DanyB
14-07 2008, 10:02 PM
"Cuando nuestros sueños se han cumplido
es cuando comprendemos
la riqueza de nuestra imaginación
y la pobreza de la realidad."
Ninon de Lenclos
Te encontrabas frente a mí, tu mirada me recorría, me desnudaba completamente. No sé si eras una simple visión, un fantasma que se aparecía ante mí, dispuesta a cumplir mis mas deliciosas fantasías. Me sonreíste, una sonrisa que estremeció mi cuerpo, me quedé paralizada ante ti, no sabía como reaccionar o como acercarme a ti. Te sonreí sin más, y te ofrecí un vaso de agua. Callaste unos momentos y aceptaste, me di la vuelta y caminé lentamente hacia la cocina, a sabiendas que tus ojos no dejaban de observarme.
Te sentaste en el sillón y esperaste pacientemente, cruzaste tus piernas y cuando me acercaba para entregarte el vaso, se corrió sensualmente tu falda, dejándome entre ver tus muslos que me arrancaron un suspiro.
-Aquí tienes –te dije notablemente nerviosa.
-Gracias – me respondiste, sin ocultar una sonrisa picarona.
Tu voz resonó en mis oídos, siempre me gustó tu voz. Tan sensual, tan coqueta. Tu voz hechizaba mis oídos y no podía evitar imaginar tus gemidos al tenerme entre tus piernas. Eso sin dudas me enloquecía.
Me acerqué al reproductor de música y te pregunté que deseabas escuchar “Lo que quieras” me dijiste, tomé un disco de entre la pila de recopilaciones, lo ingresé y comenzó a escucharse aquella melodía tranquila. Me senté a tu lado y comenzamos a platicar, cualquier tema nos venia bien para romper el hielo… aunque sabíamos muy bien que el hielo ya estaba mas que destrozado. Me ofreciste un cigarrillo, sabias muy bien que no me resistía al tabaco y gustosa lo acepté. Estiré mis dedos para que me lo entregaras pero negaste con la cabeza, hiciste a un lado mi mano y te inclinaste hacia mí, te tenía tan cerca que podía embriagarme con tu aroma, que podía abalanzarme hacia ti y probar esos labios que me enloquecían, pero parecía que estaba atornillada al sillón, y me limite a sostener tu mirada y perderme en tus ojos. Me pediste que entreabriera mi boca y así lo hice, colocaste el cigarrillo entre mis labios, y con el filtro los recorriste sin dejar de observarme. Mi respiración comenzó a acelerarse, tu mirada se entornó y mordiste suavemente tu labio inferior.
Me levanté arrebatándote el cigarro de tu mano, tomé un encendedor que se encontraba encima de la mesa y lo encendí, me miraste un tanto confundida y sonreí “Escucha” te dije “Es tu canción”, te detuviste unos segundos y asentiste “La chispa adecuada” comenzaba a resonar en el lugar.
-Ven, levántate – estiré mi brazo y tomaste mi mano, te jalé hacia mí y te abracé por la espalda, comencé a moverme en un vaivén mientras rodeaba tu abdomen con mis brazos, me seguiste el ritmo y en momentos sentía el roce de tus nalgas en mi entrepierna, sentiste mi respiración en tu cuello y tu cuerpo se estremeció, me acerqué a tu oído y comencé a cantarte, en susurros que apenas y podías escuchar. Cerraste tus ojos y echaste tu cabeza hacia atrás reposándola en mi hombro, me acompañaste y comenzaste a cantar también… “No sé distinguir… lo complicado de lo simple”… seguíamos bailando lentamente, al ritmo de aquella canción, subí una de mis manos y tomé tu barbilla, lentamente voltee tu rostro hacia mí. Uno de mis dedos se atrevió a deslizarse lentamente sobre tu labio inferior, tú no dejabas de mirarme, entreabriste tu boca y atrapaste la punta de mi dedo, después, muy lentamente ibas deslizándolo dentro de tu boca, tu lengua lo recorrió y tras jugar unos segundos lo expulsaste con tan lascivia que mis piernas temblaron de la excitación. Le di una última fumada a mi cigarrillo, lo apagué en el cenicero y te sonreí.
Ya notablemente acelerada, me acerqué a tu rostro, sentía tus labios rozando los míos, y tu respiración agolpándose en mi rostro. Abrí mi boca y atrapé tu labio con mis dientes, suavemente lo mordí y segundos después junté mis labios con los tuyos, eran suaves, muy dulces y tímidos, el beso fue pausado, tratando de memorizar cada movimiento. Sentí tu lengua adentrarse en mi boca, enseguida correspondí a eso, el beso se tornó desenfrenado, nuestras lenguas jugaban desesperadas, las respiraciones se aceleraron al máximo, y me estremecí varias veces al sentir tus dientes atrapando mi labio inferior.
Mis manos no aguantaron un segundo más, se adentraron entre tu blusa y recorrí tu espalda, me fui acercando lentamente hacia tus nalgas, las apreté y te atraje hacia mí, de tu boca escapó un jadeo y me abrazaste con mas fuerza, te tomé del brazo y te llevé hacia la recámara, rápidamente me deshice de tu blusa, desabroché tu sostén y aquellos deliciosos senos quedaron a mi merced.
Te acostaste a lo largo de la cama, deslicé mi blusa por mis brazos y me hinqué sobre el colchón, jalé lentamente tu falda y tú optaste por quitártela completamente, ahora tu cuerpo era sólo cubierto por una tanga color negro. Me coloqué encima de ti, me acerqué a tu boca y te besé por unos cuantos segundos, después te fui regalando besos en tu mejilla hasta llegar a tu oído, te susurré cuanto te deseaba y mordí suavemente el lóbulo de tu oreja, después me dispuse a probar tu cuello, lo besaba, lo lamía y lo mordía con desesperación, de tu boca escapaban gemidos que me anunciaban lo mucho que te estaba gustando aquello.
Pronto llegué a tus pechos, que me pedían a gritos ser complacidos, tus pezones estaban ya erectos y expectantes a la llegada de mi boca, mis dientes atraparon tu pezón, lo lamia mientras mi mano se encargaba de jugar con tu otro seno, el cual apretaba con suavidad. Me encantaba el sabor de tu piel. Posé mi pierna entre las tuyas y sentí como poco a poco restregabas tu sexo contra ella, moviéndote circularmente. Yo seguía ocupada con tus senos pues de verdad estaba encantada con ellos, su suavidad y sabor eran indescriptibles. Mi mano se internó entre tu tanga y pude sentir aquella suavidad de tu sexo, pronto inundaste mis dedos con tus jugos, comencé a estimularte con rapidez, tus caderas se movían al ritmo de mis dedos, tu abdomen se contraía y tu respiración se entrecortaba ante aquella sensación. Ahora mis dedos te penetraban con avidez, tus gemidos ya se habían transformado en grititos que acallé algunas veces con mis labios. Podía sentir tus jadeos en mi oreja, tu lengua lamía mi cuello y tus dientes varias veces me proporcionaron mordidas que me descontrolaban.
Ahora tú habías tomado mi mano y guiabas aquella penetración a tu gusto, estabas hirviendo por dentro, era una delicia estar internada en ti. Sentí como aceleraste con rapidez el movimiento de mis dedos, tus gritos eran cada vez más intensos “Me voy a venir” susurraste con dificultad, sonreí y comencé a besarte, lamía tus labios y acariciaba tus senos con mayor deseo, me acerqué a tu oído y te susurré “Así hermosa, déjame sentirlo” no bastaron unos momentos para que arquearas bruscamente tu espalda, tu mano dejó de tomar la mía pero no dejé de penetrarte, acariciaba todo tu sexo, tus labios, tu clítoris “Ah… ah… ¡Sí!” comenzaste a convulsionar y gritaste fuertemente, mis dedos se inundaron de tus jugos.
Me quedé unos momentos sobre ti, con los ojos cerrados y escuchando solo tu respiración y tus suspiros, cuando abrí mis ojos me sonreías, te sonreí y te besé tiernamente. “Mas” te susurré, “¿Mas?” me dijiste un tanto confundida “Mas” repetí sonriéndote maliciosamente. Nuevamente besé tu cuello, volví a lamer tus senos pero fue sólo por unos segundos, me recorrí hacia atrás y tenía ante mi rostro tus muslos, mis manos se deslizaron lentamente por tus piernas, recorriéndolas todas, comencé a lamer tus muslos, a morderlos con suavidad y como si fuera en cámara lenta, mis manos te despojaron de tu húmeda tanga. No pude evitar pasear mi lengua entre mis labios al observar tu sexo, -Esto sí, que es una delicia- pensé. Cuando sentiste mi rostro internarse entre tu entrepierna solo escuché un entrecortado “Oh… Dios” escapar de tus labios. Mi lengua empezó a lamer tu sexo, me encontré con tu ya erecto clítoris y juguetee con el, lo chupaba y mordía repetidamente, sintiendo como te contraías. Después de algunos minutos de estar estimulándote mi lengua te penetró, un intenso gemido escapó de tu boca, tus manos se internaron entre mis cabellos y los jalaste suavemente, te penetraba cada vez más rápido, uno de mis dedos comenzó a estimular tu clítoris y mi otra mano se dirigió a uno de tus senos, tomaste esa mano y la llevaste a tu boca, para lamer lujuriosamente mi dedo índice. Apretabas cada vez más mi cabeza contra tu sexo, yo no hacia más que penetrarte rápida y hábilmente, mis movimientos eran circulares y mi lengua se regocijaba con el sabor de tu sexo. Tus caderas se movían desesperadamente, tus gemidos se entrecortaban y solo alcanzaba escuchar “Ah… ah” sin parar, te penetraba lenta y rápidamente, mis manos se dirigieron a tus piernas, te levanté levemente y pude apretar tus nalgas, sintiendo como mi lengua se internaba con mayor profundidad.
-Sí, Dany… sigue, no pares, así –esas palabras me descontrolaron, pues a mi me mataba que pronunciaran mi nombre.
Y como si hubieses leído mi mente susurraste nuevamente -Dany… Dany… que delicia cabrona – Estaba al borde de la excitación, aquella sensual voz de la que eras dueña me derretía, pero escucharte gemir de esa manera me mató.
Con más profundidad y rapidez mi lengua te penetró, mis manos se entretuvieron en tus senos los cuales apretaba con pasión, varios minutos pasaron, ahora no solo te penetraba, si no que también jugaba con tu clítoris por ratos “Me vas hacer venir Dany” aceleré mis movimientos, tus caderas seguían el ritmo, “Me voy a venir Dany” y tras unos momentos, sentí nuevamente como te tensaste, dejaste de moverte y gritaste aun más fuerte que la última vez, mi lengua se regocijó ante tu néctar.
Un tanto cansada me recosté a tu lado, te abracé y me regalaste tiernamente un beso en mis labios, te sonreí y cerré mis ojos, sentí como tu mano juguetona se acercó hacia uno de mis senos, entre abrí los ojos y me sonreíste, me acosté boca arriba y te montaste sobre mí, me besaste y nuestras lenguas jugaron unos momentos, después fuiste desplazándote hacia abajo proporcionándome mordiditas en el cuello que poco a poco fueron calentándome, me pediste que me levantara tantito y así lo hice, desabrochaste mi bra, lo deslizaste por mis brazos y lo lanzaste coquetamente a algún lugar de la recámara. Jugaste un momento con mis labios, tus dedos se deslizaban y no dudé en lamer uno de ellos sensualmente. Tu lengua lamía una y otra vez mis senos, todo mi ser se estremecía al sentir tus dientes mordiendo mis pezones, pronto comencé a jadear por aquellas sensaciones, tus manos apretaban de manera deliciosa mis pechos y no podía evitar soltar un gemido a cada caricia tuya. Deslizaste mi pantalón por mis piernas, una de tus manos se internó en mi entrepierna y lograste estremecer todo mi ser al sentir tus caricias en mi sexo, me estimulabas muy intensamente, mi pecho se levantaba y contraía cada vez más, al sentir tus dedos internarse en mí me hiciste soltar un fuerte gemido, comenzaste a penetrarme con rapidez, yo movía mis caderas al ritmo que tu escogías, me besabas con desenfreno y acariciabas mis senos cada vez con más habilidad, logrando tocar las fibras más escondidas de mí cuerpo.
Varias veces sentí tu sexo rozar con mis muslos, lo notaste y me miraste, yo sólo te sonreí y te tomé de las caderas, te coloqué justo encima de mí y el primer roce de tu sexo con el mío me llevó a la gloria, comencé a moverte de arriba hacia abajo, las dos disfrutábamos tremendamente y nuestros gemidos se mezclaban formando una misma melodía, el roce era cada vez más profundo, mas intenso y mas rápido, no dejabas de susurrarme cosas al oído que me enloquecían, tu voz parecía transformarse. Te movías con tal maestría que sentía venir un orgasmo tras otro.
-Dios Mío… Que… que rico te mueves… Andrea- no parabas de besarme, de sonreírme, de acariciar mi cuerpo.
Tras varios minutos, sentí que venia algo mayor, un placer inmenso estaba a punto de embriagarme, mis gemidos se tornaron más intensos “Hermosa, sigue… sigue… ya casi” te dije entre jadeos, el movimiento se hizo mucho más rápido, más profundo, y tras unos segundos no pude aguantar más, cerré los ojos, aquel placer comenzó a paralizar cada parte de mi cuerpo, grité levemente, me levanté un poco y jalé con agresividad las sábanas de la cama, me sentí en el cielo, era algo tan delicioso que embriagó mi cuerpo y mi mente, sentí mis muslos humedecerse por aquella explosión y presa por aquel placer me desplomé en la cama.
Me desperté bruscamente, mi respiración estaba a tope y varias gotas de sudor resbalan por mi cabeza, me senté y miré desconcertadamente hacia todas partes, los rayos de luz se escapaban entre las rendijas de la persiana y me deslumbraban, quité las cobijas y me di cuenta que estaba totalmente húmeda, de repente caí en cuenta que todo había sido un sueño. Me recosté nuevamente, estiré mis brazos y sonreí.
- Hasta en mis sueños te metiste, 'nche Andrea –me dije- Acaricié mi cabeza y suspiré –Esto no lo voy a olvidar jamás… -
Este relato está especialmente dedicado a la forista AndreaTraviesa, quien, junto conmigo, fue protagonista de este sueño.
es cuando comprendemos
la riqueza de nuestra imaginación
y la pobreza de la realidad."
Ninon de Lenclos
Te encontrabas frente a mí, tu mirada me recorría, me desnudaba completamente. No sé si eras una simple visión, un fantasma que se aparecía ante mí, dispuesta a cumplir mis mas deliciosas fantasías. Me sonreíste, una sonrisa que estremeció mi cuerpo, me quedé paralizada ante ti, no sabía como reaccionar o como acercarme a ti. Te sonreí sin más, y te ofrecí un vaso de agua. Callaste unos momentos y aceptaste, me di la vuelta y caminé lentamente hacia la cocina, a sabiendas que tus ojos no dejaban de observarme.
Te sentaste en el sillón y esperaste pacientemente, cruzaste tus piernas y cuando me acercaba para entregarte el vaso, se corrió sensualmente tu falda, dejándome entre ver tus muslos que me arrancaron un suspiro.
-Aquí tienes –te dije notablemente nerviosa.
-Gracias – me respondiste, sin ocultar una sonrisa picarona.
Tu voz resonó en mis oídos, siempre me gustó tu voz. Tan sensual, tan coqueta. Tu voz hechizaba mis oídos y no podía evitar imaginar tus gemidos al tenerme entre tus piernas. Eso sin dudas me enloquecía.
Me acerqué al reproductor de música y te pregunté que deseabas escuchar “Lo que quieras” me dijiste, tomé un disco de entre la pila de recopilaciones, lo ingresé y comenzó a escucharse aquella melodía tranquila. Me senté a tu lado y comenzamos a platicar, cualquier tema nos venia bien para romper el hielo… aunque sabíamos muy bien que el hielo ya estaba mas que destrozado. Me ofreciste un cigarrillo, sabias muy bien que no me resistía al tabaco y gustosa lo acepté. Estiré mis dedos para que me lo entregaras pero negaste con la cabeza, hiciste a un lado mi mano y te inclinaste hacia mí, te tenía tan cerca que podía embriagarme con tu aroma, que podía abalanzarme hacia ti y probar esos labios que me enloquecían, pero parecía que estaba atornillada al sillón, y me limite a sostener tu mirada y perderme en tus ojos. Me pediste que entreabriera mi boca y así lo hice, colocaste el cigarrillo entre mis labios, y con el filtro los recorriste sin dejar de observarme. Mi respiración comenzó a acelerarse, tu mirada se entornó y mordiste suavemente tu labio inferior.
Me levanté arrebatándote el cigarro de tu mano, tomé un encendedor que se encontraba encima de la mesa y lo encendí, me miraste un tanto confundida y sonreí “Escucha” te dije “Es tu canción”, te detuviste unos segundos y asentiste “La chispa adecuada” comenzaba a resonar en el lugar.
-Ven, levántate – estiré mi brazo y tomaste mi mano, te jalé hacia mí y te abracé por la espalda, comencé a moverme en un vaivén mientras rodeaba tu abdomen con mis brazos, me seguiste el ritmo y en momentos sentía el roce de tus nalgas en mi entrepierna, sentiste mi respiración en tu cuello y tu cuerpo se estremeció, me acerqué a tu oído y comencé a cantarte, en susurros que apenas y podías escuchar. Cerraste tus ojos y echaste tu cabeza hacia atrás reposándola en mi hombro, me acompañaste y comenzaste a cantar también… “No sé distinguir… lo complicado de lo simple”… seguíamos bailando lentamente, al ritmo de aquella canción, subí una de mis manos y tomé tu barbilla, lentamente voltee tu rostro hacia mí. Uno de mis dedos se atrevió a deslizarse lentamente sobre tu labio inferior, tú no dejabas de mirarme, entreabriste tu boca y atrapaste la punta de mi dedo, después, muy lentamente ibas deslizándolo dentro de tu boca, tu lengua lo recorrió y tras jugar unos segundos lo expulsaste con tan lascivia que mis piernas temblaron de la excitación. Le di una última fumada a mi cigarrillo, lo apagué en el cenicero y te sonreí.
Ya notablemente acelerada, me acerqué a tu rostro, sentía tus labios rozando los míos, y tu respiración agolpándose en mi rostro. Abrí mi boca y atrapé tu labio con mis dientes, suavemente lo mordí y segundos después junté mis labios con los tuyos, eran suaves, muy dulces y tímidos, el beso fue pausado, tratando de memorizar cada movimiento. Sentí tu lengua adentrarse en mi boca, enseguida correspondí a eso, el beso se tornó desenfrenado, nuestras lenguas jugaban desesperadas, las respiraciones se aceleraron al máximo, y me estremecí varias veces al sentir tus dientes atrapando mi labio inferior.
Mis manos no aguantaron un segundo más, se adentraron entre tu blusa y recorrí tu espalda, me fui acercando lentamente hacia tus nalgas, las apreté y te atraje hacia mí, de tu boca escapó un jadeo y me abrazaste con mas fuerza, te tomé del brazo y te llevé hacia la recámara, rápidamente me deshice de tu blusa, desabroché tu sostén y aquellos deliciosos senos quedaron a mi merced.
Te acostaste a lo largo de la cama, deslicé mi blusa por mis brazos y me hinqué sobre el colchón, jalé lentamente tu falda y tú optaste por quitártela completamente, ahora tu cuerpo era sólo cubierto por una tanga color negro. Me coloqué encima de ti, me acerqué a tu boca y te besé por unos cuantos segundos, después te fui regalando besos en tu mejilla hasta llegar a tu oído, te susurré cuanto te deseaba y mordí suavemente el lóbulo de tu oreja, después me dispuse a probar tu cuello, lo besaba, lo lamía y lo mordía con desesperación, de tu boca escapaban gemidos que me anunciaban lo mucho que te estaba gustando aquello.
Pronto llegué a tus pechos, que me pedían a gritos ser complacidos, tus pezones estaban ya erectos y expectantes a la llegada de mi boca, mis dientes atraparon tu pezón, lo lamia mientras mi mano se encargaba de jugar con tu otro seno, el cual apretaba con suavidad. Me encantaba el sabor de tu piel. Posé mi pierna entre las tuyas y sentí como poco a poco restregabas tu sexo contra ella, moviéndote circularmente. Yo seguía ocupada con tus senos pues de verdad estaba encantada con ellos, su suavidad y sabor eran indescriptibles. Mi mano se internó entre tu tanga y pude sentir aquella suavidad de tu sexo, pronto inundaste mis dedos con tus jugos, comencé a estimularte con rapidez, tus caderas se movían al ritmo de mis dedos, tu abdomen se contraía y tu respiración se entrecortaba ante aquella sensación. Ahora mis dedos te penetraban con avidez, tus gemidos ya se habían transformado en grititos que acallé algunas veces con mis labios. Podía sentir tus jadeos en mi oreja, tu lengua lamía mi cuello y tus dientes varias veces me proporcionaron mordidas que me descontrolaban.
Ahora tú habías tomado mi mano y guiabas aquella penetración a tu gusto, estabas hirviendo por dentro, era una delicia estar internada en ti. Sentí como aceleraste con rapidez el movimiento de mis dedos, tus gritos eran cada vez más intensos “Me voy a venir” susurraste con dificultad, sonreí y comencé a besarte, lamía tus labios y acariciaba tus senos con mayor deseo, me acerqué a tu oído y te susurré “Así hermosa, déjame sentirlo” no bastaron unos momentos para que arquearas bruscamente tu espalda, tu mano dejó de tomar la mía pero no dejé de penetrarte, acariciaba todo tu sexo, tus labios, tu clítoris “Ah… ah… ¡Sí!” comenzaste a convulsionar y gritaste fuertemente, mis dedos se inundaron de tus jugos.
Me quedé unos momentos sobre ti, con los ojos cerrados y escuchando solo tu respiración y tus suspiros, cuando abrí mis ojos me sonreías, te sonreí y te besé tiernamente. “Mas” te susurré, “¿Mas?” me dijiste un tanto confundida “Mas” repetí sonriéndote maliciosamente. Nuevamente besé tu cuello, volví a lamer tus senos pero fue sólo por unos segundos, me recorrí hacia atrás y tenía ante mi rostro tus muslos, mis manos se deslizaron lentamente por tus piernas, recorriéndolas todas, comencé a lamer tus muslos, a morderlos con suavidad y como si fuera en cámara lenta, mis manos te despojaron de tu húmeda tanga. No pude evitar pasear mi lengua entre mis labios al observar tu sexo, -Esto sí, que es una delicia- pensé. Cuando sentiste mi rostro internarse entre tu entrepierna solo escuché un entrecortado “Oh… Dios” escapar de tus labios. Mi lengua empezó a lamer tu sexo, me encontré con tu ya erecto clítoris y juguetee con el, lo chupaba y mordía repetidamente, sintiendo como te contraías. Después de algunos minutos de estar estimulándote mi lengua te penetró, un intenso gemido escapó de tu boca, tus manos se internaron entre mis cabellos y los jalaste suavemente, te penetraba cada vez más rápido, uno de mis dedos comenzó a estimular tu clítoris y mi otra mano se dirigió a uno de tus senos, tomaste esa mano y la llevaste a tu boca, para lamer lujuriosamente mi dedo índice. Apretabas cada vez más mi cabeza contra tu sexo, yo no hacia más que penetrarte rápida y hábilmente, mis movimientos eran circulares y mi lengua se regocijaba con el sabor de tu sexo. Tus caderas se movían desesperadamente, tus gemidos se entrecortaban y solo alcanzaba escuchar “Ah… ah” sin parar, te penetraba lenta y rápidamente, mis manos se dirigieron a tus piernas, te levanté levemente y pude apretar tus nalgas, sintiendo como mi lengua se internaba con mayor profundidad.
-Sí, Dany… sigue, no pares, así –esas palabras me descontrolaron, pues a mi me mataba que pronunciaran mi nombre.
Y como si hubieses leído mi mente susurraste nuevamente -Dany… Dany… que delicia cabrona – Estaba al borde de la excitación, aquella sensual voz de la que eras dueña me derretía, pero escucharte gemir de esa manera me mató.
Con más profundidad y rapidez mi lengua te penetró, mis manos se entretuvieron en tus senos los cuales apretaba con pasión, varios minutos pasaron, ahora no solo te penetraba, si no que también jugaba con tu clítoris por ratos “Me vas hacer venir Dany” aceleré mis movimientos, tus caderas seguían el ritmo, “Me voy a venir Dany” y tras unos momentos, sentí nuevamente como te tensaste, dejaste de moverte y gritaste aun más fuerte que la última vez, mi lengua se regocijó ante tu néctar.
Un tanto cansada me recosté a tu lado, te abracé y me regalaste tiernamente un beso en mis labios, te sonreí y cerré mis ojos, sentí como tu mano juguetona se acercó hacia uno de mis senos, entre abrí los ojos y me sonreíste, me acosté boca arriba y te montaste sobre mí, me besaste y nuestras lenguas jugaron unos momentos, después fuiste desplazándote hacia abajo proporcionándome mordiditas en el cuello que poco a poco fueron calentándome, me pediste que me levantara tantito y así lo hice, desabrochaste mi bra, lo deslizaste por mis brazos y lo lanzaste coquetamente a algún lugar de la recámara. Jugaste un momento con mis labios, tus dedos se deslizaban y no dudé en lamer uno de ellos sensualmente. Tu lengua lamía una y otra vez mis senos, todo mi ser se estremecía al sentir tus dientes mordiendo mis pezones, pronto comencé a jadear por aquellas sensaciones, tus manos apretaban de manera deliciosa mis pechos y no podía evitar soltar un gemido a cada caricia tuya. Deslizaste mi pantalón por mis piernas, una de tus manos se internó en mi entrepierna y lograste estremecer todo mi ser al sentir tus caricias en mi sexo, me estimulabas muy intensamente, mi pecho se levantaba y contraía cada vez más, al sentir tus dedos internarse en mí me hiciste soltar un fuerte gemido, comenzaste a penetrarme con rapidez, yo movía mis caderas al ritmo que tu escogías, me besabas con desenfreno y acariciabas mis senos cada vez con más habilidad, logrando tocar las fibras más escondidas de mí cuerpo.
Varias veces sentí tu sexo rozar con mis muslos, lo notaste y me miraste, yo sólo te sonreí y te tomé de las caderas, te coloqué justo encima de mí y el primer roce de tu sexo con el mío me llevó a la gloria, comencé a moverte de arriba hacia abajo, las dos disfrutábamos tremendamente y nuestros gemidos se mezclaban formando una misma melodía, el roce era cada vez más profundo, mas intenso y mas rápido, no dejabas de susurrarme cosas al oído que me enloquecían, tu voz parecía transformarse. Te movías con tal maestría que sentía venir un orgasmo tras otro.
-Dios Mío… Que… que rico te mueves… Andrea- no parabas de besarme, de sonreírme, de acariciar mi cuerpo.
Tras varios minutos, sentí que venia algo mayor, un placer inmenso estaba a punto de embriagarme, mis gemidos se tornaron más intensos “Hermosa, sigue… sigue… ya casi” te dije entre jadeos, el movimiento se hizo mucho más rápido, más profundo, y tras unos segundos no pude aguantar más, cerré los ojos, aquel placer comenzó a paralizar cada parte de mi cuerpo, grité levemente, me levanté un poco y jalé con agresividad las sábanas de la cama, me sentí en el cielo, era algo tan delicioso que embriagó mi cuerpo y mi mente, sentí mis muslos humedecerse por aquella explosión y presa por aquel placer me desplomé en la cama.
Me desperté bruscamente, mi respiración estaba a tope y varias gotas de sudor resbalan por mi cabeza, me senté y miré desconcertadamente hacia todas partes, los rayos de luz se escapaban entre las rendijas de la persiana y me deslumbraban, quité las cobijas y me di cuenta que estaba totalmente húmeda, de repente caí en cuenta que todo había sido un sueño. Me recosté nuevamente, estiré mis brazos y sonreí.
- Hasta en mis sueños te metiste, 'nche Andrea –me dije- Acaricié mi cabeza y suspiré –Esto no lo voy a olvidar jamás… -
Este relato está especialmente dedicado a la forista AndreaTraviesa, quien, junto conmigo, fue protagonista de este sueño.