PDA

View Full Version : El sueño de mi amiga sexual


MachoMann
24-06 2008, 06:45 PM
Transcribo lo que me contó mi amiga sexual:

Era viernes de noche, te encontrabas en tus oficinas. Ya no había nadie, te habías quedado a terminar unos informes. De pronto recibes un aviso del vigilante, comunicándote que había un inspector del Ministerio de trabajo en la puerta, quería ingresar para verificar el cumplimiento de algunas normas laborales, a pesar de habérsele indicado que sólo estabas tú, insistía en entrevistarte. Que sólo eran unas preguntas y que no tomaría mucho tiempo.

Accediste para no tener mayor complicación y pudieras terminar con tu trabajo. Se le permitió ingresar sin la compañía del vigilante, pues el vigilante no podía dejar sola la portería. Además consideró que no representaba ningún peligro para las instalaciones.

Pensabas que era un caballero a quien se refería el vigilante, grande fue tu sorpresa cuando viste ingresar una señorita con la vestimenta propia de los inspectores de trabajo (en las mujeres: falda y saco azul, blusa blanca y tacones negros; cabello recogido) acompañaban a su vestimenta un delgado portafolio, lentes y un fotochek el cual la identificaba como inspectora de trabajo.

Al verla me identificaste, además mi nombre en el fotochek ratificó tus sospechas.

¿Rosa?, -me dijiste - pensando que se trataba de una broma. Si, - respondí - mientras me acercaba a tu lado y estiré el brazo para darte la mano y saludarte, pues te habías levantado de tu asiento. Mucho gusto señor Jiménez, - agregué en una actitud muy seria -, el vigilante me dio su nombre, permítame presentarme, Rosa Espejo inspectora de trabajo, necesito hacerle algunas preguntas puntuales, es simplemente procedimiento de rutina del Ministerio de Trabajo. Nada de que preocuparse.

Aún dudando y creyendo que en realidad se trataba de una broma, me invitaste a tomar asiento. Mientras te sentabas observabas detenidamente como sacaba de mi portafolio un tablero con un cuestionario de preguntas y un lapicero con el cual anotar las respuestas.

Estaba sentada frente a ti, manteniendo una actitud muy sería, te leía las preguntas... y escuchaba tus respuestas mirándote directo a los ojos. Anotándolas en el cuestionario que tenía en el tablero que sostenía con el brazo.

Al escuchar las preguntas y ver el procedimiento aplicado, notaste que no era una broma. Ya esta bien, pensaste, pero acaso no me recuerda me trata como si no me conociera.

Al notar que el cuestionario llegaba a su última hoja, sabías que tendría que irme y que tal vez no me verías más, pues no recordabas cuando había sido la última vez que estuvimos juntos. Sólo recordabas que me habías hecho tu mujer y no ibas a dejar pasar una oportunidad como esta para tenerme una vez más.

Eso sería todo señor, ha sido muy amable en brindarme su tiempo - te dije -, sólo necesito que firme el acta aquí debajo donde dice trabajador. Sin darme cuenta al levantarme e inclinarme para poner el documento en tu escritorio frente a ti, el escote de mi blusa te permitió ver mi busto. Al verlos recordaste como mis pezones reaccionaban a tus caricias y como te invitaban a que los mordisquees.

Firme abajo señor, repliqué al ver que por unos segundos sólo sostenías el lapicero sobre la hoja manteniendo una mirada perdida.
Si... si... es sólo que necesito leerlo primero antes de firmar, respondiste. Mientras leías calmadamente para hacer tiempo y pensar como hacer para refrescarme la memoria e invitarme a pasar la noche juntos sin que la proposición me ofendiera, pues ahora estabas sólo.
Pero tenías la mente en blanco, mi actitud tan seria te hacia pensar que sufría de lagunas mentales o simplemente no quería saber nada de ti. Y la verdad era que no querías arriesgarte...

Firmaste el documento sin mayor reparo. Entregándome sólo el original, pues la copia se quedaba contigo. No dejabas de observarme mientras guardaba mis cosas en el portafolio. Procedo a retirarme Sr. Jiménez ha sido muy amable, te decía mientras me levantaba.

Estiré el brazo para estrechar tu mano una vez más y retirarme, no querías despedirte con la mano sino con un beso en la mejilla. Así que te levantaste y acercándote a mí me dijiste:-creo que podemos despedirnos como dos amigos y no como dos desconocidos.

Ya a mi lado y tocando mi hombro derecho me diste un beso en la mejilla izquierda. Fue un beso muy dulce y tierno, entregado de forma tal que estremecería a cualquiera. Inmuté ante tanta delicadeza y ternura entregada en tan sólo un beso. La firmeza de tu mano en mi hombro me hizo saber la determinación de tu carácter, pero también la delicadeza que tienes cuando se trata de tocar a una mujer. Sentí lo suave y carnosos que son tus labios, notando que temblabas ligeramente y tus nervios se evidenciaban en tu respiración. Cerré los ojos por instinto, estremeciendo por un par de segundos. Lo que te dio seguridad en lo que querías proponerme. Aún pegadito a mí, cuando aún tus labios rozaban mi piel, acariciaste mi cabello con tu mano derecha y susurrándome al oído me dijiste: ¿Rosa... en verdad no me recuerdas?

No podía ser indiferente ante tanta sutileza. Por más que intentaba no lograba recordarte. A pesar de ello quería que no te detengas, pero tenía que guardar la formalidad del caso, así que me alejé un poco y muy amablemente te respondí: Disculpe mi indiferencia Sr. Jiménez, por un golpe en la cabeza en un accidente sufrido hace unos meses perdí algunos episodios de mí pasado en mi memoria, acaso lo conocí antes.

Fue cuando comprendiste mi actitud. A pesar de ello no querías desistir de poseerme. Noté que ligeramente cierta tristeza se manifestaba en tu rostro al saber que el accidente había borrado todo recuerdo tuyo en mi mente.

Me explicaste algunas cosas, la verdad que no abundaste en detalles, pero al verme tan ajena a todo lo que me contabas, tu rostro evidenciaba que no lograrías convencerme de estar contigo, al menos no esa noche...

Miraste tu reloj y al ver la hora notaste que no lograrías nada a esas alturas de la noche... Tus comentarios hacían ver que eran los últimos y que no insistirías con el tema. Apoyándote en el escritorio que estaba detrás de ti ya ni siquiera podías verme. Solo tratabas de terminar de contarme siendo amable. Podía ver tu resignación.
Simplemente me dejarías ir...


Al verte apoyado en el escritorio casi sin argumentos que darme. Supe que no habíamos sido simplemente amigos... Sin palabra alguna simplemente me acerqué a ti y te besé. Me estrechaste como agradeciendo lo que había hecho. Podías sentir mis pechos al estar tan pegadita a ti. También sentía lo excitado que estabas por estrecharme después de tanto tiempo. Mientras me besabas me sacaste el saco y lo dejaste sobre el escritorio. Sabías que me gusta escuchar tu voz… así que me dijiste algunas cosas para excitarme. Pero sabías que no podría resistirme ante tus caricias. Muy suavemente retiraste la blusa de mi falda. Logrando introducir tus manos bajo mi blusa, no querías ponerme nerviosa. Acariciaste mi espalda con una mano mientras que con la otra me acariciabas el rostro.

Al sentir tus manos vinieron a mi mente todos los episodios vividos contigo. Abrí los ojos y te dije: ¿Juan, eres tú?. Si chiquita, me respondiste. No lo pensé dos veces, quería poseerte en ese momento y en ese lugar.

Traía puesto un porta ligas y un sostén de esos que se abren por adelante así que desabotone mi blusa y mi sostén para que besaras mis pechos, pues recordaba claramente lo mucho que me gustaba que hicieras eso. Cada vez estábamos más y más excitados. No queríamos parar. Tus manos cada vez iban más y más lejos. Deje que acariciaras mis caderas por debajo de mi falda. Notaste que traía puesto un portaligas y un hilo dental no aguantaste más...

Subiéndome la falda, me cargaste y me sentaste sobre el escritorio de tu oficina. Me palpaste para ver que tan lubricada estaba. Había lubricado a más no poder... me introdujiste un dedo... y gemí de placer. ¡Hazme tuya Juan!, - exalté -, Aquí... y ahora -agregué mirándote a los ojos-. Bajaste tus pantalones y tus interiores, dejándome admirar tu riquísimo miembro erecto. Me estrechaste nuevamente y haciendo a un lado mi ropa interior me penetraste, muy lentamente al principio para no lastimarle pero cada vez más y más rápido, haciendo que con cada penetración lubricara más y más. Quería moverme, pero por estar sentada en el escritorio no podía hacerlo. Déjame hacerlo a mi esta vez, me decías, déjame darte placer, insistías... Sólo atiné a envolver tus caderas con mis piernas. No podía creer tanto placer recorriendo mi cuerpo, quería morderte… Gemía… Lo que te excitaba más aún, me retorcía de placer…con un brazo te abrazaba y con la otra mano me apoyaba en el escritorio. Sin querer bote algunas cosas que tenías sobre el escritorio. Poco te importó mi torpeza. Ni nos importó el lugar donde estábamos, sólo nos entregamos a la pasión que nos consumía. Tú besabas mis pechos, también te apoyabas con una mano en el escritorio y con la otra me cogías de la cadera. Rosita… nena… que rica eres, me decías, mientras seguías y seguías penetrándome…

Pero yo quería moverme, déjame montarte Juan, insistía. Lograste quitarte totalmente tus pantalones que estaban a la altura de tus tobillos. Me llevaste hasta tu sillón. Donde te sentaste y yo me senté encima de ti. Los segundos sin sentir tu miembro en mí para cambiarnos de lugar me parecieron una eternidad, volver a sentir tu miembro luego de esos segundos me excitó como nunca me había pasado. Tú acariciabas mis piernas y mis caderas, te abracé muy fuertemente y me moví sin descanso rebotando una y otra vez sobre ti. Hasta que juntos logramos tener un orgasmo.

No recuerdo más de mi sueño...

mackybaloo
14-07 2008, 12:02 PM
Ese sueño fue de lo mas húmedo posible, es un buen relato, en un principio es como una clásica fornicada en la oficina con alguna compañera, pero de repente me percato que se trata de una historia hasta cierto punto conmovedora, que culmina en el reencuentro y satisfacción de dos enamorados separados por una tragedia.
Te felicito buen relato
:)

orionjl
17-07 2008, 11:51 AM
realmente fue un sueño muy bueno