LuisRelatos
23-12 2004, 11:36 PM
Hola, ya ustedes me conocen, soy Luis, hoy voy a contarles la primera vez que tomé la virginidad de una chica, Idallyd, había hecho bien su trabajo, cogíamos varias veces a la semana, pero una vez ella tuvo que viajar, y me dejó solo por unas semanas, yo me iba volviendo loco, creo que tanto semen me desquiciaba, y no me apetecía masturbarme. Les cuento que mi prima tenía 16 años, delgada, con un buen trasero, unas senos pequeños; aun en desarrollo, pero para mí eran perfectos, ojos color avellana y cabello café, labios rojos y tez blanca. Puedo decir sin faltar a la verdad que era muy hermosa, y secretamente nos gustábamos el uno al otro. Bien, todo comenzó un día que estando solo en casa, ella llegó del colegio, como ambos andábamos estudiando, se sentó en el estudio, frente a mí y empezó a hacer su tarea, tenía un libro en sus piernas, y leía un poco, después tomaba notas y me miraba, pero los colores le iban subiendo. “¿Estas bien Beatrice?”, le pregunté, a ella no le gustaba que le dijésemos Beti. “Te vez algo acalorada, deseas algo de tomar?”. “Estoy bien, pero si gracias, una coca si tienes”, me contestó. “Claro”, le dije y fui a buscársela.
Salí un momento, pensaba que mi prima estaba espectacular, y que bueno, sería practicar lo que había aprendido con Idallyd. Cuando regresé con la coca, ella no estaba, había salido al baño, dejé la gaseosa en su puesto y por curiosidad vi su cuaderno, tenía notas sobre sexualidad; en ese entonces la daban en el colegio. ¡Claro!, Con razón esta toda acalorada. Me retiré el saco y abrí un poco mi camisa, me senté y esperé, cuando ella regresó, vi que sus pupilas estaban brillantes y dilatadas, también noté que sus pechos estaban duritos. “¿Qué estudias prima?”, pregunté. “¿Viste mis notas?”, dijo sonrojándose visiblemente. “Fugazmente, si, que tema estas estudiando ahora?”, le contesté haciéndome el loco. “La reproducción”, me dijo. Ella seguía aun toda sonrojada, eso hizo que me moviera suavemente a su lado, sus colores venían de su timidez, creo que había estado pensando en como sería. Aun no levantaba la cara y suavemente le tomé la barbilla, y levantándole el rostro, la besé suavemente en los labios. Fue un beso largo y tierno, solo los labios se tocaron en esos momentos.
Cuando me retiré, ella estaba más hermosa que nunca, aun tenía los ojos cerrados, pero la boca sensualmente abierta. Era como una invitación, y la besé nuevamente, esta vez usé mi lengua y suavemente exploré las comisuras de sus labios, recorriéndolos, para que notase mi contacto con el de ella. Cuando retiré mi lengua y fui a retirarme del beso, ella tímidamente, repitió mis pasos. “¡Ahhhh!”, exhaló al retirarme, un suspiro largo salió de ella. Abrió los ojos y me dijo: “Que rico besas. Ahora somos novios?”. “Creo que si”, le contesté, mi corazón latía a mil, no eran mentiras, yo la quería de verdad y era el paso correcto. Se acercó a mí más, ahora los puntos de contacto entre nuestros cuerpos se multiplicaron, y besándonos, una y otra vez, exploramos nuestras bocas, sus manos de niña mujer recorrían mi espalda, como mariposas mágicas, y a cada aleteo, estallaba en mi mente en fuentes de mil colores, al quemar mi piel con su solo roce.
Le acaricié primero el rostro, siguiendo todos sus contornos, depositando besos en lugares escogidos, después bajé por su cuello, hombros, hasta donde empezaban a crecer sus senos, moví mis manos en un acto de voluntad contra mi deseo de tocarla en ellos, sabía que era mejor esperar, y dejar que se liberara poco a poco. Ella gimió, una suave protesta al ver mis manos alejarse, pero nos perdimos en otro beso. Acariciando su espalda, jugué a seguir sus recorridos por mi espalda en la de ella, cuando se dio cuenta de lo que hacía, suavemente llevo su mano a mi plexo, yo hice lo mismo. Me miró y sonrió. Después suavemente movió sus manos delante de mí, justo debajo de mis tetillas, hice lo propio. Ella sonreía, y con mirada picara, movió sus manos encimas de mis tetillas, y continuó hacia arriba. Yo repetí la operación, pero al estar en sus senos, apreté suavemente, ella gimió, mientras lo hacía, continué mi recorrido, descansando mis manos en sus hombros, donde ella había dejado las suyas. En eso se levantó.
“Kike, ¿me deseas?, me preguntó temblando suavemente, a lo que le dije: “¡Sí!, ¡Mucho!, Beatrice, te amo”, me levanté para tomarla de la cintura y besarla. “Yo a ti, qui… qui… quieres hacerme el amor?”, preguntó con timidez. “Sí, pero esperare si aun no lo deseas”, le contesté. “¡Yo quiero!, pero sería mi primera vez, y dicen que duele un poco”, me dijo. “Es cierto”, yo sabía ya de esto. Ella tenía miedo a ser lastimada y eso era lo menos que deseaba yo. “Si quieres, vamos despacio, y cuando te sientas tranquila, me dices, o si hago algo que no deseas, me pides que pare, ¿te parece?”. “Bueno… Te Amo”. Estiró sus brazos, que rodearon mi cuello, y me besó nuevamente, pero esta vez su cuerpo, estaba completamente unido al mío, baje mis manos suavemente por su espalda atrayéndola hacia mí, sentía como sus senos se clavaban justo debajo de mis costillas, cuando llegue al final de la espalda, seguí y tocándole la cola, la junté más a mi cuerpo, ella paró su beso por la sorpresa, pero después de un segundo, reanudamos el beso. Fue cuando sentí que sus manos cayeron, se depositaron en mi trasero, aumentando la presión entre nosotros.
Ya tenía una erección considerable, y sentía como mi verga se pegaba a su estomago, entonces me retiré un poco, le solté la blusa totalmente, después, retiré su sostén, sus senos eran redonditos, perfectos, empecé a besarlos y hacerlos poner duros, “HHHHUUMMMMMM, HUUUUMMMMMMM”, y chupé, “AHHHHHHHH”, sus manos ahora sostenían mi cabeza, contra sus senos, pasé al otro y repetí la operación, “AHHHHHHHHHH, Kike, rico, sigue, chupa más, AHHHHHHHHH, AHHHHHHHHH”, se estremeció, se sacudía, y después se relajó, bajó sus ojos y a través de ellos, me di cuenta que acababa de tener un orgasmo. Una sonrisa surcó sus labios. “No importa si duele, te quiero dentro de mí”. Yo ni corto ni perezoso le dije: “Claro, pero iremos con suavidad, quiero que sea inolvidable para ti por ser la primera vez”. “¡Ya lo es!, ¡por lo menos para mí!, dijo ella.
Retire su falda y sus pantaloncitos estaban lavados, los retiré también, ella estaba totalmente desnuda, de pie frente a mí, trató de llevar su mano para cubrir su sexo por pudor, pero la retuve. Su vulva, se había abierto como una flor, emanaba un olorcillo que inundaba mis sentidos, sus labios abiertos a causa del orgasmo me llamaban, los sentía palpitar, ella abrió las piernas para permitirme una mejor vista, la tomé de la cintura y la senté en un sofá que había allí. Ella, se quedó sentada con las piernas abiertas, me levanté suavemente y retiré toda mi ropa, mi pene que luchaba hacía rato por salir, saltó al frente, ella abrió los ojos, no conocía uno pero la vista la asustó un poco; no he contado, pero el mío, mide cerca de los 19 cm, y es bastante grueso. Estiró su mano y lo tocó, al principio suavemente, después con más confianza, pero terminó por retirar sus manos, era muy pronto pensé para enseñarle que hacer con el, esperemos, ya tendremos otras oportunidades.
Me senté fuera del sofá, entre sus piernas, abiertas aun, con mi lengua le lamí los labios, a cada pasada, se abría completamente, así, poco a poco, con mucha paciencia, busqué su centro de placer, “¡AHHHHHH, Másssss!”, gemía y pedía ella, cuando llegué a su clítoris, su orgasmos no se hizo esperar, “¡GGGGGHHHHHHHHHHAAAAAAAA!”, gritó. Sus manos ahora, espichaban con violencia sus senos, se estremecía una y otra vez, sus jugos ahora salían con fuerza, bebí y succioné hasta beberla toda. El momento había llegado. La acosté sobre el suelo y me preparé a penetrarla. Ella lo adivinó y dijo: “Sí, te necesito adentro”. Coloqué mi glande a la entrada, estaba tan húmeda que sus jugos lubricaron todo mi glande, empecé a presionar para abrir el camino, ella gimió un poco de dolor, pero me pedía que siguiera. Así lo hice, poco a poco fue entrando, finalmente, mi glande estaba adentro, me detuve un momento, ella se recuperó y sonriendo, empujó su pelvis hacia arriba, devorando mi verga, la seguí penetrando, poco a poco, hasta que sentí que su himen me bloqueaba el paso. Y entrando y saliendo la fui acostumbrando al movimiento, paraba justo cuando su himen me bloqueaba, la tensión iba en aumento y creía no resistir mucho, ella estaba transportada, gemía y aullaba con cada envión, al verla, decidí que era hora de entrar hasta el fondo, y con una carga fuerte.
“¡AAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH, GGGGGGGGGHHHHHHAAAAAAAAA!”, gritó, y mi verga entró en toda su longitud, ella me abrazaba con brazos y piernas, yo entraba y salía con furia y ansias, cada vez más rápido, más fuerte, más profundo. “¡SIIIIIIIIIII!, ¡SIIIIIIIIIIII, AHHHHHHHHHH!”, estallé llenándola de leche, uno, dos, tres bombazos estallaron en ella, me sintió venir y se corrió. “AHHHHHH, TE AMOOOOOO, que rico”. Golpeé varias veces más, dejando todo mi ser allí dentro, la besé nuevamente y reí, para mí la risa era el catalizador. Ella sonrió y rió conmigo, rodamos por el suelo, abrazados uno al otro, aun dentro de ella y riendo. Finalmente me retiré y nos vestimos, no creíamos nuestra suerte, nadie llegó durante este tiempo, así que nos arreglamos entre besos y caricias.
“Kike, gracias, ha sido maravilloso”. “Te Amo”, le dije y la besé. “Y yo a ti. Y no duele tanto, un poquito, pero no tanto”, y me besó. “Espera, que aun hay más”, y le sonríe con picardía. “Será mi placer aprender”, dijo ella. Bueno, eso es todo por ahora, fuimos novios durante casi dos años, y creo que casi todas las veces terminábamos riendo. No se por qué para mi esa risa sale libre y es contagiosa, a lo largo de mis años, siempre que se presenta, es para mi el mejor sexo de mi vida, y mi compañera de momento también se ríe conmigo. Hasta una nueva ocasión.
Luis
P.S. Kike es el apodo que me dan en mi familia.
Mi anterior relato salió como anónimo, pero veo que les gustó, escríbanme, les enviaré más.
Salí un momento, pensaba que mi prima estaba espectacular, y que bueno, sería practicar lo que había aprendido con Idallyd. Cuando regresé con la coca, ella no estaba, había salido al baño, dejé la gaseosa en su puesto y por curiosidad vi su cuaderno, tenía notas sobre sexualidad; en ese entonces la daban en el colegio. ¡Claro!, Con razón esta toda acalorada. Me retiré el saco y abrí un poco mi camisa, me senté y esperé, cuando ella regresó, vi que sus pupilas estaban brillantes y dilatadas, también noté que sus pechos estaban duritos. “¿Qué estudias prima?”, pregunté. “¿Viste mis notas?”, dijo sonrojándose visiblemente. “Fugazmente, si, que tema estas estudiando ahora?”, le contesté haciéndome el loco. “La reproducción”, me dijo. Ella seguía aun toda sonrojada, eso hizo que me moviera suavemente a su lado, sus colores venían de su timidez, creo que había estado pensando en como sería. Aun no levantaba la cara y suavemente le tomé la barbilla, y levantándole el rostro, la besé suavemente en los labios. Fue un beso largo y tierno, solo los labios se tocaron en esos momentos.
Cuando me retiré, ella estaba más hermosa que nunca, aun tenía los ojos cerrados, pero la boca sensualmente abierta. Era como una invitación, y la besé nuevamente, esta vez usé mi lengua y suavemente exploré las comisuras de sus labios, recorriéndolos, para que notase mi contacto con el de ella. Cuando retiré mi lengua y fui a retirarme del beso, ella tímidamente, repitió mis pasos. “¡Ahhhh!”, exhaló al retirarme, un suspiro largo salió de ella. Abrió los ojos y me dijo: “Que rico besas. Ahora somos novios?”. “Creo que si”, le contesté, mi corazón latía a mil, no eran mentiras, yo la quería de verdad y era el paso correcto. Se acercó a mí más, ahora los puntos de contacto entre nuestros cuerpos se multiplicaron, y besándonos, una y otra vez, exploramos nuestras bocas, sus manos de niña mujer recorrían mi espalda, como mariposas mágicas, y a cada aleteo, estallaba en mi mente en fuentes de mil colores, al quemar mi piel con su solo roce.
Le acaricié primero el rostro, siguiendo todos sus contornos, depositando besos en lugares escogidos, después bajé por su cuello, hombros, hasta donde empezaban a crecer sus senos, moví mis manos en un acto de voluntad contra mi deseo de tocarla en ellos, sabía que era mejor esperar, y dejar que se liberara poco a poco. Ella gimió, una suave protesta al ver mis manos alejarse, pero nos perdimos en otro beso. Acariciando su espalda, jugué a seguir sus recorridos por mi espalda en la de ella, cuando se dio cuenta de lo que hacía, suavemente llevo su mano a mi plexo, yo hice lo mismo. Me miró y sonrió. Después suavemente movió sus manos delante de mí, justo debajo de mis tetillas, hice lo propio. Ella sonreía, y con mirada picara, movió sus manos encimas de mis tetillas, y continuó hacia arriba. Yo repetí la operación, pero al estar en sus senos, apreté suavemente, ella gimió, mientras lo hacía, continué mi recorrido, descansando mis manos en sus hombros, donde ella había dejado las suyas. En eso se levantó.
“Kike, ¿me deseas?, me preguntó temblando suavemente, a lo que le dije: “¡Sí!, ¡Mucho!, Beatrice, te amo”, me levanté para tomarla de la cintura y besarla. “Yo a ti, qui… qui… quieres hacerme el amor?”, preguntó con timidez. “Sí, pero esperare si aun no lo deseas”, le contesté. “¡Yo quiero!, pero sería mi primera vez, y dicen que duele un poco”, me dijo. “Es cierto”, yo sabía ya de esto. Ella tenía miedo a ser lastimada y eso era lo menos que deseaba yo. “Si quieres, vamos despacio, y cuando te sientas tranquila, me dices, o si hago algo que no deseas, me pides que pare, ¿te parece?”. “Bueno… Te Amo”. Estiró sus brazos, que rodearon mi cuello, y me besó nuevamente, pero esta vez su cuerpo, estaba completamente unido al mío, baje mis manos suavemente por su espalda atrayéndola hacia mí, sentía como sus senos se clavaban justo debajo de mis costillas, cuando llegue al final de la espalda, seguí y tocándole la cola, la junté más a mi cuerpo, ella paró su beso por la sorpresa, pero después de un segundo, reanudamos el beso. Fue cuando sentí que sus manos cayeron, se depositaron en mi trasero, aumentando la presión entre nosotros.
Ya tenía una erección considerable, y sentía como mi verga se pegaba a su estomago, entonces me retiré un poco, le solté la blusa totalmente, después, retiré su sostén, sus senos eran redonditos, perfectos, empecé a besarlos y hacerlos poner duros, “HHHHUUMMMMMM, HUUUUMMMMMMM”, y chupé, “AHHHHHHHH”, sus manos ahora sostenían mi cabeza, contra sus senos, pasé al otro y repetí la operación, “AHHHHHHHHHH, Kike, rico, sigue, chupa más, AHHHHHHHHH, AHHHHHHHHH”, se estremeció, se sacudía, y después se relajó, bajó sus ojos y a través de ellos, me di cuenta que acababa de tener un orgasmo. Una sonrisa surcó sus labios. “No importa si duele, te quiero dentro de mí”. Yo ni corto ni perezoso le dije: “Claro, pero iremos con suavidad, quiero que sea inolvidable para ti por ser la primera vez”. “¡Ya lo es!, ¡por lo menos para mí!, dijo ella.
Retire su falda y sus pantaloncitos estaban lavados, los retiré también, ella estaba totalmente desnuda, de pie frente a mí, trató de llevar su mano para cubrir su sexo por pudor, pero la retuve. Su vulva, se había abierto como una flor, emanaba un olorcillo que inundaba mis sentidos, sus labios abiertos a causa del orgasmo me llamaban, los sentía palpitar, ella abrió las piernas para permitirme una mejor vista, la tomé de la cintura y la senté en un sofá que había allí. Ella, se quedó sentada con las piernas abiertas, me levanté suavemente y retiré toda mi ropa, mi pene que luchaba hacía rato por salir, saltó al frente, ella abrió los ojos, no conocía uno pero la vista la asustó un poco; no he contado, pero el mío, mide cerca de los 19 cm, y es bastante grueso. Estiró su mano y lo tocó, al principio suavemente, después con más confianza, pero terminó por retirar sus manos, era muy pronto pensé para enseñarle que hacer con el, esperemos, ya tendremos otras oportunidades.
Me senté fuera del sofá, entre sus piernas, abiertas aun, con mi lengua le lamí los labios, a cada pasada, se abría completamente, así, poco a poco, con mucha paciencia, busqué su centro de placer, “¡AHHHHHH, Másssss!”, gemía y pedía ella, cuando llegué a su clítoris, su orgasmos no se hizo esperar, “¡GGGGGHHHHHHHHHHAAAAAAAA!”, gritó. Sus manos ahora, espichaban con violencia sus senos, se estremecía una y otra vez, sus jugos ahora salían con fuerza, bebí y succioné hasta beberla toda. El momento había llegado. La acosté sobre el suelo y me preparé a penetrarla. Ella lo adivinó y dijo: “Sí, te necesito adentro”. Coloqué mi glande a la entrada, estaba tan húmeda que sus jugos lubricaron todo mi glande, empecé a presionar para abrir el camino, ella gimió un poco de dolor, pero me pedía que siguiera. Así lo hice, poco a poco fue entrando, finalmente, mi glande estaba adentro, me detuve un momento, ella se recuperó y sonriendo, empujó su pelvis hacia arriba, devorando mi verga, la seguí penetrando, poco a poco, hasta que sentí que su himen me bloqueaba el paso. Y entrando y saliendo la fui acostumbrando al movimiento, paraba justo cuando su himen me bloqueaba, la tensión iba en aumento y creía no resistir mucho, ella estaba transportada, gemía y aullaba con cada envión, al verla, decidí que era hora de entrar hasta el fondo, y con una carga fuerte.
“¡AAAAAAAHHHHHHHHHHHHHH, GGGGGGGGGHHHHHHAAAAAAAAA!”, gritó, y mi verga entró en toda su longitud, ella me abrazaba con brazos y piernas, yo entraba y salía con furia y ansias, cada vez más rápido, más fuerte, más profundo. “¡SIIIIIIIIIII!, ¡SIIIIIIIIIIII, AHHHHHHHHHH!”, estallé llenándola de leche, uno, dos, tres bombazos estallaron en ella, me sintió venir y se corrió. “AHHHHHH, TE AMOOOOOO, que rico”. Golpeé varias veces más, dejando todo mi ser allí dentro, la besé nuevamente y reí, para mí la risa era el catalizador. Ella sonrió y rió conmigo, rodamos por el suelo, abrazados uno al otro, aun dentro de ella y riendo. Finalmente me retiré y nos vestimos, no creíamos nuestra suerte, nadie llegó durante este tiempo, así que nos arreglamos entre besos y caricias.
“Kike, gracias, ha sido maravilloso”. “Te Amo”, le dije y la besé. “Y yo a ti. Y no duele tanto, un poquito, pero no tanto”, y me besó. “Espera, que aun hay más”, y le sonríe con picardía. “Será mi placer aprender”, dijo ella. Bueno, eso es todo por ahora, fuimos novios durante casi dos años, y creo que casi todas las veces terminábamos riendo. No se por qué para mi esa risa sale libre y es contagiosa, a lo largo de mis años, siempre que se presenta, es para mi el mejor sexo de mi vida, y mi compañera de momento también se ríe conmigo. Hasta una nueva ocasión.
Luis
P.S. Kike es el apodo que me dan en mi familia.
Mi anterior relato salió como anónimo, pero veo que les gustó, escríbanme, les enviaré más.