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View Full Version : Una oficina más...


Minnie
23-02 2008, 02:51 PM
Solo hacía tres días que trabajaba en aquella oficina. El ambiente era gris pardo y hasta los empleados habían adquirido una tonalidad cercana a la palidez de la muerte. Cada mañana al entrar, era la costumbre, todos pasaban por el despacho de los jefes para dar un "buenos días" mecánico que auguraba una triste mañana más. Su respuesta era un leve rugido emitido sin apenas levantar la vista del periódico. Las empleadas vestían en tonos azules y marrones, sin adornos y ocultando todo indicio que pudiera mostrar que eran mujeres jóvenes y deseables. Siempre había escuchado aquello de "donde fueres haz lo que vieres", pero las circunstancias me empujaban a romper con los esquemas establecidos y poner así a salvo mi integridad. No quería morir de hastío en tres meses.

Tomé la decisión de vestir como lo había hecho siempre. Mis faldas ajustadas y cortas empezaban a causar una cierta inquietud. Mis bromas y mis movimientos empezaban a causar sus efectos. Durante las primeras semanas observé que mi jefe levantaba los ojos del periódico al darme los buenos días. Más aún, al darme la vuelta, sentía el fuego de una mirada llena de deseo que se clavaba en mis piernas. Me pedía cualquier cosa necia con tal de poder verme evolucionar por el despacho, agacharme sobre el archivo o inclinarme a buscar algo en los cajones, enseñándole así una parte más amplia de mi anatomía. Yo me comportaba con una indiferencia que no sentía. La verdad es que me producía un morbo incontrolable el hecho de saber que era mirada y deseada por él.

Una mañana, al entrar en el despacho de uno de ellos, sentí sus ojos, que como ágiles dedos, acariciaban en mi escote. Se había levantado de su sillón y se había acercado peligrosamente a mí. Me mantuve en mi espacio y permití que se acercara aún más. Mientras me hablaba sobre unos papeles, acercó su mano a mi pecho y como sin querer, rozó levemente uno de mis pezones, que erguido como una bandera se adivinaba sin esfuerzo. Viendo que no hacía nada para evitar su proximidad, decidió avanzar un poco más y sin parar de hablarme empezó a dibujar con su dedo el contorno de mi escote, en un ir y venir que encendió y puso a punto todo mi sistema hormonal. Temblaba de deseo y creo que se dio cuenta de ello. Pero continué aparentando una tranquilidad que no sentía. Me gustaba el juego y quería disfrutarlo al máximo. Una llamada interrumpió el avance.

A la mañana siguiente al entrar en su despacho sonrió y me pidió que recogiera unos papeles de su mesa, al inclinarme sobre la mesa, rozó la punta de mi nariz con el dedo y acto seguido sus dedos empezaron a rozar mis pezones mientras me decía: “no te muevas, quédate quieta un momento, sé que te gusta lo que hago…” Y claro que me gustaba, era como un volcán en erupción. Sonreí y esperé hasta que sus leves roces levantaron mis pezones dejándolos erguidos. Como si nada ocurriera, me pidió que hiciera unas fotocopias y cuando regresé se había marchado.

Regresé a mi mesa para continuar trabajando, pero la excitación me lo impedía. Estaba sola, mi compañero de despacho se había marchado. Acaricié mis pezones levemente y vigilando que nadie apareciera, separé mis piernas y empecé a frotar mi sexo con desesperación, masturbarme en mi despacho era algo especial. Sonaba mi teléfono. No era posible que no me permitieran calmar mi ánimo. Era él, me pedía que volviera a su despacho. Al entrar me dijo: “me has dejado con la miel en los labios” No respondí y pregunté que necesitaba. Me dijo busca el ese fichero los papeles del abogado. Era mi momento. Lo presentía. Me agaché sobre el fichero sabiendo que mi falda dejaría al descubierto lo que él deseaba. Mis humedades empezaban a causar estragos. Separe mis piernas ligeramente mientras sentía el calor acudir a mis mejillas. No los encuentro aquí, le dije. Su respuesta no se hizo esperar, estaba detrás de mí y una de sus manos empezaba a acariciar el espacio que había entre mis muslos.

Escuché su respiración entrecortada y sin mediar palabra cerró la puerta, acercándose de nuevo a mí. Dejé que actuara con libertad, quería disfrutar al máximo y el estar quieta me proporcionaba un placer desconocido y diferente. Continuó avanzando y lentamente entró con sus dedos en mi sexo húmedo y caliente. Se detuvo y me dijo: “¿Quieres que siga adelante?” No respondí, no podía hablar. Simplemente separé aún más mis piernas y me incliné un poco más. Era suficiente respuesta. Me pidió que me sentara en el sillón con las piernas abiertas y de rodillas frente a mí comenzó a lamer lentamente mis muslos. Cerré los ojos y dejé que hiciera. Desabrochó mi camiseta dejando al descubierto mis pezones, mojó sus dedos en saliva y comenzó una caricia húmeda sobre ellos. Una oleada de calor pugnaba por cortarme la respiración.

Sentía el calor de su respiración sobre mi pecho, estaba cerca de mi pezón derecho, el más sensible… lo lamía con deleite y éste agradecido se levantaba pidiendo guerra. Mientras tanto sus dedos entraban y salían de mi sexo y jugueteaban acercándose a mi ano. Separé los muslos y los levanté sobre sus hombros ofreciéndole la posibilidad de mirar, indagar, chupar y succionar todo lo que tenía a su alcance. No desperdició mi oferta y sin dejar de succionar mi pezón derecho inició un tímido avance a los alrededores de mi entrada anal. Sus dedos se humedecieron rápidamente y pronto noté cómo mi ano recibía con placer la visita de sus dedos, primero dos y después tres. Un suave masaje me llevó a un viaje sideral del que no podía regresar. Mi ano estaba listo para recibir algo más. Pero no hice ningún movimiento, tal era el placer que me proporcionaba la pasividad. Dejé que sus dedos entraran y salieran con libertad.

Mientras su lengua recorría mis pezones con la habilidad de un gato. Bajé mi mano lentamente para palpar su sexo que erguido esperaba mi contacto. Pero la retiré rápidamente. No quería acelerar el desenlace. Su lengua había bajado hacia mi sexo y lo lamía con deleite. No tocaba el clítoris, lo cual me producía una excitación mayor. Con voz tenue me dijo: “estás disfrutando como nunca…” Tenía toda la razón. Levanté mi pelvis pidiendo más contacto y frotando mi sexo con fuerza sobre su boca, estaba al borde del abismo, el calor producido por mi cuerpo hubiera sido suficiente para incendiar el sillón que me acogía.

En ese momento se abrió la puerta. Intentamos recuperar la imagen que ofrecíamos pero fue inútil. Por fortuna quien entraba era su hermano que lejos de sorprenderse nos animó a continuar. Se acercó a nosotros y decidió participar. Pronto sus dedos entraron en calor hundiéndose en mi sexo y acariciándolo con pericia. Estaba en otra galaxia. Los dedos de ambos penetrándome sin reparos, sus leguas juntándose en mis pezones y succionándolos con desesperación. Una lengua en mí clítoris, otra lengua en mi ano, nuestras respiraciones entrecortadas y de pronto el final… sentía los estertores de un orgasmo que no podía describir con palabras. Mi vientre se arqueó, mis pezones erguidos y duros se levantaron aún más, una oleada de placer inundó mi vientre haciéndome temblar como una hoja. Estaban sorprendidos y halagados y querían más. Así me lo hicieron notar enseguida. Me ayudaron a incorporarme sin dejar de tocar cada rincón de mi cuerpo.

Uno de ellos se había sentado en el sillón y bajando la cremallera de su pantalón me mostró su miembro enorme y erguido invitándome a sentarme sobre él. Separé mis piernas y me monté sobre las suyas mirándole a los ojos. Lentamente inserté su miembro en mi vagina, mientras de mi garganta escapaba un gemido de placer. Él respiraba agitadamente e intentaba entrar a fondo. Su hermano mientras tanto, acariciaba mi ano penetrándolo con tres dedos. El placer se multiplicaba teniendo la enorme verga dentro de la vagina. Deseaba aún más, así que separé mis nalgas con mis manos y le ofrecí una penetración anal. Tenerlos a los dos dentro era como tocar el cielo con mis manos. Hizo un par de intentos y ¡dentro! ¡Santo cielo! ¡Nunca hubiera imaginado una sensación igual! empezó a moverse dentro de mi empujando su miembro con fuerza. Le pedí que se detuviera para mover mi pelvis y sentir también la verga que albergaba mi vagina. Sentía una fuerte presión y algo de dolor, pero el placer superaba todos los obstáculos. La verga de mi entrada anal presionaba con fuerza una y otra vez, acaricié mi clítoris para acercarme al orgasmo un poco más. Se detuvo y continué haciendo movimientos de arriba abajo, acaricié de nuevo mi clítoris y… nuestros gemidos de placer se pudieron escuchar en todo el edificio.

Estábamos sudorosos, húmedos, satisfechos y relajados cuando sonó el teléfono. Era la mujer de uno de mis jefes. Todo había regresado a la “normalidad”.

cicebuto
04-03 2008, 08:17 PM
Chido... me gustó.

CHEKER_KARAM
04-03 2008, 09:35 PM
Estubo bueno el relato...:d

Imagine
05-03 2008, 01:50 PM
mhh... bueno a secas, faltó desarrolar un poco más la escena y darle más detalle al encuentro entre os tres

Mayan
06-03 2008, 11:53 AM
Guau, más que increible.

Diavolo
06-03 2008, 01:07 PM
mejor no os pudo quedar... ;)

theoldman
07-03 2008, 09:16 AM
Está bueno, lástima un final tan abrupto, parece que te hubieses quedado sin saber como continuar...o tal vez quedaste agotada por lo sucedido.;)

Anita09
12-06 2008, 06:27 AM
Excelente relato, me dejo caliente y deseando mucho más.... me has dado buenas ideas para poner en práctica!!! :p

Andreatraviesa
31-08 2008, 02:09 AM
UH Minnie... me calentaste pero me dejaste a medias...:(

Sería posible que hicieras un relato detallando todas las sensaciones vividas en esa doble penetración?

Anda... compláceme ... si?