azucena
13-02 2008, 12:30 AM
Tres Dulces y Perversas Mujeres
http://www.relatosymas.com/showthread.php?t=15415
Tres Dulces y Perversas Mujeres II
http://www.relatosymas.com/showthread.php?t=16787
Tres Dulces y Perversas Mujeres III
Cuando mi cuñada Susana estuvo la última vez en casa, pensé que no volvería más, tal vez por lo que pasó entre nosotras, ella no se atrevería a hacerlo nuevamente. Me equivoqué, no solo vino sino que también lo hizo mi hermano Rodrigo.
El día que llegaron fue una gran sorpresa, no los esperaba. Preparé la cena, Mayra y Mirella estaban muy alegres y yo estaba nerviosa como una colegiala. Rodrigo estaba cansado por el viaje, quería irse a dormir, así que preparé mi dormitorio para ellos, las chicas dormirían en el otro dormitorio y yo lo haría en el sofá-cama del living.
Cuando Rodrigo se fue a dormir, las chicas se fueron a bailar, Susana y yo terminábamos de limpiar la cocina. Susana estaba excitada, contenta de estar allí:
- No sabes cómo extrañé estar aquí, Rodrigo quería tanto venir también, ver a Mayra y a vos.
-Tendremos que simular bastante, no quiero complicaciones con él - le dije.
-Ya veremos como le hacemos, mi sexo ha mejorado mucho con él, no creo que le venga mal algo extra - me dijo muy despreocupada.
Estaba terminando de ordenar, cuando ella se acercó a mí y comenzó a susurrarme al oído:
- Te extrañé demasiado, deseo tenerte de nuevo, saborear tus pechos, tu piel, oler el perfume de conchita.
A medida que me decía todo esto, mi piel se erizaba, por mi rostro corría un fuego, quería poseerla en ese instante. Ella se retiró un poco y me besó apasionadamente, a lo cual me rendí. En eso escuchamos a Rodrigo bajar las escaleras, nos separamos rápidamente, él apareció en la cocina.
- Charlando, como todas las mujeres, necesito tomar algo fresco, y las dejo tranquilas para que sigan.
- También estoy cansada, ya te sigo – comentó Susana.
También me fui a dormir, había estado todo el día con mucha tensión. Mayra y Mireya llegaron a la madrugada, las escuché cuchichear algo y después quedé profundamente dormida. Nos despertamos tarde pasado el mediodía.
Rodrigo organizó un paseo con las chicas y Susana y yo nos quedamos. No se porque la presencia de mi cuñada me intimidaba, tal vez era temor de ser descubiertas por mi hermano.
Susana estaba ansiosa porque estábamos solas. Me dijo que había esperado tanto ese momento, todavía tenía puesto ese camisolín transparente, sus pezones estaban duritos, los míos también. Sólo se acercó, me acarició el rostro y comenzó a calentarme con sus palabras en mi oído:
- Quiero que seas mía, quiero seguir con esto, quiero hacerte gritar como una perra en celos....quiero hacer un desastre de sexo con todos.
Comenzó a besar mi cuello, mientras masajeaba mis pechos, luego llenó de saliva mis pezones y comenzó a mamarlos. Mientras sus dedos penetraban mi chochis, me recostó en el sofá y su lengua recorrió cada centímetro de mi cuerpo hasta que sentí su lengua penetrar en mi conchita. Succionó mi clítoris totalmente hinchado y bebió todos mis jugos. Terminé dando gritos de placer, la tomé de la cintura, la atraje hacia mi y comencé a jugar con sus pezones.
La coloqué de espaldas y besé su espalda hasta llegar a ese culito hermoso y húmedo, lo lamí tanto, que mi lengua entraba y salía de él. Cuando noté que estaba dilatadito, introduje mi juguetito en él. Ella jadeaba, eso me excitaba más aún, gritaba que le hiciera más fuerte, así lo hice, acabó en medio de llantos y gritos y risitas nerviosas.
Se dio la vuelta y me besó profundamente, luego nos masturbamos las dos, toda una delicia.
-Desde que estuve la última vez no he tenido la oportunidad de hacer el amor con ninguna mujer, pero el sexo con tu hermano ha mejorado muchísimo.
Llegaron las chicas y mi hermano, así que decidimos pasar la tarde en el jardín junto a la pileta. Las chicas pusieron música y comenzaron a bailar, lo cual entretuvo a mi hermano quien les hacía bromas. Susan y yo estábamos en el agua riéndonos de las pavadas que decíamos.
Todo fue bastante tranquilo en los días siguientes, ya que Susana, las chicas y yo no teníamos oportunidad de nada.
Lo que notaba raro era que mi hermano siempre les pedía a las chicas que pusieran música y bailaran, entonces empecé a fijarme mejor. Cada vez que las chicas bailaban, el pene de mi hermano aumentaba de tamaño debajo de su pantalón, él trataba de disimular, pero ante mis ojos veía como se excitaba.
Le comenté a Susana lo que pasaba, y me dijo que también lo había advertido. Le dije que ver esa situación también me excitaba. Si ella estaba de acuerdo y las chicas también, tendríamos lo que Rodrigo también deseaba.
Organizamos una cena en el jardín de casa, coloqué en la mesa hieleras con bananas bien verdes y duras y chocolate en barra, para que se mantengan bien frescos. Rodrigo no entendía nada. Las chicas vistieron remeras ajustadas blancas de algodón, sin corpiño. Susana vestía un vestido verde agua de jersey, que marcaba notablemente su figura y marcaba esos pechos hermosos que su madurez le daba. Yo me puse un sweter de hilo, rosa pálido, calado, insinuando mis pechos.
El solo hecho de pensar lo que pasaría me mojaba mi conchita. Comimos moderadamente, bebimos.
Mayra y Mireya pusieron música y empezaron a bailar. Los movimientos de sus cuerpos eran cada vez más eróticos. Mientras bebía vino observaba el deseo sexual en el rostro de mi hermano, veíamos con Susana como la verga de Rodrigo crecía debajo del pantalón. Las chicas habían bebido bastante y se tiraron a la pileta, solamente para que al salir del agua, sus remeras blancas mojadas se adhirieran a sus pechos y excitara a mi hermano.
Rodrigo al ver esas remeras mojadas, pegadas al cuerpo de las chicas, se sirvió otro vaso de vino y se lo tomó de un trago. Las chicas comenzaron a bailar, sus pechos se tocaban, Mayra tomó una botella vacía de la mesa, se paró frente a Mirella y entre las dos comenzaron a chupar el pico, simulando chupar una verga, mientras lo hacían miraban a Rodrigo.
Rodrigo permanecía sentado en la reposera, y se entregó. Mi hija se acercó, se agachó y le desabrochó los pantalones, buscó con sus manos esa verga, misteriosa para mí. Le sacó los pantalones y comenzó a introducirla en su boca, la lamió como un chupetín.
Mayra también se acercó y se unió a ellos, Rodrigo acariciaba sus cabelleras, les pedía que no se detuvieran.
Susana se despojó de su vestido y me desvistió, nos unimos a ellos. Acerqué mis tetas a la boca de mi hermano, me las mamó desaforadamente, luego su lengua también jugaba con los pezones de Susana. Mi hermano estaba a punto de explotar pero controló, para mi asombro, su eyaculación. Las chicas se retiraron y se sacaron las remeras, y mi hija le dijo:
-Tío, quiero que mires como me monto a tu hija, quiero que goces mirándonos.
Mientras las chicas besaban mutuamente sus pechos, mi hermano tomó una botella de vino y me la roció entre mis pechos, los saboreó dulcemente. Luego le pidió a Susana que echara vino en mi pubis y lamiera mi concha mientras el seguía con mis tetas.
Introdujo su verga en mi boca y me dijo:
- Quiero que te la comas toda, hermanita tan putita.
Susana seguía con su lengua en mi concha, mi hija se dirigió hacia ella y comenzó a chuparle su caliente y mojado culito. Mayra, se acercó a su padre, lo besó apasionadamente, y luego me ayudó a seguir saboreando su verga, hasta que terminó en nuestras bocas. Su leche nos mojó, y mi cuñada y mi hija nos limpiaron con sus lenguas.
Nos sentamos en las reposeras, comenzamos a jugar con las botellas vacías en nuestras conchas. Mayra le dijo a su padre:
- Mírame papi, mira como juego con el pico de la botella. Metía el pico en su boca y luego se lo pasaba por su concha. ¿Te gusta?.
Rodrigo se acercó a su hija y comenzó a besarle su pubis, hasta que su lengua se introdujo en su concha. Entonces Susana se unió a su hija y masajeó las tetas de Mayra, las besó desaforadamente. Yo también me uní, pero comencé a ayudar a mi hermano a coger a su hija, le decía cosas excitantes a su oído, quería verlo gozar.
Mi hija sacó sus juguetitos, ya era hora de jugar.
Rodrigo terminó entre gritos y gemidos, madre e hija se dispusieron a limpiarle todo su semen de la verga. Mi hermano nunca había tenido semejante noche de sexo y lujuria. Entonces decidimos darle más.
Mirella se arrodilló en el césped, Susana se acostó apoyando su cabeza en los muslos de mi hija, Mayra untó el cuerpo de su madre con aceite de bebe, y masajeó sus pechos maravillosamente, me coloqué mi arnés, y penetré a Susana, iba con movimientos suaves, ella pedía que se lo hiciera más fuerte, más, más.
Le gritó a su marido para que me ayudara a cogerla bien. Rodrigo así lo hizo, se acercó con su verga tan dura, que me tentó y me la puse en la boca, hasta que le cedí el lugar, para que continuara cogiendo a Susana. Mientras ellos cogían, mi sobrina comenzó a mamarme el consolador colocado en mi arnés. Mireya mamaba las tetas de su tía.
Mi hermano terminó dentro de su mujer. Mi hija besó a su tío en la boca. Luego a nosotras y comenzó a masturbarse delante nuestro. Su primita le retorcía sus pezones duros para que gozara mas, verla masturbarse, con sus maravillosos deditos era un placer. Entonces Rodrigo se acercó y frotó sus dedos en el clítoris de mi hija, ella gemía y decía:
- Así, así tío...hazme terminar.
- Si sobrinita te daré lo quieras, eres mía, todas ustedes son mías.
Mi hija terminó, mi hermano y su hija le besaron todo su cuerpo en señal de satisfacción.
Acto seguido Susana y su hija comenzaron a mamarse las tetas, mientras se frotaban sus juguetitos de latex en sus conchas. Mi hermano se sentó a observarlas mientras se tocaba su pija, entonces el empezó a ordenar lo que quería ver, éramos sus esclavas. Y él era un macho leonino.
.
Les dijo a su mujer y a su hija que se untaran con chocolate las conchas, que se introdujeran las bananas peladas y bien verdes que había en la mesa. Nosotras gustosas comenzamos chupar como vergas, esas bananas duras y frías, hasta llegar bien dentro de sus conchas. Teníamos que dejarles las chochis bien limpias.
Mireya limpió la de su tía y yo la de mi sobrinita. Teníamos las bocas llena de chocolate, pero ellas nos las limpiaron maravillosamente con sus lenguas.
Rodrigo seguía sentado, con sus manos sobándose la verga, me dijo:
- Hermanita, me gustas así, bien rica. Quiero que te pongas tu verga de látex con el arnés y montes a tu hija por detrás y que esa preciosura me chupe la verga junto con mi hija. Susana vos le lamerás ese culito a mi hermana.
Así hicimos, era especie de trencito sexual. Todos gemíamos, gozábamos. En el acto Rodrigo pidió chuparle las tetas a Susana y luego a todas, pero también pidió que me montara encima de él, le dije:
- Por fin, creí que nunca hubieras querido montarme.
- Quiero cogerte como a una ramera. Si hubiese sabido antes, también me hubiese echado a nuestra vieja.., y todavía falta mi sobrinita.
Cuando sentí su verga dentro mío , me estremecí, me retorcí de placer. Susana ponía el consolador dentro de su boca y lo pasaba a la mía, las chicas me besaban la espalda y mis grandes tetas.
- Así hermanito, soy tuya, quiero que me cojas siempre.
- De ahora en mas, siempre, a todas mis mujeres ricas.
Sentía que se venía, eyaculó dentro de mí, temblé toda como una hoja. Besó mis pechos y los recorrió con su ávida lengua.
Hicimos un pequeño receso, relajados, exhaustos.
Abrimos más vino, y nos dimos un baño en la pileta. Nos refrescamos, charlamos de lo bien que nos llevábamos. Nos relajamos casi una hora, eran las dos de la mañana, no nos habíamos dado cuenta del tiempo.
Salimos del agua, nos secamos y Rodrigo nos preguntó si nos animábamos a depilarlo en sus zonas íntimas. Mi hija fue a buscar la rasuradora y crema de afeitar, pero además trajo las bolitas chinas y unas frutillas congeladas.
Todas ayudamos a depilarle su zona masculina, él ya tenía su pija dura, se la limpiamos bien, y todas queríamos probar ese chupetín recién depilado. Mayra se inclinó y comenzó a lamerla y todas le seguimos.
En un momento dado, mi hija se sentó sobre él y comenzó a cogerlo hasta fundirse los dos en un solo grito de placer. Ayudé a mi hija a tener más placer introduciendo mi verga de látex en su boca, mientras su primita le mamaba esas tetas de pezones rosados. Susana metía su lengua en la boca de su marido. Mireya gritaba hasta que alcanzó un orgasmo fenomenal.
Todas pasamos nuestras lenguas en esa verga. Entonces le pregunte a mi hermano si se dejaba sodomizar por nosotras. Dudó un instante, y dijo:
- He tenido sexo maravilloso, nunca antes probado por mí, hagan conmigo lo que quieran.
Se puso en cuatro patas, mi cuñadita y yo comenzamos a lamer y chupar su trasero, se dilató sin problemas, entonces mi hija se colocó el arnés y lo penetró suavemente. Mientras su hija agachada frente a él, le pasaba las frutillas con su boca a la boca de él, hasta que se introdujo algunas en su concha y le dijo:
- Papi, quiero que me chupes mi conchita, tan depilada como tu verga, quiero que sientas el perfume dentro de mí. Cómeme toda, chúpame el clítoris como se lo chupas a mami, hazme sentir más divina.
Entonces mi sobrina flexionó sus piernas y su padre se hundió en ese universo de pasión y lujuria.
Susana y yo estábamos calientes, pero queríamos ver en que terminaba eso. Rodrigo gimió de placer y su leche se desparramó en el césped, mi sobrina pedía que su padre terminara con ella, y él terminó de beberle todos sus jugos vaginales.
A mi cuñada y a mi nos calentó mucho ver eso, tomé a Susana por la cintura y les pedí a todos que nos miraran, nos excitábamos más cuando nos miraban.
Comenzamos a acariciar tetas contra tetas. Rodrigo hacía ovaciones, nuestras lenguas se entrelazaban, recorrí el vientre de Susana, la recosté en el piso y le introduje las frutillas congeladas. Se las empujaba con mi lengua hacia adentro de su concha, y cuando el calor de su interior las derretía, bebía todo los jugos de esa conchita traviesa.
En eso mi hija se acercó, levanté más mi cola y comenzó a meterme las bolitas chinas, una por una. Mi sobrina procedió luego a retirarlas una por una, cada una que sacaba era un gritito histérico de placer. Mi cuñada largó todos sus jugos los cuales bebí desaforadamente, como cuando se toma un vaso de agua con muchísima sed.
Entonces mi hermano me pidió que me quedara así, con la colita parada, palmeó mis nalgas, introdujo su lengua, y me penetró analmente. Mi cuñadita todavía estaba abajo mío, así que me incliné hacia ella, dejando mi cola más parada. Le besé esos pechos que me volvían loca. Mi hermano no dejaba de darme bomba, y yo gemía como yegua alzada. Cuando se corrió, esparció su semen en mi espalda, mi sobrina y mi hija lo lamieron como a un caramelo.
Estábamos exhaustos, la orgía familiar duró cuatro horas.
Nos fuimos a dormir, Susana con mi hija, y mi sobrina y yo con Rodrigo.
Esta historia no terminó aquella noche. Rodrigo se mudó a la ciudad con Susana, para estar cerca de todas. Compramos una casa más grande. Tenemos sexo en grupo o individualmente.
Últimamente quiere incorporar a la familia a nuestro primo Sergio, para que lo ayude con tantas mujeres. Desde ya les digo que sí, Sergio o cualquier semental humano que lo ayude...
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Tres Dulces y Perversas Mujeres II
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Tres Dulces y Perversas Mujeres III
Cuando mi cuñada Susana estuvo la última vez en casa, pensé que no volvería más, tal vez por lo que pasó entre nosotras, ella no se atrevería a hacerlo nuevamente. Me equivoqué, no solo vino sino que también lo hizo mi hermano Rodrigo.
El día que llegaron fue una gran sorpresa, no los esperaba. Preparé la cena, Mayra y Mirella estaban muy alegres y yo estaba nerviosa como una colegiala. Rodrigo estaba cansado por el viaje, quería irse a dormir, así que preparé mi dormitorio para ellos, las chicas dormirían en el otro dormitorio y yo lo haría en el sofá-cama del living.
Cuando Rodrigo se fue a dormir, las chicas se fueron a bailar, Susana y yo terminábamos de limpiar la cocina. Susana estaba excitada, contenta de estar allí:
- No sabes cómo extrañé estar aquí, Rodrigo quería tanto venir también, ver a Mayra y a vos.
-Tendremos que simular bastante, no quiero complicaciones con él - le dije.
-Ya veremos como le hacemos, mi sexo ha mejorado mucho con él, no creo que le venga mal algo extra - me dijo muy despreocupada.
Estaba terminando de ordenar, cuando ella se acercó a mí y comenzó a susurrarme al oído:
- Te extrañé demasiado, deseo tenerte de nuevo, saborear tus pechos, tu piel, oler el perfume de conchita.
A medida que me decía todo esto, mi piel se erizaba, por mi rostro corría un fuego, quería poseerla en ese instante. Ella se retiró un poco y me besó apasionadamente, a lo cual me rendí. En eso escuchamos a Rodrigo bajar las escaleras, nos separamos rápidamente, él apareció en la cocina.
- Charlando, como todas las mujeres, necesito tomar algo fresco, y las dejo tranquilas para que sigan.
- También estoy cansada, ya te sigo – comentó Susana.
También me fui a dormir, había estado todo el día con mucha tensión. Mayra y Mireya llegaron a la madrugada, las escuché cuchichear algo y después quedé profundamente dormida. Nos despertamos tarde pasado el mediodía.
Rodrigo organizó un paseo con las chicas y Susana y yo nos quedamos. No se porque la presencia de mi cuñada me intimidaba, tal vez era temor de ser descubiertas por mi hermano.
Susana estaba ansiosa porque estábamos solas. Me dijo que había esperado tanto ese momento, todavía tenía puesto ese camisolín transparente, sus pezones estaban duritos, los míos también. Sólo se acercó, me acarició el rostro y comenzó a calentarme con sus palabras en mi oído:
- Quiero que seas mía, quiero seguir con esto, quiero hacerte gritar como una perra en celos....quiero hacer un desastre de sexo con todos.
Comenzó a besar mi cuello, mientras masajeaba mis pechos, luego llenó de saliva mis pezones y comenzó a mamarlos. Mientras sus dedos penetraban mi chochis, me recostó en el sofá y su lengua recorrió cada centímetro de mi cuerpo hasta que sentí su lengua penetrar en mi conchita. Succionó mi clítoris totalmente hinchado y bebió todos mis jugos. Terminé dando gritos de placer, la tomé de la cintura, la atraje hacia mi y comencé a jugar con sus pezones.
La coloqué de espaldas y besé su espalda hasta llegar a ese culito hermoso y húmedo, lo lamí tanto, que mi lengua entraba y salía de él. Cuando noté que estaba dilatadito, introduje mi juguetito en él. Ella jadeaba, eso me excitaba más aún, gritaba que le hiciera más fuerte, así lo hice, acabó en medio de llantos y gritos y risitas nerviosas.
Se dio la vuelta y me besó profundamente, luego nos masturbamos las dos, toda una delicia.
-Desde que estuve la última vez no he tenido la oportunidad de hacer el amor con ninguna mujer, pero el sexo con tu hermano ha mejorado muchísimo.
Llegaron las chicas y mi hermano, así que decidimos pasar la tarde en el jardín junto a la pileta. Las chicas pusieron música y comenzaron a bailar, lo cual entretuvo a mi hermano quien les hacía bromas. Susan y yo estábamos en el agua riéndonos de las pavadas que decíamos.
Todo fue bastante tranquilo en los días siguientes, ya que Susana, las chicas y yo no teníamos oportunidad de nada.
Lo que notaba raro era que mi hermano siempre les pedía a las chicas que pusieran música y bailaran, entonces empecé a fijarme mejor. Cada vez que las chicas bailaban, el pene de mi hermano aumentaba de tamaño debajo de su pantalón, él trataba de disimular, pero ante mis ojos veía como se excitaba.
Le comenté a Susana lo que pasaba, y me dijo que también lo había advertido. Le dije que ver esa situación también me excitaba. Si ella estaba de acuerdo y las chicas también, tendríamos lo que Rodrigo también deseaba.
Organizamos una cena en el jardín de casa, coloqué en la mesa hieleras con bananas bien verdes y duras y chocolate en barra, para que se mantengan bien frescos. Rodrigo no entendía nada. Las chicas vistieron remeras ajustadas blancas de algodón, sin corpiño. Susana vestía un vestido verde agua de jersey, que marcaba notablemente su figura y marcaba esos pechos hermosos que su madurez le daba. Yo me puse un sweter de hilo, rosa pálido, calado, insinuando mis pechos.
El solo hecho de pensar lo que pasaría me mojaba mi conchita. Comimos moderadamente, bebimos.
Mayra y Mireya pusieron música y empezaron a bailar. Los movimientos de sus cuerpos eran cada vez más eróticos. Mientras bebía vino observaba el deseo sexual en el rostro de mi hermano, veíamos con Susana como la verga de Rodrigo crecía debajo del pantalón. Las chicas habían bebido bastante y se tiraron a la pileta, solamente para que al salir del agua, sus remeras blancas mojadas se adhirieran a sus pechos y excitara a mi hermano.
Rodrigo al ver esas remeras mojadas, pegadas al cuerpo de las chicas, se sirvió otro vaso de vino y se lo tomó de un trago. Las chicas comenzaron a bailar, sus pechos se tocaban, Mayra tomó una botella vacía de la mesa, se paró frente a Mirella y entre las dos comenzaron a chupar el pico, simulando chupar una verga, mientras lo hacían miraban a Rodrigo.
Rodrigo permanecía sentado en la reposera, y se entregó. Mi hija se acercó, se agachó y le desabrochó los pantalones, buscó con sus manos esa verga, misteriosa para mí. Le sacó los pantalones y comenzó a introducirla en su boca, la lamió como un chupetín.
Mayra también se acercó y se unió a ellos, Rodrigo acariciaba sus cabelleras, les pedía que no se detuvieran.
Susana se despojó de su vestido y me desvistió, nos unimos a ellos. Acerqué mis tetas a la boca de mi hermano, me las mamó desaforadamente, luego su lengua también jugaba con los pezones de Susana. Mi hermano estaba a punto de explotar pero controló, para mi asombro, su eyaculación. Las chicas se retiraron y se sacaron las remeras, y mi hija le dijo:
-Tío, quiero que mires como me monto a tu hija, quiero que goces mirándonos.
Mientras las chicas besaban mutuamente sus pechos, mi hermano tomó una botella de vino y me la roció entre mis pechos, los saboreó dulcemente. Luego le pidió a Susana que echara vino en mi pubis y lamiera mi concha mientras el seguía con mis tetas.
Introdujo su verga en mi boca y me dijo:
- Quiero que te la comas toda, hermanita tan putita.
Susana seguía con su lengua en mi concha, mi hija se dirigió hacia ella y comenzó a chuparle su caliente y mojado culito. Mayra, se acercó a su padre, lo besó apasionadamente, y luego me ayudó a seguir saboreando su verga, hasta que terminó en nuestras bocas. Su leche nos mojó, y mi cuñada y mi hija nos limpiaron con sus lenguas.
Nos sentamos en las reposeras, comenzamos a jugar con las botellas vacías en nuestras conchas. Mayra le dijo a su padre:
- Mírame papi, mira como juego con el pico de la botella. Metía el pico en su boca y luego se lo pasaba por su concha. ¿Te gusta?.
Rodrigo se acercó a su hija y comenzó a besarle su pubis, hasta que su lengua se introdujo en su concha. Entonces Susana se unió a su hija y masajeó las tetas de Mayra, las besó desaforadamente. Yo también me uní, pero comencé a ayudar a mi hermano a coger a su hija, le decía cosas excitantes a su oído, quería verlo gozar.
Mi hija sacó sus juguetitos, ya era hora de jugar.
Rodrigo terminó entre gritos y gemidos, madre e hija se dispusieron a limpiarle todo su semen de la verga. Mi hermano nunca había tenido semejante noche de sexo y lujuria. Entonces decidimos darle más.
Mirella se arrodilló en el césped, Susana se acostó apoyando su cabeza en los muslos de mi hija, Mayra untó el cuerpo de su madre con aceite de bebe, y masajeó sus pechos maravillosamente, me coloqué mi arnés, y penetré a Susana, iba con movimientos suaves, ella pedía que se lo hiciera más fuerte, más, más.
Le gritó a su marido para que me ayudara a cogerla bien. Rodrigo así lo hizo, se acercó con su verga tan dura, que me tentó y me la puse en la boca, hasta que le cedí el lugar, para que continuara cogiendo a Susana. Mientras ellos cogían, mi sobrina comenzó a mamarme el consolador colocado en mi arnés. Mireya mamaba las tetas de su tía.
Mi hermano terminó dentro de su mujer. Mi hija besó a su tío en la boca. Luego a nosotras y comenzó a masturbarse delante nuestro. Su primita le retorcía sus pezones duros para que gozara mas, verla masturbarse, con sus maravillosos deditos era un placer. Entonces Rodrigo se acercó y frotó sus dedos en el clítoris de mi hija, ella gemía y decía:
- Así, así tío...hazme terminar.
- Si sobrinita te daré lo quieras, eres mía, todas ustedes son mías.
Mi hija terminó, mi hermano y su hija le besaron todo su cuerpo en señal de satisfacción.
Acto seguido Susana y su hija comenzaron a mamarse las tetas, mientras se frotaban sus juguetitos de latex en sus conchas. Mi hermano se sentó a observarlas mientras se tocaba su pija, entonces el empezó a ordenar lo que quería ver, éramos sus esclavas. Y él era un macho leonino.
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Les dijo a su mujer y a su hija que se untaran con chocolate las conchas, que se introdujeran las bananas peladas y bien verdes que había en la mesa. Nosotras gustosas comenzamos chupar como vergas, esas bananas duras y frías, hasta llegar bien dentro de sus conchas. Teníamos que dejarles las chochis bien limpias.
Mireya limpió la de su tía y yo la de mi sobrinita. Teníamos las bocas llena de chocolate, pero ellas nos las limpiaron maravillosamente con sus lenguas.
Rodrigo seguía sentado, con sus manos sobándose la verga, me dijo:
- Hermanita, me gustas así, bien rica. Quiero que te pongas tu verga de látex con el arnés y montes a tu hija por detrás y que esa preciosura me chupe la verga junto con mi hija. Susana vos le lamerás ese culito a mi hermana.
Así hicimos, era especie de trencito sexual. Todos gemíamos, gozábamos. En el acto Rodrigo pidió chuparle las tetas a Susana y luego a todas, pero también pidió que me montara encima de él, le dije:
- Por fin, creí que nunca hubieras querido montarme.
- Quiero cogerte como a una ramera. Si hubiese sabido antes, también me hubiese echado a nuestra vieja.., y todavía falta mi sobrinita.
Cuando sentí su verga dentro mío , me estremecí, me retorcí de placer. Susana ponía el consolador dentro de su boca y lo pasaba a la mía, las chicas me besaban la espalda y mis grandes tetas.
- Así hermanito, soy tuya, quiero que me cojas siempre.
- De ahora en mas, siempre, a todas mis mujeres ricas.
Sentía que se venía, eyaculó dentro de mí, temblé toda como una hoja. Besó mis pechos y los recorrió con su ávida lengua.
Hicimos un pequeño receso, relajados, exhaustos.
Abrimos más vino, y nos dimos un baño en la pileta. Nos refrescamos, charlamos de lo bien que nos llevábamos. Nos relajamos casi una hora, eran las dos de la mañana, no nos habíamos dado cuenta del tiempo.
Salimos del agua, nos secamos y Rodrigo nos preguntó si nos animábamos a depilarlo en sus zonas íntimas. Mi hija fue a buscar la rasuradora y crema de afeitar, pero además trajo las bolitas chinas y unas frutillas congeladas.
Todas ayudamos a depilarle su zona masculina, él ya tenía su pija dura, se la limpiamos bien, y todas queríamos probar ese chupetín recién depilado. Mayra se inclinó y comenzó a lamerla y todas le seguimos.
En un momento dado, mi hija se sentó sobre él y comenzó a cogerlo hasta fundirse los dos en un solo grito de placer. Ayudé a mi hija a tener más placer introduciendo mi verga de látex en su boca, mientras su primita le mamaba esas tetas de pezones rosados. Susana metía su lengua en la boca de su marido. Mireya gritaba hasta que alcanzó un orgasmo fenomenal.
Todas pasamos nuestras lenguas en esa verga. Entonces le pregunte a mi hermano si se dejaba sodomizar por nosotras. Dudó un instante, y dijo:
- He tenido sexo maravilloso, nunca antes probado por mí, hagan conmigo lo que quieran.
Se puso en cuatro patas, mi cuñadita y yo comenzamos a lamer y chupar su trasero, se dilató sin problemas, entonces mi hija se colocó el arnés y lo penetró suavemente. Mientras su hija agachada frente a él, le pasaba las frutillas con su boca a la boca de él, hasta que se introdujo algunas en su concha y le dijo:
- Papi, quiero que me chupes mi conchita, tan depilada como tu verga, quiero que sientas el perfume dentro de mí. Cómeme toda, chúpame el clítoris como se lo chupas a mami, hazme sentir más divina.
Entonces mi sobrina flexionó sus piernas y su padre se hundió en ese universo de pasión y lujuria.
Susana y yo estábamos calientes, pero queríamos ver en que terminaba eso. Rodrigo gimió de placer y su leche se desparramó en el césped, mi sobrina pedía que su padre terminara con ella, y él terminó de beberle todos sus jugos vaginales.
A mi cuñada y a mi nos calentó mucho ver eso, tomé a Susana por la cintura y les pedí a todos que nos miraran, nos excitábamos más cuando nos miraban.
Comenzamos a acariciar tetas contra tetas. Rodrigo hacía ovaciones, nuestras lenguas se entrelazaban, recorrí el vientre de Susana, la recosté en el piso y le introduje las frutillas congeladas. Se las empujaba con mi lengua hacia adentro de su concha, y cuando el calor de su interior las derretía, bebía todo los jugos de esa conchita traviesa.
En eso mi hija se acercó, levanté más mi cola y comenzó a meterme las bolitas chinas, una por una. Mi sobrina procedió luego a retirarlas una por una, cada una que sacaba era un gritito histérico de placer. Mi cuñada largó todos sus jugos los cuales bebí desaforadamente, como cuando se toma un vaso de agua con muchísima sed.
Entonces mi hermano me pidió que me quedara así, con la colita parada, palmeó mis nalgas, introdujo su lengua, y me penetró analmente. Mi cuñadita todavía estaba abajo mío, así que me incliné hacia ella, dejando mi cola más parada. Le besé esos pechos que me volvían loca. Mi hermano no dejaba de darme bomba, y yo gemía como yegua alzada. Cuando se corrió, esparció su semen en mi espalda, mi sobrina y mi hija lo lamieron como a un caramelo.
Estábamos exhaustos, la orgía familiar duró cuatro horas.
Nos fuimos a dormir, Susana con mi hija, y mi sobrina y yo con Rodrigo.
Esta historia no terminó aquella noche. Rodrigo se mudó a la ciudad con Susana, para estar cerca de todas. Compramos una casa más grande. Tenemos sexo en grupo o individualmente.
Últimamente quiere incorporar a la familia a nuestro primo Sergio, para que lo ayude con tantas mujeres. Desde ya les digo que sí, Sergio o cualquier semental humano que lo ayude...