sumidero
24-09 2004, 01:11 PM
Ha sido en Europa cuando descubrí el poder de una nueva mastrubación, al menos para mí. Heterosexual (no sé hasta cuándo pueda seguir afirmarlo, acaso) y virgen rebasando ya los veinte años, comienzo esta historia.
Cocinaba vegetales. Suelo hacerlo, pero en esa ocasión lo hacía en una casa ajena. Solo y sólo frente a la estufa cortaba diversos vegetales, pero sumido en una tristeza inexplicable discurrí esa labor. De súbito miré una zanahoria. Era no mayor de 12 cm. de longitud, medianamente espigada, pero muy dura en su consistencia y un tanto vieja de aspecto. El naranja ya se veía roído por el óxido oscuro en algunas zonas.
En la lumbre el platillo se fraguaba. Miré ese vegetal. Lo acaricié y me imaginé gozando con él, pensando podría ensayar una autosodomización. Así lo hice. Mis dedos los llené de mi propia saliva y empasté mi culo con ese flujo de mi boca. El vegetal lo humedecí con agua. Lentamente introduje la zanahoria en mi esfínter y, doloroso al comienzo, una vez dentro de mí, mientras con la otra mano agitaba mi sexo, comencé a gozar de una forma suprema.
Antes dejé mis ropas en el suelo, echas una maranna de trapos y fueron unos minutos de goce frente a la ventana y yo penetrado y alargado por mí mismo a la vez.
Pude claramente sentir cómo la almendra entre mis entrannas fue rozada. Comprobé nuevas sensaciones pues mi semen se espesó. Para rematar bebí un poco de él y la zanahoria, teñida un poco con residuos de mierda de mi culo, la corté en pequennos pedazos para el guiso de aquél día.
Cocinaba vegetales. Suelo hacerlo, pero en esa ocasión lo hacía en una casa ajena. Solo y sólo frente a la estufa cortaba diversos vegetales, pero sumido en una tristeza inexplicable discurrí esa labor. De súbito miré una zanahoria. Era no mayor de 12 cm. de longitud, medianamente espigada, pero muy dura en su consistencia y un tanto vieja de aspecto. El naranja ya se veía roído por el óxido oscuro en algunas zonas.
En la lumbre el platillo se fraguaba. Miré ese vegetal. Lo acaricié y me imaginé gozando con él, pensando podría ensayar una autosodomización. Así lo hice. Mis dedos los llené de mi propia saliva y empasté mi culo con ese flujo de mi boca. El vegetal lo humedecí con agua. Lentamente introduje la zanahoria en mi esfínter y, doloroso al comienzo, una vez dentro de mí, mientras con la otra mano agitaba mi sexo, comencé a gozar de una forma suprema.
Antes dejé mis ropas en el suelo, echas una maranna de trapos y fueron unos minutos de goce frente a la ventana y yo penetrado y alargado por mí mismo a la vez.
Pude claramente sentir cómo la almendra entre mis entrannas fue rozada. Comprobé nuevas sensaciones pues mi semen se espesó. Para rematar bebí un poco de él y la zanahoria, teñida un poco con residuos de mierda de mi culo, la corté en pequennos pedazos para el guiso de aquél día.