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View Full Version : Emociones Prohibidas


cozarell
10-01 2005, 02:52 PM
Tenía pocos meses de haberme trasladado a la capital. Trabajaba como profesor de segunda enseñanza en mi pueblo, pero quise probar suerte en la gran ciudad y el cambio no había sido fácil.

Para mantenerme ocupado, decidí poner un anuncio en el periódico donde ofrecía mis servicios de clases privadas en Inglés y Matemáticas a estudiantes de último grado. Eso me mantendría ocupado en mis momentos de ocio, a la vez que ganaría algún dinero extra.

Bajando el elevador del edificio, me topé con un muchacho cuya personalidad tan fuerte y rasgos faciales propios de una escultura, me hicieron vacilar por un momento.
-Hola, es usted el profe que ofrece clases privadas?
-Si. -le contesté. Como lo sabes?
Miró el periódico y me respondió:
-Acabo de ver su dirección y me llamó la atención de que somos vecinos. Bueno, yo vivo en el piso que está a dos cuadras de aquí. En verdad, me viene caído del cielo, necesito pasar matemáticas a como de lugar o si no mis padres me matan!--. Lo dijo con una angelical sonrisa que dejaron ver sus perfectos y blancos dientes.
-Bueno, en el periódico aparece mi número. Cuando quieras me llamas y nos ponemos de acuerdo.

Ambos salimos del edificio. El se despidió de mí y yo me quedé observándolo con un arrobamiento que de veras me asustó. Que me estaba pasando? A mis 28 años nunca había sentido deseos por alguien de mi mismo sexo! Disfrutaba a plenitud tener sexo con mujeres. Pero... algo no andaba bien.

Pasaron los días y por más que traté de quitarme aquella imagen de mi mente, fue en vano. Lo veía en mis sueños, con ese jeans ajustado que le quedaba perfecto, con su camiseta por fuera, sus anchos hombros y su rostro de ángel pícaro, su sonrisa de complicidad, su eterno olor a juventud y masculinidad. No fue posible olvidarlo, mucho menos las otras veces que ocasionalmente me lo encontré en el edificio.

Por fin, luego de cuatro días, fue su papá el que me llamó para que le fuese a impartir clases. Le pregunté en que departamento exactamente vivía y me dijo que si no había problemas en que su hijo fuera al mío. Por más que así lo quería, no acepté. Le dije que prefería mejor en su casa.

Cuando llegué sus padres habían salido. El era el único en casa. Apenas con un boxer y una camiseta encima, Patricio me abrió la puerta.
-Pase profe, disculpe las fachas pero me gusta andar ligero de ropas por la calor. Espero no le incomode -dijo lanzándome una mirada pícara.
-N..no. no. en lo absoluto. -tartamudeé. Me sentí estúpido por eso, pero era evidente mi turbación y el deseo incontrolable que aquel chico me causaba.

Saqué fuerzas de donde no tenía para concentrarme ya que él se hizo al lado mío y algunas veces, pienso que intencionalmente, rozaba sus rodillas con las mías al igual que sus manos también.

Aquella hora de clases fue la más eterna de mi vida. Llegué a mi apartamento con una erección tan grande que tuve que salir con los libros cubriéndome adelante. Lo primero que hice cuando llegué, fue pajearme imaginándome que le hacía el amor a aquel delicioso chiquillo de apenas 18 años. Ya no me cabían dudas de que "algo andaba mal" conmigo. Pero al mismo tiempo me gustaba sentirme así. Me extrañó mucho de que nunca me había excitado tanto con una mujer como con aquel muchacho, a pesar de solo sentir unos pequeños roces. Fue la paja más deliciosa que jamás haya sentido o experimentado.

Tres días después, un sábado por la tarde, sonó el intercom de mi apartamento. Era Patricio. Sus padres según me contó, habían decidido que tomara las clases en mi apartamento porque en el de ellos había visitas y no iba a ser posible concentrarse.

El corazón me dio un vuelco de la alegría cuando lo vi entrar. Calzaba unas playeras de cuero y venía con un short caqui que dejaban verle sus nalgas perfectamente marcadas y el bulto de su miembro que se veía de un tamaño provocador. Una camiseta de tela ligera y una gorra en la cabeza a modo de visera, terminaban con su vestimenta.

-Pasa, por favor. Enseguida te atiendo.
-Lo interrumpo en algo? -preguntó.
-No, en lo absoluto. Veo que va a llover. Trataré de explicarte la clase lo más rápido y sencillo que pueda para que llegues a tu apartamento antes de que te mojes.
-No se preocupe, profe. Mañana es el examen y mis papás entenderán mi demora. Espero no le importe.
-Oh, no. Por mi no hay problemas.
-Puedo ver su apartamento?

No lo había dicho muy bien cuando ya estaba metido en una de las recámaras. Desde la cocina lo escuchaba hablar sin entender lo que decía. Cuando llegué a mi cuarto con un vaso de jugo en ambas manos, él yacía en mi cama, recostado en mis almohadas con los brazos en la cabeza dejando ver gran parte de su vientre.

-Siéntese, profe. Veamos un rato TV.
Como un zombie, puse los vasos en la mesita de noche y accedí ante las peticiones de aquel hermoso muchacho. Busqué el otro lado de la cama y me recosté muy cerca de él. De pronto sentí que su mano agarraba la mía.

-Está temblando, profe. Se siente bien?
No pude contestar. Ni tampoco retirar mi mano. Solo me limité a mirarlo y a sonreír. El aprovechó ese momento y con sigilo se echó encima de mi, dejando su rostro a pocos centímetros del mío. Empezó a besarme muy suavemente los ojos, las mejillas, la nariz, rozando apenas mis labios con los suyos, hasta llegar a mi barbilla y luego subir hasta mi frente y recorrer con la punta de su lengua mis orejas. Para entonces yo solo permanecía inmóvil, con los ojos cerrados, dejando que aquel sueño poco a poco se hiciera realidad.

Me resultó embarazoso que mi verga reaccionara de inmediato ante aquellas caricias. El lo notó y llevó una de mis manos hacia su bragueta como para indicarme que él también estaba igual. Olvidé por completo mis prejuicios y me abandoné ante aquel cuerpo. Empezamos a besarnos muy lentamente hasta hacerlo con locura. El rostro, el cuello el pecho, las manos, el vientre, los muslos, hasta llegar por encima del calzoncillo a mordisquearnos ambos las vergas que clamaban por salir de su escondite.

Un luminoso relámpago seguido de un trueno, nos hizo entender que ya había empezado a llover. El choque de la lluvia contra los cristales de mi ventana, eran como el elixir que aumentaba nuestros deseos. A ese punto, ambos ya estábamos en calzoncillos. Yo con un bóxer ajustado al cuerpo y el con un bikini muy sensual. Me detuve un momento para admirarlo de arriba a abajo. Toda su piel respiraba sensualidad y deseo. Y yo estaba allí para aprovecharla al máximo.

Recorrí nuevamente su cuerpo, deteniéndome de vez en cuando a mordisquear sus tetillas, bajé por su vientre hasta el ombligo con el cual jugué metiéndole la punta de la lengua. Al parecer aquello lo excitaba muchísimo y por eso me concentré un par de minutos allí. Por un momento me apartó con suavidad y me miró a la cara como diciéndome que si seguía, se iba a venir y aun no quería. Bajé un poco mas por sus piernas, dentro y fuera de ellas, como esperando que le bajara un poco la lujuria. Tampoco quería que aquel momento se fuera tan rápido como aquel relámpago que acababa de pasar.

Cuando todo estuvo bajo control, no aguanté más y me coloqué entre sus piernas, a la altura de su miembro. Con ambas manos fui bajándole lentamente el calzoncillo hasta ver aparecer la punta de su verga toda lubricada y apuntando ligeramente hacia el lado derecho de su pubis. Incliné mi cabeza y la tomé entre mis labios. A medida que seguía bajando el calzoncillo, su verga salía de un escondite para meterse de inmediato en otro mucho más cálido, suave y húmedo: mi boca. Sentía aquella pinga estremecerse en mi cavidad bucal inundándome con un sabor ligeramente salado pero definitivamente delicioso. Aquel muchacho se contorsionó del placer cuando sintió que su pene entero con todo y su base, estaban metidos en mi boca. Contra mi barbilla, sentí la suavidad de sus testículos llenos de aquel liquido seminal que amenazaba con salir desde hacia rato.

Mi mente estaba ofuscada por el placer, ya no me importaba si lo que tenía en mi boca era un clítoris o una verga. Solo sabía que la saboreaba hasta más no poder. Que la sentía llenar mi boca por completo, que rozaba mi garganta... eso era lo que importaba. Eso era lo que yo quería. A los pocos minutos de empezar un vaivén de arriba hacia abajo, mi estudiante, casi con brusquedad, me la sacó de la boca y llevó mi cabeza hasta sus labios. Me besó con pasión, con arrechura, con gratitud.

Al rato pudo hablar, entre jadeos y suspiros.
-Disculpe profe, esto es...lo más maravilloso que me ha podido pasar. Y quisiera que se repitiera... Muchas veces pero si no, entonces déjeme cumplir por completo con mi… fantasía. Quiero que ahora usted atraviese mi virgen orificio, donde le aseguro que nadie ha entrado, ni siquiera mis dedos. Quiero que sea usted el que me desvirgue, el que me explore, que sea su verga la que se lleve ese privilegio. Vamos profe.

Sin decir más palabras, se acomodó boca arriba mientras desesperadamente yo buscaba en mi gaveta un condón. No fue difícil penetrarlo, su ano estaba tan dilatado por la calentura que apenas si le dolió.

Me coloqué arriba de él y le puse ambos pies encima de los míos, también coloqué una almohada debajo de su cintura de modo que su culo quedara por completo abierto y a merced de mi caliente verga. Le dije que él mismo se la metiera y así lo hizo. Tomó mi verga con una de sus manos y la colocó en su estrecho orificio. Poco a poco fui empujando. Con suavidad, con amor, con ternura, milímetro a milímetro le fui metiendo mi verga. Sintiendo como mi pinga hinchada de placer, se sumergía lenta y segura en aquel caliente y estrecho ano. Cada contracción que sentía, era como suaves y fuertes caricias a toda mi verga.

El dolor fue casi mínimo comparado con el inmenso placer que ambos sentimos cuando mi pinga se perdió por completo ante aquel estrecho y caliente túnel de placer. Permanecimos así un rato, en silencio, besándonos con locura, saboreando aquel mágico momento. Luego empecé un mete-y-saca suave, lento y luego mucho más y más rápido. El gemía de placer y me pedía más, mas, más...

Se la saqué casi por completo y se la metí de nuevo hasta el fondo. Un hondo suspiro salió de su boca cuando sintió que mis huevos chocaron contra sus nalgas, como reclamando también un espacio allá adentro. Luego apretó su ano tan fuerte a todo lo largo de mi verga que no pude retirarlo por unos segundos. Seguidamente sentí como mi pecho era inundado por unos chorros de semen caliente. Subían por mi vientre, mi ombligo hasta alcanzar parte de mi cuello. Fueron uno, dos, tres, cuatro.. y cada uno acompañado de hondos suspiros de Patricio y de contracciones que apretaban mi pene como queriendo drenar toda la leche que en ese momento contenían mis huevos, ya hinchados de tanto esperma acumulado y a punto de echar afuera.

No pude resistir más... después de su tercera corrida y contracción anal, mi verga aprovechó ese momento de relajación para vomitar torrentes de espeso y caliente esperma, los cuales salieron disparados chocando contra el látex del condón. Cada vez que disparaba un chorro de leche, Patricio contraía su esfínter como queriendo sacarme hasta la última gota de mi semen. Sentí que cada célula de mi cuerpo se venían en perfecta armonía con mi pene. Y no solo las mías, sino también las de mi estudiante. Prueba de ello fue el abundante y viscoso líquido regado en nuestros pechos y el que permanecía en el condón, aún dentro de su ano.

Cuando ya me vine por completo, permanecí encima de él, aun con mi verga medio erecta dentro de su ano. Nos quedamos así, quietos, recobrando la respiración, con sus piernas aún entrelazadas a mi cintura.

Patricio bajó lentamente sus piernas y aproveché para sacar mi verga que aún permanecía erecta, lubricada por toda mi leche. La saqué lentamente y me tumbé a un lado de la cama, muy pegado a él, feliz, satisfecho, relajado... Afuera seguía lloviendo con mucha más fuerza. Patricio y yo nos miramos y nos besamos. El también con cara de satisfacción. Luego de bañarnos, nos tumbamos de nuevo en la cama, y abrazados, nos dormimos. Así permanecimos hasta que el aguacero amainó y el se fue a su casa.

Lo volvimos a repetir varias veces más. Y a pesar de que lo disfrutábamos muchísimo, al final coincidíamos que ninguna de esas llegó a superar la primera.

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vic1822mx
18-01 2006, 05:19 PM
Orale asi nada mas de un dia para otro es rico tener un pene adentro no jaja
Te creo yo vivi algo similar ya les contare luego Bye

Aiolos
17-02 2006, 10:32 PM
Generalmente no hago comentarios pero tu relato se me hace uno de los mejores, felicidades... escribes muy bien. :cool:

sexylips3
31-05 2006, 08:09 PM
:)esta muy interesante

chepe9510
03-06 2006, 04:15 AM
Que maravilloso es poder apagar el fuego del infierno que trae dentro un chiquillo de 18 años, y aprovechar que el nos apague el nuestro, este fué un relatotón...felicidades a los dos.:p

josecm
03-06 2006, 02:19 PM
Muy buen relato, tiene muchos detalles, felicidades.

Ivanjoan
03-06 2006, 04:55 PM
:) Felicidades buen relato, sobre todo un buen gusto y un sexo seguro.

serbio
22-07 2006, 04:20 PM
a pesar que yo tuve profesores de clases privadas y somos del mismo pais, nunca tuve un profe asi.... :( bueno me gusto tu relato estuvo bien detallado y estaba muy interesante te felicito, es raro ver uno del patio aca en esta pagina, pero como te dije te felicito tu relato esta muy interesante....

abaddonplc
31-08 2006, 02:07 PM
tenia tiempo que no leia un relato tan exitante, ahorita vivo en canada y te mando saludos desde aca

boonee
07-03 2008, 11:46 AM
Me pareció un buen relato, no exageraste en los detalles ni los ahorraste, fue lo justo nada más lo que permite excitarse con facilidad. Sigue escribiendo, espero leer más relatos tuyos.