mopic
23-04 2003, 12:36 PM
Yo tenía un amigo en la universidad, el cual tenía una pareja del tipo de la vecinita inocente de al lado que me atraía demasiado, es bajita pero delgada, con un vientre plano y pechos del tamaño de mi mano abierta, una cintura pequeña y unas nalguitas redonditas y paraditas con unas hermosas caderas, por respeto a él, procuraba evadirla y no tener tratos con ella. Así pasaron los años, en vez de sentirme mas alejado de ella, me atraía cada vez más, y la relación con su pareja se hacía mas fría.
Un día, me fue a visitar diciéndome que mi amigo le había pegado y lo iba a dejar, yo no sabía que hacer, me dijo que se sentía muy triste y que si se podía quedar un rato conmigo, yo le dije que si y nos pusimos a ver la tele, ella se acercó a mí y me abrazó, yo ya llevaba varios años teniendo sueños húmedos con ella, pero aún así, nunca me había atrevido a insinuarle nada, pero ese día le dije que siempre me había gustado, que me gustaría verle sus pechos, yo creí que se negaría, pero con sus ojos llenos de sorpresa me dijo que sí, se desabrochó su blusa y me mostró un par de senos redondos y firmes, un poco grandes, con unos deliciosos pezones rosas que se pusieron duros al sentir mi mirada.
Ella se sonrojó y se volvió a abrochar su blusa, yo sentía mi respiración entrecortada y me acerqué a ella, metí mi mano debajo de su blusa y ella viró al toque de mis manos, nuevamente le desabroché la blusa y empecé a lamerle sus pezones, a lo que ella empezó a jadear y a pegar su cuerpo al mío, ella me decía que no quería que la penetrara, le dije que no haría algo que ella no quisiera, ella se montó en mí y empezó a frotarse contra mí, mientras yo le acariciaba sus pechos. Lo siguió haciendo, hasta que dio un gran suspiro y se vino de tal forma, que mojó sus pantalones que llevaba puestos. Se levantó y me dijo que eso nunca ocurrió y se fue, yo estaba confundido y molesto conmigo por haber traicionado a mi amigo.
Así pasaron dos días, cuando una tarde me llamó por teléfono, me dijo que me quería ver para que platicáramos de lo sucedido. Esa tarde fui a su casa, aprovechando que su esposo trabaja todo el día, me recibió con una blusa y una falda con la que alguna vez le dije que se veía muy bien. Ella me empezó a decir que, aunque no habíamos consumado nada, aquel día había sido una gran experiencia, pero eso no se volvería a repetir, yo me acerqué y le empecé a acariciar el cuello, ella me decía que eso no estaba bien, pero no hacía nada para evitarlo, claramente sentí como sus pechos se ponían de punta diciéndome lo contrarió, la tumbé en el sillón y empecé a besarla, ella se resistía, pero poco a poco fue soltando su cuerpo, le quité la blusa y noté que tenía un sostén de encaje blanco muy sexy, el cual le desabroché y quedaron al desnudo ese hermoso par de pechos que hacía dos días no me podía quitar de la mente.
Ella acercó mi boca a sus pechos y empecé a chupárselos, se sentían suaves y aterciopelados, ella tenía un olor a sexo dulce y seductor, con una mano empecé a descender y tratar de meterla entre sus piernas, ella las juntó, pero gentilmente se las fui separando y sentí sus labios húmedos, le empecé a acariciar el clítoris y ella empezó a jadear, su fluido era abundante y de un olor muy agradable, entonces me desabroche mi pantalón y ella me lo bajó, tomó mi miembro que ya estaba bastante duro y empezó a acariciarlo, yo ya le estaba metiendo los dedos, ella estaba abriendo las piernas de una forma que me sorprendí de su flexibilidad, entonces vi una hermosa braguita que se metía entre sus nalgas, una vagina rosa y afeitada en un bonito triangulito, que se abría al menor contacto, mientras ella llevaba a su boca mi miembro erecto y lo empezó a mamar con una excelente práctica.
Yo creía que estaba en un sueño pero no, ahí estaba ella tragándose hasta el fondo mi mástil bien parado. Después de un rato de un gratificante 69, me tumbó de espaldas y se sentó sobre mi, sentí su vagina apretada y deliciosa, fue cuando comenzó a moverse de adelante hacia atrás, con tal rapidez, que sentí como la fricción me empezaba a quemar, ella gritaba y bufaba, fue cuando nos venimos juntos, ella se retorcía y tenía unos espasmos como nunca había visto en una mujer, se tumbó y se quedó jadeando y llena de sudor. El sillón estaba empapado de nuestro sudor, ya que ella es de las que se vienen y parece que se orinan. Yo creía que habíamos terminado, pero estaba equivocado.
Ella se agachó y levantó las nalgas, pidiéndome que me la cogiera de a “perrito”, enseguida tuve una segunda erección y se la empecé a meter. Ella con sus manos se abría las nalgas y se empezó a meter un dedo en el ano, eso me excitó mucho y le hice lo mismo, movía sus nalgas hacia arriba pidiendo más, se fue metiendo más dedos por el culo, me sacó mi verga de su vagina y se la empezó a introducir por el ano, esa fue mi primera vez con el sexo anal, veía que le dolía pero no le importaba, seguía pidiéndome que le diera bien duro mientras ella se masturbaba, así fue como nos venimos por segunda vez, después de ese día tuvimos algunos encuentros más que les contare si me lo piden, y creo que las fantasías se pueden hacer realidad.
P.D: sigue con su marido y le gusta la mala vida
Un día, me fue a visitar diciéndome que mi amigo le había pegado y lo iba a dejar, yo no sabía que hacer, me dijo que se sentía muy triste y que si se podía quedar un rato conmigo, yo le dije que si y nos pusimos a ver la tele, ella se acercó a mí y me abrazó, yo ya llevaba varios años teniendo sueños húmedos con ella, pero aún así, nunca me había atrevido a insinuarle nada, pero ese día le dije que siempre me había gustado, que me gustaría verle sus pechos, yo creí que se negaría, pero con sus ojos llenos de sorpresa me dijo que sí, se desabrochó su blusa y me mostró un par de senos redondos y firmes, un poco grandes, con unos deliciosos pezones rosas que se pusieron duros al sentir mi mirada.
Ella se sonrojó y se volvió a abrochar su blusa, yo sentía mi respiración entrecortada y me acerqué a ella, metí mi mano debajo de su blusa y ella viró al toque de mis manos, nuevamente le desabroché la blusa y empecé a lamerle sus pezones, a lo que ella empezó a jadear y a pegar su cuerpo al mío, ella me decía que no quería que la penetrara, le dije que no haría algo que ella no quisiera, ella se montó en mí y empezó a frotarse contra mí, mientras yo le acariciaba sus pechos. Lo siguió haciendo, hasta que dio un gran suspiro y se vino de tal forma, que mojó sus pantalones que llevaba puestos. Se levantó y me dijo que eso nunca ocurrió y se fue, yo estaba confundido y molesto conmigo por haber traicionado a mi amigo.
Así pasaron dos días, cuando una tarde me llamó por teléfono, me dijo que me quería ver para que platicáramos de lo sucedido. Esa tarde fui a su casa, aprovechando que su esposo trabaja todo el día, me recibió con una blusa y una falda con la que alguna vez le dije que se veía muy bien. Ella me empezó a decir que, aunque no habíamos consumado nada, aquel día había sido una gran experiencia, pero eso no se volvería a repetir, yo me acerqué y le empecé a acariciar el cuello, ella me decía que eso no estaba bien, pero no hacía nada para evitarlo, claramente sentí como sus pechos se ponían de punta diciéndome lo contrarió, la tumbé en el sillón y empecé a besarla, ella se resistía, pero poco a poco fue soltando su cuerpo, le quité la blusa y noté que tenía un sostén de encaje blanco muy sexy, el cual le desabroché y quedaron al desnudo ese hermoso par de pechos que hacía dos días no me podía quitar de la mente.
Ella acercó mi boca a sus pechos y empecé a chupárselos, se sentían suaves y aterciopelados, ella tenía un olor a sexo dulce y seductor, con una mano empecé a descender y tratar de meterla entre sus piernas, ella las juntó, pero gentilmente se las fui separando y sentí sus labios húmedos, le empecé a acariciar el clítoris y ella empezó a jadear, su fluido era abundante y de un olor muy agradable, entonces me desabroche mi pantalón y ella me lo bajó, tomó mi miembro que ya estaba bastante duro y empezó a acariciarlo, yo ya le estaba metiendo los dedos, ella estaba abriendo las piernas de una forma que me sorprendí de su flexibilidad, entonces vi una hermosa braguita que se metía entre sus nalgas, una vagina rosa y afeitada en un bonito triangulito, que se abría al menor contacto, mientras ella llevaba a su boca mi miembro erecto y lo empezó a mamar con una excelente práctica.
Yo creía que estaba en un sueño pero no, ahí estaba ella tragándose hasta el fondo mi mástil bien parado. Después de un rato de un gratificante 69, me tumbó de espaldas y se sentó sobre mi, sentí su vagina apretada y deliciosa, fue cuando comenzó a moverse de adelante hacia atrás, con tal rapidez, que sentí como la fricción me empezaba a quemar, ella gritaba y bufaba, fue cuando nos venimos juntos, ella se retorcía y tenía unos espasmos como nunca había visto en una mujer, se tumbó y se quedó jadeando y llena de sudor. El sillón estaba empapado de nuestro sudor, ya que ella es de las que se vienen y parece que se orinan. Yo creía que habíamos terminado, pero estaba equivocado.
Ella se agachó y levantó las nalgas, pidiéndome que me la cogiera de a “perrito”, enseguida tuve una segunda erección y se la empecé a meter. Ella con sus manos se abría las nalgas y se empezó a meter un dedo en el ano, eso me excitó mucho y le hice lo mismo, movía sus nalgas hacia arriba pidiendo más, se fue metiendo más dedos por el culo, me sacó mi verga de su vagina y se la empezó a introducir por el ano, esa fue mi primera vez con el sexo anal, veía que le dolía pero no le importaba, seguía pidiéndome que le diera bien duro mientras ella se masturbaba, así fue como nos venimos por segunda vez, después de ese día tuvimos algunos encuentros más que les contare si me lo piden, y creo que las fantasías se pueden hacer realidad.
P.D: sigue con su marido y le gusta la mala vida