thefox
21-08 2003, 05:55 PM
La historia que a continuación les voy a contar, esta basada en un hecho real que me ha pasado a mí, siendo espontáneo, sin planificar nada, creo que mi historia es muy tierna, aunque es un poco privado e íntimo en mi vida e incluso, mal visto por las personas, por la religión que vivo y por la sociedad. Esto paso hace 10 años, cuando yo cursaba la universidad, mis padres me mandaron a estudiar muy lejos de mi familia, por ende, las visitas que realizaba a casa eran muy pocas y de espacios de tiempo cortos. Les cuento que mi familia esta formada de cuatro personas: mi papá, mi mamá y mi hermana Diana, que es menor que yo por 3 años. Estaba cerca de la navidad y año nuevo que es la época donde más tiempo de vacaciones tenía, mi padre me llama para saber que día iría a casa, yo había planificado con un grupo de amigos ir a otro lado por la navidad, y dije a mi padre que no iría, él, un poco molesto, me entendió y decidió que llegaría para año nuevo. Recuerdo que iba a ir a un lugar muy hermoso de mi país, pero algo inesperado le sucedió a un padre de uno de mis amigos que estaba en la lista, tuvo un accidente de tránsito y por la amistad que nos unía a todos, además de ser solidarios, dejamos el viaje pendiente.
Entonces tenía que ir a casa pero no llamé, quería darles la sorpresa a mi familia, así que decidí hacer el recorrido yo solo en mi auto. Salí como a las 12 pm y tenía que recorrer 420 km de distancia, algo así como 8 horas de viaje. Después de una larga tarde y noche de manejo, llego a mi ciudad, es un alivio, la noche se pone un poco hermosa pues solo hay estrellas en el cielo y promete ser una noche muy romántica. Cerca de llegar a casa todo esta oscuro, no hay energía eléctrica, así que sin parar llego a casa, donde las puertas de entradas están cerradas y por falta de energía no funciona el portero eléctrico, y para colmo, nunca llevo las llaves de dichas puertas, solo las de la puerta principal y las de mi cuarto. Decidí subirme por el cerramiento y así lo hice para poder entrar en casa, pero al dirigirme a la puerta principal, pude ver que el auto de mi papá no estaba, abrí la puerta principal e ingresé, llamé varias veces: “Hola, hay alguien. Hola, se puede. “Tun, tun, hola”, pero nadie contestaba, así que en la oscuridad, me dirigí a la bodega por un par de velas para poder ver algo. Mientras las buscaba, la energía llegó como por arte de magia, salí a la sala y seguí llamando, nadie contestó y como no estaba el auto de papá, supuse que estaba solo, así que subí a mi recamara pero antes, pasé por el cuarto de mis padres para ver si no había nadie, así fue, nadie en el cuarto. Fui hasta mi cuarto, el que esta al lado de mi hermana, entré y me desvestí, quise darme una ducha, quiero comentarles que el baño lo comparto con mi hermana, no sé por qué pero creo que por el diseño de la casa, nunca he tenido ninguna dificultad.
Ese día no sé por qué ó no sé qué me paso, decidí dirigirme a la ducha en traje de Adán, sin nada, estaba seguro que no había nadie en casa y eso creo que me llevó a hacer eso, salí al pasillo, a dos pasos esta el baño, entré, me bañé y salí sin ningún problema, llegué a mi cuarto, cogí una tolla, me sequé el cuerpo. El viaje me tenía con mucha hambre, decidí bajar a la cocina así desnudo como estaba, salí de mi cuarto y me dirigí hasta las gradas sin percatarme de nada, cuando estaba por dar un paso más para llegar a las gradas, un encuentro fenomenal pasa, mi hermana y yo frente a frente, recuerdo que llevaba unos audífonos en los oídos, creo que estaba escuchando música y por eso nunca me escuchó, ella llevaba en una mano la radio y en la otra un vaso de jugo, el silencio y la vergüenza se apoderan de mí y sin decir nada, con las dos manos me tapé el pene, mi hermana ni una palabra, pues me di media vuelta y regresé a mi cuarto dándole la espalda a mi hermana. La distancia a mi cuarto se me hizo eterna pues parecía estar muy lejos, entré a mi cuarto y me tendí en la cama, quiero aclarar algo, en ese entonces yo tenía 19 años y ella 15 añitos.
Me vestí y salí a la cocina, me puse algo deportivo como un short, así que fui a la cocina, no sabía que decirle a mi hermana, así que de nuevo subí a su cuarto y toqué la puerta: toc, toc. Ella me dijo que pasara, abriendo lentamente la puerta entré, ella estaba recostada boca arriba, caminé hasta estar cerca de ella: “hola”, le dije. “Cómo estas, ¿y ese milagro?, ¿no que llegarías para año nuevo?”. “Sí pero paso algo y todo quedó en nada, pues todos decidimos eso”. Al decir esto, un no sé qué, como decirles, mi mirada comenzó a fijarse en aquella mujer que estaba tendida en la cama, mi mirada comenzó a perderse por unos lindos y hermosos pechos medianos donde se dibujaba unas lindas puntitas redonditas que eran sus pezones, bajé mucho más abajo mi mirada, un ombligo muy sexy y más abajo, algo como una pequeña sombra, era su parte íntima que no tenía muchos vellos, algo pero muy poco, donde se hacía una pequeña rayita con su camisa de dormir, dando a ver la forma de su linda y hermosa vagina, y un poco más abajo, unas bellas piernas blancas que dejaba ver un panorama de lo más excitante, pues estaba con una camisa de dormir casi transparente, pienso que mi hermana esta así, hasta cuando nos encontramos, pues por el susto no lo había notado. “Heyyy”, escuché mientras salía de la admiración e excitación que me producía ver ese hermoso cuerpo, que nunca antes imaginé ni pensé ver en mi hermana, pues en esa edad había dado unos cambios fenomenales, creo que la vi después de 4 meses, pero en ese tiempo se puso una mujerona.
“No pues no sé, dije”. “No sabes qué”, preguntó ella. En ese entonces creo que ella se dio cuenta de mi mirada perdida en su bello cuerpo, se levantó camino a su guardarropa para ponerse algo mas encima. Al caminar hasta ese lugar, pude ver sus hermosas nalgas paraditas, algo hinchaditas, donde se notaba claramente su raya que divide esas bellas nalgas. ¡Dios!, ¡que mujer!, no sabía que decir ni hacer, hasta que algo tapó todo, era el complemento de su camisa de dormir, donde solo quedó a mi vista algo de sus piernas digamos unos diez centímetros más arriba de sus rodillas, toda la magia se perdió hasta llegar a mi punto normal. “Que modales tienes hermanito de andar en pelotas por el pasillo”. “Ahh sí, que pena, disculpa pues pensé que no había nadie en casa”, respondí algo confuso. Estaba saliendo como de un trance, como de un hipnotismo, miré su cara, unos bellos ojos cafés claros brillaban mientras notaban que se movían unos labios muy rojitos naturales, llenos de inocencia, su carita de diosa y su lindo pelo, casi castaño corto hasta sus hombros, que complementaban la belleza antes admirada por mis ojos. “Se te nota algo pálido, ¿qué té pasa?”, dijo. “No, nada, tiene que ser el cansancio del viaje”, respondí. “Vamos, te doy algo de comer”. “Bueno, gracias”, dije. Así que salimos de la habitación y nos dirigimos a la cocina en donde ella me dio algo de comer.
“Brindemos”, dije. “¿Y eso por qué, ó a qué se debe?”. “Pues por la familia, por lo que estas ya siendo toda una mujer. ¿Qué te preparo?”. “Una cuba”, dijo ella, a lo cual le preparé algo muy, pero muy suave, yo me tomé un trago fuerte como para sacarme todas esas imágenes de mi mente y esos pensamientos que tuve hacia mi hermana, dio efecto, pues comencé a preguntar por mis padres. “Se fueron donde la abuela pues esta un poco mal de salud”, dijo. “Ahh, que pena, ¿y tu por que no fuiste?”. “Pues creo que me dejaron para cuidar la casa, y como dice mamá que ya soy toda una mujer, pues que ya debo ir viendo como estar sola más seguido igual que tu”. “Esta bien, bueno, ya es muy tarde, mira, dame las llaves de la puerta de entrada para guardar el auto”, le dije, y así fue, salí y lo guardé. Antes de salir del carro, tomé un fuerte aire y lo boté muy suave, como que dejando todo atrás, pero me llegaba a la mente aquella mujer recostada en su cama, con su ropa de dormir transparente, tenía mi pene ya muy duro de la imaginación.
Salí y me dirigí a mi cuarto, en las escaleras encontré a mi hermana, le dije que me iba a dormir, ella me dijo que estaba bien, que descansara. Solo en mi habitación, las ideas me pasaban por la cabeza, me desvestí para entrar a la cama, pues siempre duermo desnudo. Mis manos buscaron mí pene, el cual estaba un poco erecto, y me imaginé esa conchita rica muy chiquita, esa rajita que formaba aquella tela casi transparente. De repente tocan a la puerta. “¿Quién es?”, pregunté pensando que eran mis padres. “Soy yo, abre”. Era mi hermana, me puse una toalla encima de mi cintura, me cubrí y abrí la puerta. “¿Puedo quedarme un rato aquí y así vemos la televisión?”, dijo ella. Le dije que sí, así que yo me recosté y ella se sentó a mi lado, estábamos hablando de todo un poco, hasta que el sueño me venció y me quedé dormido. Como a la media noche, un sonido medio raro me despertó, era la televisión prendida donde ya no había señal, así que me levanté y apagué la televisión. Mi hermana se había quedado dormida a mi lado, cogí un edredón para cobijarnos. Así lo hice y me puse a dormir, después de un rato, mi hermana se recostó un poco más pegada a mí, a lo cual yo extendí mi brazo para que ella se recostara, quedando su cabeza cerca de mi pecho.
No sé qué paso en adelante, solo recuerdo que desperté moviendo mi brazo en él hombro izquierdo de mi hermana y que una mano me acariciaba mi estomago y parte de mis costillas derechas. El movimiento fue mucho más constante y despertaba una sensación muy placentera, pues la mano ya topaba mis caderas y unos labios comenzaban a besar mi pecho, todo comenzaba a ser distinto, con mi brazo derecho comencé a acariciar aquella mano que me tocaba, de pronto, ella alza su cabeza, la miré y ella me miró, algo nos atraía y sin pensar nos fundimos en un beso, aquel beso que nunca olvidaré, tan espontáneo, tan sabroso, tan lleno de ternura, era el amor entre dos hermanos que se olvidaron de quienes son y de lo prohibido. Aquel beso sería la chispa que encendió en nuestros cuerpos aquel placer, aquel sentimiento de verdadero amor. Mis brazos comenzaron a tocar todo su cuerpo, su espalda, sus caderas, en el movimiento se me safó la toalla que cubría de la cintura para abajo, dando espacio a que la mano de mi hermana llegara hasta mi nalga, aquella mano subía y bajaba, ella comenzó a besar mi cuello muy suave, muy rico, seguía bajando sus besos hasta llegar a mi pecho, luego más abajo, estaba por mi ombligo, sus besos me hacían arder de calor, mi pené en ese entonces estaba ya muy, pero muy erecto, parecía que tomó un tamaño más grande de lo normal, pues cuando lo tengo erecto mide 18 cm y es muy grueso y cabezón, de pronto, su mano me quitó algo de la toalla que me cubría, me lo quitó todo, con su mano me agarró el pene el cual, como dije antes, estaba muy, pero muy erecto.
“Que rico, que bien”, dijo ella, sentí unos labios que comenzaban o rozar mi glande, ella se puso con las caderas hacia arriba, dejándome ver un rico y delicioso culo, aquel que miré con algo casi trasparente, hoy la tenía a mi frente como que diciéndome: a ver, hoy es cuando y sin nada, pues la ropa de dormir de mi hermana se había corrido hacia su espalda, mientras ella comenzaba a chuparme y meterse todo mi pene en su boca, yo comencé a tocar su lindo culito, aquel que nunca imaginé tocarlo siquiera, pero mis manos hacían maravillas, así que me levanté un poco y la besé en su nalga derecha, ella se estremecía igual que yo, le abría poco a poco aquellas nalgas perfectas, hasta poder ver su rica vagina que estaba toda rosadita, la toqué muy suave, le pedí que abriera las piernas hasta quedar yo con mi cara frente a frente con esa rica vagina rosadita, ella accedió de inmediato sin decir nada, pues una palabra sobraba en ese momento, al fin su rica vagina frente a mi cara, pude ver como su clítoris muy rojito asomaba en la parte superior de su vagina, así que decido pasar mi lengua, al momento que lo hice, ella dejó de chuparme y dio un jadeo muy, pero muy bajito, comenzó como a retorcerse de placer, solo con pasarle mi lengua en aquella vagina muy rosadita e hinchadita que se estaba poniendo. Como que sacó un poquito más su trasero, pues pude abrir con mis manos un poquito de su vagina, miré todo el interior de aquella vagina, toda rosadita y un poco mojadita, así que comencé a pasarle mi lengüita y ella comenzó a chuparme mi pene, que placer, que rico era, de pronto, con mis labios absorbí algo brusco, su clítoris y un chillido de placer derramó Diana.
“¡¡Que rico!!, ¡más!, pero más, chúpamelo”, decía Diana, mientras hacía unos movimientos muy duros, que en algunos ratos me era difícil respirar, quise meterle un dedito, pero cuando lo iba hacer, al ver su vagina tan chiquita, decidí no hacerlo, si era virgen sería mejor penetrarla con mi pene. Así pasamos un muy buen rato hasta que decidí ponerla boca arriba y quitarle su ropa de dormir. Así lo hice, pude ver todo su cuerpo blanco frente a mí, ella me agarró de la cabeza y me bajó hasta darme un inmenso beso, después, muy lentamente solté aquellos labios rojizos y besé su cuello, muy, pero muy suave, lentamente bajé hasta llegar a aquellas ricas tetas redonditas, medianas, que me produjeron más excitación. Besé muy suavecito sus pezones y ella no dejaba de gemir, a ratos parecía que tenia convulsiones en cada orgasmo que llegaba, pero a mi no me importaba, seguía navegando por su cuerpo, seguía conquistando cada rincón de esa bella mujer llamada Diana, llegué a su ombligo, luego, más abajo, hasta descubrir que su vagina la tenía toda mojadita, entonces era la hora de la verdad, me coloqué en medio de sus piernas y encaminé mi pene hasta la entrada de su vagina, lo froté muy suave por toda su vagina, con mi pene rozaba su clítoris, ella estaba a punto de explotar, pues parecía una epiléptica. Decidí penetrarla, así que dejé mi pene en la entradita y me recosté sobre ella, la besé muy, pero muy fuerte y se lo comencé a penetrar, ella gemía muy duro y mi pene no quería entrar, ella tenía su vagina muy pequeñita para mi pene, de pronto, di un golpe muy duro, ella gritó muy fuerte. Yo sentí que algo se desgarraba dentro de ella, quedó inmóvil por unos segundos, me levanté un poco para ver que pasaba, miré que mi pene aun no estaba todo adentro, solo le penetró la cabecita, regresé mi mirada a Diana, miré como lloraba, así que no me moví, como para que se le pasara, pero ella comenzó a mover su cintura muy, pero muy suave, mi pene entraba y salía milímetros, yo comencé a moverme también muy suave, hasta que logré meterle medio pene, tenía unas contracciones muy fuertes su vagina y me lo apretaba muy duro, pero era rico, algo indescriptible para en ese entonces, muy calientito, llego la hora de metérsela toda, así que de un golpe y de respuesta, un grito mayor al de antes, la penetré todita hasta que mi cuerpo quedara muy pegadito a su cuerpo, ella me abrazó muy, pero muy duro, comenzó a moverse de nuevo.
Así que yo también correspondía a esos movimientos de una manera muy suave, mientras el pene entraba y salía, ella gemía, a veces daba gritos de placer, tenía que besarla para evitar tal escándalo que hacía, estaba a punto de tener mi orgasmo y le pregunté cuando termino su período de menstruación, me dijo que ayer, así que le dije que estaba fuera de peligro, me movía a mil pero de pronto se lo quise sacar para terminar afuera, pero ella me agarró de las nalgas y me lo apretó contra ella, llenándole de semen su linda vaginita. Así que me quedé tendido encima de ella y sin ánimos de ningún movimiento más. Después, en 5 minutos me retiré de encima de ella, aun con el pene medio erecto y acompañado de los besos desenfrenados que nos dimos, al recostarme al lado de ella, vi que no cerraba sus piernas, a lo cual, con curiosidad me levante a ver como había quedado su vagina, pues aun goteaban gotas de semen acompañadas de sangre, la sabana estaba llena de sangre y de semen. Pude comprobar que ella dejó de ser inocente y pasó a ser toda una mujer.
Sin palabras nos quedamos, pero al haber mirado su vagina, me puse de nuevo con el pene erecto y con ganas de seguir haciendo el amor, así que le pedí que se pusiera en cuatro y la comencé a penetrar de nuevo, muy suavecito, y así lo hicimos por un buen rato, ella no dejaba de gemir y pedirme que se lo metiera todito, como estaba en cuatro, le pedí que se acostara boca abajo, yo tenía mi pene dentro de su vagina, ella muy suave, se acostó apretando mi pene en el interior de su rica vagina, fue lo más rico que hicimos pues mi pene entraba más apretadito, ella seguía gimiendo pero como dije antes, me pedía más hasta que terminé con mi segundo orgasmo, después, lo hicimos de diferentes formas hasta quedarnos exhaustos.
Al día siguiente, despertamos y nos encontramos con toda la historia contada, mi hermana comenzó a llorar y me dijo: “¿Cómo eres capaz de haberme hecho esto?, eres un infeliz. Maldita sea todo lo que paso”, decía ella. “Pues fue asunto de los dos. Así que no sacas nada llorando”, le di un buen abrazo, yo también con lagrimas en los ojos, me di cuenta que lo que se hizo, estuvo muy mal. Como les dije, todo esto es verdad, y después de esto no fue la única ves que lo hicimos, muy pronto les contaré como le rompí el ano. Bueno, espero que les haya gustado mi pequeña historia, si hay alguna mujer que quiera probar este cabezón que tengo, pues ya saben. Adios
Entonces tenía que ir a casa pero no llamé, quería darles la sorpresa a mi familia, así que decidí hacer el recorrido yo solo en mi auto. Salí como a las 12 pm y tenía que recorrer 420 km de distancia, algo así como 8 horas de viaje. Después de una larga tarde y noche de manejo, llego a mi ciudad, es un alivio, la noche se pone un poco hermosa pues solo hay estrellas en el cielo y promete ser una noche muy romántica. Cerca de llegar a casa todo esta oscuro, no hay energía eléctrica, así que sin parar llego a casa, donde las puertas de entradas están cerradas y por falta de energía no funciona el portero eléctrico, y para colmo, nunca llevo las llaves de dichas puertas, solo las de la puerta principal y las de mi cuarto. Decidí subirme por el cerramiento y así lo hice para poder entrar en casa, pero al dirigirme a la puerta principal, pude ver que el auto de mi papá no estaba, abrí la puerta principal e ingresé, llamé varias veces: “Hola, hay alguien. Hola, se puede. “Tun, tun, hola”, pero nadie contestaba, así que en la oscuridad, me dirigí a la bodega por un par de velas para poder ver algo. Mientras las buscaba, la energía llegó como por arte de magia, salí a la sala y seguí llamando, nadie contestó y como no estaba el auto de papá, supuse que estaba solo, así que subí a mi recamara pero antes, pasé por el cuarto de mis padres para ver si no había nadie, así fue, nadie en el cuarto. Fui hasta mi cuarto, el que esta al lado de mi hermana, entré y me desvestí, quise darme una ducha, quiero comentarles que el baño lo comparto con mi hermana, no sé por qué pero creo que por el diseño de la casa, nunca he tenido ninguna dificultad.
Ese día no sé por qué ó no sé qué me paso, decidí dirigirme a la ducha en traje de Adán, sin nada, estaba seguro que no había nadie en casa y eso creo que me llevó a hacer eso, salí al pasillo, a dos pasos esta el baño, entré, me bañé y salí sin ningún problema, llegué a mi cuarto, cogí una tolla, me sequé el cuerpo. El viaje me tenía con mucha hambre, decidí bajar a la cocina así desnudo como estaba, salí de mi cuarto y me dirigí hasta las gradas sin percatarme de nada, cuando estaba por dar un paso más para llegar a las gradas, un encuentro fenomenal pasa, mi hermana y yo frente a frente, recuerdo que llevaba unos audífonos en los oídos, creo que estaba escuchando música y por eso nunca me escuchó, ella llevaba en una mano la radio y en la otra un vaso de jugo, el silencio y la vergüenza se apoderan de mí y sin decir nada, con las dos manos me tapé el pene, mi hermana ni una palabra, pues me di media vuelta y regresé a mi cuarto dándole la espalda a mi hermana. La distancia a mi cuarto se me hizo eterna pues parecía estar muy lejos, entré a mi cuarto y me tendí en la cama, quiero aclarar algo, en ese entonces yo tenía 19 años y ella 15 añitos.
Me vestí y salí a la cocina, me puse algo deportivo como un short, así que fui a la cocina, no sabía que decirle a mi hermana, así que de nuevo subí a su cuarto y toqué la puerta: toc, toc. Ella me dijo que pasara, abriendo lentamente la puerta entré, ella estaba recostada boca arriba, caminé hasta estar cerca de ella: “hola”, le dije. “Cómo estas, ¿y ese milagro?, ¿no que llegarías para año nuevo?”. “Sí pero paso algo y todo quedó en nada, pues todos decidimos eso”. Al decir esto, un no sé qué, como decirles, mi mirada comenzó a fijarse en aquella mujer que estaba tendida en la cama, mi mirada comenzó a perderse por unos lindos y hermosos pechos medianos donde se dibujaba unas lindas puntitas redonditas que eran sus pezones, bajé mucho más abajo mi mirada, un ombligo muy sexy y más abajo, algo como una pequeña sombra, era su parte íntima que no tenía muchos vellos, algo pero muy poco, donde se hacía una pequeña rayita con su camisa de dormir, dando a ver la forma de su linda y hermosa vagina, y un poco más abajo, unas bellas piernas blancas que dejaba ver un panorama de lo más excitante, pues estaba con una camisa de dormir casi transparente, pienso que mi hermana esta así, hasta cuando nos encontramos, pues por el susto no lo había notado. “Heyyy”, escuché mientras salía de la admiración e excitación que me producía ver ese hermoso cuerpo, que nunca antes imaginé ni pensé ver en mi hermana, pues en esa edad había dado unos cambios fenomenales, creo que la vi después de 4 meses, pero en ese tiempo se puso una mujerona.
“No pues no sé, dije”. “No sabes qué”, preguntó ella. En ese entonces creo que ella se dio cuenta de mi mirada perdida en su bello cuerpo, se levantó camino a su guardarropa para ponerse algo mas encima. Al caminar hasta ese lugar, pude ver sus hermosas nalgas paraditas, algo hinchaditas, donde se notaba claramente su raya que divide esas bellas nalgas. ¡Dios!, ¡que mujer!, no sabía que decir ni hacer, hasta que algo tapó todo, era el complemento de su camisa de dormir, donde solo quedó a mi vista algo de sus piernas digamos unos diez centímetros más arriba de sus rodillas, toda la magia se perdió hasta llegar a mi punto normal. “Que modales tienes hermanito de andar en pelotas por el pasillo”. “Ahh sí, que pena, disculpa pues pensé que no había nadie en casa”, respondí algo confuso. Estaba saliendo como de un trance, como de un hipnotismo, miré su cara, unos bellos ojos cafés claros brillaban mientras notaban que se movían unos labios muy rojitos naturales, llenos de inocencia, su carita de diosa y su lindo pelo, casi castaño corto hasta sus hombros, que complementaban la belleza antes admirada por mis ojos. “Se te nota algo pálido, ¿qué té pasa?”, dijo. “No, nada, tiene que ser el cansancio del viaje”, respondí. “Vamos, te doy algo de comer”. “Bueno, gracias”, dije. Así que salimos de la habitación y nos dirigimos a la cocina en donde ella me dio algo de comer.
“Brindemos”, dije. “¿Y eso por qué, ó a qué se debe?”. “Pues por la familia, por lo que estas ya siendo toda una mujer. ¿Qué te preparo?”. “Una cuba”, dijo ella, a lo cual le preparé algo muy, pero muy suave, yo me tomé un trago fuerte como para sacarme todas esas imágenes de mi mente y esos pensamientos que tuve hacia mi hermana, dio efecto, pues comencé a preguntar por mis padres. “Se fueron donde la abuela pues esta un poco mal de salud”, dijo. “Ahh, que pena, ¿y tu por que no fuiste?”. “Pues creo que me dejaron para cuidar la casa, y como dice mamá que ya soy toda una mujer, pues que ya debo ir viendo como estar sola más seguido igual que tu”. “Esta bien, bueno, ya es muy tarde, mira, dame las llaves de la puerta de entrada para guardar el auto”, le dije, y así fue, salí y lo guardé. Antes de salir del carro, tomé un fuerte aire y lo boté muy suave, como que dejando todo atrás, pero me llegaba a la mente aquella mujer recostada en su cama, con su ropa de dormir transparente, tenía mi pene ya muy duro de la imaginación.
Salí y me dirigí a mi cuarto, en las escaleras encontré a mi hermana, le dije que me iba a dormir, ella me dijo que estaba bien, que descansara. Solo en mi habitación, las ideas me pasaban por la cabeza, me desvestí para entrar a la cama, pues siempre duermo desnudo. Mis manos buscaron mí pene, el cual estaba un poco erecto, y me imaginé esa conchita rica muy chiquita, esa rajita que formaba aquella tela casi transparente. De repente tocan a la puerta. “¿Quién es?”, pregunté pensando que eran mis padres. “Soy yo, abre”. Era mi hermana, me puse una toalla encima de mi cintura, me cubrí y abrí la puerta. “¿Puedo quedarme un rato aquí y así vemos la televisión?”, dijo ella. Le dije que sí, así que yo me recosté y ella se sentó a mi lado, estábamos hablando de todo un poco, hasta que el sueño me venció y me quedé dormido. Como a la media noche, un sonido medio raro me despertó, era la televisión prendida donde ya no había señal, así que me levanté y apagué la televisión. Mi hermana se había quedado dormida a mi lado, cogí un edredón para cobijarnos. Así lo hice y me puse a dormir, después de un rato, mi hermana se recostó un poco más pegada a mí, a lo cual yo extendí mi brazo para que ella se recostara, quedando su cabeza cerca de mi pecho.
No sé qué paso en adelante, solo recuerdo que desperté moviendo mi brazo en él hombro izquierdo de mi hermana y que una mano me acariciaba mi estomago y parte de mis costillas derechas. El movimiento fue mucho más constante y despertaba una sensación muy placentera, pues la mano ya topaba mis caderas y unos labios comenzaban a besar mi pecho, todo comenzaba a ser distinto, con mi brazo derecho comencé a acariciar aquella mano que me tocaba, de pronto, ella alza su cabeza, la miré y ella me miró, algo nos atraía y sin pensar nos fundimos en un beso, aquel beso que nunca olvidaré, tan espontáneo, tan sabroso, tan lleno de ternura, era el amor entre dos hermanos que se olvidaron de quienes son y de lo prohibido. Aquel beso sería la chispa que encendió en nuestros cuerpos aquel placer, aquel sentimiento de verdadero amor. Mis brazos comenzaron a tocar todo su cuerpo, su espalda, sus caderas, en el movimiento se me safó la toalla que cubría de la cintura para abajo, dando espacio a que la mano de mi hermana llegara hasta mi nalga, aquella mano subía y bajaba, ella comenzó a besar mi cuello muy suave, muy rico, seguía bajando sus besos hasta llegar a mi pecho, luego más abajo, estaba por mi ombligo, sus besos me hacían arder de calor, mi pené en ese entonces estaba ya muy, pero muy erecto, parecía que tomó un tamaño más grande de lo normal, pues cuando lo tengo erecto mide 18 cm y es muy grueso y cabezón, de pronto, su mano me quitó algo de la toalla que me cubría, me lo quitó todo, con su mano me agarró el pene el cual, como dije antes, estaba muy, pero muy erecto.
“Que rico, que bien”, dijo ella, sentí unos labios que comenzaban o rozar mi glande, ella se puso con las caderas hacia arriba, dejándome ver un rico y delicioso culo, aquel que miré con algo casi trasparente, hoy la tenía a mi frente como que diciéndome: a ver, hoy es cuando y sin nada, pues la ropa de dormir de mi hermana se había corrido hacia su espalda, mientras ella comenzaba a chuparme y meterse todo mi pene en su boca, yo comencé a tocar su lindo culito, aquel que nunca imaginé tocarlo siquiera, pero mis manos hacían maravillas, así que me levanté un poco y la besé en su nalga derecha, ella se estremecía igual que yo, le abría poco a poco aquellas nalgas perfectas, hasta poder ver su rica vagina que estaba toda rosadita, la toqué muy suave, le pedí que abriera las piernas hasta quedar yo con mi cara frente a frente con esa rica vagina rosadita, ella accedió de inmediato sin decir nada, pues una palabra sobraba en ese momento, al fin su rica vagina frente a mi cara, pude ver como su clítoris muy rojito asomaba en la parte superior de su vagina, así que decido pasar mi lengua, al momento que lo hice, ella dejó de chuparme y dio un jadeo muy, pero muy bajito, comenzó como a retorcerse de placer, solo con pasarle mi lengua en aquella vagina muy rosadita e hinchadita que se estaba poniendo. Como que sacó un poquito más su trasero, pues pude abrir con mis manos un poquito de su vagina, miré todo el interior de aquella vagina, toda rosadita y un poco mojadita, así que comencé a pasarle mi lengüita y ella comenzó a chuparme mi pene, que placer, que rico era, de pronto, con mis labios absorbí algo brusco, su clítoris y un chillido de placer derramó Diana.
“¡¡Que rico!!, ¡más!, pero más, chúpamelo”, decía Diana, mientras hacía unos movimientos muy duros, que en algunos ratos me era difícil respirar, quise meterle un dedito, pero cuando lo iba hacer, al ver su vagina tan chiquita, decidí no hacerlo, si era virgen sería mejor penetrarla con mi pene. Así pasamos un muy buen rato hasta que decidí ponerla boca arriba y quitarle su ropa de dormir. Así lo hice, pude ver todo su cuerpo blanco frente a mí, ella me agarró de la cabeza y me bajó hasta darme un inmenso beso, después, muy lentamente solté aquellos labios rojizos y besé su cuello, muy, pero muy suave, lentamente bajé hasta llegar a aquellas ricas tetas redonditas, medianas, que me produjeron más excitación. Besé muy suavecito sus pezones y ella no dejaba de gemir, a ratos parecía que tenia convulsiones en cada orgasmo que llegaba, pero a mi no me importaba, seguía navegando por su cuerpo, seguía conquistando cada rincón de esa bella mujer llamada Diana, llegué a su ombligo, luego, más abajo, hasta descubrir que su vagina la tenía toda mojadita, entonces era la hora de la verdad, me coloqué en medio de sus piernas y encaminé mi pene hasta la entrada de su vagina, lo froté muy suave por toda su vagina, con mi pene rozaba su clítoris, ella estaba a punto de explotar, pues parecía una epiléptica. Decidí penetrarla, así que dejé mi pene en la entradita y me recosté sobre ella, la besé muy, pero muy fuerte y se lo comencé a penetrar, ella gemía muy duro y mi pene no quería entrar, ella tenía su vagina muy pequeñita para mi pene, de pronto, di un golpe muy duro, ella gritó muy fuerte. Yo sentí que algo se desgarraba dentro de ella, quedó inmóvil por unos segundos, me levanté un poco para ver que pasaba, miré que mi pene aun no estaba todo adentro, solo le penetró la cabecita, regresé mi mirada a Diana, miré como lloraba, así que no me moví, como para que se le pasara, pero ella comenzó a mover su cintura muy, pero muy suave, mi pene entraba y salía milímetros, yo comencé a moverme también muy suave, hasta que logré meterle medio pene, tenía unas contracciones muy fuertes su vagina y me lo apretaba muy duro, pero era rico, algo indescriptible para en ese entonces, muy calientito, llego la hora de metérsela toda, así que de un golpe y de respuesta, un grito mayor al de antes, la penetré todita hasta que mi cuerpo quedara muy pegadito a su cuerpo, ella me abrazó muy, pero muy duro, comenzó a moverse de nuevo.
Así que yo también correspondía a esos movimientos de una manera muy suave, mientras el pene entraba y salía, ella gemía, a veces daba gritos de placer, tenía que besarla para evitar tal escándalo que hacía, estaba a punto de tener mi orgasmo y le pregunté cuando termino su período de menstruación, me dijo que ayer, así que le dije que estaba fuera de peligro, me movía a mil pero de pronto se lo quise sacar para terminar afuera, pero ella me agarró de las nalgas y me lo apretó contra ella, llenándole de semen su linda vaginita. Así que me quedé tendido encima de ella y sin ánimos de ningún movimiento más. Después, en 5 minutos me retiré de encima de ella, aun con el pene medio erecto y acompañado de los besos desenfrenados que nos dimos, al recostarme al lado de ella, vi que no cerraba sus piernas, a lo cual, con curiosidad me levante a ver como había quedado su vagina, pues aun goteaban gotas de semen acompañadas de sangre, la sabana estaba llena de sangre y de semen. Pude comprobar que ella dejó de ser inocente y pasó a ser toda una mujer.
Sin palabras nos quedamos, pero al haber mirado su vagina, me puse de nuevo con el pene erecto y con ganas de seguir haciendo el amor, así que le pedí que se pusiera en cuatro y la comencé a penetrar de nuevo, muy suavecito, y así lo hicimos por un buen rato, ella no dejaba de gemir y pedirme que se lo metiera todito, como estaba en cuatro, le pedí que se acostara boca abajo, yo tenía mi pene dentro de su vagina, ella muy suave, se acostó apretando mi pene en el interior de su rica vagina, fue lo más rico que hicimos pues mi pene entraba más apretadito, ella seguía gimiendo pero como dije antes, me pedía más hasta que terminé con mi segundo orgasmo, después, lo hicimos de diferentes formas hasta quedarnos exhaustos.
Al día siguiente, despertamos y nos encontramos con toda la historia contada, mi hermana comenzó a llorar y me dijo: “¿Cómo eres capaz de haberme hecho esto?, eres un infeliz. Maldita sea todo lo que paso”, decía ella. “Pues fue asunto de los dos. Así que no sacas nada llorando”, le di un buen abrazo, yo también con lagrimas en los ojos, me di cuenta que lo que se hizo, estuvo muy mal. Como les dije, todo esto es verdad, y después de esto no fue la única ves que lo hicimos, muy pronto les contaré como le rompí el ano. Bueno, espero que les haya gustado mi pequeña historia, si hay alguna mujer que quiera probar este cabezón que tengo, pues ya saben. Adios