Anonimo
17-08 2004, 12:48 PM
Michael y yo llevábamos ya tiempo saliendo juntos, bueno follando. Me lo hacía pasar de vicio, además su polla era digna de un pony, cada vez que me la introducía, llegaba al éxtasis. Un día me comentó si no me gustaría hacer algo diferente, a lo cual le dije que si, que me encantaría, entonces me dijo que fuéramos a su casa de campo, que allí me tenía preparado un juego, que si me atrevía, le dije que estaba abierta a todo. En su casa de campo, una mansión enorme, habían un montón de habitaciones y todas llevaban nevera.
Nada más llegar, empezamos a brindar y bebimos hasta no poder más, el empezó a tocarme, pero de pronto, sentí mi vejiga llena e incapaz de seguir le dije que esperara, que debía ir al baño. - No - me dijo- se me olvidaba decírtelo pero sólo hay un lavabo en la última planta, bastante escondido y tiene llave, si la encuentras, puedes ir, si no, ya sabes... la llave esta en esta habitación.
Empecé a buscar la llave, no entendía muy bien su intención, pero las ganas de orinar eran más fuertes, así que dejé eso para lo último. La llave no aparecía por ningún lado. “Ya déjate de juegos que no aguanto más, me voy al jardín a orinar”, le dije, pero antes de que pudiera salir, me agarró del brazo y me sentó encima suyo, me tenía cogida de las dos manos de forma que no me pudiera mover. “Mea ahora”, me dijo, a lo que le dije que no, que me dejara ir, pero él empezó a hacer el ruido de agua con la boca para que se me escapara. “¡Para! que se me escapa”, grité, notando ya como el líquido estaba a punto de salir. Entonces me soltó de un brazo y justo cuando me iba a levantar, me apretó el coño y toda la orina se me fue escapando sin yo poder hacer nada, aquel líquido caliente empapó mis pantalones y también los suyos, pues yo estaba sentada encima de él. Esto, le produjo una gran excitación a él, y sin decir nada, me desnudó e hicimos el amor. Después, me cambié de ropa y él también, comprendí pues, que lo que él quería, era ver como orinaba. Pero esta se la iba a devolver, había descubierto la llave del lavabo en uno de los cajones y me la guardé.
Empezamos otra vez a beber, pero esta vez me ocupé de que el bebiera más, e hizo efecto, empecé a notar como se iba sintiendo incomodo a causa de su vejiga hinchada, empezó a buscar en los bolsillos y después fue al cajón. Buscaba la llave. “Has visto la llave?”, me preguntó, y le dije que no. Se puso nervioso y miró por todos lados. Entonces cuando le vi muy desesperado le enseñé una llave (una falsa). “Dámela” me dijo y empezó a perseguirme. Me iba gritando que sentía lo de antes, que había sido solo una broma, que le diera la llave, me suplicaba y me rogaba porque ya no podía más. Y se iba aguantando con las manos su polla para que el pis no le saliera. Al final, me cogió y se fue corriendo hacia arriba con la llave. Yo le seguí. En la puerta del baño, muy nervioso y con la cara casi descompuesta, metió la llave. “Nooo!, esta no es!”, gritó y justo cuando acabo de decir eso, sus pantalones empezaron a mancharse y las manos que aguantaban su paquete, se llenaron de pis, él intentaba cruzar las piernas para que no le salieran más, pero era inútil, pronto un charco de pis quedo en el suelo.
“Me meo”, parecía un niño pequeño. Eso me produjo una gran excitación, nunca había sentido eso, me había corrido y todo, he hicimos el amor. “A partir de ahora, no iremos más al baño”, le propuse, alo que él me dijo que estaba bien, que así iba a hacer. Cuando nos fuimos a dormir un poco borrachos, se me ocurrió la idea de ponerle agua tibia en los dedos para que hiciera pis encima. Y así lo hizo, empezó a mearse un poco en la cama y se despertó, detuvo su pis. Entonces le cogí las manos y me senté encima suyo. Puse mi coño junto a su polla y le dije: “Notas esto?”, fui liberando mi vejiga y me oriné encima suyo, manchando su pijama y la cama, él con el contacto con mi pis caliente sintió tanto alivio, que se empezó a orinar también. Otro día, empezamos a jugar a ver de que maneras nos podíamos orinar.
Un día, me puse un peto muy estrecho y me senté encima de las sabanas. Empecé a interpretar para ponerle cachondo. “Este peto me aprieta muchísimo y tengo que hacer pis, como tarde más en quitármelo, me lo hago encima”. Empecé a cruzarme de piernas y contraer los músculos para hacer ver que no quería mearme encima. “Me meo, ya me sale, me meo, me meo, aysss”, y los jeans quedaron empapados de pis. Otro día, fue él quien me interpretó su papel. Se puso unos pantalones estrechos cortos, y se puso a caminar por el cuarto. “Me estoy meando, no aguanto mucho”, se estrujó el paquete para aguantarse el pis, se sentó en una silla y empezó a moverse inquietamente. Se orino en la silla: “ohhh... pipi...psssss”. En esa escena incluso, me oriné yo sin darme cuenta. Durante los días que estuvimos allí, nos orinamos encima todos los días, en la cama, encima del otro, él en el sofa.....
Nada más llegar, empezamos a brindar y bebimos hasta no poder más, el empezó a tocarme, pero de pronto, sentí mi vejiga llena e incapaz de seguir le dije que esperara, que debía ir al baño. - No - me dijo- se me olvidaba decírtelo pero sólo hay un lavabo en la última planta, bastante escondido y tiene llave, si la encuentras, puedes ir, si no, ya sabes... la llave esta en esta habitación.
Empecé a buscar la llave, no entendía muy bien su intención, pero las ganas de orinar eran más fuertes, así que dejé eso para lo último. La llave no aparecía por ningún lado. “Ya déjate de juegos que no aguanto más, me voy al jardín a orinar”, le dije, pero antes de que pudiera salir, me agarró del brazo y me sentó encima suyo, me tenía cogida de las dos manos de forma que no me pudiera mover. “Mea ahora”, me dijo, a lo que le dije que no, que me dejara ir, pero él empezó a hacer el ruido de agua con la boca para que se me escapara. “¡Para! que se me escapa”, grité, notando ya como el líquido estaba a punto de salir. Entonces me soltó de un brazo y justo cuando me iba a levantar, me apretó el coño y toda la orina se me fue escapando sin yo poder hacer nada, aquel líquido caliente empapó mis pantalones y también los suyos, pues yo estaba sentada encima de él. Esto, le produjo una gran excitación a él, y sin decir nada, me desnudó e hicimos el amor. Después, me cambié de ropa y él también, comprendí pues, que lo que él quería, era ver como orinaba. Pero esta se la iba a devolver, había descubierto la llave del lavabo en uno de los cajones y me la guardé.
Empezamos otra vez a beber, pero esta vez me ocupé de que el bebiera más, e hizo efecto, empecé a notar como se iba sintiendo incomodo a causa de su vejiga hinchada, empezó a buscar en los bolsillos y después fue al cajón. Buscaba la llave. “Has visto la llave?”, me preguntó, y le dije que no. Se puso nervioso y miró por todos lados. Entonces cuando le vi muy desesperado le enseñé una llave (una falsa). “Dámela” me dijo y empezó a perseguirme. Me iba gritando que sentía lo de antes, que había sido solo una broma, que le diera la llave, me suplicaba y me rogaba porque ya no podía más. Y se iba aguantando con las manos su polla para que el pis no le saliera. Al final, me cogió y se fue corriendo hacia arriba con la llave. Yo le seguí. En la puerta del baño, muy nervioso y con la cara casi descompuesta, metió la llave. “Nooo!, esta no es!”, gritó y justo cuando acabo de decir eso, sus pantalones empezaron a mancharse y las manos que aguantaban su paquete, se llenaron de pis, él intentaba cruzar las piernas para que no le salieran más, pero era inútil, pronto un charco de pis quedo en el suelo.
“Me meo”, parecía un niño pequeño. Eso me produjo una gran excitación, nunca había sentido eso, me había corrido y todo, he hicimos el amor. “A partir de ahora, no iremos más al baño”, le propuse, alo que él me dijo que estaba bien, que así iba a hacer. Cuando nos fuimos a dormir un poco borrachos, se me ocurrió la idea de ponerle agua tibia en los dedos para que hiciera pis encima. Y así lo hizo, empezó a mearse un poco en la cama y se despertó, detuvo su pis. Entonces le cogí las manos y me senté encima suyo. Puse mi coño junto a su polla y le dije: “Notas esto?”, fui liberando mi vejiga y me oriné encima suyo, manchando su pijama y la cama, él con el contacto con mi pis caliente sintió tanto alivio, que se empezó a orinar también. Otro día, empezamos a jugar a ver de que maneras nos podíamos orinar.
Un día, me puse un peto muy estrecho y me senté encima de las sabanas. Empecé a interpretar para ponerle cachondo. “Este peto me aprieta muchísimo y tengo que hacer pis, como tarde más en quitármelo, me lo hago encima”. Empecé a cruzarme de piernas y contraer los músculos para hacer ver que no quería mearme encima. “Me meo, ya me sale, me meo, me meo, aysss”, y los jeans quedaron empapados de pis. Otro día, fue él quien me interpretó su papel. Se puso unos pantalones estrechos cortos, y se puso a caminar por el cuarto. “Me estoy meando, no aguanto mucho”, se estrujó el paquete para aguantarse el pis, se sentó en una silla y empezó a moverse inquietamente. Se orino en la silla: “ohhh... pipi...psssss”. En esa escena incluso, me oriné yo sin darme cuenta. Durante los días que estuvimos allí, nos orinamos encima todos los días, en la cama, encima del otro, él en el sofa.....