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View Full Version : El falo de Hermes


AlienadelValle
09-04 2004, 10:36 AM
La otra tarde, estaba hojeando un número atrasado de la Cosmopolitan, cuando me fijé en la sección de anuncios que aparecen en las últimas páginas. Ya sabéis, esos que ofrecen masajes corporales, compañía, y todas esas cosas. Nunca antes había llamado a uno de esos, y como me gustan las nuevas experiencias, y además, como tampoco tenía nada que perder –en un apuro siempre podía colgar- , pues me decidí por uno y marqué el número de teléfono. Solo quería divertirme un poco y saber de qué iba aquello, hacer unas cuantas preguntas y ya está. Al otro lado del hilo telefónico se oyó una voz masculina: "El Templo de los Dioses", ¿puedo ayudarle en algo.?". Tratando de controlar mi temblorosa voz le pedí que me explicara cómo funcionaba el servicio. Él me informó de los diversos precios, me comentó un poco de qué iba la cosa y después me preguntó qué era lo que estaba buscando exactamente. Me pilló tan de sorpresa que no supe qué decir, pero me envalentonó la protección del teléfono, así que dejé volar mi imaginación, convencida de la dificultad de mi petición (¡¡¡¡¡inocente de mi!!!!!!!!), y le espeté: "Quiero a un hombre negro. Con unos rasgos hermosos y grandes músculos. Cuanto más grande mejor: de más de 20 centímetros, desde luego. Que le vaya el sexo oral y no le haga ascos al sadomasoquismo. Yo encima, por supuesto. Ah, y vestido de romano, con una toga y todo eso. ¿Es posible? De lo contrario...".

"Comprendido. Déjeme ver..."

Durante unos segundos solo pude oír el seco sonido de las teclas de un ordenador al ser presionadas, "Creo que el hombre que busca es Hermes. Un negro jamaicano. 1,95. Musculoso. 27 centímetros en erección, ¿Les preparo una cita?". Eh...si.- contesté. De pronto, quise conocer al bien - dotado jamaicano - ¿Cuánto tardará?, “En una media hora estará en su casa”. Le di mi dirección y colgué sin más. Me empezó a entrar el miedo. En un primer momento decidí no abrirle la puerta, como si no estuviera en casa, y así olvidarme del asunto, de aquella broma que se me había ido de las manos. Sin embargo, me puse a ordenar el cuarto como una loca, me metí en la ducha, salí, me sequé y me estaba echando perfume cuando tocaron a la puerta. Me quedé paralizada. Volvieron a tocar no una, ni dos, sino hasta tres veces seguidas. Grité que ya iba y me coloqué lo mejor que pude mi mejor sujetador negro, un liguero y unas medias de encaje del mismo color. Sin braguitas ni tanga. Me encaramé en unos taconazos de aguja, muy finos, negros, que había comprado especialmente para la comunión de mi sobrina para dentro de pasado mañana y salí al salón.


Recordé que no me había lavado los dientes, y ya iba a girarme de nuevo hacia el cuarto de baño cuando volvieron a llamar a la puerta. ¡Menuda estúpida, ahora que recuerdo esos momentos! Parecía una colegiala que no había follado en su vida. Respiré hondo, abrí y allí estaba mi deseo hecho carne, materializado, tangible. ¡Y lo mejor de todo, es que iba vestido de romano!. Un negro de casi dos metros con una túnica a la altura de las rodillas, blanca, qué digo blanca, ¡in-ma-cu-la-da!, sujeta a la cintura con un hermoso cinturón broncíneo y unas sandalias, cuyas tiras se entrelazaban a lo largo del tobillo y las pantorrillas. "Hola", me saludó mirándome de arriba abajo, "me llamo Hermes y estoy a tu entera disposición". Le invité a que entrara, claro, y le ofrecí una copa. Me temblaban tanto las manos cuando se la ofrecí, que él me abrazó y me susurró al oído que me relajara: "No tienes por qué estar nerviosa, Helena - yo le había dado un nombre falso, tampoco creo que Hermes fuera su verdadero nombre, desde luego -, tú eres la que manda, no vamos a hacer nada que tú no quieras". No me veo capacitada para describir lo que se siente cuando un hombre así te dice eso. Dios bendiga a Jamaica. Hermes no pronunciaba muy bien el español, tenía un ligero toque afrancesado. Me pregunté qué clase de vida habría llevado mi dios menor. Pensé en cómo decirle aquello, me iba a costar mucho, que quizás en otra ocasión...cuando se sentó en el sillón de cuero y se miró la entrepierna, estirándose la toga sobre la erección más impresionante que he visto en toda mi vida.

Él se dio cuenta de que yo no podía apartar la vista de aquel prodigio, así que se sujetó con ambas manos (una a cada lado) las costuras de la corta túnica, a la altura de las caderas, y tiró de ellas hacia arriba, permitiendo que la tela se deslizara suave y lentamente por sus muslos, por su enorme erección. Dios, lo que era ver aquella tela deslizarse por su pene de ébano hasta dejarlo al descubierto. La visión del falo de Hermes me envolvió completamente. Jamás había visto una polla tan grande, tan perfecta, maravillosa verga jamaicana. El falo de Hermes merecía ser inmortalizado. Una visión tan magnánima produjo la magia. Mi nerviosismo desapareció, sintiéndome la dueña del universo. Su inmenso pene me hacía sentir así. Me acerqué y le acaricié levemente, con respeto, temerosa de que solo fuera un espejismo. Inmediatamente me saludó. Me encanta cuando los hombres hacen que su polla salude. Siempre me hace reír. "El Comandante le presenta sus respetos, mi general", me dijo un sonriente Hermes, que no dejaba de mirarme penetrantemente.

Me senté en sus rodillas, de cara a él. Cogí su mano y la coloqué sobre mi sexo y me libré del sujetador, sosteniéndole la mirada, mientras él inspeccionaba mis bajos fondos. Sostuve entonces en la mano a su guerrero del amor con casco morado y despacio, muy, muy despacio, fui bajando la cabeza. Una minúscula y brillante gotita de semen le asomó en la punta, como una perla perfecta. Se la limpié con la lengua y su enorme cuerpo se estremeció. "Y ahora – dije siguiéndole su broma anterior - , romano, te voy a dar las órdenes que tú, como soldado, has de cumplir con riguroso detalle. Me vas a quitar el liguero y las medias con los dientes. Vas a rendirle culto a mi coño como si fuera el primero y el último que ves en toda tu vida. Me vas a follar como sólo puede hacerlo un jamaicano con esa enorme polla que Dios o tu madre te han dado, y me la vas a meter hasta que me salga por la boca". Y bueno, qué más puedo decir, el resto ya lo imagináis, ¿no?. Por 240 tuve el mejor polvo de toda mi vida. Desde luego, mereció la pena cada céntimo que me gasté. Intereses incluidos.

ALIENA DEL VALLE

ArTuRin
28-06 2005, 11:27 PM
jajaja lo q se hace en broma sew termina disfrutando mejor

elamorestaaqui2004
29-06 2005, 12:25 AM
jajajaja muy cierto arturin, pero ficcion o no que buen polvo, jajajaaa

Satamay
30-08 2005, 04:47 PM
Justo cuando se iba a poner bueno, viene la mejor mamada, pero no la que nos hubiera gustado leer, sino que ya no hay nada, le quitaste todo el sabor, en verdad.

little_cat
01-09 2005, 12:31 AM
wow la verdad me hiciste venir hijole k va, nos hubieras seguido contando k va, y de donde eres, ? jeje para llamarlo tambien, el me puede iniciar jeje y k buena iniciada verdad mmmmmmm

Bobbypr
24-10 2005, 02:55 PM
esa es la virtud de la gran mayoria de los hombres de la raza negra...tener unas vergas enormes...

es por eso que tantas mujeres blancas andan follandose a los negros hoy dia...

intelmadur
16-05 2006, 07:45 PM
Aliena del Valle, muy interesante tu relato. Le falto un poco mas de detalle, pero al final bueno. Si te gustan las fantasias con hombres asi, cuando vengas a Panama, mandame un e-mail y te podria llevar a cenar a las esclusas del canal y luego hacerte el amor viendo los barcos pasar de un oceano a otro.... Estoy seguro que cumplire a cabalidad todos tus deseos...

Andreatraviesa
31-08 2008, 01:45 AM
joder !!!! :mad: ... coincido con lo de la mamada.... justo cuando venía lo bueno el relato se corta !!!!

No me gusta que me apaguen la pasión !!!!! :mad:

Malo, malo !!!!