuera”. Continuamos besándonos, al principio dulcemente, pero después con más y más pasión, a tal punto que Rebeca se puso cachonda de nuevo, enrollo sus piernas en mi cintura y movía sus caderas como si la penetrara.
“Veo que estas dispuesta a mas Rebeca”, le dije. “Sí hermano, claro que si quiero ser tuya, desde que te vi, te quise para mi sola”. “No se, somos hermanos”, le contesté. “Por favor mi cielo, penétrame”, me suplicó. “Lo haré con una condición”, le dije, a lo que ella me preguntó cuál era esa condición. “Deja que acabe dentro de ti, te parece?”. “Sí, por supuesto mi amor, claro que sí!”. Me desnudé por completo, agarré mi verga y se la coloqué en la entrada de su vagina, planeaba penetrarla con lentitud pero ella embistió y se la metió de un solo golpe. Iniciamos el mete y saca, lento, rápido, lento, rápido. Nos besábamos y finalmente, culminamos en un gran orgasmo. Al mes nos dimos cuenta que ella había quedado embarazada, pero no abortó, nos habíamos enamorado el uno del otro, y al saber la noticia de su embarazo, volvimos a tener sexo, pero eso y el resto lo cuento luego.
“Oye, lo siento, no es mi intención pero ando necesitado de sexo”. “Tranquilo, yo se que no me faltarías”, me dijo ella. “No creas hermana”. Al decir esto, ella se me quedo viendo de una forma asombrada y me dijo: “¿estas diciendo que si tienes la oportunidad me coges?”. “Mmmmm, bueno, la verdad es que si”, le contesté. “Sí claro!!!!!”, me dijo ella como no creyendo lo que había dicho y se fue a bañar. Yo quede aturdido por lo sucedido. Ese día transcurrió sin más emociones, disfrutamos de la playa y el mar. En la tarde, ya cansados del ajetreo de la playa, regresamos a la habitación. Cuando llegamos a la habitación donde nos hospedábamos, ella se iba a cambiar para ponerse la pijama, cuando me miro: “Me acuerdo de lo que dijistes en la playa hermano y voy a probarte”. Empezó a quitarse la ropa frente a mí hasta quedar totalmente desnuda. Yo no sabía como reaccionar ante aquella escena, me agarró de sorpresa, ella mirándome como estaba de sorprendido me dijo: “Cógeme, te doy permiso que lo hagas”.
Yo quería pero no me atrevía, era mi hermana, así que me quede quieto, sin decir palabras, aun sin saber que hacer, observando aquella belleza frente a mí. “Sabía que no lo harías, mámame los pechos por lo menos, si te atreves”, me dijo en tono burlón. Eso fue un reto para mí, además que no pude con la tentación y me guindé de sus pechos como un bebé, pero sin dejar de pensar que se trataba de mi medio hermana, por lo que le dije: “Que esperas para quitarte”, a lo que me respondió: “No lo haré, yo te di permiso”. Sus pezones estaban durísimos, ella empezó a gemir, me acariciaba la cabeza mientras que yo ponía las manos en su cintura, una subió a sus pechos mientras la otra bajó hasta su entrepierna, noté como se estremecía al llegar allí. Muy suavemente, le aparte la tanga y coloqué mi mano en la entrada de su vagina, estaba bastante húmeda de la excitación, frotaba su vagina y ella me decia: “Oucchhhhhh, que rico siento”. Nos tumbamos en el sillón para estar cómodos, ella suspiraba y gemía suavemente, mientras mis manos seguían recorriendo su cuerpo esbelto.
Empecé a meterle un dedo en su vagina, ella gimió, le introduje otro más y le escuché decir: “Ya no aguanto, te doy permiso de que me chupes la vagina hermano”. Yo accedí gustoso, quería probar los néctares de su vientre. Bajé mi rostro hasta su ingle, con mis manos separé los labios vaginales y empecé a chupar como se chupa una semilla de mango. Mi hermana apretaba mi cabeza hacia ella mientras me decía que siguiera, que quería más. Le introduje mi lengua en su vaginita virgen, empecé a hacerle el amor con la lengua, mete, saca y succiona, así estuvimos un gran rato hasta que Rebeca no pudo más y descargo su calor en mi rostro. De su vagina emanaban chorros de néctar, lo chupé todo, mientras se recuperaba, me acosté sobre ella. Una vez que se recuperó, sonrió y me besó en la boca. “No pensé que lo fueras a hacer, pero estoy feliz de que así fuera”. Continuamos besándonos, al principio dulcemente, pero después con más y más pasión, a tal punto que Rebeca se puso cachonda de nuevo, enrollo sus piernas en mi cintura y movía sus caderas como si la penetrara.
“Veo que estas dispuesta a mas Rebeca”, le dije. “Sí hermano, claro que si quiero ser tuya, desde que te vi, te quise para mi sola”. “No se, somos hermanos”, le contesté. “Por favor mi cielo, penétrame”, me suplicó. “Lo haré con una condición”, le dije, a lo que ella me preguntó cuál era esa condición. “Deja que acabe dentro de ti, te parece?”. “Sí, por supuesto mi amor, claro que sí!”. Me desnudé por completo, agarré mi verga y se la coloqué en la entrada de su vagina, planeaba penetrarla con lentitud pero ella embistió y se la metió de un solo golpe. Iniciamos el mete y saca, lento, rápido, lento, rápido. Nos besábamos y finalmente, culminamos en un gran orgasmo. Al mes nos dimos cuenta que ella había quedado embarazada, pero no abortó, nos habíamos enamorado el uno del otro, y al saber la noticia de su embarazo, volvimos a tener sexo, pero eso y el resto lo cuento luego.