atenea
02-03 2004, 02:17 AM
Hace un tiempo, unos cinco años más o menos, una de mis vecinas tenía buena amistad con mis familiares y conmigo, por eso se sentía en confianza de que su hijo de diez años viniera a jugar a la casa. A pesar de que yo le doblaba la edad, el vecinito se sentía muy a gusto pasando las tardes pegado a la computadora jugando junto a mí, llegué a considerarlo casi como un hermano ya que yo al ser hija única nunca tuve alguien con quien divertirme. Nos llevábamos tan bien que hasta lo dejaban quedarse unos días cuando estaba de vacaciones. Pero con el tiempo, ellos se mudaron de la colonia y vivían ya tan lejos que no era posible seguir siendo tan apegados. A veces me hablaba por teléfono para contarme cómo le iba en la escuela, pero esas llamadas fueron espaciándose cada vez más luego que se mudó a provincia.
De pronto me di cuenta de que ya habían pasado cinco años de que no nos veíamos y dos de no hablarnos. Un día que regresé de uno de mis cursos de cine, escuché desde la puerta una voz que no se me hacía familiar, una varonil voz joven. Hola, ¡qué milagro que te veo! Estás más linda que hace cinco años - dijo el muchacho aquel, el hijo de mi vecina.
Me sentía asombrada de cómo había cambiado, ya no tenía la voz infantil que me divertía tanto cuando imitaba personajes de caricatura, ya no tenía aquel cuerpo delgado sin forma particular, realmente mi vecino estaba en la etapa de convertirse en todo un hombre, un hombre atractivo. Vine a quedarme el fin de semana, aprovechando que es semana Santa, ¿qué te parece? -me comentó. ¿Crees que pueda quedarme contigo como solíamos hacerlo antes? - preguntó con una mirada que no era del todo inocente.
Yo le contesté que no había ningún problema, pero en el fondo me inquietaba que siendo ya todo un adolescente, durmiera conmigo en la misma cama. Esa noche le mostré todo los cortometrajes que había estado haciendo para el curso que estaba tomando, él me elogió cada cosa que veía en la pantalla. Después se puso a jugar un rato en la computadora y como veía que yo no tenía ni pizca de sueño, mejor tomó la iniciativa y se acostó en la cama para descansar del viaje.
Al poco rato ya estaba durmiendo profundamente. Yo mientras me aburría viendo televisión, aunque también tenía cierta intriga de ver qué se sentía dormir junto a mi vecino. Todo el asunto me tenía un tanto excitada por lo que decidí ver una película porno con la esperanza de alimentar esa excitación y tal vez lograr algo sola. Tenía el volumen lo más bajo posible para que mi acompañante no despertara y luego me acusaran de pervertirlo.
Conforme la película avanzaba, también mis dedos continuaban su camino hacia mi entrepierna. En unos momentos ya me encontraba masturbándome frente al televisor, sentía tal ansiedad que me di rápidos masajes en el clítoris para acabar pronto, pero también se me antojó meterme dos dedos en la vagina para ayudarme a imaginar que algún hombre me estaba penetrando suavemente hasta hacerme llegar a un orgasmo tan delicioso que no pude evitar dar un gemido al final.
Después quité la película y me dispuse a dormir, ya un tanto más aliviada. Esa calurosa noche usaba una playera larga que me llegaba debajo del trasero y un short bastante cortito. Al meterme entre las sábanas me di cuenta de que mi ex vecino sólo tenía puesto una trusa que se notaba algo ajustada. ¡Cómo ha crecido este niño! - pensé mientras me acomodaba junto a él. Al pasar el tiempo el calor ambiental fue aumentando, con lo que mi acompañante no se sentía tan cómodo y giraba acercándose más y más a mi cuerpo.
En un momento más me di cuenta de que estaba de espaldas a él y que aquel adolescente me abrazaba por detrás restregándome su cóccix haciéndome sentir su pene que se encontraba ya en erección. Me sorprendí de que a su edad ya tuviera algo tan prominente, ya que se notaba que no era nada chico su miembro. Creí entonces que no podría dormir bien pensando en cómo sería tener sexo con un jovencito como él.
No creas que no te escuché masturbarte, ¿eh? - me dijo claramente al oído. Me dio un poco de pena saber que no había estado tan dormido como pensaba pero trataría de provocarlo un poco para saber sobre sus posibles experiencias, al menos con su mano. ¿Y te excité? - le dije tratando de ver la expresión de su rostro. Desde hace cinco años que me gustas, pero siendo un niño no podía aspirar a nada más que a tu amistad; pero ahora ya quiero ser un hombre y quiero serlo contigo -confesó al momento que se quitaba sin ninguna pena la ropa interior que ya le aprisionaba su prominente pene virgen.
Yo no sabía lo que iba hacer, por un lado no me gustaba la idea de ser la responsable de su primera vez pero también me excitaba demasiado el ser como su maestra, enseñarle todo lo que podría disfrutar del sexo. Él no me dejó ni pensarlo, ya se había abalanzado hacia mí para succionarme los pezones, se le notaba tan excitado que de la ansiedad me estaba mordiendo los senos.
Ah, debes hacerlo suavecito, con tranquilidad, disfruta lo que estás haciendo, no corremos prisa -le indiqué tiernamente con lo que se empezó a tranquilizarse un poco y a usar sólo la lengua, recorriéndome por cada lugar que él quería probar. ¿Me enseñarías lo que es un 69? - me preguntó con un poco de inocencia. Acto seguido se colocó boca arriba en la cama esperando a que me subiera sobre él.
Después de hacerlo le había colocado mi sexo en su cara y yo me encontraba de frente a su miembro que estaba ya casi morado de tanta excitación. Cuando comencé a lamerlo ya tenía gotas de lubricante natural con lo que me encendí bastante y seguí mi tarea succionándoselo desde el inicio del tronco hasta su glande hinchado. Por su parte él hacia lo que podía, me succionaba el clítoris con fuerza y me daba pequeñas mordidas a lo largo de mis labios mayores que se encontraban ya muy sensibles, en mi mente ya deseaba saber cómo sería tenerlo dentro.
Creo que ya me voy a venir y quiero hacerlo dentro de ti - exclamó con voz entrecortada. No te preocupes, si no lo heces ahorita, tenemos toda la noche para seguir probando ¿no lo crees? - acabé de decirle cuando él ya no aguantó más estímulo y sentí todo su semen cayendo en mi cara. Nunca antes había sentido tanto placer, en verdad tienes una boca que vale oro -me dijo con cierto cansancio. Yo le comenté que no había estimulado totalmente a mi vulva y que tenía que seguirlo haciendo si quería aprender a regresar el placer que reciba.
Luego de esto, con gran entusiasmo se acomodó frente a mi sexo para continuar lamiendo hasta que yo tuve mi delicioso orgasmo. Bien, ya aprenderás a hacerlo cada vez mejor, niño -le susurré mientras me daba cuenta de que no había bajado su nivel de excitación y su pene ya estaba erecto nuevamente. Ahora quiero meterlo hasta el fondo de tu vagina - me dijo acomodándose en la cama para ponerse frente a mí y penetrarme.
Yo subí mis piernas hasta la altura de sus hombros para que la penetración fuera más profunda. Hummm, ¡Qué rico se siente! Ahora muévelo adentro y afuera con cierto ritmo, el que te vaya marcando tu excitación - le sugerí y él obedeció completamente. Metía y sacaba casi en su totalidad su exquisito miembro insaciable, pero una vez más su ansiedad lo hizo marchar más aprisa y terminar con un ruidoso gemido con el que pudo haber despertado a todos los de la casa.
En los días siguientes continuamos con nuestras lecciones nocturnas en las que creo que le di una buena cátedra de posiciones y opciones sexuales para que pudiera practicar mi ex vecino con alguna novia que llegara a tener.
De pronto me di cuenta de que ya habían pasado cinco años de que no nos veíamos y dos de no hablarnos. Un día que regresé de uno de mis cursos de cine, escuché desde la puerta una voz que no se me hacía familiar, una varonil voz joven. Hola, ¡qué milagro que te veo! Estás más linda que hace cinco años - dijo el muchacho aquel, el hijo de mi vecina.
Me sentía asombrada de cómo había cambiado, ya no tenía la voz infantil que me divertía tanto cuando imitaba personajes de caricatura, ya no tenía aquel cuerpo delgado sin forma particular, realmente mi vecino estaba en la etapa de convertirse en todo un hombre, un hombre atractivo. Vine a quedarme el fin de semana, aprovechando que es semana Santa, ¿qué te parece? -me comentó. ¿Crees que pueda quedarme contigo como solíamos hacerlo antes? - preguntó con una mirada que no era del todo inocente.
Yo le contesté que no había ningún problema, pero en el fondo me inquietaba que siendo ya todo un adolescente, durmiera conmigo en la misma cama. Esa noche le mostré todo los cortometrajes que había estado haciendo para el curso que estaba tomando, él me elogió cada cosa que veía en la pantalla. Después se puso a jugar un rato en la computadora y como veía que yo no tenía ni pizca de sueño, mejor tomó la iniciativa y se acostó en la cama para descansar del viaje.
Al poco rato ya estaba durmiendo profundamente. Yo mientras me aburría viendo televisión, aunque también tenía cierta intriga de ver qué se sentía dormir junto a mi vecino. Todo el asunto me tenía un tanto excitada por lo que decidí ver una película porno con la esperanza de alimentar esa excitación y tal vez lograr algo sola. Tenía el volumen lo más bajo posible para que mi acompañante no despertara y luego me acusaran de pervertirlo.
Conforme la película avanzaba, también mis dedos continuaban su camino hacia mi entrepierna. En unos momentos ya me encontraba masturbándome frente al televisor, sentía tal ansiedad que me di rápidos masajes en el clítoris para acabar pronto, pero también se me antojó meterme dos dedos en la vagina para ayudarme a imaginar que algún hombre me estaba penetrando suavemente hasta hacerme llegar a un orgasmo tan delicioso que no pude evitar dar un gemido al final.
Después quité la película y me dispuse a dormir, ya un tanto más aliviada. Esa calurosa noche usaba una playera larga que me llegaba debajo del trasero y un short bastante cortito. Al meterme entre las sábanas me di cuenta de que mi ex vecino sólo tenía puesto una trusa que se notaba algo ajustada. ¡Cómo ha crecido este niño! - pensé mientras me acomodaba junto a él. Al pasar el tiempo el calor ambiental fue aumentando, con lo que mi acompañante no se sentía tan cómodo y giraba acercándose más y más a mi cuerpo.
En un momento más me di cuenta de que estaba de espaldas a él y que aquel adolescente me abrazaba por detrás restregándome su cóccix haciéndome sentir su pene que se encontraba ya en erección. Me sorprendí de que a su edad ya tuviera algo tan prominente, ya que se notaba que no era nada chico su miembro. Creí entonces que no podría dormir bien pensando en cómo sería tener sexo con un jovencito como él.
No creas que no te escuché masturbarte, ¿eh? - me dijo claramente al oído. Me dio un poco de pena saber que no había estado tan dormido como pensaba pero trataría de provocarlo un poco para saber sobre sus posibles experiencias, al menos con su mano. ¿Y te excité? - le dije tratando de ver la expresión de su rostro. Desde hace cinco años que me gustas, pero siendo un niño no podía aspirar a nada más que a tu amistad; pero ahora ya quiero ser un hombre y quiero serlo contigo -confesó al momento que se quitaba sin ninguna pena la ropa interior que ya le aprisionaba su prominente pene virgen.
Yo no sabía lo que iba hacer, por un lado no me gustaba la idea de ser la responsable de su primera vez pero también me excitaba demasiado el ser como su maestra, enseñarle todo lo que podría disfrutar del sexo. Él no me dejó ni pensarlo, ya se había abalanzado hacia mí para succionarme los pezones, se le notaba tan excitado que de la ansiedad me estaba mordiendo los senos.
Ah, debes hacerlo suavecito, con tranquilidad, disfruta lo que estás haciendo, no corremos prisa -le indiqué tiernamente con lo que se empezó a tranquilizarse un poco y a usar sólo la lengua, recorriéndome por cada lugar que él quería probar. ¿Me enseñarías lo que es un 69? - me preguntó con un poco de inocencia. Acto seguido se colocó boca arriba en la cama esperando a que me subiera sobre él.
Después de hacerlo le había colocado mi sexo en su cara y yo me encontraba de frente a su miembro que estaba ya casi morado de tanta excitación. Cuando comencé a lamerlo ya tenía gotas de lubricante natural con lo que me encendí bastante y seguí mi tarea succionándoselo desde el inicio del tronco hasta su glande hinchado. Por su parte él hacia lo que podía, me succionaba el clítoris con fuerza y me daba pequeñas mordidas a lo largo de mis labios mayores que se encontraban ya muy sensibles, en mi mente ya deseaba saber cómo sería tenerlo dentro.
Creo que ya me voy a venir y quiero hacerlo dentro de ti - exclamó con voz entrecortada. No te preocupes, si no lo heces ahorita, tenemos toda la noche para seguir probando ¿no lo crees? - acabé de decirle cuando él ya no aguantó más estímulo y sentí todo su semen cayendo en mi cara. Nunca antes había sentido tanto placer, en verdad tienes una boca que vale oro -me dijo con cierto cansancio. Yo le comenté que no había estimulado totalmente a mi vulva y que tenía que seguirlo haciendo si quería aprender a regresar el placer que reciba.
Luego de esto, con gran entusiasmo se acomodó frente a mi sexo para continuar lamiendo hasta que yo tuve mi delicioso orgasmo. Bien, ya aprenderás a hacerlo cada vez mejor, niño -le susurré mientras me daba cuenta de que no había bajado su nivel de excitación y su pene ya estaba erecto nuevamente. Ahora quiero meterlo hasta el fondo de tu vagina - me dijo acomodándose en la cama para ponerse frente a mí y penetrarme.
Yo subí mis piernas hasta la altura de sus hombros para que la penetración fuera más profunda. Hummm, ¡Qué rico se siente! Ahora muévelo adentro y afuera con cierto ritmo, el que te vaya marcando tu excitación - le sugerí y él obedeció completamente. Metía y sacaba casi en su totalidad su exquisito miembro insaciable, pero una vez más su ansiedad lo hizo marchar más aprisa y terminar con un ruidoso gemido con el que pudo haber despertado a todos los de la casa.
En los días siguientes continuamos con nuestras lecciones nocturnas en las que creo que le di una buena cátedra de posiciones y opciones sexuales para que pudiera practicar mi ex vecino con alguna novia que llegara a tener.