Anonimo
31-08 2004, 02:57 PM
Desde que yo era un niño, aquel primo, 10 anos de edad mayor que yo, me hacia pensar en los momentos sabrosos a su lado. Yo acababa de cumplir 20 y él tenia 30 cuando se me dio la oportunidad anhelada.
Yo sabia que él tenia un apartamento en la capital pues era el gerente principal de un Banco y un día tuve la necesidad de viajar, me puse en contacto con él para si era posible quedarme unos días. Él con gusto accedió. Yo hacia varios años (tres, para ser mas exacto) que no le veía así que fue muy común el abrazo cuando me fue a recoger al aeropuerto. Yo sentí un ligero temblor al sentir aquel contacto y sobre todo aquel olor de perfume varonil que me entró y llegó hasta la última fibra de mí ser, es que todo en el era así: único.
Hablamos mucho por el camino a su apartamento, ya oscurecía, por lo que decidió llevarme a cenar a un sitio, que según el era estupendo. Y cierto que lo era. Yo la pasé por todo lo alto. No se si ustedes, los que lean este relato que es veraz, me entiendan. Aunque no soy afeminado, por dentro me estaba sintiendo como toda una mujer ya que me sentía acompañado de aquel primo que era un monumento de hombre. El siempre fue de tez trigueña y ahora llevaba una barba y bigotes que, aunque muy tupidos por lo cerrado que eran, estaban muy bien arreglados en su corte y de vellos negrísimos que hacían resaltar unos ojos de igual negror. Nos tomamos unos cuantos tragos, y como a las 11:00 de la noche, decidimos ir a su apartamento.
Llegamos, él me mostró su habitación, la cama que compartiríamos y comenzó a desvestirse para ducharse. Yo comencé a sacar lo imprescindible de mi maleta para ducharme también y pasados unos minutos lo tenía delante de mi con solo unos bóxer blancos de lycra transparente, que dejaba ver no solo la enmarañada cantidad de vellos pélvicos, sino su pinga recostada hacia la derecha y un bulto que denotaba un par de inmensos cojones. Todo su cuerpo, brazos, piernas, pecho abdomen y hasta la espalda era una alfombra tupida de vellos negrísimos, cosa que me hicieron respirar profundamente de placer. Me fui a la ducha para no delatarme. Me di un buen baño y cuando regresé la habitación estaba medio alumbrada y con aquel sabroso perfume típico en él.
-¿Como te fue en la ducha? -me dijo
-Bien -le contesté.
-Pues a mi me ha dejado con un calentón -y me señaló el bulto que dejaba ver su buen trozo de pinga- Es que hace varios días que no me desahogo y tengo los cojones cargados de leche.
Todo aquello él lo hablaba con naturalidad, mientras su pinga latía y amenazaba con salirse de aquel interior de lycra blanca, y yo sin poder evitarlo sentí que mi pinga comenzaba a levantarse.
-Hum! tu también estas medio calentón -me dijo- acuéstate, creo que tendremos que buscar algún medio de refrescar nuestra calentura, ¿No crees?
Todo aquello me tenia muy nervioso, decidí acostarme, apagar la luz y estar lo mas tranquilo posible ¿Tranquilo? no hizo mas que apagar la luz y sentí que él, incorporándose se apodero de una de mis tetillas y las saboreo con una espectacular maestría. El roce de su barba y bigote y aquella lengua me hicieron gemir de placer, yo deseaba que continuara y a la vez que terminara pues era casi insoportable para mí. Por hacer algo alargué mi mano y busque su pinga que expulsaba cantidad de líquido, entonces le tocó a él suspirar. Dejando mis tetillas, busco mi boca y se apodero de ella en un beso salvaje, su lengua luchaba con la mía y yo disfrutaba de aquel beso anhelado por anos. Sentí que su boca se apoderaba de mi cuello y ya era insoportable el placer y lastimeramente le pedía que me penetrara, que mi hiciera suyo. Yo sabia que aquel trozo me iba a romper mi culo, pero yo lo deseaba. Él se incorporo por un instante y sacó de la mesita un pote de crema que me untó en mi culo, con delicadeza fue introduciéndome crema con un dedo, después con dos y posteriormente se embarró su pinga de aquella crema especial. Tomo mis pies, los puso sobre sus hombros y acercó aquel trozo de pinga dura y fue introduciéndomelo en medio de mis quejidos de dolor y placer:
-Aaaaaaay!!!!! meeee dueeeeeeleeee!!!!! -él paraba pero entonces yo insistía- sigue, sigue, rómpeme el culo… Aaaaaaaayuyyyyy!!!!! Me duele cojooones pero siiigueee!!
Y entonces sentí un solo empujón, un pingazo que me rompió el culo porque aquella pinga enorme y gorda me había acabado de romper el culo. Mi respiración se acrecentó y mis lágrimas brotaron, pero mis manos se alargaron y acariciaron aquel velludo pecho y poco a poco él fue moviéndose. El dolor fue convirtiéndose en un exquisito placer cuando la cabeza de su enorme pinga frotaba mi próstata. Yo no sé el tiempo que duro aquello, él se fue inclinando y se apoderó de mi boca, yo sentí como mi culo se llenaba de su leche caliente en medio de fuertes quejidos de placer. Yo no pude evitarlo y comencé a venirme en medio de bruscos movimientos que hacían que su pinga entrara hasta el final. Fue delicioso. Creo no tengo que detallar todo lo que gozamos.
Ahora vivo con él y sigo siendo su amante…
Yo sabia que él tenia un apartamento en la capital pues era el gerente principal de un Banco y un día tuve la necesidad de viajar, me puse en contacto con él para si era posible quedarme unos días. Él con gusto accedió. Yo hacia varios años (tres, para ser mas exacto) que no le veía así que fue muy común el abrazo cuando me fue a recoger al aeropuerto. Yo sentí un ligero temblor al sentir aquel contacto y sobre todo aquel olor de perfume varonil que me entró y llegó hasta la última fibra de mí ser, es que todo en el era así: único.
Hablamos mucho por el camino a su apartamento, ya oscurecía, por lo que decidió llevarme a cenar a un sitio, que según el era estupendo. Y cierto que lo era. Yo la pasé por todo lo alto. No se si ustedes, los que lean este relato que es veraz, me entiendan. Aunque no soy afeminado, por dentro me estaba sintiendo como toda una mujer ya que me sentía acompañado de aquel primo que era un monumento de hombre. El siempre fue de tez trigueña y ahora llevaba una barba y bigotes que, aunque muy tupidos por lo cerrado que eran, estaban muy bien arreglados en su corte y de vellos negrísimos que hacían resaltar unos ojos de igual negror. Nos tomamos unos cuantos tragos, y como a las 11:00 de la noche, decidimos ir a su apartamento.
Llegamos, él me mostró su habitación, la cama que compartiríamos y comenzó a desvestirse para ducharse. Yo comencé a sacar lo imprescindible de mi maleta para ducharme también y pasados unos minutos lo tenía delante de mi con solo unos bóxer blancos de lycra transparente, que dejaba ver no solo la enmarañada cantidad de vellos pélvicos, sino su pinga recostada hacia la derecha y un bulto que denotaba un par de inmensos cojones. Todo su cuerpo, brazos, piernas, pecho abdomen y hasta la espalda era una alfombra tupida de vellos negrísimos, cosa que me hicieron respirar profundamente de placer. Me fui a la ducha para no delatarme. Me di un buen baño y cuando regresé la habitación estaba medio alumbrada y con aquel sabroso perfume típico en él.
-¿Como te fue en la ducha? -me dijo
-Bien -le contesté.
-Pues a mi me ha dejado con un calentón -y me señaló el bulto que dejaba ver su buen trozo de pinga- Es que hace varios días que no me desahogo y tengo los cojones cargados de leche.
Todo aquello él lo hablaba con naturalidad, mientras su pinga latía y amenazaba con salirse de aquel interior de lycra blanca, y yo sin poder evitarlo sentí que mi pinga comenzaba a levantarse.
-Hum! tu también estas medio calentón -me dijo- acuéstate, creo que tendremos que buscar algún medio de refrescar nuestra calentura, ¿No crees?
Todo aquello me tenia muy nervioso, decidí acostarme, apagar la luz y estar lo mas tranquilo posible ¿Tranquilo? no hizo mas que apagar la luz y sentí que él, incorporándose se apodero de una de mis tetillas y las saboreo con una espectacular maestría. El roce de su barba y bigote y aquella lengua me hicieron gemir de placer, yo deseaba que continuara y a la vez que terminara pues era casi insoportable para mí. Por hacer algo alargué mi mano y busque su pinga que expulsaba cantidad de líquido, entonces le tocó a él suspirar. Dejando mis tetillas, busco mi boca y se apodero de ella en un beso salvaje, su lengua luchaba con la mía y yo disfrutaba de aquel beso anhelado por anos. Sentí que su boca se apoderaba de mi cuello y ya era insoportable el placer y lastimeramente le pedía que me penetrara, que mi hiciera suyo. Yo sabia que aquel trozo me iba a romper mi culo, pero yo lo deseaba. Él se incorporo por un instante y sacó de la mesita un pote de crema que me untó en mi culo, con delicadeza fue introduciéndome crema con un dedo, después con dos y posteriormente se embarró su pinga de aquella crema especial. Tomo mis pies, los puso sobre sus hombros y acercó aquel trozo de pinga dura y fue introduciéndomelo en medio de mis quejidos de dolor y placer:
-Aaaaaaay!!!!! meeee dueeeeeeleeee!!!!! -él paraba pero entonces yo insistía- sigue, sigue, rómpeme el culo… Aaaaaaaayuyyyyy!!!!! Me duele cojooones pero siiigueee!!
Y entonces sentí un solo empujón, un pingazo que me rompió el culo porque aquella pinga enorme y gorda me había acabado de romper el culo. Mi respiración se acrecentó y mis lágrimas brotaron, pero mis manos se alargaron y acariciaron aquel velludo pecho y poco a poco él fue moviéndose. El dolor fue convirtiéndose en un exquisito placer cuando la cabeza de su enorme pinga frotaba mi próstata. Yo no sé el tiempo que duro aquello, él se fue inclinando y se apoderó de mi boca, yo sentí como mi culo se llenaba de su leche caliente en medio de fuertes quejidos de placer. Yo no pude evitarlo y comencé a venirme en medio de bruscos movimientos que hacían que su pinga entrara hasta el final. Fue delicioso. Creo no tengo que detallar todo lo que gozamos.
Ahora vivo con él y sigo siendo su amante…