da_bre
04-03 2008, 11:58 PM
Para comenzar les cuento que me llamo David, tengo 19 años, soy blanco, delgado pero algo definido, ojos cafés y pelo castaño. Soy de un pueblito de Costa Rica, donde las casas están como a 5 o 6 metros una de la otra y no tienen cerca o división y cuando la tienen son de algún tipo de arbusto. Por lo general al salir al patio de mi casa y miro hacia al lado puedo ver los demás patios de los vecinos. Vivo con mis dos papas, mi hermana menor y mi abuela paterna.
Esto que les voy a contar paso hace algunas noches que estaba lloviendo y no podía dormirme; entonces tuve la genial idea de estar bajo la lluvia y sentir el agua cayendo sobre mí. Así que me levanté con cuidado y salí de mi cuarto, me cercioré de que todos estuvieran dormidos y me acerqué a la cocina, a la puerta trasera que da al patio, la abrí con cuidado, vi como la noche se iluminaba con la luz de la luna y sentí el frió del viento helado pegando en mis piernas. De repente ese frío provocó que mi pene fuese creciendo y de repente mi pequeño bóxer de dormir me entalló mi culito del bulto que se había hecho, mi pene caliente asomaba la roja cabeza cubierta en parte por mi gorro.
Desesperadamente me bajé el boxer y de inmediato mi pene golpeó mi estómago, me quité la camiseta con la que dormía y di unos pasos hacia adelante, la lluvia comenzó a caer en mi cabeza y el frío erizaba todo el vello de mis nalguitas, mis manos esparcían el agua haciendo caricias fuertes sobre mi cuerpo, sobre mi pene caliente y cada vez más duro.
Coloqué mi pene entre mis piernas y las junté fuertemente dándole masaje, mi gorro subía y bajaba por el roce, mi culito apretado sentía la necesidad de ser abierto, entonces recordé que mi mamá había preparado carne de cerdo en la mañana. Entré rápidamente a la cocina y tomé una taza, la sumergí en el caldo grasoso de la olla y saque un buen pedazo de carne.
De nuevo afuera me arrodillé en el césped y vertí el caldo grasoso en mis manos, lubriqué mi pene, mis testículos y mi ano, luego tomé el pedazo de carne y lo restregué con fuerza sobre mi glande. La leche caliente subía para explotar con fuerza, tuve que tomar la base de mi pene y sujetarla con fuerza porque aún faltaba más por disfrutar.
Me tiré por completo al césped y noté lo confortable que se sentía el frío aniquilador de la tormenta, me giré, quedé boca abajo y comencé a restregar mi pene contra el suelo y a introducir el trozo de carne en mi ano, que se abría con facilidad por la grasa. Apreté con fuerza cada músculo de mi agujero, que estaba cada vez más abierto por el vaivén de la carne caliente que se iba desintegrando, quedando dentro de mi culo, y al mismo tiempo el césped hacia masajes sobre mi pene que ya había comenzado a lubricar y a llenarse un poco de tierra.
Llegó el momento en que el trozo de carne no soportó la succión ni el ardor de mi culo, yacían pedazos de carne en el suelo y dentro de mi ano que ahora estaba siendo abierto solo por mis dedos que eran insuficientes para mi ardor. Fue entonces que tuve la idea de buscar otra cosa más grande para calmar el calor. Vi la manguera y pensé en experimentar un poco, además ya estaba mojado.
Tomé la manguera y empecé a empujarla a la entrada de mi ano que si bien estaba abierto; no estaba tan abierto como para que entrara la terminación que era de metal, como no quería entrar la empujé con fuerza abriendo de golpe mi ano y sintiendo un escalofrió que recorrió mi espalda y mis testículos, cuando ya tenía como 15 cm. dentro, la abrí y sentí como se empezaba a inundar, como crecía la cantidad de agua y las paredes de mi ano se expandían; crecían en mí las ganas de defecar y cuando saqué la manguera cayo un chorro de agua con carne calientes y sentí un placer tan grande que comencé a gemir y a sacudir mi pene con fuerza hasta que tuve una fuerte erección... mi estómago y rostro quedaron llenos de leche.
Esto que les voy a contar paso hace algunas noches que estaba lloviendo y no podía dormirme; entonces tuve la genial idea de estar bajo la lluvia y sentir el agua cayendo sobre mí. Así que me levanté con cuidado y salí de mi cuarto, me cercioré de que todos estuvieran dormidos y me acerqué a la cocina, a la puerta trasera que da al patio, la abrí con cuidado, vi como la noche se iluminaba con la luz de la luna y sentí el frió del viento helado pegando en mis piernas. De repente ese frío provocó que mi pene fuese creciendo y de repente mi pequeño bóxer de dormir me entalló mi culito del bulto que se había hecho, mi pene caliente asomaba la roja cabeza cubierta en parte por mi gorro.
Desesperadamente me bajé el boxer y de inmediato mi pene golpeó mi estómago, me quité la camiseta con la que dormía y di unos pasos hacia adelante, la lluvia comenzó a caer en mi cabeza y el frío erizaba todo el vello de mis nalguitas, mis manos esparcían el agua haciendo caricias fuertes sobre mi cuerpo, sobre mi pene caliente y cada vez más duro.
Coloqué mi pene entre mis piernas y las junté fuertemente dándole masaje, mi gorro subía y bajaba por el roce, mi culito apretado sentía la necesidad de ser abierto, entonces recordé que mi mamá había preparado carne de cerdo en la mañana. Entré rápidamente a la cocina y tomé una taza, la sumergí en el caldo grasoso de la olla y saque un buen pedazo de carne.
De nuevo afuera me arrodillé en el césped y vertí el caldo grasoso en mis manos, lubriqué mi pene, mis testículos y mi ano, luego tomé el pedazo de carne y lo restregué con fuerza sobre mi glande. La leche caliente subía para explotar con fuerza, tuve que tomar la base de mi pene y sujetarla con fuerza porque aún faltaba más por disfrutar.
Me tiré por completo al césped y noté lo confortable que se sentía el frío aniquilador de la tormenta, me giré, quedé boca abajo y comencé a restregar mi pene contra el suelo y a introducir el trozo de carne en mi ano, que se abría con facilidad por la grasa. Apreté con fuerza cada músculo de mi agujero, que estaba cada vez más abierto por el vaivén de la carne caliente que se iba desintegrando, quedando dentro de mi culo, y al mismo tiempo el césped hacia masajes sobre mi pene que ya había comenzado a lubricar y a llenarse un poco de tierra.
Llegó el momento en que el trozo de carne no soportó la succión ni el ardor de mi culo, yacían pedazos de carne en el suelo y dentro de mi ano que ahora estaba siendo abierto solo por mis dedos que eran insuficientes para mi ardor. Fue entonces que tuve la idea de buscar otra cosa más grande para calmar el calor. Vi la manguera y pensé en experimentar un poco, además ya estaba mojado.
Tomé la manguera y empecé a empujarla a la entrada de mi ano que si bien estaba abierto; no estaba tan abierto como para que entrara la terminación que era de metal, como no quería entrar la empujé con fuerza abriendo de golpe mi ano y sintiendo un escalofrió que recorrió mi espalda y mis testículos, cuando ya tenía como 15 cm. dentro, la abrí y sentí como se empezaba a inundar, como crecía la cantidad de agua y las paredes de mi ano se expandían; crecían en mí las ganas de defecar y cuando saqué la manguera cayo un chorro de agua con carne calientes y sentí un placer tan grande que comencé a gemir y a sacudir mi pene con fuerza hasta que tuve una fuerte erección... mi estómago y rostro quedaron llenos de leche.