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View Full Version : La amiga


benny
24-09 2003, 01:57 PM
Angie es una muy buena amiga que conocemos desde años mi mujer y yo, que además, por cuestiones de trabajo es cliente de nuestro negocio. Ella es una mujer que apenas pasa de los 40 años, atractiva y delgada, divorciada desde hace años. Generalmente dedica su tiempo al trabajo, y en ocasiones nos reunimos para comer o tomar café y conversar. Sucedió que planeamos salir a un balneario y como acudí a su oficina por algún asunto de trabajo, le hice la invitación para que nos acompañara el fin de semana, a lo que accedió gustosamente. Llegó el día y salimos hacia el balneario, nos instalamos en el departamento, que tenía un baño compartido entre dos habitaciones. Angie ocupó una de las habitaciones y mi mujer y yo la otra, nos cambiamos y salimos a las albercas.

Siempre había tenido la idea de que Angie era una mujer atractiva, pero cuando la observé en el bañador que traía puesto, pude darme cuenta de que realmente poseía un cuerpo bastante bien formado y tentador, así que disfruté viendo el panorama mientras entraba y salía de la alberca. Fuimos hacia un área donde había una alberca techada con un sauna, y ella comentó que se sentía bastante estresada por el trabajo, lo que le provocaba algo de dolor en los hombros y la espalda. Sin mediar palabra, me acerqué para darle un masaje y dócilmente dejó que mis manos trabajaran en su espalda, sin dejar de señalar lo bien que se sentía al recibir el tratamiento. Se relajó tanto, que sin darse cuenta, pronto se había recargado sobre mi abdomen y tomado mis piernas con ambas manos, lo que comenzó a calentar el ambiente ante la cercanía de los cuerpos.

Poco a poco el masaje pasó a zonas más íntimas del cuerpo de Angie, ya que intencionalmente fui avanzando mientras exploraba por debajo del bañador para ver hasta donde me dejaba llegar. Para sorpresa mía, lejos de protestar cuando metí ambas manos por debajo del traje de baño para acariciar su abdomen, Angie exclamó que eso se sentía muy bien y me pidió que continuara. Pronto pasé del abdomen a los senos, de muy buen tamaño y consistencia, con unos pezones que al primer contacto se pusieron erectos. Para entonces, Angie ya dejaba escapar suspiros y ahogados gemidos de placer, lo que aproveché para dar el ataque final y bajar una mano a la entrepierna, encontrando una pequeña mata de vello púbico mojado, que me facilitó la entrada a la vagina, ya húmeda por la caricias.

Una vez lubricado un dedo, comencé a frotar el clítoris de Angie, sin dejar de masajear sus senos con la otra mano. Ya para entonces, ella estaba tan caliente que desesperadamente buscó en mi entrepierna con una de sus manos, hasta atrapar mi verga que por supuesto, ya registraba una erección enorme. Desafortunadamente en ese momento entró alguien al área del sauna y debimos interrumpir aquello que ya se estaba poniendo fuera de control, sin embargo, ni ella ni yo estábamos dispuestos a quedarnos así. Transcurrió el resto del día, que utilizamos para seguir en las albercas, comer y beber, hasta que cayó la noche, mientras Angie, mi mujer y yo, platicábamos animadamente en el jacuzzi del apartamento. Llegó un momento en el que me levanté para salir del jacuzzi y Angie hizo lo mismo, diciendo que iría a la ducha, mientras mi mujer dijo que se quedaría en el jacuzzi más tiempo.

Entré a mi habitación y como ya era de noche y la luz del baño que compartían los dos cuartos estaba encendida, me pude dar cuenta que a pesar de estar cerrada la puerta salía un halo de luz por el marco de la misma, lo que me dio una idea pícara de aprovechar para observar hacia adentro del baño. Justo en ese momento, entró Angie al baño, quien pronto comenzó a desnudarse para tomar una ducha. Mientras miraba a través de la rendija, quedé asombrado por la magnificencia de las tetas de Angie, ya que era poseedora de unos senos de muy buen tamaño, con unos pezones pequeños y sonrosados. Angie dejó caer el resto del traje de baño y entonces pude observarla a plenitud: una piel blanca y tersa, un cuerpo bien formado, si bien el abdomen era un poco abultado, no desmerecía para nada el resto del conjunto, ya que en la entrepierna había un pequeño y negro bigotín que Angie había dejado seguramente después de depilar el área para poder usar el bañador, y que era rastro de un coño bastante poblado antes de afeitarlo.

No obstante, lo más impresionante fue a la hora que se dio vuelta y le pude ver el gran culo que posee Angie, con unas nalgas verdaderamente hermosas y bien esculpidas.
cuando Angie entró a la ducha y terminó momentáneamente el espectáculo, no pude dejar de pensar en que probablemente ella tenía mucho tiempo sin tener sexo, ya que era dedicada completamente a su trabajo y no le conocíamos pareja alguna. Entre el espectáculo que acaba de brindarme y recordando lo que había pasado horas antes en el sauna, decidí jugármela y sin más abrí la puerta del baño, tratando de no hacer ruido, al tiempo que me despojaba rápidamente de mis ropas. Una vez en pelotas, abrí repentinamente la puerta de ducha y Angie reaccionó con sorpresa al verme ahí desnudo, mientras ella estaba en igualdad de condiciones en la ducha.

Sin dar tiempo de nada, me acerqué a ella tomándola por la cintura y coloqué mi verga entre la comba de sus nalgas, a lo que ella trató de protestar argumentando que mi mujer estaba abajo en el jacuzzi y podía sorprendernos. Sin embargo, pudieron más mis caricias y la excitación que ya para entonces provocaban en Angie, que la preocupación por ser sorprendidos, cosa que por demás en lo personal, incrementaba mi excitación por el “sexo con peligro”. Angie dejó de resistirse y colocó el culo de tal manera que mi verga pudiese frotar desde atrás la entrada de su coño, mientras hacía movimientos rítmicos de adelante hacia atrás y de abajo hacia arriba. Al tiempo, yo aprovechaba para acariciar con ambas manos las deliciosas tetas de Angie, y de vez en cuando introducir un dedo en su vagina o bien frotarle el clítoris suavemente.

Dado que no contábamos con mucho tiempo, y además, producto de la gran ansiedad amatoria que el encuentro apresurado e ilícito nos producía, Angie se agachó un poco más para que la penetrara desde atrás. Me sentí en el paraíso al ingresar en aquel coño apretado, húmedo y caliente, que me obligó a hacer grandes esfuerzos para no terminar antes de proporcionarle más placer a mi buena amiga, quien también reprimía gemidos y exclamaciones de placer y trataba de prolongar al máximo un orgasmo ya inminente. Pronto se dio por vencida y dejando escapar un gemido, Angie entró en el camino sin retorno del éxtasis total, experimentado un orgasmo tan intenso, que la hacía temblar de manera incontrolable, mientras su vagina era invadida por chorros de semen que salían expulsados de mi verga, que ya para entonces, no podía aguantar más un orgasmo tan intenso y prolongado como el que más. Rápidamente volviendo del trance amoroso, retiramos los restos del encuentro placentero y cada quien salió por su puerta hacia su habitación, para dirigirnos a otra área del apartamento donde esperamos a que mi mujer nos alcanzara.