Anonimo
21-09 2004, 11:52 PM
Ese dia estaba solo, recostado en mi cama, cuando apareció mi prima.
Ella me gustaba y excitaba mucho pero hasta el momento había guardado distancia por obvias razones.
Me excitaba tanto que con tan sólo verla me daban ganas de tocarla, sentirla cerca. sentir sus labios tibios, su estrecha cintura y sus paradas y bien formadas nalgas.
Esta obsesión la tenía desde mis quince y ella trece.
Había una buena relación entre nosotros, pero a mí me empezó a gustar y a excitar hasta convertirse en esa obsesión al grado de crear escenas eróticas todos los días y masturbarme pensando en su hermoso cuerpo.
Ella me gustaba y yo a ella. Los dos lo sabíamos y finjíamos no darnos cuenta, o al menos eso tratábamos.
Un día la espié en el baño, descubriendo su perfecta anatomía, lo que hizo que me obsesionara más con ella.
Así pasaron los años, controlando mi atracción hacia ella, hasta que a mis 18 ella con 16, pasó lo que nunca habría esperado ni en mis sueños más calientes Estaba solo en casa, mirando la televisión un domingo, cuando llego mi prima con un pantalón tipo pants de tela delgada que dejaba ver la perfecta forma de sus nalgas, redondas, paraditas, duras.
La tela del pants no dejaba escapar ni un detalle de la forma de sus perfec- tas nalgas.
Eso que me excitó mucho y no perdía monmento para ver el hermoso caído de tela que hacía el pants en sus bien formadas nalgas.
Me excitaba y parece que ella se daba cuenta y le gustaba. Se empinaba para recojer algún objeto mientras platicábamos, dejándome ver su culo en su máxima hermosura.
Lo único que se interponí entre mi vista y ese culo era una ligera tela, así que yo disfrutaba de la belleza de su presensia.
Surjió un comentario, me pregutó con malicia:
- Y esta película? -
Le insinué que era porno y le dije que si la quería ver, a lo que accedió
La vimos por un buen rato, y entre escena y escena erótica me di cuenta que se excitó.
Permanecí acostado y ella sentada al lado mío.
A partir de allí, mi vida tendría una de las experiencias más excitantes de todos los tiempos.
Ella se levantó y me percaté de la humedad que cubría su entrepierna.
Era evidente que estaba tan excitada como yo y en ese momento pensé en tomar la iniciativa, en conducirla a acostarnos, sin remordimientos ni culpas. Sin esperar nada del otro, más que el simple placer de los cuerpos.
Cuando por fin tomé la decisión de olvidarme del parentesco, ella llegó y se sentó de nuevo a mi lado. Sin que yo lo esperara, tocó mi pene, lo que creó en mí una reacción de desconcierto.
Comenzó a frotarlo por encima del pantalón sin que yo dara crédito a lo que tantas veces había soñado. Por fin se me realizaba y lo podía sentir en carne propia.
La miré a la cara, luego vi como me bajaba el cierre del pantalón y sacaba lentamente mi verga. Me la jaló unas cuantas veces y se bajó para besarme en la boca. Primero unimos los labios tibios, luego nuestras lenguas húmedas. Así duramos unos minutos, besando y tocando hasta que se bajó a mi verga y comenzó a mamar. Sentí como succionaba y como sus labios, junto con su saliva recorrían mi pene. No pude aguantar más y exploté en su cara y su boca. Sentí como brotaban chorros de mi verga y como descargaba toda esa adrenadina en unos segundos.
Dando por terminada la función, se dedicó a limpiar su cara para marcharse, pero no resistí ver ese perfecto cuerpo y dejarlo ir. Al fin era ella quien había empezado. Me arrimé por su espalda, la tomé por la cintura, pegando mi verga en su duro culo lo que hizo que se parara nuevamente.
La tiré sobre la cama y bajé el pants, casi se me para el corazón al ver esa hermosura de culo.
No pude contener mis ganas y empecé a frotarlo y besarlo. Despegué lentamente la tanga de su culo y me dispuse a introducir mi rostro entre ese enorme culo.
Comencé a lengüetear sus nalgas, su vagina y su culo. A medida que introducía mi lengua, aumentaron sus gemidos, le introduje mi dedo en su va jina, imientras lo movía, más gemía.
Usé su propia lubricación y se lo introduje en el culo poco a poco.
Tomé mi pene y de igual manera se lo metí. Al principio era duro pero al final fue aflojándolo de igual modo con su pucha.
Ella me gustaba y excitaba mucho pero hasta el momento había guardado distancia por obvias razones.
Me excitaba tanto que con tan sólo verla me daban ganas de tocarla, sentirla cerca. sentir sus labios tibios, su estrecha cintura y sus paradas y bien formadas nalgas.
Esta obsesión la tenía desde mis quince y ella trece.
Había una buena relación entre nosotros, pero a mí me empezó a gustar y a excitar hasta convertirse en esa obsesión al grado de crear escenas eróticas todos los días y masturbarme pensando en su hermoso cuerpo.
Ella me gustaba y yo a ella. Los dos lo sabíamos y finjíamos no darnos cuenta, o al menos eso tratábamos.
Un día la espié en el baño, descubriendo su perfecta anatomía, lo que hizo que me obsesionara más con ella.
Así pasaron los años, controlando mi atracción hacia ella, hasta que a mis 18 ella con 16, pasó lo que nunca habría esperado ni en mis sueños más calientes Estaba solo en casa, mirando la televisión un domingo, cuando llego mi prima con un pantalón tipo pants de tela delgada que dejaba ver la perfecta forma de sus nalgas, redondas, paraditas, duras.
La tela del pants no dejaba escapar ni un detalle de la forma de sus perfec- tas nalgas.
Eso que me excitó mucho y no perdía monmento para ver el hermoso caído de tela que hacía el pants en sus bien formadas nalgas.
Me excitaba y parece que ella se daba cuenta y le gustaba. Se empinaba para recojer algún objeto mientras platicábamos, dejándome ver su culo en su máxima hermosura.
Lo único que se interponí entre mi vista y ese culo era una ligera tela, así que yo disfrutaba de la belleza de su presensia.
Surjió un comentario, me pregutó con malicia:
- Y esta película? -
Le insinué que era porno y le dije que si la quería ver, a lo que accedió
La vimos por un buen rato, y entre escena y escena erótica me di cuenta que se excitó.
Permanecí acostado y ella sentada al lado mío.
A partir de allí, mi vida tendría una de las experiencias más excitantes de todos los tiempos.
Ella se levantó y me percaté de la humedad que cubría su entrepierna.
Era evidente que estaba tan excitada como yo y en ese momento pensé en tomar la iniciativa, en conducirla a acostarnos, sin remordimientos ni culpas. Sin esperar nada del otro, más que el simple placer de los cuerpos.
Cuando por fin tomé la decisión de olvidarme del parentesco, ella llegó y se sentó de nuevo a mi lado. Sin que yo lo esperara, tocó mi pene, lo que creó en mí una reacción de desconcierto.
Comenzó a frotarlo por encima del pantalón sin que yo dara crédito a lo que tantas veces había soñado. Por fin se me realizaba y lo podía sentir en carne propia.
La miré a la cara, luego vi como me bajaba el cierre del pantalón y sacaba lentamente mi verga. Me la jaló unas cuantas veces y se bajó para besarme en la boca. Primero unimos los labios tibios, luego nuestras lenguas húmedas. Así duramos unos minutos, besando y tocando hasta que se bajó a mi verga y comenzó a mamar. Sentí como succionaba y como sus labios, junto con su saliva recorrían mi pene. No pude aguantar más y exploté en su cara y su boca. Sentí como brotaban chorros de mi verga y como descargaba toda esa adrenadina en unos segundos.
Dando por terminada la función, se dedicó a limpiar su cara para marcharse, pero no resistí ver ese perfecto cuerpo y dejarlo ir. Al fin era ella quien había empezado. Me arrimé por su espalda, la tomé por la cintura, pegando mi verga en su duro culo lo que hizo que se parara nuevamente.
La tiré sobre la cama y bajé el pants, casi se me para el corazón al ver esa hermosura de culo.
No pude contener mis ganas y empecé a frotarlo y besarlo. Despegué lentamente la tanga de su culo y me dispuse a introducir mi rostro entre ese enorme culo.
Comencé a lengüetear sus nalgas, su vagina y su culo. A medida que introducía mi lengua, aumentaron sus gemidos, le introduje mi dedo en su va jina, imientras lo movía, más gemía.
Usé su propia lubricación y se lo introduje en el culo poco a poco.
Tomé mi pene y de igual manera se lo metí. Al principio era duro pero al final fue aflojándolo de igual modo con su pucha.