PDA

View Full Version : La Quinta Fantasia Con Mi Amo


ILDETE_AVELINO
09-03 2008, 04:53 PM
Mi precioso, esto que te escribo es muy íntimo, hecho para mi hombre, en quién confío. Es una fantasía, como sueño y deseo que sea nuestra ÚLTIMA noche.

Anochecía y en mi corazón había una gran tristeza pues sabía que era nuestra última noche en aquélla habitación. Por la mañana tu vuelo estaba marcado y te marcharías de regreso a tu país y yo regresaría a mi casa, mi cautiverio. Era un acuerdo entre nosotros, desde antes de nuestro primer encuentro. Tú me prometiste dos días y dos noches de amor. Tan solo eso. Tenías tu vida, familia y a mi me pasaba igual. Restaba aún una noche, en que disfrutaría de ti como el regalo más precioso que jamás existió.

Regresamos de la playa para nuestra habitación. Me abrazaste con cariño y me preguntaste si yo quería cenar en el cuarto. Me acordé de las bromas que hacías antes en el Internet de que en nuestro primer encuentro me quedaría en el cuarto, sin agua ni comida, apenas sexo. Esos recuerdos me hacían sonreír, pues en la realidad, tú eras muy cariñoso y entre nosotros no hubo sexo, apenas amor. Nos bañamos y otra vez me has hecho el amor en el cuarto de baño. ¿Cómo encontrabas fuerza y resistencia?, no lo sabía. Aún sentía la fuerza de tus brazos, mientras me levantabas, recostada en la pared y me penetrabas así, con mis piernas alrededor de tus caderas. No me cansaba de mirar tus ojos, llenos de pasión, mientras hacíamos el amor. Nos quedamos en la cama, por algún tiempo, apenas hablando de cosas sin importancia. Te pregunté si había otra fantasía que querías de mí. Te sugerí un chico entre nosotros dos, pero tu asombro fue muy grande. Te pusiste furioso por pensar que yo quería entregarme a otro. No, mi amor, jamás, sé que me sentiría avergonzada en hacer el amor contigo y otro hombre junto, pero por ti, sí, lo haría.

Lo bueno fue que tú me abrazaste con celos, con amor, con cuidado y me dijiste que no me compartirías con hombre alguno y que también otra mujer ahora te daría celos. Eso era algo que me hacía muy feliz, fantasear que mi dueño me quería solo para él. Hablamos de cómo sería nuestra noche, pero había tristeza también en tu voz. Dicen que los hombres no sienten el amor como las mujeres. En eso concuerdo. Un hombre cuando ama, ama con toda su fuerza, su corazón y su alma. Apenas algunas mujeres aman así.

Me alejé de ti por un poco. Fui hasta mi equipaje y tomé algo dentro de una cajita. Era mi ropa de danza del vientre. La vestí en secreto dentro del cuarto de baño, me maquillé y me pinte los labios un lápiz labial rojo, del color de mi ropa. Con mis cabellos rubios largos, revueltos adornados por una tiara con lentejuelas, sabía que mi apariencia era exótica. Tú estabas dormido en la cama y no escuchaste cuando entré de forma silenciosa. Puse la canción de danza del vientre en el aparato de sonido, disminuí la iluminación de nuestra habitación.

Despertaste así, conmigo comenzando a bailar la danza más antigua del mundo. Me escondía por detrás de un velo rojo, transparente y hacía los movimientos que sabía, eran los más sensuales. Mi ropa consistía de un sostén rojo, con bordados brillantes, el cual dejaba mis pechos, muy grandes, casi todos desnudos, mi vientre, adornado por lentejuelas, estaba desnudo y en mis caderas una falda con puntas abiertas, donde se miraban mis piernas, también tenía los adornos, dorados y rojos. Bailaba como si estuviese sola, como si fuese apenas fuese para mi misma. Pero sabía que tú, como hechizado, acompañabas cada movimiento de mi cuerpo. La danza del vientre esta llena de significados. El movimiento del vientre significa la fertilidad, un movimiento de manos, es un llamado a hacer el amor. Me despojé del velo y bailé de forma sensual, ahora mirando tus ojos. Al final de la canción tú ya estabas a mi lado, de pié, tomándome en tus brazos y llevándome para la cama.

Comenzaste con un beso, apasionado, furioso, como si estuvieses bravo por estar siendo seducido por una niña. No comprendía tu furia mi dueño, pues apenas quería hacerte feliz. Sin quitar mi ropa, besaste mis senos, mi vientre, mis piernas, hasta me mordías. Quitaste apenas mi tanga, muy pequeña y roja. Me penetraste sin más preámbulo. Sentía tu pasión, tu desespero por tener más de mí, como si fuese en mi propio corazón. Ahora entendía que tú también te desesperabas por el final que se acercaba. Subí mis piernas para arriba del hombro y me penetraste más fuerte, como sabías que me gustaba, pero también con pasión, con amor.

Mis manos apretaban tus hombros, estrujaba tus cabellos y mientras sentía tu lengua en mi boca, tuve un orgasmo. Disculpa mi amo, no te esperé, pero sabía que eso te pondría feliz. Bajé mis piernas y las puse alrededor de tus caderas. Te pedí que te quedases sin moverte, dentro de mí. Comencé a bailar debajo de ti, mis caderas, mi vientre hacían los movimientos de la danza. Al final estaba tan enloquecida que los movimientos con mi vagina hacían que tu pene se fuese muy profundo. Sentía mi clítoris rozando en tu pene, enloqueciéndome, excitándome al punto de tener otro orgasmo, esta vez, tú me acompañaste. Después te quedaste arriba de mí, exhausto, con todo tu peso. Eso me gustaba mucho. Quería ser aplastada, hacer parte de ti, hasta quedar dentro de tu cuerpo. Mi amor era tan grande que en mis ojos había lágrimas, mezcla de felicidad por encontrarte y saberte mi alma gemela, pero también tristeza, pues sabía que no me pertenecías.

Quitaste mi ropa ahora, poco a poco, mi sostén y sentiste su olor, quitaste mi falda y con un lienzo, también el maquillaje de mi rostro. Ya estaba desnuda, totalmente entregada a ti. Sí, mi amor, con ese lienzo como que quitaste también de mi corazón todos los recuerdos de algún otro hombre previo a ti. Mi corazón estaba nuevo, como si estuviese comenzando a latir en el primer día de nuestro encuentro. Apenas te tenía a ti dentro de él.

Coloqué tu cabeza en mi vientre y te adormeciste así, como un niño. No me atrevía ni a respirar con fuerza, no quería que ese momento pasase. Quería que el tiempo parase, que aquella última noche fuese eterna. Pasado casi una hora, despertaste de tu sueño, me abrazaste con amor. Pedimos la cena, en nuestro cuarto, pues no queríamos compartirnos con nadie. Por postre había fresa con crema y puse un pequeño pedazo en tu boca, percibiendo que tus labios se quedaron algo de la crema. Me levanté de la mesa y me acerqué de ti, asegurando con las dos manos tu rostro, lamí tus labios, hasta quitar toda la crema. Pero estabas muy delicioso y acabé poniendo más en tus labios, solo para quitarla con mis besos. Comencé así a disfrutar del cuerpo de mi amado. Primero, puse crema en tus tetillas, bajando para quitar con mi lengua toda la crema. Llamé a mi amor para la cama y comencé, muy despacio, a disfrutar mi precioso postre. Sí, mi amor, tú eres mi desayuno, mi cena, mi postre, eres todo lo que necesito.

Despacio, con ganas de hacer de aquél momento como eterno, comencé a poner la crema por el cuerpo de mi amo. Donde ponía crema, mi boca se quedaba, jugosa, lamía, mordía, hasta que no quedase más nada. Bajaba por tu cuerpo y mientras sonreía pasaba mucha crema en tu pene. Por el tamaño de él, tendría mucho trabajo para quitarle toda aquella crema y eso me hacía sonreír. Puse tu pene en mi boca y lo deslizaba despacio. ¡Como era de delicioso sentir su calor y sabor mezclado con el de la crema!. Te pedí que te acostases de lado, mientras me colocaba más abajo, chupando tu pene. Pasé una mano por entre tus piernas y con ella hacía caricias en tu nalga mientras apretaba tus caderas. Me excitaba mucho la forma como arremetías tu pene en mi boca. Miraba tus vellos, pasaba mis dedos entre ellos. Asegurando tu pene, lo acariciaba mientras lo chupaba en la punta y probé de la más deliciosa de las leches, el gozo de mi hombre.

Me quedé por un momento escuchando tu corazón. Sabía que habías tenido un orgasmo muy fuerte. Tenía que esperarlo, pero eso de chuparlo era lo que más me excitaba y sentía mi vagina hinchada, mojada, lo necesitaba más que todo en mi vida. Sabía que tú, mi amor, ahora no aguantarías poseerme. Subí un poco más a la cama, a tu lado y comencé con mis manos a masajear mi clítoris, que estaba muy duro. Tomé tu mano y metí uno de tus dedos en mi vagina, diciéndote que esa era la única ayuda que quería. Apenas un dedo en el lugar preciso. Con pocos minutos de masaje tuve un orgasmo y tú con tu dedo puedes sentir como mi vagina se contraía en mi gozo.

Me quedé muy silenciosa y pensaba que dormías. Todavía, con sensualidad, quitaste tu dedo y lo lamiste, pasando tus manos por mi cuerpo. Estabas más contemplativo, como si quisieses guardar en tus retinas todas las formas de mi cuerpo. Te sentía diciéndome adiós y eso llenaba mi corazón de dolor. Dormimos, abrazados y solamente en la madrugada me buscaste otra vez. No había formas de hacer el amor que no nos diese mucho placer, tu cuerpo era como una extensión del mío, un complemento. Todo se encajaba en mí, aunque siendo más grande que yo. Era increíble eso, como si nos conociéramos desde hacía mucho tiempo atrás.

Para mí era una certeza conocerte desde antes de llegar a este mundo. No había como explicar un amor así, tan antiguo, verdadero y puro. Nada en mi cuerpo, en mi vida y en mi esencia era secreto para ti y eso me daba satisfacción y la certeza de compartir contigo algo muy precioso, el verdadero encuentro de almas.

El día amaneció y la hora de la despedida estaba próxima. Nos amamos una vez más de forma desesperada. Preparé tu equipaje pues tu vuelo sería más temprano que el mío. No fui hasta el aeropuerto contigo, me despedí dentro de nuestra habitación, con un simple adiós. Miré tu costado, mientras entrabas en un taxi y te marchabas. Tendría aún dos horas antes de mi partida y me quedé en la cama, palco de nuestro amor, sabía que jamás me olvidaría de ti. No hubo promesa ni juramento de otro encuentro y eso me hacía llorar como si parte de mi esencia se hubiese acabado.

En el reloj constaté que tu vuelo habría ya partido hacía por lo menos una hora. Te imaginé llegando a tu casa y aún con mi olor en tu cuerpo, escondiéndome de todos, como si fuese un secreto sucio.
Preparé mi equipaje, no aguantaba más quedarme en aquella habitación, estaba ahora desesperada para marcharme de allá. Cuando abrí la puerta me vino una visión, una ilusión. Te miré parado, con tu maleta de equipaje en el piso, como esperándome. Sabía que no eras real, eras parte de mis sueños, de mi desesperación por tenerte un poco más. Todavía caminaste hacia mí, me rodeaste con tus brazos, como en una corriente. Sentía tu corazón latiendo alto, como si fuese un tambor.

- ¿Que pasa mi amor, perdiste el vuelo?
- ¡No, en el camino percibí que no puedo vivir sin ti! ¡No soy nadie sin tu amor!
- Mi amor, no me hagas sufrir con una broma.
- Quiero decirte que donde tú fueres yo también iré y donde yo estuviere, tú también estarás. Jamás me alejaré de ti, por nada ni por nadie, pues hace parte de mi esencia, de mi alma.
- Sabes que eso es imposible. Nuestras familias ni saben del amor que sentimos y jamás lo aceptarán.
- Ah, mí querida, me descubrí también como un grande luchador, no voy dejar tan fácilmente lo que es mío por derecho. ¡Tú eres mía, siempre lo fuiste!

Con esas palabras él la besó con pasión. Sabían que no sería simple ni fácil vivir un amor así, tendrían que adaptar sus vidas, donde vivirían o como harían para no herir a las personas que amaban, como hacer de los hijos de cada uno, los hijos de los dos, eso además del hecho de rescatarla de su propia casa, sus dos hijos. Pero, ¿No era él su gran héroe?, ¿Los hombres realmente apasionados no lo eran? ¿Cuál era el límite de las acciones por un gran amor, por lo más precioso que dos personas pueden encontrar en la vida, sus almas gemelas?

No había límites. Salieron de allí juntos y juntos lucharán por su amor. Una corriente con dos ellos tan fuertes no se quebraría jamás. Las batallas serían grandes, pero poseídos de tan grande amor, nada les era imposible. Aprendieron que el imposible era aquello que se busca poco… Y vivirán felices para siempre, todavía, diferente de un cuento de hadas, jamás tendrán una buena noche de sueño o un baño tranquilo…….

Tu brasileña que te ama

Cortesana
26-04 2008, 04:11 PM
No me pareció una historia caliente. Sí me gustó el relato, y lo he percibido mas amoroso, que caliente por sí mismo. Leyéndolo me llevó a recordar cuando alguna vez, me tocó ver partir al hombre que amaba, y que sabía que jamás volvería a ver. Ese pasaje de tu relato me lo recordó, y creo que lo has provocado por lo detallado de las emociones que nos contás de ese momento. Relato mas amoroso que cachondo, pero muy rico. Si el mismo es real, deseo que sean felices. Un hombre que se la juega por lo que ama, es digno de destacarse.

Imagine
28-04 2008, 04:06 PM
Relato lleno de un grado intenso de sensualidad, erotismo y cierta ternura y sentimientos de amor de uno hacia el otro, me transportaste al cuarto de hotel a media luz, viéndote bailar la danza del vientre e imaginando el movimiento de tus caderas.

bettyboop
28-04 2008, 05:16 PM
Nunca antes había leído un relato tuyo.....este es el primero, y la verdad es ke me hiciste revivir algo ke olvidé hace mucho en algún rincón de mi existencia.....hacer el amor....con tu relato volví a sentir el placer y la entrega ke sólo el amor entre dos puede dar, pero hablo de entregarse y ser uno....de amar y deskiciarse de placer en el sexo....

Pero en fin.....como no puedo rescatar lo ke ya perdí.....recurro tonces a mi memoria gracias a tu relato.

Gracias por poner en tu historia las gotitas pa recordar y saber ke hay algo más ke sólo sexo.....aunke no niego ke el sexo por el sólo hecho de kerer tener sexo no sea bueno.....me encanta así, pero tu relato me hizo recordar otras razones para tenerlo y disfrutarlo...

¿será ke hoy ando cursi? :eek: :D

wilmercito
03-05 2008, 06:49 PM
Para poesia esta muy bien, pero para relato no!!!

erirosc
01-10 2008, 11:57 AM
Esta muy bello tu relato como lo describes como algo tierno dulce algo que no quieres que termine a mi en lo particular me gusto mucho.