Cock_Collector(25)
22-02 2008, 02:31 PM
Compañeros desde el tercero de primaria, más de quince años de alcahuetería y parranda, nos habían convertido en un grupo muy unido. Ya estamos todos en los veinticinco-veintitantos. Compartíamos nuestros secretos y aventuras de machos, pero ni una sola palabra de cualquier otro “desliz”. Yo ya llevaba varios años disfrutando de encuentros íntimos con otros hombres, incluso con dos de cinco de mis eternos compinches (cada uno un caso secreto a parte). El asunto viene a ser la celebración de mi cumpleaños veinticinco.
Nos reunimos todos en casa de Anel (uno que ya conocía mis gustos) como desde las dos de la tarde -era sábado- y estuvimos viendo dos o tres, ya no recuerdo, partidos de fútbol y bebiendo cerveza. Como a las seis, pedimos comida barata servida a domicilio y antes de las ocho de la noche, el fastidioso y excelente Manuel apareció con un pastel que pronto desapareció entre bromas y guerra de migajas. Nadie cantó nada, ni falta hacía, definitivamente yo me estaba pasando un feliz cumpleaños, aunque lo mejor estaba por darse.
Ya como a las nueve de la noche, todos bastante bebidos, Anel propone hacer algo que no hacíamos desde muchísimo tiempo: “pongamos una porno” dijo, y todos aceptamos la idea. Nos acomodamos en el suelo y en el sofá grande frente al televisor. Anel ocupó un sillón cercano. Pronto vimos la escena de una joven y cuatro tipos. Nadie decía nada, pero yo podía notar cómo mis amigos acariciaban sus bultos. Miré a Anel y me guiñó un ojo. Yo estaba calientísimo, quería sentirme como aquella mujer. Pasé la lengua por mis labios, como saboreando. Anel se puso de pie y sin decirle nada a nadie, se desnudó y volvió a sentarse para empezar a masturbarse. Casi al instante, todos los demás hicieron lo mismo. Fui el único que permaneció vestido, no sé por qué.
El asunto es que pronto me vi en el suelo contemplando a mis 5 compinches desnudos, con sus vergas creciendo entre sus manos. Me quité el suéter y mientras me quitaba la camisa, Anel se acercó a mí. Tenía su ya saboreada polla frente a mis labios. No pensé en nada, simplemente me arrodillé y di inicio a mi tarea bucal. Detrás de mí, los gemidos de la chica me transportaban a no sé qué lugar en donde yo sería objeto de deseo de varios hombres a un mismo tiempo. Pronto Anel se retiró y dejó que Manuel ocupara su lugar. Después fue Abdiel, después José y finalmente Ariel. Los cinco me ofrecieron su verga para mamarles.
El video terminó y ellos seguían con su verga dura sin haberse corrido. Ariel me tomó del brazo, me ayudó a levantar y soltó mi correa y desabotonó mi pantalón. Yo terminé de quitarme el pantalón y me quedé en calzoncillo. Ariel empezó a acariciar, besar y morder mi cuello, mis hombros y mis tetillas. Anel se puso a mi lado también empezó a hacer lo mismo. Yo tomé sus vergas con mis manos y los masturbaba. Supongo que producto del alcohol, ninguno objetó nada y sin ninguna inhibición, Manuel se aproximó a mi espalda y ¡wow!, estaba prácticamente rodeado de hombres. Sentía la verga de Manuel acariciando mis nalgas mientras sus manos rozaban mi cadera y su boca mi cuello y mi espalda, cuando sentí que abría mis nalgas y su lengua empezaba a saborear mi agujero.
Anel apartó algunas cosas de la mesa de centro y me hicieron tenderme sobre ella. Manuel levantó un poco mi cuerpo y reinició su exploración, su lengua me fue dilatando hasta que empezó a meterme uno, dos y tres dedos en el ano. Anel y Ariel no dejaban de estimular mis pezones (las experiencias previas les aseguraban que hacerlo me rendía a cualquiera de sus perversos antojos). Abdiel por fin encontró su lugar, se acomodó en un extremo de la mesa y puso al alcance de mi boca su verga. ¡Wow!, mi verga sintió el calor de la boca de José. Todos estaban conmigo, yo estaba con todos. Los hábiles movimientos de Abdiel llevaban casi por completo su verga hasta mi garganta, pero yo logré moverme y controlar lo suficiente para poder lamer sus enormes bolas, las ponía una por una en mi boca, luego ambas… él empezó a gemir y yo me atreví a acercarme a su ano. Pronto lo tenía prácticamente sentado sobre mi rostro.
Gemí un poco al sentir que Manuel empezaba a penetrarme. Anel y Ariel sostenían mis piernas levantadas y José no dejaba de mamarme. Manuel se movió como quiso hasta que logro vaciar su leche dentro de mí. Abdiel ocupó su lugar, empezó a cogerme sin mayor delicadeza mientras decía que siempre supo que yo era un maricón. José no me dejó decir nada, ni siquiera gemir, pues puso su verga en mi boca mientras me advertía que no la sacaría hasta descargar la leche que en dos meses no había botado. Ariel y Anel no dejaban de mordisquear mi pecho sin decir una sola palabra. Como cinco minutos después, sentí el sabor hirviente de la leche de José. Detesto el sabor del semen, pero en la posición y condiciones en que me hallaba, no tuve más remedio que tragarlo todo.
Así fue como quedé solamente con Anel y Ariel en mi pecho y Abdiel que no dejaba de clavarme con su verga. Sabía que cuando bebía le era imposible correrse. Mi culo sentiría esa noche lo que sentían las putas a las que Abdiel pagaba para satisfacer sus ansias. De pronto, como si yo fuera un objeto, Anel protestó. “da chance” le dijo a Abdiel. Discutieron sin dejar ninguno de tratarme como a una puta. José y Manuel observaban sentados en el sillón la nueva escena. Abdiel accedió molesto con la condición de cambiar la posición. Me puso a cuatro patas y me metió, ahora sí, toda su monumental verga en la boca. Follaba en mi boca como había estado haciendo en mi culo mientras Ariel empezaba a penetrarme sin ninguna dificultad.
La verga de Abdiel tenía ese extraño y excitante sabor de mis entrañas. Pronto mis piernas y brazos empezaron a temblar produciendo un nuevo cambio de posiciones. Ariel se sentó en el sofá y me hizo subir y meterme toda su verga mientras él me volvía a apretar y morder los pezones. Los tenía al rojo vivo, muy sensibles. Cada vez dolían más, pero aquél dolor era el placer más grande que jamás había sentido así que yo solamente gemía, apretaba los brazos de Ariel y respiraba profundamente sin pedirle que se detuviera. Abdiel se paró a un lado y no hizo falta ninguna indicación, volví a meterme su verga, pero ahora a mi ritmo. Lo masturbaba y apretaba entre lengüetazo y lengüetazo. Sus bolas ardían cada vez que las saboreaba.
Cuando las manos de Ariel empezaron a abrir mis nalgas, no imaginaba lo que estaba pasando. Abdiel me obligaba a conservar toda su verga dentro, casi no podía respirar, lo único que podía ver eran los negrísimos vellos púbicos de Abdiel. Sentí caer en mi agujero un líquido frío y al instante la verga de Ariel se escurría con mayor rapidez. Era genial, más placer. El dolor no existía, pero nada es para siempre. Pronto sentí como Anel forzaba su pinga para obligarla a depositarse en mi culo. Intenté evitarlo, pero fue imposible. Sé que las lágrimas salían incontenibles de mis ojos. El dolor era insoportable. Llevaba por lo menos una hora y media recibiendo vergas en mi culo, pero nada me había preparado para algo semejante. De momento sentí como si algo dentro de mi cuerpo se rompiera, sentí como cedí involuntariamente y por lo menos la mitad de la verga de Anel se deposito dentro de mí, junto a la verga de Ariel.
Empezaron un movimiento de ida y vuelta. Uno entraba y el otro retrocedía un poco. Abdiel no dejaba de ahogarme con su verga en mi boca. El dolor, el cansancio y cierta humillación me hicieron renunciar a mi cuerpo. Fui mantenido en esta posición varios minutos hasta que ambas vergas empezaron a moverse sin control, cada una concentrada en descargar su leche en mi culo. Los gemidos de ambos anunciaron el momento en que mis entrañas se colmaban de dos nuevas leches. Anel abandonó mi culo y al levantarme y sacarme la verga de Ariel, un chorro de semen cayó al piso. Recuerdo sentir un penetrante olor a sexo. Era increíble, tuve conciencia por un segundo de lo que había sucedido. Sentí vergüenza, pero no terminábamos.
Abdiel me acostó sobre el sofá y levantó mis piernas al tiempo que me penetró salvajemente. Por fortuna, el mayor daño ya estaba hecho así que no sentí nada. Por Dios que estuvo bombeándome como una hora sin lograr correrse. En ese tiempo, todos los demás habían recuperado su erección y vuelto a hacerme mamar haciéndome probar y tragar su leche. Me sentí fastidiado. Incómodo, adolorido. Abdiel no dejaba de insultarme por ser maricón. Hasta que por fin logré echarle en cara que no se podía venir porque lo que necesitaba para eso era estar en mi lugar. Todos rieron y burlaron de él quien molesto, sacó su verga de mí y dijo que se retiraba. Eran como las dos de la mañana.
Nos reunimos todos en casa de Anel (uno que ya conocía mis gustos) como desde las dos de la tarde -era sábado- y estuvimos viendo dos o tres, ya no recuerdo, partidos de fútbol y bebiendo cerveza. Como a las seis, pedimos comida barata servida a domicilio y antes de las ocho de la noche, el fastidioso y excelente Manuel apareció con un pastel que pronto desapareció entre bromas y guerra de migajas. Nadie cantó nada, ni falta hacía, definitivamente yo me estaba pasando un feliz cumpleaños, aunque lo mejor estaba por darse.
Ya como a las nueve de la noche, todos bastante bebidos, Anel propone hacer algo que no hacíamos desde muchísimo tiempo: “pongamos una porno” dijo, y todos aceptamos la idea. Nos acomodamos en el suelo y en el sofá grande frente al televisor. Anel ocupó un sillón cercano. Pronto vimos la escena de una joven y cuatro tipos. Nadie decía nada, pero yo podía notar cómo mis amigos acariciaban sus bultos. Miré a Anel y me guiñó un ojo. Yo estaba calientísimo, quería sentirme como aquella mujer. Pasé la lengua por mis labios, como saboreando. Anel se puso de pie y sin decirle nada a nadie, se desnudó y volvió a sentarse para empezar a masturbarse. Casi al instante, todos los demás hicieron lo mismo. Fui el único que permaneció vestido, no sé por qué.
El asunto es que pronto me vi en el suelo contemplando a mis 5 compinches desnudos, con sus vergas creciendo entre sus manos. Me quité el suéter y mientras me quitaba la camisa, Anel se acercó a mí. Tenía su ya saboreada polla frente a mis labios. No pensé en nada, simplemente me arrodillé y di inicio a mi tarea bucal. Detrás de mí, los gemidos de la chica me transportaban a no sé qué lugar en donde yo sería objeto de deseo de varios hombres a un mismo tiempo. Pronto Anel se retiró y dejó que Manuel ocupara su lugar. Después fue Abdiel, después José y finalmente Ariel. Los cinco me ofrecieron su verga para mamarles.
El video terminó y ellos seguían con su verga dura sin haberse corrido. Ariel me tomó del brazo, me ayudó a levantar y soltó mi correa y desabotonó mi pantalón. Yo terminé de quitarme el pantalón y me quedé en calzoncillo. Ariel empezó a acariciar, besar y morder mi cuello, mis hombros y mis tetillas. Anel se puso a mi lado también empezó a hacer lo mismo. Yo tomé sus vergas con mis manos y los masturbaba. Supongo que producto del alcohol, ninguno objetó nada y sin ninguna inhibición, Manuel se aproximó a mi espalda y ¡wow!, estaba prácticamente rodeado de hombres. Sentía la verga de Manuel acariciando mis nalgas mientras sus manos rozaban mi cadera y su boca mi cuello y mi espalda, cuando sentí que abría mis nalgas y su lengua empezaba a saborear mi agujero.
Anel apartó algunas cosas de la mesa de centro y me hicieron tenderme sobre ella. Manuel levantó un poco mi cuerpo y reinició su exploración, su lengua me fue dilatando hasta que empezó a meterme uno, dos y tres dedos en el ano. Anel y Ariel no dejaban de estimular mis pezones (las experiencias previas les aseguraban que hacerlo me rendía a cualquiera de sus perversos antojos). Abdiel por fin encontró su lugar, se acomodó en un extremo de la mesa y puso al alcance de mi boca su verga. ¡Wow!, mi verga sintió el calor de la boca de José. Todos estaban conmigo, yo estaba con todos. Los hábiles movimientos de Abdiel llevaban casi por completo su verga hasta mi garganta, pero yo logré moverme y controlar lo suficiente para poder lamer sus enormes bolas, las ponía una por una en mi boca, luego ambas… él empezó a gemir y yo me atreví a acercarme a su ano. Pronto lo tenía prácticamente sentado sobre mi rostro.
Gemí un poco al sentir que Manuel empezaba a penetrarme. Anel y Ariel sostenían mis piernas levantadas y José no dejaba de mamarme. Manuel se movió como quiso hasta que logro vaciar su leche dentro de mí. Abdiel ocupó su lugar, empezó a cogerme sin mayor delicadeza mientras decía que siempre supo que yo era un maricón. José no me dejó decir nada, ni siquiera gemir, pues puso su verga en mi boca mientras me advertía que no la sacaría hasta descargar la leche que en dos meses no había botado. Ariel y Anel no dejaban de mordisquear mi pecho sin decir una sola palabra. Como cinco minutos después, sentí el sabor hirviente de la leche de José. Detesto el sabor del semen, pero en la posición y condiciones en que me hallaba, no tuve más remedio que tragarlo todo.
Así fue como quedé solamente con Anel y Ariel en mi pecho y Abdiel que no dejaba de clavarme con su verga. Sabía que cuando bebía le era imposible correrse. Mi culo sentiría esa noche lo que sentían las putas a las que Abdiel pagaba para satisfacer sus ansias. De pronto, como si yo fuera un objeto, Anel protestó. “da chance” le dijo a Abdiel. Discutieron sin dejar ninguno de tratarme como a una puta. José y Manuel observaban sentados en el sillón la nueva escena. Abdiel accedió molesto con la condición de cambiar la posición. Me puso a cuatro patas y me metió, ahora sí, toda su monumental verga en la boca. Follaba en mi boca como había estado haciendo en mi culo mientras Ariel empezaba a penetrarme sin ninguna dificultad.
La verga de Abdiel tenía ese extraño y excitante sabor de mis entrañas. Pronto mis piernas y brazos empezaron a temblar produciendo un nuevo cambio de posiciones. Ariel se sentó en el sofá y me hizo subir y meterme toda su verga mientras él me volvía a apretar y morder los pezones. Los tenía al rojo vivo, muy sensibles. Cada vez dolían más, pero aquél dolor era el placer más grande que jamás había sentido así que yo solamente gemía, apretaba los brazos de Ariel y respiraba profundamente sin pedirle que se detuviera. Abdiel se paró a un lado y no hizo falta ninguna indicación, volví a meterme su verga, pero ahora a mi ritmo. Lo masturbaba y apretaba entre lengüetazo y lengüetazo. Sus bolas ardían cada vez que las saboreaba.
Cuando las manos de Ariel empezaron a abrir mis nalgas, no imaginaba lo que estaba pasando. Abdiel me obligaba a conservar toda su verga dentro, casi no podía respirar, lo único que podía ver eran los negrísimos vellos púbicos de Abdiel. Sentí caer en mi agujero un líquido frío y al instante la verga de Ariel se escurría con mayor rapidez. Era genial, más placer. El dolor no existía, pero nada es para siempre. Pronto sentí como Anel forzaba su pinga para obligarla a depositarse en mi culo. Intenté evitarlo, pero fue imposible. Sé que las lágrimas salían incontenibles de mis ojos. El dolor era insoportable. Llevaba por lo menos una hora y media recibiendo vergas en mi culo, pero nada me había preparado para algo semejante. De momento sentí como si algo dentro de mi cuerpo se rompiera, sentí como cedí involuntariamente y por lo menos la mitad de la verga de Anel se deposito dentro de mí, junto a la verga de Ariel.
Empezaron un movimiento de ida y vuelta. Uno entraba y el otro retrocedía un poco. Abdiel no dejaba de ahogarme con su verga en mi boca. El dolor, el cansancio y cierta humillación me hicieron renunciar a mi cuerpo. Fui mantenido en esta posición varios minutos hasta que ambas vergas empezaron a moverse sin control, cada una concentrada en descargar su leche en mi culo. Los gemidos de ambos anunciaron el momento en que mis entrañas se colmaban de dos nuevas leches. Anel abandonó mi culo y al levantarme y sacarme la verga de Ariel, un chorro de semen cayó al piso. Recuerdo sentir un penetrante olor a sexo. Era increíble, tuve conciencia por un segundo de lo que había sucedido. Sentí vergüenza, pero no terminábamos.
Abdiel me acostó sobre el sofá y levantó mis piernas al tiempo que me penetró salvajemente. Por fortuna, el mayor daño ya estaba hecho así que no sentí nada. Por Dios que estuvo bombeándome como una hora sin lograr correrse. En ese tiempo, todos los demás habían recuperado su erección y vuelto a hacerme mamar haciéndome probar y tragar su leche. Me sentí fastidiado. Incómodo, adolorido. Abdiel no dejaba de insultarme por ser maricón. Hasta que por fin logré echarle en cara que no se podía venir porque lo que necesitaba para eso era estar en mi lugar. Todos rieron y burlaron de él quien molesto, sacó su verga de mí y dijo que se retiraba. Eran como las dos de la mañana.