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View Full Version : La dueÑa


die
23-06 2003, 06:16 AM
- Ponela, ponela, no doy más!!!
- Todavía no puta, sentí mi boca...

Ahí estaba, ella casi loca, yo chupando su choncha, y el marido, vaya a saber donde estaba, seguro, haciéndose una paja como de costumbre, era una situación rara, ella era "la dueña" y yo ahí, provocando todo, aquello que se había estado gestando, vaya a saber hace cuanto tiempo, a fuerza de miradas, roces, comentarios del orden de "que buena mina me cogí anoche", o "si vieras como la chupaba", siempre, contándole a otra persona en voz alta para que escuchara al pasar (siempre escuchaba).

Ese día en particular, ella usaba sus polleras muy a lo señora. Ella se llama Elena, es una bella mujer de 35 años, casada, 2 hijas, ojos verdes (lo mejor es su mirada), unos 95-70-95, bien puesta en definitiva. Ella es la dueña del local donde trabajaba, siempre advertí que le gustaba el sexo en demasía, y por lo que tenía entendido, Roberto (el marido), no la atendía como se merecía. Bueno, ese día nos encontrábamos en el local, eran como las 11:30 de la noche, no pasaba nada, en la tele estaban dando una película un poco fuerte, mi amigo (Horacio) que trabajaba conmigo y yo, fuimos a cambiar el canal, justo cuando la pantalla mostraba a un tipo clava que clava a una morocha, y en eso ella dijo:

- dejala si querés, a mi no me molesta!!

Horacito me miró, como esperando una orden, y yo le dije que dejara, en realidad, Horacito y yo hace rato que la queríamos clavar, pero nunca pensamos que lo íbamos a hacer, de pronto ella dijo: “chicos, cierren no más que no pasa nada”. Horacito cerró el boliche, yo me puse a mirar la película, (ese negro aparte de que tenía un terrible pedazo, no se cansaba de clavar a la morocha), en eso me doy vuelta y ella estaba mas atenta que yo todavía, llega Horacio y dice: “Ya esta!!, waooo, mira como le da a la morocha". Yo sabía que ella estaba caliente y me la jugué a cara o cruz, le dije: “Elena, si le molesta cambiamos!”, a lo que ella nos respondió que no, que la dejáramos, y mirándonos de una forma picara nos dijo: “Sabes hace cuanto que no me tienen así?".

Al escuchar esto, me dije a mi mismo que estaba listo el primer paso, que ahora me tocaba a mi, así que le contesté: “Eso es porque no soy su amante!”. Ella me miró con una mirada retadora y me contestó: “No me aguantarías, ni los dos juntos creo (risitas)”. A Horacio se le hizo un nudo en la garganta, yo medio sorprendido por la contestación arremetí: “Quiere probar?”, jugado completamente, a lo que ella, mirándonos con asombro ahora, nos respondió: “Son locos ustedes, era una joda!”. En eso me le acerco y empiezo a tocarle las piernas, ella ni se movió, Horacio me miraba petrificado, le hice señas que se acercara, y agarró más coraje del que esperaba (seguramente producto de las ganas que le tenía), y empezó a tocarle las tetas, por encima del pullover, ella solo gemía, yo ya tenía mis manos en su humedad (a esa altura, era un río), le abrí las piernas, subí su pollera a lo muy señora, le aparté la bombachita (muy chiquita) y empecé a saborear su sexo, ella deliraba, Horacio ya le estaba chupando el pezón derecho, y me gritaba:

- Ponela, no doy más!!

- Todavía no puta, sentí mi boca!!

- Pónganmela ya o los despido!!!

Esas palabras me recordaron que ella tenía poder sobre nosotros, cosa que a la vez que me excitó más, también me dio mucha bronca, miré a Horacio y le dije que le diera vuelta a la señora para que le chupara su pija. Ella se prendió de su pija como poseida, yo le abrí las nalgas, ya con el objetivo a la vista, no lo pensé dos veces, sin ninguna lubricación, se la quise meter por el culo, ella quiso gritar, pero Horacio la agarró de los cabellos para que no dejara de mamar, mientras yo ya le había metido la cabeza, y con esta adentro, hice una gran arremetida, que se la enterré hasta la raíz, ella se quiso zafar, pero de a poco, como se amansa un caballo, se empezó a quedar quietecita, yo iba y venía, ella recomenzó con sus masajes a Horacio, de pronto, ella se empezó a sacudir, y emprendió un viaje al orgasmo, que después de ese, le siguieron un montón, mientras que Horacio no dio más, le derramó todo su semen en la boca, yo sentí que ese agujerito que me daba placer, se iba a prender fuego de lo caliente que estaba, y no aguanté más, le apagué aquel incendio con toda mi leche, ella lo recibió como recibe la comida un hambriento.

Luego, ya todos vestidos, nos confesamos las sensaciones sentidas. Ella me contó que nunca creyó poder acabar haciéndolo por el culo. Horacio que dijo que nunca había acabado en la boca de una mujer y yo, bueno, yo dije que había estado muy bueno. Después de esa noche, cogimos unas cuantas noches más los tres. Después, Horacio se fue (del país), yo me quedé cogiéndola un tiempo más. Después de cierto tiempo también me fui (me independicé), pero de vez en cuando paso por ahí (casualmente los días que Roberto no va), y ya sabrán lo que pasa. Espero que les haya gustado, espero que me escriban.


att.diego