Cock_Collector(25)
05-03 2008, 03:41 PM
Anel se negó a quitar el seguro de la puerta. Ariel se negó a devolverle la ropa. Yo permanecía recostado en el sofá; cansado y algo adolorido, pero logré incorporarme para ver como Abdiel maldecía a los otros quienes no dejaban de molestarlo y proponerle que dejara a un lado su mal humor y continuáramos con nuestra fiesta. En esas estaban, ya ninguno conservaba su erección, cuando José se atreve a insinuarle a Abdiel que si acaso era verdad lo que yo había dicho. Todos nos quedamos mudos. Ninguno imaginó la respuesta de Abdiel quien se volteó e inclinó apoyando sus manos en el mueble desayunador “hagamos la prueba”.
Sí, seguramente por todo el alcohol consumido o quién sabe por qué razón, pero eso fue lo que hizo. Nos miramos unos a otros sin saber qué hacer, hasta que José se animó a acercarse a Abdiel y comenzó a manosearle las nalgas. Eran grandes, redondas y firmes. Sus bolas colgaban relajadas y también empezó a masajeárselas. Abdiel abrió un poco sus piernas, se separó un poco del mueble y empezó a masturbarse. Su verga creció inmediatamente mientras José le daba tres nalgadas que dejaron la marca roja de sus manos en el lampiño culo de nuestro amigo. Yo me acerqué y puse de rodillas. José abrió para mí el delicioso culo de Abdiel y me di a la tarea de besarlo, lamer y relamer hasta la saciedad. Los demás nos observaban sin dejar de masturbarse; aguardando su momento para entrar en acción.
Cuando sentí listo el ano virgen de Abdiel, empecé a meterle uno y dos de mis dedos que pronto fueron reemplazados por uno, dos y tres de los dedos de José. Abdiel no hacía más que masturbarse y gemir a cada incursión que realizábamos en su cuerpo. Finalmente José retiró sus dedos del estrecho agujero que parecía palpitar ansioso y me concedió el honor. Dejamos caer aceite lubricante en la raja de Abdiel que escurrió y empezó a entrar en su agujero. José untó mi verga de aceite y la llevó hasta la entrada de nuestro nuevo puto. Fue como una ceremonia de desfloración. Mi verga, aún siendo la menos prodigiosa de todos, resultó ser suficiente para que Abdiel empezara a gemir ante el dolor que experimentaba.
Los demás se acercaron y empezaron a acariciarle los pezones y los hombros. José no dejaba de mirar cómo mi verga iba desapareciendo en el culo de Abdiel. Recuerdo que le dio varias nalgadas más al maricón, como no deja de llamarlo desde entonces. Pronto estuve fornicando un estrecho y cálido culo. Anel se subió al mueble e hizo que Abdiel comenzara a mamarle la verga. “Vamos maricón, ahora es tu turno. Todos queremos sentirte” le decía. Abdiel no dijo nada, se limitó a obedecer entre gemidos. Cuando terminé (yo no me había corrido ni una sola vez en toda la noche) le di dos fuertes nalgadas. Mi leche fue la primera en bañar por dentro a Abdiel. José disfrutaba, resultó que para él, al igual que para mí, el sexo tiene mucho de mental, psicológico. Los dos disfrutamos de una palabra, un roce, una imagen, lo mismo que de una penetración o una excelente mamada. Escribir y saber que muchísima gente leerá este relato me excita. Es sencillamente fascinante y complejo.
Cuando saqué mi verga de Abdiel, José dijo a Anel que era su turno. Anel bajó del mueble y continuó con la excitante tarea de dilatar el culo de nuestro amigo. Anel tiene la verga menos larga que la mía, pero más gruesa, así que su incursión en aquel culo fue un nuevo dolor para Abdiel quien seguía de pie, masturbándose y gimiendo. Anel lo penetró despacio, lo cogió varios minutos hasta que anunció que se corría mientras embestía violentamente a Abdiel, tomándolo por sus afiladas caderas de macho.
El tercer turno era el del propio José, con una verga tan gruesa como la de Anel y tan larga como la mía. En ese momento me percaté de lo que José hacía. De menos a más. Abdiel tendría que soportar cada vez una verga más invasiva en sus entrañas. José lo hizo cambiar de posiciones. Lo hizo tenderse de espalda en el suelo. Pidió a Manuel y a Ariel que le sujetaran los brazos impidiendo que continuara masturbándose y procedió a penetrarlo tras chorrear una nueva ración de lubricante sobre su verga. Abdiel gemía como una verdadera perra en celo. En escasos 60 minutos había pasado de macho dominante en un agotado culo, a doncella a merced de cinco pervertidos. Me encantó ver sus largas y gruesas piernas al aire. Su monumental verga rebotaba sin control ante las embestidas que José descargaba en su culo.
Ariel y Manuel empezaron a mordisquear los pezones de Abdiel. Eso le hizo hablar por fin. “¡Ya… Ya… Ya, por favor!” estaba al límite, parecía no soportar más, pero el sabor de la verga de Anel le hizo olvidar lo que pedía. “Eso es maricón, calla y come verga” le dijo José que en ese momento incrementó la fuerza con la que cabalgaba a Abdiel. Noté cómo el sudor nos empapaba a todos. El olor a sexo era impresionante. José continuó, fue muy considerado. Trató a Abdiel como a una dulce novia virgen. Disfruté ver el rostro de Abdiel cuando Ariel completó su inmersión. Aquella verga ha de medir por lo menos unas 8.5 pulgadas y ni hablar del grosor. Tardó bastante. Mientras Abdiel gemía de medio lado yo me dediqué a mamar su verga que continuaba sin derramar sus jugos. Qué resistencia.
Cuando José abandonó el culo de nuestro puto, un espeso hilo de leche se escapó del agujero. Lejos de intimidar o asustarnos, nos excitó el tono que la sangre le daba. “Venga…” dijo Manuel mientras ayudaba a Abdiel a levantarse. Luego le dio un beso. Increíble, cómo no se me ocurrió. Fue genial ver a estos dos “machos” besarse así. Después “en cuatro” ordenó el más dotado del grupo. (Sí Manuel es un ANIMAL, le sigue Abdiel -cuya verga en el momento no importaba para nada-, Ariel, José, Anel y Yo -un tipo promedio-) La descomunal verga de Manuel hizo que Abdiel gritara. De verdad creí que iba a desmayarse. Perdió hasta el color y dejó caer parte de su cuerpo al suelo. Manuel sostuvo sus caderas impidiendo que su verga saliera del bien trabajado culo de Abdiel. Los movimientos cesaron uno o dos minutos hasta que Abdiel se incorporó lo necesario para empezar a moverse y deslizar, dentro y casi fuera de su cuerpo, la verga descomunal de Manuel. Pronto cambiaron de posición nuevamente.
Manuel retiró su verga del rojísimo ano de Abdiel. Juraría que estaba hinchado ante tan intensa primera vez. Manuel se acostó de espalda sobre la alfombra e hizo a Abdiel sentar e insertarse la verga completa, pero dándole la espalda. Uno por uno hicimos que Abdiel mamara nuestras vergas mientras él mismo se meneaba sobre la verga de Manuel quien, sin imaginarnos lo que haría, lo tomó de los hombros e hizo recostarse sobre su cuerpo. Era una vista extraña. Ariel y José ayudaron a inmovilizarlo sujetando sus brazos y empezando a estimularle los pezones con gran intensidad. Los gemidos de Abdiel eran increíbles, pero continuaba sin dejar escapar una gota de su ansiada leche. Anel se acomodó como pudo sobre Abdiel y empezó a mamarle la verga. Estaba dura, gruesa, brillante, con todas sus venas bien marcadas. Un maravilloso manjar a la vista y el paladar. Pronto la lengua de Anel se deslizaba hasta las grandes bolas de Abdiel y rozaba el espacio entre éstas y su ano, donde Manuel no dejaba de moverse suavemente.
Jamás lo habría pensado. Aquella orgía en la que había ido a parar mi cumpleaños. Mis amigos enfrascados en una impresionante masa de músculos, vergas, culos, lenguas y sudores. Me tiré también al suelo y acerqué mi cara a la de Anel. Empecé a acariciar las bolas de Manuel y Abdiel. Ambos aceptaron con excitantes gemidos mi contacto. Un beso ligero, luego otro más prolongado, mi lengua empezó a jugar recorriendo ambos cuerpos, ambas intimidades. El culo de Abdiel se sentía sumamente caliente y suave. No pude contener mi deseo y le metí un dedo. No pasó nada. Metí otro y un suspiro profundo se dejó escuchar. Iba a meter el tercero cuando Abdiel protestó. No quería más dedos, quería mi verga. No dudé un segundo.
Le di varias nalgadas al maricón -como todos le llamábamos- y empujé mi verga dentro de su culo. Anel, José y Ariel se habían incorporado y me ayudaban a sostener en alto sus piernas sin dejar que la monumental verga de Manuel saliera de Abdiel. Gimió bastante, pero se dejó hacer. Mi verga entró completa. Manuel detuvo sus movimientos sin salir. Era el momento de mi venganza, pensé. Hice caer aceite entre su ano y mi verga y empecé a fornicarlo con la fuerza que nunca había cogido a nadie. Las manos de Abdiel me tomaron por las caderas y me arañaba. Descargaba su ira y dolor en mí, pero también me incitaba a darle más y más fuerte. Anel, José y Ariel empezaron a masturbarse puestos de rodillas a los costados de la extraña torre de nuestros cuerpos. Cuando el primer chorro de leche expulsado por la verga de Ariel cayó sobre el torso de Abdiel, José lo tomó y embarró la verga de Abdiel y empezó a masturbarlo. Yo supe que en cuestión de segundos volvería a correrme y así fue. El calor de mi leche desató la culminación de Manuel. Abrí los ojos justo a tiempo para ver cómo la verga de Abdiel empezaba a escupir un impresionante caudal de leche muy blanca y espesa. José y Anel pronto descargaron también su leche sobre el sudado y brillante torso de nuestro amigo.
Amanecimos desnudos, acostados en la alfombra. Uno a uno se duchó y tomó su camino. Ha sido la mejor de mis celebraciones de cumpleaños. Desde ese día tengo intimidad con todos mis amigos. No existen secretos entre nosotros. Una vez al mes nos reunimos todos en casa de Anel y probamos nuevas combinaciones en las que todos hemos aprendido a llegar más allá de los límites.
Sí, seguramente por todo el alcohol consumido o quién sabe por qué razón, pero eso fue lo que hizo. Nos miramos unos a otros sin saber qué hacer, hasta que José se animó a acercarse a Abdiel y comenzó a manosearle las nalgas. Eran grandes, redondas y firmes. Sus bolas colgaban relajadas y también empezó a masajeárselas. Abdiel abrió un poco sus piernas, se separó un poco del mueble y empezó a masturbarse. Su verga creció inmediatamente mientras José le daba tres nalgadas que dejaron la marca roja de sus manos en el lampiño culo de nuestro amigo. Yo me acerqué y puse de rodillas. José abrió para mí el delicioso culo de Abdiel y me di a la tarea de besarlo, lamer y relamer hasta la saciedad. Los demás nos observaban sin dejar de masturbarse; aguardando su momento para entrar en acción.
Cuando sentí listo el ano virgen de Abdiel, empecé a meterle uno y dos de mis dedos que pronto fueron reemplazados por uno, dos y tres de los dedos de José. Abdiel no hacía más que masturbarse y gemir a cada incursión que realizábamos en su cuerpo. Finalmente José retiró sus dedos del estrecho agujero que parecía palpitar ansioso y me concedió el honor. Dejamos caer aceite lubricante en la raja de Abdiel que escurrió y empezó a entrar en su agujero. José untó mi verga de aceite y la llevó hasta la entrada de nuestro nuevo puto. Fue como una ceremonia de desfloración. Mi verga, aún siendo la menos prodigiosa de todos, resultó ser suficiente para que Abdiel empezara a gemir ante el dolor que experimentaba.
Los demás se acercaron y empezaron a acariciarle los pezones y los hombros. José no dejaba de mirar cómo mi verga iba desapareciendo en el culo de Abdiel. Recuerdo que le dio varias nalgadas más al maricón, como no deja de llamarlo desde entonces. Pronto estuve fornicando un estrecho y cálido culo. Anel se subió al mueble e hizo que Abdiel comenzara a mamarle la verga. “Vamos maricón, ahora es tu turno. Todos queremos sentirte” le decía. Abdiel no dijo nada, se limitó a obedecer entre gemidos. Cuando terminé (yo no me había corrido ni una sola vez en toda la noche) le di dos fuertes nalgadas. Mi leche fue la primera en bañar por dentro a Abdiel. José disfrutaba, resultó que para él, al igual que para mí, el sexo tiene mucho de mental, psicológico. Los dos disfrutamos de una palabra, un roce, una imagen, lo mismo que de una penetración o una excelente mamada. Escribir y saber que muchísima gente leerá este relato me excita. Es sencillamente fascinante y complejo.
Cuando saqué mi verga de Abdiel, José dijo a Anel que era su turno. Anel bajó del mueble y continuó con la excitante tarea de dilatar el culo de nuestro amigo. Anel tiene la verga menos larga que la mía, pero más gruesa, así que su incursión en aquel culo fue un nuevo dolor para Abdiel quien seguía de pie, masturbándose y gimiendo. Anel lo penetró despacio, lo cogió varios minutos hasta que anunció que se corría mientras embestía violentamente a Abdiel, tomándolo por sus afiladas caderas de macho.
El tercer turno era el del propio José, con una verga tan gruesa como la de Anel y tan larga como la mía. En ese momento me percaté de lo que José hacía. De menos a más. Abdiel tendría que soportar cada vez una verga más invasiva en sus entrañas. José lo hizo cambiar de posiciones. Lo hizo tenderse de espalda en el suelo. Pidió a Manuel y a Ariel que le sujetaran los brazos impidiendo que continuara masturbándose y procedió a penetrarlo tras chorrear una nueva ración de lubricante sobre su verga. Abdiel gemía como una verdadera perra en celo. En escasos 60 minutos había pasado de macho dominante en un agotado culo, a doncella a merced de cinco pervertidos. Me encantó ver sus largas y gruesas piernas al aire. Su monumental verga rebotaba sin control ante las embestidas que José descargaba en su culo.
Ariel y Manuel empezaron a mordisquear los pezones de Abdiel. Eso le hizo hablar por fin. “¡Ya… Ya… Ya, por favor!” estaba al límite, parecía no soportar más, pero el sabor de la verga de Anel le hizo olvidar lo que pedía. “Eso es maricón, calla y come verga” le dijo José que en ese momento incrementó la fuerza con la que cabalgaba a Abdiel. Noté cómo el sudor nos empapaba a todos. El olor a sexo era impresionante. José continuó, fue muy considerado. Trató a Abdiel como a una dulce novia virgen. Disfruté ver el rostro de Abdiel cuando Ariel completó su inmersión. Aquella verga ha de medir por lo menos unas 8.5 pulgadas y ni hablar del grosor. Tardó bastante. Mientras Abdiel gemía de medio lado yo me dediqué a mamar su verga que continuaba sin derramar sus jugos. Qué resistencia.
Cuando José abandonó el culo de nuestro puto, un espeso hilo de leche se escapó del agujero. Lejos de intimidar o asustarnos, nos excitó el tono que la sangre le daba. “Venga…” dijo Manuel mientras ayudaba a Abdiel a levantarse. Luego le dio un beso. Increíble, cómo no se me ocurrió. Fue genial ver a estos dos “machos” besarse así. Después “en cuatro” ordenó el más dotado del grupo. (Sí Manuel es un ANIMAL, le sigue Abdiel -cuya verga en el momento no importaba para nada-, Ariel, José, Anel y Yo -un tipo promedio-) La descomunal verga de Manuel hizo que Abdiel gritara. De verdad creí que iba a desmayarse. Perdió hasta el color y dejó caer parte de su cuerpo al suelo. Manuel sostuvo sus caderas impidiendo que su verga saliera del bien trabajado culo de Abdiel. Los movimientos cesaron uno o dos minutos hasta que Abdiel se incorporó lo necesario para empezar a moverse y deslizar, dentro y casi fuera de su cuerpo, la verga descomunal de Manuel. Pronto cambiaron de posición nuevamente.
Manuel retiró su verga del rojísimo ano de Abdiel. Juraría que estaba hinchado ante tan intensa primera vez. Manuel se acostó de espalda sobre la alfombra e hizo a Abdiel sentar e insertarse la verga completa, pero dándole la espalda. Uno por uno hicimos que Abdiel mamara nuestras vergas mientras él mismo se meneaba sobre la verga de Manuel quien, sin imaginarnos lo que haría, lo tomó de los hombros e hizo recostarse sobre su cuerpo. Era una vista extraña. Ariel y José ayudaron a inmovilizarlo sujetando sus brazos y empezando a estimularle los pezones con gran intensidad. Los gemidos de Abdiel eran increíbles, pero continuaba sin dejar escapar una gota de su ansiada leche. Anel se acomodó como pudo sobre Abdiel y empezó a mamarle la verga. Estaba dura, gruesa, brillante, con todas sus venas bien marcadas. Un maravilloso manjar a la vista y el paladar. Pronto la lengua de Anel se deslizaba hasta las grandes bolas de Abdiel y rozaba el espacio entre éstas y su ano, donde Manuel no dejaba de moverse suavemente.
Jamás lo habría pensado. Aquella orgía en la que había ido a parar mi cumpleaños. Mis amigos enfrascados en una impresionante masa de músculos, vergas, culos, lenguas y sudores. Me tiré también al suelo y acerqué mi cara a la de Anel. Empecé a acariciar las bolas de Manuel y Abdiel. Ambos aceptaron con excitantes gemidos mi contacto. Un beso ligero, luego otro más prolongado, mi lengua empezó a jugar recorriendo ambos cuerpos, ambas intimidades. El culo de Abdiel se sentía sumamente caliente y suave. No pude contener mi deseo y le metí un dedo. No pasó nada. Metí otro y un suspiro profundo se dejó escuchar. Iba a meter el tercero cuando Abdiel protestó. No quería más dedos, quería mi verga. No dudé un segundo.
Le di varias nalgadas al maricón -como todos le llamábamos- y empujé mi verga dentro de su culo. Anel, José y Ariel se habían incorporado y me ayudaban a sostener en alto sus piernas sin dejar que la monumental verga de Manuel saliera de Abdiel. Gimió bastante, pero se dejó hacer. Mi verga entró completa. Manuel detuvo sus movimientos sin salir. Era el momento de mi venganza, pensé. Hice caer aceite entre su ano y mi verga y empecé a fornicarlo con la fuerza que nunca había cogido a nadie. Las manos de Abdiel me tomaron por las caderas y me arañaba. Descargaba su ira y dolor en mí, pero también me incitaba a darle más y más fuerte. Anel, José y Ariel empezaron a masturbarse puestos de rodillas a los costados de la extraña torre de nuestros cuerpos. Cuando el primer chorro de leche expulsado por la verga de Ariel cayó sobre el torso de Abdiel, José lo tomó y embarró la verga de Abdiel y empezó a masturbarlo. Yo supe que en cuestión de segundos volvería a correrme y así fue. El calor de mi leche desató la culminación de Manuel. Abrí los ojos justo a tiempo para ver cómo la verga de Abdiel empezaba a escupir un impresionante caudal de leche muy blanca y espesa. José y Anel pronto descargaron también su leche sobre el sudado y brillante torso de nuestro amigo.
Amanecimos desnudos, acostados en la alfombra. Uno a uno se duchó y tomó su camino. Ha sido la mejor de mis celebraciones de cumpleaños. Desde ese día tengo intimidad con todos mis amigos. No existen secretos entre nosotros. Una vez al mes nos reunimos todos en casa de Anel y probamos nuevas combinaciones en las que todos hemos aprendido a llegar más allá de los límites.