PDA

View Full Version : Sí, mi Capitán II El Reencuentro


Khyra
09-01 2008, 02:06 PM
Sí, mi Capitán
http://www.relatosymas.com/showthread.php?t=18475


Sí, mi Capitán II El Reencuentro

Ella miraba el reloj nerviosamente, temiendo llegar tarde a la cita. Había comenzado a lloviznar y el pavimento se había vuelto resbaladizo; por esa razón había decidido tomar un taxi y no conducir su propio coche, no tanto por la inclemencia del tiempo sino por su propia tensión. Al llegar a Maxim’s pidió al conductor detenerse unos cuantos metros antes.

Quería dominar sus nervios haciendo una breve caminata, en un vano intento por despejar su mente y mostrarse controlada. Tenía un modo elegantemente sensual de moverse al caminar, un aire de delicada seguridad que trasuntaban sus pasos arrancando algunas miradas. Siempre había sido así, la sutil cadencia de sus caderas junto con el gesto serio pero no amargo de su rostro eran como una marca de fábrica en ella. Envuelta en su abrigo simple pero de corte clásico que enmarcaba su natural elegancia, su segura apariencia mentía sobre la ansiedad que la carcomía por dentro.

Sin saber porqué, decidió caminar junto al cordón de la acera, quizás inconscientemente estaba buscando sentirse más protegida. Totalmente abstraída en sus pensamientos, le pareció ver como la puerta de un lujoso automóvil se abría casi justo delante de ella obligándola a detenerse.

Las palabras acudieron a su boca como en un tumulto para increpar al torpe y descuidado acompañante del chofer que tan imprudentemente se le había atravesado en el camino descendiendo de aquel Mercedes Benz. El hombre completó su acción sonriendo y como si le hubiera adivinado la intención se plantó frente a ella pronunciando las palabras mágicas pero con un suave e inconfundible acento alemán:

- Buenas noches, señora…

Irina miró fijamente al desconocido que tenía enfrente y el reproche que estaba a punto de decir quedó congelado en los labios. Allí estaba él, con su abrigo en la mano y luciendo su uniforme de invierno, desafiando el frío de la noche. El tiempo pareció detenerse y por un breve instante Irina quedó sin reacción. En un gesto automático pero no falto de elegancia, él se quitó la gorra y ella finalmente sonrió con un inesperado alivio que no careció de sorpresa. Se abrazaron entonces y se besaron en la mejilla como si de dos muy buenos amigos se tratase. Era casi impensable recordar en ese momento que habían compartido tantas sensaciones aquella noche en aquel crucero; había pasado el tiempo suficiente como para que el recuerdo se atemperara… o se encendiera nuevamente…

La cena transcurrió bajo una atmósfera cálida y sutil. Wilhem le confesó que estaba de paso en París rumbo a Marsella para cumplir con su sueño de fundar el astillero junto con su hijo y que habiéndose retirado de la navegación activa, había vestido su uniforme tan solo para sorprenderla. Que había temido que ella no se presentara, que aguardó en el coche de un amigo siempre vigilando a través del espejo retrovisor su llegada y que había averiguado la dirección de su casa gracias a la guía telefónica y algunos datos que había recabado con tal de dar con ella. No le resultó difícil ya que Irina era una profesional reconocida en el medio. Ella lo escuchaba rendida igual que una chiquilla diciéndose por dentro que estaba encantada de sentirse así, por más que intentara demostrar lo opuesto. El estaba tenso por más que deseaba disimularlo al máximo, admitiendo para sus adentros, con menos rodeos que ella, el deseo de repetir la única noche de pasión que habían tenido.

Una vez más y fieles a la costumbre iniciada en el buque, la velada acabó con una caminata esta vez por las calles rumbo al Sena y sus puentes, por más que el clima se mostrara inclemente por más que en ese momento ya había dejado de lloviznar. Caminaban del brazo, orgullosos el uno del otro, sonriendo con plenitud, avivando sutilmente con cada gesto y cada palabra el rescoldo de aquellas brasas… En la mano que le quedaba libre Irina llevaba con orgullo la gorra de él como si de un tesoro se tratase. Finalmente la magia de la Ciudad Luz hizo su parte y allí junto al Sena y sin decirse nada, después de tantos meses volvieron a besarse. Un beso tierno, envolvente, tibio pero arrasador. El latigazo del deseo recorrió ambos cuerpos sin ningún pudor pero aún no era el tiempo de darle paso al primitivo instinto. Se abrazaron necesitados uno del calor del otro. Ella necesitaba su fortaleza y él su infinita ternura.

Un inesperado relámpago acabó con la tierna y solapada escena que se había montado. De nuevo comenzó a llover obligando a los amantes a buscar refugio. No pudieron impedir que resultaran empapados por las gruesas gotas que caían. Un taxi que paso providencialmente los sacó del apuro llevándolos rumbo al apartamento de Irina. El había llevado la peor parte; su uniforme se había arruinado ya que le había casi exigido a ella que se protegiera con su abrigo. Sin pensarlo dos veces Irina le dijo que tomara un baño caliente mientras ella preparaba café con cognac y que al día siguiente enviaría el uniforme a la tintorería. Y sin pensarlo dos veces se dirigió a la cocina a cumplir con su promesa no sin antes indicarle dónde quedaba el baño y sin ver tras suyo a Wilhem sonriendo socarronamente ante el peso de las palabras que Irina acababa de expresar… Si ella enviaría sus ropas a la tintorería era obvio que él tendría que pasar la noche en el apartamento. La noche prometía y mucho… Ella también lo había notado como si después de pronunciar lo que había dicho recién tuviera la ocasión de escucharse, pero no se inquietó, al contrario, la idea la sedujo al punto de tener que reprimir un indiscreto suspiro.

El café quedó listo mientras Wilhem se duchaba sin prisas. Irina decidió cambiar sus ropas y tomar también una reparadora ducha pero en el baño de servicio. Al pasar rumbo a su destino no pudo evitar escuchar el agua correr e instintivamente cerró los ojos y las imágenes se le agolparon en la mente. Se permitió imaginarlo desnudo evidentemente, con su cuerpo aun en forma, sus hombros anchos y sus músculos discreta y estratégicamente marcados a pesar de su natural delgadez. Sus piernas fuertes custodiando aquel objeto del placer que tantas veces la había llevado al éxtasis aquella inolvidable noche de verano. Sacudió su cabeza como para apartar semejante visión pero el tan solo en pensar que estaba a metros de ella enjabonándose…. le quitó el poco pudor que a esa altura mantenía. Es que Wilhem le atraía tanto… una química de carácter y piel se había conjugado para unirlos y hacerlos disfrutar. Se propuso no seguir pensando y marchó a ducharse. El agua corría por el cuerpo de Irina, equilibrando la temperatura corporal en términos puramente biológicos pero el ardor que sentía en su bajo vientre solo podía calmarlo el empeño que solo Wilhem podía imprimirle. Le dolieron los pechos al contacto del agua, sus pezones erguidos, desafiantes, ansiosos, no parecían querer dormirse sino que esperaban la visita de aquella boca experta y sedienta de su sabor dulce y pleno. Ese sabor a hembra satisfecha que solo él podía hacerles generar.

Irina terminó con su cometido y volvió a su habitación. El seguía duchándose o al menos eso parecía a juzgar por el ruido del agua cayendo profusamente. Caminó con un aire cansino y se desplomó sobre la cama a la altura de los pies de la misma no sin antes arrojar al suelo la toalla que la envolvía. Todo su cuerpo sobre el colchón, una pierna flexionada y la otra en reposo; las manos sobre su vientre y la mente al vuelo y un solo nombre taladrando su conciencia: Wilhem… Por un instante olvidó que él estaba al lado en el baño y el imaginarlo desnudo le había desatado sus más bajas reacciones. Se entregó voluntariamente al placer de autoexplorarse por más que no era su práctica habitual, más el deseo que ardía en sus venas pedía con un urgencia al menos un poco de alivio. Instintivamente una mano marchó hacia su entrepierna mientras la otra se complacía en acariciar uno de sus senos. Su sexo latía al compás de sus dedos que pronto hallaron el modo delicado de desatar los nudos de la excitación. Sus fluidos escurrían de forma atrevida buscando la salida hacia sus manos y sus caderas comenzando a marcar el suave ritmo de la complacencia absoluta al son de sus gemidos entrecortados y ahogados que solo tenían una sola nota musical: las que formaban las letras de aquel nombre: Wilhem…

Al momento de salir del baño a él le pareció que Irina había pronunciado su nombre pero no estaba seguro. Con la toalla alrededor de su cintura caminó en dirección a la habitación con un andar lento pero seguro; convencido de que ella lo estaba aguardando obviamente con alguna sorpresa que daría el puntapié inicial al encuentro íntimo tan largamente anhelado. En el silencio de la estancia y a punto de entrar, algo lo detuvo en la puerta. No podía dar crédito a lo que estaba escuchando y entró finalmente al cuarto sin más. El panorama que se le ofrecía ante sus ojos simplemente era tan exquisito como indescriptible e inesperado. Irina tendida sobre la cama completamente entregada a la autocomplacencia, ya sus dos manos haciendo malabares con su feminidad, los ojos cerrados y su espalda arqueada mientras sus caderas no dejaban de moverse rítmica y suavemente con una cadencia más que sutil, capaz de volver loco al más impávido de los hombres, pronunciando su nombre como en una letanía, un curioso mantra que no hacía más que sumergirla cada vez más en la niebla de la pasión más descarnada y absoluta que le impedía notar su presencia. El no pudo ni quiso substraerse entonces a aquel maravilloso espectáculo que tenía allí frente a sus ojos y quitándose como pudo la toalla que lo envolvía caminó hasta ubicarse frente a ella. El grito desesperado de su sangre alertó a su pene que respondió de inmediato con una erección monumental. Comenzó también a masturbarse suavemente con una mano y rápidamente su glande se perló ante la visión que tenía delante. Irina parecía una diosa pagana entregada al ritual ancestral del goce extremo. Sus jadeos, su abandono y las ganas de tan solo disfrutar pintaban su blanca piel de tonos cálidos. Era una imagen como para plasmar en una obra de arte…

Wilhem decidió actuar. Tomó una almohada y la ubicó bajo las caderas de Irina que solo sabía responder sin hablar ante sus mudas peticiones. Allí a los pies de la cama, él se arrodilló entonces quitando las manos de ella de aquel tesoro y separando sus piernas ya flexionadas se dijo que era hora de complacerla aún más. Se relamió de gusto al ver su sexo totalmente depilado despidiendo esa fragancia a jabón y ambrosia de mujer. El aroma lo embriagó por completo enloqueciéndolo. Lamió una y otra vez toda la extensión de aquel sexo infernalmente suculento. Con dos dedos de la mano derecha separó los labios dejando al descubierto aquel indefenso clítoris que no tenía ninguna intención de librar ninguna batalla excepto aquella que le brindara el éxtasis total. Su lengua tomó posesión del diminuto monte que se elevaba coronando la cumbre del mismo y con ella allí castigó una y otra vez con movimiento frenético al tiempo que dos inquietos dedos de su mano izquierda invadían sin pudor su vagina hambrienta iniciando un movimiento conocido pero que no por repetitivo dejaba de ser delicioso. Irina arqueó una vez más su espalda y salió del trance y de la letanía de pronunciar su nombre con un gemido profundo. Se movía con desenfado mientras ubicaba sus brazos en cruz a lo ancho de la cama y aferraba la manta con cada una de sus manos. Sus constantes gemidos anunciaban la inminencia del primer orgasmo. Irina gritó el nombre de Wilhem una vez más y su cuerpo se convulsionó por completo.

- Eso es pequeña… Disfrútalo… Es todo tuyo – le suspiró él en tanto su propia boca saciaba su sed con aquel inagotable néctar de los dioses que él no dudó en abrevar por completo.

Habiendo agotado momentáneamente aquella fuente de divinos deleites se colocó sobre ella y la besó en la boca haciéndola probar el sabor de su propio gusto a mujer en tanto la penetraba. Una, dos, tres, cuatro, cinco embestidas fueron suficientes como para que ella se tensara y se derramara de nuevo. Ya empeñado en llevarla a la cima de la locura se despegó de aquel cuerpo de ensueño volviendo a hundir su rostro en su sexo caliente y jugoso, aplicando toda la sabiduría de su boca y de su lengua adquirida en años de vida y otros amores, al servicio de aquella deidad que si bien él poseía en ese instante, ella lo dominaba con su completo abandono al placer. Irina volvió a estallar, él volvió a besarla en la boca y la penetró de nuevo repitiendo la secuencia anterior. Uno, dos, tres, cuatro… Esta vez se necesitaron menos embates para que ella volara nuevamente hacia el cielo. A Wilhem le había gustado el juego y pareció querer repetirlo pero Irina no estaba dispuesta a permitírselo y en un hábil movimiento se lo quitó de encima y lo tumbó boca arriba. El no ofreció resistencia en la seguridad de saber que si todo esto había sido maravilloso lo que vendría sería sublime.

- Ahora es mi turno – le dijo Irina con una voz profunda y desconocida ahogada de pasión.

Ella se ubicó de rodillas entre las piernas de Wilhem obligando a separarlas. Recorrió con sus besos la parte interna de ambos muslos, y la ingle ignorando a propósito los genitales. El pene, a esta altura, suplicaba atención derramando lágrimas que lubricaban el glande e iban más allá. Wilhem tuvo que rogarle con palabras a Irina que lo felara de una vez y dejara de excitarlo de ese modo. Era lo que ella estaba esperando. Su lengua en un único y electrizante recorrido fue desde su perineo hasta la punta del falo para engullirlo por completo y hacer brotar de las cuerdas vocales masculinas un único monosílabo.

- ¡¡¡Así!!!

Comenzó ella entonces un delirante saboreo sin dejar de lado ningún detalle ni plegue sin recorrer, degustar, lamer, sorber y acariciar con soberbia maestría para luego sin miramientos clavarse hasta el fondo de su gruta aquel miembro deseado. Lo cabalgó sin piedad sin ahorrarse ninguna cadencia. Gimieron sus orgasmos como nunca, estaba desatada y él la miraba aferrándose de sus pechos sin poder creerlo. Tenía encima suyo a toda una diosa del sexo con el cabello sobre su rostro, alimentando la locura con cada beso, con cada roce de esas dos lenguas que ya no sabían que abarcar. Queriendo emular el juego previamente establecido Irina se desmontó con rapidez y comenzó a masturbarlo y a recorrerlo nuevamente con su boca, tragándose su falo hasta lo más profundo. Wilhem adivinándole la intención no la dejó seguir siendo ahora él quien la tumbaba sobre el lecho para invadirla en la clásica postura del misionero no sin antes tomar su tranca con la mano y pasársela de arriba abajo impregnando con sus fluidos la anegada femineidad de la diosa. Irina rió con malicia sabiéndose dueña y señora de la situación. El lo tomó como un reto y se hundió en ella hasta el fondo. Las embestidas se hicieron salvajes como si uno le disputara el mayor delirio al otro, empero el que imprimía más energía era Wilhem jadeando profundo con cada embate queriendo arrancar nuevos orgasmos a aquella hembra divina que se retorcía cual serpiente debajo suyo. Hasta que Irina finalmente bautizó nuevamente a su amante con el agua bendita de su pasión y se quedó en remanso con los ojos cerrados arqueando por enésima vez su cintura. Su mente volvió a nublarse volviendo a ese letargo en el cual él la había descubierto desatando aquella tormenta de sentidos. Pareció retomar su natural dulzura musitándole al oído un nuevo mantra sin interrupciones.

- Sí, mi Capitán – repitió varias veces sin dejar de abrazarlo hundiendo sus uñas en la espalda mientras las últimas contracciones de su vagina se apagaban.

El ritmo de Wilhem fue disminuyendo hasta detenerse por completo e incorporarse un poco sin dejar de permanecer dentro suyo. Miró a Irina y la vio más hermosa que nunca comprendiendo que era muy fácil enamorarse de semejante mujer. Su corazón dio un respingo dentro de su pecho obligándolo a suspirar.

- ¿Cansado? – le dijo ella con dulzura mientras se perdía en sus ojos de mar extendiendo la mano para intentar poner en su sitio vanamente aquel rebelde mechón de cabello plateado que le caía por la frente.
- Un poco… pero puedo seguir – contestó él

La besó de nuevo y retomó sus acometidas pero de forma suave, descubriendo que esa era la manera de hacer que ella se derramara con más facilidad. Cada suspiro ahogado que ella emitía le anunciaba la bendición de cada orgasmo sintiendo su pene bañado por sus mieles y mecido por cada contracción batiéndole gratamente el esperma en el fondo de sus testículos.

- Hoy quiero todo de ti – le dijo Wilhem en tono de súplica.

Irina pareció dudar pero con un delicioso mohín de su aún más delicioso rostro volvió a repetirle la misma frase.

- Sí, mi Capitán. Sólo te pido que tengas cuidado…
- Lo tendré, Princesa…
- Mi espalda… necesito tus besos en mi espalda – gimió ella dándose vuelta ubicándose boca abajo.

Wilhem la besó entonces retomando su proverbial calma mimando aquella piel de ensueño vistiendo con sus mejores besos a aquella criatura que se le ofrecía ya sin reparos brindándole el oscuro placer de poseerla por entero y sin reservas. Colocó el peso de su cuerpo sobre ella que ya por instinto había elevado las caderas facilitando la tarea y volvió a penetrarla en esa dulce cueva que tanto placer le había brindado. Se mecía con delicadeza mientras ella gemía acoplando sus movimientos. Wilhem sintió que ni no apuraba el trámite no duraría mucho más sin correrse cuando Irina volvió a estremecerse pero esta vez con impulsos lentos y casi apagados. El cansancio la estaba ganando… El se retiró de ella y pasando su mano por su sexo idolatrado restregó sus néctares por toda la zona hasta llegar a su anhelada y prohibida cavidad. El esfínter recibió su dedo con temor cerrándose a su paso más la boca hizo lo suyo por la espalda rompiendo cadenas y la resistencia inicial recibiendo al invasor con gratitud mientras Irina ya había vuelto a acariciarse ubicando la mano bajo el vientre. El momento cumbre había llegado. Wilhem se limitó a apoyar su pene a la entrada presionando apenas ya que Irina con su cadencia provocada por su propia manipulación haría todo el trabajo. Y así resultó ser. El empujaba con suavidad al tiempo que ella ya lo suficientemente dilatada permitía la lenta pero firme invasión en su rincón más vulnerable. La danza final fue lenta pero efectiva. Uno, dos, tres, cuatro y ella que empezaba a reptar bajo su peso. Uno, dos, tres cuatro y él que comenzaba a ir de prisa. Uno, dos, tres, cuatro, y ella que vuelve a derramarse. Uno, dos, tr… y él que siente un rayo quemando en su baja espalda y la tormenta que se desata desde el fondo de su hombría mojando con su espesa y caliente lluvia lo más profundo de las entrañas de aquella exquisita mujer. Se desplomó sobre ella sin aliento queriendo cubrirla por siempre con sus caricias y ese sentimiento aun inexplicable que germinaba en su pecho. Al final cuando la tensión aflojó sus tientos, se apartó acurrucándose a su lado.

La mañana los sorprendió durmiendo abrazados y al despertar, Irina sonrió complacida porque en vez de hallar una nota y una rosa a su lado, halló a aquel hombre, el único que en toda su vida hasta el momento la había hecho estremecer como nadie. Colocó su mano en su hombro teniendo cuidado de no despertarlo y lo contempló largamente sin poder poner sus pensamientos en orden. Wilhem la sorprendió guiñándole un ojo. Ella lo reprendió sin convicción y él volvió a tomarla entre sus brazos tal cual hace un hombre fuerte con la mujer apasionada que lo rinde y a la que hace rendir…

sexygordita
26-01 2008, 03:28 PM
Uno, dos, tr… y él que siente un rayo quemando en su baja espalda y la tormenta que se desata desde el fondo de su hombría mojando con su espesa y caliente lluvia lo más profundo de las entrañas de aquella exquisita mujer. Se desplomó sobre ella sin aliento queriendo cubrirla por siempre con sus caricias y ese sentimiento aun inexplicable que germinaba en su pecho. Al final cuando la tensión aflojó sus tientos, se apartó acurrucándose a su lado.



Un excelente relato, hermoso en todo el sentido de la palabra, excitante...con frases realmente estremecedoras
lástima que solo hay 5 estrellas...yo te daria 10 ...gracias por regalarnos tan magnífico aporte
Un beso;)

Imagine
30-01 2008, 02:04 PM
Vaya historia, esta es la forma mas perfecta de escribir que me he encontrado, el manejo del lenguaje es verdaderamene sorprendente, cada frase va acompañada de una finísima intención y elegancia, te felicito y por favor, sigue escribiendo que hay mucho que aprender de ti.

rolo43
08-02 2008, 10:41 AM
Un relato prolijo, con un lenguaje pulcro, buenos detalles, frases bien elaboradas, escenas conmovedoras, contadas con palabras precisas y a veces poéticas.
Un buen relato en definitiva.
Sin embargo, debo decir que no me gustó demasiado. Quizás por ser demasiado perfecto, demasiado prolijo, demasiado políticamente correcto. Una hermosa pareja, en un hermoso lugar, hacen hermosamente el amor (la palabra coger no aparece, tampoco follar o garchar) y todo contado con hermosas palabras. Demasiada hermosura.
El no le chupa la concha, sino que explora su femineidad con su lengua.
Ella no se la chupa, sino que lo "fela" (y ahí se cuela un errorcillo ya que no existe el verbo felar).
No hay palabras soeces y eso es claramente una opción estética válida (aunque por ahí se le escapa "tranca" para referirse al pene, algo que me hace dudar de la uruguayez de la autora ... pero eso es otro tema).
Es una opción estética válida, solo digo que esa opción no es de mi predilección.

Khyra
08-02 2008, 11:25 AM
Acepto tus comentarios Rolo, pero asi como la inclusión de palabras soeces , aunque colocadas en tiempo y forma en un contexto no resultan tales, es de tu predilección y es válido. También es válido que hayas respetado y hasta valorado mi forma de escribir.
Eso si, para la próxima intentaré buscar en el Real Diccionario de la Real Academia Española, si el verbo felar existe o no.

PD: Soy más uruguaya que el mate. Si hubiera puesto follar también habrías dudado de mi nacionalidad:p

puppe
13-04 2008, 09:11 PM
Si es por la Real Academia, esta todavía no acepta el neologismo 'cunilinguo' que sin embargo, es de uso común. Tampoco encontramos en el Real Diccionario la palabra irrumación (del latín ‘irrumatio’) que es una variante de la felación, o la felación variante de la irrumación, según se prefiera, por lo que obviamente, doña Real tampoco incluye en sus filas el verbo irrumar. ¿Cuándo es felación y cuándo irrumación? Ah, eso depende de quién hace el trabajo: en la felación la persona feladora -la que mama o chupa o lame- es la que realiza los movimientos; en la irrumación, el irrumador -el dueño del pene, el mamado, chupado, lamido- es quien hace todos los movimientos, mientras que la/el arrumada/o recibe el pene en la boca. (En algunos relatos el autor dice “la cogí por la boca”)

Leí por ahí que en el lenguaje popular no se conoce el verbo culto “felar” y que en cambio en países como Argentina y Uruguay, al no haber un verbo específico para representar tal acción, usamos perífrasis tales como chupar el pingo, chupar la verga, hacer un pete o directamente el verbo vulgar “petear” (el que, más vale, la Real tampoco registra) También usamos “tirar la goma”


¿Tal vez Kyra debió usar: ‘fellāre’ = mamar?:D


Tampoco creo que haya palabras soeces o malas palabras, las palabras son palabras, suenen como suenen. Lo que las torna "vulgares" o “algo que nos gustó escuchar” es el contexto y la entonación que le damos. En este sentido, a mí por ejemplo, me gusta tanto cuando mi hombre me dice “quiero hacerte el amor” o “te deseo” como cuando dice “te quiero coger”


Ay ay ay… no seamos tan estrictos cuando de palabras de uso frecuente se trata. Que la Real Academia no las incluya en su consabido Diccionario no significa que no existan. Esto sólo nos dice que, así como el lenguaje es dinámico y arbitrario, por fuerza, la Real lo será más, ya que no es ella quien “nombra” sino los hablantes. Por lo tanto, también hay palabras reconocidas, aceptadas e incluidas en el DRA cuyo significado dado en él no es el mismo que le damos al ejercer el habla. Para ejemplo: trincar (en argentina: coger) El máximo mérito de la superior Real es la de ser la encargada de recopilar e “institucionalizar” un término.


En cuanto a tu relato Kira, poco puedo agregar al comentario que ya hice en la primera parte. Esta me gustó mucho también. Cargada de erotismo y sensibilidad. A mí particularmente no me llega a calentar y no creo que haya una contradicción aquí, ya que no necesariamente lo erótico calienta pero sí predispone. Aprecio mucho el excelente manejo del lenguaje y de la redacción, definitivamente, un relato sin fisuras.


Gracias por el excelente aporte.

Khyra
14-04 2008, 10:46 AM
Gracias Pupee por tu comentario. El tema de las palabras soeces está superado. Muy pocas veces lo utilizo, y podrán verse en relatos que aún aquí no he publicado. Reconozco que mi estilo puede ser inócuo a la hora de "calentar" pero sí predispone, tal como dices. En lo que a mí se refiere, prefiero mil veces un relato que me erotice, que me predisponga a uno que me caliente "sin previo aviso". Gracias una vez más.