craft
12-12 2003, 05:20 PM
Siempre he dicho que soy heterosexual y que las mujeres son algo maravilloso en extremo: insustituibles; sin embargo algo anda mal en mis adentros, o, mas bien, es la propia sociedad que nos dice que esta mal.
No deseo entrar en profundidades de esa índole en este momento, por lo que he de confesar, sin mas ni mas, que me enculan los cabrones; si esto esta mal, ni modo. Lo cierto es que la atracción no es de hoy ni de ayer, sino que proviene desde la infancia.
Si mal no lo recuerdo en la primaria me gustaba mucho una niña que estudiaba un mi mismo salón, y, sorpresa, también de vez en cuando me agrada ver al hermano de ella que estaba en la misma clase, y yo sin saber ni siquiera como llegan realmente los bebes a este mundo, creyendo que una gran ave de plumaje rosado los traía desde no se que lugar llamado Paris. Inocente uno y ya con esas cosas.
Novias he tenido varias, pero solo una me ha conmovido y logrado en mi una especie de encantamiento único; ella es pasado (es por eso que pienso -y estoy completamente seguro- que las mujeres son únicas e insustituibles).
Ahora vivo la otra cara de la relación normal, según los estándares sociales. En mi trabajo tengo contacto con un wey de diecinueve años (yo tengo veintitantos) que es hetero cien por cien, y a quien le agrada (por su edad, supongo) jugar a nalguear a las personas. Así he jugado infinidad de veces con él, e incluso he intentado (con descaro) agarrarle la reata.
Aquel solo ríe y me dice que me este quieto, que alguien puede vernos. Dado que no he recibido un rotundo no de su parte he continuado con todo eso, a tal grado que le he confesado cuan fregonas son sus nalgas y que, sin dudarlo, las amasaría sabroso; solo se ríe y me dice que mejor le agarre su parte delantera. En respuesta le digo que si, pero luego el se lo esconde con las manos y se ríe nuevamente.
Un par de veces hemos hablado por teléfono (a solicitud mía); escucho sus aventuras con alguna que otra muchacha y le insinúo que me deje algo, solo ríe y luego se queda cayado. Siento que todo esto me esta afectando sobremanera, pues todo el maldito día pienso en lo que podríamos hacer juntos en caso de que el accediera, por un momento, a compartir su cuerpo, que, dicho sea de paso, es fregón.
También, cuando no hay gente, le paso los dedos suavemente por la nuca, le acaricio el cabello o la oreja. No dice nada, nada, y yo mi pantalón explota cada vez que le hago eso, cada vez que, entre juego y juego, me agarra y me dice cuanta pendejada se le ocurre. Lo mío, y lo de él, supongo, es pura calentura. Mi correo es ventanas_322@hotmail.com
No deseo entrar en profundidades de esa índole en este momento, por lo que he de confesar, sin mas ni mas, que me enculan los cabrones; si esto esta mal, ni modo. Lo cierto es que la atracción no es de hoy ni de ayer, sino que proviene desde la infancia.
Si mal no lo recuerdo en la primaria me gustaba mucho una niña que estudiaba un mi mismo salón, y, sorpresa, también de vez en cuando me agrada ver al hermano de ella que estaba en la misma clase, y yo sin saber ni siquiera como llegan realmente los bebes a este mundo, creyendo que una gran ave de plumaje rosado los traía desde no se que lugar llamado Paris. Inocente uno y ya con esas cosas.
Novias he tenido varias, pero solo una me ha conmovido y logrado en mi una especie de encantamiento único; ella es pasado (es por eso que pienso -y estoy completamente seguro- que las mujeres son únicas e insustituibles).
Ahora vivo la otra cara de la relación normal, según los estándares sociales. En mi trabajo tengo contacto con un wey de diecinueve años (yo tengo veintitantos) que es hetero cien por cien, y a quien le agrada (por su edad, supongo) jugar a nalguear a las personas. Así he jugado infinidad de veces con él, e incluso he intentado (con descaro) agarrarle la reata.
Aquel solo ríe y me dice que me este quieto, que alguien puede vernos. Dado que no he recibido un rotundo no de su parte he continuado con todo eso, a tal grado que le he confesado cuan fregonas son sus nalgas y que, sin dudarlo, las amasaría sabroso; solo se ríe y me dice que mejor le agarre su parte delantera. En respuesta le digo que si, pero luego el se lo esconde con las manos y se ríe nuevamente.
Un par de veces hemos hablado por teléfono (a solicitud mía); escucho sus aventuras con alguna que otra muchacha y le insinúo que me deje algo, solo ríe y luego se queda cayado. Siento que todo esto me esta afectando sobremanera, pues todo el maldito día pienso en lo que podríamos hacer juntos en caso de que el accediera, por un momento, a compartir su cuerpo, que, dicho sea de paso, es fregón.
También, cuando no hay gente, le paso los dedos suavemente por la nuca, le acaricio el cabello o la oreja. No dice nada, nada, y yo mi pantalón explota cada vez que le hago eso, cada vez que, entre juego y juego, me agarra y me dice cuanta pendejada se le ocurre. Lo mío, y lo de él, supongo, es pura calentura. Mi correo es ventanas_322@hotmail.com