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View Full Version : Mi primera experiencia


Minnie
18-03 2008, 03:43 PM
No había cumplido todavía los... digamos que fue hace tiempo, en la prepa. Tenía un culito redondo y respingón que hacía las delicias de mis compañeros de clase y, sobre todo, de mis profesores. Mis pezones se habían redondeado y, erguidos, se mostraban sin reparos a todo aquél que quisiera mirarlos.

Mi madre, consciente de ello, se empeñaba en comprarme sujetadores que disimularan la eclosión de aquellos dulces botones que pugnaban por salir a través de mis camisetas, mientras a mí me producía un placer infinito saber que eran admirados y deseados. Mi profesor de física era uno de aquellos admiradores.

Cada mañana me hacía salir a la pizarra. Era un rito establecido entre él y yo. No eran necesarias las palabras. Sentía su deseo en la mirada. Mientras yo, condescendiente y satisfecha, le ofrecía aquello que más deseaba. Habíamos establecido un juego sin palabras. Si estaba de espaldas sentía su mirada, que ardiente se posaba en mis piernas, recorriéndolas lentamente hasta detenerse en el borde de la falda. Una llamarada de deseo encendía mis mejillas cuando sus ojos se detenían sobre mi culo y, entonces, enderezaba mi espalda, levantaba mis nalgas y separaba ligeramente los muslos mientras escribía las fórmulas en la pizarra. Sabía en todo momento el efecto que aquel ejercicio provocaba en él.

Una vez más había equivocado la fórmula, entonces se acercaba a mí por detrás para corregir mi error y, mientras escribía en la pizarra, sentía su agitada respiración sobre la nuca y el calor que transmitía su cuerpo cargado de deseo. Los dos disfrutábamos de aquel endemoniado juego.

Una mañana, después de terminar mi ejercicio en la pizarra, me pidió que me acercara a su mesa. Quería explicarme algo sobre mis ejercicios del cuaderno. Me aproximé a él colocándome a su derecha. Su mano empezó a recorrer la línea que separa mis muslos con un movimiento de arriba abajo produciendo en mí un escalofrío de placer. Se había detenido casi al final. Pero pronto avanzó un poco más hasta descubrir que no había ningún obstáculo en su camino. Pareció feliz del hallazgo y lo mostró claramente a todos diciendo en voz alta: “Bien, me gusta como haces las cosas”. Para entonces la humedad de mi sexo era evidente. Continuó repasando los ejercicios mientras sus dedos buscaban con ansiedad mis entradas más íntimas. Separé ligeramente los muslos para facilitarle el camino. Me erguí y mis nalgas se separaron deseosas de recibir a aquel delicioso huésped. Mis mejillas ardían, miré a mis compañeros pensando que mi rubor me delataba, pero no pasaba nada. Sus dedos habían entrado con suavidad allí donde nunca imaginé que entrarían. Me gustaba, era algo nuevo para mí. Hice un ligero movimiento de aprobación y sus dedos entraron aún más. “La clase ha terminado, pueden salir” y todos se levantaron de sus sillas con rapidez.

Entonces pregunto: “¿Nunca llevas ropa interior?”. No contesté. Pareció satisfecho y sus dedos continuaron trabajando en mi interior mientras con su otra mano desabrochaba su pantalón. Hizo que me volviera para mirarlo. Estaba asustada. Mis orificios eran demasiado pequeños para albergar semejante verga. Parecía orgulloso de ella y sonriendo me dijo: “Tranquila, entrará donde yo quiera. Es cuestión de pericia”. Y levantándome en vilo me colocó sobre la mesa. Uno a uno fue desabrochando los botones de mi camisa, mientras murmuraba: “Cada mañana he deseado tener estos pezoncitos redondos entre mis dedos”. “Cada mañana he adivinado como se erguían mientras los miraba”. “Cada mañana, he tenido que salir de la clase para masturbarme mientras pensaba en ellos y en tu precioso culito sin estrenar”. Retiró la blusa suavemente y sus dedos rozaron la punta de mis pezones que, agradecidos, se levantaron. Los observaba embelesado: “No hay mayor placer que ver como se endurecen tus pezones cuando los toco” “Estás muy excitada, tu coñito está completamente húmedo y tu culito también”. “¿Te gusta?”. No pude responder porque su lengua se hundió en mi boca buscando el placer con desesperación. Yo dejaba que hiciera. Al fin y al cabo era mi primera vez. Tenía que observar las reacciones de mi cuerpo y disfrutar de aquel placer que me embargaba produciendo temblores en todos los músculos de mi cuerpo.

Besaba mi cuello, mi escote, mis pezones… se detenía en uno de ellos y lo succionaba con fuerza… entonces mi espalda se arqueaba y mi pelvis se levantaba buscando un mayor contacto. Me gustaba la succión, me gustaba la fuerza con que hacía aquello, así que sujeté su cabeza indicándole que deseaba más. “Eres una putita deliciosa, me pones muy caliente, te voy a follar sin parar, te la voy a meter por todos los agujeros, me la vas a mamar despacio y dejaré que mi leche caiga sobre tus tetitas deliciosas para luego chuparlas una vez más…” Con un movimiento de su mano, volvió a separar mis muslos mientras succionaba con fuerza mi otro pezón. Sus dedos humedecidos por mis fluidos vaginales empujaban para adentrarse en mi orificio secreto. Nunca había imaginado que el placer tuviera tantos caminos diferentes y estaba dispuesta a experimentarlos todos.

Con sus manos había juntado mis tetas y ahora succionaba ambos pezones a la vez, el placer era indescriptible y decidí ayudarle acariciando mi clítoris de arriba abajo y marcándole el ritmo de mi placer. No había tenido ninguna experiencia con el sexo, pero sí conocía el placer que proporcionaba la ducha o mis dedos en determinados puntos de mi cuerpo. Se detuvo y me observó detenidamente. “Me gusta ver como te masturbas, ahora quiero que metas tus deditos en tus agujeros mientras me miras”. Una oleada de calor subió a mi cara y empecé a sentir que estaba a las puertas de un orgasmo. Aceleré el ritmo de mis dedos sobre el clítoris mientras él observaba cada una de mis reacciones, cogió mi otra mano y la guió despacio hasta mi entrada anal: “Acaricia también tu ano, sentirás un placer especial, intenta introducir tus dedos dentro, muévelos despacio y se abrirá para recibirlos”. Cuanta razón tenía, apenas había rozado el pequeño círculo y ya podía comprobar el efecto, no era posible tanto placer, mis dedos empujaron suavemente una y otra vez hasta que la pequeña cueva secreta abrió su puerta para colmar mi placer. Enseguida pude sentir los dedos del profesor junto a los míos intentando participar de aquel banquete, masajeaba suavemente sin dejar de empujar, poco a poco la presión de sus dedos era mayor, dos, tres y fueron entrando en mi descubriéndome placeres que desconocía. Acercándose a mi oído susurró: “Eres muy joven para ser tan puta” “Me excita mucho ver como disfrutas? ¿Quieres un poco más? “Si, si, si, quiero más” le respondí jadeando de placer.

Se puso de pie y colocando mis piernas alrededor de su cuello levantó su verga y la dirigió hacia mi entrada anal empujando con fuerza hasta penetrarme. Un grito de dolor escapó de mi garganta, pero no se detuvo empujó una y otra vez entrando y saliendo... una y otra vez... Observaba sus movimientos mientras yo acariciaba mi clítoris al ritmo de sus entradas. “Estás a punto de correrte ¿verdad?”, ¿Te duele? Pero no dije nada, no podía hablar, mis jadeos y mi respiración se habían acelerado, sentía que el mundo giraba a mí alrededor vertiginosamente y entonces… todos mis músculos se tensaron para recibir el inmenso placer, el indescriptible placer de uno de los orgasmos más espectaculares que jamás hubiera imaginado. Una mano sobre mi boca ahogó mis gritos, mientras su verga, preparada para un nuevo ataque empujaba con fuerza para penetrar en mi vagina. “¿Es tu primera vez?” pregunto, “Sí” le respondí con voz trémula. “Tranquila”, me dijo “a las putitas como tú les gusta el dolor” Y empujó de nuevo levantando mi pelvis al mismo tiempo. Uno, dos y tres intentos fueron suficientes… mi garganta se desagarró en un alarido, aquella verga imponente estaba alojada en mí y se movía entrando y saliendo y provocando en mí cuerpo un sinfín de sensaciones imposibles de describir. Empujaba con fuerza dentro de mí una y otra vez, acelerando el camino para un nuevo orgasmo cuando de pronto se detuvo y abriendo uno de los cajones de la mesa sacó un aparato de considerable tamaño que semejaba un pene en erección y, acercándolo a mi boca, dijo: “Lámelo, mójalo con tu saliva”. Obedecí sin imaginar que me esperaba. Su verga, dura y mojada, había salido de mi vagina y ahora masajeaba mi entrada anal con la intención de abrirla, introdujo sus dedos y pronto mi orificio aceptó la entrada de aquel aparato un poco extraño que, inmediatamente, comenzó a producir dentro de mi ano sensaciones jamás imaginadas. Un grito de placer se ahogó en mi garganta. Temía que alguien entrara en la clase, pero no podía permitirme pensar en nada porque una nueva oleada de calor invadió mi cuerpo produciendo estertores que no podía controlar. Observaba cada movimiento de mi cuerpo y en su cara era posible observar el placer que le producía tenerme a su entera disposición.

Ahora con su verga intentaba penetrar mi coño. Una y otra vez empujó para conseguirlo. Estaba un poco asustada. “No quiero” le dije… pero él empujó de nuevo, una y otra vez. Era difícil, mi ano estaba completamente ocupado por aquel aparato que se movía dentro de mí sin control y sentía que mi coñito, pequeño y estrecho, apenas sin estrenar, no tendría capacidad para recibir aquella enorme verga, pero él empujaba de nuevo sujetándome con fuerza por la cintura y empujando con desesperación. Ahora lo había conseguido, estaba dentro, sentía que todo estallaba a mí alrededor, volví a gritar y él acalló mis gritos tapando mi boca con su mano. Para entonces no podía distinguir la barrera que separa el dolor del placer y la estremecedora sensación de un nuevo orgasmo, hizo vibrar mi cuerpo hasta dejarlo sumido en la inconsciencia. Me había corrido una vez más y él, satisfecho de su hazaña, hundió su cabeza en mi sexo para lamer con deleite los dulces fluidos que contenía.

Una voz al otro lado de la puerta nos hizo regresar a la realidad. Era una voz femenina y creí reconocer en ella a mi compañera de clase. El profesor no se inmutó y yo permanecí en silencio esperando el desenlace de la situación. Rosalba estaba allí y nosotros también. No parecía sorprendida. Yo permanecía acostada sobre la mesa y con las piernas abiertas. Mi ano albergaba aún aquel instrumento de placer que para mí era desconocido hasta entonces. Se acercó a nosotros y sin decir una palabra se arrodilló y comenzó a lamer la verga del profesor con tal pericia y velocidad que sus gemidos de placer comenzaron a ser un peligro para los tres. Pronto su verga alcanzó las dimensiones deseadas y separando su boca de la verga la asió con fuerza envolviéndola en su mano que ágil bajaba y subía sin dejar de masturbarla.

“Cariño” dijo ella, dirigiéndose a mí: “yo también quiero jugar contigo…” e inclinándose sobre mi sexo comenzó a lamerlo con delicadeza hasta detenerse en ese punto mágico que era capaz de detener mi respiración. Me gustaba como lo hacía y levanté mi pelvis pidiendo más… lo comprendió rápidamente. Buscó mi clítoris hinchado de placer y sujetándolo con fuerza entre sus labios, inició una succión que me hizo gritar de gozo una vez más. Sus dedos habían entrado en mi coño y hábilmente trabajaban buscando el punto de satisfacción más deseado. Un nuevo orgasmo amenazaba con llegar enrojeciendo mis mejillas y haciéndome temblar como una hoja, ella seguía lamiendo sin detenerse. Conocía perfectamente cuál era el ritmo necesario, su lengua tibia y húmeda era como la prolongación de mis dedos. Presionaba sobre mi clítoris y lo chupaba con fuerza, aleteando sobre él con la punta de su lengua. Mi respiración se aceleró aún más, mi corazón estaba a punto de reventar, pero no quería correrme todavía, necesitaba disfrutar de la antesala del placer que me ofrecía su lengua juguetona. Ella también estaba a punto de alcanzar un orgasmo, su ritmo frenético sobre mi sexo nos llevaba a las dos por el mismo camino. Deteniéndose un momento hizo un gesto al profesor que, en silencio, observaba nuestros juegos con mirada de deseo.

Rosalba había levantado la falda de su uniforme y le ofrecía sin recato su generoso culo, separando sus nalgas con las manos y abriendo sus piernas sin ningún pudor. Aquello me sorprendió gratamente. Parecía muy cómoda en aquella situación e, inclinándose sobre mí clítoris, de nuevo comenzó a mordisquearlo y a lamerlo otra vez mientras el profesor la penetraba por detrás con fuerza. Dio un grito y comenzó a mover su pelvis sin dejar de lamer mi clítoris. El profesor entraba y salía de su culo mientras ella, entre suspiros y gemidos de dolor y placer, se aproximaba al orgasmo. Sentía que todo giraba a mí alrededor. Quería participar activamente y traté de erguirme sobre la mesa para dejar que ellos disfrutaran. Estaba de pie detrás del profesor y observaba sus movimientos de entrada y salida, Rosalba se acariciaba los pezones que, con el movimiento, habían escapado de su blusa. Mis dedos se acercaron con timidez al coño húmedo de mi amiga y empezaron a hurgar, con curiosidad, aquella cueva húmeda y caliente. Me gustaba aquel contacto, siempre había sentido una atracción especial por ella y me preguntaba si ella sentía lo mismo que yo. Me gustaba el placer de rozar su clítoris con mis dedos. No podía verlo, pero me gustaba aquella humedad ligeramente pegajosa cuyo olor erizaba mis vellos. Me acerqué aún más y observé también el culo del profesor... tenía otra mano, por qué no utilizarla con él.

Él respiraba con dificultad, su boca entreabierta era perfecta para humedecer mis dedos. No podría entrar en su ano sin algo de humedad. Me agaché y separé sus nalgas pasando mis dedos húmedos entre ambas. Bajé con los dedos hasta acariciar sus testículos y separé con delicadeza sus piernas. Rosalba gritaba de placer mientras yo, al borde de un nuevo orgasmo, lamía mis dedos de nuevo y pasito a pasito los iba introduciendo en el ano del profesor. Alguien me había dicho que a algunos hombres les gustaba ser penetrados, y por qué no probar con él?

Me agaché y separé sus nalgas, hundiendo mi lengua en ese oscuro lugar del placer que muchos hombres desechan. Rápidamente pude comprobar que le agradaba el contacto de mi lengua en su ano, lo lamía con placer, hundía mi lengua en su agujero una y otra vez. “Sí, sí, si…” me dijo con voz entrecortada. No esperé un segundo más e introduje mis dedos en mi coño, estaba húmedo y la leche de su corrida anterior chorreaba por mis piernas. Mojé bien mis dedos y los introduje en el ano del profesor arrancándole un grito de placer. Parecía que no era suficiente, así que recordé el extraordinario aparato que había estrenado mi delicada puerta trasera y humedeciéndolo dentro de mi coño intenté introducirlo en su ano. No ofreció demasiada resistencia y penetró hasta el fondo. Ellos al borde del éxtasis comenzaron a moverse frenéticamente, me acerqué a ella y comencé a chupar su clítoris, me pidió que lo succionara como ella había hecho conmigo y lo hice con gusto, estaba muy caliente, húmedo e hinchado. Mis dedos se aventuraron de nuevo dentro de su coño empapado y subieron hasta encontrar ese preciado punto de placer que permite a las mujeres eyacular sin remedio. Estaba chorreando, su clítoris se había levantado y ahora era necesario un poco más de ritmo sobre él. Retiré el capuchón de su glande y comencé a succionarlo con fuerza. Sus gritos de placer me indicaron la inminencia de un orgasmo. Chupaba con fuerza mientras el profesor empujaba una y otra vez la verga dentro de su culo. Una inmensa sensación placentera empezaba a envolver mi cuerpo, mi mente empezó a nublarse mientras intentaba mantener el ritmo de succión sobre aquel clítoris. Aquel dulce contacto me estaba excitando hasta el punto de hacerme alcanzar esa deliciosa sensación del orgasmo. Muy pronto sus gritos de placer se unieron a los míos y todos quedamos sumidos en el silencio, tan solo roto por la agitación de nuestras respiraciones.

Un ruido seco nos alertó, la puerta de la clase se abrió de golpe. El director del colegio no podía imaginar lo que sus ojos veían. Una de sus alumnas inclinada sobre la mesa era penetrada por el profesor de física mientras, debajo de la mesa, otra de sus alumnas lamía con placer el coño de su compañera. No dijo una sola palabra. Parecía dispuesto a salir y nos detuvimos unos instantes. Pero lo había pensado mejor, por qué iba a desperdiciar una ocasión como esta? Entró de nuevo en la clase y, acercándose a nosotros, comenzó a masturbarse mientras nos observaba. En pocos minutos su verga estaba erguida como un asta, se acercó a mí y levantándome del suelo, comenzó a lamer mis pezones mientras sus manos recorrían lentamente mis muslos, asomándose tímidamente al balcón de mi placer más intenso. Sus dedos subían lentamente y se detenían un poco antes de llegar a mi vulva rodeándola sin rozarla apenas. Era una sensación desgarradora y excitante.

Mientras tanto el profesor había colocado a Rosalba sobre la mesa y separado sus piernas para dejar al descubierto su delicioso manjar. Lamía su vientre desde el ombligo y bajaba peligrosamente hacia su abertura vaginal que esperaba, ansiosa, la llegada de las caricias. Sus pezones estaban erguidos. Esta visión me excitó aún más. Me separé del director y me acerqué a Rosalba y, con la punta de los dedos, recorrí lentamente el círculo de aquellos pezones erguidos y oscuros. Inmediatamente un gemido de placer escapó de su garganta. Me incliné y comencé a lamerlos suavemente. “Chúpalos como chupabas mi clítoris”, estaba deseosa de hacerlo y aplicando mis labios con fuerza sobre uno de sus pezones empecé a succionarlo con fuerza.

El director nos observaba embelesado; pero enseguida reaccionó y, acercando su boca sedienta a su otro pezón, comenzó a succionarlo con desesperación. Rosalba gemía de placer, sus gritos podían escucharse en todo el colegio, de esto estoy segura. El profesor ahora lamía sus labios inferiores y separándolos buscaba la cumbre del placer. Su clítoris era delicioso, estaba dilatado y ansioso de ser succionado de nuevo. Ella facilitó el camino, con sus manos retiró los labios y abriéndolos le dijo: “Quiero que lo chupes como un helado, de arriba abajo y después detente en él y atrápalo entre tus labios con fuerza”. El profesor seguía sus instrucciones al pie de la letra. Su succión era fuerte y estoy segura que podía llegar a causar dolor, pero Rosalba lejos de quejarse, pedía más y más de cada uno de nosotros. Tal era el inmenso placer que ella transmitía que los cuatro alcanzamos de nuevo un orgasmo digno de pasar a la historia.

Estábamos exhaustos, pero el director apenas había disfrutado y no era cuestión de dejarlo abandonado a su suerte. Me acerqué a él y, tímidamente, empecé masturbarlo con mi mano mientras frotaba mis pezones contra su pecho. No me habían besado nunca de aquella manera tan especial. Nuestras lenguas iniciaron un dulce juego entrando y saliendo de nuestras bocas. Su verga pronto había alcanzado un considerable tamaño y se erguía entre los dos, produciendo en mí oleadas de placeres desconocidos hasta ese momento. Se había acercado hasta un sillón y se había sentado. Después, cogiendo mi cabeza entre sus manos la guió despacio hasta su verga, quería una mamada. Abrí mi boca y lentamente empecé a dar lamidas a aquella hermosa verga. Pronto mi saliva aumento su caudal podía introducirla entera en mi boca. Inicié un masaje con los labios apretados sobre ella mientras sus gemidos de placer y sus manos sobre mi cabeza indicaban el ritmo necesario.

Mis fluidos chorreaban por mis muslos cuando empecé a sentir las manos del profesor intentando encontrar mi delicado botón del placer. Continué con la mamada mientras con mis dedos acariciaba suavemente su entrada trasera. Estaba cerrada y parecía tensa. Me detuve un momento y acercando mis dedos a la boca de Rosalba los introduje dentro para que los chupara. Ahora, húmedos, harían mejor su trabajo. Volví a masajear suavemente su ano y, lentamente, empecé a sentir como se relajaba ante la delicada presión de mis dedos. Lo tenía, estaba abierto para mí. Hice una señal a Rosalba que, diligente, se acercó y tomando la verga del director entre sus labios empezó a mamarla con dedicación. Mis dedos habían entrado en la deliciosa cueva trasera. Los gemidos de placer del director nos excitaban a todos. Tres de mis dedos estaban dentro y entraban y salían de su culo, busqué con delicadeza su punto más sensible y muy pronto su reacción me hizo ver que lo había encontrado, levantando su pelvis sobre la silla dirigía el ritmo de la mamada de Rosalba. El silencio previo al orgasmo se hizo presente y, después de sus gemidos, pudimos ver con placer como el director llegaba al orgasmo, corriéndose dentro de la boca de Rosalba que, golosa y aplicada, no se detuvo hasta que la última gota estuvo en su garganta.

Y bien, no termina aquí esta historia. Rosalba y yo estudiábamos juntas muchas veces, por lo que nuestra relación de sexo y amistad continuó a lo largo de los años durante mucho tiempo.

Teníamos la costumbre de sentarnos juntas en la clase y en ocasiones su mano estaba debajo de mi falda trabajando sin descanso mientras el profesor, atento a nuestros movimientos, esperaba pacientemente para llamarnos a la pizarra.

Nos pedía que nos acercáramos a la mesa y con desesperación buscaba el signo infalible de nuestro acaloramiento: la humedad de nuestros sexos.


El director continuó llamándonos cada día a su despacho. Sabíamos que le excitaban nuestros juegos lésbicos. Nos acariciaba los pechos y nos metía la mano para comprobar nuestras humedades, después sentado en su sillón se masturbaba mientras miraba como nosotras lamíamos cada recóndito rincón de nuestros cuerpos hasta quedar exhaustas de placer.

milagro666
04-04 2008, 12:45 PM
Exitante me dieron ganas de tocarme

Imagine
04-04 2008, 03:13 PM
Muy buen relato, solo algunos detalles sobre el lenguaje utilizado; en algunos puntos usas un lenguaje buscado y otro uno bastante soes y común. Esto le dá a la historia ua cierta incosistencia además de que no hay una secuencia en algunas de las acciones de los personajes, es decir, pasas de una escena a otra sin justificación lo que lo hace parecer como una secuecia de una mala película porno pero, en general me gustó.

saludos....

darcec1
04-04 2008, 03:53 PM
Muy buen relato

Alessandro
04-04 2008, 06:54 PM
Me pareció un relato cargado de erotismo aunque en algunas ocasiones un poco fantasioso, pero la descripción de las situaciones es bastante cachonda.

Estoy de acuerdo con Imagine en el aspecto de la continuidad, ya que de momento saltas de una situación a otra desconcertando un poco porque hablas de ti o de tu amiga y de momento ya estas hablando del maestro.

En cuanto a la extensión, me pareció suficiente para narrar lo que querías, es decir, no faltó ni sobró. Espero que, aunque hay que pulir esos detalles, publiques proximamente otro, ya que en general me pareció interesante y bueno tu relato.

Un saludo y una felicitación para tí.

theoldman
04-04 2008, 10:07 PM
Me da la sensación que, a medida que desarrollabas la historia, la excitación te fue ganando. Tal vez por eso, el par de amigos que me precede, hacen referencia a ciertos detalles.
A mi me gustó, aunque extenso no decae en intensidad, tu narración hace que me ubique en el "lugar de los hechos", un mirón, bah!:p
Te felicito Minnie, espero por mas.
Un beso:)

Andariego
06-04 2008, 05:06 AM
Hola a todos.

Coincido en ello de lo extenso del relato. (Y miren que yo suelo ser de esos quienes relatan por kilómetro). En principio me pareció bastante verosímil el relato, escrito con un muy buen lenguaje, pero con el paso de los párrafos, comenzó a perder esa mágia y cayó en los terrenos del "no te creo". Nadie pone las manos al fuego por que un relato sea real o no; pero... al menos se trata de que sea creíble, y -desgraciadamente- éste relato pierde esa mágia, como por arte de mágia.

La escena donde ella está frente a la clase entera y el "profe" -de pronto "director"- me pareció bastante caliente y provocativa en principio; pero poco verosímil en el relato. Fue su mejor parte, pero echada de pronto al caño.

Minnie; fuera de toda esa basura que comento, me pareció excelente inicio tuyo. Ojalá que, lo que venga nuevamente de tí, tenga ese sabor maravilloso, pero cuidando esos detalles. Creeme que estaré muy gustoso de leerte. Continúa chica; que tus palabras obran cosas fuertes; solo checa esta clase de detalles.

Saludos a todos.

Minnie
06-04 2008, 03:44 PM
Gracias a todos por su interés... gracias por las críticas, tomaré buena nota de todas ellas, Muchas gracias por "soportar" pacientemente mis elucubraciones mentales.

No pretendo en absoluto ganar el Nobel de literatura. Simplemente me divierte escribir y para ser mi primera incursión en este tema tan caliente, no estoy del todo descontenta.

Escribir es dejar correr la imaginación y precisamente por esta razón los relatos no tienen por qué ser creíbles. ¿Qué hacemos entonces con la ciencia ficción?

Un saludo a todos

boonee
07-04 2008, 05:42 PM
muy buen relato aunque coincido con los comentarios que anteceden a este. En algunos casos distrajiste la atención del relato, hasta que lo volvias a retomar quiza pudieron salir dos historias pero en general muy bueno y excitante. Gracias por compartirlo.

orionjl
23-04 2008, 01:59 PM
me gusto mucho tu relato espero que nos sigas contando mas

mikel
27-06 2008, 06:17 AM
Es la primera vez que hago un comentario, pero es que tu relato realmente me ha excitado, menos mal que el ratón se puede manejar con una sola mano si no lo habría pasado mal

Andreatraviesa
31-08 2008, 02:31 AM
Buen relato aunque coincido con la mayoría cae en inconsistencias y se pierde la rico del relato.

Sin que suene a burla.... que suerte tienes para que te "cachen en la maroma" Minnie!!!! = sorprendan en el acto