raultot
11-10 2004, 11:25 AM
Alex era un enamorado de la montaña y un verano fue a caminar por una zona de la sierra muy poco frecuentada, un parque natural. Era principios de julio. Hacía ya calor, pero al ser día de diario, llevaba caminando más de cuatro horas y no se había tropezado con nadie. Eso se sumaba a que hacía más de dos horas que había abandonado el camino y no tenía mapa. Estaba perdido. Seguía el curso de un pequeño río, pensaba que si lo seguía aguas arriba, acabaría en el pueblo del que había salido. Pero no era seguro. Al salir a un claro, vio sentado a un hombre sobre una piedra, comiendo un bocadillo.
-¡Buenas tardes!- Le dijo desde la distancia. El hombre le miró sorprendido.
-Hola. ¿De dónde sales?. Estás en la zona restringida del parque. Por aquí no está permitido caminar.
-Lo siento, pero hace un buen rato que ando perdido.
-Sí que estás perdido, a unas cuatro horas de camino del lugar habitado más cercano - Dijo sonriendo. -¿Pensabas hacer noche en el campo?. -
-La verdad es que pensaba que por aquí llegaría al pueblo.
-Pues por aquí no tienes salida, salvo que lleves material de escalada.-
-Entonces ¿Tengo que darme la vuelta? No estoy seguro de encontrar el camino de nuevo.
El hombre pensó un rato mientras miraba a Alex, parecía estudiarlo.
-Tienes dos opciones. - Dijo al fin. - O das media vuelta, con suerte llegarás al pueblo entrada la noche. O tendrás que pasar la noche al raso ¿Tienes saco de dormir?.
- Sí, siempre lo llevo por lo que pueda pasar.
- Haces bien viniendo preparado, yo voy a hacer noche un poco más arriba del río, hay una vieja cabaña de pastores, no es gran cosa, pero hay agua y si cae una tormenta no nos empaparemos ¿Qué vas a hacer?.
- Me temo que no tengo alternativa, te lo agradezco.
- Entonces, vamos, nos queda muy poco, y podremos bañarnos, que hoy está haciendo mucho calor. Por cierto, mi nombre es Raúl, y estoy aquí porque soy guarda del parque.
- Encantado, yo me llamo Alex.
- Pues sígueme Alex.
Raúl le dio la mano, giró en redondo y apretó el paso río arriba, caminaba ligero, con la costumbre de moverse a menudo por el bosque. Al cabo de media hora, el bosque se había cerrado, caminaban por un territorio casi virgen, ni rastro de civilización, el río se había vuelto más bravo y caía entre grandes peñascos, la pendiente era más pronunciada, hasta que llegaron a un claro, con las orillas de hierba, el río se remansaba en una presa natural hasta la que caía desde una pequeña cascada, a un lado estaba, en efecto, la cabaña que había dicho Raúl, el paraje era una preciosidad.
- ¿Este es el sitio?. Es una maravilla.
- Pero no se lo digas a nadie, somos pocos los que lo conocemos y me gustaría que siguiese así.
- Te lo prometo, Raúl. Seré una tumba.
- Desde luego, si te vuelvo a ver por aquí con más gente, te aseguro que os corro a palos hasta el pueblo JAJAJA...
- ¿Nos podemos bañar?
- Nos debemos bañar, al menos yo, que llevo dos días persiguiendo domingueros. - Dijo Raúl sonriendo.
- Pero no he traído bañador, que faena.
- Para bañarse sólo hace falta agua. - Dijo Raúl mientras dejaba su macuto en el suelo y se iba desnudando. - ¿Te importa?.
- No, sólo lo decía por si te molestaba a ti. - Alex dejó también su macuto en el suelo y se desnudó. - ¿Cubre mucho?.
- Desde esa piedra se puede saltar de cabeza, si quieres.
Raúl se quedó mirando cómo Alex se subía desnudo a la piedra y saltaba de cabeza al agua, mientras él se iba metiendo despacio por la orilla. El agua estaba bastante menos fría de lo que Alex había esperado, nadó un rato, buceó un poco, era delicioso, tanto tiempo andando y poder bañarse en aquel paraje, braceó hacia una gran piedra que asomaba casi en el centro del pequeño lago, estaba al sol, y era plana, muy lisa por la continua erosión del agua, se tumbó en ella, estaba incluso caliente por el sol que le había dado todo el día. Miró hacia la orilla y vio como Raúl se frotaba el cuerpo lavándose, pudo fijarse bien en él, desnudo, le gustó aquel hombre que se había portado tan bien con él.
- ¡Raúl! Ven aquí, se toma el sol estupendamente, y se está muy calentito.
- Lo siento, pero yo no nado ni la mitad que tú, me da bastante miedo, esta poza cubre mucho, y yo estoy medio ahogado en tres brazadas, nunca he sido capaz de llegar.
- Si quieres, yo te ayudo ¡Anímate! - Alex se tiró de cabeza y nadó hacia donde estaba Raúl.
- Es que me da bastante respeto el agua, por no decir miedo ¿Y quien me asegura que una vez en la piedra te tiras al agua y me dejas allí como un náufrago? JAJAJA.
- No podría, si te dejo como dices, no sería capaz de volver al pueblo ni en dos días, de todas formas, como quieras, no pretendo obligarte, sólo me siento en deuda contigo, me has traído hasta este paraíso y me apetece devolverte el favor. Confía en mí, soy socorrista y nado bastante bien. Tú pones tus manos en mis hombros y yo te llevo a remolque, estamos muy cerca ¿No te apetece?.
- Sí que me apetece, siempre me he quedado con las ganas de tomar el sol en ésa piedra, vamos.
Alex se dio la vuelta y caminó hacia la piedra, hundiéndose en el agua. Raúl puso las manos en sus hombros y se dejó llevar a remolque. Las brazadas hacían que Alex se hundiera y volviera a subir, rozándose contra Raúl, aquella sensación les hacía estremecerse, ambos disfrutaban de la sensación.
- Que bien nadas, puedes con los dos y me siento seguro, me alegro de haberme atrevido.
- Te lo dije, puedes confiar en mí, como yo he confiado en ti y no me arrepiento. Además, después de tomar el sol un rato, te daré unas clases para que la próxima vez puedas llegar tú solo.
- No sé si quiero las clases, me está encantando el paseíto... JAJAJA.
- ¡Que morro! Menos mal que ya llegamos... JAJAJA
Ambos estaban disfrutando del agua, del paisaje, y el roce de sus cuerpos les iba excitando. El momento de salir del agua y que esa excitación fuese demasiado evidente se acercaba, Raúl se soltó en el último momento y se agarró a la piedra. No se atrevía a salir y Alex también estaba sumergido, flotando cerca.
- ¿Quieres una ducha bien fría? - Dijo Raúl. - Desde aquí se hace pié para llegar a la cascada, y el agua está mucho más fría que ésta.
No esperó la respuesta de Alex, se dirigió hacia el chorro que caía muy cerca, el agua le llegaba al pecho, y pensó que con el agua helada se le pasaría aquella tremenda erección. Con mucha decisión se colocó bajo la cascada, el agua estaba helada...
- Brrrrrr esto sí que es sensación... se te corta hasta la respiración. - Decía a Alex mientras éste se acercaba.
Alex estaba como Raúl, y quería también disimular aquella indiscreta erección, de modo que se colocó muy cerca de Raúl para que el agua cayera sobre él.
- Jo...o...oe Pues sí que está fría, desde luego se te quita todo JAJAJA.
- Vamos a tomar el sol para entrar en calor. - Dijo Raúl en cuanto que notó que la presión en su miembro había disminuido.
Se colocó sobre la piedra boca arriba y cerró los ojos, con la expresión tranquila de los que toman el sol. Alex le siguió y después de mirarle detenidamente se tumbó a su lado. Decididamente aquel hombre le gustaba. La piedra no era muy grande y sus cuerpos estaban muy cerca, casi tocándose. Estuvieron un rato así, en silencio, sintiéndose muy cerca y tratando de controlar aquella atracción que sentían el un por el otro. El sol calentaba sus cuerpos por arriba y la piedra les cedía un poco más de calor por abajo. Ambos notaban que la ducha sólo les había tranquilizado momentáneamente, se miraban por el rabillo del ojo, sin atreverse a nada más, aunque ambos tenían la sensación de que el sexo del otro había crecido un poco más que en el vistazo anterior.
- Bueno, se acabó el recreo, es hora de tu clase de natación. - Dijo Alex mientras se zambullía de cabeza en el agua, justo antes de que su sexo volviera a "dispararse" involuntariamente.
- Jo, con lo bien que se está aquí, además ya no tendré excusa para que vuelvas a "remolcarme" JAJAJA, venga, vamos. - Dijo notando que su sexo volvía a "despertar" gracias al calor.
Raúl entró despacio en el agua, se agarró a los hombros de Alex que comenzó a nadar de vuelta a la orilla. Nadaba más despacio que antes y Raúl se dio cuenta, lo que aprovechó para rozarse un poco más con Alex, que no decía nada, ambos estaban excitados, disfrutando, pero asustados de la reacción del otro. Así llegaron hasta que el agua les llegaba por el pecho.
- Aquí está bien. - Dijo Alex. - ¿Que sabes hacer en el agua?.
- Ahogarme si me cubre JAJAJA.
- No, en serio ¿Sabes hacer el muerto?.
- Sí, eso sí que sé. - Dijo Raúl tumbándose en el agua sin pensárselo dos veces. Cuando se dio cuenta de que su erección se hacía visible, era tarde, Alex le había visto y se le quedó cara de sorpresa. - Casi más el "vivo" que el muerto JAJAJA. - Dijo enseguida para quitarle hierro al asunto.
Entre la risa, el nerviosismo y el pudor por la situación, Raúl perdió la flotabilidad y se hundió, tan sólo un palmo, lo suficiente como para asustarse. Alex lo agarró enseguida y Raúl se aferró a él, se puso en pié, tosiendo, respirando como si se fuese a acabar el aire, con los ojos cerrados por el agua. Se quedaron así un instante, abrazados, ninguno dijo nada en ese segundo larguísimo.
- Ya te dije que sólo sabía ahogarme, disculpa. Te debo parecer un cretino. No sé qué me ha pasado, llevo solo por el campo casi una semana sin ver ni hablar con nadie, y supongo que el cambio de agua fría a piedra y sol me ha.....
- No, tranquilo, lo que importa es que no hayas tragado mucha agua, no te preocupes, además, yo también he sufrido el "efecto cascada".
- ¿Sí? No lo puedo creer.
Alex se tumbó en el agua, y su sexo quedó apuntando al cielo.
- Sí, es que la cascada estaba muy fría, y la piedra muy calentita y... - Dijo Alex.
- Bueno, a ver si es verdad que me enseñas a nadar ¿Qué hago profe?
Alex ayudó a Raúl a tumbarse boca abajo en el agua, pasando sus manos bajo su cuerpo, Raúl movía despacio manos y pies sin ir a ninguna parte, sentía aquellas manos en el pecho y en el vientre, le gustaba aquella sensación. Quizá sería bueno a estas alturas del relato decir que tanto Raúl como Alex no habían tenido una relación homosexual plena en la vida, apenas alguna masturbación furtiva en su adolescencia, pero sin haber llegado a mayores. Quizá por eso se sentían cohibidos, inseguros aunque llenos de deseo y, por otra parte, de desconfianza hacia los deseos del otro.
- De momento, no te ahogues, relájate y trata de disfrutar un poco del agua, yo iré dejando de sujetarte poco a poco, para que veas que flotas por ti mismo, trata de estirarte lo más posible y mueve manos y pies despacio, así...
Alex indicaba a Raúl cómo debía moverse para avanzar, aprovechaba para mover sus manos acariciándolo disimuladamente, ambos estaban muy excitados, acababan de evidenciarlo, pero tal como estaban en el agua, no podían ver la excitación del otro. Raúl estaba encantado, le gustaba sentir aquellas manos que le sujetaban acariciándolo, se sentía cada vez más confiado, trataba de seguir las indicaciones de Alex y concentrarse en lo que estaba haciendo, pero aquella sensación de sentirse en las manos de Alex, su propia excitación, el deseo de seguir así y el miedo a no saber si aquel hombre sentía lo mismo que él no se lo permitían. A pesar de todo, conseguía avanzar despacio lo que aprovechó Alex para dejar que sus manos se hundiesen despacio, el avance de Raúl hizo que su pene erecto rozase la palma de la mano que Alex había dejado quieta. Inmediatamente, la poca concentración que Raúl conservaba, se desvaneció, volvió a hundirse.
Rápidamente Alex lo agarró para sacar su cabeza del agua. Raúl se abrazó a él, nuevas toses...
- Lo siento Raúl, pensé que podías mantenerte a flote, pero...
- ¿Ves? Sólo sé ahogarme. - Dijo tristemente Raúl. Seguía abrazado a Alex que retiraba el agua de sus ojos para que pudiese abrirlos, esta vez se habían acercado tanto que ambos notaban su excitación bajo el agua, sus penes estaban duros entre sus vientres casi pegados. - Y ni siquiera el susto ha conseguido hacer desaparecer esta... Bueno, ya ves que estamos igual. No quiero incomodarte, no sé qué me está pasando ¿Te molesta?.
- Yo tampoco lo sé... bueno, nunca me ha pasado esto Raúl, no sé qué decir ¿Tú estás bien?
- Estoy como tú, también es la primera vez que me pasa esto así, pero no sé que decirte, estoy como... Aturdido, pero despierto... Ya te digo que no sé... Quizá sea el "efecto cascada" ése que has dicho...
- Sí, debe ser eso, por que si no, yo diría que...
Durante esta conversación incoherente, ambos se habían ido acercando, sus cuerpos estaban pegados y entre sus caras apenas había espacio, sentían palpitar sus sexos bajo el agua, y su respiración era más profunda, ya no hablaron más, sus bocas se acercaban y se entreabrían y sus manos se atrevían a acariciarse con un poco más de confianza. El silencio los envolvía mientras se fundían en un beso lleno de pasión y de deseo. Estuvieron así mucho rato, aunque ninguno sabría calcular cuanto, ambos disfrutaban de todo aquello, el bosque con sus ruidos, el aire puro, el agua, su propia excitación, el calor y el sabor de sus bocas, el tacto húmedo de su piel, las caricias. Su timidez y la sensación de posible rechazo les impedían ir mucho más lejos pero querían seguir. Estaban embelesados... Se separaron un momento para mirarse, incrédulos, sorprendidos, apenas consiguieron mantener la mirada un instante. Alex comenzó a tiritar.
- Tienes frío ¿No?. Disculpa, no me había dado cuenta, el sol comienza a estar bajo y aquí, a la sombra nos podemos coger un resfriado. Ven. - Raúl cogió de la mano a Alex y le llevó fuera del agua. Abrió su macuto y sacó una toalla, la echó por los hombros de Alex y, frente a él, comenzó a frotarle los hombros y la espalda, secándole. - Bueno, parece que estamos... Un poco idos ¿No? Llevamos un buen rato... Bueno... Excitados, no sé si te pasa a ti lo mismo, pero a mí me gusta, nunca había estado así con un hombre, no digo que en mi juventud no haya tenido algún... Bueno, ya me entiendes...
- Digamos "Escarceo" ¿No? - Alex abrió su macuto y, sacando su toalla la echó sobre Raúl.
- Gracias. sí, eso, tan sólo alguna furtiva masturbación, pero jamás había estado así, como hemos estado en el agua... Espero que no te haya molestado...
- Claro que no Raúl.
Iban cogiendo confianza, se miraban con una cierta sonrisa de complicidad, se secaban mutuamente, lo que les permitía seguir acariciándose, seguían excitados pero habían perdido el pudor. Raúl extendió su toalla en el suelo, Alex puso la suya al lado. Raúl se sentó, mirando a Alex y sonriendo.
- Ven Alex ¿Has entrado en calor? ¿Seguimos?
Se había sentado con las piernas abierta y estiradas Y Alex se sentó entre ellas, con sus rodillas sobre las de Raúl, se abrazaron, arrimándose, apretando sus sexos entre sus vientres, mientras se besaban profundamente, los dos estaban ya decididos a regalarse todo el placer de que fuesen capaces. Se unían y se separaban, se miraban, parecía que se comían con los ojos cuando dejaban de devorarse con las bocas, sus manos se perdían en el otro cuerpo y disfrutaban de todas y cada una de las intensas sensaciones que se daban. Raúl metió su mano entre ambos y agarró el sexo de Alex, comenzó a masturbarlo, estrujándolo para que se lubricase, pasando su pulgar por el glande para esparcir por toda la piel el abundante líquido transparente que asomaba por la punta.
Alex hizo lo mismo, se separaron un momento para mirarse bien, para sonreír.
- ¿Te gusta Alex? A mí me está encantando, bueno, ya ves como me tienes...
- Es delicioso, estoy a punto de... Bueno, que si seguimos no va a ser mucho rato.
- Pues vamos, no quiero parar, yo estoy como tú...
Aceleraron el ritmo, Alex fue el primero, se estiró hacia atrás, suspiró y gritó sin soltar el sexo de Raúl y su pene escupió abundantemente sobre el pecho y el vientre de Raúl. Pero su propio orgasmo no le impidió seguir masturbando a su amigo, que tres golpes más tarde también se vació entre suspiros y la tensión que había acumulado durante el baño. Ambos se besaron, seguían agarrando sus sexos, pero los movían despacio, como queriendo alargar aquel inmenso placer que acababan de sentir. Su beso era ahora más tierno, más dulce...
----------------------------------------->>>(CONTINUARÁ)
-¡Buenas tardes!- Le dijo desde la distancia. El hombre le miró sorprendido.
-Hola. ¿De dónde sales?. Estás en la zona restringida del parque. Por aquí no está permitido caminar.
-Lo siento, pero hace un buen rato que ando perdido.
-Sí que estás perdido, a unas cuatro horas de camino del lugar habitado más cercano - Dijo sonriendo. -¿Pensabas hacer noche en el campo?. -
-La verdad es que pensaba que por aquí llegaría al pueblo.
-Pues por aquí no tienes salida, salvo que lleves material de escalada.-
-Entonces ¿Tengo que darme la vuelta? No estoy seguro de encontrar el camino de nuevo.
El hombre pensó un rato mientras miraba a Alex, parecía estudiarlo.
-Tienes dos opciones. - Dijo al fin. - O das media vuelta, con suerte llegarás al pueblo entrada la noche. O tendrás que pasar la noche al raso ¿Tienes saco de dormir?.
- Sí, siempre lo llevo por lo que pueda pasar.
- Haces bien viniendo preparado, yo voy a hacer noche un poco más arriba del río, hay una vieja cabaña de pastores, no es gran cosa, pero hay agua y si cae una tormenta no nos empaparemos ¿Qué vas a hacer?.
- Me temo que no tengo alternativa, te lo agradezco.
- Entonces, vamos, nos queda muy poco, y podremos bañarnos, que hoy está haciendo mucho calor. Por cierto, mi nombre es Raúl, y estoy aquí porque soy guarda del parque.
- Encantado, yo me llamo Alex.
- Pues sígueme Alex.
Raúl le dio la mano, giró en redondo y apretó el paso río arriba, caminaba ligero, con la costumbre de moverse a menudo por el bosque. Al cabo de media hora, el bosque se había cerrado, caminaban por un territorio casi virgen, ni rastro de civilización, el río se había vuelto más bravo y caía entre grandes peñascos, la pendiente era más pronunciada, hasta que llegaron a un claro, con las orillas de hierba, el río se remansaba en una presa natural hasta la que caía desde una pequeña cascada, a un lado estaba, en efecto, la cabaña que había dicho Raúl, el paraje era una preciosidad.
- ¿Este es el sitio?. Es una maravilla.
- Pero no se lo digas a nadie, somos pocos los que lo conocemos y me gustaría que siguiese así.
- Te lo prometo, Raúl. Seré una tumba.
- Desde luego, si te vuelvo a ver por aquí con más gente, te aseguro que os corro a palos hasta el pueblo JAJAJA...
- ¿Nos podemos bañar?
- Nos debemos bañar, al menos yo, que llevo dos días persiguiendo domingueros. - Dijo Raúl sonriendo.
- Pero no he traído bañador, que faena.
- Para bañarse sólo hace falta agua. - Dijo Raúl mientras dejaba su macuto en el suelo y se iba desnudando. - ¿Te importa?.
- No, sólo lo decía por si te molestaba a ti. - Alex dejó también su macuto en el suelo y se desnudó. - ¿Cubre mucho?.
- Desde esa piedra se puede saltar de cabeza, si quieres.
Raúl se quedó mirando cómo Alex se subía desnudo a la piedra y saltaba de cabeza al agua, mientras él se iba metiendo despacio por la orilla. El agua estaba bastante menos fría de lo que Alex había esperado, nadó un rato, buceó un poco, era delicioso, tanto tiempo andando y poder bañarse en aquel paraje, braceó hacia una gran piedra que asomaba casi en el centro del pequeño lago, estaba al sol, y era plana, muy lisa por la continua erosión del agua, se tumbó en ella, estaba incluso caliente por el sol que le había dado todo el día. Miró hacia la orilla y vio como Raúl se frotaba el cuerpo lavándose, pudo fijarse bien en él, desnudo, le gustó aquel hombre que se había portado tan bien con él.
- ¡Raúl! Ven aquí, se toma el sol estupendamente, y se está muy calentito.
- Lo siento, pero yo no nado ni la mitad que tú, me da bastante miedo, esta poza cubre mucho, y yo estoy medio ahogado en tres brazadas, nunca he sido capaz de llegar.
- Si quieres, yo te ayudo ¡Anímate! - Alex se tiró de cabeza y nadó hacia donde estaba Raúl.
- Es que me da bastante respeto el agua, por no decir miedo ¿Y quien me asegura que una vez en la piedra te tiras al agua y me dejas allí como un náufrago? JAJAJA.
- No podría, si te dejo como dices, no sería capaz de volver al pueblo ni en dos días, de todas formas, como quieras, no pretendo obligarte, sólo me siento en deuda contigo, me has traído hasta este paraíso y me apetece devolverte el favor. Confía en mí, soy socorrista y nado bastante bien. Tú pones tus manos en mis hombros y yo te llevo a remolque, estamos muy cerca ¿No te apetece?.
- Sí que me apetece, siempre me he quedado con las ganas de tomar el sol en ésa piedra, vamos.
Alex se dio la vuelta y caminó hacia la piedra, hundiéndose en el agua. Raúl puso las manos en sus hombros y se dejó llevar a remolque. Las brazadas hacían que Alex se hundiera y volviera a subir, rozándose contra Raúl, aquella sensación les hacía estremecerse, ambos disfrutaban de la sensación.
- Que bien nadas, puedes con los dos y me siento seguro, me alegro de haberme atrevido.
- Te lo dije, puedes confiar en mí, como yo he confiado en ti y no me arrepiento. Además, después de tomar el sol un rato, te daré unas clases para que la próxima vez puedas llegar tú solo.
- No sé si quiero las clases, me está encantando el paseíto... JAJAJA.
- ¡Que morro! Menos mal que ya llegamos... JAJAJA
Ambos estaban disfrutando del agua, del paisaje, y el roce de sus cuerpos les iba excitando. El momento de salir del agua y que esa excitación fuese demasiado evidente se acercaba, Raúl se soltó en el último momento y se agarró a la piedra. No se atrevía a salir y Alex también estaba sumergido, flotando cerca.
- ¿Quieres una ducha bien fría? - Dijo Raúl. - Desde aquí se hace pié para llegar a la cascada, y el agua está mucho más fría que ésta.
No esperó la respuesta de Alex, se dirigió hacia el chorro que caía muy cerca, el agua le llegaba al pecho, y pensó que con el agua helada se le pasaría aquella tremenda erección. Con mucha decisión se colocó bajo la cascada, el agua estaba helada...
- Brrrrrr esto sí que es sensación... se te corta hasta la respiración. - Decía a Alex mientras éste se acercaba.
Alex estaba como Raúl, y quería también disimular aquella indiscreta erección, de modo que se colocó muy cerca de Raúl para que el agua cayera sobre él.
- Jo...o...oe Pues sí que está fría, desde luego se te quita todo JAJAJA.
- Vamos a tomar el sol para entrar en calor. - Dijo Raúl en cuanto que notó que la presión en su miembro había disminuido.
Se colocó sobre la piedra boca arriba y cerró los ojos, con la expresión tranquila de los que toman el sol. Alex le siguió y después de mirarle detenidamente se tumbó a su lado. Decididamente aquel hombre le gustaba. La piedra no era muy grande y sus cuerpos estaban muy cerca, casi tocándose. Estuvieron un rato así, en silencio, sintiéndose muy cerca y tratando de controlar aquella atracción que sentían el un por el otro. El sol calentaba sus cuerpos por arriba y la piedra les cedía un poco más de calor por abajo. Ambos notaban que la ducha sólo les había tranquilizado momentáneamente, se miraban por el rabillo del ojo, sin atreverse a nada más, aunque ambos tenían la sensación de que el sexo del otro había crecido un poco más que en el vistazo anterior.
- Bueno, se acabó el recreo, es hora de tu clase de natación. - Dijo Alex mientras se zambullía de cabeza en el agua, justo antes de que su sexo volviera a "dispararse" involuntariamente.
- Jo, con lo bien que se está aquí, además ya no tendré excusa para que vuelvas a "remolcarme" JAJAJA, venga, vamos. - Dijo notando que su sexo volvía a "despertar" gracias al calor.
Raúl entró despacio en el agua, se agarró a los hombros de Alex que comenzó a nadar de vuelta a la orilla. Nadaba más despacio que antes y Raúl se dio cuenta, lo que aprovechó para rozarse un poco más con Alex, que no decía nada, ambos estaban excitados, disfrutando, pero asustados de la reacción del otro. Así llegaron hasta que el agua les llegaba por el pecho.
- Aquí está bien. - Dijo Alex. - ¿Que sabes hacer en el agua?.
- Ahogarme si me cubre JAJAJA.
- No, en serio ¿Sabes hacer el muerto?.
- Sí, eso sí que sé. - Dijo Raúl tumbándose en el agua sin pensárselo dos veces. Cuando se dio cuenta de que su erección se hacía visible, era tarde, Alex le había visto y se le quedó cara de sorpresa. - Casi más el "vivo" que el muerto JAJAJA. - Dijo enseguida para quitarle hierro al asunto.
Entre la risa, el nerviosismo y el pudor por la situación, Raúl perdió la flotabilidad y se hundió, tan sólo un palmo, lo suficiente como para asustarse. Alex lo agarró enseguida y Raúl se aferró a él, se puso en pié, tosiendo, respirando como si se fuese a acabar el aire, con los ojos cerrados por el agua. Se quedaron así un instante, abrazados, ninguno dijo nada en ese segundo larguísimo.
- Ya te dije que sólo sabía ahogarme, disculpa. Te debo parecer un cretino. No sé qué me ha pasado, llevo solo por el campo casi una semana sin ver ni hablar con nadie, y supongo que el cambio de agua fría a piedra y sol me ha.....
- No, tranquilo, lo que importa es que no hayas tragado mucha agua, no te preocupes, además, yo también he sufrido el "efecto cascada".
- ¿Sí? No lo puedo creer.
Alex se tumbó en el agua, y su sexo quedó apuntando al cielo.
- Sí, es que la cascada estaba muy fría, y la piedra muy calentita y... - Dijo Alex.
- Bueno, a ver si es verdad que me enseñas a nadar ¿Qué hago profe?
Alex ayudó a Raúl a tumbarse boca abajo en el agua, pasando sus manos bajo su cuerpo, Raúl movía despacio manos y pies sin ir a ninguna parte, sentía aquellas manos en el pecho y en el vientre, le gustaba aquella sensación. Quizá sería bueno a estas alturas del relato decir que tanto Raúl como Alex no habían tenido una relación homosexual plena en la vida, apenas alguna masturbación furtiva en su adolescencia, pero sin haber llegado a mayores. Quizá por eso se sentían cohibidos, inseguros aunque llenos de deseo y, por otra parte, de desconfianza hacia los deseos del otro.
- De momento, no te ahogues, relájate y trata de disfrutar un poco del agua, yo iré dejando de sujetarte poco a poco, para que veas que flotas por ti mismo, trata de estirarte lo más posible y mueve manos y pies despacio, así...
Alex indicaba a Raúl cómo debía moverse para avanzar, aprovechaba para mover sus manos acariciándolo disimuladamente, ambos estaban muy excitados, acababan de evidenciarlo, pero tal como estaban en el agua, no podían ver la excitación del otro. Raúl estaba encantado, le gustaba sentir aquellas manos que le sujetaban acariciándolo, se sentía cada vez más confiado, trataba de seguir las indicaciones de Alex y concentrarse en lo que estaba haciendo, pero aquella sensación de sentirse en las manos de Alex, su propia excitación, el deseo de seguir así y el miedo a no saber si aquel hombre sentía lo mismo que él no se lo permitían. A pesar de todo, conseguía avanzar despacio lo que aprovechó Alex para dejar que sus manos se hundiesen despacio, el avance de Raúl hizo que su pene erecto rozase la palma de la mano que Alex había dejado quieta. Inmediatamente, la poca concentración que Raúl conservaba, se desvaneció, volvió a hundirse.
Rápidamente Alex lo agarró para sacar su cabeza del agua. Raúl se abrazó a él, nuevas toses...
- Lo siento Raúl, pensé que podías mantenerte a flote, pero...
- ¿Ves? Sólo sé ahogarme. - Dijo tristemente Raúl. Seguía abrazado a Alex que retiraba el agua de sus ojos para que pudiese abrirlos, esta vez se habían acercado tanto que ambos notaban su excitación bajo el agua, sus penes estaban duros entre sus vientres casi pegados. - Y ni siquiera el susto ha conseguido hacer desaparecer esta... Bueno, ya ves que estamos igual. No quiero incomodarte, no sé qué me está pasando ¿Te molesta?.
- Yo tampoco lo sé... bueno, nunca me ha pasado esto Raúl, no sé qué decir ¿Tú estás bien?
- Estoy como tú, también es la primera vez que me pasa esto así, pero no sé que decirte, estoy como... Aturdido, pero despierto... Ya te digo que no sé... Quizá sea el "efecto cascada" ése que has dicho...
- Sí, debe ser eso, por que si no, yo diría que...
Durante esta conversación incoherente, ambos se habían ido acercando, sus cuerpos estaban pegados y entre sus caras apenas había espacio, sentían palpitar sus sexos bajo el agua, y su respiración era más profunda, ya no hablaron más, sus bocas se acercaban y se entreabrían y sus manos se atrevían a acariciarse con un poco más de confianza. El silencio los envolvía mientras se fundían en un beso lleno de pasión y de deseo. Estuvieron así mucho rato, aunque ninguno sabría calcular cuanto, ambos disfrutaban de todo aquello, el bosque con sus ruidos, el aire puro, el agua, su propia excitación, el calor y el sabor de sus bocas, el tacto húmedo de su piel, las caricias. Su timidez y la sensación de posible rechazo les impedían ir mucho más lejos pero querían seguir. Estaban embelesados... Se separaron un momento para mirarse, incrédulos, sorprendidos, apenas consiguieron mantener la mirada un instante. Alex comenzó a tiritar.
- Tienes frío ¿No?. Disculpa, no me había dado cuenta, el sol comienza a estar bajo y aquí, a la sombra nos podemos coger un resfriado. Ven. - Raúl cogió de la mano a Alex y le llevó fuera del agua. Abrió su macuto y sacó una toalla, la echó por los hombros de Alex y, frente a él, comenzó a frotarle los hombros y la espalda, secándole. - Bueno, parece que estamos... Un poco idos ¿No? Llevamos un buen rato... Bueno... Excitados, no sé si te pasa a ti lo mismo, pero a mí me gusta, nunca había estado así con un hombre, no digo que en mi juventud no haya tenido algún... Bueno, ya me entiendes...
- Digamos "Escarceo" ¿No? - Alex abrió su macuto y, sacando su toalla la echó sobre Raúl.
- Gracias. sí, eso, tan sólo alguna furtiva masturbación, pero jamás había estado así, como hemos estado en el agua... Espero que no te haya molestado...
- Claro que no Raúl.
Iban cogiendo confianza, se miraban con una cierta sonrisa de complicidad, se secaban mutuamente, lo que les permitía seguir acariciándose, seguían excitados pero habían perdido el pudor. Raúl extendió su toalla en el suelo, Alex puso la suya al lado. Raúl se sentó, mirando a Alex y sonriendo.
- Ven Alex ¿Has entrado en calor? ¿Seguimos?
Se había sentado con las piernas abierta y estiradas Y Alex se sentó entre ellas, con sus rodillas sobre las de Raúl, se abrazaron, arrimándose, apretando sus sexos entre sus vientres, mientras se besaban profundamente, los dos estaban ya decididos a regalarse todo el placer de que fuesen capaces. Se unían y se separaban, se miraban, parecía que se comían con los ojos cuando dejaban de devorarse con las bocas, sus manos se perdían en el otro cuerpo y disfrutaban de todas y cada una de las intensas sensaciones que se daban. Raúl metió su mano entre ambos y agarró el sexo de Alex, comenzó a masturbarlo, estrujándolo para que se lubricase, pasando su pulgar por el glande para esparcir por toda la piel el abundante líquido transparente que asomaba por la punta.
Alex hizo lo mismo, se separaron un momento para mirarse bien, para sonreír.
- ¿Te gusta Alex? A mí me está encantando, bueno, ya ves como me tienes...
- Es delicioso, estoy a punto de... Bueno, que si seguimos no va a ser mucho rato.
- Pues vamos, no quiero parar, yo estoy como tú...
Aceleraron el ritmo, Alex fue el primero, se estiró hacia atrás, suspiró y gritó sin soltar el sexo de Raúl y su pene escupió abundantemente sobre el pecho y el vientre de Raúl. Pero su propio orgasmo no le impidió seguir masturbando a su amigo, que tres golpes más tarde también se vació entre suspiros y la tensión que había acumulado durante el baño. Ambos se besaron, seguían agarrando sus sexos, pero los movían despacio, como queriendo alargar aquel inmenso placer que acababan de sentir. Su beso era ahora más tierno, más dulce...
----------------------------------------->>>(CONTINUARÁ)